La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

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miércoles, 8 de julio de 2015

El hembrismo nunca ayuda

Tucumán se indignó al conocer la noticia: una niña de apenas 11 años había dado a luz a un bebé en la ciudad de La Cocha. La madre de la criatura ultrajada, una mujer muy humilde, hizo la denuncia y consiguió que dos sospechosos de 22 y 24 años fuesen detenidos e imputados por el delito de violación. A su vez la señora rechazó un acuerdo económico ofrecido por los victimarios para que retirara la denuncia. Ahora se esperan los resultados de una prueba de ADN para determinar quien fue el responsable del embarazo.

Sin embargo no todos se conformaron con el final relativamente feliz: no faltaron las infames hembristas que señalaron que ese niño debió de haber sido violentamente abortado según lo estipula la jurisprudencia sentada por el Fallo FAL, y que su madre –precisamente por no haber podido abortar– vivirá traumada de por vida y jamás podrá volver a ser feliz.

Ahora la noticia resurge en la prensa tucumana. Pero esta vez la madre de la víctima denuncia el desamparo: desde que el asunto se hizo público, su familia no recibió ni ayuda social, ni ayuda legal, ni mucho menos ayuda psicológica. La vida de la señora se ha convertido en un penoso peregrinar entre juzgados y hospitales.

La pregunta que todos nos hacemos es obvia: ¿dónde están las hembristas? ¿Acaso la abogada Soledad Deza del Centro de Estudios de Género de la Universidad San Pablo-T o la psicóloga Rosa Alastuey del Movimiento Libres del Sur –dos opinólogas que hablaron públicamente sobre el caso– no tienen tiempo para asistir a la víctima? ¿O es su actitud una forma de represalia contra la madre de la niña violada porque ella eligió que su nieto viviera en lugar del homicidio que le ofrecían?


Antonella Díaz

sábado, 13 de junio de 2015

Lo que sé de las feminazis

La multitudinaria manifestación hembrista de principios de junio sirvió para que los tópicos de su agenda inunden a la prensa argentina. La inexistencia en la mediósfera nacional de, al menos, una sola voz objetora de tanta impostura, sumado al hecho de que la casta partidocrática adhiera de modo unánime a la avanzada hembrista, deja en evidencia que el hembrismo ya ganó, y ahora, queramos o no, vivimos en su mundo dictatorial.

La guerra de los sexos

La fatigante presencia mediática de la “violencia de género” en un año electoral es el modo que el gobierno nacional tiene de manipular a la opinión pública y evitar desplegar la discusión acerca de una serie de cuestiones vinculadas al desarrollo estratégico del país y a sus acuciantes problemas socioeconómicos.

La manera en la que el asunto del “femicidio” (efectivo o potencial) está presentado, pretende imponer la impresión de que la Argentina de hoy vive una epidemia de violencia doméstica. Esta cuestión, en realidad, es difícil de abordarla: el país, como bien lo señaló la Conferencia Episcopal Argentina el año pasado, está evidentemente enfermo de violencia. El aumento de las adicciones, la falta de diálogo social, y la pérdida de valores tradicionales, entre otras cosas, conducen naturalmente a que las personas se conviertan en lobos. Pero, ¿ello repercute en el interior de los hogares? Si se contesta afirmativamente, entonces la recomposición de la sociedad argentina después de ocho años devastadores de cristinismo debería controlar la epidemia. Si, en cambio, se contesta negativamente, entonces se podría afirmar que la violencia doméstica es independiente del contexto social, siendo ella responsabilidad única del individuo que la ejerce.

Yo no sé realmente si hay o no una epidemia de violencia doméstica, ya que el país no tiene estadísticas oficiales sobre el asunto y no se puede hacer una comparación con periodos anteriores. Empero si se puede, por ejemplo, comparar los números argentinos con los de otros países: el promedio anual de “femicidios” en la Argentina es de 303 según diversas organizaciones no gubernamentales, mientras que en Brasil la cifra alcanza el número de 4.717; a su vez Argentina es un país con más de veintiún millones de mujeres, en tanto que Brasil tiene, aproximadamente, unas ciento dos millones de mujeres. En términos relativos, esto significa que Brasil triplica el promedio de mujeres muertas en situaciones pasionales (es decir si Argentina y Brasil tuviesen la misma población y el mismo número de “femicidios”, entonces se comprobaría que allá el índice de mujeres muertas es tres veces superior comparado al de aquí). La epidemia ya no se oye tan grave, ¿verdad?

Si los crímenes pasionales en Argentina no alcanzaron niveles alarmantes como en nuestro vecino Brasil, ¿por qué se sancionó aquí mucho antes la ley que introduce la figura del “femicidio” al Código Penal? La respuesta es obvia: porque el gobierno anti-popular que tenemos también es anti-nacional, lo que equivale a que las sinarquías globalistas tengan luz verde para ingresar al país y hacer lo que ellas quieran con nosotros, los ciudadanos.

El concepto de “femicidio” no se introdujo para eliminar un problema que casi no existe, se introdujo para instalar la idea de que en nuestro país las mujeres mueren por no tener igualdad. Para la Justicia argentina cuando un hombre mata a su cónyuge femenino no lo hace por una determinada circunstancia, sino que lo hace para perpetuar la desigualdad entre los sexos (mal llamados ahora “géneros”, puesto que “género” es algo que tienen las palabras y no las personas). El “femicidio” no es la solución a un problema, es, por el contrario, una declaración de guerra.

Las que odian

Laura Casas es una “generóloga” que trabaja en la Universidad Nacional de Tucumán. En una entrevista con el diario La Gaceta, esta leguleya afirmó sin un mínimo de vergüenza que el “femicidio” es un “crimen de odio”. Para sostener semejante despropósito, aseguró que la precondición de un “femicidio” es la asimetría: hay asimetría pero no porque la mujer sea físicamente más débil que el hombre, sino porque, según Casas, el hombre ve a su mujer como una cosa y no como una persona, mientras que la mujer tendría la visión contraria. Esta académica supone que quien posee una cosa tiene una tendencia natural a destruirla, cuando, en realidad, es más común que las personas cuiden sus pertenencias. El que se compra un televisor para revolearlo por la ventana no es un cretino, es más bien un demente. Según la lógica de Casas, entonces, sería más correcto decir que el “femicidio” es un producto de la locura que un producto de la perversidad. 

Sin embargo Casas no aceptaría esa conclusión que necesariamente se deriva de su argumento. Para ella no es que el “femicida” esté loco, es que el “femicida” es víctima de una cultura “patriarcal” que lo alienta a que asesine. De nuevo, Casas confunde las cosas: desconozco como habrá sido su padre con ella, pero normalmente un padre no busca asesinar a su esposa, sino todo lo contrario (de hecho normalmente el hombre que maltrata a la mujer es aquel que huye de su condición de padre y/o evita responsabilizarse por sus hijos).

Para rematar a Casas, basta con recordar lo que el propio Eugenio Zaffaroni, gurú espiritual de la abogada tucumana, dijo sobre el “femicidio”: para el jurista, tildar al crimen pasional de crimen de odio es una imbecilidad supina, ya que el crimen de odio es un acto social en el que alguien de un grupo mata a alguien de otro grupo sin motivo más que el de darle el mensaje a ese otro grupo de que está en serio peligro. En la Argentina de hoy los hombres no matan a las mujeres para que las demás como ellas dejen lo que están haciendo y retornen a las cocinas, las matan casi siempre por la incapacidad que éstos sujetos demuestran para resolver sus conflictos de un modo diferente.

