La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

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jueves, 3 de septiembre de 2015

#Tucumanazo

La típica postal

Hay que comenzar destacando algo importante: el Tucumanazo de este año no fue el producto de una situación extraordinaria. En efecto, la grotesca manipulación de la voluntad popular es un fenómeno que se repite constantemente en nuestro país. Sin embargo esta vez la gente, es decir el ciudadano que padece la política argentina, decidió repudiar abiertamente al "folklore electoral".

Juan Manzur es el que terminó más perjudicado luego del levantamiento popular. Apenas unos días antes del 23 de agosto, Manzur había cerrado su campaña con un pomposo acto en el Teatro San Martín, al cual asistieron Daniel Scioli y Carlos Zannini, acompañados de una nutrida comitiva de dirigentes del kirchnerismo integrada por gobernadores como Eduardo Fellner, Lucía Corpacci y Claudia Ledesma Abdala entre otros. La idea era contagiar a Scioli del oflador de Manzur, un truco mercadotécnico que le permitió al tucumano sacarse el traje de burócrata enquistado en el poder y convertirse en un hombre del pueblo.

De todos modos el impacto de la propaganda de la oflada fue mínimo: sólo logró llamar la atención de una cuantas mujeres de los sectores populares a las que, en principio, el aspecto varonil de José Cano las convencía más que el semblante arábigo del elegido de Alperovich. Las encuestas de los días previos a la elección arrojaban números altamente favorables a la fórmula constituida por Cano y Amaya. Por ese motivo Manzur faltó al debate televisado de los candidatos a gobernador: quería evitar un eventual traspié que lo empujase aún más abajo en la intención de voto de la gente.

Al no tener un candidato competitivo, el gobierno tucumano estaba obligado a orquestar una operación de fraude realmente descomunal con el fin de asegurarse el triunfo. Apenas dos semanas antes, la provincia había atravesado las PASO, y la idea de lo trucho sobrevolaba el ambiente (para ejemplificar ello basta con recordar que en una mesa de Famaillá el Frente para la Victoria obtuvo el 157% de los votos válidos). Por ende, para retener su posición, los oficialistas sabían perfectamente que tenían que alterar el resultado final de la elección. Justo igual a cómo se lo hicieron a Ricardo Bussi en 1999. Y cuando digo “justo igual”, me refiero a las formas y no a los contenidos; el hijo del General Bussi, en aquella oportunidad, ganó la gobernación con un escaso margen de diferencia, lo que le permitió al Partido Justicialista cambiar los guarismos y aun así resultar creíbles. En el caso del 2015, la maniobra falsaria debía ser grandilocuente, o de lo contrario, si la diferencia entre los candidatos terminaba siendo mínima, ello sólo envalentonaría a la oposición a tomar las calles. Por ello los jerarcas del PJ plantearon un escenario de triunfo aplastante para Manzur, y dejaron que los punteros pejotistas hicieran el resto.

El problema es que al ejército de punteros se le fue la mano. La entrega de dádivas (o “bolsones” según la terminología tucumana) fue un operativo de una coordinación asombrosa, el cual superó en magnitud al operativo organizado por el gobierno tucumano para asistir a las víctimas de las inundaciones de marzo pasado. La logística desplegada para llevar a la gente a votar también resultó ser otro acontecimiento gigantesco. Pero como ello no alcanza para ganar una elección, los punteros pejotistas recurrieron al lamentable arsenal de trucos sucios: urnas cargadas, destrucción de boletas opositorassorpresivos cortes de luz, votos a nombre de otros y compra de fiscales con la consecuente aparición de telegramas con cifras inverosímiles.

También se registraron graves incidentes (que incluyeron urnas quemadas y gendarmes heridos) en las localidades de Alberdi, San Pablo, La Florida, Sargento Moya y Los Ralos. Y además no faltaron los episodios de violencia absurda como la golpiza que recibió un camarógrafo de un canal de cable local por registrar el clientelismo o la balacera gangsteril que se produjo ante una sede partidaria. Lo que se dice “la típica postal” de la democracia argentina. 

Los patrones

José “Gallito” Gutiérrez, un legislador provincial tucumano, es el biotipo del político norteño feudalista. Poco antes del 23 de agosto, Gutiérrez adquirió notoriedad en todo Tucumán por haber amenazado públicamente a la gente de su distrito para que voten a su hijo que lo sucedía o, de lo contrario, sufrirían problemas de vivienda. De más está decir que, más allá de las críticas que circularon por las redes sociales, nadie castigó de modo alguno a Gutiérrez por su exceso de sinceridad. Y es tanta la impunidad de la que goza este personaje, que en el día de las elecciones al tipejo se le ocurrió ir a sufragar sin llevar su DNI, pensando en que una autoridad de mesa no le pondría trabas a un sujeto tan importante como él. 

En la mente de Gutiérrez está instalada la idea de que es el dueño del Estado, por tanto las leyes no lo afectan. Y, lamentablemente, él no es el único que piensa así, es decir él no es el único que ve en la política una carrera lucrativa y no un servicio público. De allí que Tucumán, a través de los denominados “acoples”, presenció como unas 25.467 personas disputaron la obtención de apenas unos 347 cargos electivos (en Yerba Buena se produjo la ridícula situación en la que se registró un candidato cada 35 electores). 

Y así como hubo un ejército de candidatos, también hubo una legión de fiscales que superpoblaron las escuelas y dificultaron el desarrollo de los comicios. No debe olvidarse además que el aluvión de boletas en el cuarto obscuro obligó a muchos ciudadanos a llevar el voto armado desde sus casas, dado que la mayor parte de la población temía tener que perderse en un mar de opciones en las que probablemente no estuviese presente la que deseaban elegir. 

Domingo Amaya, candidato a vicegobernador de la oposición, sostuvo que el sistema electoral tucumano es una vergüenza y aprovechó para exigir la implementación del voto electrónico, visto por algunos como una panacea contra la turbiedad electoral, y visto por otros, en cambio, como un gigantesco peligro. (Lo irónico de esto es que Amaya, un oficialista devenido opositor, viene desde hace una década beneficiándose del sistema electoral que ahora critica).  

La ciudad de la furia 

Con una casta partidocrática del tenor de la que gobierna Tucumán, era lógico que el ciudadano de a pie reaccionase con indignación ante el fraude de siempre. En algún momento tenía que pasar.

Antes de la elección se sabía que todo podía terminar en una batalla judicial, puesto que sobraron los planteos contra candidatos que no estaban habilitados para presentarse (y junto con eso se llegó al extremo de cuestionar la conformación de la Junta Electoral Provincial por la presencia de Edmundo Jiménez y Beatriz Bordinaro, dos personajes vinculados estrechamente al PJ de los cuales se temía que enturbiaran la elección). El día de los comicios las denuncias de irregularidades que circularon por las redes sociales fueron interminables, hasta que los propios candidatos de la oposición advirtieron que en muchas mesas las autoridades correspondientes les estaban impidiendo a los fiscales observar el escrutinio que hacían al momento de llenar los telegramas. Los medios masivos de comunicación (locales y nacionales) no tuvieron más remedio que comentar todos esos episodios que demostraban que las cosas en Tucumán estaban mal encaminadas. La excepción fue Canal 10, el canal de televisión controlado por el oficialismo, que convocó a Luís Yanicelli y a Juan Pablo Lichtmajer para parlotear bufonesca e insustancialmente sobre la democracia que el PJ, en ese mismo momento, estaba oprobiando. 

El PJ, ante un escenario enrarecido, hizo lo de siempre: negar la realidad. Marcelo Ditinis, uno de los niños hebreos que colonizaron el pejotismo tucumano, experto en marketing e innegable cyber-boludo, trató de dar la batalla en Internet coordinando al ejército comunicacional alperovichista para que instalasen la idea de que la catarata de turbiedades eran sólo mentiras de una oposición desesperada ante la derrota. 

