La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

martes, 25 de agosto de 2015

La democracia en llamas

Jodiendo a la democracia

En 2012 el país se vio conmocionado por una protesta que llevaron a cabo los miembros de la Gendarmería y de la Prefectura. En realidad no fue el país quien se alteró por el suceso, sino solamente la pestilente casta partidocrática nacional. Con unanimidad, los políticos argentinos repudiaron la actitud de unos uniformados que sólo reclamaban por un salario digno (el salteño Alfredo Olmedo fue una de las honrosas excepciones que terminó por solidarizarse con quienes protestaban).

Lo peor de ese episodio fue la reacción de las huestes juveniles kirchneristas, esos neoimberbes que se la pasan hablando de lo terrible que era la vida bajo el gobierno de una dictadura que no vivieron. Culpa de esos aprendices de chupópteros, las paredes del país se vieron invadidas con la leyenda “Con la democracia no se jode”.

Tres años más tarde, después de haber presenciado el bochornoso desarrolló de las elecciones provinciales de Tucumán, cabe afirmar que quienes joden con la democracia son exactamente los mismos que pedían respetarla.

Los votos oflados

La gigantesca operación para garantizar el triunfo del Frente para la Victoria en Tucumán tuvo tintes dantescos: un descomunal aparato clientelar en marcha, hombres de la prensa golpeados por registrar las maniobras turbias, tiroteos, y urnas destruidas y quemadas. Todo lo contrario a la supuesta “fiesta cívica” que se supone que son las elecciones.

Y, cómo si eso no fuese suficiente, el evento concluyó con la vergonzosa suplantación de urnas –previos cortes sorpresivos de luz– y la grotesca adulteración de los telegramas que informaban sobre los números de cada mesa. Después de que un par de semanas antes una mesa de Famaillá diese ganador a Scioli con el 157% de los votos, se podía esperar cualquier cosa en Tucumán, y eso, de hecho, sucedió.

La indignación

Al día siguiente de producida la enorme estafa, los candidatos presidenciales Mauricio Macri y Sergio Massa condenaron lo que el oficialismo hizo en Tucumán y solicitaron que se respete a la decisión de la ciudadanía.

Por la noche la gente salió a protestar frente a la Casa de Gobierno para exigir algo tan elemental como la transparencia. Esa convocatoria ciudadana espontánea concluyó con un brutal golpe represivo que dejó a numerosas personas heridas y a varias propiedades dañadas. Muchos de los tucumanos que caceroleaban en Plaza Independencia recordaron con gritos y pancartas algo que otros parecen haber olvidado: mientras la provincia se convirtió en zona de guerra y experimentó el pánico durante diciembre de 2013 por culpa de los malones saqueadores, Cristina Kirchner bailaba exultante en Buenos Aires con una cacerola en la mano, parodiando justamente a quienes exigían paz, respeto y orden. ¿Acaso alguien es tan idiota para creer que la mayoría de los tucumanos olvidaron eso y que concurrieron a las mesas de votación para apoyar a quien los condena a la ignominia?

Linchar a la ddhhemocracia

Tucumán, en 1975, se vio invadida por las hordas guerrilleras de ultraizquierda. La Presidente María Estela M. de Perón autorizó la aniquilación de esa plaga que se extendía por los montes tucumanos hacia todo el país. Un año después, los métodos de la guerra contra-insurgente aplicados con éxito en Tucumán fueron exportados a las demás provincias. Debido a ello a muchos tucumanos les gusta decir que su provincia es una suerte de laboratorio donde se ensayan situaciones que luego se vuelven patentes para todos los argentinos. De allí que quepa la pregunta: ¿es acaso lo que pasa ahora en Tucumán sólo un anticipó de lo que pasará en todos lados en unos meses?

Difícil saberlo, pero lo cierto es que sí se puede sostener que esto que Tucumán vive es el esplendor de la ddhhemocracia. Una provincia que supo elegir como a su gobernante al General Antonio Domingo Bussi, hoy en día padece la tiranía del hebreo José Alperovich y sus acólitos. El balazo que el Malevo Ferreyra se pegó en la cabeza es igual al tiro que René Favoloro se pegó en el corazón: el fin de una época, la aceptación del triunfo de los malos. En materia espiritual todo ha sido cuesta abajo en este país desde 2001, por eso se ha impuesto la falacia de que la peor de las democracias es siempre preferible a la mejor de las dictaduras. Hoy en día experimentamos la peor de las democracias, la cual, ciertamente, está muy lejos de ser mejor que una dictadura libre de excesos. El gobierno ha convertido a la Santa Democracia en nuestra diosa madre, y sin embargo no hacen absolutamente nada para garantizar que la elección del pueblo se respete. Medidas tan simples como realizar la elección en etapas y durante varios días para garantizar la presencia de fiscales de todas las fuerzas en todas las mesas, o establecer la boleta única, o abrir las urnas y contar voto por voto no son implementadas, no porque sean imposibles de implementar, sino, simplemente, porque no les interesa implementarlas.

En Tucumán los linchamientos a delincuentes son moneda corriente. ¿Por qué entonces la gente no actúo en contra de los vehículos que llevaban y traían a votantes durante las elecciones? ¿O por qué un grupo de vecinos no incendió el lugar en donde se acopia mercadería que es utilizada para ejercer el clientelismo? El modo de acabar con ddhhemocracia es con el grito, la fuerza y el fuego, no con el voto que cae en un agujero negro avalado por las instituciones. ¡Que bramen mil cacerolas y que ardan mil urnas hasta que los tiranos huyan despavoridos!


Hernán Solifrano (h)

domingo, 23 de agosto de 2015

La Tupac Amaru no para de asesinar

El mes pasado escribí un artículo titulado “Frente para la Violencia” en el que señalé que las más brutales agresiones son parte del escenario político cotidiano de Jujuy. En esa ocasión hablé del asesinato de Orlando Gutiérrez, un comisionado municipal de Pampa Blanca que murió en circunstancias nada claras y del que poco se habló. Ahora la historia se repite y la partidocracia jujeña se anota un nuevo homicidio con el deceso de Jorge Ariel Velázquez, quien, luego de once días de agonía, falleció como consecuencia del balazo por la espalda que recibió en las cercanías de su hogar en la ciudad de San Pedro.  

En el Caso Velázquez hay dos cosas indignantes: el hecho de que el gobierno busca obscurecer los acontecimientos en lugar de intentar aclararlos, y el hecho de que no es la primera vez (y probablemente no sea la última) en que miembros de la Organización Barrial Tupac Amaru se manchan las manos de sangre. 

En efecto, después del cobarde y cruento asesinato, la propia Presidente de la Nación criticó a los líderes de la Unión Cívica Radical por utilizar el crimen para hacer campaña a favor suyo. Y, canchereando, aseguró que el muchacho asesinado estaba formalmente enrolado en la organización que dirige Milagro Sala, por lo que no les correspondería reclamar nada a los de la boina blanca. Los uceristas, molestos por las cretinadas de Cristina Kirchner, le contestaron a la señora recordándole que Velásquez estaba trabajando en la campaña de Gerardo Morales para gobernador provincial al momento de haber sido atacado.

