La opción por la sangre
Julio de 2014 fue un mes aciago
para la humanidad. Varias tragedias ocurrieron en esos treinta días, siendo la
del ataque israelí a la Franja
de Gaza la más penosa de ellas. Con la excusa de combatir contra Hamas, el
Estado de Israel se dedicó a destruir edificios, asesinando cruentamente a más
de mil personas (la mayoría de las cuales eran meros niños).
Pues bien, ese acto de barbarie
criminal no ocurrió sin generar respuestas alrededor del mundo. Muchísima gente
se pronunció a favor de la justicia, es decir en contra del sionismo de Israel.
Sin embargo los sionistas israelíes también tuvieron sus defensores: gente
dispuesta a apoyar a la carnicería humana.
En Argentina la minoría
pro-genocidio se hizo presente y, sin ningún pudor, hasta hizo pública su
posición. No tenían ninguna necesidad de defender a Israel y menos a los
violentos sionistas, no obstante lo hicieron con total convencimiento. Cansados
de ver que los argentinos –al menos en este asunto– están mayormente del lado
de la verdad, sintieron la necesidad de expresar su apoyo por la demolición, la
mutilación y el homicidio, especialmente por el homicidio de niños.
Los amigos de lo
horroroso
Tucumán, claro, no fue la excepción
en eso de querer justificar los delitos de lesa humanidad. El viernes 25 de
Julio, varios miembros de la comunidad judía local organizaron un acto pro-Israel en la Plaza Independencia de la capital provincial. El número de la convocatoria no resultó despreciable,
lo que da a entender que en la ciudad es bastante grande la cantidad de
apologistas del genocidio; incluso es probable que éstos sean más numerosos que
los supuestos antisemitas que, según la DAIA, residen en la ciudad.
Durante ese acto, al que asistí
como observador externo, los oradores pro-genocidio fustigaron al gobierno
nacional por no darles apoyo en su tarea aniquiladora. También criticaron a la
prensa por no emplear el mismo vocabulario lleno de eufemismos que ellos
emplean para justificar las matanzas. Aparentemente les molestaba que el resto
del mundo no piense con la claridad con la que ellos piensan, les fastidiaba
que exista tanta gente profundamente equivocada. El DAIA-Standartenführer Fabián
Neiman, el mismo papanatas que validó la mentira que pretendía hacer pasar a un
tercio de la población tucumana por antisemita, terminó pidiendo la resolución
pacífica del conflicto por intermedio de la creación del Estado de Palestina,
es decir abogando por la nefasta solución biestatal.
En esa oportunidad también se
oyeron algunas quejas en contra de La Gaceta , verdadero
núcleo de comunicación hegemónica en la provincia. Muchos de los concurrentes
se quejaban de que habían enviado cartas de lectores para propagandear al
sionismo al diario, pero éstas jamás fueron publicadas. Alguno, exaltado de
tanta rabia sionista, sugirió hasta realizarle un boicot a ese medio, exhortando
a los que publicitan en sus páginas a que se abstengan de hacerlo. Empero, en
la realidad, La Gaceta ha mostrado una
posición casi neutra en el asunto: por ejemplo el diario nunca publicó la
convocatoria a una marcha en contra del genocidio realizada ese mismo 26 de
Julio en la misma Plaza Independencia (sólo que en horas de la noche), y
tampoco ha dado cabida a las cartas de lectores –numerosísimas, según me
comentó alguien que trabaja allí– que día a día llegan hasta la redacción,
escogiendo para la impresión solamente algunas pocas misivas que llaman a que
los victimarios hebreos confraternicen con las víctimas palestinas bajo la
bendición del Papa Francisco y cosas por el estilo. La única excepción a ello
fue una carta publicada recién el 1º de Agosto, en la cual un grupo de
asistentes al acto anti-genocidio (entre los cuales me incluyo) le recriminaban
a La Gaceta la falta de difusión de una marcha que
contó con decenas de adhesiones, y que hasta terminó con la intervención
arbitraria de la policía local que se llevó demorados a dos participantes por
usar petardos estruendosos y violar el Código de Contravenciones vigente.
Una apología del genocidio con olor a poder
La nota del exceso sionista en
Tucumán la dio, como no podía ser de otro modo, la Senadora Nacional
Beatriz Rojkés de Alperovich, esposa del Gobernador de la provincia. Desde su
página en Facebook esta mujer famosa por sus “deslices” verbales publicó una
repugnante apología del genocidio.
Citó a Golda Meir: “Podemos
perdonar a los árabes por matar a nuestros hijos. No podemos perdonarles por
obligarnos a matar a sus hijos”. Además de ampararse en esa reflexión ominosa
–que es filosóficamente igual a lo que dijo Ayelet Shaked sobre exterminar a
las mujeres palestinas para que no engendren más terroristas–, habló de la
historia de Israel con total inexactitud, y llegó a acusar a los palestinos de
estar empleando imágenes de la más reciente guerra civil siria para hacerle
creer al mundo que están viviendo un genocidio (¿acaso los sionistas saben algo
sobre inventar genocidios?). Con esa epístola la Senadora pretende
recobrar el apoyo de la comunidad judía, a la que había abandonado para adherir a la religión cristinista que, según temen los propios feligreses de esa secta,
está llegando a su fin.
La palabra ausente en el discurso
de Rojkés de Alperovich –y que fuese pronunciada hasta el cansancio por los
sionistas que se juntaron en la Plaza
Independencia – fue “terrorismo”. Un judío tucumano que ha
hablado sabiamente del terrorismo es Simón Litvak, quien dijo: “Casi todas las
religiones sostienen que uno puede tener ingreso al paraíso si siembra amor y
hace buenas obras. Pero el terrorismo fundamentalista ha dado una vuelta de
tuerca atroz a este concepto y cree que el ingreso al paraíso se gana con la
matanza de inocentes”. Litvak, ciertamente, se refiere a los palestinos que no
aceptan la esclavitud que les propone el sionismo, pero las palabras se ajustan
perfectamente a quienes gobiernan Israel en la actualidad. El terrorismo
fundamentalista y canalla de Israel ha asesinado en las últimas semanas a
muchos hombres, mujeres, ancianos, ancianas, y, sobre todo, niños y niñas.
Suponen que de ese modo allanan su camino al paraíso (terreno o celeste), creen
que la sangre de los infantes y demás sacrificados para garantizar la seguridad
de su nación complace a su dios, sea cual sea éste.
José Zaín el-Din Caballero