Una mujer fue condenada a ocho años de prisión por la Justicia tucumana por abandonar en el monte a su primera hija, a quien dio a luz en total soledad, aunque pocas horas después se arrepintió de su accionar y condujo a la policía hasta el lugar donde estaba la recién nacida, quien murió dos días después en un hospital. Su abuelo abusó de ella durante siete años. Su novio la abandonó cuando se enteró del embarazo.
"Mirtha reconoció su error, y aunque no pudo explicar por qué lo hizo, hoy vive ese hecho con gran arrepentimiento", comentó la abogada defensora, Carolina Epelbaum. El juicio oral concluyó el jueves pasado en Tucumán.
Epelbaum pidió la absolución de Mirtha, basándose "en el estado puerperal de la joven, período hormonal y psicológico posterior al parto, que en numerosos fallos y en la misma doctrina es considerado causal de inimputabilidad".
Conmocionada, cosa nada sencilla de lograr en una abogada como Epelbaum, que en sus juicios siempre demuestra pasión y una frialdad necesaria para aplicar la razón, comentó que Mirtha “no sabe como parió a su bebé, y la dejó ahí, no sabe por qué. Y volvió a caminar. Mirtha confesó lo que hizo en el hospital, fue interrogada, acosada y acusada, por la policía, por los médicos, por las enfermeras. Volvió a buscar a la bebé, guió a la policía para encontrarla, podría por ejemplo, haber dicha que la bebé nació muerta. Pero no”.
La beba murió en el hospital a los dos días de haber sido rescatada y en la partida de defunción se colocó: "ruptura traumática de hígado", causa de muerte que "la Justicia no adjudicó a mi clienta pero que tampoco investigó", sostuvo la abogada defensora.
“La beba no murió por el abandono. El deceso bien pudo haber ocurrido como consecuencia de las maniobras de reanimación que le practicaron los médicos, lo que no fue materia de investigación", detalló.
En tanto, la fiscal de Cámara, Marta Jerez de Rivadeneira, requirió una pena de 15 años por el delito de abandono de persona agravado por el vínculo seguido de muerte.
Finalmente, los jueces de la Cámara Penal, Emilio Herrera Molina, Alberto Piedrabuena y Eduardo Antonio Romero Lascano condenaron a la acusada a una pena de ocho años de cárcel.
Expresó Epelbaum: “en sus últimas palabras ante el tribunal Mirtha rogó por una oportunidad. Antes la fiscal había dicho que era peligrosa para la hija de tres meses que tiene ahora; que mentía, que acusaba a su abuelo de abusador porque el abuelito había muerto y no se podía defender, que no podía haber parido sola, que estaba ocultando que alguien la había ayudado”, aseguró.
"Mirtha reconoció su error, y aunque no pudo explicar por qué lo hizo, hoy vive ese hecho con gran arrepentimiento", comentó la abogada defensora, Carolina Epelbaum. El juicio oral concluyó el jueves pasado en Tucumán.
Epelbaum pidió la absolución de Mirtha, basándose "en el estado puerperal de la joven, período hormonal y psicológico posterior al parto, que en numerosos fallos y en la misma doctrina es considerado causal de inimputabilidad".
Conmocionada, cosa nada sencilla de lograr en una abogada como Epelbaum, que en sus juicios siempre demuestra pasión y una frialdad necesaria para aplicar la razón, comentó que Mirtha “no sabe como parió a su bebé, y la dejó ahí, no sabe por qué. Y volvió a caminar. Mirtha confesó lo que hizo en el hospital, fue interrogada, acosada y acusada, por la policía, por los médicos, por las enfermeras. Volvió a buscar a la bebé, guió a la policía para encontrarla, podría por ejemplo, haber dicha que la bebé nació muerta. Pero no”.
La beba murió en el hospital a los dos días de haber sido rescatada y en la partida de defunción se colocó: "ruptura traumática de hígado", causa de muerte que "la Justicia no adjudicó a mi clienta pero que tampoco investigó", sostuvo la abogada defensora.
“La beba no murió por el abandono. El deceso bien pudo haber ocurrido como consecuencia de las maniobras de reanimación que le practicaron los médicos, lo que no fue materia de investigación", detalló.
En tanto, la fiscal de Cámara, Marta Jerez de Rivadeneira, requirió una pena de 15 años por el delito de abandono de persona agravado por el vínculo seguido de muerte.
Finalmente, los jueces de la Cámara Penal, Emilio Herrera Molina, Alberto Piedrabuena y Eduardo Antonio Romero Lascano condenaron a la acusada a una pena de ocho años de cárcel.
Expresó Epelbaum: “en sus últimas palabras ante el tribunal Mirtha rogó por una oportunidad. Antes la fiscal había dicho que era peligrosa para la hija de tres meses que tiene ahora; que mentía, que acusaba a su abuelo de abusador porque el abuelito había muerto y no se podía defender, que no podía haber parido sola, que estaba ocultando que alguien la había ayudado”, aseguró.