La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

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domingo, 27 de diciembre de 2015

La revolución del agua y del jabón

El intelectual comunista Atilio Boron escribió hace unos días: “estuve hace pocas semanas en San Salvador de Jujuy. Hace unos pocos años caminar por la plaza céntrica de esa ciudad era hacerlo seguido por un nutrido grupo de niños descalzos pidiendo algunas monedas. Ahora, durante una semana, no hubo ni uno solo que reeditara aquella vieja y deprimente costumbre. Es que, a pesar de las críticas que le fueran dirigidas –clientelística, tal vez dispendiosa, seguramente ineficiente, etcétera– la política social del kirchnerismo surtió efecto. Y este no es un dato menor sino una cuestión central. Allí está la base del ‘voto duro’ cristinista, de ese 36 % que acompañó a Scioli en la primera vuelta. Pero allí también parece haber estado su límite. Y sólo con eso no se puede ganar una elección presidencial.”

La observación es tan imbécil que dudo que un sujeto como Boron no la exprese con malicia. Más allá de que es cierto que el “voto duro” cristinista proviene de la gente atada a un plan social o a otras dádivas que otorga el Estado, lo que es ridículo de sostener es que la mendicidad fue erradicada de Jujuy. Suponer eso significaría que el jujeño pobre es ahora autosuficiente, y nada más alejado de la realidad.

Si por estos días uno visita la Plaza Belgrano, punto central de la ciudad de San Salvador de Jujuy, se topará con un escenario terrorífico: primero sentirá un olor nauseabundo, mezcla del ácido aroma a orina y el fétido perfume de la materia fecal, sumado al tufo que genera el calor solar sobre los cuerpos humanos y la basura en descomposición; luego el ruido de las cumbias y las bachatas sonando desde diversos equipos de audio generará sobre los oídos una sensación de aturdimiento; y finalmente los ojos se llenarán de indignación al ver que un espacio público urbano se convirtió en un camping lleno de carpas, donde hombres con camisetas de fútbol y gorras, mujeres con calzas, remeras de la Tupac Amaru y rodetes, y niños y niñas semidesnudos tumorean día y noche. Algo así como un cuadro de El Bosco. 

La artífice de esa postal que le mete la lengua a Boron en donde no pega el sol, es la infame Milagro Sala. Enemiga acérrima del nuevo gobernador Gerardo Morales, Sala no tiene más opción que maniobrar con la fuerza que le queda para salvar su pellejo. Es decir, la excusa oficial para estacionar a ese zoológico humano en la Plaza Belgrano (y en la Avenida 9 de Julio de la Ciudad de Buenos Aires) es para evitar que las cooperativas que dependen de la Tupac Amaru sean cerradas. Sin embargo, en un país como el nuestro, es más que obvio que a esa pantalla para lavar dinero que son los cooperativas las va a terminar absorbiendo el Estado para no dejar en la indigencia a decenas de miles de compatriotas. El problema para Sala, por tanto, no es el destino de su gente, es su propio destino.

La estrategia kirchnerista para resistir al macrismo parece ser alentar el caos. De todos modos eso es algo que podrán hacer, calculo yo, por no más de seis meses. Luego, si el país no estalla como ellos quieren, no tendrán más opción que acomodarse en donde puedan hacerlo. Lo que apunto puede o no pasar, pero es lo que los kirchneristas observan. Sala, enemistada a nivel personal con Morales, no tiene donde refugiarse, a diferencia de los pejotistas (que ya empezaron a pactar con quien hiciese falta).

La tragedia de los gendarmes en Salta fue sólo una advertencia. Sala quiso demostrar que lo suyo puede llegar a niveles insospechados en un país donde la pendejada se la pasó jugando a la Revolución con el porro de marihuana en una mano y el sueldo de funcionario en la otra. En el entorno de la Ñusta Ilegítima están pensando seriamente en incrementar la violencia. Ella misma se propuso ante Carlos Zannini como catalizadora del caos tan temido. No tiene problemas en usar a uno de sus changos como carne de cañón. Sería el mártir para la causa antimacrista.

La otra opción que barajan los tupaqueros es aliarse con Evo Morales. Desde hace bastante que el Rey de la Coca quiere penetrar en territorio argentino, y ahora estaría dispuesto a financiar al ejército de Sala a cambio de lealtad.

Mientras la Tupac Amaru analiza su futuro, el ciudadano jujeño y el turista que visita la provincia sufre las consecuencias del clientelismo “revolucionario”. Algunos han propuesto que se desaloje a la gente de la plaza con Baygon o algún otro tipo de arma química. Otros han sugerido que se lleve camiones, se suba a la gente del acampe y se la abandone en una ruta de Paraguay o Brasil. Sin embargo creo que lo que Jujuy necesita es agua y jabón, un agua y un jabón moral que limpie la suciedad de la partidocracia. El jujeño ofendido por la tribu que copó la plaza, y la gente que tuvo que instalarse bajo el sol para proteger a la lideresa, deben unirse contra los partidócratas, contra los Sala y los Noro, pero también contra los Morales, los Haquim, los Fellner y los Jenefes que tan abultadas cuentas bancarias tienen y exigirles que a la política la hagan con las manos limpias.


Francisco Vergalito 

domingo, 23 de agosto de 2015

La Tupac Amaru no para de asesinar

El mes pasado escribí un artículo titulado “Frente para la Violencia” en el que señalé que las más brutales agresiones son parte del escenario político cotidiano de Jujuy. En esa ocasión hablé del asesinato de Orlando Gutiérrez, un comisionado municipal de Pampa Blanca que murió en circunstancias nada claras y del que poco se habló. Ahora la historia se repite y la partidocracia jujeña se anota un nuevo homicidio con el deceso de Jorge Ariel Velázquez, quien, luego de once días de agonía, falleció como consecuencia del balazo por la espalda que recibió en las cercanías de su hogar en la ciudad de San Pedro.  

En el Caso Velázquez hay dos cosas indignantes: el hecho de que el gobierno busca obscurecer los acontecimientos en lugar de intentar aclararlos, y el hecho de que no es la primera vez (y probablemente no sea la última) en que miembros de la Organización Barrial Tupac Amaru se manchan las manos de sangre. 

En efecto, después del cobarde y cruento asesinato, la propia Presidente de la Nación criticó a los líderes de la Unión Cívica Radical por utilizar el crimen para hacer campaña a favor suyo. Y, canchereando, aseguró que el muchacho asesinado estaba formalmente enrolado en la organización que dirige Milagro Sala, por lo que no les correspondería reclamar nada a los de la boina blanca. Los uceristas, molestos por las cretinadas de Cristina Kirchner, le contestaron a la señora recordándole que Velásquez estaba trabajando en la campaña de Gerardo Morales para gobernador provincial al momento de haber sido atacado.

Silvia Farell, la fiscal a cargo de la investigación, se subió a una calesita de recaratulizaciones motivada, según se sospecha, por el deseo de sepultar todo en la impunidad. Y no sería la primera vez que la Tupac Amaru sale sin un rasguño de una situación semejante: desde el asesinato del periodista Juan Carlos Zambrano en 2008 hasta el asesinato del trabajador Luís Condorí en 2012, a los tupaqueros se los acusa de estar apilando cadáveres gracias al silencioso arsenal que poseen, pero las condenas que todos esperan que se dicten nunca llegan, y sólo uno que otro perejil ha sido enviado a prisión (donde, por cierto, lo recibió el Vatayón Militante para acogerlo). Luego la Tupac Amaru saltó a la arena política y, desde entonces, insólitamente afirman que son ellos las víctimas de la violencia.

De todos modos la muerte más penosa en la que estuvo involucrada la Tupac Amaru en estos últimos años fue en la de Edilson Gorena, un niño que murió electrocutado en una de las famosas piscinas gratuitas que tiene la organización liderada por Sala. Esa muerte de un inocente producida por la negligencia era la oportunidad perfecta para linchar a la Tupac Amaru, pero nadie lo hizo, debido a que en aquel momento Sala había establecido un pacto de equilibrio con oficialistas y opositores.

El Caso Velázquez, más allá de la cuestión política, no debe quedar impune. Los kirchneristas son gente que se formaron confundiendo a la política con la guerra, por lo que la vida y la muerte, para ellos, no tienen el mismo significado ni el mismo valor que para quienes anhelamos la paz. Si el Caso Velázquez no es resuelto del modo más justo posible, entonces la guerra habrá derrotado a los argentinos y estas muertes absurdas seguirán repitiéndose, pues la Tupac Amaru continuará asesinando como sabe y le gusta hacerlo.  


