La tragedia de Once
De las particulares contradicciones de
vivir en Argentina, el miércoles vivimos una ejemplar. Tempranito en la mañana,
el ministro de Salud de la Nación se apersonó en un crucero amarrado en el puerto de Buenos Aires para corroborar si daba para hacer
plata paranoiqueándonos con la influenza como en 2009, o si estaba todo
joya. Luego de mirar algunos culos extranjeros,
Manzur sostuvo que sólo
se trató de algunos casos aislados de gripe, afirmación que, al provenir
del mismo tipo que redujo la mortalidad infantil en Tucumán dejando de
anotar como nacidos vivos a los chicos que morían por problemas
derivados de la desnutrición materna, no me generó demasiada
confianza. Lamentablemente para Manzur, la foto con el crucero le duró
poco. Mientras hablaba, una formación del ferrocarril administrado por
TBA –ex Sarmiento- se tomó muy a pecho lo del tren bala y se clavó como
tiro al blanco contra el andén.
De un crucero de lujo a un accidente
africano sin escalas.
La sucesión de hechos habría
sido un buen paso de comedia si no fuera por el detalle de las decenas
de muertos y las centenas de heridos: un helicóptero sanitario que no
tuvo dónde aterrizar por un buen rato, una ambulancia cargada de heridos
que se pega un palo en la primera esquina y el quilombo magno de
tránsito que debían atravesar el personal de salud para poder trabajar,
gracias a que
Bartolomé Mitre sigue cortada por un santuario casero que
recuerda la desidia de aquel Estado y que contribuye a la desidia del
actual.
“Prometimos el soterramiento del
Sarmiento, arrancamos por un buraco en Once”, dicen que se propuso como
comunicado buena onda entre los cráneos del merchandising
nacandpopista, pero a Schiavi no le pareció muy pertinente,
más después
de que el maquinista confesara –aún atrapado entre los fierros- que el
tren se había quedado sin frenos. En vez de ello, optó por escueto pero
convincente "
si pasaba ayer, no era tan grave". Un fenómeno.
Entre las confusas
declaraciones, algunos desprevenidos preguntaban si todo ese tumulto
de gente era para sacar la tarjeta SUBE. No todos los días se puede
demostrar el patriotismo de comerse dos cuadras de cola bajo el sol con
cuarenta grados de temperatura para terminar tus días enroscado entre
los fierros de un tren que el estado no controló a pesar de ser su
obligación, ese mismo estado que, en cambio, considera que es nuestra
obligación a sacar una tarjeta que no deberíamos necesitar. Lo cierto es
que, a pesar de estos tontos detalles, el sistema ferroviario urbano es
un exitazo y demuestra que es fácil llegar al lugar que querramos:
cualquer medio de transporte te puede enviar
a la Chacarita, por dar un
ejemplo. Si te lo proponés, el Sarmiento te puede acercar a Plaza
Miserere y, si hay viento a favor, enviarte hasta el Congreso de un
tirón vía aérea. Eso sí, el paracaídas corre por cuenta del pasajero.
Con este panorama, la SUBE demostró ser un éxito rotundo: no en
cualquier país se puede viajar al más allá por un pesito. Schiavi, por
su parte, festejó la buena noticia: es el primer siniestro ferroviario
en años en el que la formación no descarrila, lo que a juicio del
buenhombre, es todo un logro del gobierno.
Del lado de la realidad, una vez
más la tragedia nos pasó por arriba como un tren. Miles de personas en
viaje hacia sus trabajos que difícilmente puedan volver a dormir por un
buen tiempo. Varias decenas de laburantes que salieron a ganarse el pan
que nunca podrán llevar a la mesa. Todos muertos por un hecho que no
cuadra en la definición etimológica de accidente como concatenación de
hechos inevitables provocados por un factor externo al orden de las
cosas. Allí están, bien muertos, sin que les importe la explicación que
pueda dar el gobierno: que fue un complot de la izquierda sindical
representada por un mecánico mal teñido, que fue un atentado de un Pino
geronte, que se trató de un boicot coordinado para desprestigiar este
momento de felicidad, que el maquinista estaba mamado a las ocho de la
mañana, que alguna amante despechada cortó los frenos, que los marcianos
abdujeron el sistema de seguridad o que la invasión de cascarudos hizo
corto circuito en el sistema eléctrico de la formación. Cualquier cosa,
menos reconocer la desidia, el festival de subsidios sin control y la
ausencia total de ese Estado al que tanto dicen haber reconstruído.
