Esta historia podría comenzar con
Edmundo Villarreal tallando la
imagen de la Virgen de Copacabana del Abra de Punta Corral, encargada
cuando las procesiones pascuales bajan ya separadas, en los albores de
la década del 70, a Tumbaya y a Tilcara. En la madrugada del 22 de
agosto de 1972, en una base naval cercana a la ciudad de Trelew,
provincia de Chubut,
es fusilada su hija, Ana María, que se había casado
con Mario Roberto Santucho, fundador del ERP, del que también formaba
parte. Cuando le llega la noticia a su padre, estaba tallando el Cristo,
y estos son datos que ayudan a entender, en parte, una memoria de la
que se cumplieron diecisiete años el domingo último, aniversario de
aquel 29 de abril en el que apareciera destrozado el Cristo que tallara
don Edmundo.
Poroto Vega recuerda que "talló la imagen de la Virgen, pero nos
faltaba la imagen del Cristo, y cuando lo estaba comenzando fue que pasó
todo esto de la hija. Así reflejó todo ese dolor en la imagen, por eso
es que tenía esas dos facciones, de un lado de tranquilidad y de dolor,
pero del otro sonreía."
Recuerda que Villarreal les había dicho que "nunca más podría volver a
hacer una cosa así, porque lo hizo en un momento muy especial.
Ya
teníamos pensado que se iba a llamar El Señor de la Quebrada, pero con
todo esto se lo empezó a llamar El Cristo Guerrillero. Por detrás de la
imagen", sigue la memoria viva de Poroto Vega, "llegó la policía
diciendo que ustedes tienen una imagen así y así, y nosotros la habíamos
exhibido en la calle, orgullosos, y
le pusimos el letrero que decía:
homenaje a Ana María, trágicamente desaparecida en Trelew."
Dicen que los estigmas de ese Cristo eran heridas de bala, recordando
con uno el otro dolor, y Poroto Vega recuerda que cuando llegó la
policía ya las religiosas habían hecho sacar el cartel. "Esa noche nos
reunimos para ver qué podíamos hacer", nos cuenta, "porque temíamos que
se lo llevaran y lo llevamos hasta Cerro Chico, donde tenía mi casa. Al
otro día, como seguíamos pensando que lo iban a encontrar, sacamos el
Cristo del altar y lo pusimos ahí." Seguían las pesquisas, "así que nos
organizamos", recuerda, "y a la noche salimos para Punta Corral, así que
cuando han ido a la iglesia, han revuelto todo y no había nada.
Nosotros éramos un grupo de jóvenes que nos habíamos dado en llamar los
Cruzados de la Virgen", recuerda Vega.
"Los que estaban al frente de la construcción de la capilla era gente
mayor, entonces el párroco formó un grupo de jóvenes para que pueda ir
las veces que se necesite, y estuvimos en todo lo que fue la
construcción de la capilla y de los albergues." Para el "76, el cura "se
tuvo que ir", recuerda Vega. "Se fue una noche, y al otro día
estuvieron buscándolo.
En tanto, el Cristo siempre estuvo cuestionado, y
a partir del "76, ni hablar, y uno veía que aparecía gente desconocida
acá y en el Abra para Semana Santa. Estaba el regimiento aquí, y
nosotros necesitábamos llevar cañas así que hemos ido a hablarles y han
ido, pero han ido armados y con una hoja de ruta con todos los detalles
del camino. Decían que ahí había reuniones de gente de Chile, de gente
con pensamientos izquierdistas. Llaman a una religiosa y le preguntan:
¿cuáles son las heridas de bala del Cristo?, y han rodeado casitas en
Chilcaguada buscando rastros, buscando huellas." El relato salta hasta
el año 1995, cuando "se había decidido llevar una réplica de la imagen
de la Virgen y dejarla allá.
Cuando llegan al mediodía del 29, se dieron
con esto. Estaba hecho pedazos", dice Vega. "La cabeza no estaba y
nunca apareció." La imagen, como había quedado, fue representada en una
ermita pascual de la familia Vega.
"El obispo conformó a la gente", sigue Poroto Vega, "diciendo que se
hace otra imagen porque nuestra fe está intacta, y se lo llamó al
escultor Alfredo Yacusi, que inmediatamente vino de Buenos Aires y
cuando vio eso lloró." Fue Yacusi quien sugirió que se hiciera una nueva
imagen y se ofreció para hacerla, "por la comida y por la pensión.
Estaba muy enfermo", recuerda Vega.
Dice que "de los restos del Cristo
de Villarreal, con el tiempo ya nadie sabía donde estaban. Se lo había
traído en una urna y estuvo unos días exhibido, y luego se lo arrumbó en
un depósito. Cuando van a limpiar lo encuentran y lo llevan a la torre,
cerca del coro, donde aún creo que está en una caja." Entonces los
deseos, porque
hace tiempo que hay quienes vienen pidiendo poder darle
sepultura a esos trozos del cuerpo del Cristo crucificado que, de sólo
acompañar a su pueblo en esos años difíciles, sufrió lo que tantos.
Acaso ese merezca ser el final de esta historia.
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