La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

lunes, 4 de noviembre de 2013

Radiografía de la actual partidocracia jujeña

Un poco de historia

La historia política jujeña de las últimas tres décadas es una triste historia de corrupción, ineptitud y contubernio. Me propongo a continuación hacer un breve repaso de la misma. Para simplificar el abordaje del período 1983-2013 hablaré de la existencia de dos subperiodos (uno pejotista y otro fellnerista), pero ello no debe quitar de vista el fenómeno de la continuidad y, peor aún, de la paulatina decadencia. 

Entre 1983 y 1998 el escenario político jujeño estuvo dominado por el Partido Justicialista. Durante ese lapso la Unión Cívica Radical ocupó el puesto de antagonista principal, pero lo característico de la política jujeña de los últimos 30 años ha sido siempre la participación de terceras fuerzas. Estas terceras fuerzas usualmente han conspirado de algún modo para sabotear la unidad opositora y facilitar con ello el triunfo permanente del PJ. 

En 1983 el voto opositor se dividió entre la Unión Cívica Radical y el Movimiento Popular Jujeño, lo que le permitió a Carlos Snopek del PJ convertirse en Gobernador. Sin embargo dos años más tarde el oficialismo recibió una derrota en las elecciones de renovación legislativa (que incluían también elecciones para convencionales constituyentes, ya que se había planteado la necesidad de dotar a la provincia de una nueva Constitución); aquel revés se produjo por la división que se había gestado en el seno mismo del PJ entre los caciques Carlos Snopek y Ricardo De Aparici, quienes disputaban la conducción de la masa peronista. Al final apareció el Partido Celeste y Blanco de los Trabajadores que, de la mano de De Aparici, no sólo permitió el triunfo de la oposición sino que además contribuyó a que se produjese una alianza entre ellos (la famosa Convergencia) que reformó la Constitución según sus gustos y que se animó a competir por la gobernación. Ese episodio dejó como enseñanza algo que después se volvería una norma en el PJ jujeño: ir todos juntos a las elecciones y resolver las internas luego de haber accedido al poder y no antes. Snopek y De Aparici se aliaron en 1987, y colaboraron para que Annuar Jorge, un miembro de la UCR y dueño del diario Pregón, lanzara un partido anti-Convergencia llamado “Movimiento de Unidad Renovadora” que logró captar el voto tanto de los muchos simpatizantes radicales que no veían con buenos ojos el pacto de los suyos con Horacio Guzmán, como el de algunos peronistas que terminaron desencantados con la actitud de los líderes de su movimiento.

En 1989 Fuerza Republicana, un partido creado por Antonio Domingo Bussi en Tucumán durante el año anterior, irrumpió en la provincia. FR representaba por aquel entonces al Proceso de Reorganización Nacional que retornaba en un envase democrático después de un lustro de descalabros económicos, sociales y culturales provocados por el alfonsinismo. Bussi intentó construir una fuerza regional, pero en Salta ya existía el Partido Renovador Salteño que cubría el rol de FR, en Santiago del Estero nunca pudo hacer pie debido al poderoso unicato juarista, y en Catamarca apareció justo cuando se producía el resquebrajamiento del saadismo gracias al penoso Caso María Soledad y la interna abierta del PJ absorbía el interés de todos. En Jujuy, por el contrario, FR tuvo éxito, al punto de desplazar al MUR del podio partidocrático, lo que le permitió colocarse como la tercera fuerza provincial, justo detrás del bloque opositor que conformaban la UCR y el MPJ.    

En 1990 De Aparici renunció ante el caos. Jujuy había sido declarada “provincia económicamente inviable” por Domingo Cavallo y la oleada privatizadora, sumada a la reducción del gasto público, creó un clima de tensión social salvaje. Fue por esa época en que Carlos “El Perro” Santillán emergió como un líder sindical intransigente y en que los Olmedo cobraron un inusitado protagonismo en la mediación de los conflictos sociales de la Quebrada de Humahuaca. En 1991 se convocaron a elecciones bajo el nefasto sistema de la Ley de Lemas: Roberto Domínguez venció a Guillermo Snopek y a Annuar Jorge en la interna abierta del PJ y se consagró gobernador, sólo para ser devorado más tarde por la Legislatura Provincial, que lo obligó a renunciar y lo reemplazó con Carlos Ficoseco –a quien luego también desplazó y sustituyó por Agustín Perassi, después de haber llevado a su partido a una derrota memorable en la elecciones para convencionales constituyentes nacionales de 1994. La Ley de Lemas funcionó hasta su derogación en la década de 2000 como un instrumento bastardeador de la partidocracia jujeña: gracias al sistema de doble voto simultáneo muchos oportunistas entendieron que para gobernar sólo era necesario financiarse una campaña exitosa que los llevase al parlamento, desde donde podrían negociar sus votos para presionar o aliviar al Poder Ejecutivo.   

A las elecciones de 1995 las ganó el pejotismo con la dupla formada por el Senador Nacional Guillermo Snopek y el periodista Carlos Ferraro, en segundo lugar quedó el Frente Cívico (una coalición integrada por la UCR, el Movimiento de Renovación Cívica que acababa de nacer como una escisión del MPJ, y otros partidos menores que trataban de representar al FREPASO en la provincia) y el tercer puesto fue para la alianza constituida por el MPJ y FR. Un par de meses después de haber asumido el cargo de Gobernador, a Snopek se le cruzaron unos caballos en la ruta y murió justo cuando había comenzado a intentar revertir las consecuencias nefastas del menemismo. Ferraro, al asumir su nuevo puesto, ignoró el proyecto político que había planteado Snopek y prosiguió ejecutando las directivas menemistas que habían liquidado a varios de sus antecesores. En 1997 el PJ se impuso por sobre la UCR (que se presentó con el sello de “Alianza”) y por sobre el FREPASO (encabezado por el MORECI, el cual logró, por primera vez desde 1983, minimizar al MPJ y quitarle presencia parlamentaria). De todos modos Ferraro no pudo sobrevivir a la interna pejotista y dejó su puesto en 1998 para ser sustituido interinamente por el Legislador Provincial Eduardo Fellner, en lo que, según sus palabras, sería sólo “una transición”. A partir de allí comenzó esa infame patología jujeña que es el fellnerismo.

El fellnerismo mostró su naturaleza ya en 1999: la UCR, el MORECI, el MPJ y varios partidos pequeños se habían aglutinado en una única fuerza con el objetivo de arrebatarles la gobernación provincial a Eduardo Fellner y Rubén Daza, pero algo menos de tres mil votos se lo impidió; la sospecha de fraude no se hizo esperar. Gerardo Morales –que por segunda vez intentaba ser Gobernador– realizó toda clase de denuncias por las irregularidades en los comicios hasta que De la Rúa le dio un importante puesto en la Secretaría de Desarrollo Social y partió hacia Buenos Aires. Desde su cartera, Morales ejecutó una estrategia clientelista que en 2001 le permitió ganar la elección para Senador Nacional junto a Mónica Arancio de Beller, nieta de Horacio Guzmán. La UCR se había vuelto a aliar con el MPJ y el PJ se había vuelto a fisurar debido a la aparición del Partido por un Nuevo Jujuy (liderado por el menemista Riad Quintar), el cual jugaría en esa oportunidad como tercera fuerza provincial. Al poco tiempo estalló el Cacerolazo, y la UCR quedó desacreditada a nivel nacional.

En el año 2003 la UCR –junto al MPJ y al PNJ– organizó el Frente Jujeño. Gerardo Morales se candidateó por tercera vez para gobernar Jujuy, pero Fellner retuvo el poder sin muchas complicaciones. Isolda Calsina desertó del PJ para armar el Movimiento Ciudadano Libertad y Democracia Responsable, pero no logró romper la polarización formada entre oficialistas y opositores, por lo que en aquella oportunidad Jujuy se vio privada de la clásica presencia de una tercera fuerza. Ya en 2005 se produjo el choque entre Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde por el control del PJ. Fellner, quien era un viejo duhaldista, se apropió del sello “Frente para la Victoria” para garantizar su presencia en el bando ganador, pero a su vez apareció la Unión por Jujuy –una coalición integrada por el MORECI y el Partido de la Victoria– que había armado el Diputado Nacional Rubén Daza con el propósito de disputarle al fellnerismo la representación provincial del kirchnerismo. El triunfo fue para el FPV, seguido por el FJ y detrás la UPJ.   

Daza, cual Urtubey en Salta, intentó arrancarles el poder a los viejos caciques en 2007, pero su suerte fue muy diferente a la del salteño. En efecto, cuando Daza se aprestaba a desbancar al fellnerismo, Quintar aceptó que el PNJ abandone el FJ y forme una nueva coalición con LYDER de Calsina y el Partido Blanco de los Trabajadores de Carlos Daniel Snopek: nació así, a última hora, el Frente Primero Jujuy. Otro problema se le sumó a Daza cuando el Intendente de San Salvador de Jujuy, José Luís Martiarena, armó el Frente por la Paz y la Justicia y propuso a Gloria Quiroga de Macías como candidata para la gobernación provincial, con el fin de presionar a los fellneristas por no haberle dado su apoyo para retener su bastión (lo que a la larga le terminó generando la pérdida de la intendencia a manos del ucerista Raúl Jorge). Martiarena es un curioso caso de convencido rodriguezsaaísmo en el NOA, sin embargo en aquella oportunidad su FPJ funcionó como una colectora de Cristina Kirchner, lo mismo que el FPJ de Snopek y la UPJ de Daza. Cristina Kirchner cosechó el 62% de los votos jujeños en la categoría de Presidente, dejando muy por detrás a la dupla integrada por Roberto Lavagna y el crédito local Gerardo Morales de la Concertación para Una Nación Avanzada. El FJ, con Alejandro Nieva de candidato a Gobernador, quedó tercero, por encima de los pejotistas Daza y Quiroga de Macías, pero por debajo de los también pejotistas Snopek y Barrionuevo. 

En 2009 Isolda Calsina abandonó el FPJ. La foto no varió mucho: triunfo del FPV, consolidación opositora de la UCR y del PFJ, y transformación de LYDER en tercera fuerza. Esas elecciones sirvieron también para extinguir a Daza. 

2011 fue el año del retorno de Eduardo Fellner a la gobernación jujeña. En 2006 el plan del fellnerismo era reformar la Constitución Provincial para habilitar la reelección indefinida, pero ello se abortó después de que en Misiones el Obispo Joaquín Piña venciese a los kirchneristas y la derrota se nacionalizase para evitar una jugada similar sobre la Carta Magna argentina. Así Fellner se vio obligado a asumir un puesto de Diputado Nacional y dejar en su lugar a su vicegobernador Walter Barrionuevo para que cuidase del feudo mientras él intentaba jugar en las grandes ligas (ese cambio de mando obligado y la elección a dedo del sucesor fue lo que motivó que Snopek y Daza jugaran por fuera del FPV provincial pero dentro del FPV nacional). Las elecciones de 2011 no presentaron mayor dificultad para el fellnerismo: amplio triunfo del FPV, que, sumando a tradicionales opositores como el MPJ y el MORECI, dejó en segundo lugar a la Unión para el Desarrollo Social (coalición integrada por la UCR y LYDER), y en tercero al FPJ (que, nuevamente, actuó como colectora kirchnerista).   
     
