Identidad
A la institución hoy conocida
como “Universidad Nacional de Tucumán” la fundaron en el mes de mayo de 1914.
En estos últimos 100 años, la
Casa de Altos Estudios tucumana ha vivido una historia muy
similar a la de otras universidades del país creadas antes de la década de
1990, una historia plagada de avances y retrocesos, de ordenamientos y
desarticulaciones, de éxitos y fracasos, de orgullos y vergüenzas.
A diferencia de la UNJU en Jujuy, de la UNSA en Salta, de la UNSE en Santiago del Estero y
de la UNCA en
Catamarca, la UNT ,
por su edad, ejerce una enorme influencia en la sociedad tucumana. Sus
competidoras (hablo de la católica Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino,
de la progresista Universidad San Pablo-T y de la insistente Facultad Regional
de la Universidad
Tecnológica Nacional), si bien han penetrado felizmente en la
provincia, no han podido lograr lo que la UNT logró: que la gente las considere parte de la
identidad tucumana.
En efecto, debido a que la UNT albergó en sus aulas a un
número inmenso de tucumanos, y gracias a que ella le permitió el acceso a un
título universitario a otros tantos, el ciudadano tucumano no concibe a su
provincia sin ella (hay que reconocer que parte de ese éxito lo generó también la
actividad de extensión). En las otras provincias del NOA a sus universidades
vernáculas se las aprecia y respeta, pero no se les presta el gigantesco nivel
de atención que los tucumanos –a veces exageradamente– le dedican a la UNT.
En Tucumán existe la palabra
“gacetero” para designar a lo que en otras provincias llaman “diariero”. El
término proviene de La Gaceta , un diario
local que, para el tucumano, es el diario por antonomasia. Me extraña entonces
que no existan términos como “uenetista” o “uenetero”, aunque supongo que esto
es así no tanto porque dichas palabras no encajen en el habla de los tucumanos,
sino más bien por lo horrísonos que resultan.
Nepotismo
Tucumán es una provincia poco
productiva, por lo que no resulta un destino atractivo para los inmigrantes.
Sin embargo que haya un buen número de jujeños, salteños, santiagueños y
catamarqueños radicados en Tucumán se lo debemos fundamentalmente a la UNT , institución que les abre
las puertas de la experiencia universitaria a muchos jóvenes no tucumanos y
después los termina incorporando a sus estructuras. Esos jóvenes, normalmente,
son gente que al sufrir el desarraigo optan por duplicar sus esfuerzos para
ganarse un lugar en el mundo. El resto de los que integran la UNT son tucumanos, muchos de
ellos meros miembros de familias que desde hace años trabajan en algún espacio
de la universidad.
Junto a ese nepotismo “natural”
en el que, por ejemplo, un padre que trabaja de burócrata le facilita el
ingreso sin concurso a un puesto similar a sus hijos porque su sindicato tiene
un contrato colectivo de trabajo que permite semejante situación, está el
nepotismo “oportunista”, el cual le abre las ventanas a toda clase de
individuos sin capacitación ni idoneidad para que oficien de empleados
administrativos, servicio técnico, bibliotecarios, guardaespaldas y todas las
variaciones que existen de la fauna no docente, a la cual, tranquilamente, se
la podría reducir a su mínima expresión si se informatizara y mecanizara debidamente
a la vida universitaria.
El último gobierno de la UNT , el del Contador Juan
Cerisola, fue generosísimo a la hora de contratar a los famosos “no docentes”
para que pueblen pasillos y se acomoden en las muchas oficinas que tiene la
universidad. El número total de estos personajes, según dicen, ha llegado a ser
hoy en día escandaloso.
Corrupción
Quien ejerce el poder en la UNT no es el cuerpo de
burócratas o los graduados que con mayor o menor profundidad se interesan en el
destino de su alma máter, sino que esa tarea la desempeñan los docentes y los
estudiantes. Es decir si hay que señalar a un culpable de que a la universidad
pública de Tucumán la esté devorando la corrupción entonces hay que buscar en
las aulas. Los famosos “votos origami” y la reticencia a sufragar de manera nominal en la última asamblea universitaria en la que se eligió al Rector es
prueba más que evidente de que hubo una indigna compra de voluntades.
¿Cómo una persona tan distinguida
y ejemplar como un universitario puede caer tan bajo? La realidad es que la
universidad argentina ha perdido su histórico prestigio en los últimos 25 años
al tecnocratizarse, por lo que no es de extrañar que la UNT esté llena de sabandijas.
