Comprando voluntades jóvenes con viajes al exterior
La ciudad de Budapest, frontera entre Occidente y Oriente, recibirá a
fines de mes a más de 12.500 jóvenes de todo el mundo. La experiencia
internacional se denomina Genfest, y tendrá lugar del 31 de agosto al 2
de septiembre. Argentina estará representada por una delegación de 180
integrantes, de los cuales 28 son tucumanos y pertenecen al Movimiento
de los Focolares.
"Se trata de una agrupación de jóvenes con valores, que piensa en positivo, para construir un mundo distinto y mejor. El movimiento, si bien tiene una base en la religión Católica, Apostólica y Romana, busca la unidad y la fraternidad rompiendo barreras religiosas, culturales y generacionales. Está más que nada motivado por el carisma de la unidad", le comentó a La Gaceta Carla Navarro, una de las representantes tucumanas.
"Let's bridge" es el título de la décima edición del Genfest, la fiesta que reúne diferentes culturas y etnias, movidos por la misma idea: construir una experiencia de vida y de acción social. Luego del encuentro -que se realiza cada cinco años- se ofrecerá a los participantes dos escuelas de formación en Italia.
"Espiritualmente vamos a formarnos y a compartir experiencias y realidades con los jóvenes de otros países. A nutrirnos nosotros y a fortalecernos en unidad, cada uno en el lugar que le toca para contribuir con nuestra sociedad, con nuestro estudio o con nuestra profesión", agregó Carla, de 25 años.
El grupo de tucumanos participará de encuentros, muestras y espectáculos, organizados por los más de 3.000 voluntarios de todo el mundo que, desde hace meses están trabajando en la preparación del Genfest.
"La organización misma del evento es una vivencia de unidad, basada en el esfuerzo continuo de inclusión, acogida y escucha del otro. Eso lleva al verdadero diálogo y a la construcción de relaciones profundas", se destaca en la página oficial de la fiesta de la juventud focolar.
El movimiento cristiano realiza en Tucumán encuentros todas las semanas y participa de las jornadas nacionales denominadas Mariápolis (ciudad de María). Además, organizan jornadas y campañas solidarias en diferentes barrios de la provincia, trabajan en parroquias y llevan la palabra de Dios a muchos rincones, la mayoría olvidados.
"El movimiento focolar me acercó a Dios y me hizo conocerlo. También compartí experiencias y me hice de amigos de todo el país. Juntos entendemos que Jesús nos guía por el camino. Solo tenemos que ser dóciles y dejarnos guiar por Él y por María", resumió Ivanna González, una de las jóvenes que viajará a Hungría a fin de mes.
"Se trata de una agrupación de jóvenes con valores, que piensa en positivo, para construir un mundo distinto y mejor. El movimiento, si bien tiene una base en la religión Católica, Apostólica y Romana, busca la unidad y la fraternidad rompiendo barreras religiosas, culturales y generacionales. Está más que nada motivado por el carisma de la unidad", le comentó a La Gaceta Carla Navarro, una de las representantes tucumanas.
"Let's bridge" es el título de la décima edición del Genfest, la fiesta que reúne diferentes culturas y etnias, movidos por la misma idea: construir una experiencia de vida y de acción social. Luego del encuentro -que se realiza cada cinco años- se ofrecerá a los participantes dos escuelas de formación en Italia.
"Espiritualmente vamos a formarnos y a compartir experiencias y realidades con los jóvenes de otros países. A nutrirnos nosotros y a fortalecernos en unidad, cada uno en el lugar que le toca para contribuir con nuestra sociedad, con nuestro estudio o con nuestra profesión", agregó Carla, de 25 años.
El grupo de tucumanos participará de encuentros, muestras y espectáculos, organizados por los más de 3.000 voluntarios de todo el mundo que, desde hace meses están trabajando en la preparación del Genfest.
"La organización misma del evento es una vivencia de unidad, basada en el esfuerzo continuo de inclusión, acogida y escucha del otro. Eso lleva al verdadero diálogo y a la construcción de relaciones profundas", se destaca en la página oficial de la fiesta de la juventud focolar.
El movimiento cristiano realiza en Tucumán encuentros todas las semanas y participa de las jornadas nacionales denominadas Mariápolis (ciudad de María). Además, organizan jornadas y campañas solidarias en diferentes barrios de la provincia, trabajan en parroquias y llevan la palabra de Dios a muchos rincones, la mayoría olvidados.