Francisco Vergalito

jueves, 13 de agosto de 2015

El Norte como vergüenza nacional

Tras las PASO quedó en evidencia que el Norte Grande es el lastre político que le impide a la Argentina convertirse en una nación políticamente soberana, económicamente independiente y socialmente justa. Es que en las provincias de la región el triunfo de la fórmula del Frente para la Victoria fue contundente, prueba irrefutable de que la gente de allí o se da la buena vida gracias al Estado o tiene tan poco que se ve invadida por el pánico ante la posibilidad de perderlo y por ello se aferra a sus migajas, garantizando de ese modo la perpetuidad de los tiranos demagógicos.

Tucumán: todos los males de este mundo

Sin lugar a dudas el escenario más penoso fue Tucumán, antiguo faro identitario del NOA, hoy convertido en un feudo bananero donde la gente, acosada por la inseguridad, se la pasa linchando a delincuentes ante la mirada pasiva del gobierno. (En Santiago del Estero, de hecho, al oficialismo le fue aún mejor que en Tucumán, pero esa provincia no posee ni la historia ni el peso cultural de su vecina.)

Con José Alperovich como candidato a senador nacional, el FPV se impuso con comodidad. Para hacerle frente se suponía que estarían José Cano y Domingo Amaya, integrantes de la principal fórmula opositora para la gobernación, pero la maniobra no se completó: temiendo que pudiesen perder y truncar así sus aspiraciones a nivel provincial, ambos candidatos declinaron sus postulaciones para el parlamento nacional, pese a haber insistido ante la Justicia para que se los habilitase.

Quienes enfrentaron a Alperovich fueron la actual Senadora Nacional Silvia Elías de Pérez y el actual Legislador Provincial Gerónimo Vargas Aignasse. Elías de Pérez, de la coalición Cambiemos, llevaba adosadas boletas de Macri, Carrió, Sanz, Stolbizer y Massa; Vargas Aignasse, el representante de Unidos por una Nueva Alternativa, sólo acompañó en cambio a las fórmulas presidenciales de Massa y De la Sota.

Scioli sumó medio millón de votos tucumanos, aunque se sospecha que muchos de ellos provienen del aparato de fraude que denigra y anula a la democracia que el gobierno jamás se cansa de promover y predicar.

En Tucumán, en definitiva, se dieron todos los ingredientes con los que cocina la decadencia nacional.

Salta: la pobreza enceguece

Al estar Gustavo Sáenz en la misma fórmula presidencial de Sergio Massa, se suponía que ese candidato golpearía fuerte en Salta, tierra natal de su vicepresidente. Sin embargo sólo en la capital provincial la gente se inclinó por el tigrense, mientras que en el resto del territorio el triunfo fue del sciolismo (a excepción, claro, de Guachipas, pequeño departamento sureño de donde es oriundo el sindicalista José Ibarra, candidato a diputado nacional en la interna de UNA junto a Alfredo Olmedo).

Massa visitó Salta varias veces este año. De todos los candidatos presidenciales, el Diputado Nacional es el único que demuestra una auténtica preocupación por la peligrosa situación de la frontera argentino-boliviana. Empero ese dato parece ser irrelevante para la gente que vive atada a un plan social en Salta (especialmente en la zona norte): ni aunque estuviese Güemes de candidato los salteños se animarían a mezquinarle su voto al perverso PJ.

Jujuy: bastión de la dignidad

La excepción norteña fue Jujuy. Allí también ganó Scioli, pero lo interesante sucedió a nivel provincial, ya que el oficialismo perdió con amplio margen. La derrota es significativa, al menos en el plano simbólico: la provincia en donde vive y gobierna el mismísimo presidente del Partido Justicialista parece estar a punto de cambiar de manos.

Mientras que el PJ de Salta ya definió la carrera para la gobernación, y mientras que el PJ de Tucumán está en camino a ello, en Jujuy al día de hoy no se sabe quien será el hombre del oficialismo que enfrente a Gerardo Morales, el caudillo ucerista de la provincia. Vale decir, el PJ todavía no definió quien será el que cargue con el peso de la derrota.

¿Por qué se produce este escenario en Jujuy? Por culpa del kirchnerismo puro. En efecto, mientras que en Salta el Gobernador Urtubey camina por la vereda kirchnerista, también aparece como un líder con cierto grado de autonomía que rechaza el abortismo y respeta a la Iglesia Católica desde mucho antes de que Bergoglio llegase a Roma; a su vez en Tucumán el Gobernador Alperovich, por su pasado camaleónico, es visto como alguien cuyo compromiso con el kirchnerismo es transitorio, y que si el día de mañana tiene que traicionar todos y cada uno de los principios kirchneristas para mantenerse en el poder, es totalmente seguro que así lo hará; salteños y tucumanos ven por tanto a sus respectivos líderes provinciales como hombres con personalidad propia, por lo que les resulta más sencillo reconocer y aceptar su autoridad.

En Jujuy, en cambio, el cuadro de situación es distinto. Allí el Gobernador Fellner oficia también de embajador de la Casa Rosada, pero su mando está condicionado por Milagro Sala, una barrabrava extremista que también es empleada (o socia) de la Presidencia y de los personajes más obscuros que la rodean. Hace no mucho Sala decidió saltar a la escena política, lo que la convirtió en una actriz autónoma en el juego del poder. Ante la “estrategia Morales” (o sea ante la idea de que la oposición, desde De la Sota a Stolbizer, se unificase), el PJ tuvo que recurrir a sus aliados más indeseados: el kirchnerismo no-pejotista. En Jujuy dicha tendencia está encarnada en la nefasta Sala, la Ñusta Ilegítima.

Ese contubernio del PJ con Sala cayó pésimamente mal entre decena de miles de jujeños, lo que hizo que muchos de ellos manifestaran su repudio a un acercamiento entre Fellner y la energúmena lideresa de la Organización Barrial Tupac Amaru. Sala es, para los ojos del jujeño promedio, un cáncer capaz de destruir el tejido social de la provincia, por lo que esa gente prefiere hacer todo lo posible para frenar el ascenso de Sala, incluso si ello requiere no votar al partido del cual se es afiliado. Por ello Jujuy se convirtió en bastión de dignidad: ante el temor de que la provincia quede en manos de la peor escoria imaginable, a algunos caudillos del PJ local se les activó el sentido moral y decidieron no acompañar al fellnerismo. 

La estrategia de los candidatos presidenciales que quedan de pie tras las PASO debe necesariamente contemplar al Norte Grande. La región, de hecho, debería al menos recibir la promesa de una completa transformación. Pero, lamentablemente, no parece haber hasta ahora ningún tipo de iniciativa de ese tipo, por lo que el sabor a cuatro nuevos años de condena está cada vez más presente entre la gente pensante que vive en las postergadas provincias boreales de la Argentina.


Hernán Solifrano (h)

jueves, 23 de julio de 2015

Frente para la Violencia

La violencia es parte constitutiva de la política argentina. Y cuando digo “violencia” no me refiero solamente a las constantes agresiones verbales entre partidócratas, sino también a las agresiones físicas: cuando fallan los contubernios, las prácticas gangsteriles se multiplican. Jujuy, por ejemplo, es una provincia modelo en relación a ese fenómeno.

Allí, en lo que va del año, se registraron varios episodios vergonzosos: en febrero varias sedes de la UCR fueron empapeladas con imágenes en las que Gerardo Morales aparecía junto a Alberto Nisman anunciándole al candidato jujeño un destino similar si no renunciaba a sus aspiraciones políticas; poco después, a principios de marzo, el auto del Diputado Provincial ultrakirchnerista Germán Noro fue dañado con una piedra; y la semana pasada la casa de Oscar Jayat, un Concejal de Libertador San Martín, fue atacada con una bomba de gas tóxico.

Ciertamente en todos los casos revolotea la idea de los autoatentados realizados para ganar publicidad gratuita, ¿pero qué pasa si no fue así?

En junio dos hombres atacaron con saña a Orlando Gutiérrez, un vocal de la comisión municipal de Pampa Blanca, provocándole la muerte. Luego de ello ingresaron al domicilio de su víctima y se llevaron dinero en efectivo y otros bienes que había en el lugar. El gobierno provincial rápidamente desestimó el asunto anunciando que todo se había debido a un penoso acto de robo. Los familiares de Gutiérrez descreen de esa hipótesis y señalan que el hombre fue víctima de la violencia política.