De la histeria a la castración

Recientemente en Salta comenzaron a multiplicarse las denuncias sobre los ataques con escopolamina, un alcaloide conocido popularmente como “burundanga”. Se supone que la burundanga causa adormecimiento y parálisis, por lo que el motivo para agredir a alguien empleando esta droga es obviamente sexual.

La policía salteña desmintió el fenómeno. Todo se trataría de una mera leyenda urbana. Las leyendas urbanas contemporáneas circulan velozmente gracias a las redes sociales, pero hoy en día es más sencillo que nunca hallar a quienes las inician y comprobar si es verdadero o falso lo que afirman. Así lo hicieron los uniformados salteños y sólo encontraron a mujeres con ganas de victimizarse, pero sin prueba alguna de que hayan sido víctimas reales de alguien más.

El mito de la burundanga está relacionado a la cuestión del espacio personal. En efecto, la magia negra que le atribuyen a la escopolamina es la capacidad de dejar inconsciente a alguien con un simple roce. Según la ficción popular, un hombre, con sólo tocarle la piel o pincharle levemente una parte del cuerpo a una mujer, ya la tendría a su disposición para ultrajarla. El acto tan inocente de entregarle una estampita a alguien, podría concluir con una horrenda violación. 

El espacio personal es un elemento clave para la convivencia cotidiana. La forma más sencilla de violarlo es a través de la mirada, luego siguen las palabras y, finalmente, está el contacto físico. Como exigirle a los hombres que utilicen anteojos negros a diario suena exagerado, las hembristas iniciaron hace ya un tiempo una campaña en contra del arte milenario de los piropos. Y han llevado las cosas tan lejos que hasta exigen que se apruebe una ley para imponer sanciones a todo aquel hombre que piropea a una mujer. Ahora, con la historieta de la burundanga, las mujeres de esta sinarquía encontraron la oportunidad para arremeter en contra del contacto casual e inintencionado.

En Tucumán las historias de burundanga (todavía) no han tenido impacto, por lo que las hembristas decidieron ser menos subliminales: con asistencia de diversas oficinas públicas se lanzó una campaña gráfica para instruir a los hombres sobre cómo comportarse adecuadamente en un colectivo. La iniciativa consiste en colocar cartelitos dentro de los vehículos en los que se indican que es aceptable y que es inaceptable para una mujer que usa el transporte público. Así, por ejemplo, que un hombre que viaje parado le acerque la ingle al hombro de una mujer que está sentada sería algo inaceptable, sin importar la circunstancia. La campaña parece bienintencionada, no obstante omite un hecho evidente: en los colectivos viajan niños, por lo que los gráficos tan explícitos sexualizan innecesariamente a los pequeños. Imaginen que un niño sale de la sala de jardín de infantes, decorada con cachorros y payasos, y luego suma a su mundo visual un cartel en donde se ilustra una parafilia… nada bueno puede resultar de eso.

Los jóvenes son la presa ideal de las hembristas, porque suponen que castrándolos de niños pueden programarlos según su gusto. De allí también que, por ejemplo, tengamos que tolerar a estas mujeres haciendo berrinche en contra del idioma, acusando a las palabras y a las frases de ser “sexistas”.

En este sentido el diario La Gaceta de Tucumán se ocupó de vender la basura hembrista con un artículo casi ridículo, en el que una fanática, Verónica Figueroa, indica que la frase “a las mujeres no se les pega porque es de puto” es nefasta, pero no por el contenido del mensaje que transmite, sino porque valora a la homosexualidad negativamente. Figueroa, una psicóloga, cree así poder intervenir en el universo masculino y transformar sus códigos (siendo ella, por cierto, una mujer). Sin embargo si un hombre intentara hacer lo contrario, es decir si un hombre estipulara como las mujeres deben hablar, o vestir, o caminar o cualquier otra cosa, no caben dudas de que Figueroa y las hembristas como ella se escandalizarían desproporcionadamente. 

La batalla final

La dictadura hembrista tiene una vocación claramente genocida. No sólo porque busquen controlar las mentes y dominar los cuerpos masculinos, sino porque además buscan destruir la vida de personas inocentes.

Cuando se efectuó la marcha de junio, entre los participantes en la ciudad de Salta estuvo el Diputado Nacional (MC) Alfredo Olmedo. Olmedo se sumó a la iniciativa porque considera que es intolerable que un hombre agreda a una mujer. Empero este hombre también considera intolerable que se pida por la legalización del aborto, algo que se pidió extensivamente durante el #NiUnaMenos. Y Olmedo tiene razón: pedir protección para una víctima de un crimen no equivale a autorizar la realización de nuevos crímenes.

Ciertamente no todos lo entienden así. Gabriela Cerrano, una Senadora Provincial salteña perteneciente al parasitario Partido Obrero, presentó un proyecto de ley para modificar el protocolo de embarazo no punible que el Gobernador Juan Manuel Urtubey estableció por decreto hace unos años. Gracias a la iniciativa del Porder Ejecutivo de Salta, toda mujer que quiera abortar un feto en la provincia con la excusa de que ha sido violada debe hacer algo que los genios de la Corte Suprema de Justicia de la Nación no contemplaron: dar pruebas de que fue víctima de una violación. Se busca con ello evitar que las mujeres puedan asesinar con asistencia del Estado a una pobre criatura cuyo único crimen es existir.

Cerrano esperaba que la agitación provocada por la marcha sensibilice en su ideología a sus colegas parlamentarios, pero el rechazo a la propuesta de la troska fue absoluto. Quien justificó la decisión mayoritaria fue la pejotista Silvina Abilés, que dijo que, si el protocolo no existiese, la provincia estaría en riesgo de convertirse en “una fábrica de abortos”.

La ofensiva hembrista es tan sólida que, como dije al principio, el feminazismo ya es una realidad operativa en nuestro país. ¿Cómo se combate a este monstruo contemporáneo? Creo que de un modo: con el Evangelio. Como dijo Monseñor Cargnello, allí donde hay violencia, allí donde un hombre le pega a una mujer, donde una mujer le pega a un hombre, o donde alguien asesina a un niño inocente que aún no ha nacido, allí no está el Evangelio.



Antonella Díaz

jueves, 4 de junio de 2015

La devastación de lo femenino

La marcha y el viento  

El 3 de junio pasado miles de personas en todo el país se pusieron de acuerdo para cortar calles y obstaculizar el tránsito de muchos vehículos. La mayoría de esas personas eran mujeres. La iniciativa de la convocatoria nació a partir de un caso policial: en Rufino, provincia de Santa Fe, una adolescente de 14 años apareció muerta y enterrada en la vivienda de su noviecito; la prensa, horrorizada por el macabro suceso, no tardó en cacarear “femicidio”, y, “desde las redes sociales”, emergió la idea de hacer una gran marcha nacional “en contra de la violencia de género”. Así mucha gente a lo largo y ancho del país (y ni Jujuy, ni Salta, ni Tucumán fueron las excepciones) se concentró en diversas plazas, mientras que la prensa se dedicó a fogonear el asunto -más que simplemente a limitarse a reportarlo.

Lo inquietante de esta iniciativa es su origen obscuro, similar al de los cacerolazos de 2012. Quiero decir, más allá de lo legítimas que fueron esas manifestaciones de descontento popular, las mismas no nacieron por generación espontánea, sino que fueron diseñadas y promovidas por individuos concretos, que tenían intereses específicos. Con la marcha de las violentadas de género sucedió igual.