Lo que nos deja esta historia es un puñado de observaciones interesantes sobre la partidocracia jujeña (y, por extensión, sobre la partidocracia argentina). Durante el periodo pejotista de 1983-1998, el PJ procuró mantener la unidad para no ser derrotado ante la ruptura interna (ello inspiró, entre otras cosas, la nefasta Ley de Lemas). La UCR y el MPJ ocuparon el rol de abanderados de la oposición, pero sólo estuvieron formalmente unidos en 1987. Las terceras fuerzas (como el MUR, FR y el MORECI) encarnaron las expresiones de centroderecha o centroizquierda que ni el PJ, ni la UCR, ni el MPJ se animaron a encarnar claramente por ser partidos más preocupados en conservar u obtener el poder que en desarrollar programas ideológicos. El periodo fellnerista de 1998-2013, en cambio, ilustra bastante bien lo que es la política argentina desde la materialización del ominoso Pacto de Olivos: el PJ provincial convertido en embajador del gobierno nacional, la UCR obligada a pactar con otros partidos para hacer sombra desde la oposición, y las terceras fuerzas (PNJ, UPJ, FPJ y LYDER) surgidas desde las filas del pejotismo con el propósito de desbancar al partido dominante que, por supuesto, se niega a convocar a internas. El bipartidismo parece acentuarse, y las alternativas ideológicas, difuminarse. El Frente para la Victoria alberga en su espacio tanto al FREPASO como a la UCEDE, a la villa como al country, a víctimas de la dictadura cual Juan Cabandié como a funcionarios de la misma cual Alicia Kirchner. En Jujuy esa contradicción también se reproduce, y de un lado aparecen los caciques del PJ, mientras que del otro están Milagro Sala y sus hordas.    

2013: el tropezón 

Las elecciones de 2013 fueron atípicas para el PJ jujeño. La UCR, reflotando el sello “Frente Jujeño”, terminó por derrotar al oficialismo, aunque la diferencia a su favor fue más bien pequeña. El desdoblamiento de los comicios en primarias y generales fue claramente contraproducente para el PJ, pues le permitió a la gente replantear sus opciones a la hora de concurrir ante las urnas y aplicar así un “voto castigo útil” contra el gobierno. 

Las PASO mostraron la paridad entre el FPV y el FJ, mientras que se generó una interesante disputa por el puesto de la tercera fuerza que involucró al FPJ (integrado, esta vez, por LYDER de Calsina, el PBT de Carlos Daniel Snopek, Gana Jujuy de Perassi, y fuerzas no peronistas como el MPJ y Cambio Jujeño), al PRO y al Frente de Izquierda y de los Trabajadores. El enigma giraba en torno a Milagro Sala y su influencia: antes de las elecciones, Sala conformó el Frente Unidos y Organizados con su Partido de la Soberanía Popular, el MORECI, el Partido de la Concertación – FORJA, los partidos Comunista, Humanista y Solidario, varias agrupaciones municipales, los neoimberbes (La Cámpora, el Movimiento Evita, etc.) y el bloque piquetero coordinado por la Organización Barrial Tupac Amaru, faltando a la comparsa sólo Kolina que, encabezado en Jujuy por Liliana Fellner, se unió al FPV. Después de las PASO se especuló con que el milagrismo le había negado sus votos al FPV para depositar sus sobres en blanco (hubo más de nueve mil votos vacíos en agosto) o dárselos en su lugar a fuerzas antisistémicas como el FIT y la Nueva Izquierda para generar nerviosismo en el mundo partidocrático. Después de una serie de conflictos, Milagro Sala finalmente pactó con Fellner y afirmó que le daría cuarenta mil votos más al FPV para asegurar su triunfo en octubre. Empero ello no sucedió. El FPV consiguió en las generales sólo siete mil votos más de los que había conseguido en las primarias, mientras que el FJ incrementó en casi veinte mil los suyos. 

Los números de la elección para legisladores provinciales develaron el misterio: Sala consiguió casi cincuenta mil votos, una cifra que le permite convertirse en la nueva tercera fuerza de Jujuy. UYO presentó una boleta corta, vale decir no se oficializó como colectora del FPV, y el número de votos en blanco fue sugestivamente más alto en la categoría de Diputados Nacionales que en la de Legisladores Provinciales. No es descabellado suponer que Sala le sugirió a su ejército de clientes no apoyar al oficialismo para darle un golpe que los deje mal parados tanto a nivel provincial como a nivel nacional, ya que no se ha demorado en convertirse en candidata a la gobernación provincial para el año 2015.

Los caciques pejotistas

En la actualidad el Partido Justicialista jujeño tiene tres grandes caciques y muchos otros aspirantes al puesto. Los que mandan, hoy por hoy, son Eduardo Fellner, Guillermo Jenefes y Rubén Rivarola. Fellner estuvo vinculado desde joven a los gobiernos pejotistas jujeños, pero su mayor logro anterior a su salto a la gobernación provincial fue el de haber formado parte del equipo de interventores federales menemistas que durante 1993 y 1995 saquearon Santiago del Estero. Fellner ganó confianza pública cuando, gobernando interinamente la provincia, demostró que tenía habilidad para pagar los sueldos de la administración pública en tiempo y forma (un acto tan simple que, no obstante, se ha convertido en una epopeya para cualquier gobernante de la Argentina post-menemista). Durante 15 años de gobierno el fellnerismo ha hecho a nivel provincial lo mismo que el kirchnerismo a nivel nacional: construir más escuelas pero sin mejorar la calidad educativa, poner más patrulleros en las calles pero sin disminuir la inseguridad, equipar los hospitales con aparatos novedosos pero sin mejorar el sistema de atención médica, entregarles netbooks a los jóvenes pero sin reducir los índices de suicidio, violencia escolar, embarazo adolescente ni adicciones. 

Fellner es un aliado incondicional del kirchnerismo y, pese a haber llegado bastante lejos en el escalafón nacional (llegó a ser Presidente de la Cámara de Diputados de la Nación), nunca intentó presentarse a sí mismo como alternativa superadora, como si lo hicieron sus colegas Juan Manuel Urtubey o Jorge Capitanich.  

Jenefes, por su parte, es un “exitoso abogado” que, a diferencia de Fellner, entró al PJ ya cuarentón, proveniente, por herencia familiar, de las huestes del viejo conservadurismo provincial. En 2001 consiguió la banca de Senador Nacional como menemista y no la abandonó hasta 2011. En sus diez años en el cargo, Jenefes adquirió fama por su trabajo como lobbista de diversos intereses. Habría que hacer un trabajo minucioso sobre su actuación parlamentaria para dejar en evidencia los numerosos contactos de este dirigente con diversos grupos sinárquicos, pero basta con recordar que, además de causas nobles (como su oposición a la Ley Antitabaco o a las Bodas Gays), Jenefes fue clave para proponer un polémico proyecto de censura en Internet y que obtuvo un protagonismo inesperado cuando obstaculizó temporalmente a la Ley de Medios que promovían los miembros de su propio partido. Cabe recordar que el actual Vicegobernador de Jujuy es, desde hace décadas, el dueño de varios canales de televisión y de varias radios en la provincia, por lo que se entiende claramente que su propósito fue el de asegurar que su posición de mediócrata no se vería afectada por la liberación y multiplicación de los flujos de información. Esa maniobra le generó la enemistad de la Casa Rosada, y así se produjo su salida del Senado de la Nación –en donde estaba más que cómodo– para recalar en la vicegobernación de Jujuy, desde donde, agazapado, espera que Fellner se tambalee. 

Fellner y Jenefes son más bien rivales antes que socios. Lo prueba, por ejemplo, el encontronazo que el Vicegobernador tuvo durante el año pasado en el Congreso del Partido Justicialista con Miguel Morales, uno de los hombres de confianza de Fellner (Morales es tan cercano a Fellner que no tuvo mejor idea que bautizar una entidad educativa que dirige con el nombre del actual Gobernador). A Morales terminaron expulsándolo del bloque oficialista de legisladores provinciales, porque Fellner, temeroso de enfrentarse a Jenefes en una guerra abierta, decidió abandonar a uno de los suyos para apaciguar las aguas. 

Para las últimas elecciones, Jenefes había elegido para encabezar a la lista de Diputados Nacionales del Frente para la Victoria a su protegido Guillermo Snopek (h), pero Fellner tomó las riendas de la campaña, le bajó el pulgar al candidato jenefista y puso en su lugar a Olindo Tentor, antiguo militante de la Franja Morada. Hubo una negociación para que el segundo lugar de la lista, el correspondiente al cupo femenino, fuese ocupado por gente cercana al Vicegobernador (se habló de Eva Cruz, Alejandra Cejas y hasta incluso de Eulalia Quevedo Carrillo de Jenefes), mas Fellner optó por probar con sangre joven, y así fue como apareció la ignota Silvina Sadir. El desaire fellnerista hizo que Jenefes se replegara y dejara al Gobernador ocupándose de todo lo concerniente a la elección que finalmente perdió. 

Donde Fellner y Jenefes coinciden como cofrades es, curiosamente, en el infame Caso Skanska. Tanto el Gobernador de Jujuy como el Vicegobernador son parientes de Néstor Ulloa, un personaje que, gracias a sus vínculos políticos, fue titular de Nación Fideicomisos y terminó siendo procesado ante las denuncias de corrupción.

El tercer cacique en este triángulo de poder es Rubén Rivarola, un empresario del rubro transporte que a mediados de la década de 1990 adquirió la versión jujeña del diario El Tribuno, lo que potenció su posición política en la provincia. Actualmente es Diputado Nacional por el FPV. 

Rivarola es famoso por haber sido durante varios años el enganche político entre el Gobernador Fellner y la lideresa piquetera Milagro Sala. La relación entre ambos se rompió en 2010, aparentemente porque decidieron dejar de cooperar y empezaron a competir. 

Mientras que Fellner apuesta por ser el perfecto embajador del kirchnerismo en Jujuy y Jenefes se sustenta en los grupos empresariales que lo convocan como representante, la estrategia de Rivarola parece ser la de construir poder territorial, apoyando a su gente para controlar municipalidades a lo largo y ancho de la geografía provincial. Es por ello que patrocinó, por ejemplo, a Pablo Lozano, un antiguo concejal capitalino con ínfulas de Intendente, que en 2008 tuvo un duro enfrentamiento con el periodista Juan Carlos Zambrano –un empleado de Jenefes–, quien lo acusaba de tráfico de influencias. Una semana después de haber denunciado televisivamente a Lozano, un pistolero asesinó a Zambrano en la puerta de su casa. Ese hecho causó una gran conmoción social y muchos predecían que el impacto provocaría la caída de Barrionuevo, pero al final la hipótesis del crimen pasional se impuso y el trasfondo político se diluyó, preservándose de ese modo casi intactas todas las posiciones de poder provincial. 

El resto del PJ le pasó factura al rivarolismo por el Caso Zambrano recién en 2011, cuando el Vicegobernador Pedro Segura intentó ser Intendente de San Salvador de Jujuy apadrinado por el dueño de El Tribuno y numerosos dirigentes y punteros pejotistas le dieron la espalda (incluso fue famoso el caso de la Tupac Amaru, que, según se deduce de la evidencia, votó por la reelección de Raúl Jorge, pese a todos los pleitos preexistentes entre ellos y la UCR).

La pirámide ucerista

Algo que diferencia en nuestro país al PJ de la UCR es su estructura interna y los modos de selección de candidatos. Se sabe que el PJ es verticalista y que la UCR, por el contrario, es más bien horizontalista. Ello explica por qué en las internas pejotistas suele haber consenso y por qué en las uceristas, por el contrario, hay mucha competencia. Sin embargo en Jujuy eso se invierte: el PJ es el que no logra disciplinar su tropa, mientras que la UCR, desde hace por lo menos veinte años, está encolumnada detrás de la figura de Gerardo Morales (a raíz de ello, por ejemplo, el diario ultrakirchnerista Tiempo Argentino no vaciló en publicar un largo artículo en donde se repasa la trayectoria pública de Freddy Morales, el hermano de bajo perfil del Senador Nacional, y se detallan algunas de sus turbias maniobras económicas, con el propósito de asociar a ambas figuras y manchar un poco la campaña ucerista desde Buenos Aires). 