Silvia Farell, la fiscal a cargo de la investigación, se subió a una calesita de recaratulizaciones motivada, según se sospecha, por el deseo de sepultar todo en la impunidad. Y no sería la primera vez que la Tupac Amaru sale sin un rasguño de una situación semejante: desde el asesinato del periodista Juan Carlos Zambrano en 2008 hasta el asesinato del trabajador Luís Condorí en 2012, a los tupaqueros se los acusa de estar apilando cadáveres gracias al silencioso arsenal que poseen, pero las condenas que todos esperan que se dicten nunca llegan, y sólo uno que otro perejil ha sido enviado a prisión (donde, por cierto, lo recibió el Vatayón Militante para acogerlo). Luego la Tupac Amaru saltó a la arena política y, desde entonces, insólitamente afirman que son ellos las víctimas de la violencia.

De todos modos la muerte más penosa en la que estuvo involucrada la Tupac Amaru en estos últimos años fue en la de Edilson Gorena, un niño que murió electrocutado en una de las famosas piscinas gratuitas que tiene la organización liderada por Sala. Esa muerte de un inocente producida por la negligencia era la oportunidad perfecta para linchar a la Tupac Amaru, pero nadie lo hizo, debido a que en aquel momento Sala había establecido un pacto de equilibrio con oficialistas y opositores.

El Caso Velázquez, más allá de la cuestión política, no debe quedar impune. Los kirchneristas son gente que se formaron confundiendo a la política con la guerra, por lo que la vida y la muerte, para ellos, no tienen el mismo significado ni el mismo valor que para quienes anhelamos la paz. Si el Caso Velázquez no es resuelto del modo más justo posible, entonces la guerra habrá derrotado a los argentinos y estas muertes absurdas seguirán repitiéndose, pues la Tupac Amaru continuará asesinando como sabe y le gusta hacerlo.  


Francisco Vergalito

jueves, 13 de agosto de 2015

El Norte como vergüenza nacional

Tras las PASO quedó en evidencia que el Norte Grande es el lastre político que le impide a la Argentina convertirse en una nación políticamente soberana, económicamente independiente y socialmente justa. Es que en las provincias de la región el triunfo de la fórmula del Frente para la Victoria fue contundente, prueba irrefutable de que la gente de allí o se da la buena vida gracias al Estado o tiene tan poco que se ve invadida por el pánico ante la posibilidad de perderlo y por ello se aferra a sus migajas, garantizando de ese modo la perpetuidad de los tiranos demagógicos.

Tucumán: todos los males de este mundo

Sin lugar a dudas el escenario más penoso fue Tucumán, antiguo faro identitario del NOA, hoy convertido en un feudo bananero donde la gente, acosada por la inseguridad, se la pasa linchando a delincuentes ante la mirada pasiva del gobierno. (En Santiago del Estero, de hecho, al oficialismo le fue aún mejor que en Tucumán, pero esa provincia no posee ni la historia ni el peso cultural de su vecina.)

Con José Alperovich como candidato a senador nacional, el FPV se impuso con comodidad. Para hacerle frente se suponía que estarían José Cano y Domingo Amaya, integrantes de la principal fórmula opositora para la gobernación, pero la maniobra no se completó: temiendo que pudiesen perder y truncar así sus aspiraciones a nivel provincial, ambos candidatos declinaron sus postulaciones para el parlamento nacional, pese a haber insistido ante la Justicia para que se los habilitase.

Quienes enfrentaron a Alperovich fueron la actual Senadora Nacional Silvia Elías de Pérez y el actual Legislador Provincial Gerónimo Vargas Aignasse. Elías de Pérez, de la coalición Cambiemos, llevaba adosadas boletas de Macri, Carrió, Sanz, Stolbizer y Massa; Vargas Aignasse, el representante de Unidos por una Nueva Alternativa, sólo acompañó en cambio a las fórmulas presidenciales de Massa y De la Sota.

Scioli sumó medio millón de votos tucumanos, aunque se sospecha que muchos de ellos provienen del aparato de fraude que denigra y anula a la democracia que el gobierno jamás se cansa de promover y predicar.

En Tucumán, en definitiva, se dieron todos los ingredientes con los que cocina la decadencia nacional.

Salta: la pobreza enceguece

Al estar Gustavo Sáenz en la misma fórmula presidencial de Sergio Massa, se suponía que ese candidato golpearía fuerte en Salta, tierra natal de su vicepresidente. Sin embargo sólo en la capital provincial la gente se inclinó por el tigrense, mientras que en el resto del territorio el triunfo fue del sciolismo (a excepción, claro, de Guachipas, pequeño departamento sureño de donde es oriundo el sindicalista José Ibarra, candidato a diputado nacional en la interna de UNA junto a Alfredo Olmedo).

Massa visitó Salta varias veces este año. De todos los candidatos presidenciales, el Diputado Nacional es el único que demuestra una auténtica preocupación por la peligrosa situación de la frontera argentino-boliviana. Empero ese dato parece ser irrelevante para la gente que vive atada a un plan social en Salta (especialmente en la zona norte): ni aunque estuviese Güemes de candidato los salteños se animarían a mezquinarle su voto al perverso PJ.

Jujuy: bastión de la dignidad

La excepción norteña fue Jujuy. Allí también ganó Scioli, pero lo interesante sucedió a nivel provincial, ya que el oficialismo perdió con amplio margen. La derrota es significativa, al menos en el plano simbólico: la provincia en donde vive y gobierna el mismísimo presidente del Partido Justicialista parece estar a punto de cambiar de manos.

Mientras que el PJ de Salta ya definió la carrera para la gobernación, y mientras que el PJ de Tucumán está en camino a ello, en Jujuy al día de hoy no se sabe quien será el hombre del oficialismo que enfrente a Gerardo Morales, el caudillo ucerista de la provincia. Vale decir, el PJ todavía no definió quien será el que cargue con el peso de la derrota.

¿Por qué se produce este escenario en Jujuy? Por culpa del kirchnerismo puro. En efecto, mientras que en Salta el Gobernador Urtubey camina por la vereda kirchnerista, también aparece como un líder con cierto grado de autonomía que rechaza el abortismo y respeta a la Iglesia Católica desde mucho antes de que Bergoglio llegase a Roma; a su vez en Tucumán el Gobernador Alperovich, por su pasado camaleónico, es visto como alguien cuyo compromiso con el kirchnerismo es transitorio, y que si el día de mañana tiene que traicionar todos y cada uno de los principios kirchneristas para mantenerse en el poder, es totalmente seguro que así lo hará; salteños y tucumanos ven por tanto a sus respectivos líderes provinciales como hombres con personalidad propia, por lo que les resulta más sencillo reconocer y aceptar su autoridad.

En Jujuy, en cambio, el cuadro de situación es distinto. Allí el Gobernador Fellner oficia también de embajador de la Casa Rosada, pero su mando está condicionado por Milagro Sala, una barrabrava extremista que también es empleada (o socia) de la Presidencia y de los personajes más obscuros que la rodean. Hace no mucho Sala decidió saltar a la escena política, lo que la convirtió en una actriz autónoma en el juego del poder. Ante la “estrategia Morales” (o sea ante la idea de que la oposición, desde De la Sota a Stolbizer, se unificase), el PJ tuvo que recurrir a sus aliados más indeseados: el kirchnerismo no-pejotista. En Jujuy dicha tendencia está encarnada en la nefasta Sala, la Ñusta Ilegítima.