Tal fue el grado de subestimación de la gente, que el propio Daniel Scioli se subió al avión presidencial y aterrizó en Tucumán para acompañar a Manzur en los festejos organizados en la Casa de Gobierno provincial

La publicación de los resultados se demoró más de la cuenta, y cuando empezaron a surgir los números quedó en evidencia que la paliza oficialista estaba por encima de toda proporción. Consecuentemente se pidió que se detenga el escrutinio provisorio. Militantes de la oposición, convencidos de que el fraude se estaba cocinando ante sus narices, se concentraron frente a la sede de la Junta Electoral Provincial. En la madrugada, después de mucha tensión, los oficialistas festejaron insultando a los opositores luego de que se conociera el inverosímil resultado que daba por ganador a Manzur. 

Ya en la mañana del lunes 24 de agosto, con la elección decidida a favor de Manzur, la bronca era algo generalizado. Sergio Massa, Ernesto Sanz y Mauricio Macri decidieron intervenir en el conflicto exigiendo transparencia. Scioli, por su parte, pidió que se respete “la voluntad popular” y les sugirió a los opositores que acepten la derrota por el bien de la democracia o alguna sandez por el estilo.

Horas más tarde pasó lo que toda tiranía teme que pase: la movilización popular. Si bien hubo movimiento en ciudades del sur provincial como Alberdi y Concepción, el grueso de la gente se apoderó de la Plaza Independencia, el centro neurálgico de San Miguel de Tucumán. El reclamo de la multitud era la realización de nuevas elecciones, pero, obviamente, libre de prácticas cuestionables. La respuesta del gobierno fue rotundamente negativa, lo que incluyó una brutal represión.   

La voz del pueblo

La manifestación multitudinaria del lunes 24 de agosto, organizada de modo espontáneo le pese a quien le pese, fue bautizada por las redes sociales como el “#Tucumanazo”. Por supuesto que no faltaron los zopencos de siempre que aparecieron para decir que el otro Tucumanazo, el del año del ñaupa, era más digno de ese nombre, puesto que, al parecer, hacer barullo en contra de un gobierno burocrático y autoritario es más digno que hacerlo en contra de una tiranía demagógica. Según lo que se desprende de la opinión de los nostálgicos, en nuestra época ddhhemocrática el derecho a forzar los acontecimientos históricos a través de acciones heroicas estaría anulado. El fundamento de esto, supongo, es que la ddhhemocracia es una entelequia, o sea una cosa consumada y perfecta, por lo que nada externo a su despliegue oficial (ni siquiera el reclamo de una mejor democracia) merece ser juzgado como algo serio. Las revoluciones, según la mirada sedada y aletargada de hoy, se hacen sólo en los parlamentos u otras oficinas del gobierno.   

Para no tener que opinar sobre el reclamo de la gente, los popes del PJ, hablando mal y pronto, se hicieron los boludos enfocando sus críticas en contra de la policía, la cual, supuestamente, habría actuado por iniciativa propia a la hora de repartir palazos y balas de goma a los manifestantes. Los kirchneristas no pejotistas (como el CELS o la Fundación María de los Ángeles) aprovecharon el caos para lanzarle su veneno a Alperovich y recuperar un poco de credibilidad moral después de tantos años de complicidad con los que gobiernan. 

La ciudadanía acrecentó su indignación ante el cinismo del gobierno que tiró la piedra y escondió la mano. Así el martes 25 de agosto el número de manifestantes concentrados en la Plaza Independencia se incrementó considerablemente en relación al día anterior, haciendo recordar a los cacerolazos de 2012 o a las protestas en contra del gobierno que explotaron justo después de la huelga policial de 2013. En otras ciudades de Tucumán y del resto del país la gente salió a las calles para solidarizarse con las víctimas de la represión y amplificar la demanda de repetir las elecciones pero sin trucos sucios (los que marcaron el camino, pero lamentablemente no encontraron eco, fueron los salteños, que se aprovecharon del hecho de que Scioli estaba en la provincia justamente para pejotizar su campaña). El gobierno, por supuesto, sólo hizo oídos sordos ante el pedido del pueblo. 

Las protestas siguieron repitiéndose a lo largo de la semana. Debido a ello muchos creyeron que el nuevo Tucumanazo era algo más que un momento de catarsis, por lo que algunos intentaron utilizar políticamente al evento. Sin embargo el error de esa politización estuvo en que del Tucumanazo no nació un movimiento político nuevo, con vocación reformista y consignas bien definidas, sino que sólo se trató del típico reclamo republicano (o más bien anti-populista) que pretende ponerle un freno al pejotismo. No hubo ni una Revolución de los Cedros, ni una Revolución Verde, ni una Revolución de los Jóvenes, ni mucho menos un Euromaidán.  

Macri, Massa y Stolbizer, tres de los seis candidatos presidenciales del momento, se reunieron para exigir nuevamente el fin del feudalismo y la realización de una elección limpia y transparente, o sea una suerte de revolución institucional, como la que la UCR llevó a cabo en 1916 o la del GOU en 1943. El problema de esa escena fueron las ausencias: sabemos que Rodríguez Saa está especulando con acoplarse a Scioli, ¿pero dónde estuvo De la Sota si Sanz estaba allí junto a Cano? ¿Por qué Del Caño no acompañó a los otros candidatos presidenciales, si el Frente de Izquierda y de los Trabajadores de Tucumán, al menos desde una mitad del mismo, está apoyando el reclamo de la oposición provincial? ¿Y Elisa Carrió? 

La desunión opositora, aunque duela admitirlo, condena al fracaso al Tucumanazo. Y para rematar lo moribundo sucedió que los cultos religiosos y las ONGs, en lugar de levantar la bandera de la rebelión ante la tibieza partidocrática, sólo se reunieron para pedir el retorno de la paz social

De ese modo el impulso ciudadano se fue extinguiendo poco a poco: hubo mucha gente reunida hasta el viernes, pero ya el sábado la plaza dejó de vibrar. Sin embargo el día domingo, después de que el PJ tucumano abortara su intento de copar la Plaza Independencia y desatar una batalla campal contra la gente, la llama se reavivó. La última esperanza del pueblo tucumano era Jorge Lanata, la espada del nefasto Grupo Clarín contra el nefasto gobierno kirchnerista. Sin embargo el periodista no asumió su papel y prefirió quedarse en Buenos Aires viendo cómo la gente pedía la aparición de una voz que canalice su reclamo. Al día siguiente, el lunes 31 de agosto, Cano y Amaya organizaron una caravana para terminar de apropiarse de aquello que había nacido como una iniciativa de los de abajo. La gente acompañó a los candidatos, pero se podían ver las fricciones entre los que querían sepultar a la partidocracia para conseguir algo mejor y los que sólo planean apoderarse de la misma para perpetuar la decadencia del país. El martes 1º de septiembre fue testigo de la extinción del entusiasmo y el retorno del peregrinaje de las víctimas.  

Hernán Solifrano (h)

martes, 25 de agosto de 2015

La democracia en llamas

Jodiendo a la democracia

En 2012 el país se vio conmocionado por una protesta que llevaron a cabo los miembros de la Gendarmería y de la Prefectura. En realidad no fue el país quien se alteró por el suceso, sino solamente la pestilente casta partidocrática nacional. Con unanimidad, los políticos argentinos repudiaron la actitud de unos uniformados que sólo reclamaban por un salario digno (el salteño Alfredo Olmedo fue una de las honrosas excepciones que terminó por solidarizarse con quienes protestaban).

Lo peor de ese episodio fue la reacción de las huestes juveniles kirchneristas, esos neoimberbes que se la pasan hablando de lo terrible que era la vida bajo el gobierno de una dictadura que no vivieron. Culpa de esos aprendices de chupópteros, las paredes del país se vieron invadidas con la leyenda “Con la democracia no se jode”.

Tres años más tarde, después de haber presenciado el bochornoso desarrolló de las elecciones provinciales de Tucumán, cabe afirmar que quienes joden con la democracia son exactamente los mismos que pedían respetarla.

