Atroz inseguridad
Mayo fue un mes consternante para
la ciudadanía de San Pedro de Jujuy. Dos hechos delictivos crisparon el clima
social de la ciudad.
El primero de ellos, el más
trágico, ocurrió cuando un joven fue asesinado en el barrio 14 de Abril por dos
ex-convictos llegados de San Salvador de Jujuy para robarle su motocicleta. En
efecto, en horas de la tarde del 4 de mayo, Iván Torres (25) se encontraba en
la zapatería en la que trabajaba cuando dos delincuentes lo abordaron en el interior
del local, lo golpearon y le quitaron las llaves de su rodado. Torres –en
compañía de un hermano y su amigo– salió detrás de los malvivientes, logró
entorpecer su huida, pero terminó siendo fatalmente baleado por uno de los
maleantes.
El episodio desencadenó la reacción de los vecinos sampedreños, quienes organizaron marchas para solicitar
el esclarecimiento del hecho y para pedir mejorar el sistema de seguridad del
municipio. A causa de la presión social, el Comisario Francisco Soletta, un par
de semanas después, se vio obligado a admitir que la policía de San Pedro
carece de personal e insumos suficientes como para cubrir toda el área de la
ciudad. Además reconoció que el consumo de drogas peligrosas entre los sampedreños es particularmente preocupante y que su fuerza no puede hacer
demasiado para controlarlo.
La cautiva que dejó de serlo
Varios días antes de la confesión
de Soletta, San Pedro había recibido horrorizada la noticia de una joven de la
localidad que había escapado de un prostíbulo situado en el área de El Bananal.
Todo indica que, el 19 de marzo
pasado, las hermanas Mariana (19) y Adriana (13) Suárez acompañaron
voluntariamente a un vecino que les ofreció trabajo en la zona de Yuto. Ahora
bien dadas las particularidades de este caso, no existe certeza sobre nada de
lo que ocurrió después. Según el testimonio de Mariana –la joven que escapó del
prostíbulo y retornó a su hogar– el vecino habría convencido a las hermanas
para ir hacia el norte del Ramal jujeño para incorporarse a la cosecha de
tomates; una vez allí habrían sido sujetadas en contra de su voluntad,
hambreadas, obligadas a realizar tareas domésticas y sexualmente abusadas
durante varias semanas por los peones rurales que trabajaban en la zona.
Probablemente el relato de la
joven sea cierto, pero es también probable que no lo sea enteramente. Es decir,
dado que todo se reduce a una cuestión testimonial, resulta casi imposible confirmar
todas las declaraciones. Lo que intento señalar es que así como la narración del
secuestro puede ser cierta, también puede ser cierto que a la joven le hayan
informado desde el principio que iba a ser llevada a El Bananal para ejercer la
prostitución, arrepintiéndose luego de haber escogido el prestarse para el
desarrollo de esa práctica, lo que habría motivado su huida del lugar. Tanto lo
del engaño como lo del arrepentimiento son hipótesis igualmente plausibles y no
completamente corroborables.
De cualquier manera resulta ahora
muy difícil saber qué paso en realidad, pues la familia de Mariana Suárez está
siendo asesorada por ciertas ONGs que, por lo visto, les aconsejan
victimizarse, construyendo así un relato en donde todo empieza a verse afectado
por un halo de inverosimilitud, pero en el que queda en claro la pobreza que
lacera sus vidas y el aparente desinterés de las autoridades por ofrecerles
seguridad a las personas más vulnerables.
El hembrismo como obstáculo
Lo curioso es el modo en que se
mediatizó el caso de las hermanas Suárez. Mariana Suárez reapareció, pero
lamentablemente no lo ha hecho aún su hermana menor. Se barajan varias
hipótesis sobre su paradero, siendo la más fuerte la que indica una posible
salida de la niña hacia Bolivia (hay que recordar que tanto el dueño de la
finca en donde funcionaba el prostíbulo, como la mayoría de los detenidos
acusados de proxenetismo y el grueso de los clientes que visitaban el lugar son
de nacionalidad boliviana). Esto alimenta la paranoia que manipulan los
grupúsculos sinárquicos hembristas de San Pedro.
Penosamente la pequeña Adriana se
encuentra en las garras de la incertidumbre. Más allá del peligro de la
explotación sexual o laboral que denuncian las hembristas, esa niña corre el riesgo
de devenir narcomula o, peor aún, fuente de órganos listos para ser traficados.
Basta un comprador dispuesto a desembolsar una alta cifra para que Adriana abandone
para siempre los prostíbulos. La campaña hembrista para recuperar a Adriana debería
apuntar en esa dirección, porque si bien el robo de órganos es poco frecuente,
éste es un delito que existe.
Y esto es quizás lo que más requiere
de discusión. Porque las sinarquías hembristas, por una cuestión ideológica, convierten
estos casos en batallas dentro de las guerras contra los ejércitos de machistas
recalcitrantes –los cuales, desde hace siglos según su opinión, estarían llevando
a cabo una campaña en contra de las mujeres con el objetivo de humillarlas,
maltratarlas y esclavizarlas para mantener vigente el orden mundial
falocéntrico. Ante invenciones de este tipo, la realidad, como era de
esperarse, se diluye, y la
Justicia se obstaculiza.