Ese contubernio del PJ con Sala cayó pésimamente mal entre decena de miles de jujeños, lo que hizo que muchos de ellos manifestaran su repudio a un acercamiento entre Fellner y la energúmena lideresa de la Organización Barrial Tupac Amaru. Sala es, para los ojos del jujeño promedio, un cáncer capaz de destruir el tejido social de la provincia, por lo que esa gente prefiere hacer todo lo posible para frenar el ascenso de Sala, incluso si ello requiere no votar al partido del cual se es afiliado. Por ello Jujuy se convirtió en bastión de dignidad: ante el temor de que la provincia quede en manos de la peor escoria imaginable, a algunos caudillos del PJ local se les activó el sentido moral y decidieron no acompañar al fellnerismo. 

La estrategia de los candidatos presidenciales que quedan de pie tras las PASO debe necesariamente contemplar al Norte Grande. La región, de hecho, debería al menos recibir la promesa de una completa transformación. Pero, lamentablemente, no parece haber hasta ahora ningún tipo de iniciativa de ese tipo, por lo que el sabor a cuatro nuevos años de condena está cada vez más presente entre la gente pensante que vive en las postergadas provincias boreales de la Argentina.


Hernán Solifrano (h)

jueves, 23 de julio de 2015

Frente para la Violencia

La violencia es parte constitutiva de la política argentina. Y cuando digo “violencia” no me refiero solamente a las constantes agresiones verbales entre partidócratas, sino también a las agresiones físicas: cuando fallan los contubernios, las prácticas gangsteriles se multiplican. Jujuy, por ejemplo, es una provincia modelo en relación a ese fenómeno.

Allí, en lo que va del año, se registraron varios episodios vergonzosos: en febrero varias sedes de la UCR fueron empapeladas con imágenes en las que Gerardo Morales aparecía junto a Alberto Nisman anunciándole al candidato jujeño un destino similar si no renunciaba a sus aspiraciones políticas; poco después, a principios de marzo, el auto del Diputado Provincial ultrakirchnerista Germán Noro fue dañado con una piedra; y la semana pasada la casa de Oscar Jayat, un Concejal de Libertador San Martín, fue atacada con una bomba de gas tóxico.

Ciertamente en todos los casos revolotea la idea de los autoatentados realizados para ganar publicidad gratuita, ¿pero qué pasa si no fue así?

En junio dos hombres atacaron con saña a Orlando Gutiérrez, un vocal de la comisión municipal de Pampa Blanca, provocándole la muerte. Luego de ello ingresaron al domicilio de su víctima y se llevaron dinero en efectivo y otros bienes que había en el lugar. El gobierno provincial rápidamente desestimó el asunto anunciando que todo se había debido a un penoso acto de robo. Los familiares de Gutiérrez descreen de esa hipótesis y señalan que el hombre fue víctima de la violencia política.

El Caso Gutiérrez tuvo una escasísima repercusión a nivel nacional. La prensa hizo más escándalo por las fotos de Juan Mazzone semidesnudo que por este crimen aberrante. Creo que cada vez que muere un político el tema debe ser investigado hasta las últimas consecuencias, debido a que, aún si se tratase de un hombre perteneciente a un municipio pequeño y perdido en medio de los valles jujeños, el caso puede ser la punta de un ovillo, pues, en definitiva, los homicidios gratuitos son acontecimientos raros.

Creo yo que el motivo por el que la violencia está tan arraigada en la cultura política de Jujuy es porque ella es una sincera manifestación de la pésima calidad de los hombres y las mujeres que se desempeñan como políticos. Para comprobarlo basta con echar un vistazo a la lista de candidatos a diputados nacionales del Frente para la Victoria local: en primer término está Guillermo Snopek, alias “Quico”, un hombre proveniente de una dinastía de políticos, cuya última trapisonda consiste en intentar colocar a su esposa como jueza antes de que se produzca el recambio político en la provincia; en segundo término aparece Carolina Moisés, alias “Botellita”, una morocha sampedreña, hija de un viejo caudillo, que, aún con sus ínfulas de embajadora, no puede dejar de provocar vergüenza al no poder dejar de jugar a los autitos chocadores en las rutas y calles de la provincia; y el tercer lugar de la lista es para Cristian Arnau, alias “Nabo”, hijito de uno de esos bárbaros que politizan las universidades nacionales, referente vernáculo de La Cámpora y promotor desde el PAMI del genocidio de nuestros ancianos. Mientras esta lacra, mientras esta clase de seres infames sean la norma y no la excepción de la política, a Jujuy no le queda más que sentirse condenada.


Francisco Vergalito

domingo, 12 de julio de 2015

Nos han secuestrado a la patria

Choridependencia

El pasado 9 de julio, una vez más, el oficialismo ofendió a la ciudadanía argentina al organizar un acto partidario cuando tendría que haber organizado un acto cívico. El hecho de haber usurpado la celebración de la Independencia Argentina para suplantarla por el típico ritual pejotista de pancartas y choripanes, sólo deja en evidencia el desprecio que los actuales gobernantes le tienen al país. A ellos -mientras estén atornillados en los puestos de poder- les da exactamente lo mismo que exista o no una entidad nacional llamada “Argentina”; mientras el Estado no se extinga, les es indistinto que el país se llame como se llame.

Mucha gente se quejó de la ausencia del tradicional desfile cívico-militar en el que los estudiantes compartían escenario con los soldados, y el cual solía ser coronado con la presencia de las delegaciones gauchas de todo el país, nuestra caballería nacional y popular. Al gobierno tucumano de hoy le importa tan poco la insigne efeméride que hasta dispuso que las vacaciones escolares empiecen el 3 de julio, cosa que los jóvenes no puedan sentir el fervor patrio. Es que en las escuelas ya no les enseñan a los chicos a marchar, sino solamente a garchar.

La visita de la Presidente a la Casa Histórica fue fugaz y vacua: caminó velozmente por los pasillos ignorando todos los paneles y demás novedades que le fueron agregadas al museo, y luego cantó el himno nacional con una mano en el corazón y una suerte de meneo corporal (próximo al baile) impropio para entonar nuestra canción patria. Posteriormente se sacó una foto con actores vestidos en traje de época, y, sin demorarse, se subió a la camioneta que la había llevado hasta allí.

Más tarde, ya en el Hipódromo de San Miguel de Tucumán, la Presidente no se privó de demostrar que desconoce la historia argentina y aprovechó además la oportunidad para desautorizar al Gobernador José Alperovich, quien, acorralado por las circunstancias, manifestó en su discurso ante la concurrencia que él sólo atina a hibernar en el Senado de la Nación a la espera de que todos se olviden de que fue uno de los kirchneristas más fieles (Cristina Kirchner le reprochó que dijera que su labor ya estaba cumplida cuando, según su opinión, un político no puede nunca jubilarse voluntariamente).

Entre el olvido y la falsificación

En su intervención en el Hipódromo, la Presidente –la misma que guardó un silencio absoluto ante el último conflicto fronterizo con los bolivianos y que autorizó la instalación de una base militar china en la Patagonia– se atrevió a presentarse como una defensora de la soberanía nacional. Y aprovechó todo lo que pudo para advertir que aparecería el demonio en caso de que el Frente para la Victoria perdiese las próximas elecciones. Claro que el demonio para los kirchneristas se llama “neoliberalismo”, la misma doctrina que el hoy referente del kirchnerismo Carlos Menem importase al país en la década de 1990.

