En un acto desarrollado frente al busto que perpetua la memoria del
salteño Indalecio Gómez se recordó el centenario de la ley que consagra
el voto secreto, universal y obligatorio. La ceremonia se cumplió en
avenida Virrey Toledo y pasaje San Lorenzo, donde está emplazado el
busto de Indalecio Gómez quien fue ministro del Interior del presidente
Roque Sáenz Peña, además de coautor y defensor de esa norma.
La ley Sáenz Peña o Ley 8.871 es la ley General de Elecciones,
sancionada por el Congreso de la Nación Argentina el 10 de febrero de
1912.
La normativa fue aprobada durante la presidencia de Roque Sáenz Peña y
solo incluía a los hombres argentinos nativos y naturalizados.
Sobre Sáenz Peña se ha escrito poco y mal, sobre todo desde “el
peronismo ilustrado”. Ya hace muchos años que venimos hablando de “la
monserga peroniana” que está compuesta por aquellos grandes personajes
que forman la oligarquía del partido peronista desde hace medio siglo.
El ejemplo típico es Cafiero, su parentela y su entorno. El peronismo
adocenado que siempre sale prendido en algo. “Si vais por el
cementerio y veis un cirio encendido, es (cada uno ponga el
acomodaticio que mejor le parezca), que de muerto sigue prendido”.
En estos últimos años ha aparecido por allí un tal Chumbita que como su nombre lo indica, como historiador es un perro. Éste es el que ha lanzado la idea de que San Martín era indio, cuando nuestro máximo prócer fue hijo de padres españoles y educado en España.
Respecto de Sáenz Peña, Chumbita lo presenta, bajo la mirada cómplice de un Cafiero viejo (hay foto), como un oligarca que defiende los intereses de su clase, sin aportar ninguna prueba sino sólo apoyado en su conciencia prejuiciosa como en el caso de San Martín.
Sáenz Peña fue un patriota y de los mejores
que hemos tenido. Fue, lo que se dice, un caballero español siendo él
tan argentino. Se opuso abiertamente tanto al contubernio como a Roca y
renunció a la candidatura a presidente para dejar lugar a su padre,
Luís Sáenz Peña.
Militó toda su vida en el autonomismo, el
partido de Adolfo Alsina, que fue lo mejor, lejos, que tuvo la
provincia de Buenos Aires en toda su historia. Este miserable de
Chumbita soslaya el hecho que luchó contra el fraude y a favor del voto
universal y secreto, que durante su presidencia salió por ley. Esta ley
que luego permite el acceso, por primera vez, de las masas populares
al poder con Irigoyen en 1916. Este “perro puesto a historiador” ignora
que Sáenz Peña fue el único presidente argentino herido en combate
pues luchó en la Guerra del Pacífico (1879-1883) a favor del Perú.
Triunfó en la batalla de Tarapacá y fue el último combatiente del Morro
de Arica. Cuenta el mismo oficial chileno que lo tomó prisionero que no
lo fusila, como a los otros prisioneros, porque fue el único que no
suplicó por su vida. Herido y preso en Chile, tuvo que amenazar
Sarmiento, que era presidente, con ir a la guerra si no lo liberaban a
él y al presidente cautivo de Perú, García Calderón y su familia. Sáenz
Peña fue un guapo y un valiente, fue un criollo a pie firme que
defendió a los criollos y su mundo como lo hizo con la sucesión de la
familia de Ciríaco Cuitiño, el cuchillero de Rosas. Sucesión que era
una brasa ardiente y que ningún abogadito cagatintas se animaba a tomar
por temor a la represión desde el poder. ¡Qué sabrá de todo esto, este
infeliz chumbador!
Lo más grave que este “perro de historiador
falso-peronista” interpreta al revés lo que pretendió y logró Sáenz
Peña con su ley de colonización de tierras, que habilito a miles de
inmigrantes a poseerlas a través del arriendo previo. Era, en forma
paulatina, la manera de quitarle algo de tierras a los terratenientes
de la época. Hoy las tierras argentinas, 17 millones de hectáreas están
en manos de extranjeros, y el resto en las manos de los Eskenazi, los
Eltszain, los Werthein y toda la paisanada. Si hasta un rabino de Nueva
York compró (9/8/10) 200.000 hectáreas en Catamarca por
600 mil pesos o 150.000 dólares en total.
Pero sigamos. Sáenz Peña crea en 1884 la revista Sudamérica de ideas americanistas donde defiende la tesis de la Liga Latina. Viaja como representante argentino al congreso panamericano de Washington de 1890 donde se opone a las propuestas de Estados Unidos de crear una aduana y una moneda única para todo el continente y se niega a hablar en inglés, idioma que conocía a la perfección. A la doctrina Monroe de “América para los americanos” contrapone su “América para la humanidad”. En 1907 participa de la Segunda Conferencia de Paz de la Haya y allí sostiene la posición a favor de la creación de un tribunal internacional de arbitraje.
Durante su presidencia algunos de sus ministros fueron Indalecio Gómez, Miguel Scalabrini Ortíz, José María Rosa, Carlos Ibarguren, Eleodoro Lobos, José Luís Muratore. ¿Dónde un gabinete como este?
Obligó a este gabinete y a él mismo, dentro de los festejos del centenario, a concurrir a la serie de seis conferencias sobre el Martín Fierro y la identidad de los argentinos que dictó Leopoldo Lugones en el teatro Odeón en 1912. ¿Qué presidente hoy va a una conferencia a aprender?