"El movimiento focolar me acercó a Dios y me hizo conocerlo. También compartí experiencias y me hice de amigos de todo el país. Juntos entendemos que Jesús nos guía por el camino. Solo tenemos que ser dóciles y dejarnos guiar por Él y por María", resumió Ivanna González, una de las jóvenes que viajará a Hungría a fin de mes.
¿Consagradas a quien?
El focolare no es otra cosa que una estufa a leña, un hogar alrededor del cual solían reunirse las familias italianas en pleno invierno. Esa misma calidez es la que se siente al llegar a la casa de los focolarinos de hoy. Apenas suena el timbre en una vieja casona de Crisóstomo Alvarez al 900 alguien se apresura a abrir. No es la puerta de un convento, aunque allí se vive en comunidad. No son monjas las que la habitan, sí laicas consagradas, con votos de fidelidad y un compromiso con la espiritualidad de su fundadora, Chiara Lubich, que llevan a todos lados como si fuera un perfume personal, suave pero intenso, inconfundible.
- ¡Hola! ¿cómo estás? ¡Bienvenida!", me saludó Lis, la responsable del grupo, con un abrazo como de amigas. Por un momento dudé si la conocía. Pronto aparecieron las demás con la misma actitud.
El living-comedor es amplio, decorado con buen gusto y sencillez. Una imagen de Chiara sonríe desde una mesita ubicada a la entrada, desde donde domina todo el ambiente. Muchas plantas de interior, objetos antiguos bien conservados y un juego de mullidos sillones invitan a ejercer la especialidad de las focolarinas: el diálogo, la escucha, la compañía.
De inmediato aparecen la salteña Gabriela (que no siempre vive allí) y la tucumana Leonor, que es directora de una fundación y reside en su propia casa. Lis es brasileña pero con acento muy a lo tucumano, con reminiscencias bolivianas (de cuando estuvo en ese país durante 17 años, en otro focolar), y una pizca de chileno, que adquirió en su paso de seis años al otro lado de la cordillera. Paula, que es trabajadora social y viene de Neuquén, hace su aparición en el living con el rostro iluminado por la emoción del nacimiento de su sobrino e inmediatamente lo comparte con todas.
Aclaran que prefieren que no aparezcan sus apellidos. "Sólo queremos dar a conocer nuestro carisma, nuestros nombres no importan", explican.
El Movimiento de los Focolares nació durante la Segunda Guerra Mundial, en Italia. En la pequeña ciudad de Trento, vecina a Viena, vivía Silvia Lubich (así se llamaba al principio), de familia cristiana y antifascista. Cuenta Lis, que Chiara -a quien conoció personalmente- decidió tomar ese nombre cuando se consagró como terciaria franciscana, en honor a la santa de Asís.
"Chiara, que habría tenido unos 22 o 23 años, visitaba los refugios de las familias en pleno bombardeo y les llevaba víveres y el Evangelio, que por ese entonces no circulaba por los hogares. Además se reunía con un grupo de amigas en el sótano de la casa de una de ellas para hablar de Dios e intercambiar experiencias", cuentan ya sentadas a la mesa. Es viernes a la noche y han preparado pizza, acompañada por una cerveza y gaseosas. De postre, helado.
En la casa no hay servicio doméstico. Todo lo hacen ellas, entre sus ocupaciones de mujeres laicas -algunas profesionales y otras empleadas- que trabajan en reparticiones públicas y privadas. El dinero, así como el tiempo, se pone al servicio de todas, aunque cada una conserva su espacio de crecimiento propio.
En Tucumán hay dos focolares, uno de mujeres, donde viven las solteras con el constante apoyo de las casadas que viven con sus familias, y otro de varones con la misma modalidad. Pero ante todo, el Movimiento de los Focolares u Obra de María, como es el nombre oficial con el que está inscripto y aprobado en la Iglesia Católica, es de laicos. Algunos son consagrados, con votos de obediencia, pobreza y castidad, y otros no. Hay voluntarios y amigos de la obra, que no necesariamente son católicos ni cristianos, sino también de otras religiones e, incluso, de ninguna.