Lo que caracterizó al #NiUnaMenos fue la corrección política. Oficialismo y oposición, moderados y extremistas, derechas e izquierdas: todos enfilaron hacia donde sopla el viento y se sacaron la foto con el cartelito, sólo faltaba el odontólogo Barreda para completar el panorama. De ese modo la movida fue presentada como el pedido de un sector de la sociedad para que aquellos que maltratan a las mujeres cesen de hacerlo –como si un golpeador, al ver a miles de personas en la calle pidiéndole que renuncie a la violencia, se tuviese que conmover con ese evento y decidiese a partir de allí no levantarle nunca más la mano a una mujer.  

Empero la sensación que dejó la marcha multitudinaria contra la violencia doméstica y los crímenes pasionales es la misma sensación que deja cualquier marcha multitudinaria en la Argentina de hoy: sólo sirve para concederle un momento de catarsis a la gente que se siente impotente ante una realidad que se hunde en la decadencia. No nos olvidemos del Caso Nisman: miles de personas salieron a protestar contra el gobierno kirchnerista, pero al día de hoy no se sabe si al Fiscal lo mataron o lo suicidaron. Y lo mismo pasó con el maricanomio en el año 2010: miles de personas le exigieron a los legisladores que detengan esa abominación, pero al día de hoy los aberrosexuales se casan y se divorcian con la misma facilidad con la que lo hace una pareja normal. La gente en las calles pone nervioso al gobierno por un tiempo, pero no generan absolutamente nada a nivel institucional después. Y ello sucede porque el gobierno se ha enquistado en el poder. En la actualidad el gobierno es más poderoso que el pueblo que lo puso allí, y, lamentablemente, ya no existe un mecanismo cívico-político-militar para que nos libre de sus atropellos y violaciones como ocurría antaño.

Nos penetró el hembrismo

Para la fauna hembrista, la marcha de las violentadas de género sirvió para “visibilizar” la subordinación de la mujer al hombre y denunciar la cultura “macho-patriarcalista” que impera en la Argentina. Para el resto de la gente, en cambio, el #NiUnaMenos fue más inútil que un chupetín con gusto a pene. Claro que el último grupo, a diferencia del primero, se maneja con el sentido común: miles de mujeres pidiendo que los novios, amantes o maridos no les peguen más es infinitamente menos efectivo que una buena denuncia penal contra el golpeador.

Sin embargo el hembrismo interpreta que la movida le sirvió para demostrar su fuerza. Y de dicha demostración de fuerza depende el poder que esa sinarquía tiene para impulsar su agenda. Para explicarlo brevemente: la agenda hembrista consiste en darle el poder absoluto a las mujeres, ubicándolas en la cima de la sociedad y haciéndolas inmunes a todo tipo de crítica o cuestionamiento. En la metafísica del hembrismo, la mujer es el único ser sobre la faz de la tierra que jamás se equivoca, ni jamás se excede, ni jamás se desborda, por tanto no existe criatura mejor para ejercer el poder en una sociedad. La mujer –según esta lógica– es garantía de justicia, mientras que el hombre es sinónimo de injusticia.

La agenda hembrista, hoy por hoy, tiene nueve objetivos claros, porque son los más superficiales, ya que han sido los más promocionados (no hay que olvidar que, como toda buena sinarquía, el hembrismo trabaja sin poner en evidencia los motivos profundos de sus acciones, los cuales, pese a todo, no dejan de ser evidentes para cualquiera cuyo cerebro no sea una masa babeante): (1) instrumentar la nefasta Ley 26.485 y poner en marcha el irracional Plan Nacional que allí se establece, (2) recopilar estadísticas oficiales sobre violencia hacia las mujeres para convertir a ese asunto en una cuestión de Estado, (3) crear juzgados especiales en todas las provincias para tratar exclusivamente casos de violencia doméstica, (4) hostigar a través del monitoreo permanente a todos los hombres acusados de haber ofendido o atacado a una mujer, (5) ampliar la asesoría gratuita para las mujeres que denuncian la violencia en sus hogares, (6) eliminar a todos los funcionarios judiciales que osen no beneficiar automáticamente a toda mujer que llega a un juzgado denunciando haber sido víctima de algún tipo de violencia, (7) crear hogares para acoger a las víctimas de la violencia doméstica que estén controlados y superpoblados por un equipo “interdisciplinario de especialistas”, (8) adoctrinar de modo forzoso en la anti-masculinidad a todo empleado estatal (policías, jueces, maestros, etc.), y, por supuesto, (9) facilitar la colonización hembrista de todo el sistema educativo.

La Ley 26.485 no es más que un delirio sólo practicable si se quiere vivir en el más perverso de los mundos posibles (un artículo, por ejemplo, estipula que la mujer no necesita probar que ha sido víctima de la violencia doméstica para que un juez falle a su favor, lo que significa que con sólo hacer una denuncia, sea real o ficticia, el hombre acusado ya es culpable de lo que se le imputa y debe pagar por ello). Pedir estadísticas en un país en donde no hay un solo papel propiedad del gobierno en el que se reflejen correctamente los datos objetivos de la realidad es también un delirio. Lo de modificar al poder judicial para acelerar los castigos no deja de ser, en realidad, un pedido de ampliación del aparato burocrático argentino, que sólo sirve para alimentar generosamente a quienes allí trabajan y para casi nada más. Los refugios llenos de psicólogas, médicas, abogadas, trabajadoras sociales y demás empleadillas públicas son ridículamente inútiles desde el momento en que un solo cura puede hacer el mismo trabajo y de un modo más humano y efectivo.

Educación para no morir

Todo lo hasta aquí señalado está directamente vinculado a una cuestión monetaria. En efecto, todo eso que las hembristas señalan como urgente en su agenda requiere de dinero para funcionar. Y el dinero requerido tiene el detalle de no ser poco. ¿Cómo una mujer refugiada podrá dormir en una cama prestada si no tiene una almohada que valga mil pesos? El Estado, o, mejor dicho, nosotros tenemos que donar nuestro dinero que tanto nos cuesta conseguir para que las víctimas de sus parejas (y toda la galaxia parasitaria que lucra a partir de ellas) se de la buena vida para compensar el mal sufrido.   

Que no se entienda mal: yo no estoy culpando a la víctima por haber hecho una mala elección, estoy tratando de señalar que hay muchos –demasiados– que quieren hacerse ricos con esa situación. El hembrismo no es más que un movimiento internacionalizado que se basa en la idea de que mientras existan las víctimas, existirá una fuente de ingresos que les permita sobrevivir orondamente sin tener que aportarle nada útil a la sociedad. Es por ello que crearon un discurso en donde la mujer SIEMPRE es víctima. Y es por ello también que apuestan tanto por desplegar un sistema punitivo que refleje sus posiciones y rechazan de plano todo intento por perfeccionar la prevención de la violencia doméstica.

Un pilar del hembrismo es la necesidad de adoctrinar en sus puntos de vista a todos los hombres, ya sean niños, jóvenes, adultos o ancianos. De allí que donde haya una hembrista hay una mujer ansiosa por realizar un taller de “pensamiento anti-patriarcal” o de “prevención del bullying” o de alguna fruslería por el estilo. Su razonamiento es perversamente adecuado a sus fines: si se educa a una persona de modo completamente equivocado, esa persona seguirá cometiendo errores, por lo que la presencia del hembrismo será siempre necesario.

