Carolina Moisés es una politóloga
jujeña, madre de una nena, que desde hace más de una década ocupa un escaño en
el Poder Legislativo. Esta semana Moisés fue catapultada a la fama nacional
gracias al episodio que, el domingo, protagonizó con su auto en la ruta de acceso a la ciudad de San Pedro. Antes del incidente, a Moisés sólo la
registraban fuera de Jujuy los kirchneristas más memoriosos, que guardaban en
sus oídos su vehemente defensa de la
Ley de Medios con la que pretendía conseguir el favor directo
de la presidencia y que atesoraban en sus pupilas los pronunciados escotes con
los que pretendía derrotar a Victoria Donda en su competición por ser la mujer más
vulgar del Parlamento nacional.
La diputada Moisés ya ha pasado
los 35 años de edad, pero aun así se autodenomina “joven”. Quizás por ello
supone que el comportamiento tan vergonzoso que tuvo tras atropellar a un
hombre no es tan grave como dice la gente. Lo cierto es que Moisés le ocasionó a
un motociclista un tremendo traumatismo encéfalocraneano, le quebró la muñeca y
le arrancó tres dedos, sin contar además los golpes con el auto que les propinó
a otras personas que estaban en la escena del siniestro. Ella insiste en que toda la culpa del evento recae sobre el imprudente conductor de la moto, y que lo de
que fue vista ebria, vomitando y defecando, mientras trataba de huir y se
resistía a ser detenida por los policías es todo un invento de la prensa (es
una lástima para Moisés que los periodistas que describieron el hecho en los
diarios locales no trabajen para Clarín,
pues ello le hubiese servido estupendamente para denunciar una conspiración en
su contra y victimizarse ante la opinión pública; en lugar de ello, Moisés terminó emitiendo cartas documento cual Zulma Lobato con un ataque de grandeza).
Moisés no es la primera
integrante del kirchnerismo culpable de provocar siniestros viales. La lista de
conductores negligentes vinculados al oficialismo es tan larga como patética. De
todos esos casos, sólo recordaré al que tuvo como partícipe a Andrés Zottos,
vicegobernador de Salta, que a plena luz del día chocó a una motocicleta que llevaba a dos tripulantes. La rápida acción policial logró controlar la escena
y todo se diluyó velozmente. Así, al día de hoy, existe la sospecha de que
Zottos en realidad no manejaba la camioneta que colisionó con la moto
(sospecha, claro, instaurada por el propio vicegobernador salteño). Con Moisés,
en cambio, no hay dudas de su responsabilidad, ya que gente de un asentamiento
cercano se aproximó al lugar del hecho momentos después de producido el choque,
y aprovechó la ocasión para increpar a la diputada cuyo padre no terminó de
cumplir con las promesas electorales que los tienen como destinatarios.
¿Qué significa políticamente este
episodio? No creo que esto sea el fin de Carolina Moisés. Lamentablemente.
Después de haber sido tan irresponsable como para conducir ebria y poner en
riesgo la vida de los jujeños, lo menos que puede hacer esta señora, candidata
a gobernadora en las elecciones de 2011, es pedir disculpas públicamente, renunciar
a su banca en la Legislatura
Provincial y someterse a un programa de reeducación para
gente que maneja su auto bajo los efectos de los psicolépticos o de los
psicoanalépticos. Pero esas cosas son más dignas de Utopía que de Jujuy. De
cualquier modo lo suyo no será gratuito. Calculo que los Moisés se verán
absorbidos por el fellnerismo, que terminará recuperando para sus filas a la díscola
San Pedro. Es eso, o el aislamiento. Seguramente lo veremos en las próximas
elecciones.
Francisco Vergalito