El Caso Gutiérrez tuvo una escasísima repercusión a nivel nacional. La prensa hizo más escándalo por las fotos de Juan Mazzone semidesnudo que por este crimen aberrante. Creo que cada vez que muere un político el tema debe ser investigado hasta las últimas consecuencias, debido a que, aún si se tratase de un hombre perteneciente a un municipio pequeño y perdido en medio de los valles jujeños, el caso puede ser la punta de un ovillo, pues, en definitiva, los homicidios gratuitos son acontecimientos raros.

Creo yo que el motivo por el que la violencia está tan arraigada en la cultura política de Jujuy es porque ella es una sincera manifestación de la pésima calidad de los hombres y las mujeres que se desempeñan como políticos. Para comprobarlo basta con echar un vistazo a la lista de candidatos a diputados nacionales del Frente para la Victoria local: en primer término está Guillermo Snopek, alias “Quico”, un hombre proveniente de una dinastía de políticos, cuya última trapisonda consiste en intentar colocar a su esposa como jueza antes de que se produzca el recambio político en la provincia; en segundo término aparece Carolina Moisés, alias “Botellita”, una morocha sampedreña, hija de un viejo caudillo, que, aún con sus ínfulas de embajadora, no puede dejar de provocar vergüenza al no poder dejar de jugar a los autitos chocadores en las rutas y calles de la provincia; y el tercer lugar de la lista es para Cristian Arnau, alias “Nabo”, hijito de uno de esos bárbaros que politizan las universidades nacionales, referente vernáculo de La Cámpora y promotor desde el PAMI del genocidio de nuestros ancianos. Mientras esta lacra, mientras esta clase de seres infames sean la norma y no la excepción de la política, a Jujuy no le queda más que sentirse condenada.


Francisco Vergalito

jueves, 25 de junio de 2015

Sobre la conveniencia de una Liga del Norte

Juego de tronos

Julio Burdman, un politólogo kirchnerista, llamó recientemente la atención sobre algo importante de lo que, lamentablemente, se habla poco en la Argentina: la falta de federalismo político. De cualquier modo el autor lo planteó de un modo curioso: en un artículo que circula por la web, recordó que el Norte Grande, vale decir las diez provincias que forman el NOA y el NEA, concentran al 20% del electorado nacional, cifra nada despreciable si se intenta ser presidente; de allí que este pensador del oficialismo juzgue a la región como fundamental para retener el poder, ya que, aún perdiendo en el centro del país (o sea aún perdiendo en los distritos argentinos más poblados como Capital Federal, Córdoba o Santa Fe, en donde el kirchnerismo es poco tolerado), el caudal electoral del Norte Grande puede compensar esos votos mezquinados por los habitantes de las prósperas pampas del país.

Burdman recuerda que los votos que recibió el kirchnerismo en 2011 en provincias como Formosa o Santiago del Estero fueron ridículamente abundantes. El problema es que este “intelectual” atribuye esa ciega adhesión norteña al kirchnerismo al hecho de que la presidencia realizó una importante “inversión pública” en la región. Lo que no aclara el hebreo, claro, es que ese dinero no se destinó al crecimiento ordenado de las provincias, sino que fue a parar a las arcas de los gobernadores, para que ellos lo distribuyan discrecionalmente y hagan politiquería con los billetes en la mano. A raíz de ello es que el Norte Grande –superpoblado de empleados públicos y de beneficiarios de planes sociales– produce escasas riquezas y falla a la hora de redistribuir lo conseguido.

El NOA y el NEA son, sin dudas, las regiones más postergadas del país. Nadie puede negar que esas porciones del país son las que le cuelgan a la Argentina el cartel de “nación tercermundista”. Ni siquiera la pujante Salta se salva de tener a decenas (o tal vez centenas) de niños muertos por desnutrición. En un escenario así, ha sucedido lo obvio: la política se ha feudalizado, por ello el oficialismo cosecha en la región unos resultados que avergüenzan a la democracia, por ello la política local se ha tiranizado.  

Ninguneados

Burdman, pensando en el norte del país, sugirió que el vicepresidente propuesto por el kirchnerismo debía ser, precisamente, un norteño. Sin embargo hoy por hoy la política argentina no toma en cuenta el aspecto geográfico para operar: nueve candidatos presidenciales provienen del área metropolitana (Capital Federal o su cinturón suburbano), dos de Mendoza, uno de Córdoba y otro de San Luís. Los últimos cuatro tienen chances minúsculas de ganar la elección, en tanto que de los otros nueve hay por lo menos tres (Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa) que pueden llegar a sentarse en el Sillón de Rivadavia.

Los vicepresidentes, cuya figura se supone que debería compensar el déficit federalista de las fórmulas presidenciales, son hombres y mujeres provenientes de los mismos distritos ya citados; la única excepción es, ciertamente, Gustavo Sáenz, actual intendente electo de la ciudad de Salta y candidato a vicepresidente de Sergio Massa.

Dicen que Massa buscó a Laura Montero de Mendoza, luego a Sonia Escudero (la ex–Senadora por Salta), y terminó eligiendo a Sáenz. Al parecer Massa estaría siguiendo la estrategia propuesta por Burdman con el fin de empujar hacia arriba a su alicaída candidatura. Sin embargo el Norte Grande tiene un problema cultural muy profundo que le juega en contra al bonaerense: los “norgrandeños” no se reconocen como tales, ya que la región es una mera invención académica sin un mínimo de arraigo en la cultura viva de las provincias; es decir un jujeño, por ejemplo, se autopercibe como jujeño y no como “noroesteño”, y mucho menos como “norgrandeño” (de hecho, hasta al día de hoy, existe un ridículo sentimiento de enemistad entre la mayoría de los habitantes de las provincias vecinas). Por tanto, fuera de Salta, a nadie en la región administrativa del Norte Grande le importa realmente que Massa haya escogido a Sáenz como compañero de fórmula. Aunque la realidad no debería ser así.

La reacción

José “Gallito” Gutiérrez es el perfecto exponente de la política oficialista del Norte Grande. Este infeliz declaró en una entrevista radial que aquel que no lo acompañara en su campaña, no recibiría uno de los módulos habitacionales que, supuestamente, él se había encargado de “gestionar” para el beneficio de los vecinos del departamento Burruyacu, en la provincia de Tucumán. Sin ningún prurito, el legislador lanzó una amenaza a la población que deja en evidencia el modo en que estos sujetos confunden lo público con lo privado, el servicio a la comunidad con los favores personales, y el partido con el Estado. Gutiérrez merecía uno de esos famosos linchamientos mediáticos que lo obligasen a renunciar a la política (al menos por un tiempo), pero la indignación que el episodio levantó fue sólo pasajera, ya que a nadie asombra lo que es cotidiano.

Ante esas muestras de prepotencia e impunidad naturalizadas, la oposición sólo tiene un camino: unificarse. Es un todo o nada. En Jujuy, Tucumán y La Rioja, se han formado frentes amplios –similar al que venció al PJ en Mendoza– para competir en las próximas elecciones. En Catamarca y Santiago del Estero, en cambio, la oposición va dividida y tiene más posibilidades de perder que de ganar, mientras que en Salta fracasó insólitamente la unión entre Juan Carlos Romero y Alfredo Olmedo. (En el NEA el escenario no es muy diferente: la oposición formoseña va casi toda unificada y la misionera va dispersa, mientras que en Chaco el frente de unidad opositor perdió -como en Salta- contra el oficialismo, y en Corrientes, único bastión no-kirchnerista del Norte Grande, las opciones electorales se multiplican ante los ojos del votante indeciso).

De todos modos es difícil predecir qué sucederá si la oposición unida gana en una provincia. Ni Jujuy, ni Tucumán, ni La Rioja son Mendoza, el equilibrio socioeconómico en el NOA no es el mismo de Cuyo, por lo que es probable que los gobiernos de unidad sufran de una gran presión que les será difícil pilotear (el ejemplo de un proyecto opositor unificado en el gobierno es Catamarca, provincia que estuvo por mucho tiempo administrada por la coalición Frente Cívico y Social, la cual se flexibilizó ante el kirchnerismo y terminó siendo abatida por Lucía Corpacci, una referente de ese espacio que un día terminó por cambiar de lealtades y convertirse en embajadora provincial del gobierno nacional).

