La política en tiempos de Francisco
Causa cierto estupor enterarse
del reciente rechazo del Concejo Deliberante de la Ciudad de Salta a la
iniciativa de declarar como un “Municipio Pro-Vida” a la capital de La
Linda. El estupor, claro, no es motivado
por la decisión en si misma, sino por los argumentos utilizados para
justificarla. En un momento histórico como este, en que el Papa Francisco impulsa
la causa antiabortista y los partidócratas locales intentan congraciarse con el
Sumo Pontífice de la cristiandad, ir deliberadamente en contra de las pocas
banderas que levanta la actual conducción de la Iglesia Católica
pareciera ser un error costoso. Sin embargo muchos de los concejales salteños
decidieron incurrir en ese error, básicamente porque aún hoy el daño político
que ello ocasiona es bastante leve. Vale decir, si el proyecto “Salta Pro-Vida”
no prosperó se debió a que aquello que a estas alturas tendría que ser
catastrófico para un político todavía no lo es.
En realidad es lógico que opten
por la muerte los más ilustres exponentes del bestiario progrecínico de Salta
(Gabriela Cerrano y Arturo Borelli del Partido Obrero, Martín Ávila y Gustavo
Castro de Memoria y Movilización Social, Zulma Pedraza del Frente Plural, e
incluso el jefe del Movimiento Popular Unido, el prometedor Martín Poma Ovejero,
que ya acumula causas por estafas, homicidio y tenencia ilegal de armas); lo que
es extraño es que aquellos otros chupópteros que integran el Concejo
Deliberante de la capital salteña no estén dispuestos a ir hacia donde sopla el
viento, contrariando así la actitud que los puso allí en donde ahora están. Que
personajes como César Álvarez o Hugo Sumaria no hayan apoyado un proyecto que
contaba con el beneplácito del Vaticano habla de la escasa influencia que el
Papa Francisco está ejerciendo en nuestro país. Se vive un periodo en donde el
progrecinismo ha alcanzado sus picos y aún no hay muestras de que haya
comenzado su retirada. Es probable que la infección del Progreso que sufre la Argentina se reduzca en
los próximos tiempos, pero mientras tanto, mientras el Papa continúe
malgastando esfuerzos en internas eclesiásticas y promoviendo esterilidades
como el diálogo interreligioso en lugar de convocar a la humanidad a vivir una
vida sin pecado, los que más padecerán serán los inocentes.
Un catálogo de estupideces
Repasar las cosas que se dijeron
para negar la adopción de una medida tan positiva como el proyecto “Salta
Pro-Vida” es una tarea aburrida, pero aún así es digna de ser completada.
Sucede que, curiosamente, en la actualidad, en épocas en que la corrección
política pareciera ser obligatoria, sigue teniendo sabor a “fundamentalismo”
una propuesta para defender el derecho a nacer de un niño. Se puede estar a
favor de los perros de la calle, de los árboles, de los inmigrantes, de los
ateos, de los drogadictos, de las sectas religiosas, de los aberrosexuales, de
los cumbieros, de los jóvenes, de las mujeres o de los gnomos de jardín, pero
si se está a favor de protegerle la vida a un niño que carece de medios propios
para evitar ser torturado y asesinado alevosamente entonces se habrán
transgredido los límites de la corrección política. Extraño, ¿verdad?
La contradicción progrecínica que
se genera en la intersección del fomento al respeto por la vida ajena y la
promoción del aborto es más que flagrante. Aún así los defensores de esa
postura se niegan rotundamente a reconocerla. Por tanto es importante dejarlos
en evidencia, para que el peso de sus propias palabras derrumbe la ridícula ambición
de su discurso.
Empecemos por los extremistas. Gabriela
Cerrano (PO) señaló que defender la vida de una persona que no nació es un acto
de agravio en contra de las mujeres. La mujer, según la mitología que ella
maneja, debe ser educada para percibir los cruentos homicidios que se producen
durante los abortos como un acto de soberanía, en donde el intruso que se le
introdujo en su cuerpo sin su consentimiento (el cual, al parecer, no se
trataría aquí de un ser humano que engendró gracias a las células que ella
misma produjo) debe ser ejecutado violentamente. Sólo de ese modo –y de ninguno
otro modo distinto– se podrá preservar la vida de un puñado de mujeres que año
a año eligen contratar a un sicario que, por su impericia o vaya uno a saber
por cual otra causa, termina liquidando a dos personas por el precio de una.
