Víctima de la circunstancia
Mariano Ferreyra fue un
muchacho que murió asesinado cuando tenía apenas 23 años. Ocurrió en el marco de una disputa de
trabajadores ferroviarios, aunque él no era un trabajador ferroviario. Al momento de
su muerte, Ferreyra estaba anotado en una universidad como estudiante de la carrera de Historia, pero aún no había superado el CBC (lo que no le impedía
figurar como un dirigente de la
FUBA ). Tras concluir la escuela media, y mientras se
acomodaba lentamente a la vida de estudiante universitario, aprendió el oficio
de tornero, pero por su desinterés en progresar no duró en los trabajos que
pudo conseguir. Poco antes de morir había comentado que quería estudiar Cine en
una universidad bonaerense, porque creía tener inclinaciones artísticas.
El Partido Obrero (PO) captó
a Ferreyra para sus filas durante su adolescencia. Ferreyra jamás se
caracterizó por ser un estudiante sobresaliente. Pero si era voluntarioso:
creía que la voluntad transforma al mundo, por lo que, para él, todo era cuestión
de tratar siempre hasta conseguir los resultados. Murió antes de madurar y
comprender lo falaz de esa idea.
El PO es una fuerza marxista,
lo que los hace rechazar doctrinariamente al voluntarismo. Sin embargo ello es
lo que precisamente los nutre. Es decir, el PO no es más que una pyme comandada
por una “vanguardia iluminada” que consigue hacer ruido gracias a que funciona
como un espacio receptor de aquellos jóvenes que son demasiado mediocres y
asociales como para poder ser miembros productivos de la sociedad, pero que no
son tan desastrosos como para andar por las calles consumiendo paco. Sus puertas
están abiertas para las víctimas del fracaso personal, pues les ofrecen la
contención que no encuentran en otros lugares. Ferreyra satisfacía el perfil a
la perfección.
El 20 de octubre de 2010,
trabajadores del Ferrocarril General Roca -fogoneados por células sindicales del
PO- se propusieron cortar las vías para interrumpir el servicio de trenes.
Reclamaban el fin de la precarización laboral que padecían. Por aquella época
el kirchnerismo no consentía en enviar a Gendarmería Nacional o a alguna otra
fuerza de seguridad para garantizar el derecho a la libre circulación por temor
a que se los acusase de “criminalizar a la protesta social” (justo al revés de lo que sucede ahora). Así que fueron hombres de la Unión Ferroviaria , el sindicato
de los trabajadores de ferrocarriles, quienes asumieron la tarea de despejar los obstáculos.
Un grupo de choque de la Unión Ferroviaria atacó a los
manifestantes, que no eran sólo trabajadores del Roca, sino también militantes
del PO los cuales, según se ve, no tenían nada mejor que hacer que acompañar a otros en su
reclamo. El grupo de choque triunfó en su tarea, pero se excedió: a un monigote
se le ocurrió efectuar disparos amedrentadores con un arma de fuego, que
terminaron con tres heridos y un muerto, Mariano Ferreyra.
Así terminó la breve vida de
Ferreyra: convertido en víctima casual por estar en el lugar equivocado a la
hora equivocada. No lo mataron porque fuese un peligro para la seguridad nacional
o para la paz social, lo mataron porque eligió mal la dirección hacia la cual correr.
Mariano Ferreyra, Inc.
Cuando Ferreyra murió el PO
movió todos sus recursos disponibles para comenzar una campaña propagandística
pidiendo por justicia para el asesinado. El asunto prosperó gracias a que la CTA y otros actores políticos
se sumaron al reclamo: era la oportunidad para tirar el cadáver de un inocente
contra la puerta de Casa Rosada, y gozar de la indignación que eso provoca.
Lo que siguió fue un
bochornoso y repugnante sainete criollo montado por el gobierno para no hacerse
cargo de la tragedia que habían ocasionado. Obviamente la Unión Ferroviaria fue la
primera acusada por el crimen, pero como su líder, José Pedraza, era uno de los
sindicalistas más lealmente kirchneristas, hubo toda clase de intentos para
despegarlo del asunto. Sin embargo pronto sacaron a la luz su currículum y
la “Causa Pedraza” se volvió políticamente indefendible.
Acto seguido se montó una operación de prensa muy burda para vincular a Pedraza con Eduardo Duhalde, quien por esa época todavía era visto como un titiritero en las sombras. Pero la truchada no consiguió imponerse, así que Néstor Kirchner, Aníbal Fernández, Cristina Fernández de Kirchner y toda la oligarquía K tuvo que admitir –aunque, claro, off the record– “que se habían mandado una cagada”. De esta manera el gobierno buscó negociar con las víctimas que generaron para minimizar el daño a su imagen: así los Ferreyra se acomodaron en cargos estatales (Pablo Ferreyra, el hermano de Mariano, hasta terminó convertido en Legislador de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) y al PO le inyectaron los fondos suficientes como para hacer una exitosa campaña electoral en 2011 (lograron tres diputados nacionales y varias bancas en los parlamentos provinciales y municipales de diversas provincias).
Instrucciones para bautizar a una plaza
Ferreyra
fue una víctima. No merecía morir así. Pero después de él, el kirchnerismo
siguió hiriendo y matando gente al reprimir protestas sociales. Estos nuevos
muertos se salvaron de ser utilizados políticamente. A la mayoría de ellos no
pudieron prostituirlos para alimentar la necrofilia partidista.
Ahora
concejales salteños decidieron bautizar con el nombre de “Mariano Ferreyra” a una plaza en el oeste de la capital provincial. Fue una iniciativa de los hombres del PO (la
mayoría en el recinto) pero que contó con la adhesión expresa de gente del
kirchnerismo, pese a que en la ciudad esté vigente la ordenanza que prohíbe
bautizar a un espacio público con el nombre de una persona que lleve menos de
cinco años de fallecida.
Quizás no
esté mal que algún lugar de la
República tenga el nombre del joven asesinado. Un callejón en
la Sarandí
donde nació, una estación de trenes del Ferrocarril General Roca, pero ciertamente
no una plaza en Salta. Se me ocurren mil personas con méritos reales que
podrían prestarle su nombre a un espacio público de la ciudad de Salta. Y no es
una hipérbole: realmente puedo confeccionar una lista con mil nombres de gente
que merece más que Ferreyra el honor que el Concejo Deliberante le hace al
chico víctima.
Permítaseme incluir sólo un ejemplo. Los Bravos de Manchalá eran soldados salteños que, en 1975, resultaban ser un tanto más jóvenes que Mariano Ferreyra. Mientras estos muchachos trabajaban en una escuela rural para
cambiar sus puertas y ventanas vetustas y para pintar sus paredes derruidas, una
centena de terroristas los atacó con armas de fuego. Esos hombres que
disparaban defendían las mismas ideas que defendía Ferreyra. Finalmente el
triunfo fue para los jóvenes salteños, quienes durante varias horas estuvieron muy cerca de caer
abatidos por las balas de los criminales. Hoy en día Salta no tiene ningún espacio para honrar oficialmente a esos jóvenes, a los que la suerte quiso
mantener vivos (contrariamente a los muchos que murieron en los montes
tucumanos por defender a la
Patria ). Curioso presente: escarnio para nuestros héroes salteños, una plaza para
un invento propagandístico del Partido Obrero.
Zain el-Din Caballero