En el día en que se llevaron a cabo las últimas elecciones, unos panfletos invadieron las calles cercanas a las escuelas de San Salvador de Jujuy en donde se acusaba a la UCR de ser un partido sin renovación. Dicha acusación está lejos de ser falsa (a finales de agosto de este año, cerca de Finca El Pongo, un automóvil que transportaba a dirigente uceristas protagonizó un siniestro vial; las vidas de Miguel Giubergia, Pablo Baca, Alejandro y Próspero Nieva corrieron peligro; ese episodio fue lo más cercano a un proceso de renovación dirigencial que tuvo la UCR jujeña en los últimos años).

Pero pese a todo, hay algunos hombres que están dispuestos a desafiar a Gerardo Morales. Tal es el caso de Raúl Jorge, quien, desde la Intendencia, lleva un tiempo intentando acrecentar su figura, tal y como en su momento lo hizo el ya fallecido Hugo Conde, quien fuese el máximo rival del moralismo en el interior de la UCR, y que terminase sus días distanciado del partido. Sin embargo Morales se atribuyó el triunfo conseguido en las elecciones de octubre, por lo que Jorge, por ahora, deberá seguir esperando bajo la larga sombra del Senador Nacional.  

Si nos organizamos, gobernamos todos

Lo más grave en materia política que se registró en Jujuy en los últimos meses fue el enfrentamiento armado entre miembros y ex-miembros de la Tupac Amaru, que puso en riesgo la vida de Milagro Sala (pese a que, cuando todo estalló, Sala se encontraba ya bastante lejos del lugar en donde se desencadenaron los hechos de violencia). Ese episodio fue sólo un momento más en una ola de violencia nacional: ataques a Sergio Massa en La Matanza y a Ángel Rozas en Villa Río Bermejito, atentado contra la vivienda de Antonio Bonfatti en Rosario, asesinato del Intendente de Lobería Hugo Rodríguez. La diferencia entre esos casos y el de Milagro Sala es que a los otros políticos, a diferencia de Sala, nunca se los acusó de haber constituido y armado un ejército personal. 

Todavía no se sabe a ciencia cierta (y probablemente nunca se sepa de ese modo) cuáles fueron los motivos para semejante muestra de salvajismo político, pero Sala y sus allegados denunciaron que la UCR estaba detrás, hecho que fue desmentido por Gerardo Morales. Sala y Morales están enfrentados a nivel personal desde 2009, año en que el Senador Nacional fuese gratuitamente escrachado por tupaqueros cuando se disponía a brindar una conferencia de prensa para denunciar las irregularidades financieras de la ONG de Sala (una de las artífices de dicho escrache fue Marta López, quien este año apareció ocupando el segundo lugar en la lista de candidatos a concejales de UYO en Palpalá).

A otro que también intentaron vincular a ese patético tiroteo fue a Carlos Santillán. Como ya señalé más arriba, Santillán surgió en la década de 1990 y ganó fama nacional al convertirse en el gran antagonista de Domingo Cavallo. Luego, cercado por conflictos judiciales y presionado por la casta política, Santillán se llamó a silencio a principios de la década de 2000. Tras más de diez años de tibia o, más bien, fría actividad, Santillán reapareció este año manifestando su intención de retomar la posición de sindicalista combativo que había abandonado un tiempo atrás. Allí se enfrentó mano a mano a los tupaqueros, puesto que José Luís Bejarano (hoy en día concejal de San Salvador de Jujuy por UYO) se negó a aceptar la derrota a manos de Santillán en las internas por la conducción del Sindicato de Empleados y Obreros Municipales. 

A Santillán, después de las PASO y un poco antes de las generales, se lo asoció a los hermanos Morales. Aparentemente todos ellos estarían involucrados en un proyecto empresarial orientado hacia la explotación de litio. El litio –junto a los espejismos de la industria turística– es lo único que Fellner ha propuesto en estos últimos 15 años para sacar a Jujuy de la postergación, sin embargo el negocio se largará a gran escala recién en 2015. Numerosas multinacionales pretenden apropiarse del litio jujeño; según el rumor, los Morales, Santillán y otros personajes estarían vinculados a una de esas empresas, y su trabajo político tendría por objetivo inmediato el acomodarles el escenario provincial a sus patrones financieros.   

La versión de un contubernio moralista-santillanista –algo al borde de la calumnia, ya que el entorno del propio Santillán se ha pronunciado en más de una ocasión en contra de la megaminería– la hizo circular el periodista Jorge Boimvaser, quien unos meses antes había popularizado la historia de que Milagro Sala estaba fuertemente enemistada con Cristina Kirchner, debido a que la lideresa piquetera se había negado a dar marcha atrás con el proyecto de “Unidos y Organizados” que le abría las puertas de la política a su pandilla y que, al mismo tiempo, tendía a debilitar a las estructuras del viejo PJ (el 12 de octubre de 2012 Jujuy se convirtió en capital nacional de la neoimberbidad, gracias a una fiesta que contó con la "distinguida" presencia de Andrés Larroque, Emilio Pérsico, Luís D’Elia, gente de Nuevo Encuentro y toda otra clase de especimenes de la fauna kirchneroprogresista). La historia de Boimvaser habría quedado como una simple y dudosa nota periodística más, hasta que fue la propia Milagro Sala quien, un poco después de haberse enfrentado a Hebe de Bonafini porque la empañolada apoyó a Santillán, pronunció en una reunión gremial el famoso “¡que se vaya a la mierda el kirchnerismo!” que la prensa nacional recogió y reprodujo profusamente. El exabrupto fue mayúsculo, pues Sala bien pudo haber dicho “peronismo” en lugar de “kirchnerismo”, pero sus palabras fueron las que todos escucharon. Para salir del pantano en donde ella misma se había metido, Sala emitió un comunicado posterior sosteniendo que Fellner era una pobre víctima de una conspiración encabezada por Guillermo Jenefes y Gerardo Morales. 

La relación entre Sala y Jenefes es bastante tensa, por lo que la denuncia –sea verdad o no– es bastante coherente con la posición tupaquera. Jenefes, durante un acto en homenaje a la Policía Provincial en el que fue silbado por huelguistas de ATE, anunció deschavetado que el gobierno iba a reprimir a los trabajadores que protestasen. Eso calentó el ambiente, pues de hecho el gobierno después hizo lo que Jenefes prometió que harían y ello llevó a que los jefes sindicales jujeños se enfrentaran al Poder Ejecutivo, con el doble objetivo de forzar la renuncia de diversos funcionarios y mejorar sus situaciones salariales. Pero ni uno ni lo otro pudieron lograr a partir del momento en que Sala se desdijo. 

Es que a lo largo del año Sala ha ido readecuando su situación. Calcula, como todos, que el kirchnerismo está de salida y que se viene un proceso de ajusticiamiento. Por tanto siente la necesidad de asegurarse el futuro. Algo que se dijo en los últimos meses fue que Sala se había convertido en socia de Eduardo Cammuso, otro importante mediócrata jujeño. La gente del AFSCA, el mismo AFSCA que está actualmente copado por gente cercana a Milagro Sala y que hace poco hizo el ridículo al repudiar sin fundamentos un lapidario informe de FOPEA sobre el periodismo en Jujuy, salió a desmentir ello, ya que, si fuese cierto, sería completamente ilegal.  

En Jujuy se habla permanentemente de pactos espurios. Probablemente no sea el caso de que toda la casta política está montando una escena guionada desde la sede de alguna logia masónica, pero sobran pruebas de que los partidócratas de la provincia tienen límites bastante laxos a la hora de negociar entre ellos. Un claro ejemplo es el ingreso al Superior Tribunal de Justicia de Jujuy de Sergio Jenefes –un antiguo funcionario del Proceso de Reorganización Nacional y hermano del actual Vicegobernador– y de Clara De Langhe de Falcone –reconocida en Jujuy gracias a sus años de actuación política como Legisladora Provincial de la UCR. Otro ejemplo es el arreglo que en 2012 un grupo de Legisladores Provinciales del PJ y de la UCR (Luís de la Zerda, Raúl García Goyena, etc.) hicieron por la venta de unos terrenos de su propiedad al Estado provincial. Y tampoco hay que olvidar el silencio que hubo de parte del parlamento jujeño cuando se supo que el puente que une a Los Huaicos con Los Perales no sólo es una obra de poca utilidad sino que además es un monumento a la corrupción. 

Todo ello habla de una corporación política en Jujuy dispuesta a confrontar ferozmente ante las cámaras de televisión, pero que a la vez cambia el tono cuando le toca sentarse en una mesa de negociación. Antaño las terceras fuerzas obstaculizaban ese tipo de convenios, pero hoy en día las mismas son parte de la estructura perversa que administra el poder en la provincia. Carolina Moisés es paradigmática en este sentido: representando al kirchnerismo no-fellnerista, ingresó por el FPJ a la Legislatura Provincial, pero no tardó demasiado en armar un partido propio junto a su padre y trabajar para el triunfo del oficialismo (también Ana María Arraya se transfugó sin ningún pudor como Moisés, pero esta mujer, a diferencia de la sampedreña, no apuesta en grande). Carolina Moisés quiso ser Legisladora Provincial, después fantaseó con una estadía en alguna embajada, y ahora, sin un cargo por los próximos dos años, pretende encontrar su lugar político como mediadora entre las facciones enfrentadas en el PJ.  

No obstante el enfrentamiento es más profundo de lo que parece. Y ello se debe, en buena medida, a la falta de idoneidad de los muchos jujeños dedicados a la política. El cierre de la última campaña del Frente para la Victoria lo resume todo: en lugar de organizar un acto para apoyar al candidato a Intendente en Humahuaca (ciudad que vivía un crisis institucional desde que gente vinculada a Milagro Sala asesinó a un hombre por una disputa de tierras), no tuvieron mejor idea que ir hasta Perico; es que en aquella ciudad el primer candidato a concejal del oficialismo, el empresario Miguel Cheín, quería sentirse poderoso; Cheín es un personaje nefasto, que empezó como cuatrero y terminó como “exitoso emprendedor” estrechamente vinculado a varios de los políticos más corruptos de la provincia; antes de la elección, el famoso Cheín amenazó al Padre Germán Maccagno por las críticas que el sacerdote católico lanzó contra su figura, llegando a afirmar que, una vez que consiguiese la banca y comenzase su carrera hacia la intendencia, haría expulsar de la ciudad a Maccagno; parece ridículo que, en nuestros días, un hombre del César se meta con uno de Dios, pero lo cierto es que la situación jujeña es tan lamentable que lo que parece la propuesta de un energúmeno es inevitablemente real (de hecho a Maccagno, hace no más de cinco años atrás, y pese a la resistencia de la feligresía que lo apoyaba, fue expulsado de San Pedro, poco después de haber criticado duramente al Intendente Julio Moisés, lo que prueba que en Jujuy puede llegar a pasar lo peor en unos pocos parpadeos).  


Hernán Solifrano (h) 

miércoles, 9 de octubre de 2013

La Salta cuasi-católica

Una necesidad básica

En el pasado mes de julio, la Corte de Justicia de Salta hizo lugar parcialmente al recurso de apelación contra la sentencia que el juez Marcelo Domínguez emitió en 2012 ordenando prohibir las prácticas religiosas en las escuelas públicas de la provincia. A partir de ahora, y por decisión del órgano superior del Poder Judicial salteño, dichas “prácticas religiosas” repudiadas por el juez (las cuales, aparentemente, se trataban de oraciones católicas), sólo podrán ser efectuadas en los horarios fijados para la enseñanza de la religión, lo que significa preservarlas intactas pero dentro de determinados límites.

