Son muchos esos compatriotas de
ascendencia no americana que denuestan la figura de Julio Argentino Roca y que
habitan en nuestra vasta Patagonia, empezando por la familia presidencial.
El
día que los vea hacer sus maletas y partir al Viejo Mundo tras haber legado
formalmente sus tierras a las etnias precolombinas que viven en ese territorio,
creeré que de veras no le deben nada a Roca (ni a Rosas, que también hizo de
las suyas), ni al Perito Moreno, ni a los curas salesianos que amansaron la
comprensible resistencia de los nativos.
Mientras tanto, ¿no son prácticamente
cómplices del genocidio que denuncian, ya que están gozando de sus beneficios?
¿No los estamos gozando todos, también en el resto del país? Siglos más o
menos, somos hijos de esa violenta y dolorosa historia que no elegimos. El
futuro, en cambio, sí es una opción, y es lo que debe preocuparnos.
Arturo Rodríguez Rengel: Roca y la Nación argentina
No se puede menoscabar al general Julio A. Roca, simplemente porque algunos no conozcan sus nobles propósitos al llevar adelante la Campaña del Desierto. De no mediar tal acción, hoy es posible que la Patagonia fuera chilena o de otra nación.
Roca es uno de los más grandes exponentes de nuestra
nacionalidad; no se conoce que en algunos de sus discursos como presidente de la Nación u otros, se haya
referido a los opositores como "vendepatrias", "mal
nacidos" o los haya descalificado diciéndoles que el que no era de su
partido, no merecía ser Argentino.
Tampoco se sabe que fuese a obligar a los
fabricantes a donar mercaderías, ropa, calzado; o que exigiera a los dueños de
hoteles en las colonias de vacaciones a recibir gratuitamente a los
contingentes de alumnos que les enviaban.
Tengo 74 años y he vivido
personalmente aquella época en que se discriminaba, se dividía, y hasta se
quemaban iglesias. Los incapaces siempre tratan de degradar a los que los
superan, porque de otra manera no pueden ponerse a su nivel.
Carlos Valdez: sobre la violencia contra el roquismo o del rencor como política
Eugenia Flores de Molinillo
propone una seria mirada hacia el futuro, mediante un crecimiento civil sin
rencores. Malos consejeros son el rencor y las memorias empeñadas en recordar
acontecimientos negativos, que fueran ejecutados muchísimos años atrás y de los
que -lógicamente- no fuimos testigos y sí, por suerte o a pesar nuestro,
herederos de todos ellos.
En realidad, la patria que encontramos, ocurrió en
nosotros, al nacer. Este es un hecho real y consistente.
¡Qué mejor entonces
que apreciar la invitación de Eugenia Flores de Molinillo y comenzar a luchar, a trabajar por un
futuro sonriente a partir de ciudadanos serenos y dispuestos, que sin dejar de
conocer las cargas legadas, positivas y negativas, empujen fuertemente hacia
adelante!
Wenceslao Guillermo Martín: el "siniestro" Roca
Veo con estupor cómo sosteniendo
banderas de connotaciones pseudo nacionalistas se
pretende justificar lo injustificable, defender la criminal y triste figura del
general Roca, verdadero entregador de la tierra pública bajo el gran pretexto
de la Conquista
del Desierto.
Fue un plan siniestro que concluye con el gradual saqueo al
indio, previo exterminio sangriento, y con el repugnante reparto de tierras
entre 540 personas, botín que ascendía a la cantidad de 4.750.471 hectáreas
(Jacinto Oddone, La burguesía terrateniente argentina). Ello dio origen a la
oligarquía terrateniente nacional de caracteres golpistas, reaccionarios y
antipopulares, formada, entre otros apellidos, por Anchorena, Álzaga Unzue,
Pereyra Iraola, Bunge, Martínez de Hoz, etcétera.
Si el general Roca viviera en
esta época, estoy convencido de que estaría en el banquillo de los acusados por
crímenes de lesa humanidad.
No olvidemos, entre otras cosas, que nunca se supo
la suerte vivida por el cacique tehuelche Pincen, prisionero en la isla Martín
García. ¿O es que estamos en presencia del primer desaparecido del Estado
argentino?
Por suerte, los jóvenes de hoy están conociendo otra historia
distinta de la oficial. Como dice el juglar rosarino, "la historia la
escriben los que ganan, pero hay otra historia, la verdadera historia".