Los votos oflados

La gigantesca operación para garantizar el triunfo del Frente para la Victoria en Tucumán tuvo tintes dantescos: un descomunal aparato clientelar en marcha, hombres de la prensa golpeados por registrar las maniobras turbias, tiroteos, y urnas destruidas y quemadas. Todo lo contrario a la supuesta “fiesta cívica” que se supone que son las elecciones.

Y, cómo si eso no fuese suficiente, el evento concluyó con la vergonzosa suplantación de urnas –previos cortes sorpresivos de luz– y la grotesca adulteración de los telegramas que informaban sobre los números de cada mesa. Después de que un par de semanas antes una mesa de Famaillá diese ganador a Scioli con el 157% de los votos, se podía esperar cualquier cosa en Tucumán, y eso, de hecho, sucedió.

La indignación

Al día siguiente de producida la enorme estafa, los candidatos presidenciales Mauricio Macri y Sergio Massa condenaron lo que el oficialismo hizo en Tucumán y solicitaron que se respete a la decisión de la ciudadanía.

Por la noche la gente salió a protestar frente a la Casa de Gobierno para exigir algo tan elemental como la transparencia. Esa convocatoria ciudadana espontánea concluyó con un brutal golpe represivo que dejó a numerosas personas heridas y a varias propiedades dañadas. Muchos de los tucumanos que caceroleaban en Plaza Independencia recordaron con gritos y pancartas algo que otros parecen haber olvidado: mientras la provincia se convirtió en zona de guerra y experimentó el pánico durante diciembre de 2013 por culpa de los malones saqueadores, Cristina Kirchner bailaba exultante en Buenos Aires con una cacerola en la mano, parodiando justamente a quienes exigían paz, respeto y orden. ¿Acaso alguien es tan idiota para creer que la mayoría de los tucumanos olvidaron eso y que concurrieron a las mesas de votación para apoyar a quien los condena a la ignominia?

Linchar a la ddhhemocracia

Tucumán, en 1975, se vio invadida por las hordas guerrilleras de ultraizquierda. La Presidente María Estela M. de Perón autorizó la aniquilación de esa plaga que se extendía por los montes tucumanos hacia todo el país. Un año después, los métodos de la guerra contra-insurgente aplicados con éxito en Tucumán fueron exportados a las demás provincias. Debido a ello a muchos tucumanos les gusta decir que su provincia es una suerte de laboratorio donde se ensayan situaciones que luego se vuelven patentes para todos los argentinos. De allí que quepa la pregunta: ¿es acaso lo que pasa ahora en Tucumán sólo un anticipó de lo que pasará en todos lados en unos meses?

Difícil saberlo, pero lo cierto es que sí se puede sostener que esto que Tucumán vive es el esplendor de la ddhhemocracia. Una provincia que supo elegir como a su gobernante al General Antonio Domingo Bussi, hoy en día padece la tiranía del hebreo José Alperovich y sus acólitos. El balazo que el Malevo Ferreyra se pegó en la cabeza es igual al tiro que René Favoloro se pegó en el corazón: el fin de una época, la aceptación del triunfo de los malos. En materia espiritual todo ha sido cuesta abajo en este país desde 2001, por eso se ha impuesto la falacia de que la peor de las democracias es siempre preferible a la mejor de las dictaduras. Hoy en día experimentamos la peor de las democracias, la cual, ciertamente, está muy lejos de ser mejor que una dictadura libre de excesos. El gobierno ha convertido a la Santa Democracia en nuestra diosa madre, y sin embargo no hacen absolutamente nada para garantizar que la elección del pueblo se respete. Medidas tan simples como realizar la elección en etapas y durante varios días para garantizar la presencia de fiscales de todas las fuerzas en todas las mesas, o establecer la boleta única, o abrir las urnas y contar voto por voto no son implementadas, no porque sean imposibles de implementar, sino, simplemente, porque no les interesa implementarlas.

En Tucumán los linchamientos a delincuentes son moneda corriente. ¿Por qué entonces la gente no actúo en contra de los vehículos que llevaban y traían a votantes durante las elecciones? ¿O por qué un grupo de vecinos no incendió el lugar en donde se acopia mercadería que es utilizada para ejercer el clientelismo? El modo de acabar con ddhhemocracia es con el grito, la fuerza y el fuego, no con el voto que cae en un agujero negro avalado por las instituciones. ¡Que bramen mil cacerolas y que ardan mil urnas hasta que los tiranos huyan despavoridos!


Hernán Solifrano (h)

jueves, 13 de agosto de 2015

El Norte como vergüenza nacional

Tras las PASO quedó en evidencia que el Norte Grande es el lastre político que le impide a la Argentina convertirse en una nación políticamente soberana, económicamente independiente y socialmente justa. Es que en las provincias de la región el triunfo de la fórmula del Frente para la Victoria fue contundente, prueba irrefutable de que la gente de allí o se da la buena vida gracias al Estado o tiene tan poco que se ve invadida por el pánico ante la posibilidad de perderlo y por ello se aferra a sus migajas, garantizando de ese modo la perpetuidad de los tiranos demagógicos.

Tucumán: todos los males de este mundo

Sin lugar a dudas el escenario más penoso fue Tucumán, antiguo faro identitario del NOA, hoy convertido en un feudo bananero donde la gente, acosada por la inseguridad, se la pasa linchando a delincuentes ante la mirada pasiva del gobierno. (En Santiago del Estero, de hecho, al oficialismo le fue aún mejor que en Tucumán, pero esa provincia no posee ni la historia ni el peso cultural de su vecina.)

Con José Alperovich como candidato a senador nacional, el FPV se impuso con comodidad. Para hacerle frente se suponía que estarían José Cano y Domingo Amaya, integrantes de la principal fórmula opositora para la gobernación, pero la maniobra no se completó: temiendo que pudiesen perder y truncar así sus aspiraciones a nivel provincial, ambos candidatos declinaron sus postulaciones para el parlamento nacional, pese a haber insistido ante la Justicia para que se los habilitase.

Quienes enfrentaron a Alperovich fueron la actual Senadora Nacional Silvia Elías de Pérez y el actual Legislador Provincial Gerónimo Vargas Aignasse. Elías de Pérez, de la coalición Cambiemos, llevaba adosadas boletas de Macri, Carrió, Sanz, Stolbizer y Massa; Vargas Aignasse, el representante de Unidos por una Nueva Alternativa, sólo acompañó en cambio a las fórmulas presidenciales de Massa y De la Sota.

Scioli sumó medio millón de votos tucumanos, aunque se sospecha que muchos de ellos provienen del aparato de fraude que denigra y anula a la democracia que el gobierno jamás se cansa de promover y predicar.

En Tucumán, en definitiva, se dieron todos los ingredientes con los que cocina la decadencia nacional.

Salta: la pobreza enceguece

Al estar Gustavo Sáenz en la misma fórmula presidencial de Sergio Massa, se suponía que ese candidato golpearía fuerte en Salta, tierra natal de su vicepresidente. Sin embargo sólo en la capital provincial la gente se inclinó por el tigrense, mientras que en el resto del territorio el triunfo fue del sciolismo (a excepción, claro, de Guachipas, pequeño departamento sureño de donde es oriundo el sindicalista José Ibarra, candidato a diputado nacional en la interna de UNA junto a Alfredo Olmedo).

Massa visitó Salta varias veces este año. De todos los candidatos presidenciales, el Diputado Nacional es el único que demuestra una auténtica preocupación por la peligrosa situación de la frontera argentino-boliviana. Empero ese dato parece ser irrelevante para la gente que vive atada a un plan social en Salta (especialmente en la zona norte): ni aunque estuviese Güemes de candidato los salteños se animarían a mezquinarle su voto al perverso PJ.

