“Yo creo en los milagros, sé que fui parte de un milagro; soy médico y tengo conciencia de hasta dónde llega la ciencia, por eso estoy seguro de que Dios me dio la oportunidad de seguir viviendo a través de las oraciones a Juan Pablo II”.
El 7 de mayo de este año, Jorge se presentó en la línea de largada del maratón North Face Endurance Challenge en Salta. Una prueba de 21 kilómetros que en principio no representaba un imposible para un deportista de alma como siempre fue. Sin embargo, a los 8 kilómetros tuvo una convulsión, fue auxiliado, trasladado a un hospital donde la situación se agravó de tal manera que debieron inducirle el coma para sostenerle la vida. Más tarde se supo que padecía de una insuficiencia renal y hepática fulminante.
“Tenía más chances de morir que de recibir un trasplante porque mi condición era muy grave”, dice Jorge. Lo cierto fue en el transcurso de esos terribles 19 días, su familia recurrió a la oración. Su esposa María José Gubaira acudió a doña María Livia de la Virgen de los Tres Cerritos. Ella vino a verlo, le tomó la mano y rezó por él.
Por esos días, el mundo celebraba la beatificación de Juan Pablo II en Roma. Un amigo de la familia tuvo la idea: enviar a través de un conocido que viajaba a Italia, una foto de Jorge para que la depositara en la Basílica de San Pedro como ofrenda para pedir la intersección del Papa por su salud. Al llegar, aquella persona se dio con que estaba terminantemente prohibido dejar objetos en ese lugar. Como pudo alcanzó a esconder la fotografía entre unas columnas y el muro de la iglesia “para que al menos estuviera cerca”.
“Dos días después, otro amigo salteño que estaba en Roma, se comunicó con mi familia para dar la noticia de que había visto la foto sobre la tumba de Juan Pablo II; no sabemos cómo llegó allí ni quién la trasladó, pero así fue”, cuenta Jorge.
El 25 de mayo de 2011, el hígado de Jorge comenzó a funcionar por sus propios medios, no quedaron vestigios de la enfermedad. Su sanación no tiene explicación científica. No había entonces, ningún indicio de que su situación se resolvería de esa manera. Por el contrario el hecho de que el hígado no aparecía para hacer realidad el trasplante, hacía presuponen lo peor.
“Dos días después, otro amigo salteño que estaba en Roma, se comunicó con mi familia para dar la noticia de que había visto la foto sobre la tumba de Juan Pablo II; no sabemos cómo llegó allí ni quién la trasladó, pero así fue”, cuenta Jorge.
El 25 de mayo de 2011, el hígado de Jorge comenzó a funcionar por sus propios medios, no quedaron vestigios de la enfermedad. Su sanación no tiene explicación científica. No había entonces, ningún indicio de que su situación se resolvería de esa manera. Por el contrario el hecho de que el hígado no aparecía para hacer realidad el trasplante, hacía presuponen lo peor.
Es impresionante ver cómo Juan Pablo II, con sus palabras y sus actos, se alejó de sus predecesores hasta Pío XII. Fue el primer Papa desde San Pedro en visitar una sinagoga y una mezquita. Fue el primer Pontífice que organizó reuniones interreligiosas, condenadas por Gregorio XVI, Pío IX, León XIII, San Pío X, y Pío XI, no menos que por el Código de Derecho Canónico anterior al de 1983, que establecía penas muy severas, previendo incluso la de excomunión. La reunión de Asís, organizada en 1986, convocada y presidida por él, fue sin duda el acto más grave de su pontificado. Eso sólo debía haber bastado para impedir su beatificación. El Código de 1917 —en vigor hasta 1983— decía, en efecto, que “quienes ayudan de cualquier manera o participan activamente en ceremonias de los herejes son sospechosos de herejía”. Como el Código de Derecho Canónico de 1917 vedaba a Juan Pablo II organizar este encuentro, suprimió este artículo en el nuevo Código publicado en 1983. Semejante reunión constituyó una desobediencia manifiesta y gravísima al primer Mandamiento de Dios. De allí en más se multiplicaron los encuentros interreligiosos y ecuménicos y hoy por hoy ya son cosa habitual. Con ello se relega la religión católica al nivel de las falsas religiones. El Dios verdadero y la Verdad eterna son puestos en pie de igualdad con los falsos dioses y el error. Esto tiene un nombre: ¡es una blasfemia!