La Presi, por su lado, manifestó
su angustia por el hecho suspendiendo el acto en el que iba a anunciar
el Automovilismo para Todos. Esa cosa que tiene Cristina por hablar
cuando a nadie le importa y, en cambio, cerrar bien el upite cuando
ameritaría una buena y suculenta explicación.
El elaborado plan de omisiones para que la tragedia ocurra
El matrimonio Kirchner soñaba con un 'tren bala' y hasta llegó a
suscribir un pre contrato de obras con la compañía francesa Alstom, por
un monto total de 2.700 millones de euros, en vez de mejorar el
desastroso servicio de trenes de cercanías en Buenos Aires, tal y como
claman desde años atrás las asociaciones de usuarios.
El proyecto de 'tren bala' abortó temprano, a golpes de la crisis
financiera mundial. Mientras, los trabajadores porteños siguen viajando a
sus tareas apretados como sardinas enlatadas, en trenes viejos con más
de medio siglo de uso. Sin embargo, el Gobierno de la presidenta Cristina Fernández, viuda de Kirchner, no se priva de montar propaganda política sobre esos convoyes.
Los mismos trenes de la línea Sarmiento que sufren accidentes por
encontrarse ya obsoletos -este miércoles causaron una tragedia con al
menos 50 muertos y 676 heridos- lucen a los costados gigantografías
proselitistas. Son fotos del fallecido presidente peronista Néstor
Kirchner (2003-2007) y el presidente de Venezuela, Hugo Chávez,
abrazados. Al lado se lee 'Sudamérica Unida', escrito prolijamente.
Muchos usuarios optan por la ironía y han bautizado a esta línea ferroviaria como "el Expreso pingüino-bolivariano",
mofándose de la lentitud del servicio y en referencia a los apodos
respectivos de Kirchner y el presidente venezolano. En los últimos 12
meses, siete accidentes sobre las vías y pasos de vehículos han dejado
72 muertos y 700 heridos.
Esta decadencia de la red de ferrocarriles argentinos choca de bruces
con su pasado. El 29 de agosto de 1857 se puso en marcha en Buenos
Aires el primer tren de Latinoamérica. Su locomotora a vapor tuvo por
nombre 'La Porteña'. Unía 10 kilómetros del centro de Buenos Aires al
barrio Flores. Al evento asistieron 60.000 vecinos.
Argentina es seis veces más extensa que España y en el siglo XIX
estaba prácticamente despoblada, por lo que requería imperiosamente de un sistema de transportes que vertebrara la Nación y llevara a la gente y a las mercancías, sobre todo en la llanura de la Pampa, núcleo productivo del país.
Los Ferrocarriles del Estado crecieron a toda máquina y llegaron a contar en los años 40 hasta con 47.000 kilómetros de vías por todo el país, una de las mayores redes del mundo.
Cubrían una superficie equivalente a Europa occidental, dando vida a
2.085 ciudades y pueblos, desde la helada Patagonia austral hasta las
templadas cataratas subtropicales de Iguazú. Y permitían trabajar a
220.000 ingenieros y técnicos.
Pero tras la ola neoliberal de los años 90, con privatizaciones de empresas públicas
durante el gobierno de Carlos Menem (1989-1999), las vías
operables se redujeron siete veces, a 7.000 kilómetros, dejando 870
pueblos fantasmas y 135.000 empleados ferroviarios en la calle. Muchos
ciudadanos llaman a esa sangría "el ferrocidio" argentino.
Luís Sacca y Miguel Giubergia encabezan la ofensiva ucerista en contra de la irresponsabilidad oficialista
"Acompañamos en el dolor a los familiares, pero como representantes del
pueblo de la Nación, exigimos respuestas a los responsables para encarar
de una buena vez cambios estructurales en políticas tendientes a
proteger a los ciudadanos de nuestra patria”, dijo Luis Sacca.
