Minorías activas, autoridades pasivas
No es la primera vez que se toca un tema que pareciera tabú, porque quienes tendrían que oír el reclamo no lo hacen, quienes tendrían que actuar y dar una solución tampoco lo hacen. ¿Será por no perjudicar a una minoría?
Me refiero a las molestas y poco simpáticas bombas de estruendo que acompañan las manifestaciones de todo tipo y hasta los festejos de la comunidad boliviana, que celebra de manera ruidosa a la pobre Virgencita de Urkupiña que terminará, sin dudas, atolondrada y hasta medio sorda.
¿Se animará algún concejal a presentar un proyecto de ordenanza que prohíba el uso de bombas de estruendo? Si ello se concretara, a ese concejal se lo recordará siempre con agrado y quién le dice si su nombre no se impondrá en alguna calle de barrio o en alguna organización protectora de animales. Todo lo que se haga en este sentido será justicia.
Me refiero a las molestas y poco simpáticas bombas de estruendo que acompañan las manifestaciones de todo tipo y hasta los festejos de la comunidad boliviana, que celebra de manera ruidosa a la pobre Virgencita de Urkupiña que terminará, sin dudas, atolondrada y hasta medio sorda.
¿Se animará algún concejal a presentar un proyecto de ordenanza que prohíba el uso de bombas de estruendo? Si ello se concretara, a ese concejal se lo recordará siempre con agrado y quién le dice si su nombre no se impondrá en alguna calle de barrio o en alguna organización protectora de animales. Todo lo que se haga en este sentido será justicia.
La explosión inmigratoria y la implosión nacional
La fiesta de la Virgen de Urkupiña es el 15 de agosto, pero todo el año se los ve desfilar, varias noches en la semana suenan bombas de estruendos. No importa la hora. Al mediodía, en las tardes o en las noches, columnas de feligreses acompañan una imagen precedida de una sección de bailantes. Es que los fieles suelen agruparse en fraternidades que tienen fechas distintas de festejos, y se cuentan por centenas de éstas que se hayan distribuidas por decenas, a su vez, en todos los barrios de la ciudad.
La festividad tiene la propiedad de igualarlos a todos. Durante el beberaje y el baile, todos son iguales, no se distinguen cambas de collas, ni argentinos de bolivianos; una verdadera democracia espiritual, si se quiere llamar de algún modo.
Pero esto que relatamos no es sino el resultado de una ausencia de políticas migratorias; no hay disciplina ni orden, cualquier viene, entra, trabaja legal o ilegalmente, saca divisas, sin rendirle cuentas a ningún organismo. Si bien la Constitución Nacional garantiza estos movimientos, en ninguna parte se dice que no deban controlarse, sobre todo en orden a la preservación del patrimonio cultural. Sin caer en un chauvinismo, basta ver lo que ocurre con los países europeos: Francia deporta gitanos, Alemania no permite migrantes de las regiones rusas del sur; Italia no deja espacio para marroquíes que incluso viven en “ghetos”, y España está dando la nota con los propios argentinos en estas horas.
Será tal vez hora de hacer caso a Ortega y Gasset cuando dijo “Argentinos, a las cosas”. Sí, a atender nuestras cosas.
La festividad tiene la propiedad de igualarlos a todos. Durante el beberaje y el baile, todos son iguales, no se distinguen cambas de collas, ni argentinos de bolivianos; una verdadera democracia espiritual, si se quiere llamar de algún modo.
Pero esto que relatamos no es sino el resultado de una ausencia de políticas migratorias; no hay disciplina ni orden, cualquier viene, entra, trabaja legal o ilegalmente, saca divisas, sin rendirle cuentas a ningún organismo. Si bien la Constitución Nacional garantiza estos movimientos, en ninguna parte se dice que no deban controlarse, sobre todo en orden a la preservación del patrimonio cultural. Sin caer en un chauvinismo, basta ver lo que ocurre con los países europeos: Francia deporta gitanos, Alemania no permite migrantes de las regiones rusas del sur; Italia no deja espacio para marroquíes que incluso viven en “ghetos”, y España está dando la nota con los propios argentinos en estas horas.
Será tal vez hora de hacer caso a Ortega y Gasset cuando dijo “Argentinos, a las cosas”. Sí, a atender nuestras cosas.