Jujuy: bastión de la dignidad

La excepción norteña fue Jujuy. Allí también ganó Scioli, pero lo interesante sucedió a nivel provincial, ya que el oficialismo perdió con amplio margen. La derrota es significativa, al menos en el plano simbólico: la provincia en donde vive y gobierna el mismísimo presidente del Partido Justicialista parece estar a punto de cambiar de manos.

Mientras que el PJ de Salta ya definió la carrera para la gobernación, y mientras que el PJ de Tucumán está en camino a ello, en Jujuy al día de hoy no se sabe quien será el hombre del oficialismo que enfrente a Gerardo Morales, el caudillo ucerista de la provincia. Vale decir, el PJ todavía no definió quien será el que cargue con el peso de la derrota.

¿Por qué se produce este escenario en Jujuy? Por culpa del kirchnerismo puro. En efecto, mientras que en Salta el Gobernador Urtubey camina por la vereda kirchnerista, también aparece como un líder con cierto grado de autonomía que rechaza el abortismo y respeta a la Iglesia Católica desde mucho antes de que Bergoglio llegase a Roma; a su vez en Tucumán el Gobernador Alperovich, por su pasado camaleónico, es visto como alguien cuyo compromiso con el kirchnerismo es transitorio, y que si el día de mañana tiene que traicionar todos y cada uno de los principios kirchneristas para mantenerse en el poder, es totalmente seguro que así lo hará; salteños y tucumanos ven por tanto a sus respectivos líderes provinciales como hombres con personalidad propia, por lo que les resulta más sencillo reconocer y aceptar su autoridad.

En Jujuy, en cambio, el cuadro de situación es distinto. Allí el Gobernador Fellner oficia también de embajador de la Casa Rosada, pero su mando está condicionado por Milagro Sala, una barrabrava extremista que también es empleada (o socia) de la Presidencia y de los personajes más obscuros que la rodean. Hace no mucho Sala decidió saltar a la escena política, lo que la convirtió en una actriz autónoma en el juego del poder. Ante la “estrategia Morales” (o sea ante la idea de que la oposición, desde De la Sota a Stolbizer, se unificase), el PJ tuvo que recurrir a sus aliados más indeseados: el kirchnerismo no-pejotista. En Jujuy dicha tendencia está encarnada en la nefasta Sala, la Ñusta Ilegítima.

Ese contubernio del PJ con Sala cayó pésimamente mal entre decena de miles de jujeños, lo que hizo que muchos de ellos manifestaran su repudio a un acercamiento entre Fellner y la energúmena lideresa de la Organización Barrial Tupac Amaru. Sala es, para los ojos del jujeño promedio, un cáncer capaz de destruir el tejido social de la provincia, por lo que esa gente prefiere hacer todo lo posible para frenar el ascenso de Sala, incluso si ello requiere no votar al partido del cual se es afiliado. Por ello Jujuy se convirtió en bastión de dignidad: ante el temor de que la provincia quede en manos de la peor escoria imaginable, a algunos caudillos del PJ local se les activó el sentido moral y decidieron no acompañar al fellnerismo. 

La estrategia de los candidatos presidenciales que quedan de pie tras las PASO debe necesariamente contemplar al Norte Grande. La región, de hecho, debería al menos recibir la promesa de una completa transformación. Pero, lamentablemente, no parece haber hasta ahora ningún tipo de iniciativa de ese tipo, por lo que el sabor a cuatro nuevos años de condena está cada vez más presente entre la gente pensante que vive en las postergadas provincias boreales de la Argentina.


Hernán Solifrano (h)

jueves, 25 de junio de 2015

Sobre la conveniencia de una Liga del Norte

Juego de tronos

Julio Burdman, un politólogo kirchnerista, llamó recientemente la atención sobre algo importante de lo que, lamentablemente, se habla poco en la Argentina: la falta de federalismo político. De cualquier modo el autor lo planteó de un modo curioso: en un artículo que circula por la web, recordó que el Norte Grande, vale decir las diez provincias que forman el NOA y el NEA, concentran al 20% del electorado nacional, cifra nada despreciable si se intenta ser presidente; de allí que este pensador del oficialismo juzgue a la región como fundamental para retener el poder, ya que, aún perdiendo en el centro del país (o sea aún perdiendo en los distritos argentinos más poblados como Capital Federal, Córdoba o Santa Fe, en donde el kirchnerismo es poco tolerado), el caudal electoral del Norte Grande puede compensar esos votos mezquinados por los habitantes de las prósperas pampas del país.

Burdman recuerda que los votos que recibió el kirchnerismo en 2011 en provincias como Formosa o Santiago del Estero fueron ridículamente abundantes. El problema es que este “intelectual” atribuye esa ciega adhesión norteña al kirchnerismo al hecho de que la presidencia realizó una importante “inversión pública” en la región. Lo que no aclara el hebreo, claro, es que ese dinero no se destinó al crecimiento ordenado de las provincias, sino que fue a parar a las arcas de los gobernadores, para que ellos lo distribuyan discrecionalmente y hagan politiquería con los billetes en la mano. A raíz de ello es que el Norte Grande –superpoblado de empleados públicos y de beneficiarios de planes sociales– produce escasas riquezas y falla a la hora de redistribuir lo conseguido.

El NOA y el NEA son, sin dudas, las regiones más postergadas del país. Nadie puede negar que esas porciones del país son las que le cuelgan a la Argentina el cartel de “nación tercermundista”. Ni siquiera la pujante Salta se salva de tener a decenas (o tal vez centenas) de niños muertos por desnutrición. En un escenario así, ha sucedido lo obvio: la política se ha feudalizado, por ello el oficialismo cosecha en la región unos resultados que avergüenzan a la democracia, por ello la política local se ha tiranizado.  

Ninguneados

Burdman, pensando en el norte del país, sugirió que el vicepresidente propuesto por el kirchnerismo debía ser, precisamente, un norteño. Sin embargo hoy por hoy la política argentina no toma en cuenta el aspecto geográfico para operar: nueve candidatos presidenciales provienen del área metropolitana (Capital Federal o su cinturón suburbano), dos de Mendoza, uno de Córdoba y otro de San Luís. Los últimos cuatro tienen chances minúsculas de ganar la elección, en tanto que de los otros nueve hay por lo menos tres (Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa) que pueden llegar a sentarse en el Sillón de Rivadavia.

Los vicepresidentes, cuya figura se supone que debería compensar el déficit federalista de las fórmulas presidenciales, son hombres y mujeres provenientes de los mismos distritos ya citados; la única excepción es, ciertamente, Gustavo Sáenz, actual intendente electo de la ciudad de Salta y candidato a vicepresidente de Sergio Massa.

Dicen que Massa buscó a Laura Montero de Mendoza, luego a Sonia Escudero (la ex–Senadora por Salta), y terminó eligiendo a Sáenz. Al parecer Massa estaría siguiendo la estrategia propuesta por Burdman con el fin de empujar hacia arriba a su alicaída candidatura. Sin embargo el Norte Grande tiene un problema cultural muy profundo que le juega en contra al bonaerense: los “norgrandeños” no se reconocen como tales, ya que la región es una mera invención académica sin un mínimo de arraigo en la cultura viva de las provincias; es decir un jujeño, por ejemplo, se autopercibe como jujeño y no como “noroesteño”, y mucho menos como “norgrandeño” (de hecho, hasta al día de hoy, existe un ridículo sentimiento de enemistad entre la mayoría de los habitantes de las provincias vecinas). Por tanto, fuera de Salta, a nadie en la región administrativa del Norte Grande le importa realmente que Massa haya escogido a Sáenz como compañero de fórmula. Aunque la realidad no debería ser así.

La reacción

José “Gallito” Gutiérrez es el perfecto exponente de la política oficialista del Norte Grande. Este infeliz declaró en una entrevista radial que aquel que no lo acompañara en su campaña, no recibiría uno de los módulos habitacionales que, supuestamente, él se había encargado de “gestionar” para el beneficio de los vecinos del departamento Burruyacu, en la provincia de Tucumán. Sin ningún prurito, el legislador lanzó una amenaza a la población que deja en evidencia el modo en que estos sujetos confunden lo público con lo privado, el servicio a la comunidad con los favores personales, y el partido con el Estado. Gutiérrez merecía uno de esos famosos linchamientos mediáticos que lo obligasen a renunciar a la política (al menos por un tiempo), pero la indignación que el episodio levantó fue sólo pasajera, ya que a nadie asombra lo que es cotidiano.