No es un hecho fortuito, es parte del proceso de destrucción educativa que ha
debido imponerse al calor de los cambios económicos de las últimas décadas.
En la UNT , en concreto, la
partidocracia, con todas sus vilezas, copó el poder desde la gestión del Rector
Rodolfo Campero, y a partir de allí todo ha ido pauperizándose a ritmo lento
pero sostenido. No es cierto que antes de Campero la UNT no haya estado intoxicada por
la política (en 1918 y a lo largo de la década de 1920 hubo una permanente
guerra entre los partidarios de la Reforma Universitaria
y sus detractores, del mismo modo que Horacio Descole desató un tremendo
enfrentamiento entre sectores universitarios cuando se convirtió en Rector
durante el primer gobierno de Perón), pero antaño los mecanismos de promoción
de la meritocracia funcionaban mejor que ahora, por lo que, más allá de quien
pilotease el barco, se contaba con la presencia de gente capaz y sobresaliente
para evitar que la corrupción cultural se propagase. Aún se sentía vergüenza
por no haber llegado a ser un sabio. Hoy en día todo eso se perdió. Da lo mismo un burro que un gran profesor.
Así a la UNT la terminó privatizando
Minera La Alumbrera. Porque
lo que sucedió fue eso: a la UNT
cerisolista no la copó La
Cámpora , sino que Franja Morada se la vendió a La Alumbrera. Al recibir en los
últimos años las generosas inyecciones de dinero de La Alumbrera a cambio del
silencio cómplice ante la destrucción ambiental que ocasiona la megaminería en
Catamarca, todo se desmadró en la institución fundada por Juan B. Terán. Abel Peirano debe estar revolcándose en su tumba.
Porvenir
En 2008 la UNT organizó un concurso de
lema y logo para los Bicentenarios de la nación y el Centenario de la
universidad. El lema ganador, en aquella ocasión, fue “100 años con los pies en
esta tierra, 200 años con la mirada en el cielo”, una deformación del “Pedes in terra ad sidera visus”, el lema
oficial de la UNT. El
lema en sí mismo es un tanto absurdo, porque resulta irrespetuoso con todos
aquellos argentinos que vivieron aquí entre 1810 y 1910 (¿acaso Manuel
Belgrano, que donó dinero para fundar escuelas en lo que ahora es el NOA y
Tarija, no tuvo los pies en esta tierra?). Los otros dos finalistas fueron uno
que rezaba “Evocando la historia, convocando el porvenir” y otro que decía
“Celebrando la historia, escribiendo el futuro”. Un cagatintas del sitio web TucumánHoy señala, sin la más mínima idea de lo básico de la paremiología, que
esos lemas “parecen escritos por la misma persona, rápidamente y sin mucha
creatividad”. El tercer lema (“Celebrando la historia, escribiendo el futuro”)
tiene evidentes defectos semánticos: a la historia no se la celebra, pues la
historia está compuesta tanto por los momentos felices como por los momentos
penosos, a los cuales no conviene “celebrar” –a menos, claro, que a uno le
guste bailar sobre los cadáveres de los demás–; del mismo modo, debido a la imprecisión
del verbo, tampoco suena acertado lo de “escribir” el futuro, ¿se trata de
escribir “el futuro” como quien escribe una ley, un plan, una novela, una
profecía o qué exactamente?
Es obvio que de los tres lemas finalista
el mejor es el segundo (“Evocando la historia, convocando al porvenir”), porque
es el más meditado: al pasado se lo evoca, como se evocan a los espíritus de
los muertos para que se muestren así nos hablan ellos mientras los demás
escuchamos sin condenarlos, y al porvenir se lo convoca, es decir se lo llama
para que nos reciba.
Sea como sea, la UNT descartó los tres lemas
premiados, y optó por otro: “100 años iluminando el pasado, 100 años proyectando
el futuro”. Este lema, sin lugar a dudas, es peor que los otros dos a los que
les señalé sus fallas. Al hablar de “iluminar” y “proyectar”, el lema sugiere
que la universidad estuvo, está y estará llena de luminarias que, por sólo
trabajar en sus claustros, arrojan luz sobre lo que los otros hicieron y que, a
su vez, marcan el rumbo a seguir. Nada más alejado de la realidad.
