Javier “El Indio” Aramayo (28), en una extensa conversación con El Tribuno, dijo: “No tengo nada que ver con la desaparición de Marcela.
Ella estuvo en mi casa desde el 14 hasta el 16 de febrero y se fue,
después de las 17, caminando hasta la parada del colectivo 3B, en el
barrio San Remo. Me dijo que iba a volver esa noche para que comamos
unas pizzas pero nunca regresó. Algo en mi interior me dice que esta
viva, pienso que la secuestraron. Dios quiera que aparezca pronto para
que todo esto se aclare”.
En cuanto a las tangas que fueron encontradas en su vivienda,
respondió: “Es verdad, habían varias y una de esas era de Marcela, las
otras pertenecen a unas exnovias que me las dejaron de regalo”.
Por otra parte, contó: “Nos conocimos hace mucho tiempo, fue por
medio de Lorena, una exnovia mía que vive a la vuelta de la casa de
Marcela y eran amigas. Una vez la llevó a mi casa y después me la crucé
en S‘Kombros, le pedí su número de teléfono y comenzamos a mensajearnos. Finalmente, después de tres años de amistad, nos pusimos de novios.
Con su familia la relación era buena hasta que su mamá se enteró de que
soy devoto de San la Muerte y que estuve preso hace seis años por un
supuesto homicidio hacia una exnovia que se llamaba Patricia González,
pero no tuve nada que ver con eso y el juez Esteban Dubois me sobreseyó.
Desde ese día, la señora Carmen me comenzó a tratar mal, no solo me
insultaba a mí sino también a mi familia. Todo esto después de que yo
viví en su casa durante un mes. En una ocasión me dijo que para que
pueda volver a entrar a su casa tenía que dejar a mi santo, cosa que no
voy a hacer nunca. Su familia dice que yo la golpeaba siempre y en
realidad nos pegábamos mutuamente; éramos una pareja normal que tenía
sus encontronazos de vez en cuando, además Marcela tiene un carácter muy
fuerte. Ella me denunció varias veces y había una orden de restricción
que los dos violamos porque ella me buscaba y me pedía que nos
encontremos”.
“Soy devoto de San la Muerte desde los 17
años. Lo conocí cuando desfilaba en el fortín de los Gauchos de Güemes.
Un señor tenía la imagen, una réplica pequeña en el bolsillo y una vez
me la mostró. Admito que la primera vez que la ví me asustó pero a la
vez me dio curiosidad saber de qué se trataba y qué representaba. El
hombre me explicó que la imagen le ayudaba con su trabajo y a proteger
los caballos”, contó Aramayo.
En cuanto a si obligó a Marcela Mamaní a realizar un ritual con la
imagen, respondió: “Yo no la obligué a nada, nunca hicimos un ritual ni
nada de eso, yo tengo una réplica en mi habitación y también la tengo
tatuada el pecho, pero nunca la obligué a creer en eso”.
“Fui a Corrientes, al santuario, que es inmenso, y ahí aprendí todo
lo relacionando al culto a San la Muerte. Yo le pido todos los días que
me dé trabajo y que me proteja. También le pongo plata en el altar y a
fin de mes voy a comprarle velas. Es muy milagroso. Todo lo que le pido
me lo da”, contó.
Finalmente dijo: “Mi creencia en la imagen no tiene nada que ver con
mi relación con Marcela ni nada por el estilo, porque también creo en
San Cayetano, el Gauchito Gil y en el Señor y la Virgen del Milagro,
tengo imágenes de todos ellos en mi casa”.