Ante esas muestras de prepotencia e impunidad naturalizadas, la oposición sólo tiene un camino: unificarse. Es un todo o nada. En Jujuy, Tucumán y La Rioja, se han formado frentes amplios –similar al que venció al PJ en Mendoza– para competir en las próximas elecciones. En Catamarca y Santiago del Estero, en cambio, la oposición va dividida y tiene más posibilidades de perder que de ganar, mientras que en Salta fracasó insólitamente la unión entre Juan Carlos Romero y Alfredo Olmedo. (En el NEA el escenario no es muy diferente: la oposición formoseña va casi toda unificada y la misionera va dispersa, mientras que en Chaco el frente de unidad opositor perdió -como en Salta- contra el oficialismo, y en Corrientes, único bastión no-kirchnerista del Norte Grande, las opciones electorales se multiplican ante los ojos del votante indeciso).

De todos modos es difícil predecir qué sucederá si la oposición unida gana en una provincia. Ni Jujuy, ni Tucumán, ni La Rioja son Mendoza, el equilibrio socioeconómico en el NOA no es el mismo de Cuyo, por lo que es probable que los gobiernos de unidad sufran de una gran presión que les será difícil pilotear (el ejemplo de un proyecto opositor unificado en el gobierno es Catamarca, provincia que estuvo por mucho tiempo administrada por la coalición Frente Cívico y Social, la cual se flexibilizó ante el kirchnerismo y terminó siendo abatida por Lucía Corpacci, una referente de ese espacio que un día terminó por cambiar de lealtades y convertirse en embajadora provincial del gobierno nacional).

¿Es posible el norteñismo?

La esperanza blanca del Norte Grande es, hoy por hoy, Juan Manuel Urtubey. El problema es que el gobernador salteño no podrá hacer el asalto al poder nacional hasta dentro de cuatro años. Mientras tanto –y suponiendo que Scioli gane la elección– deberá obrar como lo hace ahora: como un soldado de una causa que no es la suya.

El Norte Grande parece condenado a otro periodo de postergación, con guerra intrafeudal en el medio.

En lo personal creo que la unificación de fuerzas disímiles es un camino interesante, siempre y cuando ese proceso se lleve a cabo por interés y no por obligación. Es decir, que hoy en día la Unión Cívica Radical se alíe a fuerzas conservadoras y progresistas para derrocar al PJ que se ha enquistado en el poder, es el producto de una necesidad política, pero no de un verdadero sentimiento de unificación. Los uceristas del Norte Grande piensan a nivel nacional, por ello comparten la mentalidad unitaria de los pejotistas (la cual los lleva a aceptar que su región es una colonia de Buenos Aires que la Metrópolis retiene porque gracias a ella ganan las elecciones).

Yo creo que el norteñismo sería una bofetada a esa mentalidad. Políticos jujeños, salteños, tucumanos o de donde sea, leales no al candidato Fulano de la UCR o al candidato Mengano del PJ (ni siquiera a un Fulano o un Mengano nacido en el NOA), sino leales a los pueblos provinciales de los cuales son representantes: ello revolucionaría el escenario político, por lo que cuesta entender por qué semejante jugada política no sólo no ha ocurrido aún, sino que ni siquiera esté en los planes de nadie.  

Si el regionalismo se introdujese en la política argentina, es muy probable que la fisonomía del Norte Grande se vea transformada de un modo positivo.


Hernán Solifrano (h)

lunes, 9 de febrero de 2015

La República Evomoralista de Argenchina

Durante el siglo XIX y una parte del XX, Argentina estuvo bajo la nefasta influencia del Reino Unido. Luego fue EEUU quien nos convirtió en una suerte de colonia suya, y ahora, al parecer, es China quien adquirió el permiso para esclavizarnos.

Después del viaje de la Presidente a Asia, por fin la prensa masiva se hace eco de esta nefasta situación. La venta del país a los chinos va con una porción de la Patagonia de regalo, la cual, según han afirmado los orientales, se usará con fines científicos. Como compensación por tan generosa oferta, los chinos pusieron una estatua de San Martín en una ciudad de ellos. Seguramente en unos años serán tan amables de devolvernos las Malvinas, sólo que incluirán un contrato de explotación petrolera que las hará virtualmente suyas hasta que ya no quede nada que extraer del suelo.

En lo personal no me asombra que los kirchneristas hagan esto. Después del episodio en el que dejaron que Bolivia hostigue y desplace a varias familias argentinas en el área fronteriza, y después de dejar que empresas multinacionales destruyan nuestro territorio y saqueen nuestros recursos naturales, los creo capaces de cualquier cosa.

Lo que más me preocupa es lo obvio: los chinos no llegaron a donde llegaron siendo unos imbéciles; si ellos están dispuestos a entregarle dinero al kirchnerismo y a planificar sus inversiones para ser desarrolladas en los próximos años, es porque saben que tienen las condiciones garantizadas para ello, lo que significa o bien que los kirchneristas harán alguna maniobra extraña para conservar el poder o bien que el próximo gobierno, tenga el color político que tenga, aceptará el sometimiento. Cualquiera sea la verdad, parece ser un futuro obscuro el nuestro.


Hernán Solifrano (h)   

domingo, 21 de septiembre de 2014

Los peronistas sin peronismo

Treinta años de retroceso

Algo característico de la cultura política argentina del siglo XXI ha sido la desaparición de la UCR, dejando que a su lugar lo ocupe el PJ. Así, el PJ se ha constituido como oficialismo y, simultáneamente, oposición. Hubo una “pejotización” de la política nacional, lo cual, obviamente, terminó vaciando de contenido ideológico al escenario electoral argentino: al ser todo abarcado por el PJ, no sólo el conservadurismo y el progresismo conviven como pilares del mismo proyecto, sino que además los conservadores y los progresistas que se encuentran por fuera del PJ no se han atrevido a proponer nada que se aleje políticamente de lo que hace el propio PJ.

Como la partidocracia ya ha agotado todas sus posibilidades de izquierda, centro y derecha, lo que el ciudadano argentino con conciencia patriótica percibe es que se vive en el interior de una jaula de la que no se puede salir, puesto que la opción en cada elección parece ser la de escoger entre el ladrón conocido o el ladrón por conocer. Esta situación de descrédito de la política que empezó con el “que se vayan todos” y terminó en la guerra entre los kirchneristas (el “todos” que no se quiere ir) y los antikirchneristas es, en el fondo, considerada como anómala. La “rebelión” contra 1983 debió haber concluido con un cambio de sistema, pero como se ha demonizado a las dictaduras dicha sustitución no ha sido posible. Por ello, en diciembre de 2013, la Presidente bailó sonriente golpeando una cacerola al mismo tiempo que Tucumán estaba hundida en la psicosis colectiva y las cacerolas que se oían eran golpeadas por gente enfurecida: no sólo el PJ no tiene límites en la Argentina, tampoco los tiene la democracia.  

El malestar contemporáneo en contra de la democracia –como no puede canalizarse hoy en día a través de la exhortación de una salida o suspensión del sistema democrático– está generando un clima positivo que actualmente crece en la Argentina, el cual revive la esperanza de poder elegir al justo por sobre el injusto y al honesto por sobre el corrupto, pues se busca la restitución de la política no a través de un cambio de régimen sino a través de una mayor exigencia moral (por ello hay tanto entusiasmo entre los partidócratas nacionales por recibir la bendición del Papa Francisco).