El relato kirchnerista se articula en torno a lo que anteriormente referí: para ellos la Argentina, entre 1816 y 2003, fue un país inexistente; sólo Néstor Kirchner ha sido el único que interpretó correctamente el proyecto político de los Padres Fundadores.

A esa desnaturalización de la narrativa histórica los kirchneristas pretenden institucionalizarla. Por ese motivo a Ricardo Forster, el actual Secretario de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional, se la ha ocurrido organizar el Foro Nacional y Latinoamericano por una Nueva Independencia. Este evento –que se realiza periódicamente en diversas provincias del país– llegó a Tucumán en los días previos al 9 de julio.

Al momento de inaugurar las jornadas de debate, Forster sugirió que Argentina vive su Segunda Independencia. Según él, el kirchnerismo refundó las bases sociales, económicas, políticas e institucionales del país, para gracias a ello sacudirse el yugo del colonialismo financiero (cabe recordar que el 9 de julio de 1947 el General Juan Domingo Perón había también declarado la Segunda Independencia de la Argentina en la mismísima ciudad de San Miguel de Tucumán, acontecimiento que aparentemente el tal Forster ignora o, peor aún, minimiza). Y, como no podía ser de otra manera, el Foro sólo abordó cuestiones relativas al siglo XXI. Así fue como hubo mesas de debate sobre las mujeres y los indios (extrañamente faltó la mesa sobre los aberrosexuales), y luego un montón de gente de dudosa trayectoria académica y despreciable acción política se la pasó cantándole loas a los tiranuelos de la izquierda populista que gobiernan hoy en día en Hispanoamérica. Créase o no, lo que hizo Forster es lo que, cada vez más habitualmente, se hace en las escuelas argentinas: reemplazar a la liturgia patriótica de los actos populares por una serie de discursillos sobre cómo vivir dignamente adoptando el bolivarianismo, el socialismo del siglo XXI o como sea que se llame esa marea roja que actualmente ahoga el futuro de la región.

Nombres “latinoamericanos” como los de José Pablo Feinmann, Juan Pablo Lichjtmajer, Luís Bruchstein, Hugo Yasky y Javier Grosman (sumados, claro, a los de Ricardo Forster y José Alperovich) ilustraron el tono “nacional” con el que el gobierno habla sobre su combate a los monopolios, su desarrollo de las economías regionales, y su promoción de la cultura argentina. También aparecieron otros nombres ilustres como los de Hebe de Bonafini, Milagro Sala, Víctor Hugo Morales, Horacio González, Enrique Dussel, Daniel Huircapán y un montón de extranjeros (entre los cuales estaban el español Juan Carlos Monedero y el ecuatoriano Galo Mora) que, llegados el turno de entrarle al parloteo, dejaron en claro que la emancipación que ellos proponen consiste en la renuncia a todo cultivo de la vida virtuosa y en el rechazo casi total de los valores que llenaron de gloria a la cultura occidental. “Olvidar los aciertos del pasado para falsificar la realidad del presente”, ese bien podría haber sido el lema de este curioso evento.

Como dato al margen cabe destacar que muchos tucumanos se indignaron con el gobierno por la payasada de Forster, a la que interpretaron como la segunda ofensa que este año realiza el kirchnerismo contra el rol de Tucumán en la declaración de la Independencia Argentina (el otro episodio que generó malestar entre los tucumanos fue el intento de transformar al Congreso de Oriente de 1815 –o “Congreso de los Pueblos Libres” según la terminología progresista– en el evento que proclamó el grito emancipador de la tutela española un año antes de que éste se oficializara en tierras tucumanas).

Desde el púlpito

El 9 de julio kirchnerista, curiosamente, aún conserva algo del viejo guión celebratorio: el Tedeum en la Catedral. Así como eliminaron los desfiles populares y las banderas argentinas, tranquilamente podrían haber eliminado el paso por la iglesia, o reemplazarlo con una visita a una sinagoga, a un templo masónico o a la Fundación María de los Ángeles. Sin embargo no lo han hecho aún, y ello le dio la oportunidad a Monseñor Alfredo Zecca para hacer algo que hasta entonces jamás había hecho: recordarles a los gobernantes argentinos que la siembra de hostilidad y la ovación de la muerte de inocentes es el mejor camino para la disolución de la patria. Zecca también podría haber fustigado la corrupción y la demagogia, pero tampoco se le puede exigir tanto a un hombre que hasta hace poco no se atrevía a mencionar lo obvio ante la presencia de los responsables de tanta decadencia (en ese sentido Zecca es muy distinto al Cardenal Luís Villalba, el antiguo y recordado Arzobispo de Tucumán que fuese sustituido por el actual).

Quien le contestó a Zecca fue el infame Aníbal Fernández. Fernández trató de desautorizar al Arzobispo con dos argumentos: sus palabras no suenan lo suficientemente “francisquistas” y –según este teólogo de tupido bigote– un alto funcionario eclesial no tiene derecho a hablar en nombre de toda la Iglesia. Si bien hoy en día existe una disputa hermenéutica acerca de qué es lo que el Papa Francisco está haciendo con la cristiandad, lo cierto es que cualquier católico entiende que la Iglesia tiene su propio magisterio y que un laico como Fernández es libre de opinar sobre lo que un Arzobispo dice pero no está autorizado para discutirle sin preparación ni fundamentos.

Creo que Zecca, con su homilía que irritó a los progresistas del país, abrió la puerta del rescate de la patria. O en realidad las puertas ya están abiertas, lo que a los argentinos nos corresponde hacer es transitar los senderos que nos conducen hacia allí. Somos nosotros el pueblo quienes, ante un gobierno al que la Argentina le es indiferente, tenemos la obligación de ponernos nuestras ropas gauchas, llenar de feligreses hasta a la más recóndita parroquia y honrar la historia de los grandes hombres que desde 2003 los de arriba quieren hacer desaparecer. Somos nosotros, en definitiva, los que tenemos que recuperar la Independencia.



Zaín el-Din Caballero

miércoles, 8 de julio de 2015

El hembrismo nunca ayuda

Tucumán se indignó al conocer la noticia: una niña de apenas 11 años había dado a luz a un bebé en la ciudad de La Cocha. La madre de la criatura ultrajada, una mujer muy humilde, hizo la denuncia y consiguió que dos sospechosos de 22 y 24 años fuesen detenidos e imputados por el delito de violación. A su vez la señora rechazó un acuerdo económico ofrecido por los victimarios para que retirara la denuncia. Ahora se esperan los resultados de una prueba de ADN para determinar quien fue el responsable del embarazo.

Sin embargo no todos se conformaron con el final relativamente feliz: no faltaron las infames hembristas que señalaron que ese niño debió de haber sido violentamente abortado según lo estipula la jurisprudencia sentada por el Fallo FAL, y que su madre –precisamente por no haber podido abortar– vivirá traumada de por vida y jamás podrá volver a ser feliz.

Ahora la noticia resurge en la prensa tucumana. Pero esta vez la madre de la víctima denuncia el desamparo: desde que el asunto se hizo público, su familia no recibió ni ayuda social, ni ayuda legal, ni mucho menos ayuda psicológica. La vida de la señora se ha convertido en un penoso peregrinar entre juzgados y hospitales.