Para reducir la violencia en un hombre lo único que debe hacerse es enseñarle a ser hombre. Es decir, en lugar de un “taller de antipatriarcalidad”, el niño debe participar de un taller de patriarcalidad. El verdadero hombre, el verdadero macho, el verdadero patriarca, tiene incorporado como un código inviolable la idea de que no puede golpear a una mujer. Sólo los falsos hombres, los falsos machos y los falsos patriarcas agreden físicamente a su contraparte femenina. Si se restituye la virilidad en los hombres argentinos (en lugar de buscar castrársela como sucede ahora), las mujeres estarán a salvo, lo femenino, ya devastado por tanto hembrismo, renacerá como la flor que es.  


Antonella Díaz

domingo, 8 de febrero de 2015

El reino del revés

Que una mujer conciba un hijo junto con un hombre es algo muy usual. Lo que no es usual es que esa mujer se avergüence de su condición y aún así quiera continuar con la experiencia de la maternidad (o, al menos, con la del parto). Es decir las feministas aborteras odian haber nacido mujeres, por lo que, llegado el momento de ejercer la maternidad, gozan asesinando a sus hijos, pues creen que de ese modo asesinan su feminidad. Sin embargo hay mujeres mucho más mentalmente alteradas que las aborteras: son las que dan a luz asegurando ser “varones”.

En Salta uno de esos casos cobró notoriedad recientemente. Una mujer que luce y pretende comportarse como hombre engendró una hija junto a un hombre que luce y pretende comportarse como mujer, o sea dos travestidos (una mujer que juega a ser hombre y un hombre que juega a ser mujer) fueron padres. Este evento fue noticia porque esta pareja de gente con un aparente desequilibrio mental consiguió que la Administración Nacional de Seguridad Social (ANSES) les otorgase el subsidio conocido como “Asignación Universal por Hijo” (AUH), después de habérselos negado en una primera instancia.

Personalmente no estoy en contra de que la gente perciba la AUH, pero si considero que traer un hijo al mundo sólo para tener una fuente de ingresos es un hecho espeluznante, que ninguna persona en este país debería considerar como una posibilidad siquiera. De todos modos pienso que el Estado argentino no debe retirarle apoyo a esta pareja de salteños, sino todo lo contrario: en lugar de otorgarles una AUH, lo que debería recibir esa gente (y de manera urgente) es un buen tratamiento psicoterapéutico para que comprendan la dimensión de lo que están haciendo, ya que un hijo no es una mascota o un juguete, sino un ser humano.

Lo más lamentable del caso fue ver a los directivos de la ANSES vanagloriarse de que, gracias a los travestidos salteños, ahora en este país pueden recibir dinero hasta las mujeres que consiguieron que se les altere la partida de nacimiento y el DNI en una sede del registro civil. La ANSES celebra su demagogia regalando dinero a diestra y siniestra, mientras procura abandonar y humillar a quienes más debería apoyar: los jubilados argentinos.


Antonella Díaz 

lunes, 13 de octubre de 2014

La derrota femenina: una reflexión sobre el último Encuentro Nacional de Mujeres

La guerra en tiempos de paz

El 29º Encuentro Nacional de Mujeres (ENM) sirvió para que muchos salteños manifestaran su odio cristianofóbico y su resentimiento por tener que vivir en una sociedad construida sobre valores occidentales.

Ya a principios de septiembre las organizadoras del ENM lanzaron una declaración de guerra:Les hicimos 29 Encuentros, les haremos muchos más” era el lema de evidente tono combativo (¿a quien o mejor dicho contra quien se supone que hacen los Encuentros?).

Numerosos vecinos de Salta no vacilaron en denunciar lo que se avecinaba: una manifestación violenta y obscena para exigir el derecho a asesinar impunemente a niños por nacer y agredir gratuitamente a la Iglesia Católica, disfrazada de congreso para debatir sobre la problemática actual de las mujeres argentinas. A los progresistas les indignó que hubiese gente que no sólo decía la verdad, sino que además convocasen a otros a defender el patrimonio edilicio para minimizar los daños que causan las hembristas cada vez que se reúnen. Entonces denunciaron “una caza de brujas”. El desarrollo de los acontecimientos posteriores, al final, le dieron la razón a los ciudadanos que anticiparon que sucedería una bochornosa escena de incivilidad.

Las organizadoras del ENM decidieron que la marcha hembrista que habitualmente cierra el evento con el supuesto objetivo de “visibilizar” a la problemática femenina no desembocaría frente a la Iglesia Catedral. Con ello pretendían realizar un gesto de agradecimiento al gobierno provincial, que subsidió generosamente al ENM y facilitó instalaciones públicas para desarrollar sus actividades. Sin embargo una facción bastante nutrida de asistentes al evento hizo caso omiso de lo dispuesto por las organizadoras e igual concurrieron hasta la plaza central de Salta. Allí quemaron una bandera con los colores del Vaticano, bailaron y cantaron semidesnudas en una suerte de espectáculo cavernícola, agredieron a las personas que estaban ante los vallados que protegían a los edificios, y aprovecharon para ejercer impunemente la obscenidad ante la vista de todos. Es decir esas fanáticas hicieron exactamente lo que unos supuestos carteles “cazabrujas” decían que harían una vez concluido el ENM. ¿Acaso las organizadoras del ENM emitieron una declaración de repudio por lo acontecido y decidieron expulsar de futuras reuniones a las revoltosas? Por supuesto que no.  

Creo que después de lo que pasó en Salta quedó en claro que a las hembristas no les importa difundir su causa sino que sólo buscan confrontar violentamente con quienes no están de acuerdo con ellas. Son un ejército blandiendo una espada, no la luz de la verdad iluminando la obscuridad. El hembrismo se constituye así como una fuerza colonial, una iniciativa imperialista, que recurre a la violencia porque no tiene argumentos válidos para convencer a la gente. ¡Qué diferente que resulta esto de la religión!

Cuando se produce una procesión católica en Salta, la gente no termina pogromeando la sede de Mumala, ni del Partido Obrero, ni nada parecido. Por eso el cristianismo es mayoría: no busca conquistar con pintadas guarangas y cánticos soeces, seduce con la dulzura de la palabra manifestada a través de la canción de alabanza y de la plegaria, y convence a través del sermón. 

El síndrome de la mujer golpeada

El ENM, supuestamente, es consensualista: las mujeres participan de una serie de talleres de discusión, pero en ellos “no hay ganadoras ni perdedoras”, ya que todas las opiniones vertidas sobre los diversos temas terminan reflejadas al final. Esto, en realidad, es falso. Muchas mujeres antihembristas asisten a las reuniones, plantean sus puntos de vista, y luego son ignoradas categóricamente. Es que en el ENM prima “el síndrome de la mujer golpeada”.

En efecto, el objetivo real del multitudinario evento es hacer catarsis. Las propias organizadoras lo dicen: “Miles nos fortalecemos y tras cada Encuentro volvemos fortalecidas a desandar las relaciones familiares y dentro de las demás organizaciones donde nos desempeñamos.” Es claro, ¿verdad? Muchas mujeres sufren en sus hogares o fuera de ellos por no tener el coraje, la inteligencia o el autoestima como para hacerse respetar, y entonces deciden liberarse de todas las ataduras por el plazo de dos días para volver “recargadas” a sus lugares de origen. Eso son los ENM: una excusa para gritar, descontrolarse y autocompadecerse para sentirse mejor con una misma. Por ello necesitan señalar a un enemigo al cual culpar de los padecimientos propios, y como los maridos, los hijos o los patrones no se encuentran cerca, la Iglesia Católica encarna simbólicamente a ese enemigo.