En 2015 el asunto central será, una vez más, la lucha contra la corrupción. Quienes ahora ejercen el gobierno, evidentemente, son el blanco central de los cruzados de la transparencia que quieren acabar con los desquicios del sistema. A raíz de ello crece el temor entre los que gobiernan de su futura permanencia en el poder, y por ese motivo ya ha comenzado las guerras de sucesión.

Renovadores y renovantes

El kirchnerismo intuye que perderá las próximas elecciones de 2015, pero calcula que ello no significará su disolución definitiva (como pasó con el menemismo después de 2003). Agustín Rossi, Florencio Randazzo, Sergio Urribarri, Jorge Taiana, Julián Domínguez, Axel Kicillof y Aníbal Fernández buscan ser ungidos como candidatos presidenciales por Cristina Kirchner. Todos estiman que si hacen una elección mediocre, aún así tendrán a un importante número de hombres del Frente para la Victoria en el Congreso de la Nación y en los parlamentos provinciales, los cuales operarán como una fuerza de resistencia.

A pesar de que el FA-UNEN propone crear una “Conadep de la Corrupción” para ajusticiar a los funcionarios de la última década, a quienes éstos más le temen es a los peronistas. Ciertamente subestiman las posibilidades reales de la UCR aliada al progresismo, pero están tan seguros de su fracaso que prefieren concentrar todo su esfuerzo en evitar que sean los peronistas los que arrasen en las urnas. Quien más les preocupa es Daniel Scioli, pues saben que él, por más que provenga del kirchnerismo, no es un kirchnerista, lo que podría provocar que, si el Gobernador de Buenos Aires se convierte en presidente, todo ese ejército K atrincherado en parlamentos, gobernaciones e intendencias termine cambiando su camiseta para pasar de ser cristinistas fanáticos a fervientes sciolistas. Producido eso, no habría “operativo retorno” en 2019.

En un segundo plano en la lista de preocupaciones kirchneristas aparecen Sergio Massa y Mauricio Macri, dos dirigentes cuyas estrategias para buscar el triunfo en 2015 consiste en remarcar sus diferencias con el kirchnerismo (contrariamente a lo que hace Scioli, quien prefiere no tocar ese tópico y dejar que sea el elector el que se de cuenta de ello). El detalle es que, para ello, Massa apunta a reclutar viejos dirigentes, en tanto que Macri intenta introducir a nuevos personajes al escenario político. Son la “renovación”. Pero no hace falta indagar demasiado para darse cuenta de que lo que ambos intentan es armar al peronismo por fuera del Partido Justicialista. Macri es más discreto que Massa en este aspecto, puesto que el Intendente de Buenos Aires les pide a sus aliados peronistas que se coloquen justo detrás de los empresarios o de los profesionales liberales que emergen para “renovar” la política actual como si fuesen ciudadanos modelos que, súbitamente, quieren transferir su éxito personal a la vida pública. Massa, en cambio, no tiene problemas en reciclar a los peronistas excluidos del PJ por el kirchnerismo para que éstos, al renovar una vez más sus cargos, sean los que le aporten mayor estabilidad institucional al país (que es la versión peronista de la lucha contra la corrupción que predica el Papa Francisco).

El Fronterizo

En Jujuy el Gobernador Eduardo Fellner buscará su reelección. El problema que tiene es que está rodeado por dos caciques (Guillermo Jenefes y Rubén Rivarola) que le disputan el poder. Esa división interna en el PJ permite el fortalecimiento de la UCR, que, pese a todas las intentonas renovadoras de sus afiliados, sigue encolumnada detrás del Senador Nacional Gerardo Morales.

La UCR en Jujuy es una fuerza poderosa, pero sigue siendo la UCR, con todo lo que ello significa para la Argentina de hoy. De esto han tomado nota los peronistas disidentes, quienes han comenzado a ampliar lo que era el núcleo originario del Frente Renovador en la provincia. Así se explica que Marcelo Nasif haya renunciado a su puesto de funcionario estatal menor aduciendo que su conciencia no le permite pertenecer a un gobierno que poco tiene que ver con el peronismo; ahora Nasif se unió a las filas del Frente Renovador, que espera también incorporar a Isolda Calsina, una Diputada Provincial que denunció penalmente a Fellner por malversación de fondos públicos. De cualquier manera Massa mismo no descarta una alianza con Morales para potenciarse el uno al otro, pero el éxito de ello dependerá de quien sea el candidato del FA-UNEN a la presidencia.  

En Jujuy la gente del Frente Renovador optó por desacreditar a Fellner dudando de la autenticidad de su sentimiento peronista justo después de que el Gobernador fuese elegido Presidente Nacional de Partido Justicialista. Así un memorioso recordó que, en 1982, se publicó un aviso en el diario Clarín en donde se informaba que un grupo de dirigentes jujeños adherían a un acto que el PJ iba a realizar en conmemoración a Juan Perón y Simón Bolívar en la Capital Federal. A dicho aviso lo firmaba, entre otros, Eduardo Fellner. Sin embargo el en aquel entonces joven abogado publicó unos días después otro aviso aclarando que él no era, nunca había sido, y, para peor, nunca sería peronista.

Quizás hace 20 años atrás (cuando Fellner, de hecho, era parte de esa famosa Wild Bunch menemista que gobernaba a Santiago del Estero en nombre de una intervención federal) la exhumación de este episodio hubiese significado algo grave, pero en los tiempos que corren este tipo de cosas no generan absolutamente nada en los votantes. A los jujeños les preocupa más, por ejemplo, el afianzamiento de pelmazos como Germán Fellner, el hijo del Gobernador, que en lugar de declararse antiperonistas se declaran “soldados de Cristina Kirchner”. Estos jóvenes que sobreactúan su compromiso político son no sólo chocantes sino también peligrosos, puesto que se convierten en seres fronterizos que en lugar de pasar de la oposición al oficialismo o viceversa, se mueven desde la política hacia la militancia y viceversa. Claro que la “militancia” de hoy en día no incluye armas de fuego como antaño, pero si gravita sobre la idea de manipular los medios masivos de comunicación. Si el fellnerismo pierde en Jujuy, a nadie deberá de extrañar que Germán Fellner y los de su equipo se vuelquen hacia el campo de las comunicaciones para prolongar a la política a través de esa vía.

El Opaco

El escenario salteño tiene a un PJ liderado por Juan Manuel Urtubey. El Gobernador fue uno de los tantos kirchneristas que quiso sumarse a la carrera presidencial, pero los sondeos de opinión le demostraron que no tenía chances reales, por lo que decidió retener su puesto en Salta, pese a que ello lo obligue a hacer lo que le había criticado a su predecesor Juan Carlos Romero.

Urtubey gobierna a Salta desde 2007 con el apoyo de una alianza que une al Partido Justicialista con el Partido Renovador Salteño (un partido neoconservador que, en su momento, fue el eje local de la malograda Alianza de 1999). El Gobernador también cuenta con el apoyo de un archipiélago de partidos progresistas de escasa influencia que permite que antiguos miembros de Franja Morada, ex-comunistas, dedehachehachistas y toda clase de personajes circenses (incluyendo vistosos sodomitas) cobren sueldos del Estado.

Para hacerle lugar a esa gente, Urtubey se vio obligado a desplazar a viejos líderes del PJ local. Enojados éstos, terminaron desafiliándose del partido para recaer, mayormente, en las filas del Frente Salteño, el sello que utiliza Romero como plataforma electoral en la provincia -aunque muchos otros se han unido a partidos satélites para acompañar al gobernador pero sin su bendición directa. A Urtubey, por tanto, se lo acusa de estar ejerciendo una “cholocracia” (en Salta se les dice “cholos” a los patricios locales), algo más propio de la UCR o del PRS que del PJ.

Sergio Massa desembarcó en la provincia para apoyar a Juan Carlos Romero. Pero el Senador Nacional sabe que él solo no puede derrotar a Urtubey, por lo que decidió aliarse a la tercera fuerza de la provincia: el partido Salta Somos Todos que comanda Alfredo Olmedo.

