Comenzando por los principales edificios públicos, Casa de Gobierno, Municipalidad, legislatura de la Provincia, Palacio de Tribunales, los museos, las salas de espectáculos, los colegios, las escuelas, etc. etc. etc. no tienen accesos previstos para los discapacitados. No hay en esos edificios baños adecuados para ellos. Salvo la honrosa y magnífica excepción de las nuevas oficinas del Instituto de Seguros de Jujuy, quienes deben realizar trámites dependen de la voluntad de quienes los ayuden. Las simpáticas dársenas que la Municipalidad creó en el centro, mas las no menos simpáticas mesitas que las confiterías acomodan en esas veredas, son una tortura para los discapacitados. Los nuevos colectivos que se siguen incorporando a las líneas urbanas entre fotos de funcionarios en campaña, también son simpáticos pero dejan fuera de la posibilidad de viajar a quienes tienen esos impedimentos físicos a que hacemos referencias. No existen en Jujuy colectivos urbanos de piso de bajo.
Todo esto lleva a una definición alarmante: a nosotros, los jujeños, parece importarnos un pito que haya hermanos nuestros que quedan excluidos de su derecho a movilizarse, hacer trámites, divertirse, o simplemente transitar de un sitio a otro. Organismos oficiales, empresas constructoras, de transporte, etc. y muchas veces, nosotros mismos, los habitantes comunes y corrientes, nos rasgamos las vestiduras, concurrimos a actos, aparentamos solidaridad y nos condolemos de quienes sufren de alguna discapacidad, pero en la práctica, les faltamos el respeto de una manera brutal, insensible y agraviante.
¿Haría falta que se movilicen, que quemen gomas, que rompan vidrieras, para que el resto de la sociedad se dé cuenta de su obligación de ser más razonable e inclusiva? Seguramente no lo harán, porque son personas habituadas al olvido y al abandono que sus prójimos les dedicamos, y simplemente transitan por la vida realizando un doble esfuerzo a cada paso. Pero nosotros, los jujeños, deberíamos volver a pensar más en el otro, algo que vamos perdiendo, lamentablemente.

