En la última semana del pasado
mes de julio, Valeria Miranda y su familia sufrieron horas angustiantes al
darse cuenta de que Camila Miranda, la hija quinceañera de Valeria, estaba
desaparecida. La joven, que vive en Alto Comedero (un inmenso barrio de San
Salvador de Jujuy), había viajado el día 23 a la localidad de Palpalá a visitar a una
tía, pero nunca regresó. Acto seguido la familia de Camila hizo la denuncia en
la policía, que, como corresponde, inició una investigación sobre los motivos
de la fuga de hogar para ubicar su paradero. Al final en la noche del 28 de julio la joven
fue encontrada en otro sector de Alto Comedero, en compañía de un hombre diez años
más grande que ella quien, aparentemente, sería su novio. Su madre, siguiendo una pista falsa, se encontraba en ese momento en la ciudad de Salta, pero al enterarse de la reaparición de su hija viajó urgente a Jujuy y llamó a cancelar las marchas que se habían preparado para exigirle a las autoridades que ubiquen a Camila.
El episodio que narré describe
una travesura adolescente o, en el peor de los casos, a una familia
disfuncional. Sin embargo, ciertas personas con obscuros intereses se dedicaron
a reinventar la situación para sacar provecho de ella. Hablo, por supuesto, del
abordaje que hizo la Casa
de Mujeres en Lucha, una ONG hembrista que opera en la provincia de Jujuy.
A través de su vocera Mariana Vargas, desde esta sinarquía visible se intentó alterar la verdad para llevar
agua para su molino. Vargas textualmente dijo: “La
fuga de hogar no es contradictoria con un caso de trata, porque una niña que
decide irse está en un estado de vulnerabilidad y puede caer en la boca del
lobo de los tratantes con mucha facilidad.” Esto significa que para Vargas una
cosa necesariamente lleva a la otra, aunque esa otra cosa nunca haya sucedido.
Explicado a través de una analogía sería: Vargas cree que un beso puede
terminar en un embarazo, porque una mujer que besa se presta al coito más
fácilmente que una que no lo hace. Por tanto, según la ilógica lógica de
Vargas, las mujeres pueden concebir a un hijo sin que se hayan abierto de
piernas ante un hombre. Así de absurdo es su discurso.
Todos
estamos de acuerdo en que si algo es posible de que suceda, no significa que
necesariamente haya sucedido o vaya a suceder. Pues bien, la Casa de Mujeres en Lucha opina exactamente lo contrario. Cualquiera sabe que un hombre casado puede maltratar a su esposa, pero ello no significa que en
algún momento de su vida vaya efectivamente a hacerlo. No obstante para las hembristas la posibilidad
se convierte en un hecho, por tanto si un hombre pasa toda su vida de casado
junto a su mujer sin haberle levantado la voz siquiera, no se tratará de un caso de convivencia matrimonial pacífica sino de una
catástrofe que por casualidad nunca ocurrió. Para las hembristas la inocencia
no existe, todo hombre es culpable… de ser hombre. Y
un hombre, por ser como es, tarde o temprano demostrará su verdadera naturaleza y agredirá a una mujer, no por una situación
particular sino simplemente porque esa mujer… es mujer.
Ese
odio antimasculino impregna todas las palabras de Vargas. La joven Camila, en
su testimonio ante la
Justicia , declaró que ella estaba en la vivienda de su novio
por propia voluntad. ¿Qué dijo Vargas ante la confesión de la parte? “Hay una
mujer que la sugestionó al punto de inventarle un noviazgo con su hijo, a quien
ella ni siquiera conocía.” Ni más ni menos. La menor, según Vargas, no tiene
derecho a decir lo que le pasó, porque en realidad su testimonio está viciado.
Al parecer una bruja, una hipnotista o vaya uno a saber que otro personaje con
poderes sobrenaturales se apoderó de la mente de una joven boba y la hace decir lo que ella quiere.
La
nueva estrategia de estas hembristas para crear pánico y alimentar su negocio
me hace acordar a la epidemia de abusos sexuales en rituales satánicos que
sufrió EEUU en la década de 1980. En aquella época, el gigantesco país del
Norte se vio sacudido por diversas personas (en su mayoría mujeres) que decían
haber sido ultrajadas en sus años infantiles en el marco de diversas orgías
dedicadas a Satanás. Las víctimas iban a la televisión y contaban con lujo de
detalles lo acontecido. Empero después se supo que esas personas no estaban
fingiendo sus historias, sino que las estaban inventando sin percatarse de ello, puesto que varios
psicólogos, usando diversas técnicas, habían trabajado en la implantación de
recuerdos falsos que algunos percibían como verdaderos. Mutatis mutandis, Vargas en Jujuy está tratando de hacer lo mismo.
Por
ello no asombra que también diga: “El problema es que hay tanta impunidad, hay
un Estado tan inepto e inexistente frente a estos problemas, que las redes
operan con absoluta no profesionalización porque no tienen necesidad”. Las
redes de trata de personas de Jujuy están integradas por perfectos aficionados
porque, simplemente, no existen.
Ángela
Micaela Palomo