Además de caracterizarse por vestir el atuendo típico de las mujeres
de su colectividad (polleras largas, pañuelos y blusas de escotes
pronunciados), una joven gitana residente en la zona oeste de esta
ciudad, identificada como Sofía Juan (33), ahora será singularizada por
una cicatriz de 50 puntos en el rostro, producto de un feroz ataque por
la espalda.
El corte se lo hizo, con un cuchillo tipo sierrita, Diego Escobar (20), quien la agredió -según consta en la denuncia policial- en la intersección de los pasajes Santa Victoria y La Poma, el pasado martes a las 23.30, cuando la damnificada había salido a la vía pública a buscar al mayor de sus dos hijos, José Armando (10).
La mujer aseguró a El Tribuno que el ataque y posterior desfiguración
de rostro se debió a una disputa de terrenos entre ella y la familia
del sujeto, en el pasaje Santa Victoria al 800, donde Sofía Juan les
vendió, hace un año, el garaje de su vivienda. “Ese hombre quiere
quedarse con toda la propiedad y me quiere matar”, sentenció la
agredida, quien debió ser trasladada al hospital San Bernardo, donde se
le practicó una microcirugía facial.
Preocupados, familiares y amigos de su comunidad dialogaron con este matutino. “La atacó a traición, por detrás, y no solo la apuñaló, sino que además le dio golpes en la cara. Sofía terminó tajeada y llena de moretones y si no fuese por nosotros, la iba a asesinar”, relató, con lágrimas en sus ojos, Nancy Juan, tía de la víctima.
Minutos después del incidente, parientes de Sofía se trasladaron
hacia la comisaría 8, donde realizaron la denuncia. El caso quedó a
cargo de la Fiscalía Correccional 8, cuya titular, Claudia Geria, ordenó
el pedido de captura para Escobar y custodia policial en la puerta del
domicilio de la damnificada, aunque nada de eso sucedió, ya que el
agresor deambuló durante toda la mañana de ayer por la zona, amenazando a
los familiares de la joven atacada, y los uniformados jamás se
presentaron en la morada. Al ser consultados por su relación con los
Escobar, Nancy Juan afirmó: “Los conocemos desde hace muchos años. Desde
chicos nuestros hijos jugaban con ellos, pero cuando fui a reclamarle a
su papá, Alberto, el me dijo: ‘Esa perra -por mi sobrina-, tiene que
estar muerta’”.
La disputa entre gitanos y los comerciantes (venden choclos en la intersección de la avenida San Martín y Gorriti), oriundos de Bolivia, es de vieja data y los perjudicados dijeron que los problemas no pasaban a mayores porque los hermanos Escobar solo los insultaban, pero esta vez creció el temor, tras el ataque.