Paola trabaja todas las mañanas en Tribunales, en la Oficina de Violencia Doméstica. "A la tarde, cambio el chip y me dedico al acompañamiento de jóvenes universitarias. Nos encontramos aquí (señala el hermoso jardín de la casa) u organizamos una mateada un fin de semana en el parque Guillermina. A veces, según las edades, hacemos una pijamada", cuenta divertida. Katia, una de las más tímidas, es panameña y su acento centroamericano la delata. Tenía 21 años cuando dejó la carrera de Inglés de la que sólo le quedaban dos materias para egresar de la Universidad de Panamá. Algo interiormente la inquietaba. "Un día me invitan a un encuentro 'Palabra de Vida' del que yo no tenía ni la menor idea, pero me impresionó su forma de hacer conocer el Evangelio. Me atraían sus canciones (¡me las aprendí a todas!) y su alegría. Entonces decidí iniciar mi propio camino: sabía que Dios no me llamaba a la vida religiosa, ni tampoco al matrimonio, ni al laicado; por eso elegí el cuarto camino, el focolar", dice con sencillez.
"Nuestra espiritualidad nos ayuda mutuamente para alcanzar la santidad, nuestra meta, y se extiende a toda la comunidad; algunas trabajamos en barrios, otras desde sus respectivas profesiones o desde la vida familiar", añade Lis. Carmen, empresaria, capacita a los profesionales en "Economía de Comunión", que es otra forma de vivir la espiritualidad focolar, además de ejercerla en su propia empresa. Marita tiene ocho hijos. "Las puertas de este focolar están abiertas también a la separada o divorciada, porque es una realidad que no podemos soslayar", reconoce.
Como Chiara con sus amigas, las focolarinas y focolarinos de Tucumán viven la confraternidad de un modo universal. Quizás hasta desearon, como Chiara y sus amigas, en medio del bombardeo, que si morían las enterraran en una tumba común con una frase de San Juan Evangelista como epitafio: "Y nosotros hemos creído en el amor".
- ¡Hola! ¿cómo estás? ¡Bienvenida!", me saludó Lis, la responsable del grupo, con un abrazo como de amigas. Por un momento dudé si la conocía. Pronto aparecieron las demás con la misma actitud.
El living-comedor es amplio, decorado con buen gusto y sencillez. Una imagen de Chiara sonríe desde una mesita ubicada a la entrada, desde donde domina todo el ambiente. Muchas plantas de interior, objetos antiguos bien conservados y un juego de mullidos sillones invitan a ejercer la especialidad de las focolarinas: el diálogo, la escucha, la compañía.
De inmediato aparecen la salteña Gabriela (que no siempre vive allí) y la tucumana Leonor, que es directora de una fundación y reside en su propia casa. Lis es brasileña pero con acento muy a lo tucumano, con reminiscencias bolivianas (de cuando estuvo en ese país durante 17 años, en otro focolar), y una pizca de chileno, que adquirió en su paso de seis años al otro lado de la cordillera. Paula, que es trabajadora social y viene de Neuquén, hace su aparición en el living con el rostro iluminado por la emoción del nacimiento de su sobrino e inmediatamente lo comparte con todas.
Aclaran que prefieren que no aparezcan sus apellidos. "Sólo queremos dar a conocer nuestro carisma, nuestros nombres no importan", explican.
El Movimiento de los Focolares nació durante la Segunda Guerra Mundial, en Italia. En la pequeña ciudad de Trento, vecina a Viena, vivía Silvia Lubich (así se llamaba al principio), de familia cristiana y antifascista. Cuenta Lis, que Chiara -a quien conoció personalmente- decidió tomar ese nombre cuando se consagró como terciaria franciscana, en honor a la santa de Asís.
"Chiara, que habría tenido unos 22 o 23 años, visitaba los refugios de las familias en pleno bombardeo y les llevaba víveres y el Evangelio, que por ese entonces no circulaba por los hogares. Además se reunía con un grupo de amigas en el sótano de la casa de una de ellas para hablar de Dios e intercambiar experiencias", cuentan ya sentadas a la mesa. Es viernes a la noche y han preparado pizza, acompañada por una cerveza y gaseosas. De postre, helado.
En la casa no hay servicio doméstico. Todo lo hacen ellas, entre sus ocupaciones de mujeres laicas -algunas profesionales y otras empleadas- que trabajan en reparticiones públicas y privadas. El dinero, así como el tiempo, se pone al servicio de todas, aunque cada una conserva su espacio de crecimiento propio.