En la fundamentación del fallo se sostiene que en Salta rige como derecho la libertad religiosa, lo que no equivale a excluir lo religioso sino que, por el contrario, significa contar con los medios necesarios para poder elegir sin presiones físicas, psíquicas o sociales el camino hacia Dios que uno desea tomar. Ese ha sido el gran acierto de los jueces: desentenderse de la idea de que la “religión” es una patología (que es más o menos la posición que defendían quienes promovieron la acción anti-religiosa en las escuelas), para, en su lugar, reafirmar la obviedad de que la religión es un componente central en la vida de todo ser humano, ya que vivir sin religión es como vivir sin respirar o sin alimentarse. En efecto, lo religioso es un mandato antropológico, pues si no se religa uno con Dios muerto sobre un madero, termina religándose con una serpiente de tres cabezas, una figurilla de San La Muerte, un equipo de fútbol, una banda de rock, un presidente asesinado o, peor, una presidente viva.

Quitar la religión de las escuelas públicas implica satisfacer a una pequeña minoría que por diversos motivos desprecia a Dios, e implica a su vez perjudicar a una inmensa mayoría que no tiene nada en contra Suyo. Que el Estado no garantice la religión en las escuelas públicas es similar a que elimine a los deportes, a las artes o a las ciencias: ¿de qué otra manera un joven que proviene de una familia de recursos limitados podrá acceder a ellas? (La pregunta, evidentemente, es retórica, pues si se la tomase literalmente, entonces habría que responder “financiando generosamente a los clubes de barrio, a los centros culturales, a los círculos de difusión científica y a las iglesias”, cosa que enfadaría a los enemigos de la religión, que no sólo quieren erradicar a lo religioso de las escuelas sino que también piden que no se les conceda ningún tipo de beneficio económico a las personas e instituciones involucradas en esa área).

La verdad de fondo

La objeción que puede hacerse ante la presencia de la religión en las escuelas públicas es que no parece correcto que sea obligatoria. Sin embargo ello es cuestionable. ¿Por qué la religión debe ser opcional, si los deportes, las artes y las ciencias no lo son? Un joven con problemas físicos evita la práctica deportiva o artística pero aun así rinde la materia. ¿Y qué hay de la ciencia? Si yo no estoy de acuerdo con la teoría de la evolución, la enseñanza de la historia argentina, la gramática o la aritmética, ¿acaso no debería tener un derecho a evitarlas? La respuesta es “no”.

La escuela tiene por función transmitir la verdad, para que el ciudadano acceda a ella y sea libre. Ese es su fundamento sociopolítico. Entonces si el maestro de música debe enseñarles a sus alumnos el modo adecuado para que al tocar una flauta esta produzca música, y si el profesor de educación física debe impartir sus clases para que toda la actividad beneficie a los cuerpos en lugar de perjudicarlos, y si los que transmiten conocimientos científicos deben procurar que lo que dicen coincida con la realidad, ¿por qué la religión verdadera debe relativizarse?

Ser católico implica aceptar que la salvación del alma se produce únicamente a través de la aceptación de Cristo y su Iglesia. Nadie por fuera de la Iglesia y en la negación de Cristo puede salvarse. Por ese motivo yerran los jueces al salomonizar la cuestión, instando a que el Ministerio de Educación proponga un programa alternativo para todos aquellos que no deseen tolerar la perspectiva católica en la enseñanza de la religión. Si hoy se permite que en la escuela entre en materia religiosa algo diferente a la religión verdadera, ¿no se le está abriendo la puerta a la mentira y la falsificación?, ¿no se está desintegrando el sentido mismo de la existencia de la escuela?

La abogada Graciela Abutt Carol califica de “segregacionista” a la idea de la Corte de Justicia de Salta de que el Estado provea de una educación diferenciada al estudiante que no quiere quedarse en el aula escuchando sobre Cristo. Coincido con la señora. Si un joven es un insensato, un hereje o un infiel, no debe huir de Dios; debe confrontar su posición, preguntar, debatir, demostrarse a si mismo que desea seguir condenándose o que desea algo distinto (pues muchas veces los jóvenes son como son por la mala influencia de los padres que los engendraron pero que no supieron criarlos, por lo que las clases de religión para la mayoría de los casos de gente no católica serían realmente positivas para ellos).   

La guerra o la paz

La Federación Argentina de Iglesias Evangélicas (FAIE) emitió un comunicado repudiando el hecho de que en Salta se imparta religión en las escuelas públicas. Según su perspectiva, algo como lo que sucede en la provincia impide la efectivización “de la plena libertad e igualdad religiosa”. La clave de su discurso, por supuesto, es el uso del concepto de “igualdad”.

Lo que la FAIE pretende es acabar con las “desigualdades que marcan la vida humana”, ya que ellas “son contrarias a [su] comprensión de la voluntad del Creador”. Es más que claro que ese fanatismo igualitario de estos autodenominados “evangelistas” tiene por propósito poner a su culto a la altura del catolicismo, lo que significa denigrar a la religión verdadera. Si esto acontece, si lo católico queda equiparado con sus desviaciones heréticas, entonces todo vale. El día de mañana puede alguien salir a rendirle culto a Satanás y pedir que se le de un espacio en una mesa de “diálogo interreligioso” para tomar café gratis y sacarse fotos para la prensa, y nadie podría objetarle algo sin contradecirse.

Después de haber demostrado su vehemente espíritu anticatólico, el comunicado de la FAIE se cierra sosteniendo, justamente, que no hay un anticatolicismo en su repudio a Salta sino un ecumenismo que plantea la necesidad de efectuar un diálogo entre iguales. Pero todos sabemos que los iguales no necesitan dialogar: el silencio alcanza para quienes son iguales, ya que su lenguaje es idéntico y sólo puede producir tautologías del tipo “amar es amar” o “querer es querer”. Pero si al decir algo tautológico se precisa de otro tipo de proposición, entonces la igualdad se ha agotado y se está en terreno de lo desigual. Un diálogo sin dialéctica es la comunicación sin comunidad, por lo que sus participantes nunca llegan verdaderamente a ponerse en contacto entre si. En cambio en un diálogo dialéctico si hay comunidad y contacto; sin embargo en este tipo de diálogo pueden ocurrir dos cosas: o bien las palabras se multiplican infinitamente para producir un ensordecedor ruido que estalla en la guerra, o bien las palabras se reducen hasta devenir el silencio que contiene la paz. En el primer caso están los igualitaristas que, aun sabiendo que están en el error, quieren recibir el trato reservado para los que están en la verdad; en el segundo caso, por el contrario, están aquellos que desde la verdad hacen justicia y le dan a cada uno lo que le corresponde.



Antonella Díaz

lunes, 16 de septiembre de 2013

El descalabro

La siguiente historia es tan absurda que parece ficticia, pero, lamentablemente, es verídica.

Todo comienza cuando la policía salteña detiene a varios hombres acusados de robar en banda. Los delincuentes son procesados y la Justicia afirma su culpabilidad, enviándolos en consecuencia a la cárcel a cumplir con su condena por haber quebrantado las leyes del país.

Purgando su pena en prisión, uno de esos hombres, un aberrosexual, decide realizarse un implante de siliconas en el pecho, para simular la posesión de senos femeninos. El hombre completa todos los trámites correspondientes, recibe la autorización de los directores del penal, y con una cirugía se coloca los senos postizos.

Al cabo de un tiempo, el aberrosexual decide acogerse a los beneficios de la Ley de Identidad de Género y consigue también que en su DNI figure el nombre de fantasía que eligió para si, alterándose con ello el sexo que posee. Convertido en mujer por un trámite burocrático, el travestido (ahora “transgenerado”) pide que se lo transfiera a una prisión femenina. La Justicia aprueba el pedido, y “María Julieta” Morales es reubicado.

Sin embargo, sorpresivamente, Morales realiza luego una nueva petición: solicita que se lo traslade, esta vez al lugar en donde estaba, es decir a la cárcel para hombres de donde había pedido irse. Aparentemente Morales no se siente a gusto en su nuevo hogar, debido a que habría sufrido la hostilidad de las guardiacárceles y de sus compañeras de encierro. Pero también hay otro motivo: Morales se “enamoró” de un interno aberrosexual como él, por lo que desea regresar al lugar en el que estaba para seguir dando y recibiendo “amor”. Ambos hombres, de hecho, habían contraído matrimonio un poco antes de que Morales consiguiera el cambio de DNI, para luego mantener toda clase de peleas y discusiones que fueron lo que hicieron que el travestido optara por separarse, solicitando el traslado a una prisión femenina. Una vez allí, Morales decidió perdonar a su “marido” para proseguir con la relación enfermiza que habían suspendido, y por ello interpuso un pedido de hábeas corpus para que se cumplieran sus deseos.  

En donde recupera algo de coherencia este relato es en el rechazo que la Corte de Justicia de Salta realiza del pedido de Morales, sosteniendo que no había pruebas de que fuese agredido, acosado y/o violentado en la cárcel de mujeres como él aducía.

Los abogados de Morales analizan ahora la posibilidad de realizar una retractación en el cambio de género del DNI, para posibilitarle así al travestido el regreso a su antiguo lugar de detención. Ello, sin lugar a dudas, constituye un abuso de los beneficios de una abominable ley la cual, desde el principio, estuvo mal diseñada.

La enseñanza que esta historia nos deja es que resulta realmente preocupante constatar como se tergiversan las cosas frente a nosotros. La nefasta Ley de Identidad de Género (una normativa que incluso tuvo más apoyo parlamentario que el matrimonio entre homosexuales) es un elemento óptimo para causar toda clase de descalabros: por ejemplo si una mujer desea seguir trabajando cuando ya ha alcanzado la edad jubilatoria –algo muy común en un país en donde jubilarse equivale a ingresar en el mundo de la pobreza–, puede hacer un muy breve trámite para convertirse en hombre y preservar así su puesto por unos años más; del mismo modo si un hombre quiere gozar de los beneficios destinados a las personas de sexo femenino (como por ejemplo las extensas licencias por maternidad), basta con acercarse al Registro Civil más cercano y pedir el cambio de DNI. Y ni hablemos de los hombres que pueden llegar a cambiar de sexo para incorporarse a equipos deportivos femeninos y mejorar sus rendimientos, o de aquellos que pueden llegar a hacerlo para ocupar los espacios destinados a mujeres a través de los diversos “cupos femeninos”, algo que sucederá tarde o temprano (como sucedió lo de que un hombre afirme ser mujer para pasar de una prisión masculina a una femenina).

Lo ridículo de todo esto no es que se permita el cambio de sexo con una mera declaración y sin prueba alguna, y tampoco es ridículo que alguien que cambió de sexo se “arrepienta” y retorne a su situación anterior. Lo verdaderamente ridículo es que se acepte sin cuestionamientos la locura de suponer que el sexo es tan maleable que una persona pueda transformarse de una cosa a otra en lo que tarda un pestañeo, pero que al mismo tiempo se niegue rotundamente que existe la cura para la homosexualidad y demás prácticas sexuales aberrantes.   



Antonella Díaz

domingo, 1 de septiembre de 2013

Pánico y locura en Tucumán

El uniforme deshonrado

Si por estos días alguien visita el penal de Villa Urquiza en San Miguel de Tucumán, comprobará una incómoda verdad: la cárcel alberga a varios policías. Y no se trata de oficiales a los que se los acusa de haberse desempeñado de manera irregular –violando algún tipo de procedimiento estandarizado para el combate contra el crimen–, sino de gente sospechada de haber cometido los delitos que se supone que deben evitar.

Los casos son varios: miembros de la Brigada Norte acusados de exigirle una coima de treinta mil pesos a un sospechoso agricultor chaqueño; agentes de la Brigada de Investigaciones acusados de emplear detenidos para realizar robos en countries; un ex-comisario de Lules acusado de tener una camioneta “melliza”; y otro importante funcionario policial acusado de estar involucrado en el asalto al shopping Solar del Cerro.

Esta realidad deja entrever que la Policía de Tucumán está infectada de corruptos que devalúan la imagen de la institución ante la sociedad. Para intentar enmendar ello, se ha establecido en la provincia una línea telefónica anónima, para que los ciudadanos puedan realizar denuncias en contra de los miembros de la fuerza. Ciertamente aún es imposible medir el éxito de esta iniciativa, la cual, por ahora, sólo muestra que el gobierno sabe perfectamente que la situación policial se les ha ido de las manos.

