Sobre tumbas y
héroes
El 27 de octubre de 2010 fue el día que se escogió para realizar
el último Censo Nacional en nuestro país. Promediando la mañana de aquel
miércoles, comenzó a circular la noticia de que Néstor Kirchner, diputado
nacional por la provincia de Buenos Aires y antiguo presidente de la República , había
fallecido en su estancia en Santa Cruz. Con la desaparición física de este
hombrecillo, Argentina había perdido a su segundo presidente en dos años,
puesto que durante el año anterior había sido Raúl Alfonsín quien había
iniciado el viaje sin retorno. La muerte de ambos presidentes fue oportuna: sus
herederos recibieron una bendición inesperada (la muerte de Alfonsín sirvió
para que la sociedad argentina recordase que el Partido Justicialista no era la
única fuerza política del país, en tanto que la muerte de Kirchner sirvió para
que esa misma sociedad olvidase lo que acaba de recordar).
Ciertamente lo que provocó la canonización de esos hombres
y su ingreso inmediato al panteón cívico nacional fueron las tremendas campañas
comunicacionales, que, de la noche a la mañana, transformaron a esos dos de
guante blanco en héroes poseedores de un corazón de oro que sólo los movía a
buscar el bien y de una lengua de plata que sólo les permitía hablar
honestamente. En 2009 el gobierno, astutamente, trató de extirparle filiación
gregaria a Alfonsín para convertirlo en un ilustre argentino, en un “valiente
demócrata” cuya habilidad para endeudar al país y fertilizarle el terreno al
neocolonialismo debe ser olvidada porque él tuvo el coraje de “frenar” a los
militares. En 2010, en cambio, Kirchner fue coronado como el rey del pueblo que
–con la valija de Antonini Wilson y los cuadros de Videla y Bignone usurpados
del Colegio Militar de la
Nación – se atrevió ya no sólo a defender la democracia sino a
reformularla en beneficio de la humanidad "oprimida". Por tanto en la historia
oficial (escrita, por lo pronto, con tinta kirchnerista) Alfonsín debe figurar
como el defensor de un fuerte, en tanto que sólo a Kirchner le cabe el puesto
de líder de la vanguardia.
El nombre sin
cuerpo
Algo curioso de la muerte de Kirchner fue que el féretro en
el que lo velaron estuvo todo el tiempo con la tapa cerrada. Nadie vio al
presidente convertido en cadáver. A raíz de ello se tejieron todo tipo de
especulaciones sobre lo que realmente había sucedido, es decir hubo mucha gente
que puso en duda el modo en que murió Kirchner (se sugirió que en lugar de un
paro cardíaco su muerte se pareció más a la de Carlos Soria, un Gobernador que,
como Miguel Ragone, fue asesinado en democracia) y hasta no faltaron los que indicaron
que el presidente ni siquiera había fallecido. Todo esto no evitó que, en Santa
Cruz, se construyese un descomunal mausoleo, del cual al principio se sospechó
que se tratase de un templo masónico pero del que ahora se cree que es una gigantesca caja fuerte –nada de ello es extraño en un país como el nuestro,
acostumbrado, después de una década de juicios “por la memoria y la verdad”, a condenar gente por homicidio sin que hayan aparecido los cuerpos que constatan las muertes y le dan algo de sentido a esas sentencias.
Aun con Néstor Kirchner encerrado en el ataúd de Schrödinger, los homenajes a este hombre con mirada estrábica y problemas del
habla se multiplicaron. Fue el modo que el gobierno tuvo de imponer el luto
obligatorio que, debido a los artículos 15 y 16 de la Constitución
Nacional , no se puede imponer legalmente. Así todo tipo de
espacios públicos comenzaron a ser bautizados y rebautizados con el nombre “Néstor Kirchner”.
En medio de esa “revolución renombradora”, el Gobernador de
Jujuy, el impresentable Walter Barrionuevo, no vaciló en anunciar que la nueva
Estación Terminal de Ómnibus de San Salvador de Jujuy iba a llevar el nombre
del polémico político. La idea era que, para el año 2011, la obra estuviese
concretada, y todo aquel que por vía terrestre visitase la provincia para
asistir a los partidos de la Copa América
(como lo hicieron las bacrims colombianas y las maras costarricenses)
desembarcase en un lugar llamado “Néstor Kirchner”, lo que sería algo así como
decirle al mundo que en la puerta de entrada de Jujuy está el sospechado
presidente como guardián y anfitrión de la gente.
