Jodiendo a la
democracia
En 2012 el país se vio
conmocionado por una protesta que llevaron a cabo los miembros de la Gendarmería y de la Prefectura. En
realidad no fue el país quien se alteró por el suceso, sino solamente la pestilente casta partidocrática nacional. Con unanimidad, los políticos argentinos
repudiaron la actitud de unos uniformados que sólo reclamaban por un salario
digno (el salteño Alfredo Olmedo fue una de las honrosas excepciones que terminó
por solidarizarse con quienes protestaban).
Lo peor de ese episodio fue la
reacción de las huestes juveniles kirchneristas, esos neoimberbes que se la
pasan hablando de lo terrible que era la vida bajo el gobierno de una dictadura
que no vivieron. Culpa de esos aprendices de chupópteros, las paredes del país
se vieron invadidas con la leyenda “Con la democracia no se jode”.
Tres años más tarde, después de
haber presenciado el bochornoso desarrolló de las elecciones provinciales de Tucumán,
cabe afirmar que quienes joden con la democracia son exactamente los mismos que
pedían respetarla.
Los votos oflados
La gigantesca operación para garantizar
el triunfo del Frente para la
Victoria en Tucumán tuvo tintes dantescos: un descomunal aparato clientelar en marcha, hombres de la prensa golpeados por registrar las maniobras turbias, tiroteos, y urnas destruidas y quemadas. Todo lo contrario a
la supuesta “fiesta cívica” que se supone que son las elecciones.
Y, cómo si eso no fuese
suficiente, el evento concluyó con la vergonzosa suplantación de urnas –previos
cortes sorpresivos de luz– y la grotesca adulteración de los telegramas que informaban sobre los números de cada mesa. Después de que un par de semanas
antes una mesa de Famaillá diese ganador a Scioli con el 157% de los votos, se
podía esperar cualquier cosa en Tucumán, y eso, de hecho, sucedió.
La indignación
Al día siguiente de producida la
enorme estafa, los candidatos presidenciales Mauricio Macri y Sergio Massa
condenaron lo que el oficialismo hizo en Tucumán y solicitaron que se respete a
la decisión de la ciudadanía.
Por la noche la gente salió a
protestar frente a la Casa
de Gobierno para exigir algo tan elemental como la transparencia. Esa
convocatoria ciudadana espontánea concluyó con un brutal golpe represivo que
dejó a numerosas personas heridas y a varias propiedades dañadas. Muchos de los
tucumanos que caceroleaban en Plaza Independencia recordaron con gritos y
pancartas algo que otros parecen haber olvidado: mientras la provincia se
convirtió en zona de guerra y experimentó el pánico durante diciembre de 2013
por culpa de los malones saqueadores, Cristina Kirchner bailaba exultante en Buenos Aires con una cacerola en la mano, parodiando justamente a quienes
exigían paz, respeto y orden. ¿Acaso alguien es tan idiota para creer que la
mayoría de los tucumanos olvidaron eso y que concurrieron a las mesas de
votación para apoyar a quien los condena a la ignominia?
Linchar a la ddhhemocracia
Tucumán, en 1975, se vio invadida
por las hordas guerrilleras de ultraizquierda. La Presidente María
Estela M. de Perón autorizó la aniquilación de esa plaga que se extendía por los montes tucumanos hacia todo el país. Un año después, los métodos de la
guerra contra-insurgente aplicados con éxito en Tucumán fueron exportados a las
demás provincias. Debido a ello a muchos tucumanos les gusta decir que su
provincia es una suerte de laboratorio donde se ensayan situaciones que luego
se vuelven patentes para todos los argentinos. De allí que quepa la pregunta:
¿es acaso lo que pasa ahora en Tucumán sólo un anticipó de lo que pasará en
todos lados en unos meses?
Difícil saberlo, pero lo cierto
es que sí se puede sostener que esto que Tucumán vive es el esplendor de la
ddhhemocracia. Una provincia que supo elegir como a su gobernante al General
Antonio Domingo Bussi, hoy en día padece la tiranía del hebreo José Alperovich
y sus acólitos. El balazo que el Malevo Ferreyra se pegó en la cabeza es igual
al tiro que René Favoloro se pegó en el corazón: el fin de una época, la
aceptación del triunfo de los malos. En materia espiritual todo ha sido cuesta
abajo en este país desde 2001, por eso se ha impuesto la falacia de que la peor
de las democracias es siempre preferible a la mejor de las dictaduras. Hoy en
día experimentamos la peor de las democracias, la cual, ciertamente, está muy
lejos de ser mejor que una dictadura libre de excesos. El gobierno ha
convertido a la Santa Democracia
en nuestra diosa madre, y sin embargo no hacen absolutamente nada para
garantizar que la elección del pueblo se respete. Medidas tan simples como
realizar la elección en etapas y durante varios días para garantizar la
presencia de fiscales de todas las fuerzas en todas las mesas, o establecer la boleta única, o abrir las urnas y contar voto por voto no son implementadas, no porque sean imposibles de
implementar, sino, simplemente, porque no les interesa implementarlas.
En Tucumán los linchamientos a delincuentes son moneda corriente. ¿Por qué entonces la gente no actúo en
contra de los vehículos que llevaban y traían a votantes durante las elecciones?
¿O por qué un grupo de vecinos no incendió el lugar en donde se acopia mercadería
que es utilizada para ejercer el clientelismo? El modo de acabar con
ddhhemocracia es con el grito, la fuerza y el fuego, no con el voto que cae en
un agujero negro avalado por las instituciones. ¡Que bramen mil cacerolas y que
ardan mil urnas hasta que los tiranos huyan despavoridos!
Hernán Solifrano (h)
Al fraude lo organizó el PJ pero se les fue la mano. Antes de las eleccioens las encuestas daban ganador a Cano con 15% más que Manzur. Los perucas pudieron hacer algo más creíble e imponerlo a Manzur por 1 o 2 puntos. Sin embargo eso hubiese estimulado a que la oposición viera como posible el triunfo. Entonces tenían que imponer un triunfo aplastante. Así le dieron a Manzur 14 puntos más que Cano y todo se fue a la mierda, por inverosímil.
ResponderEliminarJulio el Tucu
Lean este artículo:
ResponderEliminarhttp://www.perfil.com/politica/Tucuman--Pedro-el-lobo-y-el-fraude-20150825-0055.html
El pelmazo que lo escribe es el típico porteño que piensa que la gente del Norte somos todos unos negros hambrientos, analfabetos e incestuosos que festejamos la esclavitud. Como esa idea está plenamente presente en el imaginario popular argentino, entonces se le hace más difícil a un norteño sacudirse el yugo de los demagogos y los tiranos. Pero lo cierto es que Tucumán no es muy distinto al Gran Buenos Aires.
Me embola esa gente. Son los que dicen: -vos lo votaste ahora bancatelo por boludo.
EliminarY la verdad es que nadie vota a estos mierdas. Bussi gano en el 95 y despues le afanaron la eleccion en el 99 y desde entonces empezo a ascender Alperovich. Y Alperovich se aseguro siempre de imponer resultados truchos, excesivos, que como se piensa que el tucumano es un ignorante entonces son posibles de que ocurran.