¿Es posible el norteñismo?

La esperanza blanca del Norte Grande es, hoy por hoy, Juan Manuel Urtubey. El problema es que el gobernador salteño no podrá hacer el asalto al poder nacional hasta dentro de cuatro años. Mientras tanto –y suponiendo que Scioli gane la elección– deberá obrar como lo hace ahora: como un soldado de una causa que no es la suya.

El Norte Grande parece condenado a otro periodo de postergación, con guerra intrafeudal en el medio.

En lo personal creo que la unificación de fuerzas disímiles es un camino interesante, siempre y cuando ese proceso se lleve a cabo por interés y no por obligación. Es decir, que hoy en día la Unión Cívica Radical se alíe a fuerzas conservadoras y progresistas para derrocar al PJ que se ha enquistado en el poder, es el producto de una necesidad política, pero no de un verdadero sentimiento de unificación. Los uceristas del Norte Grande piensan a nivel nacional, por ello comparten la mentalidad unitaria de los pejotistas (la cual los lleva a aceptar que su región es una colonia de Buenos Aires que la Metrópolis retiene porque gracias a ella ganan las elecciones).

Yo creo que el norteñismo sería una bofetada a esa mentalidad. Políticos jujeños, salteños, tucumanos o de donde sea, leales no al candidato Fulano de la UCR o al candidato Mengano del PJ (ni siquiera a un Fulano o un Mengano nacido en el NOA), sino leales a los pueblos provinciales de los cuales son representantes: ello revolucionaría el escenario político, por lo que cuesta entender por qué semejante jugada política no sólo no ha ocurrido aún, sino que ni siquiera esté en los planes de nadie.  

Si el regionalismo se introdujese en la política argentina, es muy probable que la fisonomía del Norte Grande se vea transformada de un modo positivo.


Hernán Solifrano (h)

jueves, 4 de junio de 2015

La devastación de lo femenino

La marcha y el viento  

El 3 de junio pasado miles de personas en todo el país se pusieron de acuerdo para cortar calles y obstaculizar el tránsito de muchos vehículos. La mayoría de esas personas eran mujeres. La iniciativa de la convocatoria nació a partir de un caso policial: en Rufino, provincia de Santa Fe, una adolescente de 14 años apareció muerta y enterrada en la vivienda de su noviecito; la prensa, horrorizada por el macabro suceso, no tardó en cacarear “femicidio”, y, “desde las redes sociales”, emergió la idea de hacer una gran marcha nacional “en contra de la violencia de género”. Así mucha gente a lo largo y ancho del país (y ni Jujuy, ni Salta, ni Tucumán fueron las excepciones) se concentró en diversas plazas, mientras que la prensa se dedicó a fogonear el asunto -más que simplemente a limitarse a reportarlo.

Lo inquietante de esta iniciativa es su origen obscuro, similar al de los cacerolazos de 2012. Quiero decir, más allá de lo legítimas que fueron esas manifestaciones de descontento popular, las mismas no nacieron por generación espontánea, sino que fueron diseñadas y promovidas por individuos concretos, que tenían intereses específicos. Con la marcha de las violentadas de género sucedió igual.

Lo que caracterizó al #NiUnaMenos fue la corrección política. Oficialismo y oposición, moderados y extremistas, derechas e izquierdas: todos enfilaron hacia donde sopla el viento y se sacaron la foto con el cartelito, sólo faltaba el odontólogo Barreda para completar el panorama. De ese modo la movida fue presentada como el pedido de un sector de la sociedad para que aquellos que maltratan a las mujeres cesen de hacerlo –como si un golpeador, al ver a miles de personas en la calle pidiéndole que renuncie a la violencia, se tuviese que conmover con ese evento y decidiese a partir de allí no levantarle nunca más la mano a una mujer.  

Empero la sensación que dejó la marcha multitudinaria contra la violencia doméstica y los crímenes pasionales es la misma sensación que deja cualquier marcha multitudinaria en la Argentina de hoy: sólo sirve para concederle un momento de catarsis a la gente que se siente impotente ante una realidad que se hunde en la decadencia. No nos olvidemos del Caso Nisman: miles de personas salieron a protestar contra el gobierno kirchnerista, pero al día de hoy no se sabe si al Fiscal lo mataron o lo suicidaron. Y lo mismo pasó con el maricanomio en el año 2010: miles de personas le exigieron a los legisladores que detengan esa abominación, pero al día de hoy los aberrosexuales se casan y se divorcian con la misma facilidad con la que lo hace una pareja normal. La gente en las calles pone nervioso al gobierno por un tiempo, pero no generan absolutamente nada a nivel institucional después. Y ello sucede porque el gobierno se ha enquistado en el poder. En la actualidad el gobierno es más poderoso que el pueblo que lo puso allí, y, lamentablemente, ya no existe un mecanismo cívico-político-militar para que nos libre de sus atropellos y violaciones como ocurría antaño.

Nos penetró el hembrismo

Para la fauna hembrista, la marcha de las violentadas de género sirvió para “visibilizar” la subordinación de la mujer al hombre y denunciar la cultura “macho-patriarcalista” que impera en la Argentina. Para el resto de la gente, en cambio, el #NiUnaMenos fue más inútil que un chupetín con gusto a pene. Claro que el último grupo, a diferencia del primero, se maneja con el sentido común: miles de mujeres pidiendo que los novios, amantes o maridos no les peguen más es infinitamente menos efectivo que una buena denuncia penal contra el golpeador.

Sin embargo el hembrismo interpreta que la movida le sirvió para demostrar su fuerza. Y de dicha demostración de fuerza depende el poder que esa sinarquía tiene para impulsar su agenda. Para explicarlo brevemente: la agenda hembrista consiste en darle el poder absoluto a las mujeres, ubicándolas en la cima de la sociedad y haciéndolas inmunes a todo tipo de crítica o cuestionamiento. En la metafísica del hembrismo, la mujer es el único ser sobre la faz de la tierra que jamás se equivoca, ni jamás se excede, ni jamás se desborda, por tanto no existe criatura mejor para ejercer el poder en una sociedad. La mujer –según esta lógica– es garantía de justicia, mientras que el hombre es sinónimo de injusticia.

La agenda hembrista, hoy por hoy, tiene nueve objetivos claros, porque son los más superficiales, ya que han sido los más promocionados (no hay que olvidar que, como toda buena sinarquía, el hembrismo trabaja sin poner en evidencia los motivos profundos de sus acciones, los cuales, pese a todo, no dejan de ser evidentes para cualquiera cuyo cerebro no sea una masa babeante): (1) instrumentar la nefasta Ley 26.485 y poner en marcha el irracional Plan Nacional que allí se establece, (2) recopilar estadísticas oficiales sobre violencia hacia las mujeres para convertir a ese asunto en una cuestión de Estado, (3) crear juzgados especiales en todas las provincias para tratar exclusivamente casos de violencia doméstica, (4) hostigar a través del monitoreo permanente a todos los hombres acusados de haber ofendido o atacado a una mujer, (5) ampliar la asesoría gratuita para las mujeres que denuncian la violencia en sus hogares, (6) eliminar a todos los funcionarios judiciales que osen no beneficiar automáticamente a toda mujer que llega a un juzgado denunciando haber sido víctima de algún tipo de violencia, (7) crear hogares para acoger a las víctimas de la violencia doméstica que estén controlados y superpoblados por un equipo “interdisciplinario de especialistas”, (8) adoctrinar de modo forzoso en la anti-masculinidad a todo empleado estatal (policías, jueces, maestros, etc.), y, por supuesto, (9) facilitar la colonización hembrista de todo el sistema educativo.

La Ley 26.485 no es más que un delirio sólo practicable si se quiere vivir en el más perverso de los mundos posibles (un artículo, por ejemplo, estipula que la mujer no necesita probar que ha sido víctima de la violencia doméstica para que un juez falle a su favor, lo que significa que con sólo hacer una denuncia, sea real o ficticia, el hombre acusado ya es culpable de lo que se le imputa y debe pagar por ello). Pedir estadísticas en un país en donde no hay un solo papel propiedad del gobierno en el que se reflejen correctamente los datos objetivos de la realidad es también un delirio. Lo de modificar al poder judicial para acelerar los castigos no deja de ser, en realidad, un pedido de ampliación del aparato burocrático argentino, que sólo sirve para alimentar generosamente a quienes allí trabajan y para casi nada más. Los refugios llenos de psicólogas, médicas, abogadas, trabajadoras sociales y demás empleadillas públicas son ridículamente inútiles desde el momento en que un solo cura puede hacer el mismo trabajo y de un modo más humano y efectivo.