Martín Ávila (MMS), quizás para
no quedar en vergüenza, recatadamente sostuvo que el proyecto a favor de la
vida humana colisionaba con otros derechos –negándose de paso a dar el debate
de fondo sobre la cuestión de quien es más merecedor de derechos: una criatura
indefensa e incapaz de haber tomado malas decisiones propias, o una persona que
no sólo ha logrado un embarazo sino que también ha decidido concluirlo
abruptamente. Martín Poma Ovejero (MPU), tratando también de quedar como un
leguleyo experto, no se privó de decir que una ordenanza municipal no se puede
oponer a una ley nacional, obviando el hecho de que no hay ninguna ley nacional
que reglamente el tema de las prácticas abortivas y si, en cambio, hay un
artículo en el Código Penal de la
Nación que condena el desarrollo de dichas prácticas. Y
Lucrecia Lambrisca, una romerista tan feminista como María José Lubertino,
definió como “cavernícola” a la idea de que un ser humano no fallezca envenenado
a manos de un fármaco o triturado por instrumental quirúrgico.
Desde sectores un poco más
moderados la opinión fue muy similar. Las pejotistas Frida Fonseca Lardies y
Silvina Abilés señalaron que no ser Pro-Vida no equivale necesariamente a ser
Pro Muerte: a qué equilvadrá entonces aún estamos esperando saberlo.
Desde afuera del Concejo
Deliberante también aparecieron valoraciones contrarias a la iniciativa Pro-Vida
que no hicieron más que repetir lo que se vertió en el parlamento: por ejemplo Tania Kiriaco, en nombre del Colegio de Abogados de Salta, repitió los argumentos de
Cerrano, y Laura Postiglione, invocando el poder que le conferían una coalición
de ONGs hembristas, insistió –como Poma Ovejero– en que las normativas legales se
elaboran de acuerdo a ciertas jerarquías, por lo que para que una ley se
imponga no importa cuan virtuosa sea su intención sino cuan arriba se encuentra
el que la propone.
Los teoconservadores:
cruzados para el siglo XXI
Quizás muchos no lo hayan notado,
pero hasta aquí me tomé la libertad de hablar sobre el proyecto “Salta Pro-Vida”
y no de su autor. Los políticos y los opinólogos se dedicaron a hacer lo
contrario. Así fue que, en las últimas semanas, Aroldo Tonini se convirtió en
un objeto de ataque permanente por parte de quienes odian lo suficiente a los
niños inocentes como para desearles su muerte. Un repudio tan generalizado
hacia el concejal Tonini sugiere que este hombre lejos está de ser un mero actor
secundario del escenario municipal.
Tonini fue contundente a la hora
de hablar. Afirmó, por ejemplo, que la iniciativa de declarar a Salta un
“Municipio Pro-Vida” (iniciativa que ya se ha impulsado exitosamente en otros
lugares del país como Monteros, Concepción y Aguilares en Tucumán, Añatuya en
Santiago del Estero, o Libertador General San Martín y Perico en Jujuy) tiene
por propósito plantar la bandera de la resistencia en contra de la avanzada
abortista que próximamente llegará al Congreso de la Nación para intentar
imponerse como uno de los últimos actos de destrucción del tejido social argentino
incitado por el putrefacto kirchnerismo. También subrayó que él no teme elegir
abiertamente a la vida humana como el derecho humano más inalienable y fundamental
de todos, convirtiéndola así en valor supremo, enalteciéndola para imposibilitar
la naturalización del genocidio; y declaró que ninguna mujer debe someterse
jamás a un aborto, pues dicho crimen bien puede ser evitado con diversas
estrategias como el apoyo médico y psicológico gratuito, y el abono de
subsidios ante la preñez –que, de hecho, ya están en vigencia a nivel nacional bajo
el nombre de “Asignaciones por Embarazo para la Protección Social ”.
Hacia donde apuntó Tonini en
particular fue hacia los mercaderes de fármacos, recordando que en muchos
centros de salud es más fácil acceder a las abortivas “píldoras del día
después” que a una simple aspirineta. El negocio multimillonario de la
intoxicación con venenos para mujeres embarazadas hace que no haga falta exhibir
una receta médica ni solicitar una historia clínica para tener acceso a una
pastilla tan poderosa como para forzar a un cigoto a abandonar la vida que
posee.
Finalmente, para dejar en claro
que el aborto legal o clandestino es siempre asesino, Tonini propuso seguir
avanzando en la defensa integral de la Vida.
