Traigan indios para la foto
Desde que empezaron a
organizarse cacerolazos en la
Argentina , la imagen pública de Cristina Fernández de
Kirchner ha ido tornándose cada vez más negativa. Ello significa que la gente
ha dejado de confiar en ella. Para revertir esta situación, los asesores de la Presidente le
aconsejaron que se muestre más cercana a los débiles, indefensos y/o inocentes,
puesto que el relato kirchnerista sostiene que, mientras desde el gobierno se
trabaja solidariamente para lograr la igualdad entre el carenciado y el
opulento, la gente que participa de los cacerolazos no son más que una banda de
egoístas que se niegan a que se reduzcan las brechas entre ricos y pobres.
De allí que este año se la
vio a la Presidente
mostrando fotos de sus perros, hablando con chicos que padecen el síndrome de Down o reuniéndose con niños. Todas estrategias para humanizarse: el mensaje
que manda es que a ella no le importan quienes se quejan de que sus salarios se
han pauperizado, sino que su tiempo es para todas esas maravillosas criaturas
que para sobrevivir necesitan del amor incondicional de una madre sacrificada.
Para hacer funcionar esa
idea, los asesores de Kirchner no tuvieron mejor idea que la de armar un
montaje en el que un niño de blondos cabellos y rosadas mejillas –que, según se
supo después, es hijo de un camporista– rezongaba en YouTube porque no podía
ver en vivo al hada madrina que aparece siempre en la televisión, sólo para
recibir una invitación de Casa Rosada unos días después y poder así cumplir con
su sueño infantil. Toda esa farsa fue fustigada duramente. En las redes
sociales lo que más se señaló fue que el encantador niñito (al igual que los
otros niños a los que también usaron para armar el encuentro) era un fiel
exponente de la pulcra raza aria, al que se le satisfizo su deseo gracias a que
sus padres se valieron de la tecnología a la que tienen acceso por los ingresos
que poseen. O sea para sacarse de encima la acusación de que sólo le importa
beneficiar a los suyos, la
Presidente terminó besando a un niño que por su color de piel,
su nivel socioeconómico y su educación es difícil percibirlo como parte de la
otredad que reclama atención tras centurias de ninguneo.
Para corregir ese traspié,
los asesores de Kirchner juzgaron positivo apelar a los clichés demagógicos más
evidentes. Así fue como al producirse la inauguración de la tercera muestra de
Tecnópolis, se pudo ver a la
Presidente junto a un nutrido grupo de niños jujeños, muchos
de los cuales se vistieron según la usanza del campesinado puneño. Chiquillos
con ponchos y sombreritos junto a máquinas de alta complejidad: esa es, para el
kirchnerismo, la síntesis de lo que ellos llaman “inclusión”. Curioso: en Río
Negro, hace unos meses atrás, un grupo de gente con la piel igual de bronceada
que la de los coyitas –vestidos con camisetas de equipos de fútbol y con gorras
del Frente para la Victoria –
se hicieron su propio Tecnópolis saqueando electrodomésticos a diestra y siniestra,
sin embargo el gobierno se negó a juzgar a ese evento como un mágico momento de
inclusión, allende el hecho de que los componentes de los episodios formalmente
eran, en esencia, los mismos.
El Buen Salvaje
Lo más destacado de la última
inauguración de Tecnópolis fue el poema que recitó Eyen Quispe, uno de los
niños empleados para levantarle la imagen a Cristina Kirchner. Por un lapso
cercano a los dos minutos y medio, el pequeño Eyen pronunció muy correctamente
los versos de “No te rías de un coya” de Fortunato Ramos. La reacción ante
ello, al menos para mi, resultó un tanto desconcertante.
Mucha gente aseguró haberse
conmovido con el poema, cosa que no es extraña puesto que la obra de Ramos
busca ese efecto. Empero muchos también vieron en el recitado y en el poema un
acto de vindicación al gobierno kirchnerista. No sé exactamente en que año fue
escrito “No te rías de un coya”, pero doy fe de que tiene, al menos, dos
décadas de existencia. Su valor literario es –como afirma Reynaldo Castro–
dudoso, pues, con el abuso de regionalismo, resulta deliberadamente
pintorequista. Lo peor del poema es la posición del enunciador: no se trata de un
coya contándonos su vida, se trata de alguien diciéndole a quienes no son coyas
que respeten al inadaptado (las cuatro primeras estrofas describen a un coya
que no sabe cruzar las calles, que viste abrigo aunque haga calor, que hiede,
etc) pues se trata de un ser incapaz de hacer daño (las últimas cuatro estrofas
presentan a los coyas como solidarios, honestos y patriotas). El coya
construido por Ramos parece plagiado de la ficción del Buen Salvaje con la que
Jean-Jacques Rousseau intentaba destruir a la Iglesia Católica.
