El funcionaria
El gobierno salteño
sorprendió este mes al incorporar al Ministerio de Gobierno a un transexual
conocido como “Mary Robles”, quien desde el año pasado posee un DNI que lo sindica como mujer (pese a que la naturaleza dice lo contrario). Robles no
ostenta el mérito de ser el primer aberrosexual que obtiene un cargo de
funcionario del Estado de Salta, pero ciertamente si tiene el mérito de ser el
más grotesco de ellos. Más allá de ello hay otras cosas que llaman la atención.
Para empezar hay que
señalar que el Decreto 1275/13 –el cual otorga el cargo (con categoría 5) a Robles–
es un claro atropello de la Ley Provincial
6.583, la cual sostiene que para que un nombramiento sea efectivo requiere de
la aprobación de diversos organismos estatales y no sólo de la firma del
Gobernador y del Secretario General de Gobernación como pasó en este caso.
En segundo lugar está el
asunto de su trabajo: en declaraciones a la prensa, Robles admitió que no sabía exactamente en donde iba a trabajar, lo que nos permite inferir que no tiene
muy en claro para qué se le dio el cargo.
Pero lo que causa mayor
preocupación en este tema es el hecho de que Robles parece muy comprometido con
el abordaje de la problemática de la prostitución, pero desde la clara intención de promover esa actividad en lugar de trabajar para erradicarla. El nuevo funcionario ha
sostenido que su deseo es que los hombres travestidos puedan acceder a más
oportunidades educativas y laborales, mas, al unísono, está pidiendo una
revisión del Código de Contravenciones para quitarle a la policía las
facultades que les sirven para obstaculizar el desarrollo del comercio sexual
en el territorio provincial. O sea que Robles llega para aparentar inclusión y
para cabildear a favor de la decadencia moral, tiene la tarea de caretear para satisfacer
a los dedehachehachistas (y a los demás murgueros de esa calaña) al mismo
tiempo que debe oficiar de vocera de los proxenetas y dealers locales.
Un caballo de Troya
elegebetista
El aberrosexual Robles en
el plantel de funcionarios de Urtubey es sólo una pequeña pieza de un plan
mucho más ambicioso de las sinarquías elegebetistas que pretenden controlar a
Salta. Los signos de la perversión y de los perversos comienzan a multiplicarse
cada vez más velozmente en la que alguna vez fuese la orgullosa tierra del
General Güemes.
Si se revisan los archivos
de la actividad parlamentaria provincial se observará que también este mes, y
por fechas que coincidían con la designación de Robles al ministerio público, la Cámara de Diputados de
Salta aprobó un proyecto sobre la lucha contra el “bullying” en las escuelas.
Esta iniciativa fue promovida por el diputado provincial Lucas Godoy, quien
textualmente dijo en declaraciones a una radio: “obviamente en el proyecto no
utilizamos esa palabra [se refiere a “bullying”] porque es de origen inglés y
no corresponde”. Esto, que parece una cuestión irrelevante, en realidad es
trascendental, pues explica claramente de qué se trata todo esto.
El “bullying” es sólo un
vestido nuevo para una realidad muy vieja. La violencia en las escuelas, la
agresividad entre los niños y entre las niñas, es algo que siempre ha existido,
pero últimamente ha adquirido niveles alarmantes. Año tras año se ve aumentar
el número de jóvenes indisciplinados que generan rutinas de agresión contra
aquellos pares a los que perciben como vulnerables e indefensos. Es que se está
en presencia de un círculo vicioso que se acrecienta en lugar de decrecer, lo
que hace que una generación estropeada engendre a otra que se desarrolla en
peores condiciones, la cual, a su vez, terminará produciendo a una nueva
generación de náufragos y anómicos cada vez más insalvables.
Pues bien, lo interesante
aquí es la moda de darle un nombre foráneo (“bullying”) a algo que ya tenía un
nombre vernáculo (“hostigamiento”) pero con el defecto de tener una
presentación mucho más pobre. Pareciera ser que los principios básicos de la
mercadotecnia son los que operan en este asunto: algo que era archiconocido por todos pasa a recibir un empaque novedoso sólo para recordarle a la gente que está
allí, listo para ser consumido. Es lo que sucedió con, por ejemplo, el
uxoricidio, que en sólo unos años fue rebautizado con el displicente anglicismo
de “femicidio” y logró colarse en el habla popular y en el rediseño de
legislaciones.