El
diputado tucumano sostuvo que “no debemos dejar que las tragedias
ferroviarias, viales o de estructuras edilicias se vuelvan moneda
corriente en el país".
Junto al bloque de diputados de la UCR,
Sacca firmó un pedido de informes al secretario de Transporte de la
Nación, Juan Pablo Schiavi. En el texto se llama la atención sobre "las
deplorables condiciones de seguridad que deben soportar los cientos de
miles de pasajeros que utilizan los trenes para desplazarse y la
absoluta ineficacia de los controles estatales sobre la actividad".
El diputado nacional Miguel Giubergia (UCR-Jujuy) solicitó al titular de
la Cámara baja, Julián Domínguez, que disponga "de manera urgente" la
constitución de la Comisión de Transporte, con el propósito de que los
funcionarios del área de Transporte brinden ante ella explicaciones
sobre “las causas y motivos” de la tragedia ferroviaria del
exferrocarril Sarmiento.
“Ante la gravedad de los hechos
acaecidos en la estación Once, donde perdieron la vida 50 pasajeros y
resultaron heridas más de 700 personas, es urgente y necesario que esta
Cámara de Diputados se avoque al tema”, enfatizó Giubergia en la nota
que le envió a Domínguez con este fin.
Gerardo Morales anticipa irregularidades en la investigación
El senador de la Unión Cívica Radical (UCR)
Gerardo Morales pidió el
allanamiento de la secretaría de Transporte de la Nación y de la CNRT,
en el marco del accidente ferroviario en Once que dejó como resultado 50
muertos y 676 heridos.
A la salida de los tribunales federales
de Comodoro Py, donde exigió al fiscal Federico Delgado que impulse
dicha acción, Morales expresó: “
El juez ya tendría que haber dispuesto
el allanamiento tanto de la Secretaría de Transporte de la Nación como
la CNRT, para que no desaparezca prueba que pueda determinar la
responsabilidad del Estado en el accidente del Once”.
El
legislador jujeño aseguró que “
ha quedado nuevamente al desnudo el
descontrol en la política de favorecer a los amigos del poder sin velar
por los intereses ni la vida de los usuarios”, y destacó: “
Este
accidente es la consecuencia del capitalismo de amigos al que se dedica
el kirchnerismo desde hace casi una década”.
Finalmente, Morales
consideró que es un “desparpajo” el anuncio del secretario –de Trasporte
de la Nación-
Juan Pablo Schiavi en relación con la presentación del Gobierno nacional como querellante en la causa.
Proyectos para evitar futuras tragedias
Ante la tragedia en la estación de Once del exferrocarril Sarmiento, el
diputado nacional Alfredo Olmedo (Salta Somos Todos) consideró que “ya
es momento de quitar la concesión a la empresa TBA por múltiples
incumplimientos del contrato, por negligencia, por gran cantidad de
falencias operativas y graves accidentes que se vienen desarrollando en
la prestación del servicio en los últimos años”.
Con estas
premisas, el diputado salteño presentó un proyecto de ley para anular el
contrato con la empresa ferroviaria, y para “que la presidente tenga
también una herramienta legislativa para hacerlo”.
El diputado
dijo que “ante la gravedad de los hechos ocurridos en la estación de
Once es que se hace necesario dar un corte a esta empresa que no está
brindando un servicio acorde a los tiempos que vivimos”.
Olmedo
resaltó que “ya TBA en los años 2007, 2010, 2011 y 2012 ha tenido
distintas tragedias que siempre involucro heridos y muertes. Y en
aproximadamente 160 días sumo la cifra cercana a los 900 heridos entre
leves y graves, y casi 70 muertes lamentables”.
En este sentido,
dijo que “esto es una vergüenza y como representantes de nuestro pueblo
no podemos estar indiferentes ante esta situación. Mientras en la
estación de Once se estaban retirando heridos, en otra estación de la
misma línea se producía otro incidente”.
“Pido desde mi condición
de defensor de la familia, la vida y los principios que mis pares me
acompañen en este proyecto de ley”, concluyó Olmedo.
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