Si bien en los últimos 100 años la UNT ha gozado entre sus muros de
la presencia de excelentes profesores e investigadores de fama nacional e
internacional, la institución ha estado también infectada de gente que apenas
satisfacen los requisitos académicos mínimos para estar en la universidad (y
algunos que ni siquiera de ello pueden jactarse). Este último grupo se ha ido
multiplicando en las pasadas décadas, lo que se refleja claramente en la vergonzosa
posición que la UNT
–junto a las demás universidades argentinas– tiene en los rankings
internacionales.
Por tanto el mejor regalo que se
puede hacer la UNT
en este centenario, algo que es mucho más digno de preservar para el futuro que
todo lo que colocaron en la cápsula del tiempo destinada al 2114, es una sana y
profunda reforma interna.
¿En qué consiste esta reforma de
la que hablo? Veamos. En primer lugar, quizás para honrar a Peirano, la UNT debería transferirle YMAD
a la UNCA , y,
acto seguido, ponerse a disposición de la provincia de Catamarca para asistir a
su población por todo el daño que la megaminería causó en estos años.
En segundo lugar la UNT merece una auditoría
histórica, una suerte de CONADEP de la corrupción, para que revise los desfalcos
financieros realizados por sus funcionarios y reordene los presupuestos,
haciendo pagar, claro, a todos aquellos profesores que se llenaron los
bolsillos de la noche a la mañana.
Finalmente, en tercer lugar, es
preciso que la UNT
sacuda su anquilosada estructura para ingresar al siglo XXI. Para ello sería
bueno que se haga una suerte de “reseteo”, es decir sería importante que todos
y cada uno de los actuales docentes e investigadores se someta a una rigurosa
evaluación externa, para probar que merecen ocupar esos puestos que ocupan, del
mismo modo que se deberían poner pruebas de suficiencia en todas las facultades
y escuelas universitarias para que funcionen como exámenes de ingreso
estudiantiles. Aquellos que no superen la evaluación, si son estudiantes,
deberán prepararse mejor retornando a la escuela esta vez para aprender y no
para conseguir un título, y, si son profesores, deberán concursar nuevamente su
cargo, en concursos abiertos, públicos y obligatoriamente videograbados. Si
ADIUNT, el gremio de docentes e investigadores, se opone, haría falta entonces
que la sociedad tucumana que tanto amor siente por la universidad obre a favor
de la institución pidiendo la disolución de ese gremio en particular, que lo
único que hace es atentar contra la calidad educativa al equiparar a un
académico con un portero, un barrendero o un taxista.
Y junto con la desaparición de ADIUNT, sería necesario también que la propia UNT proceda a su fragmentación: al reunir a 13 facultades, 2 escuelas universitarias y 7 escuelas experimentales (además de varios otros organismos como el EPAM, Canal 10, etc.) es evidente quela UNT
se ha convertido en un gigante, un gigante que es alimentado anualmente con 1.400 millones de pesos, un gigante que tiene numerosas propiedades diseminadas
a lo largo y ancho de Tucumán, un gigante administrado por una pequeña oligarquía. De
allí que la UNT ,
tranquilamente, podría convertirse en cuatro universidades distintas: la
UNT I “Juan B. Terán” destinada a los
estudios sociales, la UNT II “Juan
Bautista Alberdi” que se perfilaría como un espacio industrial-empresarial (tal
y como le hubiese gustado al propio Alberdi, al que los abogados tucumanos lo
han secuestrado para dignificar un poco su poco digna profesión), la
UNT III “Lola Mora” que concentraría a las
artes y al diseño, y la UNT IV
“Tiburcio Padilla”, la cual sería, obviamente, una universidad de ciencias de
la salud, quizás con proyección regional (ya que no es un secreto que la UNSA y la UNJU están intentando crear
sus propias facultades de medicinas: ¿para qué fragmentar en un tema tan
fundamental como la salud si se puede unificar esfuerzos con los gobiernos
provinciales y asegurar el acceso al bienestar físico y mental a toda la
población del NOA?). En un lapso de diez años se podría producir el
reordenamiento que propongo, repartiendo presupuestos y propiedades y
reubicando a quien necesite reubicarse, al mismo tiempo en que se promovería
una revisión integral de todos los planes de estudio y carreras vigentes para
actualizarlas. Después de 100 años, la
UNT merece una limpieza total para convertirse en la flor más
hermosa del Jardín de la
República.
Y junto con la desaparición de ADIUNT, sería necesario también que la propia UNT proceda a su fragmentación: al reunir a 13 facultades, 2 escuelas universitarias y 7 escuelas experimentales (además de varios otros organismos como el EPAM, Canal 10, etc.) es evidente que
Francisco Vergalito