Circo 9 de Julio

En este escenario desfavorable para la política de seguridad del gobierno estalló el Parque 9 de Julio. Fue después de que se difundieran dos rumores de violación. En el primer caso, una estudiante de Trabajo Social de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT (situada en el interior del Parque 9 de Julio, junto a la Facultad de Psicología y a la Facultad de Odontología, en una zona conocida como Centro Prebisch) denunció haber sido raptada en la intercepción de las avenidas Benjamín Aráoz e Irineo Leguizamo, justo frente a la cámara de vigilancia que no captó nada acerca del asunto, pese a haber ocurrido a las tres de la tarde en un día de semana, momento en el que decenas de automóviles y peatones transitan por el lugar. Aparentemente la joven fue obligada a subirse a un auto que llevaba los vidrios polarizados, fue violada en un lugar que no se ha especificado y, concretado el acto, fue llevada por los presuntos agresores hasta la puerta del Centro Prebisch, desde donde la joven atravesó con la ropa rasgada los pasillos de la Facultad hasta entrar en un baño en donde fue hallada llorando.  

Y como si no fuera lo suficientemente inverosímil ese caso, al poco tiempo otra joven aseguró haber sido violada en las inmediaciones del Centro Prebisch a las once de la mañana, luego de ser interceptada por un pervertido mientras iba camino a la Facultad de Odontología a sacar un turno de atención en los consultorios gratuitos del lugar. La diferencia de este episodio con el anterior es que la joven, tras haber hecho la denuncia, le confesó a la policía después que lo suyo no era más que una patraña inventada por ella: todo se habría tratado de una aventura sexual que la joven mantuvo con su novio quien, a su vez, era un completo desconocido para los padres de la falsa víctima, y de allí habría surgido la necesidad de levantar falso testimonio.

Estas pastorcillas mentirosas no fueron un problema, sino que el problema aquí comenzó cuando los estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras y los de la Facultad de Psicología decidieron tomar los respectivos edificios en donde funcionan esas ramas de la UNT en protesta por la inseguridad que se ven obligados a sufrir. La policía, mientras investigaba los opacos hechos, sugirió que la flagrante falta de pruebas los hacía suponer que todo se trataba de un asunto político interno. Ante esta hipótesis más que plausible, los estudiantes universitarios reaccionaron de la peor manera.

Por supuesto que la toma de las facultades no tardó ni un segundo en desviarse en cualquier dirección posible, sumándole al reclamo de mayor seguridad toda una serie de peticiones que buscan convertir a una universidad pública en una suerte de espacio de lujo y confort totalmente gratuito para quien la frecuenta. Pero más allá de eso, lo interesante es observar toda la histeria que se generó alrededor del asunto: las redes sociales se llenaron de comentarios de hombres sin hombría y de mujeres al borde de un ataque histérico que pedían mayor presencia de policías en el parque, pero también mayor calidad policial.   

La prensa puso su grano de arena a la hora de alimentar la paranoia persecutoria: Miguel Velardez, un experimentado “periodista” de la sección de policiales del diario La Gaceta, escribió que “no fue ningún discurso lo que vivió ayer una joven, de 22 años, en el parque 9 de Julio [se refiere a la muchacha que se desdijo el mismo día en que su artículo salía publicado]. A las 11 transitaba por la avenida Benjamín Aráoz y fue violada en la zona de "El Lago San Miguel". Esa noticia no fue una paranoia de los medios. El hecho existió, la denuncia está escrita, el miedo quedó instalado.”

Quizás lo peor de todo esto es que se cae en la perversa práctica de sexualizar el delito para espectaculizarlo. Es decir, la zona del Parque 9 de Julio registra casos reiterados de vandalismo, prostitución de homosexuales, hurto y venta de droga, pero en lugar de plantear una estrategia para reducir ello (identificando y neutralizando a los delincuentes, que van desde los habitantes del Pacostán, hasta los gitanos y los propios estudiantes universitarios) se propone trabajar en cuidarle la vagina a ciertas mujeres de la agresión de un pene imaginario.

Yerba Brava

En la localidad de Yerba Buena la violencia no es imaginaria como en el parque 9 de Julio, sino que es bien real. Por estos días la sufren especialmente los vecinos que poseen comercios en la zona, ya que se ha desencadenado una ola de asaltos. El acontecimiento es extraño, porque se produce justo después de que se hiciera público el enfrentamiento entre el Gobernador José Alperovich y el Intendente Daniel Toledo, debido al paupérrimo desempeño que en esa localidad tuvo el Frente para la Victoria en las últimas PASO. Circula mucho rumor sobre la intención de Alperovich de que Toledo renuncie a su cargo para poner en su lugar a gente más próxima a su riñón político. 

Sabiendo que entre las filas de la policía provincial hay numerosos corruptos infiltrados, entonces no es una locura pensar que la ola de pánico que sufre Yerba Buena no tiene por origen la sola iniciativa del hampa. 


Ángela Micaela Palomo

viernes, 23 de agosto de 2013

El increíble caso de la mujer que era víctima sin serlo

En la última semana del pasado mes de julio, Valeria Miranda y su familia sufrieron horas angustiantes al darse cuenta de que Camila Miranda, la hija quinceañera de Valeria, estaba desaparecida. La joven, que vive en Alto Comedero (un inmenso barrio de San Salvador de Jujuy), había viajado el día 23 a la localidad de Palpalá a visitar a una tía, pero nunca regresó. Acto seguido la familia de Camila hizo la denuncia en la policía, que, como corresponde, inició una investigación sobre los motivos de la fuga de hogar para ubicar su paradero. Al final en la noche del 28 de julio la joven fue encontrada en otro sector de Alto Comedero, en compañía de un hombre diez años más grande que ella quien, aparentemente, sería su novio. Su madre, siguiendo una pista falsa, se encontraba en ese momento en la ciudad de Salta, pero al enterarse de la reaparición de su hija viajó urgente a Jujuy y llamó a cancelar las marchas que se habían preparado para exigirle a las autoridades que ubiquen a Camila. 

El episodio que narré describe una travesura adolescente o, en el peor de los casos, a una familia disfuncional. Sin embargo, ciertas personas con obscuros intereses se dedicaron a reinventar la situación para sacar provecho de ella. Hablo, por supuesto, del abordaje que hizo la Casa de Mujeres en Lucha, una ONG hembrista que opera en la provincia de Jujuy.

A través de su vocera Mariana Vargas, desde esta sinarquía visible se intentó alterar la verdad para llevar agua para su molino. Vargas textualmente dijo: “La fuga de hogar no es contradictoria con un caso de trata, porque una niña que decide irse está en un estado de vulnerabilidad y puede caer en la boca del lobo de los tratantes con mucha facilidad.” Esto significa que para Vargas una cosa necesariamente lleva a la otra, aunque esa otra cosa nunca haya sucedido. Explicado a través de una analogía sería: Vargas cree que un beso puede terminar en un embarazo, porque una mujer que besa se presta al coito más fácilmente que una que no lo hace. Por tanto, según la ilógica lógica de Vargas, las mujeres pueden concebir a un hijo sin que se hayan abierto de piernas ante un hombre. Así de absurdo es su discurso.

Todos estamos de acuerdo en que si algo es posible de que suceda, no significa que necesariamente haya sucedido o vaya a suceder. Pues bien, la Casa de Mujeres en Lucha opina exactamente lo contrario. Cualquiera sabe que un hombre casado puede maltratar a su esposa, pero ello no significa que en algún momento de su vida vaya efectivamente a hacerlo. No obstante para las hembristas la posibilidad se convierte en un hecho, por tanto si un hombre pasa toda su vida de casado junto a su mujer sin haberle levantado la voz siquiera, no se tratará de un caso de convivencia matrimonial pacífica sino de una catástrofe que por casualidad nunca ocurrió. Para las hembristas la inocencia no existe, todo hombre es culpable… de ser hombre. Y un hombre, por ser como es, tarde o temprano demostrará su verdadera naturaleza y agredirá a una mujer, no por una situación particular sino simplemente porque esa mujer… es mujer.   

Ese odio antimasculino impregna todas las palabras de Vargas. La joven Camila, en su testimonio ante la Justicia, declaró que ella estaba en la vivienda de su novio por propia voluntad. ¿Qué dijo Vargas ante la confesión de la parte? “Hay una mujer que la sugestionó al punto de inventarle un noviazgo con su hijo, a quien ella ni siquiera conocía.” Ni más ni menos. La menor, según Vargas, no tiene derecho a decir lo que le pasó, porque en realidad su testimonio está viciado. Al parecer una bruja, una hipnotista o vaya uno a saber que otro personaje con poderes sobrenaturales se apoderó de la mente de una joven boba y la hace decir lo que ella quiere.    

La nueva estrategia de estas hembristas para crear pánico y alimentar su negocio me hace acordar a la epidemia de abusos sexuales en rituales satánicos que sufrió EEUU en la década de 1980. En aquella época, el gigantesco país del Norte se vio sacudido por diversas personas (en su mayoría mujeres) que decían haber sido ultrajadas en sus años infantiles en el marco de diversas orgías dedicadas a Satanás. Las víctimas iban a la televisión y contaban con lujo de detalles lo acontecido. Empero después se supo que esas personas no estaban fingiendo sus historias, sino que las estaban inventando sin percatarse de ello, puesto que varios psicólogos, usando diversas técnicas, habían trabajado en la implantación de recuerdos falsos que algunos percibían como verdaderos. Mutatis mutandis, Vargas en Jujuy está tratando de hacer lo mismo.

Por ello no asombra que también diga: “El problema es que hay tanta impunidad, hay un Estado tan inepto e inexistente frente a estos problemas, que las redes operan con absoluta no profesionalización porque no tienen necesidad”. Las redes de trata de personas de Jujuy están integradas por perfectos aficionados porque, simplemente, no existen.



Ángela Micaela Palomo

jueves, 22 de agosto de 2013

La tragicomedia de Carlos Villalba

Escrachado

La noticia, a estas alturas, es más que conocida: fuerzas de seguridad allanaron el burdel salteño Terra Nostra, en donde encontraron a Carlos Villalba, el actual Intendente de la localidad de Salvador Mazza. El operativo fue ordenado por la AFIP, que investiga desde hace un par de años a una mafia dedicada al tráfico de divisas. Las pistas recogidas llevaron al organismo recaudador hasta las casas de tolerancia de la capital de Salta, y se convocó a la Policía Federal y a la Policía de Seguridad Aeroportuaria para realizar los allanamientos. Debido a que en la red de evasores fiscales había prostíbulos involucrados, se aprovechó la situación para alimentar a los fantasmas de la “trata de personas”. Así fue que el operativo se realizó exitosamente, incautando dinero y documentación, y demorando a decenas de personas, muchas de las cuales eran meras suripantas que, gracias a la magia del feminismo sinárquico, pasaron a ser “víctimas” que necesitaban de sus príncipes de uniformes azules para ser rescatadas de las garras del dragón.

Sucedió después que la prensa transmitió la información enfatizando el tema de la “liberación” de las mujeres que eran “explotadas sexualmente”, y, claro, comentando profusamente el hecho de que el Intendente de Salvador Mazza era el más famoso de los demorados. A partir de ahí el árbol tapó el bosque. Hoy nadie habla sobre la evasión fiscal, pero si se ha dicho mucho (quizás demasiado) sobre Villalba, quien trató de despegarse de la situación del modo más inverosímil posible.

Carlos Villalba, por supuesto, no es santo de mi devoción. Yo no estoy para nada de acuerdo con quienes lo defienden diciendo que su presencia en un prostíbulo debe él discutirla sólo en el ámbito privado junto a su familia, pues que un funcionario público que está casado consienta con esa práctica indigna es muy grave. Algunos sostienen que ser un inmoral no es un asunto político: esa gente, evidentemente, perdió la capacidad para entender la realidad (si es que de hecho alguna vez la tuvo).