Sugirió que, por ejemplo, sería algo muy bueno el mostrarle
obligatoriamente una ecografía con la imagen viva de su hijo a una mujer que ha
conseguido una orden judicial para proceder con el homicidio de la creatura que
ha engendrado en su vientre, buscando con ello convencerla de que no está por
deshacerse de un tumor o de un apéndice sino de un ser humano. El concejal
planteó que aquellos anómalos casos en los que una mujer queda embarazada a causa
de una violación no deben concluir con otro delito como la muerte del niño,
sino que se debe ir en contra del violador al mismo tiempo en que se faciliten
los mecanismos para que el destino de la creatura sea el mejor posible.
Tonini no dudó en manifestar que a
“la vida humana la sostienen los que tenemos alguna religión, y en particular
los que somos católicos”. Por ello quizás a Tonini no lo dejaron solo en el
Concejo Deliberante: Ariel Burgos del Frente Salteño, Carlos Zapata de Salta
Somos Todos, Martín Pérez Estrada del Partido Propuesta Salteña y Socorro
Villamayor de Fe Peronista tuvieron la dignidad suficiente como para darle el
apoyo que se merece a la promoción, defensa y conservación de la Vida. Estos concejales, a
diferencia de otros que se dicen “cristianos” (y que, probablemente, pronto los
veremos sacándose una foto junto al Papa), sólo optaron por ser religiosos, o
sea teoconservadores, o sea católicos. Ese fue su argumento: simple, directo,
sin engaños. “Porque soy católico entonces no puedo no estar a favor de la Vida ”. “Católico” significa,
etimológicamente, universal. Lo universal es lo que resulta verdadero en todo
lugar y en todo momento. A lo universal no lo altera la circunstancia: no
importa el tiempo en donde acontezca, tampoco el lugar, si algo es verdadero
entonces es verdadero.
Lo universal siempre ha fascinado
a la humanidad. Averroes, un filósofo musulmán, postuló el “monopsiquismo”
siguiendo la idea de que todas aquellas personas que razonando llegaban a
conclusiones universales abrevaban en realidad de la misma fuente, es decir
veían en el interior de la mente de Dios. El problema es que parecían haber dos
juegos de verdades universales: el universo tiene comienzos y límites o bien el
universo no tiene comienzos ni límites, todo está compuesto de partes más
simples o bien lo simple no existe, etc. Allí cobra forma el origen del
conflicto entre la Fe
y la Razón (pues
ciertas conclusiones racionales no coinciden con lo que el Dogma nos enseña), y
se plantea la posibilidad de divorciar a una de la otra, obviándose algo que
Santo Tomás de Aquino remarcaría después: el orden natural está contenido en el
orden sobrenatural, por lo que no debería de haber separación entre una cosa y
la otra sino continuidad.
Empero las circunstancias de los
siglos no atemperaron el conflicto sino que lo azuzaron, y se llegó así al
tiempo actual, en donde se sufre de un agnosticismo que decreta incognoscible
al orden sobrenatural, y se padece de un inmanentismo que sugiere que todo lo
que excede al orden natural es un invento de la mente.
La novedad que todo lo justifica
Antes de proseguir, me tomaré la
libertad de abrir un paréntesis justo aquí para comentar un artículo de Daniel Ávalos, un cagatintas del famoso semanario
Cuarto Poder que, al parecer, intenta asumir el rol de sofista.
Ávalos no lo admite abiertamente
pero da a entender que su posición es la del iluminista, pues de no ser así no
llamaría “oscurantista” a Tonini. Ávalos, además, aparenta tener un problema
para asimilar el hecho de que un hombre pueda vivir en el siglo XXI y defienda
valores que él califica de “medievales” –pero que en realidad son mucho más
antiguos, pues tienen, al menos, 2000 años. De sus escritos se sigue que aquel
que quiera vivir correctamente en el presente debe ser un inmoral que esté a
favor de los matrimonios entre homosexuales, el consumo libre de drogas, la
automutilación y, por supuesto, el asesinato alevoso de niños que no han dejado
aún el vientre materno. Es decir el tal Ávalos lo que hace es ligar la idea de
Bien a la idea de Tiempo, pasando por tanto a rendirle culto al Progreso. Su
ecuación es tan burda y simplista que seduce demagógicamente: “todo lo que
viene será mejor que lo que ya pasó”. ¿Qué significa ello? Pues que la
tradición es un error y que, para vivir plenamente la propia vida, es necesario
hacer exactamente lo contrario a lo que la tradición sostiene.