“Ornapos” en tierras indias
A los turistas de la Quebrada les encanta oír
el poema que recitó Eyen. En Tilcara, Humahuaca y ciudades similares la escena
que quedó filmada en Tecnópolis se suele repetir varias veces por día,
especialmente durante la temporada alta, pues sobran los niños que cambian monedas por versos. Diferente es la reacción de los mismos
turistas ante los poemas de Domingo Zerpa. Un poema muy famoso de Zerpa es “Los
arriendos”, cuyas últimas cuatro estrofas dicen:
Ayer, por
la tarde,
llegaron al
rancho,
con botas
lustrosas
y espuelas
de plata;
a mi caschicito,
que salió a
torearlos,
de cuatro
balazos
tiráronle
antarca.
Apenas me
pude
reponer del
susto,
cuando me
gritaron:
—¡Coya mala
traza,
pagá los
arriendos
si no
quieres verte
más pobre
que el diablo
que perdió
las astas!
Y como
temblando
yo les
contestase:
—Perdón,
por ahora,
me
encuentro sin plata,
sin otros
centavos
que estos
brazos fuertes
que pueden
servirles
para
cualquier changa...
Los hombres
de botas,
sin oír mis
ruegos,
en cuatro
minutos
quemaron mi
casa...
Señor tata
cura,
déme unos
remedios
para estos
guascazos
que tengo
en la cara.
El coya de Zerpa no es el
que bajó del cerro, sino el que vive allá pero sometido a la pobreza que le
dispensa el que vive en la ciudad. Puede ser que el coya de Zerpa sea igual de
honesto, solidario y patriota que el de Ramos, pero también es igual de
explotado y marginado que el toba al que, en la Formosa de hoy, hambrean y
apalean por negarse a entregar las tierras en las que habitan.
El problema del coya
zerpiano es que, a diferencia del ramiano, no parece ser un “ornapo”. Tal vez
si se olvidara de exigir ser respetado como sujeto de derecho y se regalara a
la industria del turismo y del entretenimiento, si dejara de percibirse como un
argentino indio y pasara a percibirse como un indio argentino, podría ser
adoptado como mascota del kirchnerismo y recibir dinero en lugar de palazos.
Los Andes en la selva y la Biblia junto al calefón
Como el poema de Ramos en
boca del niño Quispe disparó la condescendencia masiva en Capital Federal y el
Gran Buenos Aires, los directores de la campaña electoral del Frente para la Victoria le pidieron a
Cristina Kirchner que visite Jujuy para seguir alimentando el fuego que, de
casualidad, se inició. Tranquilamente un purrete del tercer cordón del
Conurbano, dueño del mismo tono de piel y –probablemente– de las mismas
carencias que Eyen Quispe, podría haber ido a Tecnópolis y recitar un poema, pero
ello hubiese significado prescindir del elemento exotista que contribuye a
generar la impresión de que más allá de los camporistas hay gente que goza de
bienestar gracias a la acción de gobierno. Dicho de otro modo, un niñito
conurbanense no transmite la misma inocencia e indefensión que un coyita, pues
a él, gracias a su cercanía con la Metrópolis , se lo cree más capaz de gozar de sus
derechos, aún cuando sólo le interese ir a la escuela porque le dan de comer y
aún cuando sus hermanos más grandes se empadronaron para votar siendo menores
de 18, ya que les prometieron un celular nuevo por poner en una urna una boleta
celeste.
La necesidad de que Martín
Insaurralde derrote a Sergio Massa en la provincia de Buenos Aires, llevó a
Cristina Kirchner a visitar Jujuy el primero de agosto. Es cuestionable, pero
es así. Quizás el PJ de Salta precisaba de la Presidente para hacer
que crezca la intención de voto de Rodolfo Urtubey y Evita Isa, pero en Jujuy
ya está todo cocinado. Salvo que suceda algo extraordinario, el PJ local se
quedará con una de las tres bancas para Diputados Nacionales que se disputan en
las próximas elecciones, y peleará con amplia ventaja por una segunda banca
contra el ucerismo (que también tiene una banca asegurada) y tal vez contra el
Frente Primero Jujuy (que promueve la candidatura de Isolda Calsina como
Diputada Nacional en primer término, mujer que cuenta con el apoyo de José
Manuel de la Sota
y de Gerónimo Venegas).