“Femicidio” o “bullying”
no son términos que sólo denotan algo, también lo connotan. Es decir esas palabras no sólo
nombran a una acción, sino que también la valoran y, en consecuencia, la
jerarquizan. Un uxoricida era antaño un hombre que había matado a su mujer en
algún penoso episodio generado por los aconteceres de su vida privada, ahora
ese mismo hombre resulta ser un “femicida”, es decir una bestia que odia todo
lo que no sea fálico y que se cree dueño de todo aquello que posea una vulva.
Del mismo modo un hostigador era en el pasado un cretino que empleaba su tiempo
para molestar a quienes eran más débiles que él, mientras que ahora ese
personaje se llama “bully” y tiene la particularidad de –“por ignorancia”– haber
convertido a “lo diverso” en su blanco de agresiones, atacando especialmente a
los que tienen inclinaciones aberrosexuales. Porque no nos engañemos: el
concepto de “bullying” desembarcó en nuestro país desde las usinas de
subversión anglosajonas para ayudar a que los jóvenes argentinos distorsionen
sus miradas sobre la aberración sexual al punto tal de perder la capacidad de
distinguir lo verdadero de lo falso.
Y si lo que digo suena
exagerado, basta con recordar algo reciente para cambiar de opinión: el año
pasado nada más y nada menos que la propia Embajada de EEUU financió la
presentación en la provincia de Salta de un grupo musical llamado “Betty”,
compuesto por tres lesbianas hembristas que, tras haber expuesto su abominable
“arte”, fueron invitadas a dar charlas sobre el mentado “bullying” en diversas escuelas de esta parte del mundo. Las de Betty vinieron a vender música y
terminaron adoctrinando en su culto a nuestros jóvenes.
La guerra contra el
“bullying” parece algo noble e incuestionable, pues en los últimos tiempos todos
hemos visto –gracias a la magia de los celulares– una infinidad de videos de
niños y adolescentes tratándose con una violencia espeluznante. Pero lo que la Embajada Norteamericana
y los políticos mamporreros como Godoy proponen poco tiene que ver con la
eliminación de un mal contemporáneo, pues, por el contrario, lo que ellos
pretenden es aumentar el conflicto con el fin de atomizar a nuestra sociedad,
para que allí en donde debiese de haber un ciudadano crítico con valores
sólidos solamente haya un bobo consumidor con ganas de arruinarse la vida y
complicársela a los demás.
Los predadores al acecho
En estas últimas semanas
la comunidad de Metán se enteró de la presencia de un depravado que oficiaba de entrenador de un equipo de fútbol con el objetivo de poder seducir a niños de entre 10 y 12 años para abusar sexualmente de ellos. Obviamente fue enorme la
indignación de la gente. Sin embargo ese aberrosexual sólo hacía lo que muchos
aberrosexuales normalmente hacen: abusar de los inocentes.
Así como la mayoría de los
hombres travestidos ejercen felices y orgullosos la prostitución, así también la
mayoría de los homosexuales (entre los que se encuentran, claro, un buen número
de esos travestidos) ultrajan infantes, niños, púberes y adolescentes sin sentir la menor
culpa por ello. Algunos lo hacen ocasionalmente, pero hay otros que se dedican
a ello a tiempo completo.
Es que la homosexualidad
masculina es altamente traumática. El acto de iniciación implica la antinaturaleza,
ya que el recto fue diseñado para la expulsión de objetos y no para su
introducción (por ello no posee una lubricación natural). Entonces el hombre
homosexual se ve sometido al dolor, en un acto que supuestamente debería de
darle placer. Esa oscilación entre dolor y placer en el homosexual se mantiene
durante el resto de su vida, y es por ello que este tipo de hombre cae en la
enfermedad. Enfermos como están, entonces, son capaces de volverse tóxicos y
peligrosos.
Actualmente la tendencia
cultural y educativa es pretender obviar esto. En Metán, el niño que denunció
al pederasta se sintió lastimado e incomodado. Me temo que en un futuro no muy
lejano, gracias a la avanzada aberrosexualista, un niño que sufra lo mismo no
se anime a alzar su voz, confundido en lo más elemental después de haber
padecido el más perverso adoctrinamiento.
Antonella Díaz