En Tucumán hay dos focolares, uno de mujeres, donde viven las solteras con el constante apoyo de las casadas que viven con sus familias, y otro de varones con la misma modalidad. Pero ante todo, el Movimiento de los Focolares u Obra de María, como es el nombre oficial con el que está inscripto y aprobado en la Iglesia Católica, es de laicos. Algunos son consagrados, con votos de obediencia, pobreza y castidad, y otros no. Hay voluntarios y amigos de la obra, que no necesariamente son católicos ni cristianos, sino también de otras religiones e, incluso, de ninguna.
Paola trabaja todas las mañanas en Tribunales, en la Oficina de Violencia Doméstica. "A la tarde, cambio el chip y me dedico al acompañamiento de jóvenes universitarias. Nos encontramos aquí (señala el hermoso jardín de la casa) u organizamos una mateada un fin de semana en el parque Guillermina. A veces, según las edades, hacemos una pijamada", cuenta divertida. Katia, una de las más tímidas, es panameña y su acento centroamericano la delata. Tenía 21 años cuando dejó la carrera de Inglés de la que sólo le quedaban dos materias para egresar de la Universidad de Panamá. Algo interiormente la inquietaba. "Un día me invitan a un encuentro 'Palabra de Vida' del que yo no tenía ni la menor idea, pero me impresionó su forma de hacer conocer el Evangelio. Me atraían sus canciones (¡me las aprendí a todas!) y su alegría. Entonces decidí iniciar mi propio camino: sabía que Dios no me llamaba a la vida religiosa, ni tampoco al matrimonio, ni al laicado; por eso elegí el cuarto camino, el focolar", dice con sencillez.
"Nuestra espiritualidad nos ayuda mutuamente para alcanzar la santidad, nuestra meta, y se extiende a toda la comunidad; algunas trabajamos en barrios, otras desde sus respectivas profesiones o desde la vida familiar", añade Lis. Carmen, empresaria, capacita a los profesionales en "Economía de Comunión", que es otra forma de vivir la espiritualidad focolar, además de ejercerla en su propia empresa. Marita tiene ocho hijos. "Las puertas de este focolar están abiertas también a la separada o divorciada, porque es una realidad que no podemos soslayar", reconoce.
Como Chiara con sus amigas, las focolarinas y focolarinos de Tucumán viven la confraternidad de un modo universal. Quizás hasta desearon, como Chiara y sus amigas, en medio del bombardeo, que si morían las enterraran en una tumba común con una frase de San Juan Evangelista como epitafio: "Y nosotros hemos creído en el amor".
Desnudando a los focolares
Aparte de la novedad de ese “cuarto camino” para la
santificación que constituye la “vocación” del focolar, ya nos damos
cuenta que estamos ante una espiritualidad que toma las dimensiones de
un nuevo humanismo. Se trata de formar hombres nuevos, donde desaparezca
el odio y la intolerancia, donde se proclame y se viva el amor..., pero
sin Dios. Es el gran ausente.
Y necesariamente, buscar la unidad y la
paz sin darle el lugar que le corresponde a Nuestro Señor, es caer en la
ilusión e ingenuidad que aprovechan precisamente los que se oponen a la
Iglesia de Cristo.
El verdadero bien de las almas y de los
cuerpos no puede obtenerse de otra manera que sometiendo a las almas al
dulce yugo de Nuestro Señor, es practicando el verdadero ecumenismo que
consiste en atraer a las almas a la Iglesia Católica, que por voluntad
divina continúa la obra de la Redención. Y es un dogma de nuestra fe que
“fuera de la Iglesia Católica no hay salvación”. Deformar esta verdad
no puede sino tener consecuencias desastrosas, no sólo ya para los que
no forman parte de la Iglesia, pues se los mantiene en su error, sino
también para los mismos católicos, que acabarán diluyendo la fe, y por
consiguiente, corrompiéndola, como es el caso de los focolares.
La fe es algo demasiado importante como
para poder “jugar” con ella; es un tesoro demasiado precioso. Hagamos
caso de lo que los Papas anteriores han dicho y hecho. Estuvieron
inspirados por el Espíritu Santo: afirmaron la doctrina y condenaron el
error, mostrándonos el camino a seguir y los escollos a evitar.
Siguiéndolos tenemos la certeza de no equivocarnos.
¿Lo del "cuarto camino" es de Gurdjeff?
ResponderEliminarEl autor de la ultima parte "Desnudando a los Focolares" debe instruirse mas antes de hacer afirmaciones que riñen contra los Mandamientos de Dios en especial del octavo. Informese mas acerca de las conversiones a Catolicos debido al testimonio de los Focolares.