Un hombre que consume prostitutas es igual a uno que consume drogas. Así como no es buena idea darle poder de decisión y diversas responsabilidades a un hombre o a una mujer que tiene el hábito de nublar su razón para gozar en solitario por unas horas habiendo tantas otras formas menos destructivas para ocupar el tiempo libre, tampoco es bueno apoyar a alguien a quien la lujuria lo lleva a alquilarle los genitales a una persona como se alquila un auto o un esmoquin. Si alguien siente satisfacción al pagar por sexo, ¿cómo estar seguros de que esa persona no es capaz de fomentar a la despreciable industria del sexo pago? Villalba desnudo en un cuarto con dos mujeres de vida licenciosa bien podría significar que un político se ha asociado a un o a una proxeneta para que lo provea periódicamente de carne nueva.

Por tanto exigir que Villalba renuncie a su puesto por no ser moralmente apto es exigir el mínimo respeto que un ciudadano honesto merece. Los que afirman que habrá que esperar a las próximas elecciones para castigarlo con el voto, son, lisa y llanamente, imbéciles que piensan que ejercer la soberanía popular es sólo meter un sobre en una urna cada dos años, y dejar que el resto del tiempo los gobernantes de turno nos metan lo que ellos quieran meternos por donde nos quepa.

Los hijos que se escandalizan por sus madres

La casta política salteña se ocupó del caso. Carlos Villalba es un hombre del Partido Renovador Salteño, pero está estrechamente vinculado a la gestión del Gobernador Juan Manuel Urtubey, al punto tal de haber trabajado para la campaña de Senador Nacional de Rodolfo Urtubey. Por ese motivo el oficialismo se vio obligado a deshacerse del cadáver. Así fue que Manuel Santiago Godoy, el jefe de la bancada pejotista de la Cámara de Diputados de Salta, declaró que desde su sector trabajarán por la destitución del Intendente y por la intervención de su municipio.

La iniciativa oficialista recibió resistencia por lo atolondrada: los diputados provinciales Eduardo Leavy, Salvador Scavuzzo y Darío Valenzuela, gente del departamento San Martín que han tratado personalmente con Villalba, pidieron analizar las cosas calmadamente antes de condenar al Intendente. Y el propio protagonista del escándalo reafirmó su inocencia y agregó que Godoy no puede hablar sobre sanciones, pues los que son sus socios en el Norte de Salta están todos sospechados de ser verdaderos delincuentes vinculados al narcotráfico, por lo que si hubiera que ajusticiar a los chantas nadie quedaría en pie. 

Otros políticos señalaron que para acabar con la rabia no basta con matar al perro. Es que tras haber sacado a la luz el asunto de la esclavitud sexual, entonces lo que corresponde es plantear cómo combatir ese flagelo en lugar de perder el tiempo discutiendo sobre cómo apoderarse del control de un municipio. Las propuestas más claras en ese sentido vinieron desde el conservadurismo provincial: Aroldo Tonini presentó en el Concejo Deliberante capitalino un proyecto para clausurar todos los lupanares de la ciudad, mientras que Irene Soler –una colega de Godoy pero de la bancada opositora– sugirió que la medida más óptima sería la de castigar a aquel que consume prostitutas.

Comba y los Torcidos Humanos

En nuestros tiempos el discurso acerca de la prostitución es esquizofrénico. De un lado la derecha y la izquierda coinciden (aunque con argumentos diferentes) en que el oficio más viejo del mundo debe ser erradicado, porque no hacerlo –según los conservadores– sería favorecer a los libertinos que atentan contra la dignidad humana o –según los progresistas– sería colaborar para que la mujer siga teniendo un rol secundario en la historia. Entonces se persigue a la indeseable prostitución.

Sin embargo, desde el otro lado, hay muchos que quieren que las prostitutas sigan operando pues ello significa o bien una afrenta a los odiosos moralistas (según la izquierda) o bien una muestra de que aquellos que se venden como íntegros y pagan por sexo en realidad tienen un rostro oculto (según la derecha). Por tanto se sugiere que el mercado sexual siga operando semi-clandestinamente como opera ahora, o incluso hasta se pide que se reglamente todo para que cada coito sea debidamente tributado al Estado. 

Es esa esquizofrenia la que le provocó un linchamiento mediático a Diego Comba, un tuitero cagatintas que trabaja en el área de prensa del Ministerio de Derechos Humanos de Salta. Comba, para defender a Urtubey de sus aliados, escribió el famoso tuit: “El pelotudo del intendente se va de putas y la culpa es del Gobernador? No sean tan pelotudos!!!!” Acto seguido una periodista le hizo notar al tal Comba que llamar “irse de putas” al acto de consumir prostitutas en locales sospechados de promover la esclavitud sexual es tirar por el retrete todo el discurso hembrista que equipara el sexo con las violaciones y que, por tanto, ve en las prostitutas a víctimas de la violencia masculina. Comba, muy consternado por esa revelación, terminó aceptando su exabrupto y reconociendo que no está capacitado para ejercer su puesto, ya que desconoce la Vulgata con la que se manejan los dedehachehachistas del país (pero aún así no tuvo la dignidad de renunciar al cargo que posee).

El ejemplo del progresista Comba ilustra claramente lo que señalé acerca del doble discurso contemporáneo sobre la prostitución: alquilar una prostituta es un buen modo de ofender al Obispado y por tanto es una práctica aceptable, pero es también una manera de contribuir con la prolongación del “Patriarcado pornocapitalista” y por ello es inaceptable.

Yo, en lo personal, no puedo decir que esté a favor de criminalizar al consumidor como propone Soler, pues considero que las prostitutas, todas ellas, lejos están de ser víctimas. Ciertamente la pobreza, el desempleo y la disfuncionalidad familiar pueden tentar a una mujer a prostituirse, pero la decisión de hacerlo o no hacerlo es de ellas. Esa novela gótica en donde una mujer es secuestrada o engañada para ser llevada a un lugar lejano a su hogar en donde será prostituida a punta de pistola está bien como ficción para telenovelas, pero en nada se asemeja a la realidad. En consecuencia las respuestas políticas deberían adecuarse a lo que efectivamente sucede y no a lo que se rumorea que sucede.  

Una cama, dos prostitutas, tres posibilidades

Más allá de la discusión moral –que resulta ser, como toda discusión de esa índole, algo interminable– es interesante plantear el caso Villalba desde la perspectiva política o, mejor, politiquera. Recordemos, por ejemplo, que el periodista de El Tribuno Daniel Chocobar dijo en Twitter que la policía detuvo también a otro Intendente, cuyo nombre no ha trascendido.

Hay por tanto tres hipótesis sobre la detención del Intendente de Salvador Mazza: (1) sus aliados del PJ le pasaron factura por su escasa contribución en el desarrollo de las últimas PASO, elección en la cual el oficialismo tuvo que hacer un esfuerzo extraordinario para ocultar los verdaderos resultados de Romero y Olmedo; (2) debido a que está involucrada la siempre sospechosa Policía de Seguridad Aeroportuaria, y puesto que Villalba gobierna una ciudad de la denominada “Frontera Caliente”, habría una cuestión de narcotráfico detrás, posiblemente un ajuste de cuentas; (3) Susana Trimarco, la nueva Hebe, puso en marcha un ambicioso plan para expandir su negocio en todo el NOA, pero en Salta no recibió el apoyo que si consiguió en Catamarca y Jujuy, por lo que todo podría tratarse de un espectacular montaje para instalar el tema en la tierra de Urtubey, y forzar con ello al oficialismo salteño a colaborar en el armado de la corporativa Fundación María de los Ángeles.    



Hernán Solifrano (h)

domingo, 18 de agosto de 2013

La peste roja

Nadie puede negar que la mayor sorpresa de las últimas PASO fue el exitoso desempeño electoral de la ultraizquierda. Con votos propios y prestados, los resultados obtenidos fueron extraordinarios para esas fuerzas deliberadamente antipopulares. Es que en nuestro país ha habido tanto descalabro cultural desde que gobierna Cristina Kirchner, que hasta estos impresentables de los grupúsculos ultraizquierdistas parecen gente digna de apoyo. Personalmente me interesa analizar lo que este sector hizo en el área del NOA (Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca y Santiago del Estero).

Troskos con navajas

La actuación del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) fue tan descollante como inesperada. A la alianza la constituyen el Partido Obrero (PO), el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) y la Izquierda Socialista (IS), tres sectas trotskistas que operan como pymes apuntando a conseguir la adhesión de estudiantes a los que les repugna estudiar y trabajadores que aborrecen trabajar. Es por ello que estos grupúsculos son particularmente populares en las universidades que ofrecen carreras con limitada salida laboral y poco incentivo para graduarse (artes, humanidades, etc), y en las empresas en las que se les exige a sus empleados que suden al calor de las máquinas.

El mejor resultado del FIT fue el 11,19% que consiguió en Salta –en donde se presentó como PO– en la categoría de Diputados Nacionales. Desde hace un tiempo ya que el PO obtiene pequeños triunfos en Salta, especialmente en la zona norte de la provincia (en donde canaliza parte del voto bronca de los petroleros que sufren la desocupación desde que YPF fuese privatizada) y en la capital (en donde suma el voto de muchos jóvenes que, dadas las particularidades de la sociedad salteña, cultivan el resentimiento social). En el balance hecho por el propio partido, se atribuyen su éxito electoral en las PASO a su participación protagónica en las protestas en contra de la instalación de una fábrica de explosivos en El Galpón, en el repudio al impuestazo promovido por la Municipalidad capitalina, en la obtención del pase a planta permanente de miles de ordenanzas escolares, y en la denuncia contra Urtubey por el desmonte descontrolado. Ciertamente no se puede negar que en estos eventos la gente del PO estuvo presente con una bandera, pero es un desatino tremendo creer que ellos los iniciaron, los condujeron, los motorizaron o si quiera los agrandaron como dicen que hicieron.

El voto a Pablo López (candidato a Diputado Nacional) y a Cristina Foffani (candidata a Senadora Nacional) provino en buena medida de “progresistas” o “centroizquierdistas” que no contaron con una opción potable para sus gustos, puesto que el FAP se alió a dos fuerzas centristas y conservadoras como la UCR y el PPS –y posicionó todo el peso de su campaña sobre la figura de Bernardo Biella, el otrora socio de Alfredo Olmedo–, y los demás partidos de su calaña (el Frente Plural o Memoria y Movilización Social) concurrieron a las urnas como representantes del oficialismo urtubeycista-kirchnerista.

En Catamarca el FIT –usando como en Salta el sello del PO– obtuvo el 2,79% de los votos válidos, una cifra que apenas les da la posibilidad de presentarse en las generales sin ambicionar con bancas municipales, provinciales o nacionales que equivalgan a un flujo importante de dinero público y vida más que cómoda para quienes las ocupen. Fue en Andalgalá, una comarca castigada por la megaminería rapaz, donde al trotskismo catamarqueño mejor le fue.

En Tucumán y Jujuy, el FIT fue completo, es decir se presentó como una alianza entre el PO y el PTS. Aquí resulta interesante observar la opinión que cada fuerza vertió sobre el asunto en sus órganos de difusión Prensa Obrera y La Verdad Obrera. Con respecto a lo acontecido en el Jardín de la República, los del PO y los del PTS coinciden en que el grueso de sus votos se concentró en San Miguel de Tucumán y su cinturón suburbano, hogar de innumerables jóvenes desesperanzados. Sin embargo mientras que los del PTS celebran el crecimiento del voto ultraizquierdista en Tucumán (encarnado tanto en el FIT como en su competidor Alternativa Popular), los del PO descalifican altaneramente a todas aquellas fuerzas que no integran el FIT, en una actitud típica de revolucionarios de café que creen ser los únicos elegidos para combatir al capitalismo. Desde el PO destacan que su éxito estuvo ligado a la visibilidad que ganaron gracias al acompañamiento que hicieron de la lucha de Alberto Lebbos (o lo que otros llaman “el colgarse de su fama”), mientras que desde el PTS señalan que el 3,93% obtenido se debió más a la bronca de la población contra Alperovich que a sus acciones de campaña. Y los del PO cierran diciendo que están listos para comandar a sus huestes para un triunfo mayor en octubre, mientras que los del PTS, concientes de la derrota que sufrirán en las urnas, hablan más bien de organizarse en las calles. Esa es la principal diferencia entre una y otra fuerza: el PO sostiene que la revolución socialista es posible de hacer cada dos años desde las urnas, mientras que el PTS intenta sumar otros instrumentos sociales y culturales.     