Tulio Santiago Otonello: a los progrecínicos hay que remarcarles sus excesos
Wenceslao Martín propone sentar a Roca en el
banquillo de los acusados. Está de moda nuestro comprovinciano. En estos mismos
momentos, otros argentinos de la tribu de los QOM en Formosa, están sufriendo
el despojo de sus tierras y el desconocimiento de sus derechos. Estuvieron en
Buenos Aires y ningún ministro los quería recibir. ¿A quién sugiere el severo Martín, en este caso, habría que sentar en el banquillo de los acusados?
Esperamos ansiosos que sugiera un nombre. Ley pareja no es rigurosa.
Luís Ovidio Pérez Cleip: la imbecilidad de ser retroactivos
La historia de los pueblos es una
reiteración de invasiones con avances y retrocesos. Alejandro Magno salió de
Macedonia y llegó hasta la
India. Julio César de Roma alcanzó Inglaterra. Territorios
ocupados, pueblos sojuzgados, las naciones aún no alcanzaban plena existencia.
A ningún macedonio o romano se le ocurriría calificar de genocida a sus héroes
guerreros.
Julio Argentino Roca fue el general más joven de la patria, cumpliendo
órdenes fue a la guerra del Paraguay, se destacó en un campo donde murieron
muchos argentinos, entre ellos un hermano suyo. La Campaña del Desierto fue
facilitada por Juan Manuel de Rosas, otro guerrero al que nadie califica de
genocida. En esos momentos, la mayor parte del actual territorio argentino no
existía, la Patagonia
era ocupada por tribus, la mayoría de origen chileno, que no aceptaban las
leyes del Estado y se dedicaban a saquear ganado y venderlo al país vecino.
Coincido con Wenceslao Martín que las tierras fiscales fueron distribuidas de manera
no transparente. Algo parecido ocurrió con las tierras del Calafate, y allí no
había indios. Me gustaría saber si Martín
califica a los actuales apropiadores de tierras fiscales de "oligarquía
golpista, reaccionaria y antipopular".
Mario Cena: denostar a Roca es defender a Gran Bretaña
Si yo fuera británico o
defendiera intereses pro británicos consideraría que el general Roca fue un
genocida y la integración de la
Patagonia al territorio nacional fue un genocidio.
Ello es
así porque la llamada Conquista del Desierto se basó en una ley del Congreso
que, a su vez, se basó en la Constitución Nacional que disponía como facultad
del Congreso el establecimiento definitivo de las fronteras y la conversión
pacífica de los indios al catolicismo. Siendo así el general Roca habría
actuado en cumplimiento de órdenes escritas que emergían de un Estado genocida.
La conclusión la sacaría hasta un aprendiz de abogado de Oxford.
Si nuestros
derechos territoriales sobre las Malvinas e Islas del Atlántico Sur provienen
de nuestros derechos territoriales sobre la Patagonia y estos
últimos se basan en un genocidio imprescriptible, carecemos de legitimidad para
reclamar derechos sobre un archipiélago en el cual su población reclama derecho
de autodeterminación que tendería a prevalecer sobre las reclamaciones de un
Estado que se reconoce genocida.
Yo siempre me he sentido orgulloso de la
educación que he recibido en forma laica, gratuita y obligatoria por parte de
mi país. Por ello siento una simpatía sentimental con los propiciadores de ese
sistema educativo. Quienes me conocen saben que no guardo ningún tipo de
afinidad por la oligarquía terrateniente ni por las multinacionales
colonialistas que han depredado el país. Pero removiendo estatuas o cambiando
el nombre de las calles no vamos a dar respuesta a millones de compatriotas,
originarios o no, que viven en la marginalidad o en la pobreza.
Félix Edmundo Reyes: los indios que fueron "víctimas del genocidio"
Pincén se crió en la tribu
ranquel del cacique Yanquetruz, y fue cacique menor de Calfucurá y tomó
distancia del jefe araucano. Dijo: "Soy indio argentino y Calfucurá es
chileno, usurpador de nuestras tierras".
Cuando se convirtió en el temido
cacique de todos los ranqueles luchó bravamente contra el blanco que él decía
era usurpador de sus tierras. Combatió junto a muchas tribus patagónicas, pero
no dejó de guardar su independencia.
Había nacido en 1807 en Carhué, su madre
era una cristiana (cautiva cordobesa o quizás de San Juan o San Luis). Era
blanco, alto, más que sus hermanos ranqueles y que los araucanos.