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarCreo que el problema no es la mitomania de adrede sino mas bien la ignorancia. Considera esto una correccion fraterna. Mateo 18, 15-18
ResponderEliminarAqui te dejo un testimonio para que no escribas cosas que no conoces.
Omar Cabrera . Tomado del Diario San Salvador Febrero de 2011
A sus 85 años, Marco Tecilla recuerda como si fue ayer lo difícil que en su juventud le resultaba vivir como un cristiano en su ambiente de trabajo. Él era un obrero en un taller de mantenimiento y reparación de trenes en el norte de Italia cuando recién terminaba la Segunda Guerra Mundial. Las conversaciones obscenas y las críticas viscerales contra la Iglesia Católica abundaban entre sus compañeros, lo mismo que la simpatía por el comunismo, que buscaba expandirse tras la caída de la ultraderecha fascista. "Mis compañeros rápidamente se dieron cuenta de que yo no estaba metido en este mundo de los placeres, del sexo, de las mujeres, de las ideas libres", recuerda Tecilla, quien por primera vez visita El Salvador y Centroamérica en estos días. "Entonces, varios de ellos hicieron una apuesta: 'en un mes, será como nosotros'". Aunque al principio él adoptó una actitud combativa ante sus colegas mecánicos, luego cambió de estrategia. "Poco a poco, empecé a ser más capaz de vivir interiormente esta espiritualidad, a ser capaz de escuchar a los otros y, sobre todo, a amar concretamente a los otros". Este amor por el prójimo incluía el guardar silencio cuando la conversación se desviaba hacia temas inmorales, en vez de iniciar una acalorada discusión, recuerda Tecilla. Hablar de Dios en ese ambiente había resultado una muy mala idea porque "era como tirar gasolina al fuego", cuenta Marco. Más bien, lo que probó ser eficaz fue hacer actos de amor por sus compañeros, como ayudar a alguno en una reparación difícil, aunque él ya hubiera terminado su parte del trabajo. Sus colegas notaron que este joven, de apenas 20 años, demostraba un comportamiento coherente con aquello en lo que decía creer. Y lo respetaron cada vez más, al punto que luego, al menos frente a él, evitaban las pláticas obscenas y vulgares.Poco más de un año después, Marco renunció a su empleo para trasladarse a otra ciudad. Su testimonio de vida había calado tanto en sus compañeros de trabajo que, según cuenta, algunos le dijeron, al saber que se marchaba: "si todos los cristianos fuesen como tú, nosotros también seríamos cristianos".....continua
Marco Tecilla se inspiraba en el Evangelio, que veía encarnado en una joven llamada Chiara Lubich. Ella había formado un pequeño grupo de muchachas que buscaban vivir radicalmente el cristianismo, al punto que alquilaban una casa en la que habían constituido una pequeña comunidad.Estas muchachas solicitaban donativos de alimentos y ropa, y luego los repartían entre los pobres. En su casa leían la Biblia y hacían meditaciones diarias. Con este estilo de vida fueron atrayendo a más personas, primero mujeres, pero luego también hombres que querían llevar una vida cristiana.El grupito obtuvo eventualmente el visto bueno del obispo de la región a la que pertenecía Trento, la ciudad italiana donde vivían. Con los años, la comunidad fue creciendo, recibió la aprobación oficial del Vaticano como uno de los movimientos de la Iglesia Católica, y unas décadas más tarde llegó a El Salvador.
EliminarMarco Tecilla fue el primer hombre que se incorporó al entonces incipiente movimiento y, en 1947, decidió hacer los votos de pobreza, obediencia y castidad. Así se convirtió en el primer hombre "consagrado" dentro del movimiento, o "focolarino", como ellos le llaman.Marco es considerado uno de los cofundadores de la Obra de María, junto a Chiara Lubich. A la luz de su dilatada y rica experiencia, él señala que la clave radica no solo en leer el Evangelio o hablar sobre el mismo, sino también en "ser Evangelio, en vivir coherentemente".Finalmente, dice Tecilla, el Movimiento de los Focolares propone a las personas la lectura de la Biblia para ayudarse en este camino de la vida cristiana, teniendo en cuenta que la clave es leer para después poner en práctica.