Los ENM son eventos de una esterilidad mayúscula. Los justifica, precisamente, aquello que la mayoría repudia: la creación de una zona temporalmente autónoma en la cual la mujer física o psicológicamente “golpeada” puede ejercer su poder sin limitaciones. La mayoría de las asistentes al ENM entienden que es humillante para la propia mujer pasearse desnudas o semidesnudas vandalizando una ciudad e insultando al viento, pero, como buena golpeada que se aferra a algo que es ligeramente mejor a la situación que vive, aceptan participar de esa ridícula puesta en escena.

La agenda impuesta

Dado que los ENM no son más que manifestaciones del ruido y la furia, nada importa acerca de su contenido. En los últimos 29 años se ha parloteado mucho, pero poco se ha logrado. Toda la legislación hembrista y elegebetista que le impusieron a nuestro país en el último lustro no emergió de los ENM, sino que fue importada desde el extranjero. Y eso es un asunto más grave que en la Argentina nunca se discute: la naturalización de lo radicalizado.

Más allá de las energúmenas que causaron desmanes en Salta, hubo muchas otras mujeres que participaron de los talleres con la intención de obtener algo más que un mero momento de catarsis. Esas eran mujeres que apoyan al gobierno pero que no se conforman con lo mucho que éste ha hecho para arruinar el concepto de familia, por lo que además quieren que el aborto sea legal y el adoctrinamiento hembroelegebetista sea obligatorio en todas las escuelas del país (piden eso al mismo tiempo que cuestionan la enseñanza de la religión en el ámbito escolar). Estas asistentes son, de hecho, más peligrosas que las bandoleras, debido a que predican y practican las mismas aberraciones hembristas pero sin recurrir a la violencia visible.

El resultado de este escenario es nefasto. Hoy en día cualquier hombre que critique a una mujer en la Argentina es tildado automáticamente de “machista”, y cualquiera que atente en contra de la integridad física de alguien del sexo femenino es acusado de ser un “femicida”. No importa si el hombre no está manifestando la superioridad del hombre por sobre la mujer, o si agrede a una mujer por su circunstancia y no por su condición de mujer, para el discurso popular argentino no hay diferencia: todo hombre es un potencial machista y femicida, si no es que de hecho ya lo es de manera activa. Evidentemente hay un abuso de la condición femenina que no es políticamente correcto denunciar.

El triunfo de la corrección política se mide de acuerdo a la ignorancia de la gente pensante: mientras menos ejercen el pensamiento crítico los miembros de una sociedad, mayor es la impostura irracional y los tabúes.

Hoy en día el ENM –como lo ha sido siempre– es un mero adorno. Las mujeres que participan alegremente del mismo son idiotas útiles o, simplemente, idiotas a secas que no distinguen entre el radicalismo hembrista y la posibilidad de saldar las últimas deudas que el mundo contemporáneo debe saldar con las mujeres. Por ello tomaron como algo tan natural que el ENM realizado en Salta esté invadido por hombres con peluca, que por ser tan membrudos difícilmente puedan ser llamados “mujeres”. No entienden y no quieren entender cuáles son sus derechos ni, fundamentalmente, cuáles son sus obligaciones por ser mujeres.

El show de Violetta

Finalmente no quiero dejar pasar la oportunidad de referirme a un episodio bochornoso que sucedió el fin de semana pasado en Salta, porque creo que ilustra bastante bien lo perverso que es el avance del hembrismo en la Argentina.

En el acto de apertura del 29º Encuentro Nacional de Mujeres realizado en el Estadio del Milagro, hubo un violento choque entre unas mujeres que quisieron subirse a la tarima oficial y la gente que custodiaba dicha tarima. La dirigente trotskista Manuela Castañeira intentó llevar hasta los micrófonos a Rocío Girat, pero las organizadoras se lo impidieron, por lo que la mujer decidió no abandonar el escenario como se lo pedían; acto seguido intentaron expulsar a Castañeira del lugar por la fuerza, y la mujer terminó armando un histérico escándalo mientras gritaba “vivimos en democracia”, “no sean cómplices del patriarcado” y cosas similares. Si en lugar de Castañeira hubiese estado alguna de las mujerzuelas de La Cámpora sospecho que la historia hubiese sido diferente.  

Sea como sea, ese choque fue sólo una muestra del trato que habitualmente padece alguien que intenta plantear una disidencia en uno de esos congresos hembristas, pero de todo modos lo que más me interesa es la figura de Rocío Girat.

Girat es una joven marplatense que irrumpió recientemente en la televisión después de que se condenase a su padre por violación. Marcelo Girat, el inculpado, era un hombre perteneciente a la Armada Naval que supuestamente habría violado durante cuatro años a Rocío, su hija. La historia de abuso e incesto causó indignación y la gente, naturalmente, se puso del lado de la víctima. Así, a través de la presión mediática, Rocío consiguió que a su padre se lo traslade a una cárcel común, pues, hasta antes de que ello sucediese, los jueces le habían permitido gozar de prisión domiciliaria sabiendo que la vida de un hombre de las Fuerzas Armadas acusado de violación corre peligro en el interior de una penitenciaría.    

Cuando aparentemente nos enteramos que había triunfado la justicia, empezamos a escuchar a la víctima llevar su testimonio de programa de televisión a programa de televisión (previas reuniones con funcionarios del gobierno que prometieron perseguir a todos los militares cómplices que pudiesen llegar a haber estado involucrados en el caso). En Minuto Uno, el programa de Gustavo Sylvestre en C5N, Rocío y su madre –la ex–esposa de Marcelo Girat– hablaron sobre su pasado y su presente. Allí, la madre de Rocío contó que nada menos que a los 13 años ella comenzó a frecuentar a un “noviecito” que no sólo la superaba en edad, sino que además tenía un historial de consumo de drogas; Marcelo Girat le reprochó duramente a su esposa que permitiese que una situación así sucediese y ella, según su testimonio, minimizó el problema; poco después habrían comenzado las violaciones. ¿No suena esto raro? Es obvio que en la situación descrita por las propias protagonistas quien estaba actuando más coherentemente es el padre, acusado después de violador. También cuando Rocío cuenta que su padre la retiraba de las discotecas y la llevaba ebria a la base naval en la que trabajaba eso nos dice, entre otras cosas, que había un hombre preocupado por su hija menor de edad y que por ello la custodiaba para que retorne junto con él al hogar, evitando así depositarla en su casa sin su supervisión (lo que significaría que, apenas él retornase a su puesto de trabajo, ella podría volver a dejar su hogar para seguir bebiendo descontroladamente en fiestas con otros adolescentes). Todo ello me lleva a sospechar que el Caso Girat más que un horrendo episodio de incesto y abuso podría tratarse de un típico montaje para justificar un divorcio.

En Argentina estamos acostumbrados a mujeres como Estela de Carlotto, Hebe de Bonafini, Susana Trimarco y otras que envueltas en el disfraz de víctimas viven la vida oronda a expensas del pueblo argentino y viajan por el mundo dando lecciones sobre victimización, ¿hace falta sumar a otra de ellas?