En la imaginación de Ávalos, los
teoconservadores que se oponen a la decadencia moral tienden día a día a
desaparecer. Yo coincido con él. Sin embargo yo comprendo que este fenómeno
acontece porque el egoísmo, el hedonismo y la banalidad son impuestos (por
alguien que lucra a partir de ello) frente a la tradición, mientras que Ávalos
sólo lo entiende como parte de un proceso natural que en algún momento debía
darse, probablemente porque un Ser Superior (en el cual, dicho sea de paso, no admite
creer) así lo dispuso. Queda en evidencia que su discurso progrecínico se
declara materialista, pero le atribuye a la materia propiedades que no tiene. Es
decir, es contradictorio consigo mismo.
El uso indiscriminado de
expresiones como “arcaico” o “congelado en el tiempo” dejan en evidencia por
qué Ávalos califica a Tonini de “profeta del Apocalipsis” tratando de tildarlo
de anacrónico: el Apocalipsis, aunque le pese a Ávalos, no tiene nada que ver
con el pasado pero si con el futuro, pues el profeta mira al presente para
censurarlo. O sea que Ávalos considere que alguien que tiene una visión
apocalíptica es cosa del medioevo es porque, sencillamente, se niega a aceptar
que el porvenir no sea la utopía construida por el Progreso que él anhela. Al
no escuchar al profeta, no está escuchando a Dios, y eso equivale a renunciar a
la santidad, que no es más que renunciar a la elección de la vida virtuosa por
sobre la viciosa. La pasión de los progrecínicos por la novedad proviene del
hecho de que al no ser aptos para la vida virtuosa –dada su debilidad para el
compromiso, su falta de honestidad y su incapacidad para el esfuerzo– fantasean
con un futuro en donde todo se vuelva mediocre y burdo como ellos, logrando así
diluir sus defectos en un mundo ampliamente defectuoso.
Ávalos no se priva de ver en los
ateos, los agnósticos y los deístas, es decir en los enemigos pasivos o activos
de la religión, a la vanguardia que se impone por sobre la tradición. Y habla
también de unos supuestos católicos, católicos que, según sus palabras, están
“alejados de esas concepciones religiosas en las que los hombres aparecen como
puntos miserables y sujetos a normativas universales e inamovibles”. Católicos
que no son universales, o sea católicos a-católicos, que es como decir
argentinos no-argentinos o personas impersonales.
El genocidio como política de Estado
La filial salteña del Instituto
Laico de Estudios Contemporáneos (ILEC) emitió un comunicado en donde condena
el proyecto de Tonini por considerarlo contrario a la sacrosanta doctrina de
los Derechos Humanos. Con argumentos débiles atacaron las iniciativas que el
proyecto “Salta Pro-Vida” propone para afrontar con humanidad el problema del
aborto no punible, de la píldora de la muerte y de la protección especial para
mujeres víctimas de la agresión sexual.
Con respecto al aborto no
punible, los del ILEC sostienen que el Fallo F.A.L. emitido por la Corte Suprema de Justicia de la Nación en 2012 es
incuestionable. Es decir no sólo se niegan a reconocer que los jueces más
poderosos del país han cometido un error descomunal con el fallo sobre el
aborto no punible, sino que además niegan que exista la posibilidad de que
alguien pueda criticarlo.
El principal problema con el aborto
no punible es que muy poco se dice sobre las consecuencias del mismo. Un
aborto, con autorización judicial o sin ella, es motivador de gravísimas
alteraciones psicológicas. Utilizar esta práctica como medio de control de la
natalidad o como instrumento para la planificación familiar es manifestar una
falta de tacto extrema.
Desde el ILEC aseguran que la
iniciativa de Tonini, además de pasar por alto la jurisprudencia de la CSJN (cosa que, por cierto, no es
relevante a la hora de hacer leyes u ordenanzas), desconoce la letra de la Constitución
Nacional e ignora lo estipulado en los Tratados
Internacionales. Esto, simplemente, es una vil mentira. El artículo 4.1 de la Convención Americana
sobre Derechos Humanos sostiene que “toda persona [a partir del momento de su
concepción] tiene derecho a que se respete su vida”; el artículo 6.1 del Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos prescribe que “el derecho a la
vida es inherente a la persona humana”; el artículo 6.1 de la Convención sobre los
Derechos Niños establece que “los Estados Partes reconocen que todo niño [es
decir todo ser humano menor de dieciocho años] tiene el derecho intrínseco a la
vida”; y, como si fuera poco, el artículo 75, inciso 23, de la Constitución
Nacional reconoce la existencia del niño desde el momento de
su gestación en el vientre materno.