La pregunta que todos nos hacemos es obvia: ¿dónde están las hembristas? ¿Acaso la abogada Soledad Deza del Centro de Estudios de Género de la Universidad San Pablo-T o la psicóloga Rosa Alastuey del Movimiento Libres del Sur –dos opinólogas que hablaron públicamente sobre el caso– no tienen tiempo para asistir a la víctima? ¿O es su actitud una forma de represalia contra la madre de la niña violada porque ella eligió que su nieto viviera en lugar del homicidio que le ofrecían?


Antonella Díaz

jueves, 25 de junio de 2015

Sobre la conveniencia de una Liga del Norte

Juego de tronos

Julio Burdman, un politólogo kirchnerista, llamó recientemente la atención sobre algo importante de lo que, lamentablemente, se habla poco en la Argentina: la falta de federalismo político. De cualquier modo el autor lo planteó de un modo curioso: en un artículo que circula por la web, recordó que el Norte Grande, vale decir las diez provincias que forman el NOA y el NEA, concentran al 20% del electorado nacional, cifra nada despreciable si se intenta ser presidente; de allí que este pensador del oficialismo juzgue a la región como fundamental para retener el poder, ya que, aún perdiendo en el centro del país (o sea aún perdiendo en los distritos argentinos más poblados como Capital Federal, Córdoba o Santa Fe, en donde el kirchnerismo es poco tolerado), el caudal electoral del Norte Grande puede compensar esos votos mezquinados por los habitantes de las prósperas pampas del país.

Burdman recuerda que los votos que recibió el kirchnerismo en 2011 en provincias como Formosa o Santiago del Estero fueron ridículamente abundantes. El problema es que este “intelectual” atribuye esa ciega adhesión norteña al kirchnerismo al hecho de que la presidencia realizó una importante “inversión pública” en la región. Lo que no aclara el hebreo, claro, es que ese dinero no se destinó al crecimiento ordenado de las provincias, sino que fue a parar a las arcas de los gobernadores, para que ellos lo distribuyan discrecionalmente y hagan politiquería con los billetes en la mano. A raíz de ello es que el Norte Grande –superpoblado de empleados públicos y de beneficiarios de planes sociales– produce escasas riquezas y falla a la hora de redistribuir lo conseguido.

El NOA y el NEA son, sin dudas, las regiones más postergadas del país. Nadie puede negar que esas porciones del país son las que le cuelgan a la Argentina el cartel de “nación tercermundista”. Ni siquiera la pujante Salta se salva de tener a decenas (o tal vez centenas) de niños muertos por desnutrición. En un escenario así, ha sucedido lo obvio: la política se ha feudalizado, por ello el oficialismo cosecha en la región unos resultados que avergüenzan a la democracia, por ello la política local se ha tiranizado.  

Ninguneados

Burdman, pensando en el norte del país, sugirió que el vicepresidente propuesto por el kirchnerismo debía ser, precisamente, un norteño. Sin embargo hoy por hoy la política argentina no toma en cuenta el aspecto geográfico para operar: nueve candidatos presidenciales provienen del área metropolitana (Capital Federal o su cinturón suburbano), dos de Mendoza, uno de Córdoba y otro de San Luís. Los últimos cuatro tienen chances minúsculas de ganar la elección, en tanto que de los otros nueve hay por lo menos tres (Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa) que pueden llegar a sentarse en el Sillón de Rivadavia.

Los vicepresidentes, cuya figura se supone que debería compensar el déficit federalista de las fórmulas presidenciales, son hombres y mujeres provenientes de los mismos distritos ya citados; la única excepción es, ciertamente, Gustavo Sáenz, actual intendente electo de la ciudad de Salta y candidato a vicepresidente de Sergio Massa.

Dicen que Massa buscó a Laura Montero de Mendoza, luego a Sonia Escudero (la ex–Senadora por Salta), y terminó eligiendo a Sáenz. Al parecer Massa estaría siguiendo la estrategia propuesta por Burdman con el fin de empujar hacia arriba a su alicaída candidatura. Sin embargo el Norte Grande tiene un problema cultural muy profundo que le juega en contra al bonaerense: los “norgrandeños” no se reconocen como tales, ya que la región es una mera invención académica sin un mínimo de arraigo en la cultura viva de las provincias; es decir un jujeño, por ejemplo, se autopercibe como jujeño y no como “noroesteño”, y mucho menos como “norgrandeño” (de hecho, hasta al día de hoy, existe un ridículo sentimiento de enemistad entre la mayoría de los habitantes de las provincias vecinas). Por tanto, fuera de Salta, a nadie en la región administrativa del Norte Grande le importa realmente que Massa haya escogido a Sáenz como compañero de fórmula. Aunque la realidad no debería ser así.

La reacción

José “Gallito” Gutiérrez es el perfecto exponente de la política oficialista del Norte Grande. Este infeliz declaró en una entrevista radial que aquel que no lo acompañara en su campaña, no recibiría uno de los módulos habitacionales que, supuestamente, él se había encargado de “gestionar” para el beneficio de los vecinos del departamento Burruyacu, en la provincia de Tucumán. Sin ningún prurito, el legislador lanzó una amenaza a la población que deja en evidencia el modo en que estos sujetos confunden lo público con lo privado, el servicio a la comunidad con los favores personales, y el partido con el Estado. Gutiérrez merecía uno de esos famosos linchamientos mediáticos que lo obligasen a renunciar a la política (al menos por un tiempo), pero la indignación que el episodio levantó fue sólo pasajera, ya que a nadie asombra lo que es cotidiano.

Ante esas muestras de prepotencia e impunidad naturalizadas, la oposición sólo tiene un camino: unificarse. Es un todo o nada. En Jujuy, Tucumán y La Rioja, se han formado frentes amplios –similar al que venció al PJ en Mendoza– para competir en las próximas elecciones. En Catamarca y Santiago del Estero, en cambio, la oposición va dividida y tiene más posibilidades de perder que de ganar, mientras que en Salta fracasó insólitamente la unión entre Juan Carlos Romero y Alfredo Olmedo. (En el NEA el escenario no es muy diferente: la oposición formoseña va casi toda unificada y la misionera va dispersa, mientras que en Chaco el frente de unidad opositor perdió -como en Salta- contra el oficialismo, y en Corrientes, único bastión no-kirchnerista del Norte Grande, las opciones electorales se multiplican ante los ojos del votante indeciso).

De todos modos es difícil predecir qué sucederá si la oposición unida gana en una provincia. Ni Jujuy, ni Tucumán, ni La Rioja son Mendoza, el equilibrio socioeconómico en el NOA no es el mismo de Cuyo, por lo que es probable que los gobiernos de unidad sufran de una gran presión que les será difícil pilotear (el ejemplo de un proyecto opositor unificado en el gobierno es Catamarca, provincia que estuvo por mucho tiempo administrada por la coalición Frente Cívico y Social, la cual se flexibilizó ante el kirchnerismo y terminó siendo abatida por Lucía Corpacci, una referente de ese espacio que un día terminó por cambiar de lealtades y convertirse en embajadora provincial del gobierno nacional).

¿Es posible el norteñismo?

La esperanza blanca del Norte Grande es, hoy por hoy, Juan Manuel Urtubey. El problema es que el gobernador salteño no podrá hacer el asalto al poder nacional hasta dentro de cuatro años. Mientras tanto –y suponiendo que Scioli gane la elección– deberá obrar como lo hace ahora: como un soldado de una causa que no es la suya.