Como viejos
contrincantes, Pincén y el coronel Villegas se tenían gran respeto. Por orden
de Roca, Villegas logra batir a Pincén y lo conduce prisionero a Buenos Aires
con toda su familia en noviembre de 1878, para luego ser recluido junto a
parientes y otros de su tribu en la isla Martín García.
Octogenario, Pincén es
liberado y abandonado a su suerte. Luego de visitar a su esposa, hijos y demás
familiares en Trenque Lauquen, se sintió enfermo; y próximo a morir, deambuló
trabajando de peón de estancias. Dicen haberlo visto en distintos sitios, entre
ellos habría estado juntando maíz en chacras de San Emilio. La leyenda dice que
fue en Los Toldos donde falleció, y que los cristianos lo enterraron en medio
del campo envuelto en un cuero de potro.
Pedro César Ramos: Roca fue uno de tantos
Lo que sigue es sólo una parte de
la verdadera historia de Julio Argentino Roca, su entorno familiar y sus socios
de la mal llamada Campaña del Desierto. ¿Acaso no habitaban ese
"desierto" decenas de miles moradores de pueblos originarios ya en
esos tiempos? ¿Los chilenos son también latinoamericanos o
"delincuentes" potenciales que anhelaban apoderarse de la Patagonia, como algunos
"nacionalistas" muy sueltos de cuerpo y ocultando la verdad histórica
afirmaban y afirman? Surgen así otras preguntas: ¿El latifundio monopólico no
ha sido, y sigue siendo, la causa del deficiente crecimiento industrial que
bloqueaba el desarrollo soberano de nuestro país por décadas y también de la
injusticia social reinante? Aquel que posee la tierra, gobierna a los demás
desde el poder político.
Roca fue dos veces presidente de la Nación, tenía amplia
mayoría en el Congreso y hasta se animó a decir que gran parte de su fortuna
personal y familiar la forjó desde la Presidencia de la Nación en los años '80. Se
cuidó de ocultar la verdad, diciendo que las estancias que le donó el Estado,
no eran un regalo, sino un reconocimiento por "los importantes y
patrióticos servicios prestados" a la Nación, como manda la Constitución.
¿Acaso
quiso ponerse a la altura de San Martín, o de Belgrano y de otros próceres
libertarios que donaron sus bienes cedidos por el Gobierno para acompañar el
proceso de la independencia?
Roca y su familia, después de abandonar Tucumán y
renegar de la pobreza de sus orígenes, pasó a ser un formidable terrateniente
luego de la Campaña
del Desierto. Buscando justificar su propia historia familiar dijo que Ataliva,
uno de sus hermanos, trabajaba en Tucumán como "peón en una estancia de la
familia Posse" . Hoy, a Ataliva se lo muestra como un paradigma de la
historia independista, luciendo su nombre en una de las calles principales de
la ciudad de Morón.
Según datos sacados de la sucesión de la familia Roca, en
el Registro Inmobiliario de Capital Federal, Roca y su familia acumularon
alrededor de 370.000
hectáreas, en lo más fértil de la pampa húmeda,
incluidas las provincias de Misiones y Córdoba.
Esta es la verdadera historia
real y documentada de este "prócer" que sembró con éxito su memoria
por todo el territorio nacional y que guardan celosamente los archivos de la Nación y de la Capital Federal.
¡Qué diferencia la de Roca con San Martín, Belgrano, Monteagudo, Felipe
Varela, El Chacho Peñaloza, Simón Bolívar y de otros héroes que dieron su vida
por la libertad y la vida digna de los pueblos!
Tulio Santiago Otonello: no son delictivas las recompensas
Me alegra dentro de todo esta
generalizada polémica sobre Roca. Sirve sin duda alguna para aclarar muchas
cosas y aventar difundidas leyendas negras. Creo que Pedro
César Ramos omite algunas explicaciones, y abunda en afirmaciones
generales que por otra parte no prueba.
En aras de la brevedad quiero solamente
decirle a Ramos que premiar a los generales victoriosos era una
práctica de la época, que se remonta a los romanos. La mejor prueba de ello son
las 40.000 monedas de oro que recibió Belgrano, sin ponerse colorado. Su
grandeza fue donarlas de inmediato, gesto desgraciadamente solitario en nuestra
historia. El mencionado lector habla de otros próceres que hicieron lo mismo.
Sugiero que cite documentalmente uno solo.