En relación a la prohibición de
píldoras abortivas -la propuesta más enfatizada en el proyecto “Salta Pro-Vida”- los del ILEC aseveran que ello contradice las disposiciones del nefasto
Programa Nacional de Salud Sexual y Reproductiva (PNSSR) creado por la Ley 25.673, que, en los
incisos “d” y “e” de su artículo 6, contribuye a abrirle las puertas a las
compañías farmacéuticas que hacen de la muerte de inocentes un negocio
multimillonario (algo tan lucrativo que hasta se da el lujo de coimear a la Organización Mundial
de la Salud
para conseguir su apoyo expreso).
Hay algo que aclarar: nadie sabe
exactamente qué es lo que motivó la creación del famoso PNSSR. Algunos
sostienen que el PNSSR resuelve problemáticas demográficas, y otros le
atribuyen capacidad para combatir la pobreza y para darle a los “excluidos”
mayores oportunidades; no faltan quienes ven en el PNSSR una enorme conquista
femenina en materia de derechos humanos, civiles e individuales, que colaborará
en la definitiva liberación de las mujeres de la “opresión” que sus “derechos
reproductivos” sufren debido a la cultural patriarcal; también están los que
creen que el Estado tiene la obligación de garantizar la salud de su población,
y la procreación irresponsable vendría a ser algo así como una “epidemia” que
hay que erradicar a través de medidas como el PNSSR; y por último aparecen los
que comprenden a la anticoncepción como un bien que mejora la calidad de vida
de las personas, por lo que el PNSSR no vendría más que a reafirmar eso.
Esta sumatoria de enfoques
heterogéneos no llegan a señalar la verdadera causa de nacimiento del PNSSR: la
distribución de anticonceptivos para engordar las arcas de los laboratorios que
los producen. Para inflarles las cuentas bancarias a unos pocos, todo nuestro
país se somete a un abordaje moralmente inaceptable de la
Vida. La Ley que reglamenta al PNSSR señala
que los métodos adoptados para la planificación familiar deben ser de carácter
transitorios, reversibles y no abortivos, sin embargo es la ANMAT la única institución
autorizada para determinar esas características, por lo que todo queda envuelto
de sospecha.
Finalmente, en torno a la
propuesta de concederles privilegios a las mujeres embarazadas, los cráneos del
ILEC ven ello como una denigración de la mujer. Se quejan además de que la
maternidad sea percibida como el eje principal de la identidad femenina. Desde
el ILEC, por lo visto, se niegan a aceptar que al hablar de una mujer
embarazada se está hablando, en realidad, no de una sino de dos personas. Supongo
que los del ILEC son abortistas por lo que durante los primeros días del
embarazo consideran a los niños en gestación como tumores, ¿pero que hay del
día 91 en que, según su metafísica, el tumor cobra vida? ¿Una mujer con otra
persona adentro no merece privilegios?
En cuanto a la idea de que
reducir la identidad femenina a la maternidad es un error no estoy de acuerdo.
La maternidad es (como la paternidad) un momento culminante en la vida de
cualquier persona. La perpetuación de la especie es un mandato biológico, por
lo que la conformación de una familia es, tanto para hombres como para mujeres,
un horizonte de sentido. Ciertamente no recibir el don de la descendencia
propia es doloroso, pero eso no convierte en algo absurdo a la vida. La célula
de la sociedad es la familia y no el individuo, por lo que no valorar a la
paternidad y a la maternidad como estados primordiales equivale a postular una
sociedad atomizada, en donde el único vínculo legítimo es el del dinero.
El ILEC concluye asegurando que
convencer a una mujer violada para que prosiga su embarazo atenta contra la
elección individual de los planes de vida. Esto, por supuesto, es lo más
insostenible de todo. En primer lugar porque una mujer que sufrió la violencia
sexual ya experimentó, desde ese momento, un atentado en contra de la libre
elección de su vida –cualquier persona que vea su voluntad sometida ilegalmente
tendrá que lidiar para siempre con ello, no pudiendo hacer como que ese hecho nunca
existió. Y en segundo lugar porque dar como solución al asesinato es
políticamente incorrecto. En un país en donde hay ciudades en las que se prohíbe la venta de juguetes bélicos, refrendar el aborto va deliberadamente a
contracorriente con esa idea de defender a los que no se pueden defender.
Alfredo Olmedo, en este sentido,
planteó en el Congreso de la
Nación un proyecto similar al de Aroldo Tonini, que busca agilizar
las cosas para que una mujer que no desea el hijo que lleva en su vientre pueda
entregarlo en adopción sin sufrir represalias. Siempre es preferible generar
inconvenientes con el derecho a la identidad de alguien recién llegado a la
vida en sociedad a no llegar nunca a conocer a esa persona. Siempre es
preferible optar por la Vida
y no hacer del genocidio una política de Estado.
Antonella Díaz