Cristina Kirchner, mientras
violaba la veda electoral impuesta al gobierno, dio una clase magistral de
demagogia en Jujuy. En el departamento San Pedro, en la sede del Ingenio La Esperanza , se la vio
participando de un ritual de homenaje a la Pachamama para dar paso a la “apertura simbólica
de la zafra”, algo que viene con retraso (ya que la zafra en ese ingenio
comenzó hace más de veinte días) y que resulta un tanto insólito (a las zafras normalmente
se las bendice con una misa católica). A muchos se les habrá pasado, pero a los
jujeños no: lo de hacerle ofrendas a la Pachamama es una costumbre andina, sin embargo
San Pedro no se encuentra en los Andes. Esto, expresado por intermedio de una
analogía, sería como realizar la Fiesta
Nacional de la Olivicultura en Corrientes o la Fiesta Nacional de la
Yerba Mate en San Juan: probablemente lo
correntinos coman aceitunas y los sanjuaninos tomen mate, pero esos productos
no son propios de donde viven.
El momento en que la Presidente Cristina
Kirchner y el Gobernador Eduardo Fellner se arrodillaron para arrojar hojas de
coca, bebidas espirituosas y legumbres en un pozo fue un poco embarazoso,
porque ninguno de los dos sabía exactamente qué es lo que se tenía que hacer.
Esto, recurriendo nuevamente a una analogía, sería como ir a una misa sin ser
cristiano y que el cura lo invite a uno a consagrar hostias. Una
actitud verdaderamente respetuosa hubiese sido la de simplemente presenciar la corpachada sin
intervenir en ella, dado que se trata de un ritual propio de los indios y de su
descendencia, y por tanto no pertenece más que a la etnia que lo inventó. Si la Pachamama pasase a
nacionalizarse, se introduciría el paganismo como fiesta cívica, lo que a la
larga resultaría tan vacuo como cualquier feriado nacional en el que en lugar
de rendirle tributo a los héroes de la Patria , se aprovecha para hacer una escapada
turística o dormir la resaca hasta el mediodía.
Las palabras de Ella
El discurso que dio la Presidente fue
espeluznante, pues, hablando de la reactivación económica, terminó dejando en
evidencia el mesianismo que profesa provocado por sus delirios de grandeza.
Cristina Kirchner dijo que
lo admirable de los jujeños es su autoestima, la cual, según afirmó con total
convicción, proviene de los incas, pues se encuentra en el ADN de los locales. De más está decir que en Jujuy hay jujeños muy jujeños que no tienen ni una gota de sangre inca en el cuerpo. Asombra
un poco que esta señora, para hablar de la identidad, utilice expresiones
biologicistas. Los supuestos progresistas de su calaña procuran siempre sostener
que el hombre es un ser completamente libre, por lo que el ADN sólo transmite “limitaciones” como enfermedades o el sexo de una persona, todo corregible mediante el
procedimiento médico adecuado y el proceso educativo correcto.
Pero más allá de eso, lo
molesto del discurso de Kirchner fue ese contraste entre los indios y los demás
argentinos que, como ella, descienden de gente que descendió desde los barcos
hace un poco más de un siglo. En el imaginario cristinista, pareciera ser que
los argentinos de hoy tienen sus antepasados o en los originarios sometidos por
los invasores (pues fue la palabra “invasor” la que usó para referirse a los
españoles) o en la masa de europeos marginados en sus países que llegaron a
estas tierras huyendo del hambre producida por las inequidades del sistema
industrial. Del criollo no se han producido avistajes entre las palabras de la Presidente , aún cuando
el nombre y la obra del General Belgrano se repitió varias veces –supongo que
como Belgrano combatió a los “invasores” de España, entonces él también debe
ser un ornapo para su perspectiva.
