Hace unos días La Gaceta
nos informó sobre la próxima realización de un proyecto televisivo denominado “Inconsciente Colectivo”. Al parecer Inconsciente Colectivo será una ficción
policial que se transmitirá por Canal 7 o Canal 9 durante algún momento de la
segunda mitad del 2012. Según lo que anticipó el director Mariano Hueter
(co-autor de la serie junto a Ezequiel Goldstein), la historia girará en torno
a un psiquiatra que investiga una serie de suicidios que han ocurrido en un
colegio secundario de gestión privada al que acuden jóvenes de familias
adineradas.
Lo curioso es que Hueter y
Goldstein desarrollan su ficción tomando como un punto de partida a un caso
real que tuvo lugar en Rosario de la Frontera.
Allí, durante el año 2010, ocho adolescentes se suicidaron en
unos pocos meses, lo que causó un gran revuelo a nivel local y atrajo la
curiosidad de los medios nacionales. En aquel momento se barajaron diferentes
hipótesis para explicar el fenómeno: se habló de un juego adolescente desmadrado
que consistía en simular ahorcamientos, se habló de un incitador que motivó a
los jóvenes a tomar la decisión funesta, y se habló también de un “efecto
contagio” en un grupo de adolescentes que estaban atravesando situaciones
familiares y sociales poco agradables. Se habló mucho pero no se estableció
nada concreto, por lo que hasta el día de hoy esas muertas están envueltas en
un halo de misterio.
Desde 2010 no ha habido
nuevamente una ola de suicidios adolescentes en el NOA, pero ello no significa
que el número de decesos autoprovocados de jóvenes haya disminuido
considerablemente. Salta y Jujuy, lamentablemente, son hoy en día provincias
cuyas tasas de suicidio adolescente superan ampliamente el promedio nacional,
es decir que la cantidad de suicidios adolescentes en Salta y Jujuy es
realmente preocupante.
Existen toda una serie de
factores diferentes que pueden llegar a ser causantes de suicidios, pero uno
bastante evidente y del que se habla poco cuando el tema es traído a la
discusión pública es la droga. La cantidad de muertes por sobredosis de drogas
ilegales es un número sistemáticamente ocultado en nuestro país. Usualmente la
sobredosis suele estar vinculada a intentos de suicidio, vale decir es un
método muy utilizado para terminar con su vida por aquel que es adicto a las
drogas.
En 2011 el senador salteño Juan Carlos Romero impulsó una iniciativa para que el Estado nacional dé a conocer
esta penosa realidad de las sobredosis, pero no obtuvo una respuesta oficial. En
aquella ocasión, el parlamentario alertó sobre otro flagelo vinculado a la
proliferación de los suicidios: las drogas blandas. En efecto, quienes
defienden el consumo de drogas blandas (como por ejemplo la marihuana)
sostienen que jamás se ha dado un caso de sobredosis con el consumo de este
tipo de sustancia. Ese hecho, aparentemente, sería razón suficiente como para despenalizar
al consumo y, posteriormente, legalizar la fabricación y venta de drogas
blandas, según la opinión de los apologistas del consumo de aquello que está
prohibido por ley.
Sin embargo las cosas no son tan simples
como las presentan los adictos y sus proveedores. Héctor Basile, en un trabajo de su autoría, señala que “suicidios, homicidios y accidentes son la causa del
80% de las muertes de adolescentes; en la mitad de los casos intervienen el
alcohol y las drogas.” La estadística que maneja Basile se basa en datos rigurosos,
pero la interpretación de los mismos no es completa. Por ejemplo si un muchacho
que tenía la intención de suicidarse muere al cruzar una avenida o una ruta sin
mirar, el hecho es calificado de “accidente” y no de “suicidio”. Por tanto se
estima que el número real de suicidios es más elevado del que se maneja a
primera vista.
Numerosos estudios indican que el
consumo de las llamadas drogas blandas sirven para disparar diversas
psicopatologías en ciertos sujetos y ayudan a fijar cuadros depresivos en una
amplia franja de la población. Ello, por supuesto, aumenta el riesgo de
suicidio de manera dramática.
A raíz de todo esto queda claro
que no se puede abordar un tema tan delicado como el del consumo de drogas
propagandeadas como “inocuas” sin tener un profundo tacto. En este sentido Romero
les pidió responsabilidad a los políticos pro-droga. Dijo: “preocupa y mucho
que servidores públicos y otros referentes sociales trasmitan mensajes ambiguos
y den curso a postulados mentirosos, como por ejemplo, ‘un porro no hace nada’;
‘es peor un cigarrillo de tabaco que uno de marihuana’; ‘la marihuana tiene
propiedades curativas sin efectos secundarios’; ‘con el consumo recreativo está
todo bien’ y una serie de afirmaciones sin el menor sustento
científico-químico, psicológico o antropológico”.
La serie de Hueter y Goldstein promete
ser una trama policial, por lo que probablemente no aborde el tema del suicidio
de un modo realista. De todos modos, más allá de las ficciones, los argentinos tenemos
los hechos que no podemos ignorar. Sobre estos debemos concentrarnos si
queremos vivir en una sociedad donde prevalezca la verdad y no las mentiras de
quienes se benefician a partir de su difusión.
Julieta Frías