Un episodio que no terminó en desgracia por esas cosas. Pero que no
deja de ser un hecho alarmante para los vecinos del barrio Coronel
Arias, que fueron testigos y “justicieros” de un intento de robo. Un
cartero del Correo Argentino repartía correspondencia hasta que fue
sorprendido por un malviviente que lo golpeó con un revólver.
La situación fue observada por un barrendero que se armó de coraje y
enfrentó al sujeto y por poco junto con un grupo de vecinos no le
propinaron una feroz paliza.
El hecho se registró cerca del mediodía del miércoles en calle Talcahuano y Helen
Keller del barrio Coronel Arias, donde un cartero del Correo Argentino
realizaba su habitual tarea e imprevistamente se le aparecieron dos
individuos que se desplazaban en una moto, y aguardaron a que el
servidor público dejara una correspondencia en una vivienda.
De inmediato uno de los delincuentes se le abalanzó y le exigió la
entrega del bolso con la correspondencia, pero el cartero aprovechó un
descuido y se trenzó en un forcejeo, donde el delincuente en un
determinado momento le dio con la culata de arma en la cabeza del
trabajador provocándole una herida sangrante.
Afortunadamente, la situación tuvo un tercer protagonista y para bien ya
que un barrendero de la empresa Limsa observó la escena y, sin pensarlo
dos veces, agarró su escobillón de trabajo y se enfrentó al
delincuente, a quien logró golpearlo en la cabeza con el mango.
Allí se vivió un momento de tensión porque el ladrón habría intentado
gatillar el revólver contra sus dos rivales, el cartero y el barrendero,
pero no salió el disparo.
En ese momento un vecino se acercó con un banco de madera y se lo partió
en la cabeza al delincuente, quien al verse superado en número trato de
escapar, siendo en un primer momento derribado al piso donde las
víctimas intentaron hacer justicia por mano propia.
El delincuente, pese a que era duramente golpeado logró ponerse de
pie y salir corriendo en dirección a su cómplice, quien lo esperaba
subido a la motocicleta y con el cual escaparon en dirección al barrio
San Pedrito. Sobre la vereda de un domicilio (calle Talcahuano) quedó
una zapatilla, color blanca, del delincuente y el arma utilizada para el
robo.
Parece una historia repetida, pero esta vez pudo haber sido peor. Los
vecinos están indignados por la falta de seguridad en el vecindario. “Si
no son asaltos, son las patotas y la falta de seguridad se reitera”,
lamentó un habitante del sector que junto a otros pidieron un
destacamento policial.