Romero y Olmedo son muy diferentes entre sí. Mientras Romero encarna a un viejo orden que demostró su poder durante los años en los que fue gobernador, Olmedo, en cambio, se presenta como el distinto de la política local. El recurso olmedista del impacto populista permanente lo vuelve al empresario tan pintoresco como sospechoso para la partidocracia contemporánea. De allí que sea tan fácil criticarlo, cuando, de hecho, debería ser el personaje menos criticado de la política nacional.

El Digitador

José Alperovich tiene, en Tucumán, un problema sucesorio. La Constitución Provincial le impide intentar buscar una nueva reelección, por lo que necesariamente debe elegir a alguien lo suficientemente leal para que le permita mantener vigente a la impresionante estructura de poder etnonepótica que montó en el Jardín de la República. Candidatos hay muchos, pero sólo un puñado de ellos puede generar interés en el electorado local. Hoy por hoy las opciones de Alperovich se reducen a optar por transferir el poder a sus alfiles Juan Manzur y Osvaldo Jaldo, o a ungir a su esposa Beatriz Rojkés como sucesora.

El más interesado en desplazar a Alperovich dentro del PJ es el Intendente capitalino Domingo Amaya. Desde hace meses este sujeto se mueve buscando avales para ganar la candidatura para la gobernación por el PJ, recordándoles a todos que el gran Alperovich, mandamás provincial desde el año 2003, proviene de la UCR, a la que supo traicionar inescrupulosamente para acumular poder. La acción del Intendente es similar a la de Miguel Isa en Salta, con la diferencia de que Amaya ha coqueteado con Scioli y con Massa, a quienes está dispuesto a sumarles votos si lo avalan explícitamente.

Sin embargo, como se ve que Massa quiere asegurar el triunfo, el tigrense también ha tendido puentes para arreglar un eventual apoyo al ucerista José Cano. Es que el referente tucumano más fuerte del massismo es el impresentable Gerónimo Vargas Aignasse, un Legislador Provincial cuyo mérito político es ser “hijo de desaparecido”, y que, al día de la fecha, acumula numerosas controversias encima (incluyendo el episodio bochornoso de haber reconocido a la fuerza a su hija por negarse a desembolsar unos cuantos miles de pesos). Un hombre de esa calaña, hoy en día un renovante “renovador”, poco puede aportarle al ambicioso Massa.

Un cuartel hueco

Este panorama del peronismo en el NOA comprueba lo que había apuntado al comenzar: la política argentina ha renunciado a la ideología. El peronismo, fuerza política que parece ser la única con posibilidades reales de ejercer el poder, hoy en día está más vaciado de significado que nunca. Fellner, Urtubey y Alperovich son sólo tres adictos al poder que no tienen problemas con identificarse como peronistas, aunque muchos peronistas de vieja data los desconozcan como tales. Esos mismos hombres, a su vez, están dispuestos hoy en día a aliarse con cualquiera que los ayude a derrotar al kirchnerismo.

El PJ es un cuartel hueco, una fortaleza que cualquiera puede ocupar siempre y cuando plante la bandera del poder efectivo en su centro. La derrota del peronismo sería lo mejor que le pueda pasar al país, pero ello es también la certeza del desequilibrio y la ingobernabilidad. A Argentina la ha condenado su propia partidocracia.



Hernán Solifrano (h)

sábado, 31 de mayo de 2014

La Tupac Amaru al gobierno, la violencia al poder

“Los mejores, los únicos, los métodos tupaqueros”

En el año 2013 la Organización Barrial Tupac Amaru de Milagro Sala –capitaneando el frente Unidos y Organizados (UYO)– consiguió reunir cincuenta mil adhesiones en una elección provincial. Satisfecha con el resultado, Sala anunció que se candidatearía para ser Gobernadora de Jujuy en 2015.

En ninguno de los concejos municipales de la provincia pudo UYO convertirse en fuerza mayoritaria. Tampoco pudo hacerlo en la Legislatura Provincial, pues de ese recinto le corresponden solamente cuatro escaños y entre sus colegas, por ahora, no hay ninguno que esté dispuesto a alinearse abiertamente con ellos. Se observa, por tanto, que políticamente a la Tupac Amaru la han aislado.

Para romper ese aislamiento, el ejército de Milagro Sala no ha escogido el diálogo como método sino la violencia (es una situación similar a la que vive el Partido Obrero en Salta). Por ello es común ver todavía a las columnas de la Tupac Amaru avanzando sobre San Salvador de Jujuy y otras ciudades cada vez que lo creen conveniente.

Un caso ejemplar en este sentido fue el episodio que en abril vivió el Concejo Deliberante capitalino en relación a las audiencias públicas realizadas para discutir sobre las conveniencias e inconveniencias de subir el precio del boleto del colectivo. La Tupac Amaru, como la mayoría de la ciudadanía jujeña, estaba en contra de la idea de aumentar precios, por lo que decidió manifestárselo a los parlamentarios municipales: frente a la sede del Concejo Deliberante, un nutrido grupo de tupaqueros se concentraron para dejarles en claro su postura a los representantes del pueblo y amenazar con invadir el recinto si no se cumplía su voluntad.

Pues bien, mientras la audiencia se desarrollaba, tomó la palabra la ciudadana Silvia Saavedra, una activista social independiente famosa por sus luchas a favor de un medio ambiente sano y en contra de la cultura de la impunidad y del flagelo de las adicciones. Al enterarse de ello, los tupaqueros comenzaron a entonar una serie de cánticos soeces e irrespetuosos contra Saavedra. Sucede que esta mujer cuestionó formalmente la idoneidad de Milagro Sala y de su ladero Emilio Cayo para asumir sus bancas de legisladores provinciales, y denunció penalmente a la cúpula de la Tupac Amaru por efectuar cortes de ruta que imposibilitan la libre circulación de la ciudadanía. Por ello, aunque Saavedra compartía la misma postura tupaquera de oposición al aumento del precio del boleto, los energúmenos liderados por Sala agredieron verbalmente a la mujer, demostrando que no es el bienestar de la sociedad lo que le importa a la Tupac Amaru sino sólo sus intereses particulares.

Los sindicatos armados

Algo que ha caracterizado la acción política de UYO en estos últimos meses ha sido su trabajo para imponer su agenda ideológica. Levantando la bandera del arcoiris, la tropa de Sala se convirtió en voz oficial de los “pueblos originarios” y del “colectivo LGBT”. De ese modo intentan conseguir que se apruebe una batería de leyes tendientes a solidificar la ideología indigenista (con propuestas como la de darle pensiones a los que participaron de aquella ridícula épica india conocida como el “Malón de la Paz”, oficializar a la ceremonia en honor a la Pachamama como acto cívico, y abrir la inscripción a la indianidad en Jujuy con aval del Estado), al mismo tiempo que pretenden ampliar la penetración del aberrosexualismo (con medidas como la derogación de la ordenanza que declaraba a San Salvador de Jujuy como un “Municipio Pro Vida” o con la eliminación de la Ley de Faltas vigente para sustituirla con un Código de Convivencia que legalice de facto a la oferta de prostitución callejera). Resulta curioso que todavía no haya hecho campaña para promocionar el aborto, pero supongo que es sólo cuestión de esperar para que ello suceda. Resulta curioso también ver que la Tupac Amaru esté colaborando con la campaña presidencial para lograr una nueva reelección del tirano boliviano Evo Morales, pero creo que ello se explica a partir de los planes expansionistas de Bolivia que ya han conseguido anexar varias hectáreas de territorio salteño a su país.

Ahora bien, junto a esas iniciativas minoritaristas, los miembros de UYO buscan también promover una serie de medidas que protejan a los consumidores que menos ingresos tienen y que beneficie a las cooperativas provinciales (como lo es la propia Tupac Amaru). Es que, al fin y al cabo, Sala asegura ser una lideresa del pueblo trabajador. Sin embargo no es la única en ese rol y eso le ha generado siempre un gran temor de perder poder.