El Norte Grande parece condenado a otro periodo de postergación, con guerra intrafeudal en el medio.

En lo personal creo que la unificación de fuerzas disímiles es un camino interesante, siempre y cuando ese proceso se lleve a cabo por interés y no por obligación. Es decir, que hoy en día la Unión Cívica Radical se alíe a fuerzas conservadoras y progresistas para derrocar al PJ que se ha enquistado en el poder, es el producto de una necesidad política, pero no de un verdadero sentimiento de unificación. Los uceristas del Norte Grande piensan a nivel nacional, por ello comparten la mentalidad unitaria de los pejotistas (la cual los lleva a aceptar que su región es una colonia de Buenos Aires que la Metrópolis retiene porque gracias a ella ganan las elecciones).

Yo creo que el norteñismo sería una bofetada a esa mentalidad. Políticos jujeños, salteños, tucumanos o de donde sea, leales no al candidato Fulano de la UCR o al candidato Mengano del PJ (ni siquiera a un Fulano o un Mengano nacido en el NOA), sino leales a los pueblos provinciales de los cuales son representantes: ello revolucionaría el escenario político, por lo que cuesta entender por qué semejante jugada política no sólo no ha ocurrido aún, sino que ni siquiera esté en los planes de nadie.  

Si el regionalismo se introdujese en la política argentina, es muy probable que la fisonomía del Norte Grande se vea transformada de un modo positivo.


Hernán Solifrano (h)

lunes, 22 de junio de 2015

El malvinismo prostituido

En 2008 estalló un pequeño escándalo en Salta cuando se denunció que una enciclopedia escolar auspiciada por el gobierno provincial incluía un mapa en el que las Islas Malvinas eran llamadas “Falkland Islands” y se señalaba que las mismas pertenecían a Gran Bretaña. El suceso –en el cual intervino hasta el Ministerio de Defensa de la Nación– le costó el puesto a Marta Torino, la Ministra de Educación del gabinete de Juan Manuel Urtubey. Pero muy pronto todos se olvidaron de ello.

Siete años después de aquel episodio, el gobierno salteño vuelve sobre la causa malvinera pero desde otro ángulo. Me refiero, claro, a la iniciativa del parlamento local para vivificar la afirmación de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas.


Las dos medidas fueron objetadas por Luís Caro Figueroa, un masón, quien desde un sitio web de su propiedad señaló que el Poder Legislativo de Salta estaba promoviendo el liberticidio al hacer obligatorio el canto del himno malvinero. Ciertamente todo el argumento de Caro Figueroa se desmorona desde el momento en que se recuerda que la propuesta parlamentaria obliga a las instituciones del Estado a interpretar a la marcha, pero no obliga a ninguno de sus ciudadanos a cantarla (ya que en un país en donde son rarísimas las ocasiones en que se castiga a alguien por mancillar los símbolos patrios, es bastante improbable que a alguien lo cuestionen por no cantar una canción patriótica cuando la están tocando). De todos modos la periodista hebrea Natasha Niebieskikwiat del diario Clarín escribió un extraño artículo en el que sugiere que la endeble y caprichosa opinión de Caro Figueroa bastó para desatar una discusión sobre el asunto. Ello, por supuesto, no fue así.

De todos modos creo que si es posible iniciar una polémica en torno a este asunto. Recordemos, en primer lugar, que hasta 2012 el malvinismo no era parte de la agenda del gobierno kirchnerista. Pero a partir de esa fecha, después de que el pueblo riojano frenase el rifamiento del oro que subyace debajo del Famatina, el kirchnerismo pretendió convertirse en el campeón de la Causa Malvinera. Así anunciaron la difusión pública del Informe Rattenbach y toda la imberbada se sacó la remera que lleva estampada la cara del Che Guevara para ponerse una con el contorno de la Perla Austral.

El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, uno de los gobiernos argentinos más vendepatria de la historia, pretende enarbolar la bandera nacionalista a través de su reivindicación soberanista sobre las Islas Malvinas. ¿Y cual ha sido el resultado de esa maniobra? El chauvinismo.

En efecto, en estos últimos tres años los kirchneristas han empujado a la noble Causa Malvinera hacia el más berreta de los chauvinismos. Es que ellos se niegan sistemáticamente a reconocer algo fundamental: a la Guerra de Malvinas la pelearon los soldados, quienes no fueron un montón de niños que se hacían pis encima y que eran comandados por sujetos de bigote que llevaban la picana eléctrica para torturar a los suyos, sino que se trató de un valiente contingente militar que fue a entregar la vida por la patria. Mientras ello no sea debidamente reconocido, entonces todo intento por recuperar Malvinas es fútil.

En enero de este año el Diputado Provincial oficialista Emanuel Sierra viajó a las islas a realizar un reclamo pacífico. Para ello llevó su guitarra, y el muy hippie se puso a cantar canciones de León Gieco, Serú Girán, Los Enanitos Verdes, The Beatles, Coldplay y otros artistas para promover el “entendimiento” entre argentinos y kelpers. La mayoría de los habitantes locales lo ignoraron categóricamente, y los pocos que le prestaron atención se terminaron descostillando de la risa ante semejante muestra de tan bobo malvinismo.

La estrategia del gobierno nacional para recuperar Malvinas, aunque cueste creerlo, es muy similar a lo que hizo el metanense Sierra. Los kirchneristas, invocando el carácter “democrático” y “pacifista” de nuestro país, eligieron como vía de ataque a la diplomacia. Por ese motivo muchos países y foros regionales (como el Mercosur) emiten pronunciamientos apoyando a los argentinos y condenando a los británicos, los cuales son iguales que las canciones de Sierra: se los termina llevando el viento.

Sin una dotación defensiva relevante, es decir sin Fuerzas Armadas competentes, Malvinas es una causa perdida. Los británicos, de tanto en tanto, envían barcos y aviones a las islas, sugiriendo que Argentina estaría avanzando sobre la zona. Empero todos sabemos que eso es sólo un montaje que ellos hacen para los suyos, pues es más que claro que el gobierno argentino no tiene recursos ni vocación bélica (en realidad el gobierno si tiene recursos y vocación bélica, pero los mismos poseen como objetivo a la propia población argentina).

Que los legisladores oficialistas salteños tengan por propósito recuperar las Malvinas promoviendo medidas que no afectan en lo más mínimo a los kelpers, revela cuan ficticio es el nacionalismo de quienes gobiernan. Sin ir más lejos no debemos olvidar que el año pasado Bolivia comenzó una campaña para colonizar Salta, lo que incluyó hasta el maltrato a un grupo de compatriotas que habitaban sus tierras sin saber que no eran argentinas. ¿Y que hizo el gobierno de Urtubey contra esos atropellos bolivianos? Avalarlos: ¿o ya nos olvidamos que el Gobernador recibió al Presidente de Bolivia y hasta jugó muy alegre un partido de fútbol con él? ¿O ya nos olvidamos que el rumor de que Evo Morales visitaría Salta durante la campaña para gobernador de Urtubey en 2015 llegó a ser muy fuerte, y que, poco después de producida la reelección del mandatario provincial, el Vicepresidente de Bolivia, el nefasto Álvaro García Linera, fue recibido como un héroe en Salta y condecorado por la universidad pública local? ¿Ya nos olvidamos que Tarija es tan argentina como las Islas Malvinas?