Antonella Díaz 

viernes, 19 de septiembre de 2014

La indiferencia es letal

Un botón rojo para salvar al mundo

Finalmente el gobierno de Salta sucumbió ante las presiones hembristas y declaró la famosa “emergencia de género”. En realidad la medida llegó como respuesta al horrendo asesinato de Abigail Antero: en Yacuiba, Bolivia, se halló el cuerpo sin vida de la joven Antero de 17 años que vivía en Salvador Mazza; el cadáver tenía el rostro desfigurado y los genitales mutilados, además de presentar varios traumatismos en el tórax. La hipótesis inicial señaló a su entorno como sospechoso, y así se concluyó que el Estado no había garantizado la integridad física de la mujer. Más lógico es que se hubiese reaccionando con algún tipo de medida contra Bolivia (Abigail desapareció tras haber avisado en su casa que cruzaría la frontera para comprar ropa), pero en lugar de buscar al enemigo externo se apuntó contra el enemigo interno, porque esa es la moda de hoy en día -si no se hubiese hallado el cadáver en estos momentos se estaría difundiendo casi con absoluta convicción que la mujer fue víctima de una siniestra e invisible "red de trata de personas".

En el pasado mes de junio Martín García Caínzo, Secretario de Derechos Humanos de la Provincia de Salta, le señaló a la prensa que era ridículo declarar una emergencia ante la violencia que sufre la mujer, porque las declaraciones de emergencia son para darles una solución urgente a problemas que surgen circunstancialmente, y la violencia que sufre la mujer es un tema complejo que está instalado de modo estructural en la sociedad argentina. Acto seguido sostuvo que el gobierno salteño tenía un programa de prevención, asistencia y seguimiento para mujeres violentadas que, a largo plazo, arrojaría resultados positivos. Era sólo cuestión de esperar.
  
Empero a principios de septiembre parece que el gobierno cambió de opinión e hizo lo que García Caínzo dijo que no se haría. La declaración de “emergencia de género” se produjo a través de un decreto del Gobernador Juan Manuel Urtubey, que la Cámara de Diputados local refrendó. La mentada disposición ordena crear nuevos juzgados dedicados a lidiar únicamente con casos de violencia doméstica, proyecta construir albergues para las mujeres víctimas de la violencia y para sus hijos, plantea instalar botones antipánico a lo largo y ancho del territorio provincial, y convoca a las ONGs a acercarse al Estado para colaborar en tareas de contención social y transformación cultural. El DNU señala, además, que los juicios por violencia doméstica serán sumarios, se hará todo lo posible para mantener la confidencialidad de cada caso y a la mujer se le garantizará un trato humanizado para que la víctima no se sienta absorbida por una burocracia inescrupulosa que la trata como un expediente y no como una persona.

Uno se pregunta: ¿por qué el Estado quiere hacer tanto por esas mujeres víctimas de los que ellas eligieron como parejas, y, a su vez, hace tan poco por quienes fueron elegidos por victimarios que los asaltaron en las calles o aun es sus propias casas? Los oficialistas y los opositores coincidieron en subrayar la importancia que esta medida tiene para acabar con la “cultura machista”, la cual, al parecer, afecta a nuestro país (¿acaso no hay también una “cultura delincuencial” que debería unir a oficialistas y opositores con mucha más pasión que este asunto menor?).

El Partido Obrero, como no podía ser de otra manera, fue la voz discordante en el universo partidocrático salteño: para ellos la declaración de “emergencia de género” de Urtubey es una iniciativa tardía e improvisada, que sólo busca proponer soluciones superficiales al problema de la violencia contra la mujer, pero que no ataca la cuestión de fondo.

La gallina de los huevos de oro

También por junio, mientras que García Caínzo arrojaba palabras al viento, la Cámara de Senadores de Salta aprobó una ley que fijaba cual sería la orientación de las políticas públicas en materia de violencia social, escolar y familiar. El objetivo era unificar toda la legislación concerniente al área para que no pareciera que, en este país, las leyes se hacen a los tumbos con el objeto de parchar situaciones que se producen porque nadie planificó como evitarlas. 

Empero la iniciativa de los senadores desató la furia de las hembristas, porque consideraron que al unificar la legislación sobe violencia ellas no podrían continuar proponiendo modificaciones que beneficien a su sector (se quejaron, por ejemplo, de que la ley que ellas impulsaban para que un hombre que sufre de una orden de restricción mantenga el vínculo monetario ante quien acosa no se la podría aprobar así sin más). Roberto Gramaglia, un senador oficialista, defendió la ley sosteniendo que todo lo que las hembristas señalan no tiene fundamentos, ya que la ley no es impedimento para lo que ellas plantean.

Las hembristas contraatacaron con un comunicado en el que, luego de dejar en claro su posición, terminan derrapando con imbecilidades del tipo “la desocupación, la falta de viviendas, la desnutrición infantil son actos de violencia”, cuando es más que claro que no es así, pues la desocupación es una cuestión de armonía económica (o sea no es violencia sino desequilibrio), la falta de vivienda es desidia (o sea no es violencia sino abandono), y la desnutrición infantil es carencia (o sea no es violencia sino indiferencia).

¿Pero por qué las hembristas tienen esa necesidad de confundir agresión física y psicológica con situaciones sociales penosas? En realidad no tienen ninguna necesidad, es tan sólo un truco retórico para llevar más agua para su molino. Debido a ello se puede asegurar que la cuestión no resiste más análisis, por lo que es necesario volver a la violencia en contra de la mujer.

Las hembristas de Jujuy pueden dar una clave para entender por qué las hembristas de Salta rechazaron la ley propuesta por los senadores (que al final no fue aprobada por los diputados), y por qué están en desacuerdo con la “emergencia de género” que declaró Urtubey. Una agente de la filial jujeña de la ONG Mumala dijo: “entendemos que es necesario que el Gobierno Provincial adopte medidas urgentes para reducir y prevenir la violencia, pero además para mejorar los servicios destinados a atender a las mujeres en situación de violencia, para lo cual, entre otras medidas es necesario incrementar el presupuesto y potenciar la articulación entre los organismos que tienen esta responsabilidad”. La palabra mágica aquí es “presupuesto”. A las hembristas les interesa el dinero que maneja el Estado. Quieren su tajada. Ellas se consideran expertas en “lo femenino”, por tanto, si el gobierno empieza a tratar a una mujer golpeada como a una reina, las cortesanas de esa mujer serán las hembristas (en sus roles de psicólogas, trabajadoras sociales, abogadas, etc). Y como se está hablando de “emergencia” ello equivale a proveer respuestas inmediatas y espontáneas: la idea es que el gobierno no espere a formar a sus propios especialistas, sino que contrate cuanto antes a quienes ya están formados (los cuales, claro, vendrían a ser las propias hembristas), dándoles además un gran poder y quitándoles restricciones para que, con su acción, pongan fin a la situación extraordinaria que activó la emergencia. Nada resulta más ventajoso para una hembrista que crear pánico social a través de la propaganda primero y presentarse después ante la comunidad como las mayores expertas en erradicar aquello que altera a la convivencia pacífica. Ese es su juego perverso que les permite crecer y multiplicarse en la actualidad.

Los dejamos venir por nosotros

Pero las hembristas no se conforman con contener al puñado de mujeres maltratadas, ellas van por todo. Para ello necesitan llegar a toda la población, entonces buscan controlar el sistema educativo. Ese es el botín que les interesa, porque, visto en perspectiva, es una máquina de producir dinero: una mujer golpeada puede ser tratada durante un tiempo, pero luego se repondrá y es probable que, gracias a la experiencia adquirida, no vuelva a ser víctima. Eso significa que el negocio, a las hembristas, se les acaba en cuanto triunfan. En cambio siempre se puede educar (o en este caso sería más bien adoctrinar) a alguien.

