Tras las PASO quedó en evidencia
que el Norte Grande es el lastre político que le impide a la Argentina convertirse en
una nación políticamente soberana, económicamente independiente y socialmente
justa. Es que en las provincias de la región el triunfo de la fórmula del Frente para la Victoria fue contundente, prueba irrefutable de que la gente de allí o se da la buena
vida gracias al Estado o tiene tan poco que se ve invadida por el pánico ante la
posibilidad de perderlo y por ello se aferra a sus migajas, garantizando de ese
modo la perpetuidad de los tiranos demagógicos.
Tucumán: todos los males de este mundo
Sin lugar a dudas el escenario más
penoso fue Tucumán, antiguo faro identitario del NOA, hoy convertido en un
feudo bananero donde la gente, acosada por la inseguridad, se la pasa linchando a delincuentes ante la mirada pasiva del gobierno. (En Santiago del Estero, de
hecho, al oficialismo le fue aún mejor que en Tucumán, pero esa provincia no posee
ni la historia ni el peso cultural de su vecina.)
Con José Alperovich como
candidato a senador nacional, el FPV se impuso con comodidad. Para hacerle
frente se suponía que estarían José Cano y Domingo Amaya, integrantes de la
principal fórmula opositora para la gobernación, pero la maniobra no se
completó: temiendo que pudiesen perder y truncar así sus aspiraciones a nivel
provincial, ambos candidatos declinaron sus postulaciones para el parlamento
nacional, pese a haber insistido ante la Justicia para que se los habilitase.
Quienes enfrentaron a Alperovich
fueron la actual Senadora Nacional Silvia Elías de Pérez y el actual Legislador
Provincial Gerónimo Vargas Aignasse. Elías de Pérez, de la coalición Cambiemos, llevaba
adosadas boletas de Macri, Carrió, Sanz, Stolbizer y Massa; Vargas Aignasse, el
representante de Unidos por una Nueva Alternativa, sólo acompañó en cambio a
las fórmulas presidenciales de Massa y De la Sota.
Scioli sumó medio millón de votos
tucumanos, aunque se sospecha que muchos de ellos provienen del aparato de fraude que denigra y anula a la democracia que el gobierno jamás se cansa de promover
y predicar.
En Tucumán, en definitiva, se
dieron todos los ingredientes con los que cocina la decadencia nacional.
Salta: la pobreza enceguece
Al estar Gustavo Sáenz en la
misma fórmula presidencial de Sergio Massa, se suponía que ese candidato
golpearía fuerte en Salta, tierra natal de su vicepresidente. Sin embargo sólo en la capital provincial la gente se inclinó por el tigrense, mientras que en el
resto del territorio el triunfo fue del sciolismo (a excepción, claro, de Guachipas,
pequeño departamento sureño de donde es oriundo el sindicalista José Ibarra,
candidato a diputado nacional en la interna de UNA junto a Alfredo Olmedo).
Massa visitó Salta varias veces
este año. De todos los candidatos presidenciales, el Diputado Nacional es el
único que demuestra una auténtica preocupación por la peligrosa situación de la frontera
argentino-boliviana. Empero ese dato parece ser irrelevante para la gente que vive
atada a un plan social en Salta (especialmente en la zona norte): ni aunque
estuviese Güemes de candidato los salteños se animarían a mezquinarle su voto
al perverso PJ.
Jujuy: bastión de la dignidad
La excepción norteña fue Jujuy.
Allí también ganó Scioli, pero lo interesante sucedió a nivel provincial, ya
que el oficialismo perdió con amplio margen. La derrota es significativa, al
menos en el plano simbólico: la provincia en donde vive y gobierna el mismísimo
presidente del Partido Justicialista parece estar a punto de cambiar de manos.
Mientras que el PJ de Salta ya
definió la carrera para la gobernación, y mientras que el PJ de Tucumán está en
camino a ello, en Jujuy al día de hoy no se sabe quien será el hombre del
oficialismo que enfrente a Gerardo Morales, el caudillo ucerista de la
provincia. Vale decir, el PJ todavía no definió quien será el que cargue con el peso de la
derrota.
¿Por qué se produce este
escenario en Jujuy? Por culpa del kirchnerismo puro. En efecto, mientras que en
Salta el Gobernador Urtubey camina por la vereda kirchnerista, también aparece
como un líder con cierto grado de autonomía que rechaza el abortismo y respeta
a la Iglesia Católica
desde mucho antes de que Bergoglio llegase a Roma; a su vez en Tucumán el
Gobernador Alperovich, por su pasado camaleónico, es visto como alguien cuyo
compromiso con el kirchnerismo es transitorio, y que si el día de mañana tiene
que traicionar todos y cada uno de los principios kirchneristas para mantenerse
en el poder, es totalmente seguro que así lo hará; salteños y tucumanos ven por
tanto a sus respectivos líderes provinciales como hombres con personalidad
propia, por lo que les resulta más sencillo reconocer y aceptar su autoridad.
En Jujuy, en cambio, el cuadro de
situación es distinto. Allí el Gobernador Fellner oficia también de embajador de la Casa Rosada, pero su mando está condicionado por
Milagro Sala, una barrabrava extremista que también es empleada (o socia) de la Presidencia y de los personajes más obscuros que la rodean. Hace no mucho Sala decidió saltar a la escena política, lo que la
convirtió en una actriz autónoma en el juego del poder. Ante la “estrategia
Morales” (o sea ante la idea de que la oposición, desde De la Sota a Stolbizer, se
unificase), el PJ tuvo que recurrir a sus aliados más indeseados: el
kirchnerismo no-pejotista. En Jujuy dicha tendencia está encarnada en la
nefasta Sala, la Ñusta Ilegítima.
Ese contubernio del PJ con Sala
cayó pésimamente mal entre decena de miles de jujeños, lo que hizo que muchos de
ellos manifestaran su repudio a un acercamiento entre Fellner y la energúmena
lideresa de la Organización
Barrial Tupac Amaru. Sala es, para los ojos del jujeño
promedio, un cáncer capaz de destruir el tejido social de la provincia, por lo
que esa gente prefiere hacer todo lo posible para frenar el ascenso de Sala,
incluso si ello requiere no votar al partido del cual se es afiliado. Por ello Jujuy se convirtió en bastión de dignidad: ante el temor de que la provincia quede en manos de la peor escoria imaginable, a algunos caudillos del PJ local se les activó el sentido moral y decidieron no acompañar al fellnerismo.
La estrategia de los candidatos
presidenciales que quedan de pie tras las PASO debe necesariamente contemplar
al Norte Grande. La región, de hecho, debería al menos recibir la promesa de
una completa transformación. Pero, lamentablemente, no parece haber hasta ahora ningún tipo
de iniciativa de ese tipo, por lo que el sabor a cuatro nuevos años de condena
está cada vez más presente entre la gente pensante que vive en las postergadas
provincias boreales de la
Argentina.
Hernán Solifrano (h)
El NORTE aparaece como una VERGUENZA NACIONAL porque se instituyó que las provincias son pobres e improductivas, y la gente pobre e improductiva vota siempre al PERONISMO. Se subestima al pobre. Debido a ello se puede hacer ese FRAUDE DESCOMUNAL que se hace en provincias como Tucuman, Formosa o Santiago.
ResponderEliminarYo creo que por esencia el NORTE es ANTIPERONISTA, lo uue hace que el PERONISMO sea una fuerza de OCUPACION aqui en el norte.