Educación para no morir

Todo lo hasta aquí señalado está directamente vinculado a una cuestión monetaria. En efecto, todo eso que las hembristas señalan como urgente en su agenda requiere de dinero para funcionar. Y el dinero requerido tiene el detalle de no ser poco. ¿Cómo una mujer refugiada podrá dormir en una cama prestada si no tiene una almohada que valga mil pesos? El Estado, o, mejor dicho, nosotros tenemos que donar nuestro dinero que tanto nos cuesta conseguir para que las víctimas de sus parejas (y toda la galaxia parasitaria que lucra a partir de ellas) se de la buena vida para compensar el mal sufrido.   

Que no se entienda mal: yo no estoy culpando a la víctima por haber hecho una mala elección, estoy tratando de señalar que hay muchos –demasiados– que quieren hacerse ricos con esa situación. El hembrismo no es más que un movimiento internacionalizado que se basa en la idea de que mientras existan las víctimas, existirá una fuente de ingresos que les permita sobrevivir orondamente sin tener que aportarle nada útil a la sociedad. Es por ello que crearon un discurso en donde la mujer SIEMPRE es víctima. Y es por ello también que apuestan tanto por desplegar un sistema punitivo que refleje sus posiciones y rechazan de plano todo intento por perfeccionar la prevención de la violencia doméstica.

Un pilar del hembrismo es la necesidad de adoctrinar en sus puntos de vista a todos los hombres, ya sean niños, jóvenes, adultos o ancianos. De allí que donde haya una hembrista hay una mujer ansiosa por realizar un taller de “pensamiento anti-patriarcal” o de “prevención del bullying” o de alguna fruslería por el estilo. Su razonamiento es perversamente adecuado a sus fines: si se educa a una persona de modo completamente equivocado, esa persona seguirá cometiendo errores, por lo que la presencia del hembrismo será siempre necesario.

Para reducir la violencia en un hombre lo único que debe hacerse es enseñarle a ser hombre. Es decir, en lugar de un “taller de antipatriarcalidad”, el niño debe participar de un taller de patriarcalidad. El verdadero hombre, el verdadero macho, el verdadero patriarca, tiene incorporado como un código inviolable la idea de que no puede golpear a una mujer. Sólo los falsos hombres, los falsos machos y los falsos patriarcas agreden físicamente a su contraparte femenina. Si se restituye la virilidad en los hombres argentinos (en lugar de buscar castrársela como sucede ahora), las mujeres estarán a salvo, lo femenino, ya devastado por tanto hembrismo, renacerá como la flor que es.  


Antonella Díaz

jueves, 12 de febrero de 2015

Misterios terroristas sin resolver

El Caso Nisman evidenció dos cosas: que el gobierno argentino está desesperado para garantizar su impunidad y que el terrorismo islámico ya ha penetrado lo suficiente en nuestro país como para convertirse en una amenaza.

Un poco de memoria

Para entender lo de Nisman hay que partir desde el principio: fueron los israelitas los que hicieron el atentado en contra de la AMIA. Adrián Salbuchi, entre muchos otros, lo ha probado. No hubo coche bomba (los explosivos se detonaron en el interior del edificio). Lo que si hubo fue una voluntad enorme de encubrir a los verdaderos culpables, y por ello se multiplicaron las pistas falsas que, como era de esperarse, no llevaron a ningún lugar.

En el año 2004 los sionistas negociaron con el Presidente Néstor Kirchner: le darían su apoyo si, a cambio, permitía que un fiscal propuesto por ellos se hiciera cargo de la Causa AMIA (en esa época había un clima de venganza en contra del menemismo, y los sionistas temían que la ola revisionista se los llevase consigo). Así apareció Alberto Nisman, quien, a partir de 2006, decidió procesar a un grupo de iraníes tras acusarlos de haber realizado el atentado. Algunos de esos hombres eran integrantes del gobierno de Mahmoud Ahmadinejad, un líder iraní hostil a Israel y sus aliados. Evidentemente lo que el Fiscal quería hacer era elaborar otra pista falsa que, de paso, sirviera para beneficiar a Israel en sus luchas internacionales de poder.

En 2013, cuando se firmó el Memorándum de Entendimiento Argentino-Iraní, los sionistas reaccionaron con preocupación por ello. Desesperados por paliar la crisis energética, los kirchneristas optaron por negociar su antisionismo a cambio de petróleo. Hasta Beatriz Rojkés de Alperovich tuvo que salpicar de sucio oro al Tanaj y votar a favor de los iraníes, pese a que los sionistas le exigían que no lo hiciese. Al final toda la operación quedó truncada porque se procedió por otros medios para bloquear a Irán, pero ello no evitó que el sionismo identificase a Cristina Kirchner como una enemiga y comenzase una campaña para presionarla y castigarla.

Así Nisman, alentado por fondos buitres y otros enemigos del gobierno, comenzó a preparar la venganza sionista en contra de Kirchner, y aquel que alguna vez fuese un aliado de ellos devino un enemigo letal. La muerte del Fiscal, entonces, resultó ser una maniobra torpe para evitar el escándalo o una jugada perversa para generar presión.

La interna K

El discurso del oficialismo acerca de la muerte de Nisman es patético y poco serio. Falta que digan que al Fiscal lo mató Héctor Magnetto –quien para la ocasión se habría puesto un bigote falso, se habría hecho pasar por un asistente del funcionario judicial, y le habría acercado una pistola en lugar de un secador de pelo–, o falta que digan que Nisman se disparó a sí mismo mientras imitaba frente al espejo al personaje que interpreta Robert De Niro en la película Taxi Driver –ese que dice “¿me hablás a mi?” mientras manipula una pistola. Para mí, en cambio, es obvio que los kirchneristas mataron a Nisman, lo que hay que averiguar es cual facción de la interna K es la responsable.

Elisa Carrió sugiere que fue César Milani el que montó la operación para asesinar a Nisman. Eso convertiría, a primera vista, a la Presidente y su entorno más cercano en los autores intelectuales del crimen.

Sin embargo también podría ser el caso que Milani esté trabajando para otro grupo, pues, al fin y al cabo, el General ascendió dentro de la estructura kirchnerista gracias a sus vínculos con Horacio Verbitsky y Nilda Garré, personajes hoy en día distanciados del núcleo cristinista. Es decir, Milani, en representación de los organismos de Derechos Humanos más radicalizados (el CELS, las Madres de Plaza de Mayo, los montoneros agazapados en la Secretaría de DDHH, etc.), bien pudo haber organizado el asesinato de Nisman para generar conmoción y presionar a la Presidente. ¿O acaso ellos no son de los que más van a perder una vez que el actual gobierno de paso al próximo? En diciembre pasado Sergio Massa y Mauricio Macri anunciaron que, con ellos en el poder, se les acababa el curro a los dedehachehachistas. Y, dado que los dedehachehachistas no pueden pasarse al sector privado porque lo que ellos venden sólo lo puede comprar el Estado, no es descabellado pensar que podrían estar detrás de la muerte de Nisman: le tiraron un cadáver a la Presidente para que los tome en serio. Sería algo así como terrorismo de Estado.    

Ya están entre nosotros

El otro grupo kirchnerista capaz de asesinar a Nisman son los embajadores del fundamentalismo islámico en la Argentina, es decir Luís D’Elia y los otros chavistas. Las escuchas que se publicaron dejaron más que claro que el gordito bardero que cada tanto se propasa verbalmente en Twitter es, en realidad, un sujeto de lo más peligroso para la sociedad argentina.

Hay muchos que perciben con cierta simpatía a D’Elia, pues es uno de los pocos miembros de la fauna política nacional que se atreve a decir la verdad acerca de Israel. Sin embargo lo hace utilizando un discurso orientalista y no uno occidentalista. Traducido: es peor el remedio que la enfermedad.