¿Cuál es la razón que condujo al difunto Papa a realizar todas estas reformas? La respuesta está en su testamento: “Doy gracias al eterno Pastor por haberme permitido servir a esta gran causa (el Concilio Vaticano II) a lo largo de todos los años de mi pontificado”. Como dijo en repetidas ocasiones, el Concilio, “un gran don para la Iglesia” en el que él intervino activamente, “fue su brújula”. Durante sus 26 años de pontificado se empeñó por aplicar sus principios. El encuentro de Asís fue el remate de una misión para la que se sentía investido. Lo dijo a los cardenales con las siguientes palabras: “La reunión de Asís es la más hermosa puesta en práctica de la enseñanza del Vaticano II”.
¿Cuál es la razón que condujo al difunto Papa a realizar todas estas reformas? La respuesta está en su testamento: “Doy gracias al eterno Pastor por haberme permitido servir a esta gran causa (el Concilio Vaticano II) a lo largo de todos los años de mi pontificado”. Como dijo en repetidas ocasiones, el Concilio, “un gran don para la Iglesia” en el que él intervino activamente, “fue su brújula”. Durante sus 26 años de pontificado se empeñó por aplicar sus principios. El encuentro de Asís fue el remate de una misión para la que se sentía investido. Lo dijo a los cardenales con las siguientes palabras: “La reunión de Asís es la más hermosa puesta en práctica de la enseñanza del Vaticano II”.
Bajo su pontificado, siguiendo el ejemplo que él mismo dio, se multiplicaron las ceremonias interreligiosas, las ceremonias litúrgicas excéntricas y escandalosas, que la televisión retransmitió por todas partes. Bajo su pontificado también, y a petición de la misma Santa Sede, desaparecieron los últimos Estados oficialmente católicos. ¡Todo en nombre del Concilio!
Además, Juan Pablo II, siguiendo a “Gaudium et Spes”, enseñó la redención universal de los hombres. Así como el Concilio lo hizo antes que él, proclamó desde su primera encíclica que “por su encarnación, el Hijo de Dios se unió en cierta manera a todo hombre”. A través de su Encarnación, Jesucristo vino a confirmar su alianza con el hombre. El Papa nunca dijo que esta alianza ha sido rota por el pecado original o por los pecados personales… La Redención es la manifestación del amor que Jesús tiene por cada hombre. El hombre tiene que tomar conciencia de este amor y tener confianza en su salvación… La Iglesia es uno de los caminos propuestos al hombre para llegar a ese término. Así se glorifica el inmanentismo religioso, condenado por San Pío X en la encíclica “Pascendi Dominici gregis”.
Además, Juan Pablo II, siguiendo a “Gaudium et Spes”, enseñó la redención universal de los hombres. Así como el Concilio lo hizo antes que él, proclamó desde su primera encíclica que “por su encarnación, el Hijo de Dios se unió en cierta manera a todo hombre”. A través de su Encarnación, Jesucristo vino a confirmar su alianza con el hombre. El Papa nunca dijo que esta alianza ha sido rota por el pecado original o por los pecados personales… La Redención es la manifestación del amor que Jesús tiene por cada hombre. El hombre tiene que tomar conciencia de este amor y tener confianza en su salvación… La Iglesia es uno de los caminos propuestos al hombre para llegar a ese término. Así se glorifica el inmanentismo religioso, condenado por San Pío X en la encíclica “Pascendi Dominici gregis”.
Las consecuencias de esta enseñanza son gravísimas. El hombre, así divinizado, puede esperar el cielo sin formar parte de la Iglesia Católica, tal como lo sugiere el Concilio Vaticano II en los documentos “Unitatis Redintegratio” y “Nostra Ætate”. Esta doctrina nueva destruyó el espíritu misionero y explica la agonía de las congregaciones misioneras. La misión que éstas tienen ya no es convertir, ¡sino brindar un testimonio junto a las demás religiones!