Desde hace ya un buen tiempo Carlos “El Perro” Santillán retornó a la vida sindical al retomar su puesto de conductor del Sindicato de Obreros y Empleados Municipales (SEOM). Al frente de esta agrupación gremial, Santillán ha estado enfrentando al gobierno de Eduardo Fellner y consiguiendo apoyo popular. Pero, al hacerlo, se topó con el movimiento sindical milagrista, el cual no está dispuesto a ceder ni a compartir su influencia. Por ende, como era de esperarse, la Tupac Amaru le declaró la guerra al SEOM.

Recientemente Santillán consiguió que el Frente de Gremios Estatales (integrado fundamentalmente por trabajadores de la salud y docentes) acepte su liderazgo, lo que puso nervioso a los hombres de la Intersindical de Trabajadores Estatales, confederación de entidades sindicales que se nuclean en torno a ATE y a la que adhieren Milagro Sala y los suyos. A raíz de ello comenzó a desplegarse una campaña de desprestigio en contra de Santillán promovida por la Tupac Amaru, acusando a “El Perro”, básicamente, de ser un violento. Algo irónico sin lugar a dudas.

Después de que miembros de la Comisión de Derechos Humanos “Mambo Tango” denunciaran haber sido patoteados por gente de la Tupac Amaru en una suerte de lucha por el control territorial, los hombres de Sala contraatacaron acusando a la gente de Santillán de haber herido gravemente a sus miembros en una asamblea sindical y de haberle incendiado el auto a la concejal sampedreña Mabel Balconte, una dirigente vinculada estrechamente a Sala. Y no conformes con eso, la Tupac Amaru (usando el sello del Frente Unidos y Organizados) emitió un comunicado en el que acusa a Santillán de haber organizado los tiroteos contra los dirigentes tupaqueros en San Salvador de Jujuy y San Pedro, de haber destruido un auto oficial del Estado jujeño, y de apelar a la violencia irracional y al vandalismo en las marchas que el SEOM protagonizó en la capital de Jujuy y en varias localidades provinciales en los últimos meses. Y, como si el señalar la paja en el ojo ajeno ignorando la viga en el propio fuese poco, los tupaqueros acusaron a Santillán de haber traicionado a sus aliados políticos, de haber colaborado con la represión de la subversión en la década de 1970, y hasta de estar organizando una guerrilla que se denominaría “Ejército Insurgente Tupac Katari”.

Lo último es realmente asombroso, no tanto por el hecho de que el SEOM pueda llegar a tener un pequeño arsenal (como muchos sindicatos en nuestro país suelen tener), sino porque sobran episodios en los que se constató la existencia de armas “tupaqueras”. El más reciente de ellos aconteció en Buenos Aires: en el marco del denominado “Encuentro Federal por una Seguridad Democrática y Popular” el personal de seguridad del Congreso de la Nación le secuestró armas blancas y armas de fuego a los tupaqueros que habían asistido para apoyar a su lideresa que hizo una exposición en contra de los cultores de la “mano dura”. Apenas una semana antes de ese evento, en San Pedro de Jujuy un joven fue detenido tras robar en diversos comercios y alegó como defensa ante la policía que nada podrían hacerle ya que él “pertenecía a la Tupac Amaru”.

La tragicomedia de Alto Comedero

Mientras Milagro Sala utiliza al Frente Unidos y Organizados y a la Intersindical de Trabajadores Estatales para generar, respectivamente, capital político y gremial ante un kirchnerismo que está de salida, la Tupac Amaru sigue comportándose como la Tupac Amaru. Ello lo ilustra el incidente en el “Cantri” que terminó con un comunicado de la FOPEA pidiéndole a las brigadas milagristas que respeten el derecho a la libertad de expresión.

Todo comenzó el 16 de mayo en una zona del barrio Alto Comedero conocida como el “Cantri”, que es un vecindario construido por la Tupac Amaru. Esa noche se registraron violentos incidentes en el lugar, viéndose la policía provincial obligada a intervenir para detener las desbocadas grescas que se estaban desarrollando entre tupaqueros. El diario Pregón informó sobre los hechos, señalando que los desmanes (que culminaron con varias personas heridas por pedradas y cuchillazos, viviendas dañadas y vehículos quemados) se originaron cuando un grupo de residentes del “Cantri” se resistió a ser desalojados de sus hogares, después de que la orden bajase de la propia Milagro Sala como castigo por haberse quejado ante la demora del pago de los salarios a quienes trabajan en las cooperativas que administra la Tupac Amaru. Acto seguido una delegación tupaquera nada amistosa visitó la sede del matutino para exigir un derecho a réplica, al mismo tiempo que públicamente acusaron a los redactores del Periódico Lea y a los periodistas de Canal 7 de estar operando en su contra por coincidir con Pregón en su versión de los hechos. Ese acto de prepotencia (puesto que la ONG podía haber empleado la vía legal para lograr lo mismo) enfureció a los demás trabajadores de prensa de la provincia, y el eco llegó hasta la casta política jujeña.

Desde la UCR, acérrimos enemigos de Sala, fluyeron las críticas hacia la Tupac Amaru. La ONG se defendió diciendo que la trifulca no involucró a facciones tupaqueras sino a una decena de borrachines encabezados por un miembro del SEOM que se infiltraron en el “Cantri” con la intención de causar alboroto. Dieron a entender que ellos no ejecutan desalojos contra elementos díscolos de su organización. Y, para evitar que se siga mancillando el buen nombre de la Organización Barrial Tupac Amaru como método para fustigar a Milagro Sala, la propia lideresa presentó ante los suyos su renuncia a la conducción del movimiento (la cual, claro, no fue aceptada por los tupaqueros).

Sin embargo los uceristas optaron por sospechar de la versión de la ONG y prosiguieron con su embestida en contra de Sala defendiendo desde la Legislatura Provincial al derecho a informar libremente que tienen el Pregón, el Periódico Lea y el Canal 7. Julio Bravo sostuvo que no es extraño que la Tupac Amaru se maneje con violencia dado que todo el mundo vio como destrozaron el Centro Judicial de San Pedro de Jujuy; Jorge Rizzoti señaló que la Tupac Amaru no sólo no le rinde cuentas al pueblo argentino sobre el dinero que recibe del erario público, sino que además tienen la costumbre de explotar a quienes trabajan en sus cooperativas; Carlos Oehler recordó que a la ONG que lidera Milagro Sala nadie se la puede tomar en serio por ser una desvergonzada promotora del más salvaje de los clientelismos; y Alberto Bernis, el líder de la bancada de la UCR, indicó que pese a las aparentes diferencias, el milagrismo y el fellnerismo son la misma cosa.

Los hombres del PJ no sólo justificaron a la violencia milagrista (Daniel Almirón dijo que la Tupac Amaru existe como un símbolo de la superación de la adversidad que significó la crisis de 2001) sino que hasta la profundizaron (Javier Hinojo declaró estar en contra de la violencia, pero así como repudió a los tiroteos y las trifulcas, este papanatas dijo también repudiar a la violencia de los micrófonos). Ese discurso del pejotismo estaba en peligrosa consonancia con lo que los miembros de UYO habían vertido como descargo, por lo que Liliana Fellner primero, y Eduardo Fellner después tuvieron que emitir comunicados en repudio del apriete milagrista a la prensa jujeña y de los episodios de violencia en Alto Comedero.

Pablo Baca de la UCR hizo una aceptable defensa de la importancia de la libertad de expresión en una sociedad democrática, evocando al Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), que el año pasado realizó un lapidario informe con el que denunciaba que la prensa jujeña sufre por la capacidad de amenaza de la Tupac Amaru. De ese modo FOPEA, nuevamente convocada por Jujuy, terminó cerrando esta tragicomedia con un llamado a la cordura dirigido al milagrismo, recordándoles que el poder, en un país como el nuestro, no debe construirse con la violencia sino con el respeto.


Hernán Solifrano (h)