El dique es un escape para los salteños, una salida momentánea de la
vida cotidiana, un lugar que se visita para encarar con más fuerzas la
semana. Miles de familias lo visitan y ya son muchos los que llevan a
sus hijos, como alguna vez los llevaron a ellos sus padres. Pero esa
magia está amenazada. Las mismas manos que levantaron ese paraíso ahora
se empeñan silenciosamente en llenarlo de basura. El hombre es el único
ser que puede hacer cosas hermosas, amarlas y aún así destruirlas. Eso
es lo que le está pasando al Cabra Corral desde 1973. Los creadores de
la Presa General Belgrano calcularon que duraría 100 años antes de
cubrirse de sedimentos. Antes puede llegar a ser un inmenso basural.
Todos los días, en el puerto de la División de la Policía Lacustre
del dique tienen que limpiar los deshechos que arrastra la corriente.
“Depende del viento y la correntada, pero constantemente estamos
limpiando el puerto de residuos para que esté presentable. Hasta la
costa llega de todo, principalmente plásticos”, dijo el comisario
Bautista Díaz, encargado del organismo que depende del departamento de
Bomberos. Desde el municipio recogen la basura de los sitios más
populares los martes y sábados. Según los vecinos y comerciantes
“limpian solo el camping, pero la costa es muy grande y la gente es
sucia”.
Como había adelantado El Tribuno en publicaciones
anteriores, la mayor fuente de contaminación llega serpenteando
cristalina desde cientos de kilómetros y en el contacto con las márgenes
de los centros urbanos se transforma en una verdadera cloaca. Se trata
de los ríos Arenales y Guachipas, que desembocan sucios en el dique y lo
van llenando de basura.
Los ríos no son los únicos responsables. Para los pescadores y
amantes de la farra, “el Cabra” es la propuesta siempre impostergable. A
la emoción de los preparativos se le suma el rápido escape, con su pico
de esplendor en la ruta, donde los teléfonos se vuelven obsoletos por
los motivos más variados e improbables. Claro que la llegada al espejo
de agua es casi inigualable, solo comparable con llevar a los amigos “al
mejor lugar del dique”. Estos visitantes asiduos u ocasionales son,
después de los ríos que alimentan el embalse, los grandes productores de
basura del Cabra Corral.
En una de las principales alternativas turísticas hay pocos servicios
y emprendimientos privados. Muchas familias no encuentran lugar donde
hospedarse en esta época del año. El principal camping está desbordado
los fines de semana. Los baños públicos están saturados y hay dos pozos
ciegos abiertos que liberan un olor cloacal que desentona con el
paisaje.
“El turismo local es muy sucio. Tira todo al agua o lo desparrama por
las costas. Los visitantes que llegan de afuera tienen más conciencia y
no ensucian. Además, andan por los circuitos principales y siempre es
más fácil auxiliarlos en alguna eventualidad”, explicó Bautista Díaz.
Otra fuente de contaminación son las embarcaciones. La Policía
Lacustre cuenta con 5 naves para controlar a las 150 registradas, de las
cuales, cerca de 60 son catamaranes. Los sábados y domingos operan
cerca de 50 embarcaciones. Los baños químicos son condición necesaria
para que los catamaranes reciban el “certificado de seguridad”, aunque
muchos no los tienen.