Sin embargo otro general, quizás el
más ilustre de todos, también recibió un premio en tierras por su labor, y
luego las vendió muy bien porque eran muy valiosas. Y esto en nada habla en su
contra. Para que lo ubique solamente le diré que se llamaba José, nació en
Yapeyú y murió en Boulogne Sur Mer, en Francia. Las mencionadas tierras estaban
en Mendoza..
Wenceslao Guillermo Martín: buscando causas para odiar a Roca
Aclaro que cuando nos referimos a la vergonzosa
Conquista del Desierto, decimos que estamos en presencia de un verdadero
genocidio, el más repugnante de los delitos perpetuados por el hombre, lo cual
no resiste comparación alguna.
Ese escenario de la trágica campaña que tuvo su
máximo esplendor en 1879: dejó un saldo de entre 14.000 y 15.000 indios muertos
o prisioneros, según el Ministerio de Guerra. Existió una campaña de
aniquilación étnica (los consideraban seres inferiores), la sufrieron los
pueblos nómades y luego los sedentarios, llegándose al extremo de separar para
siempre a los prisioneros entre hombres y mujeres para evitar la procreación.
El mismo general Roca afirmaba en las páginas del diario La República (Manuel
Bilbao): "Si no se ocupa la pampa, previa destrucción de los nidos de
indios, es inútil toda precaución y plan para impedir las invasiones..."
Sin duda alguna, las raíces económicas del proceso de conquista y ocupación del
desierto fue el reparto especulativo de las nuevas tierras, donde los oligarcas
se fortalecieron como latifundistas, convirtiéndose en un plan de
características genocidas en el cual el famoso general Roca (lejos podemos
calificarlo de héroe guerrero) fue el principal responsable, actuando en nombre
del Estado y aplicando la ley del Remington.
Hugo Albornoz: ponerle un fin a la barbarie del presente que pretende arrasar con el pasado
Veo que muchos lectores juzgan a
Julio Argentino Roca por lo que "hoy son excesos", a su parecer, sin
considerar el contexto político, social, cultural de la época. El crimen nunca
será justificado, nunca será tolerado por nadie en su sano juicio, pero San
Martín, Belgrano, O'Higgins, Bolívar, Güemes, El Chacho y otros tantos próceres
que hicieron nuestra patria debieron luchar, matar y morir, repito, en un
contexto de época, social y político, y por eso no los vamos a etiquetar como
"asesinos". Si pensamos de esta forma tendríamos que bajar los
carteles de todas las calles y edificios que ostenten los nombres de los próceres
que debieron hacer nuestra patria "arma en mano".
Mucho daño hicieron
a la patria, e incluso fueron y hoy son más temibles, aquellos que usan la
pluma y/o poseen un verborragia fluida y un léxico agradable que convence, que
compra.
Sobre la aceptación, por parte de estos próceres, de las tierras
adjudicadas, coincido totalmente con la intervención de Tulio Ottonello. Eran costumbres de la época en cuanto a retribución por servicios
prestados; hoy es pecaminoso, antes no lo era.
Por eso insisto, cuando se juzga
algo histórico se debe contemplar el contexto político, social, cultural de la
época. Hoy vemos con horror que en la antigüedad se sacrificaba a un hijo para
que los más fuertes sobrevivieran; en aquel entonces era necesario para
preservar la especie. ¿Qué hubiese sido del mundo sin aquellas prácticas? Qué
hubiese sido de nuestra patria sin la Conquista del Desierto? No lo sabemos; de lo que
sí estoy seguro es que ni esa gente ni nuestros próceres fueron asesinos.
Jorge Laskowski: malinterpretando a los locales y a los visitantes
Pretender meter en una misma
bolsa a Roca con San Martín y Belgrano me resulta, cuando menos, un
despropósito. Belgrano y San Martín defendieron la patria combatiendo contra el
invasor español. Tuvieron serios problemas con el poder central por no aceptar
ser partícipes de enfrentamientos entre habitantes de un mismo suelo, es decir conciudadanos,
considerando como tales a los miembros de todas las etnias que formaban parte
de la población nacional.