Cada vez que los chupópteros del gobierno agitan la bandera malvinera para manifestar un patriotismo que no sienten, un nacionalismo que no profesan y un soberanismo que no practican, lo único que hacen es prostituir a la noble causa, y la prostituyen a la fuerza.


Francisco Vergalito

sábado, 20 de junio de 2015

El grito de Adelaida

Adelaida Terán es la médica que interrumpió una conferencia del Chaqueño Palavecino organizada en la ciudad de Tartagal. Desde hace meses esta mujer protesta en contra de las autoridades del Hospital Juan Domingo Perón, denunciando todo tipo de irregularidades: desmanejos presupuestarios que desembocan en la escasez de insumos, negligencia médica deliberada que se traduce en una pésima atención a los pacientes y hasta la existencia de una industria clandestina del aborto.

Muchos salteños apoyan a la mujer –algunos hasta la acompañaron durante la huelga de hambre que realizó en el hospital. Sin embargo no faltaron los que, a través de las redes sociales, pusieron en duda la salud mental de la médica, recordando que hace unos años protagonizó un extraño episodio que la policía calificó de “intento de suicidio” (cuando en realidad había habido indicios de que la mujer fue presionada y amenazada por alguien que la quería silenciada).

El episodio contra el Chaqueño Palavecino fue sólo una batalla más de la cruzada de la doctora Terán, quien ahora fue reubicada en la localidad de Embarcación, para alejarla del ambiente hostil del Hospital Juan Domingo Perón. Por ello asombra un poco la reacción del cantor, quien, ante la aparición de la médica, se mostró indolente y hasta intentó discutir con ella.  

Los apologistas de Palavecino recordaron el hecho de que la conferencia de prensa interrumpida por la doctora Terán era para anunciar la realización del Festival Trichaco, el cual tiene fines solidarios, ya que parte de lo recaudado –según lo que afirman sus organizadores– es donado a diversas escuelas rurales del norte salteño.

Los “chaqueñistas” incluso fueron más lejos al destacar que Palavecino es un artista de vocación solidaria que emplea sus recursos y energías para favorecer a su comunidad. Sin embargo ese discursillo omite un hecho fundamental: durante la conferencia de prensa quien estuvo sentado al lado de Palavecino fue nada más y nada menos que Sergio Leavy, el actual Intendente de Tartagal.

En efecto, Leavy es uno de los personajes más nefastos de la política salteña. El prontuario de este sujeto es interminable, y, obviamente, lo más grave de su figura es su incapacidad para justificar el crecimiento meteórico de su patrimonio en los últimos ocho años. Que Leavy haya estado sentado al lado de Palavecino le da todo el derecho a la doctora Terán a hacer lo que hizo, ya que es el propio cantor el que está rompiendo el límite entre lo público y lo privado.

Espero que Adelaida Terán nunca se calle, espero que siga gritando. Pero espero también que Salta (y todo el país) la escuche.  

FUENTE:

sábado, 13 de junio de 2015

Lo que sé de las feminazis

La multitudinaria manifestación hembrista de principios de junio sirvió para que los tópicos de su agenda inunden a la prensa argentina. La inexistencia en la mediósfera nacional de, al menos, una sola voz objetora de tanta impostura, sumado al hecho de que la casta partidocrática adhiera de modo unánime a la avanzada hembrista, deja en evidencia que el hembrismo ya ganó, y ahora, queramos o no, vivimos en su mundo dictatorial.

La guerra de los sexos

La fatigante presencia mediática de la “violencia de género” en un año electoral es el modo que el gobierno nacional tiene de manipular a la opinión pública y evitar desplegar la discusión acerca de una serie de cuestiones vinculadas al desarrollo estratégico del país y a sus acuciantes problemas socioeconómicos.

La manera en la que el asunto del “femicidio” (efectivo o potencial) está presentado, pretende imponer la impresión de que la Argentina de hoy vive una epidemia de violencia doméstica. Esta cuestión, en realidad, es difícil de abordarla: el país, como bien lo señaló la Conferencia Episcopal Argentina el año pasado, está evidentemente enfermo de violencia. El aumento de las adicciones, la falta de diálogo social, y la pérdida de valores tradicionales, entre otras cosas, conducen naturalmente a que las personas se conviertan en lobos. Pero, ¿ello repercute en el interior de los hogares? Si se contesta afirmativamente, entonces la recomposición de la sociedad argentina después de ocho años devastadores de cristinismo debería controlar la epidemia. Si, en cambio, se contesta negativamente, entonces se podría afirmar que la violencia doméstica es independiente del contexto social, siendo ella responsabilidad única del individuo que la ejerce.

Yo no sé realmente si hay o no una epidemia de violencia doméstica, ya que el país no tiene estadísticas oficiales sobre el asunto y no se puede hacer una comparación con periodos anteriores. Empero si se puede, por ejemplo, comparar los números argentinos con los de otros países: el promedio anual de “femicidios” en la Argentina es de 303 según diversas organizaciones no gubernamentales, mientras que en Brasil la cifra alcanza el número de 4.717; a su vez Argentina es un país con más de veintiún millones de mujeres, en tanto que Brasil tiene, aproximadamente, unas ciento dos millones de mujeres. En términos relativos, esto significa que Brasil triplica el promedio de mujeres muertas en situaciones pasionales (es decir si Argentina y Brasil tuviesen la misma población y el mismo número de “femicidios”, entonces se comprobaría que allá el índice de mujeres muertas es tres veces superior comparado al de aquí). La epidemia ya no se oye tan grave, ¿verdad?

Si los crímenes pasionales en Argentina no alcanzaron niveles alarmantes como en nuestro vecino Brasil, ¿por qué se sancionó aquí mucho antes la ley que introduce la figura del “femicidio” al Código Penal? La respuesta es obvia: porque el gobierno anti-popular que tenemos también es anti-nacional, lo que equivale a que las sinarquías globalistas tengan luz verde para ingresar al país y hacer lo que ellas quieran con nosotros, los ciudadanos.

El concepto de “femicidio” no se introdujo para eliminar un problema que casi no existe, se introdujo para instalar la idea de que en nuestro país las mujeres mueren por no tener igualdad. Para la Justicia argentina cuando un hombre mata a su cónyuge femenino no lo hace por una determinada circunstancia, sino que lo hace para perpetuar la desigualdad entre los sexos (mal llamados ahora “géneros”, puesto que “género” es algo que tienen las palabras y no las personas). El “femicidio” no es la solución a un problema, es, por el contrario, una declaración de guerra.

Las que odian

Laura Casas es una “generóloga” que trabaja en la Universidad Nacional de Tucumán. En una entrevista con el diario La Gaceta, esta leguleya afirmó sin un mínimo de vergüenza que el “femicidio” es un “crimen de odio”. Para sostener semejante despropósito, aseguró que la precondición de un “femicidio” es la asimetría: hay asimetría pero no porque la mujer sea físicamente más débil que el hombre, sino porque, según Casas, el hombre ve a su mujer como una cosa y no como una persona, mientras que la mujer tendría la visión contraria. Esta académica supone que quien posee una cosa tiene una tendencia natural a destruirla, cuando, en realidad, es más común que las personas cuiden sus pertenencias. El que se compra un televisor para revolearlo por la ventana no es un cretino, es más bien un demente. Según la lógica de Casas, entonces, sería más correcto decir que el “femicidio” es un producto de la locura que un producto de la perversidad. 