Quisiera recordar tres episodios recientes que recibieron escasa difusión:

(1) En abril de 2011 la policía detuvo a un aparente argelino en Villa Jardín de Reyes, una ciudad jujeña cercana a la capital provincial. Al momento de la captura, el hombre estaba en posesión de un arsenal en su casa, que incluía explosivos plásticos y armas de guerra. Los uniformados llegaron hasta allí por una casualidad: los vecinos denunciaron que el hombre estaba maltratando a su esposa argentina, y por ello llamaron a la policía. Nunca quedó claro si el sujeto era un yihadista salafista vinculado a Al Qaeda o si era un yihadista chíita más próximo a los iraníes, lo cierto es que el tema –que debió haber sido un escándalo nacional y apenas fue recogido por la prensa de Buenos Aires– fue sepultado por la Justicia, y no se supo cual fue el destino de ese siniestro personaje.

(2) Unos meses después, en noviembre de 2011, un grupo de matacos hizo explotar en el noreste de Salta a una cisterna que contenía 6.000 litros de gasoil y que pertenecía al empresario Franco Brunetti. Para ejecutar el atentado habrían usado gelamón, un explosivo plástico usado con frecuencia en la demolición de edificios y la minería por su alta capacidad para destrozar rocas. En el arsenal confiscado en Jujuy habían varios cartuchos de gelamón.

(3) A fines de septiembre de 2012 explotaron ocho bancos de cemento en la Plaza Independencia de San Miguel de Tucumán, a unos 50 metros de la Casa de Gobierno. Mucha de la gente que estuvo en el lugar percibió un olor a amoníaco, o sea gelamón. Los peritos tucumanos dijeron que se trataba de gas butano que se había calentado, generando por ello la explosión. Sin embargo otros expertos en explosivos cuestionaron esa hipótesis, ya que difícilmente habría el suficiente gas butano como para hacer volar por los aires a ocho bancos de cemento al mismo tiempo. Alperovich guardó un silencio absoluto sobre el tema.

Los tres episodios que referí nunca fueron debidamente aclarados. Se habló en su momento de la presencia de Quebracho, agrupación que tendría vínculos con el argelino detenido, con los indios salteños y con la persona que habría colocado el artefacto explosivo en la capital tucumana, empero ese dato no terminó de confirmarse. Quebracho no es liderado por D’Elia, pero si es parte del conglomerado de organizaciones influenciadas por los iraníes y otros extremistas islámicos.

Por un nuevo proceso de reorganización nacional

A estas alturas es evidente que nadie está seguro en la Argentina: el que está en la disputa por el poder está inmerso en una red de podredumbre donde no faltan las explosiones y los asesinatos, y el que vive su vida alejado de ello corre un enorme riesgo de ser víctima de los muchos delincuentes comunes que habitan en el país.

Lo que la Argentina necesita, por tanto, es establecer una Doctrina de Seguridad Nacional que detenga la penetración terrorista a nuestro país y controle la violencia que la delincuencia genera día a día en las calles. Y junto con ello quizás sería bueno también que se creen comisiones especiales para investigar el pasado reciente y poner al descubierto el costado sucio de la Democracia 83. Vale decir lo que nos merecemos los argentinos es un proceso de reorganización nacional que saque de circulación para siempre a cada corrupto que se enriqueció de modo ilícito, a cada tirano que permitió que frente a sus ojos se delinquiese impunemente, a cada miserable que prostituyó sus ideales, y le permita a cada familia del país recuperar la tranquilidad en su cotidianeidad, o sea los argentinos nos merecemos de una vez por todas ver que se vayan todos.  


Francisco Vergalito 

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Nuestros nuevos amos

La patria subsidiada

En Perú existe la controversia histórica sobre cómo fue la homosexualidad en la época de los Incas. Básicamente hay dos grupos de historiadores: los que sostienen que los Incas repudiaron, persiguieron y castigaron a la abominación sodomita, y los que afirman que, por el contrario, durante aquellos años existió cierta tolerancia hacia lo antinatural que normalizó a la homosexualidad, especialmente en las áreas alejadas a Cuzco.  

Los neoindigenistas, curiosamente, apoyan casi unánimemente a la segunda postura. Entre estos personajes se encuentra la jujeña Milagro Sala, lideresa de la infame Organización Barrial Tupac Amaru y actual Diputada Provincial. Para ella la bandera del arco iris de los aberrosexuales y la bandera del arco iris de los indios son idénticas. Por ese motivo este año Sala organizó en Jujuy un Encuentro Nacional del elegebetismo, que culminó con un grotesco desfile de invertidos que parodiaba a la Fiesta Nacional de los Estudiantes con sus carros alegóricos y sus mil “reinas de belleza”.

La Marcha del Orgullo Gay estuvo dedicada en esta ocasión a Jorge Chambi, un travestido que desde hacía unos años había conseguido que en su documento figure el nombre de “Ailén”. Chambi era algo así como el cacique de los travestis jujeños, que cobraba un sueldo por trabajar en el Inadi y por andar por la vida presionando a instituciones públicas (el Registro Civil de Jujuy, la UNJU, etc.) para que lo dejaran de tratar como hombre y lo empezaran a tratar como mujer. Pero parece que el depilado se olvidó de lo básico: nunca hizo el trámite para cambiar de nombre en el registro que llevaba la funeraria a la cual era adherente. Por ello, en el pasado mes octubre, cuando este travestido de 42 años murió en su casa en vaya uno a saber qué circunstancias, la empresa de sepelios le señaló a la familia Chambi que quien había contratado el servicio era Jorge y no Ailén, por lo que ellos se negaban a brindarle las prestaciones acordadas. Esa precaución empresarial para evitar fraudes fue considerada un acto de discriminación, y no sólo hubo una denuncia judicial sino también un escrache social. Parece que evitar los desquicios que genera la libre y legal falsificación de documentos públicos con aval del Estado es un crimen en nuestro país.

Si Chambi hubiese sobrevivido, hubiese podido hacerse acreedor del bochornoso subsidio destinado a compensar generosamente a travestidos mayores de 40 por la supuesta discriminación que sufrieron a lo largo de su vida. (En rigor de la verdad esta aberración promovida por Diana Conti en el Congreso de la Nación no ha sido oficialmente sancionada aún, ¿pero cuánto falta para que suceda?)

Esteban Paulón, uno de los elegebetistas más influyentes del país, trató de rebatir las razones para oponerse al subsidio para travestidos. Así, de los creadores de “no importa si los desaparecidos son treinta mil, ocho mil o cualquier otro número porque que haya uno sólo en esa condición es una aberración”, llega el “los travestis mayores de 40 son sólo un puñado que es casi imposible avistarlos, por lo que la cantidad aquí si importa”. El reducido número de hombres maduros fingiendo ser mujeres se debe, según Paulón, a que su expectativa de vida es de 40 años. Semejante dato suena a mito urbano: a simple vista pareciera ser que es tanta la marginación que padecen estos hombres, que la falta de alimentos y las enfermedades se los llevan en la flor de la vida; sin embargo lo cierto es que muchos travestis mueren jóvenes a causa de la violencia criminal en la que participan (es incontable la cantidad de casos de estos sujetos vinculados a la industria de las drogas), a otros los consumen las adicciones, en tanto que un buen número de ellos simplemente abandona el travestismo al cumplir los 40, conscientes de que un hombre que ingresa en la andropausia se ve doblemente ridículo vestido de mujer.

Otra cosa que sostiene Paulón es que la homosexualidad no se elige: las personas nacen homosexuales. Esto es todo una revelación, ya que los elegebetistas se niegan sistemáticamente a explicar el origen y la causa del gusto por la sodomía. La homosexualidad, para Paulón, sería igual que la diabetes o la calvicie, cosas que se producen en el cuerpo sin que uno las desee. La diferencia es que mientras a la diabetes y a la calvicie se les está intentando encontrar una cura científica, nadie hace lo mismo con respecto a la homosexualidad.

Algo adicional que se deriva de la idea de que la homosexualidad no se elige es que, de ser cierta esta mirada, es evidente que el gobierno estaría privilegiando a gente por ser quienes son y no por haber hecho algo por el país. Que se le den privilegios a un veterano de la Guerra de Malvinas de 1982 o de las Guerras contra la Subversión de la década de 1970 no me parece escandaloso, puesto que se trata de gente que puso en riesgo su vida para la grandeza de la patria y la tranquilidad de la población argentina. Pero que se le de dinero a alguien sólo porque nació homosexual es lo mismo a que se le de dinero a alguien porque nació obeso, delgado, rubio, etc., es decir es un subsidio por existir, el único requisito sería el no haberse suicidado. Si esa es la idea, que los elegebetistas cabildeen a favor de una renta básica universal y dejen de buscar el promover a los suyos en detrimento de los demás. Pero, claro, ella no es su idea: estos sujetos lo único que pretenden es vivir como minoría a expensas de la mayoría, porque no quieren ser la mayoría, sólo quieren usufructuar sus beneficios de un modo gratuito; si ello no sucede es porque, para su interpretación de las cosas, la mayoría constituye una masa malvada, opresora y pestilente que debe ser salvada de sí misma.

