La tendencia a ubicar parientes en puestos públicos se
ha arraigado con tal fuerza en el país que hoy se muestra como la regla
y no como la excepción que debería ser.
Los concursos de oposición y antecedentes han quedado
relegados a muy pocos ámbitos. La cercanía con el mandatario de turno se
impone a la idoneidad o eficiencia que demanda el cargo por cubrir. El
nepotismo que tanto asombraba hace algunas décadas, amasado al calor de
feudos sin pudor frente al abuso de poder, adopta por estas horas formas
extravagantes y hasta consentidas.
Así, dineros públicos se reparten en cargos que desempeñan familias enteras.
La provincia de Tucumán es un grosero ejemplo de esa
tentación de premiar con un lugar en el Estado a quienes profesan lazos
de sangre con los mandatarios en funciones. Pero, ciertamente, no es el
único, es apenas una muestra de lo que sucede en otras gobernaciones,
municipios y en el gobierno nacional.
José Alperovich, hombre muy cercano a la Casa Rosada,
gobierna esa provincia. Su esposa, Beatriz Rojkés, es senadora nacional y
tercera en la línea de sucesión presidencial, después de Cristina
Kirchner y de Amado Boudou.
Silvia Rojkés de Temkin, hermana de la senadora y
cuñada del gobernador, es ministra de Educación tucumana. Carlos Rojkés,
hermano de la senadora y miembro del banco provincial, trabaja como
funcionario en la Cámara alta nacional, mientras que Verónica Rojkés
(hija de Carlos y sobrina de la legisladora) y Rubén Rojkés, cuñado del
gobernador, se desempeñan respectivamente en el Congreso Nacional y en
una empresa proveedora del Estado tucumano, según pudo saber La Nacion
de fuentes oficiales provinciales y nacionales.
Pablo Zeitume, yerno de Alperovich, es director de
Comercio de Tucumán. Isaac Bromberg, primo del mandatario, es diputado
nacional, y Beatriz y Oscar Mirkin (primos de Alperovich) son
respectivamente ex ministra de Desarrollo Social y actual diputada
nacional, y secretario de Obras Públicas tucumano. En tanto, Lucía
Temkin, sobrina del gobernador, es secretaria privada de la presidencia
provisional de la Cámara alta nacional.
"Cada uno tiene derecho de poner a la gente que cree",
le dijo Alperovich, sin ningún empacho, a una cronista que le cuestionó
públicamente su grado de nepotismo.
Desde ya que están los que, no obstante ser parientes o
amigos de un funcionario, tienen suficientes pergaminos como para
demostrar que merecen el puesto que les ha tocado. Pero resulta muy
dudoso que los gobernantes no puedan encontrar fuera del perímetro de
sus hogares gente más idónea para competir por los mismos cargos.
Más bien, esa estrategia responde, en parte, a la
necesidad de armarse una coraza tendiente a protegerse mutuamente frente
a cualquier cuestionamiento político o judicial que pudiera surgir. De
este tipo de acciones sólo cabe esperar la falta de respuestas, la no
rendición de cuentas y que los beneficiados por la larga mano del Estado
prebendario diriman en la más absoluta arrogancia y sin posibilidad de
apelación externa los asuntos más sensibles que atañen a sus gobernados.
Nada más lejos de una democracia representativa, republicana y federal.

