Como de costumbre, en esta época el camino a los valles (ruta 307) es un
tema de actualidad, ya que conduce a nuestro máximo centro veraniego,
que es Tafí del Valle, como así también a otros destacados parajes
turísticos de la provincia. A
la mitad del recorrido de referencia, se encuentra, como es conocido, el
denominado Monumento al Indio. Esta gran escultura, obra de Enrique de
Prat Gay, se emplazó en 1943 al inaugurarse la ruta. Representa a uno de
los "chasques" del imperio incaico, que recorrían la región en los
siglos remotos. El tradicional vandalismo de tucumanos y forasteros la
fue cubriendo de "graffiti", cosa que obligó, hace unos años, a
limpiarla y rodearla con un enrejado de protección.
La medida era positiva, pero lamentablemente no se diseñó, en ese momento y a cargo de expertos, una adecuada parquización del lugar. Como allí se detienen habitualmente los automovilistas para disfrutar del magnífico panorama de cerros y quebradas, ya se habían instalado pequeños puestos de venta. Hubiera sido inteligente, entonces, planificar la manera de que tales comercios trabajasen sin afectar el paisaje que preside la escultura. Por un gran descuido, no se procedió así. Primero el Estado construyó una hilera de "boxes", que hasta la fecha se encuentran vacíos y sin terminar. Fueron edificados sin criterio paisajístico alguno y afectaron seriamente un punto cuya estética debía resguardarse a todo trance. Pero lo más grave es que, al frente, pronto empezaron a disponerse unas techumbres precarias, donde se expenden comidas y bebidas, entre un amontonamiento de envases y cajones. Esto ha dado al entorno del Monumento al Indio el aspecto de un verdadero campamento, al margen -como es de suponer- de todo recaudo de higiene. Se trata de un conjunto que, según todo lo indica, habrá de continuar creciendo, y en condiciones cada vez más negativas. No se trata de propiciar el retiro de tales instalaciones. Pero sí parece razonable requerir que las mismas se dispongan de una manera menos precaria, más higiénica y más estética. Es decir, es necesario que un arquitecto planifique, de modo integral, la manera en que el entorno del monumento pueda ser utilizado sin que se perjudiquen los salientes valores paisajísticos que tiene.
Es lamentable que entre nosotros, faenas de tanta importancia como esta queden generalmente libradas al arbitrio de los comerciantes, y se inauguren así situaciones de hecho que, con el paso de los años, se hacen muy difíciles -por no decir imposibles- de modificar.
La medida era positiva, pero lamentablemente no se diseñó, en ese momento y a cargo de expertos, una adecuada parquización del lugar. Como allí se detienen habitualmente los automovilistas para disfrutar del magnífico panorama de cerros y quebradas, ya se habían instalado pequeños puestos de venta. Hubiera sido inteligente, entonces, planificar la manera de que tales comercios trabajasen sin afectar el paisaje que preside la escultura. Por un gran descuido, no se procedió así. Primero el Estado construyó una hilera de "boxes", que hasta la fecha se encuentran vacíos y sin terminar. Fueron edificados sin criterio paisajístico alguno y afectaron seriamente un punto cuya estética debía resguardarse a todo trance. Pero lo más grave es que, al frente, pronto empezaron a disponerse unas techumbres precarias, donde se expenden comidas y bebidas, entre un amontonamiento de envases y cajones. Esto ha dado al entorno del Monumento al Indio el aspecto de un verdadero campamento, al margen -como es de suponer- de todo recaudo de higiene. Se trata de un conjunto que, según todo lo indica, habrá de continuar creciendo, y en condiciones cada vez más negativas. No se trata de propiciar el retiro de tales instalaciones. Pero sí parece razonable requerir que las mismas se dispongan de una manera menos precaria, más higiénica y más estética. Es decir, es necesario que un arquitecto planifique, de modo integral, la manera en que el entorno del monumento pueda ser utilizado sin que se perjudiquen los salientes valores paisajísticos que tiene.
Es lamentable que entre nosotros, faenas de tanta importancia como esta queden generalmente libradas al arbitrio de los comerciantes, y se inauguren así situaciones de hecho que, con el paso de los años, se hacen muy difíciles -por no decir imposibles- de modificar.