Paulón, como buen mentecato que es, niega que los subsidios selectivos sean una promoción de la vagancia y una escandalosa recompensa a alguien que no ha aportado nada útil para su sociedad. Y, por supuesto, se enfada con la idea de que cualquier mayor de 40 se ponga una peluca y se anote para cobrar el subsidio, idea, por cierto, que ellos mismos alentaron a través del diseño de la catastrófica Ley de Identidad de Género (la misma que le causó problemas al finado Chambi y a tantos otros en situaciones similares).

Para rematar Paulón afirma que quienes más se quejan del posible subsidio a travestis son la gente perteneciente al sector socioeconómico ABC1. Le atribuye esa posición al odio conservador de esas gentes a todo lo que sea “inclusivo”, olvidando el hecho de que esas personas producen riqueza, por lo que no suelen estar muy contentas con que un Estado cada día más totalitario se las extraiga y se las entregue a alguien a quien le encanta “trabajar” acostado. 

El broche de oro de Paulón es su crítica a la religión, aunque más precisamente embiste en contra del catolicismo. Este aberrosexual acusa al Estado argentino de financiar a la Iglesia Católica, cosa que considera intolerable. Empero este sujeto omite decir que el mismo Estado subsidia generosamente a los elegebetistas (la FALGBT, la ONG que encabeza, recibe dinero del gobierno nacional y de varios gobiernos provinciales). Con la misma lógica de Paulón, yo podría decir que nadie debe entregarle un centavo a los homosexuales. ¿Por qué? Porque no me agradan. De todos modos, más allá de los gustos personales que Paulón o yo podamos tener, la principal diferencia entre católicos y aberrosexuales es que los primeros buscan incluir a todos, en tanto que los otros quieren ser un club de privilegiados. Esa discrepancia es clave: los católicos buscan que todo el mundo sea católico para alcanzar la igualdad sustentada en la Verdad y el Amor, mientras que los elegebetistas sólo quieren que todos los admiremos como seres superiores por el hecho de que ellos se dedican a usar el recto de un modo equivocado.    

Mentirle a los jóvenes

Esteban Paulón, más allá de su penosa defensa del “Plan TraVajar” o “Pro.Cre.Tra.Vas”, es, como sugerí, un militante elegebetista muy activo. Paulón es, de hecho, tan apasionado que suele caer en las arbitrariedades más absolutas y en los fanatismos más peligrosos.

Un ejemplo: a principios de noviembre de este año, Paulón hizo circular por Twitter una fotografía de un manual de educación sexual católico con el que se trabaja en el Colegio del Salvador, institución escolar parroquial ubicada en el municipio de Yerba Buena, provincia de Tucumán. En la página capturada por Paulón se lee que, según el autor del manual, es preciso repudiar a los matrimonios entre homosexuales por ser ilegítimos (ya que, como es sabido, el matrimonio es una unión entre hombres y mujeres solamente).

El librito no miente: el matrimonio entre homosexuales puede ser legal en nuestro país, pero eso no significa que sea legítimo. La legitimidad es un acto social, que depende de la coherencia del pueblo no de los caprichos de los gobernantes. Una ley puede permitir o prohibir cualquier cosa, pero eso no la convierte en deseable para la sociedad.

De más está decir que, en este caso, la brigada tucumana del Inadi defenestró al colegio y le exigió a sus autoridades que le permitieran penetrar en sus aulas para salvar las mentes de los jóvenes del “lavado de cerebro católico” al que algún docente irresponsable, prejuicioso y gorila los estaba sometiendo. Y la acción del Inadi es completamente entendible: después de que se le abrió la puerta al matrimonio entre homosexuales, se le abrió la puerta a la educación gay, al arte gay, a la economía gay, a la política gay, etc. Cuando muchos argentinos decían en 2010 que les daba lo mismo que un homosexual se case con otro ya que cada uno “tiene derecho de hacer con su culo un florero” no se percataban de que al legalizar públicamente algo que sucede en privado estaban llevando la degeneración de las alcobas directo a la lucha por el poder. Los hombres y las mujeres mentalmente sanos de esta generación que simplemente no hicieron nada por combatir la avanzada elegebetista, son culpables de haber permitido que la mentira ingrese y se cuele en las escuelas. Por ello que un manual diga la verdad de un modo tan contundente en Tucumán es motivo de escándalo para el presidente de la FALGBT en Buenos Aires.  

El ómnibus de la vida fácil

Otra manifestación reciente de impostura y prepotencia elegebetista tuvo como escenario Salta. Durante una entrevista radial, el empresario Juan Collado, candidato a gobernador de esa provincia por el PRO, protagonizó un furcio al responder sobre transporte público a la pregunta “¿qué propuesta tiene para el Colectivo LGBT de Salta?” Cabía la posibilidad de que Collado fuese un genio de la ironía, pero, de entrada, todo indicaba que el episodio se trató de un mero error. Ello lo confirmó el propio candidato a la gobernación, pero aún así no pudo evitar que los elegebetistas de la provincia manifestaran su furia contra él: Rodrigo “Victoria” Liendro, un funcionario municipal salteño, lo mandó a “desburrarse”, y Antonio Soria, presidente de la rama local del Partido Socialista, le exigió a Collado que ofrezca una disculpa pública por “ningunear” la “lucha” de estos degenerados.

Es obvio que los aberrosexuales han llegado demasiado lejos cuando una situación cómica se convierte en un intento de linchamiento. “Con la homosexualidad no se jode”. Es una cuestión sagrada. Está solemnización de la práctica de introducir cosas por los orificios diseñados para expulsarlas demuestra cuan serio es el asunto: siempre se pagan las consecuencias de burlarse de un tirano.

Lo que confundió a Collado es que en Salta el viaje en ómnibus es gratuito para estudiantes y jubilados. Por ello creyó que le hablaban del colectivo gratis, y no de la comunidad LGBT. De todos modos en Catamarca sucedió algo curiosamente relacionado a colectivos y aberrosexuales: la Legislatura local sancionó una ley para que todos los enfermos de sida en la provincia puedan viajar gratis en los ómnibus urbanos.

El sida es un elemento esencial de la agenda elegebetista, ya que siguen siendo los hombres homosexuales quienes más padecen de esta enfermedad. ¿Acaso hay pases libres de colectivo para diabéticos o calvos? No, porque ello sería estigmatizador para alguien que, en definitiva, no padece de algo que lo haga muy diferente del resto de las personas. Con el sida, según el discurso mismo de los elegebetistas, debería ser igual. Sin embargo no lo es: ser un sidoso en Catamarca lo convierte a uno en un privilegiado y no en un igual.

Y todo esto es un producto de la perversa esquizofrenia que cultivan en este país nuestros elegebetistas: quieren ser diferentes para gozar de toda clase de privilegios, y, al mismo tiempo, quieren ser iguales para transmitirles al ortosexual una sensación de culpabilidad que les garantice el gozo de esos beneficios completamente inmerecidos. Juegan un doble juego (como ese de traicionar a la naturaleza e intentar naturalizar esa traición) y nos obligan a ser parte de él.



Francisco Vergalito

miércoles, 1 de octubre de 2014

La conexión cubana

¿Acaso no es extraño que la hija de Ernesto “Che” Guevara visite a la provincia de Jujuy en representación del gobierno cubano y se reúna con dirigentes de la Tupac Amaru y de la Unión Cívica Radical? ¿Cómo es posible que en la Argentina –un país que ha convertido a los derechos humanos en su ideología de Estado– se permita que Cuba –un país condenado por la reiterada violación de los derechos humanos– opere en el campo social local sin restricciones ni controles de ningún tipo? ¿Qué hay detrás del desembarco cubano en Suramérica?