Me parece que Marco Tecilla no obró como un católico auténtico. Dentro del catolicismo existe el concepto de cruzado, a Tecilla le tocaba en ese escenario de la fábrica el comportarse como un cruzado, pero no lo hizo.
EliminarUn católico auténtico vive el evangelio, eso precisamente fue lo que hizo Marco Tecilla; vivió el Evangelio y dió a Jesús a sus prójimos.
EliminarNo sólo Tecilla no fue un cruzado, tampoco fue un mártir. Era un cobarde. Cuando tenía que defender la fe, se quedaba callado. Y después hacía gestos de caridad hacia sus enemigos (lo cual no es malo pero si es confuso si no se hace en nombre de Dios o sea en nombre de la Verdad).
EliminarUno no ama al prójimo porque sea una criatura feliz que en lugar de ganarse el Cielo quiere vivir en una terrenal Felicidonia. Uno ama al prójimo porque es la manera de dar testimonio de Cristo en la propia alma. Se ama a alguien tanto al darle ayuda material como al darle un buen correctivo para bajarle los humos.
¿Pero lo del cuarto camino al final es de Gurdjeff o no?
ResponderEliminarEs increíble que se hable de una manera tan ofensiva acerca de este carisma, que en vez de dañar a la iglesia, la esta renovando.
ResponderEliminarMe es imposible creer que se pueda hablar tan mal de la espiritualidad de los Focolares y que el origen de estos comentarios provengan de la misma Iglesia Católica de donde nació este movmiento.
La ignorancia expresada en la ultima parte de esta publicación me parece sumamente absurda y sin bases, con un enfoque meramente informal y con un objetivo claro: dañar mas a la Iglesia de Cristo.
No podemos dejarnos engañar. Ya es de conocimiento de todos dentro de la Iglesia Católica que la Obra de Maria (el otro nombre por el que se le conoce a este movimiento) ha poseído el aprecio de todos los papas que se han sucedido desde su fundación en 1943, incluyendo al mismísimo Juan Pablo II, quien fuese muy cercano a Chiara Lubich.
También es de aclarar el hecho de que este movimiento tiene la aprobación de la Santa Sede por decreto del 05/12/64 y que forma parte de él una vocación religiosa con votos perpetuos y particulares, además de tener en su seno un orden sacerdotal: Sacerdote-Focolarino. La cual es una de las mas prestigiosas ordenes por su absoluta sumision a las ordenes del Papa.y la iglesia misma.
Igualmente, a como bien dijese una de las personas que anteriormente había comentado... informese bien acerca de la cantidad de conversiones al catoliscismo que ha suscitado este ideal tan hermoso, al igual que el aporte a la promoción de las relaciones interreligiosas entre la iglesia Católica y los protestantes, judíos, musulmanes, hindúes, ortodoxos, etc.
Por favor, instruyase antes de hablar.
Atte.: un nicaragūense. TLU.
El focolarismo ha estado convirtiendo gente, pero no al catolicismo, sino a esa religión que inventaron al calor del Vaticano II (yo la llamo conciliarismo, pero también podría llamarse democracia cristiana, o "misericordismo", como vende el Papa Francisco).
EliminarLos que se deberían de informar son los que adhieren al focolarismo: ¿saben que son una secta y no son cristianos? ¿Saben que existe el catolicismo con su tradición, sus misas en latín y su soteriología que sostiene que sin Iglesia no hay salvación (lo que significa que el que no es católico se condena)?
Me parece que desconoce lo que dice. El movimiento de los Focolares es una puerta de la Iglesia que quiere ser imagen de nuestra Madre Celestial la Virgen, como tal extiende su mano en caridad a todas las personas, dialogando desde la propia identidad cristiana - católica. En unidad y obediencia al Vicario de Cristo y sus Apóstoles, los Obispos. Y ese diálogo lo lleva desde la vida laica, de "la calle", en "el mundo", como dijo Nuestro Señor Jesucristo: "Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Noticia a toda la creación" (Mc 16,15), o el apóstol San Pablo "Porque vivimos en el mundo pero no actuamos de acuerdo al mundo" (2 Cor 10,3). Me consta que El Focolar u Obra de María es un camino verdadero y ortodoxo de conversión y de santidad cristiana. Saludos. Recomiendo pedir referencias a sacerdotes y obispos donde se encuentre esta obra.
EliminarYa lo explicaron más abajo Sánchez:
Eliminar"[Los focolares] son clericales (tiene buen vínculo con curas y aman al Papa, sea quien sea), pero no católicos."