El caso de Jujuy merece un párrafo aparte. En esta provincia la lista del FIT recibió el 8,97% de los votos. Desde el PO y el PTS apuntan lo mismo que apuntaron sus correligionarios en Tucumán: el éxito se debió al desencanto de la gente con los políticos profesionales (lo que se denomina “voto castigo”) y a la acción de acompañamiento en las luchas sindicales (lo que se denomina “figuretismo”). De todos modos lo más interesante en este caso es la acusación que el periodista Alberto Siufi hizo de que las casi treinta mil adhesiones que lograron fueron gracias a la mano invisible de Milagro Sala, quien, peleada con el Gobernador Fellner, habría ordenado que el voto de su tropa no llegue al Frente para la Victoria. El FIT desmintió esa versión, despachándose con una violenta soberbia en contra de la Tupac Amaru.

En Santiago del Estero el FIT, con el nombre de IS, obtuvo el 3,99% de los votos, suficiente para llegar a las generales, insuficiente para lograr un puesto electivo.  

Síndrome de Hubris

Los resultados del FIT en las PASO motivaron la realización de una conferencia de prensa de sus líderes esa misma noche en que se cerró la votación. Es que la gente de esa fuerza política estaba exultante, ya que antes del acto eleccionario preveían obtener como máximo sólo la mitad de las adhesiones que al final obtuvieron (en lo que es el NOA, únicamente en Salta especulaban con lograr números similares a los que lograron, mientras que en Catamarca, Tucumán y Santiago del Estero se conformaban con la mitad de lo que sacaron, y en Jujuy tan sólo aspiraban a un tercio de su 8,97%).

El orador del FIT resultó ser José Saúl Wermus, más conocido por la gente por el nombre de “Jorge Altamira”. Su discurso fue un tanto extraño, pues sostuvo algo así como que a sus votos, por ser “de los trabajadores”, hay que evaluarlos cualitativa y no cuantitativamente, lo que supongo que quiere decir que para él los votos del FIT deberían computarse como dobles o triples. También habló de lo cosechado en todo el país (NOA, NEA, Cuyo, Centro y Patagonia) y señaló, insólitamente, que el FIT es “local” en Capital Federal y la provincia de Buenos Aires. ¿Acaso el PO en Salta o la IS en Santiago del Estero son infiltrados foráneos? Sin embargo lo más llamativo de lo de Altamira fue cuando aseguró que la izquierda argentina es el FIT y nadie más: “le gauche c’est moi”. Básicamente, Altamira se apropió de la ultraizquierda para ser ya no el nuevo Nahuel Moreno (un viejo referente indiscutido del trotskismo argentino cuyo nombre verdadero era Hugo Bressano), sino su superación. Es decir, el jefe del PO confesó que su ambición más grande es la de convertirse en el Gran Patriarca o Rey de las Ratas que establezca las leyes con las que deberá regirse su comunidad de marginales.  

Las palabras de Altamira desataron una gran cantidad de críticas de otros ultraizquierdistas como él. Ese debate, para ser sincero, me importa un bledo. Lo que sucede en el interior de esa piara de zaparrastrosos me tiene sin cuidado. Empero lo que si me interesa es el modo en que el FIT embauca a la gente tanto a la que pertenece como a la que no pertenece a la secta.

Escribir acerca de cómo el FIT utiliza a los que se acercan a militar en sus filas requeriría de un extenso texto. Para abreviar señalaré lo obvio: el PO, el PTS e IS no son más que nombres de empresas familiares que venden ilusiones, del mismo modo en que otras venden alimentos o transporte. Los partidos están controlados por una oligarquía que, irónicamente, se autodenomina “de trabajadores”, cuando en realidad se trata de un grupo de profesionales mediocres que son o aspiran a convertirse en rentistas. Esa oligarquía arregló en mutuo acuerdo quienes integrarían las listas del FIT, ubicando a sus miembros en los lugares preponderantes y cediéndoles el resto de los espacios secundarios a los ilusos que ponen la sangre para que su maquinaria funcione.

Lo curioso es que entre los trotskistas hay una entidad mitológica llamada por ellos “la Asamblea”, que según sus puntos de vista tiene la virtud de resolver todos los problemas aportando siempre la solución verdadera. Si para un trotskista hay que definir si es conveniente o no ocupar un edificio público, cómo determinar cual es la mejor traducción de un pasaje de un libro Hegel, o comprar chupetines en lugar de alfajores, invocan de inmediato a la todopoderosa Asamblea para que la cuestión se someta a votación y se opte así por cual es el mejor camino a seguir. Claro que si la votación no arroja el resultado que los trotskistas pretenden, entonces sabotearán a la Asamblea, montando una nueva en paralelo para hacer valer su voluntad, no sin antes acusar a la antigua Asamblea de ser “entreguista” y/o “burocrática”. De allí es que a más de uno le pareció inesperado que el FIT no haya planteado un debate para elegir su plataforma política y los candidatos que la llevarán a cabo desde los parlamentos. Al ser “FIT” sigla para “Frente de Izquierda y de los Trabajadores” uno podría pensar que la alianza –que nació gracias a que la reforma kirchnerista a la Ley Electoral los obligó a coaligarse para no extinguirse– estaba abierta a la gente que se autopercibe como de Izquierda y a todos los que son trabajadores (obreros, empleados y campesinos) que reclaman por su bienestar sin necesariamente considerarse izquierdistas. Sin embargo nada más alejado de la realidad. El PO en Salta, por ejemplo, fijó a Pablo López como candidato a Diputado Nacional, arguyendo que el “camarada” lleva más de diez años presentándose a elecciones y ocupando cargos legislativos, por lo que representa mejor que nadie a los trabajadores y a los izquierdistas; el PO agrega, por supuesto, que quien ose decir lo contrario es un traidor de la causa revolucionaria. No importa que se les señale que sujeto nulos de carisma como López son pésimos oradores, ineptos ideologistas e ignorantes de los debates políticos, si alguien intenta disputarle el lugar al jefe de la secta pidiendo democracia interna es un agente infiltrado que quiere la destrucción del FIT.   

Desde el FIT sostienen que armar revuelo por la repartija de candidaturas es sobrevalorar al régimen burgués y desviarse de los objetivos revolucionarios que en realidad persiguen, intentando con ello acallar a los ultraizquierdistas que les critican su egoísmo. El “Manual del Buen Trotskista” les subraya que a su utopía socialista no la pondrán en marcha desde una banca parlamentaria, sino que ella es, a lo sumo, un mero instrumento más para agitar a las masas. Sin embargo a esa discusión la mantienen puertas adentro y en voz baja. Ante la gente que no pertenece ni husmea en lo que sucede en el interior de sus sectas, el discurso que transmiten es diferente.  

Lo notorio de los trotskistas del FIT es que las consignas que articularon como base de su plataforma electoral son de tinte laborista y populista, muy similares a las que podrían proponer los partidos de Hugo Moyano o Víctor De Gennaro. Nada dijeron sobre el programa que defienden, pues ni siquiera lo tienen. Un programa de Izquierda, necesariamente, debería determinar claramente qué hacer frente a la creciente dependencia nacional del imperialismo estadounidense, chino y brasileño, cómo resolver la cuestión indígena y cual es el camino más seguro para acabar con el capitalismo e instaurar una sociedad sin clases autogestionada. Empero anunciarlo equivaldría a alejar a los posibles votantes más preocupados en sobrevivir día a día que en demostrar que Marx tenía razón, por lo que el FIT guarda silencio ante ello y se limitan a proponerse como la única fuerza política que luchará por mejorar los salarios de todos (menos de los de los congresistas). Si el FIT decide ir hacia delante ello implicaría acabar con las diferencias que separaron al PO, al PTS y a la IS, dejando de lado todas las cuestiones en las que no coinciden y fijando un fundamento común que no pasaría más allá de defender salarios (una manera muy dificultosa de lograr la toma de los Palacios de Invierno), pero si deciden ir hacia atrás, su cooperativa electoral entraría en bancarrota dejándolos afuera del negocio del voto y restituyéndoles la obligación a sus dirigentes de dedicarse a trabajar para sobrevivir. Todo un dilema. 

La Izquierda multicolor

El FIT no fue la única fuerza ultraizquierdista en las PASO del NOA: el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST) también estuvo presente en la región, excepto en Santiago del Estero. En Catamarca, la lista encabezada por Lilén Malugani sumó sólo el 1,36% de los votos y se quedó sin la posibilidad de presentarse en octubre. La plataforma de Malugani se apoyó en dos ejes: la defensa del medio ambiente y la promoción de la diversidad sexual y de la igualdad femenina. Esa fue, quizás, la mayor diferencia con el FIT, pues mientras unos trotskistas se dedicaron a copiar a la izquierda europea en su enfrentamiento contra la crisis económica que sacude al Viejo Continente, los otros apostaron a constituirse en el Partido Verde nacional que siempre se intenta conformar y, por uno u otro motivo, a la larga termina fracasando (el avatar de Los Verdes anterior al MST fue Proyecto Sur, espacio político hoy casi disuelto en el NOA y desperdigado en otros partidos y movimientos a nivel nacional).  
 
En Salta el MST fracasó en su intento por superar las PASO en la categoría de Senador Nacional (1,47%), pero si lo consiguió en la de Diputado Nacional (1,58%). En esa provincia montó una campaña intentando pactar con la CTA local, y buscando seducir a los simpatizantes salteños de Elisa Carrió, de Margarita Stolbizer y de Fernando “Pino” Solanas.

En Tucumán el MST concurrió a las elecciones dentro de la alianza Alternativa Popular, en la que también participaron el partido provincial Pueblo Unido (PU), el maoísta Partido del Trabajo y del Pueblo (PTP) y la díscola seccional local del Partido Comunista (PC) que se ha negado a sumarse al Frente para la Victoria como el resto de la fuerza hizo a nivel nacional. La estrategia que plantearon fue tremendamente personalista, pues su campaña giró en torno a sus principales referentes: Gumersindo Parajón (un líder populista provincial, lo más parecido a un puntero pejotista carismático salido de las filas de la UCR que se pueda llegar a concebir), Vicente Ruiz (un piquetero de la CCC muy conocido en el sur provincial), Estela Di Cola (una médica protagonista de luchas sindicales), y Héctor Manfredo y Clarisa Alberstein (dos candidatos perennes por los espacios de izquierda). La alianza consiguió sumar el 3,81% de los votos, pisándole así los talones al FIT.

La elección del MST en Jujuy fue peculiar. El partido –que se presentó bajo el nombre de Nueva Izquierda– no contó como en Salta con el apoyo de la CTA, ni los referentes locales del GEN o de la CC-ARI quisieron apoyar a su lista (todos ellos pactaron con Isolda Calsina del peronismo alternativo); incluso el PTP mantuvo prudencial distancia de ellos. ¿La razón? Aparentemente la Tupac Amaru de Milagro Sala había escogido al MST para prestarles sus votos. Si fue así, ello no se reflejó en las urnas, pues el MST obtuvo nada más que el 2,65% de los votos, una cifra muy pequeña considerando el tamaño de la corporación piquetera.