A lo que voy es que la perniciosa
influencia contemporánea de las hembristas hace que todo caso en donde haya
desaparecido una mujer se convierta en un episodio en el que están involucrados
proxenetas. Vale decir lo que las hembristas hacen es “sexualizar” las
desapariciones (del mismo modo en que en este país, durante el segundo lustro
de la década de 1970, a
las desapariciones se las politizaba).
Al sexualizar la desaparición el
género masculino es presentado como un género despreciable al que le urge ser
castrado. Al desexualizarlo, en cambio, sale a la luz la verdadera inseguridad
que acecha a la gente decente de nuestro país. Quiero decir, el ver las cosas
desde una perspectiva realista facilita la comprensión de lo que verdaderamente
nos está sucediendo, lo que simplifica el diseño de estrategias para
protegernos de aquello que nos amenaza.
Para un enfoque realista sobre la
desaparición de Adriana Suárez sirve, por ejemplo, pensar en los delincuentes
que la retienen como seres humanos y no como bestias machistas que sólo gastan
su tiempo en pensar las diversas maneras de torturar a mujeres inocentes (que
es la versión que de estos personajes dan las hembristas). Así se podrá ver que
resulta menos conflictivo para un delincuente liberar a la joven buscada y
alejarse de donde está, que llevársela consigo y arrastrar el problema a su
nuevo aguantadero. Si la niña está en un prostíbulo del norte de Salta, no es
tan complicado para la policía encontrarla, ya que ésta probablemente sepa de
todos y cada uno de esos lugares y pueda acercarse a comprobar si la niña está
o no allí. Por ello la hipótesis sobre la huida a Bolivia es la más fuerte (la
otra hipótesis igual de fuerte es que ya haya reaparecido pero, por alguna
causa obscura, la noticia no haya llegado a las autoridades). Y si la niña está
allá en Bolivia y no aquí en Argentina, el riesgo de devenir víctima del
tráfico de órganos es altísimo. Y las víctimas de ese delito no son
exclusivamente las mujeres. Por ello es tan importante relanzar la campaña para
dar con el paradero de Adriana Suárez, restituyendo a la niña a su hogar y ganándole
de paso la batalla cultural a las delirantes, mezquinas y malintencionadas hembristas.
Secuestros inexplicables
Lo que remató el pánico en San
Pedro fueron los insólitos casos de secuestros de niños denunciados en la
última quincena. Esto si requiere de un análisis verdaderamente profundo y de
una interpretación realmente adecuada.
Hay denuncias sobre varios
episodios extraños. El primero de ellos lo habría padecido un menor de 11 años,
de sexo masculino, que fue presuntamente secuestrado en las inmediaciones de la Escuela N º 217 “Aeronáutica
Argentina” por dos hombres –que se desplazaban en un vehículo ya supuestamente
identificado–, y que fue liberado al poco tiempo en la zona de San Lucas. El
segundo secuestro denunciado involucra a otro menor, también de sexo masculino,
que, en las inmediaciones del Club Sociedad Tiro y Gimnasia, fue abordado de
manera similar a la descrita anteriormente y fue liberado en las cercanías del
Club Atlético San Pedro. Ambos casos están siendo investigados por la Fiscalía N º 10 de San
Pedro.
Pero la denuncia que llama la atención poderosamente es aquella que habla sobre una niña que, dirigiéndose a
La pregunta es: “¿quién está
detrás de estos raros sucesos?” Por ahora no se puede más que especular, pero aún
así es factible hacerlo dentro de un marco de posibilidades verosímiles. Será
necesario entonces preguntar: “¿quién se beneficia con los secuestros o
simulacros de secuestros de menores en San Pedro?” Descartando a una red de
trata o tráfico de personas –debido a que no es convincente el hecho de que
procedan delinquiendo a plena luz del día en lugares públicos y luego se
arrepientan extrañamente–, hay que explorar otras opciones.
Se puede pensar, en primer lugar,
que los secuestradores serían algún tipo de vándalos que han llevado lo suyo a
niveles exagerados. Mientras otros andan pintando paredes o rompiendo el
alambrado público, estos vándalos montarían escenas de secuestro para alterar a
la sociedad sampedreña por razones vinculadas a sus desvaríos psicológicos.
Otra posibilidad es que haya
algún tipo de trama política detrás. Considerando que este año es un año de
elecciones, los secuestros estarían apareciendo en el escenario municipal o
bien para manchar la gestión del oficialismo en materia de seguridad o bien para
inventar un mal que luego –gracias a las acciones positivas de los que
controlan el poder– quedaría completamente erradicado.
Una tercera opción sería la de las
hembristas. En efecto, estas organizaciones bien podrían estar sembrando el
pánico para conseguir mayor eco para sus causas. La idea poco creíble de que
hay dando vueltas vehículos que transportan a personas dispuestas a hacer
secuestros súbitos y azarosos es la piedra basal del discurso social hembrista
de la actualidad. Es por ello que esta hipótesis, más que las otras, debe ser revisada
a fondo y en primer lugar.
Ángela Micaela Palomo