¿Cómo se llegó a esto? ¿Cómo se pasó en un lustro de tener una visión positiva de la mujer a verla como una potencial víctima? Obviamente los medios masivos de comunicación colaboraron enormemente en este asunto, pero ellos no son la causa. La causa es la indiferencia.

Cuando en 2010 se sancionó la modificación del Código Civil para permitir las bodas gays en nuestro país, la semilla del mal empezó a crecer. En aquel momento hubo dos grupos: uno a favor de la aberración sodomita, y otro, un tanto más grande, que pretendía salvar al concepto de familia. Y después estaban los indiferentes, que fueron algo así como el 80% de la población. La típica postura del “mientras lo hagan entre cuatro paredes no me molesta” justificó el desinterés de muchos, sin percatarse de que cuando el Estado interviene ya no hay más cuatro paredes. Es decir, las bodas gays son un asunto mínimo comparado con la batalla por la propiedad de la educación: porque hoy permitimos que los invertidos se casen y, más aberrante aún, que adopten hijos, ¿pero que hay de mañana? ¿cómo se le amplían los derechos a alguien para incluirlo en el mundo de la mayoría y se lo continúa percibiendo al mismo tiempo como una minoría diferente? No se puede. En cuestión de minutos se vuelve evidente que el diferente no es sólo diferente, es también un desviado, una falla, un error. Y esto se produce no por un prejuicio, sino porque el peso mismo de los hechos así lo impone. Por tanto aquí entra la educación a jugar el juego: hay que sacarle de la cabeza al ciudadano lo que es obvio para él, hay que lavarle el cerebro para que la verdad no prevalezca. Y esto se debe hacer siempre, porque si se le retira el adoctrinamiento a una generación, ésta crecerá en contacto con lo real, conociendo de primera mano a la verdad que hoy en día se busca ocultar por todos los medios posibles.

La indiferencia inicial ante lo que fue un bombardeo propagandístico y una imposición violenta debe revertirse. Por “dejar que los otros hagan” se está deshaciendo nuestro país. La indiferencia es letal, y su principal víctima son las familias.


Antonella Díaz 

sábado, 6 de septiembre de 2014

Un caso de perverso adoctrinamiento aberrosexualista en Jujuy

Había una vez un reino lejano

En el año 2007 se desarrolló una polémica en el Reino Unido en torno a la presencia de propaganda aberrosexualista en los jardines de infantes. Como parte de un proyecto auspiciado por el propio Departamento de Educación de ese país, un grupo de educadores organizaron talleres especiales en las escuelas para difundir el contenido de los libros King & King y And tango makes three, dos obras que, presentadas como cuentos para niños, abordan el tema de la homosexualidad. Enteradas de esta situación, muchas familias cristianas y musulmanas manifestaron su preocupación de que se adoctrinara con propaganda aberrosexualista a niños de tan escasa edad.

Los defensores de la depravación argumentaban que los libros cuestionados versan sobre familias fundadas por dos personas del mismo sexo, por lo que su propósito era el de adaptar a los niños ante situaciones similares en la vida real, para que, llegado el momento en que apareciese un niño que se presente como hijo de una pareja del mismo sexo, sus compañeros de la escuela no lo discriminen por lo anómala de su situación. Sin embargo los detractores de la iniciativa señalaron que para lograr eso no hace falta vender la idea de que es perfectamente normal que a una persona la atraiga otra del mismo sexo. Incluso indicaron que convencer de algo así a niños del jardín de infantes puede llegar a facilitarle la tarea a los pedófilos, personajes que nunca faltan en el ámbito educativo.  

Tras multiplicarse las quejas en contra del programa propagandístico, las autoridades británicas optaron por cancelarlo. Sin embargo nada hicieron para revertir el daño causado a los cientos de niños que estuvieron expuestos al adoctrinamiento aberrosexualista.  

Gobierno cómplice

Como si la polémica en el Reino Unido no hubiese servido para advertirle al resto del mundo sobre la toxicidad de King & King y And tango makes three, estos libros penetraron en la Argentina con el aval explícito por parte del Inadi. Y desembarcaron en Jujuy, listos para ser difundidos en jardines de infantes provinciales.

Concretamente la pieza elegida para propagandear la aberrosexualidad fue King & King (que es el título inglés de Koning en Koning, un texto neerlandés que fue traducido al español como “Rey y Rey”). Este librillo cuenta la historia de una reina que quiere que su hijo se case y se convierta en rey; para ello convoca a muchas mujeres a su palacio, las cuales fallan en la tarea de enamorar al futuro monarca; finalmente el príncipe se “enamora” del hermano de una mujer que lo visita, y al final opta por casarse con él, siendo ambos varones coronados reyes.

En EEUU King & King generó todo tipo de reacciones entre la gente preocupada por la salud mental de sus hijos: se buscó descartar el libro como material de enseñanza, se dispuso recatalogarlo como literatura no apta para menores de 12 años y hasta se intentó sacarlo de circulación por considerar su contenido inapropiado. ¿Qué ha sucedido en Jujuy? Absolutamente nada. Los talleres de aberrosexualimo auspiciados por el Inadi se completaron con total normalidad, y ya se proyectan realizar otros. Los escenarios utilizados para llevar a cabo la tarea propagandística fueron, en esta ocasión, el jardín de infantes del Colegio Martín Pescador –una institución de enseñanza privada ubicada en el área céntrica de San Salvador de Jujuy– y el jardín de infantes de la Escuela Primaria Nº 461 –una institución de enseñanza pública perteneciente a la barriada obrera de Alto Comedero–, pero se espera que en los próximos meses otros jardines de infantes alberguen a los talleres de depravación sexual.

La princesa republicana

Cualquiera podría decir que llama la atención que ni una voz política se haya manifestado en contra de este tremendo episodio de corrupción de menores. Pero, conociendo lo nefasta que es la casta política jujeña, lo raro hubiese sido que alguien hubiese dicho algo en contra del Inadi y a favor de los niños. De gente que desprecia al pasado heroico, ¿se puede esperar un mínimo de interés por las generaciones futuras?

De todos modos en estos últimos días se registró algo así como un choque entre el Inadi y los políticos, sin embargo no es un enfrentamiento entre dos posiciones enemigas, sino una mera discusión de facciones que responden al mismo objetivo. La Senadora Nacional Liliana Fellner, enterada del contenido de Rey y Rey, sostuvo que no estaba de acuerdo en que se emplee ese texto en el ámbito educativo provincial. ¿Acaso Fellner, pensando en el bienestar popular, se puso en contra de que la aberración sexual sea naturalizada? Pues no. Las objeciones de doña Fellner fueron dos: el libro era nocivo porque, por un lado, lo protagonizan no uno sino dos reyes, y la Argentina es “un país sin monarcas”, y, por el otro lado, cuando la reina convoca a las pretendientes al palacio para que conozcan al príncipe eso puede ser interpretado como que “cosifica” a las mujeres, ya que pareciera que las damas son como diversos autos que un hombre debe escoger de una concesionaria. Es decir, a la Senadora Nacional no le escandaliza que a una criatura se le mienta acerca del concepto de familia o se lo confunda en relación al desarrollo de su sexualidad, ¡le escandaliza que el libro no sea republicano y feminista!

Parece que a Liliana Fellner no le gustan los cuentos de hadas, y por ello exige realismo en una historia para niños. De cualquier manera lo que debería de exigir, en todo caso, no es realismo sino verismo: la tarea de un maestro consiste en transmitir la verdad; más allá de si elige un método realista o uno simbólico, su compromiso es el de enseñar hechos y no ideas, transmitir ciencia y no ideología, educar en lugar de adoctrinar.  