Cristina Kirchner no se
privó de incurrir en algunas inexactitudes históricas (como al proclamar la
superioridad de la astronomía inca frente a la europea, o al sostener, como
popularmente se sostiene, que los jujeños quemaron sus casas al emprender la
marcha hacia el sur en 1812), ni se abstuvo de utilizar estadísticas engañosas
(como al asegurar que el promedio de desempleo en las regiones NOA y NEA es el
más bajo del país). De cualquier modo eso son meros detalles insignificantes
comparados con lo que dijo hacia el final: sin ninguna vergüenza, confesó que
ella se sentía madre de todos los presentes y, para peor, también abuela de sus
hijos. Eso se llama desbarrancarse: que se sienta madre de un joven de La Cámpora o de uno de GESTAR
es comprensible, tiene edad para ello, ¿pero que hay de las mujeres de su misma
edad o aún más viejas que ella? ¿Se siente madre de esas señoras también? ¿No hay nadie más amorosa y sabia que ella? ¿No
son declaraciones como esa la prueba de que esta mujer sufre de un completo
delirio de grandeza? En el cierre de su discurso, Kirchner invocó a la Virgen María y a la Pachamama. ¿Creerá ser
ella un avatar de ambas figuras?
En casa de la Ñusta Ilegítima
Finalizado el acto en San Pedro, la comitiva presidencial tenía planeado trasladarse a Coronel Moldes
para inaugurar un gasoducto. Sin embargo hicieron una escala en San Salvador de
Jujuy para reunirse con gente de la Organización Barrial
Tupac Amaru. El desvío sugiere la debilidad del kirchnerismo y la fortaleza de
Milagro Sala. Y a ello lo comprueba el discurso que Cristina Kirchner pronunció frente a los tupaqueros: empezó hablándoles sobre “parir” el futuro (quizás para
prolongar su autodesignación no sólo como Madre de la Patria , sino como Señora de
la Tierra ),
pero terminó repitiendo lo que había dicho ese mismo día con respecto a la
desindustrialización neoliberal de la década de 1990 y con respecto a la
importancia de salvar de la quiebra al Ingenio La Esperanza. No hubo ninguna
referencia a la obra reciente de la
Tupac , ningún elogio al trabajo socialmente transformador del
milagrismo, probablemente porque la Presidente no está enterada de lo que Sala y su pandilla andan haciendo últimamente.
Ante la Ñusta Ilegítima,
Cristina Kirchner saludó, recicló el discurso que ya había dado, y partió hacia
Salta. Lo que se dice una visita de compromiso.
Lo que la
Pacha nos da, la
Mama nos los quita
Al ver a Cristina Kirchner
“alimentando” a la tierra, a más de uno se le ocurrió empujarla en el pozo,
pero la custodia lamentablemente no lo permitió. Alguien, antes de ser apartado
del acto y molido a golpes, le gritó a la Presidente que si tanto quiere a la Madre Tierra entonces que le
ofrende el Rolex de oro y la cartera Louis Vuitton que ostenta. Y, al verla
haciendo circo de rodillas, más de uno deseó que la tierra se lo tragase a él
para dejar de sufrir con esos espectáculos chabacanos. Por suerte, Jujuy
todavía no sufrió ningún sismo poderoso: se temió que la tierra, al comer de una
mano tan ponzoñosa como la de Kirchner, sufriese una indigestión.
La pregunta es: “¿qué más
hará la Presidente
ahora que se encuentra de campaña?” Lo de ir a rendirle culto a la tierra es
hipócrita, pues no puede uno exhibir un auténtico respeto por la naturaleza y,
al mismo tiempo, avalar y facilitar la presencia de las multinacionales Monsanto,
Xstrata, Barrick Gold y Chevron, empresas gigantescas acusadas en diversas
partes del mundo de ocasionar tremendos daños ambientales.
La actitud pachamamista de
Kirchner es tan falsa como su amistad con el Papa Francisco, a quien despreció
reiteradamente cuando era Arzobispo de Buenos Aires y ahora resulta admirar
como a un sabio. El hambre de votos y su necesidad de protección espiritual tal
vez la lleve próximamente a matar gallinas con los umbandas, a reunirse con
espiritistas para invocar a su marido muerto, y a acampar en el Uritorco para ganar
el apoyo de los extraterrestres. Y lo peor es que ello sucederá a la vista de
todos, para que sea juzgado por la mayoría como una celebración de la
diversidad cultural cuando no es más que una vil patraña para lograr no perder
las tierras, las miles y miles de hectáreas, que compró junto a su familia a
precio vil. Porque más que nadie en este país merece la cárcel como esta señora
que, de tan “alegre”, se ríe a carcajadas de nosotros.
Francisco Vergalito