En 2008 estalló un pequeño escándalo en Salta cuando se denunció que una enciclopedia escolar auspiciada
por el gobierno provincial incluía un mapa en el que las Islas Malvinas eran
llamadas “Falkland Islands” y se señalaba que las mismas pertenecían a Gran
Bretaña. El suceso –en el cual intervino hasta el Ministerio de Defensa de la Nación – le costó el puesto
a Marta Torino, la Ministra
de Educación del gabinete de Juan Manuel Urtubey. Pero muy pronto todos se
olvidaron de ello.
Siete años después de aquel
episodio, el gobierno salteño vuelve sobre la causa malvinera pero desde otro
ángulo. Me refiero, claro, a la iniciativa del parlamento local para vivificar
la afirmación de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas.
En concreto son dos las
propuestas de los legisladores provinciales: obligar a que todos los vehículos que forman parte de la flota de transporte público en la provincia lleven en un lugar visible de su carrocería la leyenda “Las Malvinas son argentinas”, e
incluir como parte de la liturgia patriótica de todos los actos cívicos la entonación de la “Marcha de las Malvinas” compuesta por José Tieri y Carlos Obligado.
Las dos medidas fueron objetadas
por Luís Caro Figueroa, un masón, quien desde un sitio web de su propiedad
señaló que el Poder Legislativo de Salta estaba promoviendo el liberticidio al
hacer obligatorio el canto del himno malvinero. Ciertamente todo el argumento
de Caro Figueroa se desmorona desde el momento en que se recuerda que la
propuesta parlamentaria obliga a las instituciones del Estado a interpretar a
la marcha, pero no obliga a ninguno de sus ciudadanos a cantarla (ya que en un
país en donde son rarísimas las ocasiones en que se castiga a alguien por
mancillar los símbolos patrios, es bastante improbable que a alguien lo
cuestionen por no cantar una canción patriótica cuando la están tocando). De
todos modos la periodista hebrea Natasha Niebieskikwiat del diario Clarín escribió un extraño artículo en
el que sugiere que la endeble y caprichosa opinión de Caro Figueroa bastó para
desatar una discusión sobre el asunto. Ello, por supuesto, no fue así.
De
todos modos creo que si es posible iniciar una polémica en torno a este asunto.
Recordemos, en primer lugar, que hasta 2012 el malvinismo no era parte de la
agenda del gobierno kirchnerista. Pero a partir de esa fecha, después de que el
pueblo riojano frenase el rifamiento del oro que subyace debajo del Famatina,
el kirchnerismo pretendió convertirse en el campeón de la Causa Malvinera. Así anunciaron
la difusión pública del Informe Rattenbach y toda la imberbada se sacó la
remera que lleva estampada la cara del Che Guevara para ponerse una con el
contorno de la Perla Austral.
El
gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, uno de los gobiernos argentinos más
vendepatria de la historia, pretende enarbolar la bandera nacionalista a través
de su reivindicación soberanista sobre las Islas Malvinas. ¿Y cual ha sido el
resultado de esa maniobra? El chauvinismo.
En efecto, en estos últimos tres
años los kirchneristas han empujado a la noble Causa Malvinera hacia el más
berreta de los chauvinismos. Es que ellos se niegan sistemáticamente a
reconocer algo fundamental: a la
Guerra de Malvinas la pelearon los soldados, quienes no
fueron un montón de niños que se hacían pis encima y que eran comandados por
sujetos de bigote que llevaban la picana eléctrica para torturar a los suyos,
sino que se trató de un valiente contingente militar que fue a entregar la vida
por la patria. Mientras ello no sea debidamente reconocido, entonces todo
intento por recuperar Malvinas es fútil.
En enero de este año el Diputado
Provincial oficialista Emanuel Sierra viajó a las islas a realizar un reclamo pacífico. Para ello llevó su guitarra, y el muy hippie se puso a cantar
canciones de León Gieco, Serú Girán, Los Enanitos Verdes, The Beatles, Coldplay
y otros artistas para promover el “entendimiento” entre argentinos y kelpers. La
mayoría de los habitantes locales lo ignoraron categóricamente, y los pocos que
le prestaron atención se terminaron descostillando de la risa ante semejante
muestra de tan bobo malvinismo.
La estrategia del gobierno
nacional para recuperar Malvinas, aunque cueste creerlo, es muy similar a lo
que hizo el metanense Sierra. Los kirchneristas, invocando el carácter
“democrático” y “pacifista” de nuestro país, eligieron como vía de ataque a la
diplomacia. Por ese motivo muchos países y foros regionales (como el Mercosur)
emiten pronunciamientos apoyando a los argentinos y condenando a los
británicos, los cuales son iguales que las canciones de Sierra: se los termina
llevando el viento.
Sin una dotación defensiva
relevante, es decir sin Fuerzas Armadas competentes, Malvinas es una causa
perdida. Los británicos, de tanto en tanto, envían barcos y aviones a las
islas, sugiriendo que Argentina estaría avanzando sobre la zona. Empero todos
sabemos que eso es sólo un montaje que ellos hacen para los suyos, pues es más
que claro que el gobierno argentino no tiene recursos ni vocación bélica (en
realidad el gobierno si tiene recursos y vocación bélica, pero los mismos
poseen como objetivo a la propia población argentina).
Que los legisladores oficialistas
salteños tengan por propósito recuperar las Malvinas promoviendo medidas que no
afectan en lo más mínimo a los kelpers, revela cuan ficticio es el nacionalismo
de quienes gobiernan. Sin ir más lejos no debemos olvidar que el año pasado
Bolivia comenzó una campaña para colonizar Salta, lo que incluyó hasta el
maltrato a un grupo de compatriotas que habitaban sus tierras sin saber que no
eran argentinas. ¿Y que hizo el gobierno de Urtubey contra esos atropellos
bolivianos? Avalarlos: ¿o ya nos olvidamos que el Gobernador recibió al Presidente de Bolivia y hasta jugó muy alegre un partido de fútbol con él? ¿O ya
nos olvidamos que el rumor de que Evo Morales visitaría Salta durante la
campaña para gobernador de Urtubey en 2015 llegó a ser muy fuerte, y que, poco
después de producida la reelección del mandatario provincial, el Vicepresidente
de Bolivia, el nefasto Álvaro García Linera, fue recibido como un héroe en Salta y condecorado por la universidad pública local? ¿Ya nos olvidamos que
Tarija es tan argentina como las Islas Malvinas?
Cada vez que los chupópteros del
gobierno agitan la bandera malvinera para manifestar un patriotismo que no
sienten, un nacionalismo que no profesan y un soberanismo que no practican, lo único
que hacen es prostituir a la noble causa, y la prostituyen a la fuerza.
Francisco Vergalito