Como si la Batalla de Tucumán no hubiese sucedido
El legislador Ariel García presentó un proyecto para que la Provincia de Tucumán adhiera al decreto presidencial que nombra al 2012 como "Año de homenaje al doctor Manuel Belgrano".
Del igual modo, solicitó que se subsane el olvido incurrido en ese
instrumento del Poder Ejecutivo Nacional, que lleva el número 292/2011.
Con esto, García advirtió que en el decreto no se cita, entre los
logros del prócer, a la Batalla de Tucumán, de la cual se cumplirán 200
años el próximo 24 de septiembre. Frente a esa situación, el radical presentó un proyecto para que el
Poder Ejecutivo, previo a la adhesión al citado decreto nacional,
promueva la incorporación de la Batalla de Tucumán del 24 de Septiembre
de 1812.
“Sería bueno que este homenaje genere un efecto multiplicador de
una gesta que sirve de ejemplo para el presente, porque son otras
batallas las que tenemos que ganar, pero debe ser el mismo espíritu el
que debe alentarnos como pueblo, para que Tucumán vuelva a ser el
sepulcro de la tiranía”, finalizó.
El General degradado
Pareciera ser que hay espíritus que han sido marcados para sufrir aún
más allá de la muerte los sinsabores del desagradecimiento y la
mutilación de sus glorias a manos de sus propios paisanos. El caso del General Manuel José Joaquín del Sagrado Corazón de Jesús Belgrano constituye un verdadero paradigma en cuanto a esa lamentable práctica.
Belgrano, abogado de profesión, observó con vergüenza cómo los ingleses se hacían
con Buenos Aires y pasó a Montevideo para evitar inclinarse ante la
Bandera de los invasores. En sus “Memorias” contará cómo aquel episodio
lo marcó al punto de tomar los servicios de un maestro en armas para
aprender su manejo.
Consumada la Revolución que depuso al Virrey Cisneros, fue enviado
comandando la Campaña al Paraguay, de triste resultado y que le valiera
un juicio para determinar su responsabilidad por el fracaso de una tropa
que Buenos Aires enviaba en condiciones muy precarias.
Los 40.000 pesos fuertes que Belgrano dispusiera para la construcción
de escuelas en Jujuy, Salta, Tucumán y Tarija, son otro ejemplo del
pillaje al que le sometieron los funcionarios públicos; se puede decir
que aquel fue el primer caso de malversación de fondos públicos, porque
las escuelas tuvieron una suerte errante de edificios a medio construir y
hasta terrenos expropiados como ocurrió en tiempos del Gobernador de
Tucumán (nada menos) Julio Miranda.
Recién 191 años más tarde, en el año 2004, se inauguró la última de
ellas, la de Jujuy. Según un cálculo que realizó en su momento Felipe
Pigna, el valor de aquel oro, hoy equivaldría a Un Millón, Trescientos
Mil Dólares. Pero Belgrano pensó que era indecoroso que un General de la
Patria recibiera ese dinero que le había otorgado la Asamblea del Año
1813.
Ya enfermo y con sus piernas deformadas por la hidropesía, en la noche
del 11 de noviembre de 1819, un grupo de sublevados que respondían al
gobernador tucumano Bernabé Aráoz intentó apresarlo y engrillarlo,
acto deshonroso al que se opuso su médico y amigo Redhead. Solo y
perseguido por aquellos por quienes había resignado su posición social y
económica, volvería a morir en Buenos Aires.
Ahora, la última felonía contra el General Manuel Belgrano se comete
paradójicamente “honrando” el año del Bicentenario de sus glorias,
destituyéndolo de su grado militar y consignando sólo su título civil,
el de Abogado.
El Decreto 292/2011 que lleva la firma de la Presidente de la Nación,
Cristina Fernández, dice “Declárase el año 2012 como el "Año de Homenaje
al Doctor D. Manuel Belgrano". Lamentable ejercicio de la indolencia
ideológica en desmedro de los legítimos títulos alcanzados por el Prócer
en base al desapego personal, la austeridad y el sacrificio más
extremo.
Nuevamente Manuel Belgrano es castigado y esta vez por causa de ajenos a
su Gesta, a su persona y a su tiempo. El patriota consumado debe pagar
los errores de un grupo de hombres que vestidos a la usanza militar
violentaron la Constitución Nacional para alzarse en armas contra sus
propios compatriotas. ¿Qué tendrá que ver Belgrano con esto; él que hizo
todo lo contrario?
Porque nada tiene que ver el uniforme sino el sentimiento de un hombre
de armas, como lo señaló el propio Belgrano cuando dijo aquello que “No
es lo mismo vestir el uniforme militar, que serlo”.
Su reloj, última posesión terrena dado en pago a Redhead fue robado del
Museo Histórico Nacional y sus pistolas fabricadas especialmente para
él en el Reino Unido, fueron subastadas por Christie’s en 300 mil
dólares.
¿Será ya éste el último despojo que se le haga a Manuel Belgrano?
Ahora también lo han degradado, ya ni el grado militar
con el que libró los decisivos combates que les permiten hoy a los que
firman estos papeles gobernar un país supuestamente libre, le ha
quedado.
Por repetido que sea; ¡Qué vigencia tienen sus palabras póstumas: “Ay, Patria Mía”!