Antonella Díaz

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Silvina Sadir: agente del colonialismo cultural

“Utilísima” al gobierno, el Ingsoc al poder

Silvina Sadir es una joven jujeña que intentó llegar al Congreso de la Nación en 2013 y falló estrepitosamente, pese a haber contado con el apoyo del Partido Justicialista y su aparato clientelar. Aun con la derrota a cuestas, Sadir terminó bien acomodada en la función pública jujeña: de la noche a la mañana se convirtió en Secretaría Provincial de Niñez, Adolescencia y Familia.

Desde su puesto, Sadir aprobó la organización de una iniciativa para combatir el maltrato infantil, causa noble si las hay. El problema es que para ello no tuvo mejor idea que aliarse a UNICEF, una ONG novordista de gran fama internacional. El objetivo es claro: Jujuy, una de las provincias más pobres y peor gobernadas de la Argentina, se pone al amparo de un organismo de prestigio mundial como UNICEF, demostrando así que desde el extranjero se mira a este rincón olvidado de la patria. El gobierno supone que, abriéndoles las puertas de par en par a UNICEF, proyecta ante la sociedad local una imagen de ultraprofesionalismo avalado por la mismísima ONU.

A los de UNICEF, con esa perversidad que los caracteriza, se les ocurrió lanzar una campaña a favor del “Buentrato Infantil”. ¿En qué consiste semejante engendro? Básicamente en juntar adhesiones para que la Real Academia Española incorpore en el diccionario el neologismo “buentrato”, pues para esta gente es inconcebible que en el idioma español exista la palabra “maltrato” y no la que ellos proponen. 

Gabriel Lerner, un kirchnerista que ostenta el mismo cargo que Sadir pero en el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, sostuvo que el objetivo de la campaña es provocar un cambio cultural (o sea una transformación de las costumbres), apuntando especialmente a erradicar el castigo físico en el ámbito doméstico.

Más allá de la discusión que puede haber sobre la conveniencia o inconveniencia de aplicarle castigo físico a los niños, lo curioso es que el abordaje a un tema que debe ser debatido seriamente se da de un modo que resulta frívolo y perverso al mismo tiempo, como si una consejera espiritual del extinto “Utilísima” nos dijera cuales palabras usar para tener “un pensamiento más positivo” en tanto que el totalitario Ingsoc –promotor de la neolengua a través de su Ministerio de la Verdad– le escribe a esa mujer el guión que debe estudiar.

Las palabras no son inocentes

Manuela Thourte, agente de UNICEF en la Argentina, señaló que la campaña se puso en marcha en La Rioja, y Jujuy es la segunda provincia que adhiere a la iniciativa. Esto no resulta raro, pues los pobres siempre son usados como cobayos para los experimentos.

Alguien podrá preguntarse: ¿por qué criticar una campaña que parece útil y que, en última instancia, resulta inofensiva? Y lo cierto es que la campaña no es útil (o es útil a un pequeño grupo de personas y perjudicial para el resto) y tampoco es inofensiva.

En la Argentina se impuso el término “bullying” y el término “femicidio”, dos palabras que no están en los diccionarios del idioma español. Y no están porque ya existen palabras para ello: “hostigamiento” y “uxoricidio”. Esas viejas palabras no cuentan con el atractivo marketinero del que si gozan los otros términos. Además son muy generales, ya que el uxoricida es aquel que mata a su cónyuge (sea éste mujer u hombre) y el que sufre el hostigamiento es todo aquel que cae en la mira de un cretino que intenta demostrarle a la víctima y demostrarse a sí mismo que es el más fuerte. “Femicidio”, en cambio, remite a mujeres que son “víctimas inocentes” de los maridos patriarcalistas, machistas y, ¿por qué no?, clericales, racistas y xenófobos. En tanto que “bullying” se usa sobre todo para referirse a esa relación “enfermiza”, producida por la “ignorancia”, que surge entre jóvenes (generalmente entre jóvenes que hostigan a otros jóvenes afeminados). 

“Buentrato” apunta a equipararse con “femicidio” y “bullying”: aquel que le da un golpe correctivo a su hijo en determinada circunstancia para enseñarle a internalizar los límites entonces deberá ser tratado como un delincuente que debe ser “desprogramado”. No “buentratar” a los hijos será un delito que se origina en la pesada herencia machista, patriarcal, clerical, racista y xenófoba con la que se vive. ¡Pero suerte que existe la UNICEF, Silvina Sadir y los demás progresistas para salvarnos de nuestras costumbres!

Revisando lo básico

Alguien debería avisarle a Sadir que el motivo fundamental por el que no existe el término “buentrato” es porque está implícito en muchas expresiones, siendo la más común de ellas “trato normal”.

La cultura cristiana considera que Dios es el creador del universo. Dios, que es infinitamente bueno, no ha creado lo malo. El mal se produce cuando las personas se alejan de Dios, o sea cuando se menosprecian como creaturas hechas a imagen y semejanza de Él: por eso el mal es la ausencia de ser. Al vivir día a día de acuerdo a la ley de Dios se está haciendo el bien (aunque no seamos concientes de ello). En cambio hacer el mal significa violar esa ley, por eso lo negativo debe ser destacado: para ser evitado y estigmatizado. 

Se supone, por tanto, que comportándonos normalmente con nuestros hijos el “buentrato” estará presente. Alimentar, curar, vestir, entretener, educar y castigar a un hijo es lo que constituye la relación NORMAL entre los padres y el fruto de su amor. Si los padres crían a sus hijos alejándose de la normalidad, entonces aparecerá el maltrato, el cual es completamente repudiable.

Inventarle nombres extraños a lo que no necesita ningún nombre es un error, porque con ello se busca justamente alterar innecesariamente a la realidad.

Circo sin pan

Se podría señalar, que a pesar de los métodos cuestionables escogidos, el gobierno jujeño ha decidido resolver una cuestión muy grave en su provincia como es la emergencia de niñez. Empero aquello que excede a esta campaña de la UNICEF prueba que eso no es verdad.

En Jujuy unos treinta mil menores de edad asisten a comedores infantiles para recibir la alimentación que sus padres no pueden darle. La cifra es gigantesca: treinta mil niños y jóvenes que podrían desaparecer víctimas de la inanición si no fuese porque el Estado de Bienestar es la fina línea que evita el genocidio.

Según un cálculo, se sabe que las autoridades provinciales destinan apenas $4 diarios a esos treinta mil niños para su alimentación. En un país hiperinflacionado como el nuestro, en donde $4 apenas alcanzan para comprar un alfajor o dos chupetines, estos niñitos deben llenar sus estómagos con ese monto (pues, aunque no queramos admitirlo, hay muchos padres de menores carenciados que emplean el dinero que obtienen de los planes sociales para comprar vino o cigarrillos, o para pagarles a los usureros el préstamo que les dieron para adquirir una moto, un plasma o un celular, imposibilitando así que el dinero vaya a parar a la alimentación de sus hijos).

Mientras sucede esto, el gobierno provincial le disputa la hegemonía popular a Milagro Sala y organiza un megafestival demagógico para el Día del Niño, en el que aparece el Sapo Pepe y se termina desembolsando cerca de un millón de pesos para algo que dura apenas unas horas y que los involucrados podrían hacer en nombre de la caridad.

Jujuy, evidentemente, está “malgobernado”.   



Antonella Díaz