En Jujuy está abierto el interrogante de cuán grande es la influencia real de Milagro Sala. La lideresa jujeña no se atrevió a presentar una lista para aspirar a los cargos nacionales, pero si tiene pensado jugar a nivel provincial y municipal en octubre. En ese escenario, Sala se enfrenta no sólo contra la izquierda charlatana del FIT y la izquierda flexible del MST, sino también contra el Partido por un Pueblo Unido (PPU), la agrupación con la que Carlos “El Perro” Santillán vuelve a la arena política tras una década de congelamiento. El PPU, en las PASO, logró el 3,38%, algo así como once mil votos.

Lo más interesante del PPU es que, además de hacer propuestas laboristas y ambientalistas, plantean temas que el FIT y el MST prefieren no abordar, como por ejemplo la lucha contra el narcotráfico y la vindicación de los indios. Es que el PPU integra la Organización para la Liberación de Argentina (OLA), una célula chavista-iraní como el partido MILES de Luís D’Elia pero que no apoya al cristinismo sino que lo combate, coqueteando discretamente con el brazo político de la CTA.

El discurso indigenista no es propiedad exclusiva en Jujuy del PPU, sino que también es parte del Partido de la Soberanía Popular (PSP), la fuerza que comanda Milagro Sala. De todos modos en las próximas elecciones provinciales el PSP y el PPU deberán enfrentar al Movimiento Pluricultural Comunitario (MPC), un partido que se jacta de ser evomoralista –más allá de que Evo Morales esté enfrentado a las tribus indias de su país después del conflicto del TIPNIS. Actualmente el MPC controla un municipio en Jujuy, y pretende expandirse por todo el norte provincial, apuntando incluso a llegar a los Andes y Quebradas salteñas, y a la zona de los valles calchaquíes de Salta, Catamarca y Tucumán, donde el indigenismo (con indios falsos y auténticos) es culturalmente muy influyente pero políticamente aún marginal.

Para concluir aquí debería hacer una mención al Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados (MIJD), el partido de Raúl Castells. Sin embargo no hay mucho para decir: el MIJD se presentó en Tucumán con el propósito de retener su personería jurídica pero no llegó al 1,5% mínimo para superar las PASO, y en Salta alquiló su estructura para que un referente provincial de Hugo Moyano pudiera hacer campaña para Diputado Nacional pegado a la boleta de Senador Nacional de Juan Carlos Romero. 
    
Los funcionales en las guerras contra el kirchnerismo

Hoy en día, ante una sociedad dividida y una República al borde la destrucción, la palabra clave parece ser “consenso”. Se necesita del consenso para expulsar a los kirchneristas que se han atrincherado en sus posiciones. Los argentinos hemos atravesado una década bajo el dominio de los tiranos santacruceños, una década signada por el desaprovechamiento de las posibilidades para desarrollarnos económica y socialmente, y por la subversión cultural que empezó con la legitimación de las bodas gays y prosigue por esa senda con el fin de convertirnos en Sodoma.

Es por ello que la mayor parte de la ciudadanía argentina está a favor de castigar en las urnas a la pésima gestión de Cristina Kirchner. El problema, claro, está en que hay demasiados posibles candidatos a recibir ese voto antikirchnerista. Eso hace que ante la ausencia de una nueva mayoría, el kirchnerismo persista como primera minoría.   

En este escenario el voto a los ultraizquierdistas termina por favorecer al oficialismo. La centroizquierda ha optado por aliarse a los centristas (el Partido Socialista, en el NOA, acompañó a la UCR, lo mismo que el Movimiento Libres del Sur), permitiendo con ello la concentración de votos antikirchneristas, lo que ayuda a graficar el descontento con el gobierno en la constitución de los parlamentos. Tomemos el ejemplo de Tucumán: en esa provincia el oficialismo aventaja por casi 20 puntos al principal polo opositor, por lo que, a la hora de repartir las cuatro bancas para Diputado Nacional en juego, un total de tres quedarían a favor de los kirchneristas y sólo una en manos de la UCR y sus aliados; vale decir, el PJ en Tucumán es repudiado por más de la mitad de los electores, pero aún así son dueños de tres cuartos de los cargos en disputa. Una oposición no tan fragmentada concentraría votos en el liderazgo opositor y los escaños parlamentarios se repartirían más equitativamente.

Tanto en Tucumán como en Jujuy y Catamarca se desarrolla un poco entusiasmante enfrentamiento entre pejotistas y uceristas, mientras que en Santiago del Estero el zamorismo –una coalición de pejotistas y uceristas que en lugar de competir entre ellos decidieron aliarse para mayor gloria de Mamón– se convierte en partido dominante, y en Salta la interna del Partido Justicialista entre Juan Manuel Urtubey y Juan Carlos Romero se lleva a cabo como si fuese un duelo entre extraños. En Catamarca y en Jujuy el voto ultraizquierdista, fragmentado como está ahora, no sirve para nada, por tanto si todo ese caudal se transfiriera a la principal fuerza opositora, el PJ de seguro caería abatido. Como esa transferencia no ha ocurrido –y, difícilmente, tampoco ocurra– entonces el oficialismo todavía está con vida y con esperanzas de ganar la mayor cantidad de curules posibles. Esto es un caso típico de cómo la izquierda termina siendo funcional a un régimen nefasto como el kirchnerismo, pues en el cálculo político que ellos hacen entienden que sería más grave perder a una fuerza que subvierte los valores occidentales y cristianos que concretar las vindicaciones laborales que plantean. Es decir, entre ayudar al trabajador o permitir que los aberrosexuales consigan subsidios por tener el ano dilatado, la ultraizquierda opta por lo segundo. De allí que no tengan ningún interés en cancelar sus candidaturas que no cuentan con chances de imponerse. Por eso el FIT, el MST, el PPU y demás comparsas terminan siendo funcionales al kirchnerismo.

De todos modos no hay que obviar el hecho del préstamo de votos a la ultraizquierda. Es muy probable que el éxito electoral de este sector se deba al “voto lástima” (electores que apoyan a los ultraizquierdistas en las PASO pero que después votan otra cosa en las generales, incluyendo al oficialismo) y a un “voto castigo” que, por más que las listas del FIT y compañía no sean retiradas en octubre, migrará hacia el principal opositor para que su sufragio sea útil. Por ese motivo las fuerzas ultraizquierdistas apuntan a rapiñar cargos a nivel provincial y municipal: en Tucumán no tienen ninguna chance, mientras que en Catamarca y Santiago del Estero las posibilidades son mínimas; no obstante es probable que Jujuy se vea invadido por ultraizquierdistas de diverso tamaño y pelaje, y sea Salta la que más sufra la peste roja (pensar que Pablo López consiga la banca de Diputado Nacional es un delirio más grande que creer en los extraterrestres comunistas de los que hablaba Posadas, empero será difícil evitar que algunos concejales y diputados provinciales tiñan de rencor marxista a sus bancas).

¿Hay alguna alternativa?

Como ya apunté, en la región NOA la partidocracia bipartidista se impone (excepto en Santiago del Estero en donde se prolonga la tradición del unicato). Las terceras fuerzas son poco atractivas. Están, por un lado, los ultraizquierdistas, la peste roja cuyo análisis abarcó hasta aquí este texto, y, por el otro lado, emergen políticos que dejan mucho que desear.

En Catamarca, por ejemplo, reapareció triunfalmente Luís Barrionuevo, con un movimiento al que denominó “Frente de Tercera Posición para la Unidad Catamarqueña”, bastardeando de esa manera el concepto de tercerposicionismo ante el cual Barrionuevo tiene poco que ver.

Otros peronistas también se postularon: Bernardo García Hamilton y “Marcelo” Baik aparecieron en Tucumán afirmando ser delegados de Sergio Massa y Francisco de Narváez respectivamente, pero sus actuaciones fueron muy diferentes a la de sus referentes bonaerenses; en Santiago del Estero, Antonio Calabrese y Pedro Brue se presentaron como parte del armado nacional veneguista-duhaldista, pero no alcanzaron a juntar ni ocho mil votos; la jujeña Isolda Calsina, con la bendición de José Manuel de la Sota, fue la excepción en relación al fracaso de las listas peronistas en el NOA, de todos modos el 9,40% que logró la deja muy lejos de conseguir una banca en el Congreso de la Nación.

El PRO también intentó jugar fuerte en el NOA, pero con un discurso que mezcla consignas desarrollistas con liberales logró muy poco. En Salta apoyaron la candidatura del pejotista Romero, mientras que en Catamarca fueron detrás del ucerista Brizuela del Moral. En Santiago del Estero los macristas llamaron a no votar por el oficialismo, mientras que en Tucumán y en Jujuy pusieron la cara y los votos que obtuvieron oscilaron entre el 4% y el 8%.

Una pregunta emerge aquí: ¿dónde está la Derecha Social? En efecto, en las últimas elecciones hubo candidaturas que representaban a todo el espectro político, excepto a la Derecha Social. La única fuerza en todo el país que tibiamente asumió ese rol fue Gente en Acción (GEA), un partido que participó en las PASO de la provincia de Buenos Aires y no traspasó el umbral del 1,5%. A los de GEA se los vio hablando de Seguridad, Orden y Justicia Social, ideales que defienden prácticamente todos los pejotistas, desde Felipe Solá a Daniel Scioli, pasando por Alberto Rodríguez Saa, Jorge Capitanich y Carlos Reutemann. ¿En dónde estuvo el activismo en contra del elegebetismo, de la plutocracia, o de los mercaderes de la muerte? Sugiero que si la idea de GEA es imitar al FIT, entonces les conviene cambiar su nombre por el de “Izquierda Patriótica de los Trabajadores” (IPTRA) y dedicarse a exigir mejores jubilaciones para el pueblo y sueldos más pequeños para los gobernantes.  

Es importante destacar, por último, la participación de las fuerzas conservadoras provinciales, particularmente las tucumanas y salteñas. En Tucumán, Fuerza Republicana, el partido liderado por Ricardo Bussi, recibió setenta mil adhesiones, ubicándose por ello en la tercera posición detrás de pejotistas y uceristas. El discurso de Bussi fue rabiosamente antikirchnerista, empero su ataque al régimen se limitó a la queja en contra de la inflación, la inseguridad y la impunidad. Nada dijo en contra de la dictadura de lo políticamente correcto del Inadi, de la prepotencia de los neoimberbes de La Cámpora, de la vituperación de la memoria de los guerreros que vencieron en el Operativo Independencia, y del injusto linchamiento judicial que sufren los vencedores de las guerras en contra de la subversión, o sea Bussi se presentó como un burócrata de la partidocracia dispuesto a restarle votos a la UCR con la que coincide en lo esencial de su propuesta. De esa manera queda claro que Fuerza Republicana es hoy en día una pyme políticamente tan o más inservible que las pymes trotskistas.

En Salta, en cambio, el conservadurismo provincialista es diferente. Allí están, por un lado, los del Partido Renovador Salteño (PRS) y los del Partido Propuesta Salteña (PPS), encarnando una especie de neoconservadurismo similar al de Bussi –aunque con la particularidad de que mientras el PPS es antikirchnerista, el PRS es prokirchnerista–; sin embargo, del otro lado aparece Salta Somos Todos (SST), liderado por Alfredo Olmedo. Olmedo es un empresario exitoso, que ha optado por invertir o gastar parte de su fortuna en política, para de ese modo avanzar en la restauración de valores fundamentales que la subversión cultural viene destruyendo sistemáticamente. El olmedismo es un veteroconservadurismo de corte católico, soberanista, identitario, republicano y populista. Lamentablemente es un fenómeno circunscrito al territorio salteño, por lo que el resto del NOA –y del país– deberá padecer de los tristes espectáculos a los que la fauna política argentina nos tiene acostumbrados, incluyendo a los parásitos de la ultraizquierda. Salta, en cambio, algo de esperanza tiene.      



Hernán Solifrano (h)