En una conferencia de prensa en la que pretendía explicar la metodología de trabajo por los fondos para obras del Fondo de Reparación Histórica que llegan a municipios, el intendente de Tartagal, Sergio Leavy, concluyó anunciando su traslado a una vivienda del Regimiento de Infantería de Monte 28 por seguridad.
El temor por las amenazas sufridas en su teléfono celular acaparó la conferencia de prensa en la que finalmente Leavy nombró a tres líderes piqueteros como responsables por las amenazas, “Panzón” Contreras, Luis Rivero, y Bejarano.
“La ultima que recibí es del día martes, quiero aclarar que el fin de semana mis hijas estaban en la ciudad de Salta por un campeonato de hockey y justamente el mensaje tenía que ver con esto” advirtió Leavy mientras leía textual un mensaje de texto “ya cuando haga mierda a alguno de tu familia vas a ver gato h… de mil p…” leyó Leavy en conferencia y prosiguió con otro mensaje “seguí tranquilo vos, todo tiene su tiempo, cuanto más tranquilo estés peor es”.
El intendente se refirió también a un llamado telefónico que recibió su padre en Metán calificándolo de mafioso. “No tiene tono de desocupado enojado sino de alguien que realmente piensa en hacer daño; a mi papa lo amenazaron diciendo que me van a entregar en una bolsa negra, y en los últimos días no hemos tenido ningún encuentro con grupos de desocupados, hablamos con Lami en Salta e hicimos exposición y después me fui a ciudad judicial para hablar con Pablo Lopez Viñals e hice exposición de todas las amenazas reales, una la tiene Cabot de referencias verbales de matar a toda mi familia, un tal Bejarano que me amenaza de muerte… está en el juzgado de la doctora Sánchez esperando que algún día lo citen, otros que si no hacemos tal cosa la ciudad va a arder, estamos esperando que la justicia actúe”.
La decisión, extrema y espectacular, adoptada por el intendente
Sergio Leavy al irse a vivir con su familia a los cuarteles, es el
reflejo de una tensión que se percibe en la zona de frontera y que se
vincula directamente con la ausencia de un proyecto de desarrollo. El
piquete es la manifestación dramática de la exclusión. No puede existir sin una previa aniquilación de la cultura del trabajo. El
asistencialismo, que disimula el desempleo, no resuelve nada.
El piqueterismo no es la consecuencia de la pobreza, sino de la
crisis de un aparato productivo que se vuelve incapaz de generar empleo
genuino.
Leavy denunció en más de una oportunidad la existencia de una
“industria del piquete”. Se refirió así al cobro de peajes en los cortes
de ruta y a la imposición de condiciones a las autoridades legítimas.
“Si un funcionario no atiende a una familia numerosa ésta sale a cortar
la ruta. Si tiene soluciones, busca a otro grupo y hacen otro piquete
para un nuevo reclamo”.
Las organizaciones piqueteras intentan asumir una representación
política, social y gremial al margen del orden constitucional. Cortar
calles y rutas, ocupar terrenos, bloquear empresas o edificios públicos,
tomar destilerías y amenazar con incendiarlas son delitos.
Los piqueteros a los que se refiere Leavy son organizaciones con
propósitos políticos y con vínculos de distintas características con el
poder local, que extorsionan a cualquier empresa que se instale en el
lugar al exigir que contrate a su gente.
Los emprendimientos petroleros, rurales o agroindustriales requieren
en San Martín, en Orán o en Rivadavia una fuerte inversión. La
capacitación del personal especializado excede las posibilidades de la
Universidad de Raúl Castells o la de las Madres de Plaza de Mayo.
Consecuencia: la empresa se va y no invierte. Entonces, quedan los planes del Estado. “Nos sentimos rehenes”, afirma el intendente de Tartagal. Como él
piensan y sienten políticos, empresarios o ciudadanos de a pie.
El Estado, inspirado en el ecologismo insustancial de Greenpeace,
hace lo suyo. Un disparatado amparo de la Suprema Corte paralizó durante
cuatro años la actividad rural al prohibir la tala y el desmonte en
regiones estratégicas para el desarrollo rural, en una provincia que
tiene una ley de desarrollo sustentable. La ley nacional de bosques,
empeorada en Salta por un desafortunado ordenamiento territorial, se
sumó al desmadre. Encima, el recurso hidrocarburífero quedó esterilizado
por desacertadas políticas energéticas.
En pocas palabras: el piqueterismo es el fruto del deterioro
institucional y el relegamiento económico de una de las zonas
potencialmente más ricas del país, donde con buenas políticas de Estado
no habría desocupación, pobreza ni marginalidad, y la representación
ciudadana funcionaría a través de las autoridades y los gremios.