La obra, por esas “aventuras” presupuestarias que son tan
comunes en nuestro país, se demoró más de lo previsto, y terminó inaugurándose
recién ahora, en 2014. Mucha gente, harta ya del kirchnerismo, del luto
obligatorio (que ni la Presidente Cristina Fernández cumple), y del culto a la personalidad, se opuso a que el sitio
llevase el nombre del desaparecido, por lo que comenzaron una campaña para rebautizar el sitio, buscando sustituirlo con el nombre de alguna personalidad
local relevante e ilustre. Entre la casta partidocrática vernácula –que incluye
a los uceristas que ganaron las elecciones el año pasado– se impuso el
silencio, con algunas pocas excepciones, como la de la concejal capitalina
Alejandra Mollón de LYDER, quien adhirió a la iniciativa ciudadana que propone
expulsar de Jujuy al viejo Néstor Kirchner.
Canallas al poder
Apenas un par de semanas después de que Jujuy contribuyese
a alimentar el mito de grandeza del kirchnerismo, sus gobernantes produjeron
otro gesto que resulta mucho más sutil y mucho más dañino para afianzar el
legado nefasto de la banda de criminales santacruceños que asaltó el país en
2003. Me refiero, claro, a la canallesca derogación de la ordenanza que convertía a San Salvador de Jujuy en un “Municipio Pro Vida”.
Gracias a la gestión del concejal pejotista Guillermo López Salgado, el Concejo Deliberante de la capital jujeña había demostrado su
capacidad de virtuosismo al promover políticas que buscan bloquear el genocidio
abortista que festeja la muerte de seres humanos indefensos e inocentes como un
triunfo del género femenino y del Progreso Universal. Sin embargo, una vez renovada
la constitución del órgano legislativo, los nuevos concejales votaron a favor
de derogar la norma.
Esta canallada de borrar con el codo lo que fue escrito con
la mano fue celebrada especialmente por los miembros de la nefasta Tupac Amaru,
quienes, al asumir por vez primera sus escaños en el Poder Legislativo,
impulsaron la derogación como una cruzada urgente.
Lo que sucede es que entre sindicalistas e indigenistas, en
la comparsa del frente Unidos y Organizados se agazapan los novordistas que pasaron
sin escalas de las oficinas del parasitario INADI a los órganos de gobierno del
Estado jujeño. Estos personajes infames, desde su cuartel general en Buenos Aires, promovieron el genocidio con la burda excusa de que para que unas
cuantas mujeres (mujeres a las que consideran pobres, tontas y cobardes) puedan
ser salvadas de si mismas, es necesario que se legalice la carnicería humana.
De cualquier modo hay que recordar que la derogación de la prohibición de la masacre en Jujuy no fue obra exclusiva de Unidos y Organizados (quienes celebraron el triunfo con un desfile de hombres vestidos de mujer frente a la Iglesia Catedral). Quien más defendió ante la opinión pública la destrucción de la vida con aval estatal fue Lisandro Aguiar, un concejal perteneciente a la Unión Cívica Radical, el mismo partido al cual pertenece el intendente de San Salvador de Jujuy, el arquitecto Raúl Jorge.
Jorge mantuvo un silencio atroz ante lo que hicieron los concejales uceristas, y todo ello habiendo sido el mismo que decretó que el sector de la ruta 9 que va desde Los Alisos a la Estación Terminal de Ómnibus “Presidente Néstor Carlos Kirchner” se llame “Papa Francisco”.
¿Acaso el título de “arquitecto” que tiene Jorge tiene más de un significado? Posiblemente así sea, pero más allá de eso el problema es que Jorge, como la mayoría de los partidócratas argentinos, es un gran demagogo. Y si no es así, ¿para qué homenajea a un hombre con el que no está de acuerdo ni comparte sus valores? ¿Lo hace porque es la moda? ¿Lo hace porque también él es un canalla?
Jorge mantuvo un silencio atroz ante lo que hicieron los concejales uceristas, y todo ello habiendo sido el mismo que decretó que el sector de la ruta 9 que va desde Los Alisos a la Estación Terminal de Ómnibus “Presidente Néstor Carlos Kirchner” se llame “Papa Francisco”.
¿Acaso el título de “arquitecto” que tiene Jorge tiene más de un significado? Posiblemente así sea, pero más allá de eso el problema es que Jorge, como la mayoría de los partidócratas argentinos, es un gran demagogo. Y si no es así, ¿para qué homenajea a un hombre con el que no está de acuerdo ni comparte sus valores? ¿Lo hace porque es la moda? ¿Lo hace porque también él es un canalla?
Zaín el-Din Caballero