Sin embargo Casas no aceptaría esa conclusión que necesariamente se deriva de su argumento. Para ella no es que el “femicida” esté loco, es que el “femicida” es víctima de una cultura “patriarcal” que lo alienta a que asesine. De nuevo, Casas confunde las cosas: desconozco como habrá sido su padre con ella, pero normalmente un padre no busca asesinar a su esposa, sino todo lo contrario (de hecho normalmente el hombre que maltrata a la mujer es aquel que huye de su condición de padre y/o evita responsabilizarse por sus hijos).

Para rematar a Casas, basta con recordar lo que el propio Eugenio Zaffaroni, gurú espiritual de la abogada tucumana, dijo sobre el “femicidio”: para el jurista, tildar al crimen pasional de crimen de odio es una imbecilidad supina, ya que el crimen de odio es un acto social en el que alguien de un grupo mata a alguien de otro grupo sin motivo más que el de darle el mensaje a ese otro grupo de que está en serio peligro. En la Argentina de hoy los hombres no matan a las mujeres para que las demás como ellas dejen lo que están haciendo y retornen a las cocinas, las matan casi siempre por la incapacidad que éstos sujetos demuestran para resolver sus conflictos de un modo diferente.

De la histeria a la castración

Recientemente en Salta comenzaron a multiplicarse las denuncias sobre los ataques con escopolamina, un alcaloide conocido popularmente como “burundanga”. Se supone que la burundanga causa adormecimiento y parálisis, por lo que el motivo para agredir a alguien empleando esta droga es obviamente sexual.

La policía salteña desmintió el fenómeno. Todo se trataría de una mera leyenda urbana. Las leyendas urbanas contemporáneas circulan velozmente gracias a las redes sociales, pero hoy en día es más sencillo que nunca hallar a quienes las inician y comprobar si es verdadero o falso lo que afirman. Así lo hicieron los uniformados salteños y sólo encontraron a mujeres con ganas de victimizarse, pero sin prueba alguna de que hayan sido víctimas reales de alguien más.

El mito de la burundanga está relacionado a la cuestión del espacio personal. En efecto, la magia negra que le atribuyen a la escopolamina es la capacidad de dejar inconsciente a alguien con un simple roce. Según la ficción popular, un hombre, con sólo tocarle la piel o pincharle levemente una parte del cuerpo a una mujer, ya la tendría a su disposición para ultrajarla. El acto tan inocente de entregarle una estampita a alguien, podría concluir con una horrenda violación. 

El espacio personal es un elemento clave para la convivencia cotidiana. La forma más sencilla de violarlo es a través de la mirada, luego siguen las palabras y, finalmente, está el contacto físico. Como exigirle a los hombres que utilicen anteojos negros a diario suena exagerado, las hembristas iniciaron hace ya un tiempo una campaña en contra del arte milenario de los piropos. Y han llevado las cosas tan lejos que hasta exigen que se apruebe una ley para imponer sanciones a todo aquel hombre que piropea a una mujer. Ahora, con la historieta de la burundanga, las mujeres de esta sinarquía encontraron la oportunidad para arremeter en contra del contacto casual e inintencionado.

En Tucumán las historias de burundanga (todavía) no han tenido impacto, por lo que las hembristas decidieron ser menos subliminales: con asistencia de diversas oficinas públicas se lanzó una campaña gráfica para instruir a los hombres sobre cómo comportarse adecuadamente en un colectivo. La iniciativa consiste en colocar cartelitos dentro de los vehículos en los que se indican que es aceptable y que es inaceptable para una mujer que usa el transporte público. Así, por ejemplo, que un hombre que viaje parado le acerque la ingle al hombro de una mujer que está sentada sería algo inaceptable, sin importar la circunstancia. La campaña parece bienintencionada, no obstante omite un hecho evidente: en los colectivos viajan niños, por lo que los gráficos tan explícitos sexualizan innecesariamente a los pequeños. Imaginen que un niño sale de la sala de jardín de infantes, decorada con cachorros y payasos, y luego suma a su mundo visual un cartel en donde se ilustra una parafilia… nada bueno puede resultar de eso.

Los jóvenes son la presa ideal de las hembristas, porque suponen que castrándolos de niños pueden programarlos según su gusto. De allí también que, por ejemplo, tengamos que tolerar a estas mujeres haciendo berrinche en contra del idioma, acusando a las palabras y a las frases de ser “sexistas”.

En este sentido el diario La Gaceta de Tucumán se ocupó de vender la basura hembrista con un artículo casi ridículo, en el que una fanática, Verónica Figueroa, indica que la frase “a las mujeres no se les pega porque es de puto” es nefasta, pero no por el contenido del mensaje que transmite, sino porque valora a la homosexualidad negativamente. Figueroa, una psicóloga, cree así poder intervenir en el universo masculino y transformar sus códigos (siendo ella, por cierto, una mujer). Sin embargo si un hombre intentara hacer lo contrario, es decir si un hombre estipulara como las mujeres deben hablar, o vestir, o caminar o cualquier otra cosa, no caben dudas de que Figueroa y las hembristas como ella se escandalizarían desproporcionadamente. 

La batalla final

La dictadura hembrista tiene una vocación claramente genocida. No sólo porque busquen controlar las mentes y dominar los cuerpos masculinos, sino porque además buscan destruir la vida de personas inocentes.

Cuando se efectuó la marcha de junio, entre los participantes en la ciudad de Salta estuvo el Diputado Nacional (MC) Alfredo Olmedo. Olmedo se sumó a la iniciativa porque considera que es intolerable que un hombre agreda a una mujer. Empero este hombre también considera intolerable que se pida por la legalización del aborto, algo que se pidió extensivamente durante el #NiUnaMenos. Y Olmedo tiene razón: pedir protección para una víctima de un crimen no equivale a autorizar la realización de nuevos crímenes.

Ciertamente no todos lo entienden así. Gabriela Cerrano, una Senadora Provincial salteña perteneciente al parasitario Partido Obrero, presentó un proyecto de ley para modificar el protocolo de embarazo no punible que el Gobernador Juan Manuel Urtubey estableció por decreto hace unos años. Gracias a la iniciativa del Porder Ejecutivo de Salta, toda mujer que quiera abortar un feto en la provincia con la excusa de que ha sido violada debe hacer algo que los genios de la Corte Suprema de Justicia de la Nación no contemplaron: dar pruebas de que fue víctima de una violación. Se busca con ello evitar que las mujeres puedan asesinar con asistencia del Estado a una pobre criatura cuyo único crimen es existir.

Cerrano esperaba que la agitación provocada por la marcha sensibilice en su ideología a sus colegas parlamentarios, pero el rechazo a la propuesta de la troska fue absoluto. Quien justificó la decisión mayoritaria fue la pejotista Silvina Abilés, que dijo que, si el protocolo no existiese, la provincia estaría en riesgo de convertirse en “una fábrica de abortos”.

La ofensiva hembrista es tan sólida que, como dije al principio, el feminazismo ya es una realidad operativa en nuestro país. ¿Cómo se combate a este monstruo contemporáneo? Creo que de un modo: con el Evangelio. Como dijo Monseñor Cargnello, allí donde hay violencia, allí donde un hombre le pega a una mujer, donde una mujer le pega a un hombre, o donde alguien asesina a un niño inocente que aún no ha nacido, allí no está el Evangelio.



Antonella Díaz