La Cuba Nostra

Es sabido que Cuba fue el primer narco-Estado de Hispanoamérica. Cuando Fidel Castro logró controlar a la isla en 1959, encontró que el país no sólo funcionaba como un polo turístico para los EEUU, sino que también era un paraíso fiscal en el cual se lavaba dinero. El tráfico de drogas era otra pieza clave en el funcionamiento de la economía de la isla, ya que la mafia norteamericana usaba a Cuba –junto con México– como plataforma para ingresar al continente a las drogas provenientes de Asia. ¿Acaso Castro desarticuló esa estructura paraestatal? No exactamente: si bien al principio persiguió a algunos banqueros y traficantes, en realidad sólo lo hizo para apropiarse de sus negocios turbios y controlarlos bajo supervisión secreta del Estado.

A partir de la década de 1960 el foquismo promovido por Cuba comenzó a multiplicarse en América y, con menor suerte, en otros continentes. A la teoría guevarista del foquismo siempre se la juzgó como absurda, puesto que no es un secreto que el triunfo del Movimiento 26 de Julio ante Fulgencio Batista se logró gracias a que los hombres que rodeaban al dictador decidieron pactar con Castro y permitirle que asuma el poder en Cuba. La idea de un grupo de mercenarios derrotando por sus propios medios a todo un ejército profesional es sólo una ficción; en la práctica, el ascenso de Castro se produjo como resultado de una red de complicidades entre grupos e individuos que ya ostentaban el poder en la isla caribeña.

La fachada era perfecta: en nombre de la igualdad y de la justicia social, un grupo de hombres armados se levantaba en armas contra los poderes legítimos; pero en realidad sólo se apuntaba a lograr el control territorial, ya que, para la mente izquierdista, eso (vale decir amenazar a toda una población) era preferible a tener que tolerar la triste realidad que los presentaba como una fuerza política no sólo ajena sino que también contraria a la mentalidad popular.

Colombia fue el mejor ejemplo del foquismo. En 1964 se formaron las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC), las cuales operaron, durante sus quince primeros años, con la intención de poner a grandes porciones de territorio colombiano bajo su dominio. Las primeras acciones terroristas tuvieron como objetivo la extorsión y el secuestro de productores rurales, pero pronto comenzaron a presionar a los narcotraficantes para cobrarles un “impuesto” por sus actividades. Las FARC no tardaron demasiado en sentarse a negociar con los cárteles de droga para convertirse en su guardia armada; la única condición para realizar ello era la de recibir parte de sus ganancias. Los cárteles, sin embargo, impusieron otra propuesta: ellos colaborarían con la guerrilla siempre y cuando les permitiesen blanquear dinero utilizando el sistema bancario del Bloque Comunista. Se puso en marcha así la denominada “Operación Viviana”, la cual consistía en introducir a los EEUU cocaína producida en Colombia a través de Cuba, y lavar después el dinero obtenido a través de una serie de operaciones bancarias que transferían dinero desde la isla a Europa del Este, y luego a paraísos fiscales avalados por Occidente. La práctica fue exitosa, puesto que los cubanos habían estado colaborando con narcotraficantes norteamericanos desde hacía décadas, y, a causa de ello, contaban con el saber técnico necesario para transportar droga clandestinamente de Cuba a Florida.

De todos modos en 1989 el gobierno norteamericano planeó un megaoperativo para poner al descubierto a las actividades ilícitas de Cuba, pero a último momento Fidel Castro se hizo cargo de la situación, fingiendo no haber estado enterado de nada de lo que sucedía en un país caracterizado por la presencia de aparatos de inteligencia que permanentemente violentan la vida privada de las personas. Así Antonio de la Guardia y Arnaldo Ochoa, dos hombres de mucha importancia en el gobierno y en las Fuerzas Armadas cubanas, fueron acusados de haber organizado la Operación Viviana y terminaron siendo fusilados. Junto con esos hombres, otro nutrido grupo de gente importante de la isla fue desterrada, encarcelada y, en el peor de los casos, ejecutada por favorecer el narcotráfico.

Con la desaparición de la civilización comunista, Cuba optó por abrir sus fronteras al turismo. Gracias a esa industria, organizaciones terroristas como las FARC y muchas otras bandas criminales similares pueden seguir empleando a la isla para el lavado de dinero, ya que los viajeros que visitan la tierra de Fidel Castro transfieren activos a un país que permanece bloqueado comercialmente por EEUU desde hace más de cincuenta años.

¿Una pantalla?

Esta semana el diario Granma, órgano oficial de difusión del Partido Comunista de Cuba, informó que la ciudad de San Salvador de Jujuy será declarada “libre de analfabetismo” el próximo año. Ello se logrará una vez que concluyan las tareas alfabetizadoras organizadas por el programa “Yo si puedo”. ¿Qué se supone que es esto? Veámoslo.

En 2003 el Presidente Néstor Kirchner autorizó la implementación en Argentina del programa “Yo si puedo”, un invento de unos pedagogos cubanos destinado a enseñar a leer a gente que, en edad adulta, no sabe como hacerlo. El programa es tremendamente elemental: consiste en sentar a una persona analfabeta con otra letrada para que ésta última –en algo así como un mínimo de dos meses– le enseñe a leer a la primera revisando letra por letra del alfabeto latino hasta alcanzar a descifrar párrafos completos. Con eso, los cubanos suponen que pueden “erradicar al analfabetismo”. El intelectual público boliviano Manfredo Kempf Suárez, criticando al “Yo si puedo” en su país, señaló que nadie se puede jactar de estar liberado del analfabetismo por poder leer “Amo a Evo” o “Evo me ama”, pues pareciera una burla que se confunda el concepto de “población alfabetizada” con el de “adquisición de competencias lectoras elementales”.

A partir de 2004 los cubanos se instalaron en el país con la intención de poner en marcha el “Yo si puedo”. Uno de los primeros escenarios escogidos para ello fue la provincia de Jujuy (en la actualidad el programa alfabetizador cubano se desarrolla no sólo en numerosas provincias argentinas, sino también en muchos otros países del mundo).

Como por aquella época el país atravesaba una crisis socioeconómica –para 2004 los clubes de trueque, por ejemplo, no habían terminado de extinguirse–, el gobierno autorizó también la implementación del programa “Operación Milagro”, mediante el cual oftalmólogos cubanos utilizan a pacientes argentinos para practicar cirugías con el fin de curar las cataratas y el pterigium.

Para hacer funcionar al “Yo si puedo” y a la “Operación Milagro”, el gobierno cubano ha estado girando fondos a nuestro país. Los comunistas dicen estar persiguiendo fines humanitarios. Gracias a ello han adquirido una importante cantidad de bienes inmuebles (en la ciudad de Córdoba hasta construyeron su propia clínica oftalmológica) y han ingresado al país una buena cantidad de divisas con la excusa de que deben abonar los viáticos de los voluntarios que trabajan en los diversos programas.

Cuba es uno de los países más pobres del continente, ¿y tienen el tupé de gastar en la Argentina? Evidentemente hay algo que no cierra.

La partidocracia argentina aliada a la dictadura cubana

Quienes sirvieron de enganche político de los cubanos en Jujuy en el 2004 fueron los miembros de la ONG Juanita Moro. Esta ONG nació a fines de la década de 1980 como una iniciativa de gente de Franja Morada que era cercana a lo que había sido la nefasta Coordinadora. En la actualidad la Juanita Moro está comandada por Cristina Romano, una Diputada Provincial por la UCR (antes de eso fue una de las famosas “radicales K”). Junto con ella está Carmen Peña, actual Concejal ucerista en San Salvador de Jujuy. Estas mujeres de la UCR le han acercado a Raúl Jorge, el Intendente de la capital de Jujuy, la propuesta de que les abra las puertas de la ciudad al “Yo si puedo”, tal y como lo anunció Granma.

Por otro lado los cubanos cuentan con el apoyo y la colaboración de la Tupac Amaru. Durante la visita a la provincia de la hija de Ernesto Guevara, Milagro Sala, la lideresa de la ONG, confesó que en 1997 estuvo seis meses viviendo en Cuba. ¿Qué fue a hacer Sala a Cuba? ¿Estuvo recibiendo adoctrinamiento? ¿Estuvo estudiando medicina como hacen muchos argentinos? ¿Estuvo trabajando de jinetera? No está claro.

Lo que si está claro es que la vinculación de un régimen cruento y dictatorial con políticos argentinos de la oposición y el oficialismo es una preocupante señal de lo perversa que es la partidocracia nacional.  



Francisco Vergalito