Roca fue un invasor que se apropió de las tierras que
ya tenían como únicos y legítimos propietarios a los indios, hoy pueblos
originarios que la habitaban. Tanto San Martín como Belgrano fueron señores
militares que expresaron un gran respeto por los contrincantes derrotados,
evitando derramar una gota más de sangre que la absolutamente necesaria. Roca,
apañado por los poderosos de su época, tenía la idea fija de
"aniquilar" a los "bárbaros". Esa conducta asesina e
inmoral, ¿no es la misma que la que vemos que se reproduce hoy con los Qom, los
Riarte, en Tucumán, los mapuches en la Patagonia?
A nuestros máximos próceres les llegó
el reconocimiento a sus servicios desde gobiernos con los que no tenían
identificación alguna. San Martín repartió más de la mitad de las tierras que
le otorgaron entre sus propios subordinados. Belgrano, es sabido, donó todo el
dinero recibido para la construcción de escuelas. Roca formaba parte, primero
como ministro y luego como Presidente del gobierno que le otorgó el poder para
repartir, a su gusto y paladar las tierras saqueadas a los indios. ¿Alguien
puede explicar cuál fue el mérito de la familia Martínez de Hoz, que los llevó
a recibir la porción más grande de ese reparto (más de 200.000 hectáreas)?
¿Y cuál el de la parentela de Roca, que generosamente se distribuyeron parcelas
no menores a las 70.000 ha?
Habría que recordar que, desde siempre, esas tierras fueron consideradas
valiosísimas por las enormes posibilidades que otorgaba a la explotación
agrícola y ganadera.
Roberto Aguirre: no hay que caer en la demagogia
Visto las reiteradas expresiones
referentes al general Julio Argentino Roca, expreso mi adhesión a los dichos de Tulio Santiago Ottonello cuando dice: "Dejemos las injusticias
del pasado que ya no podemos remediar, y luchemos contra las injusticias de hoy
con igual o mejor empeño". Argentina tiene suficientes y calificadas
instituciones y personalidades que se dedican al estudio, investigación y
difusión de la historia, cada cual con su orientación y capacidad de
recopilación historiográfica. La sociedad se informa, asimila y toma
conclusiones sin necesidad de un estado que escriba una nueva versión de los
hechos, eso es demagogia. A la historia se llega y se perdura con aciertos y
yerros, pero inspirados en buenas intenciones, justificando el presente, cuando
los años han decantado las pasiones y fundamentalmente el pueblo lo ha aceptado
y reconoce su trascendencia, no anotándose en la historia anticipadamente, no
descalificando y adjetivando a los hombres del pasado.
Veremos dentro de varias
décadas si reciben la valoración histórica los que hoy compran tierras con
privilegios en el sur, los que desmontan las posiciones de los aborígenes en el
norte para sembrar soja, cambian carteles en las avenidas, despojan a los
jubilados, entregan los recursos mineros, agravian a la prensa libre y los
sospechados de corrupción.
Pongamos a Argentina a producir, estudiemos el
pasado y respetemos las conclusiones de los demás, cumplamos mínimamente
nuestras obligaciones, que serán suficientes huellas que dejaremos para el
futuro.
Marta Ezcurra: la barbarie patagónica retorna
Con estupor vi en la TV que un grupo de vándalos procuraba en San Carlos de Bariloche destruir la estatua de Julio Argentino Roca. Estoy segura de que ni siquiera saben quién era Roca.
Actúan como respuesta al trasnochado revisionismo histórico apoyado desde el Gobierno, que no se conformó con "revisar" la historia de 30 años atrás, ahora se remontan a nuestros orígenes.
Les doy temas que debieran "revisar" los historiadores de moda: ¿Cuál era la situación en el sur argentino antes de la Campaña del Desierto? Averigüen cómo se mataban entre los propios indígenas y el comercio activo fomentado por los chilenos que ambicionaban nuestra Patagonia. Vean de qué manera el Imperio Incaico, vasto y poderoso, incursionaba en la región del Tucumán llevando esclavos, aprovechando la bonhomía de nuestros indios del llano. Lean en el "Martín Fierro" el "trato" brindado a los cautivos cristianos.
Podría seguir dándoles muchísimos ejemplos, pero poco se puede hacer frente a la ignorancia y el resentimiento, poco frente al odio que genera un gobierno que no acepta el disenso. Siempre lo dije, me formé en el revisionismo histórico, pero procuré dar a cada figura de nuestra historia el exacto momento que le tocó vivir. Es la única manera de lograr la unidad y el consenso.
El odio no conduce a nada, quien lo provoca sólo recogerá tempestades. Esa es la victoria de los "mansos", pero no confundan mansedumbre con estupidez.