Son una secta tolerada por muchos obispos, pero eso no los hace católicos a ellos, sólo vuelve malos obispos a los que no predican en su contra.
Quizás es exagerado lo de calificar de "nefastos" a los focolares, porque entre un focolar y un secular yo prefiero a un focolar, pero lo mejor sería que en un lugar de multiplicarse los focolares se multiplacaran los católicos en Tucumán.
ResponderEliminarEl focolarismo es una de esas chantadas diseñadas para alejar a la gente de la Iglesia vendiéndoles que se están acercando a Dios.
ResponderEliminarwww.focolar.org/es
ResponderEliminarSe los digo con todo el amor que nos pide dar nuestro señor Jesucristo ("amense los unos a los otros como yo los he amado" -Jn 13;34-): informense mejor. De manera atenta se los dice un católico.
Disculpen la equivocación, es: www.focolare.org/es
EliminarHola, yo estuve 9 años en la comunidad de Focolares. Yo no soy un ignorante, sé de qué se trata esto.
ResponderEliminarEn primer lugar, el gran problema del focolarismo es su panfilismo. Para un focolar no existe lo malo, todo es bueno a su modo. Eso conduce al relativismo, que es más o menos la postura de los focolares.
No entienden nada del cristianismo, porque en realidad no les importa. Son clericales (tiene buen vínculo con curas y aman al Papa, sea quien sea), pero no católicos. Hay crucifijos en las casas de focolares o en las iglesias, pero daría lo mismo si no estuviesen ahí. Nadie notaría la diferencia.
Y hay mucha ceguera entre los focolares. Mucha, mucha.
lo que pasa con los focolares es que confunden el estar consagrados a Dios con el ser el pueblo elegido.
ResponderEliminareso enseña Lubich
si el mismo movimiento se hubiese gestadp en la edad media, la iglesia los hubiese condenado por su clara herejia
Como miembro actual del movimiento debo dar la razón a este artículo. Se está deformando la sana doctrina y se alaba tanto al carisma que deja a la Iglesia olvidada. Los focolares no Evangelizan ya...solo importa dar a conocer el Ideal sin importar la Fé, pues se está predicando todas cosas bellas pero cada vez más lejos de Dios y con el ecumenismo se trata de justificar todo...los diálogos, los mundos, las ramas, etc.
ResponderEliminarFijense en la realidad de los jóvenes que pertenecen al movimiento y no saben nada de la Fé Católica, conocen a un "Jesús" según sus experiencias donde todo se justifica por el amor (amor humano, claro está)...los y las voluntarios/as viven en burbujas familiares y sociales confundiendo lismona con sobras y tranquilidad de "conciencia"...los y las focolarinas en su mayoría acompañan muy mal a los jóvenes...ir contracorriente se volvió un simple acuerdo y concesión con lo mundano...apuntar alto no es más una meta...se lleno de relativismo, subjetivismo e ideologías políticas-filosóficas lejanas al catolicismo y cristianismo verdadero con la falsa apertura religiosa que cada vez se parece más a una coctelera que a buscar la Verdad.
Realmente se plantea un nuevo humanismo donde sin que se den cuenta Dios está siendo dejado a un lado en cuanto a Dios verdadero y tener Jesús en medio queda reducido a una experiencia de buenos amigos que se quieren diciendo que hay unidad...hasta la Eucaristía está siendo dejada de lado como sacramento y en algunos casos reducida al color amarillo del movimiento.
Todo esto que expreso es referente a la puesta en práctica y "vida" del movimiento en la Argentina...cosa que difiere rotundamente a como este fue consebido y como lo expresan sus estatutos.
Es una lástima pero es la realidad (al menos en Argentina) que los focolares se expresan más como una secta atractiva que como verdaderos hijos de la Iglesia con la impronta ecuménica e intereligiosa que debería tener. Plantea hoy una unidad falsa y a medias, mundanisada y no se preocupa ni siquiera por la Unidad de la Iglesia.
Hace años tuve una experiencia como los focolares.y con todo respeto me parecieron sinvergüenzas.prefiero a los jesuitas benedictinos carismáticos ,verdaderos discípulos de Jesús y de la Santa madre Iglesia.
ResponderEliminarComo todo movimiento de Iglesia, tiene sus riquezas y sus miserias.como todos nosotros. La buena fe y la decisión de seguir a Jesús, harán que predomine lo primero.
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