La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

viernes, 16 de septiembre de 2011

El ruido castiga a las ciudades del norte

San Salvador de Jujuy

Los niveles de ruido en el centro de la capital jujeña, se han tornado intolerables en ciertos horarios, que coinciden parcialmente con el de comercios. Las malas prácticas de los ciudadanos y la falta de control estatal para hacer respetar los niveles aceptables de contaminación sonora, se conjugan para reducir la calidad de vida en esta parte de la ciudad.

Bocinazos, estéreos con subwoofer reforzado, publicidad sonora callejera, escapes abiertos, entre otras fuentes, contribuyen a incrementar el ruido por encima de lo que la Organización Mundial de la Salud considera aceptable: entre 65 y 70 decibeles (dB) como máximo tolerable para la vida cotidiana.

El concejo deliberante capitalino sancionó en 1999 la ordenanza 2959, estableciendo límites para la emisión de ruidos en el éjido urbano. Pero la municipalidad no la hace cumplir. Más de una década ha pasado sin que se implemente una política ambiental que instruya a los inspectores para hacer cumplir esta ordenanza, se adquiera el equipamiento necesario para realizar las mediciones, y se adopten medidas complementarias que hagan más habitable la ciudad.


Salta

Algunas calles céntricas de la capital salteña presentan niveles de ruido que duplican los límites tolerados por el oído humano. Así lo advierte un estudio que desarrollaron investigadores de la Universidad Nacional de Salta (UNSa). El trabajo invita a tomar nota sobre uno de los nocivos costados del caos vehicular: la contaminación acústica.

Las mediciones determinaron que el punto más crítico está en la calle Pellegrini-25 de Mayo, entre San Martín y España. En ese sector se registraron valores de niveles sonoros promedios de 76 dB, en horas de la mañana, con niveles máximos de 98 a 100 dB.

"En los últimos años, en nuestra ciudad, es perceptible el crecimiento del parque automotor. Los congestionamientos en sectores del centro donde el trazado de la vía circulatoria es estrecha y donde la densidad edilicia es alta, favorece indudablemente al incremento de los niveles de ruido que afectan a sectores residenciales sensibles, establecimientos educativos y sanatorios", remarcó el ingeniero José Aramayo.


San Miguel de Tucumán

Se enciende muy temprano. A veces, ni siquiera se apaga. Y funciona a todo volumen. Así palpita el centro de la capital. Los colectivos hacen temblar las casas. Los autos aceleran, tocan bocina. Los martillos neumáticos resuenan por el boom inmobiliario. Las alarmas estallan a cualquier hora. Los gritos de vendedores ambulantes se mezclan con los estruendosos parlantes de los locales de música. Ruidos y más ruidos. Estridentes, agobiantes. Nunca la urbe sufrió tanto el fragor. Los expertos sostienen que el nivel acústico se duplicó en los últimos años, tanto que es necesario modificar normas y poner nuevos límites.

Las pruebas están a la vista. Y también al oído. El ruido en el centro supera en más (y mucho más) de 20 decibeles (dB) los límites establecidos por la Organización Mundial de la Salud como "aceptables" para nuestra audición. En su Guía para el Ruido Urbano establece que después de los 65 dB los sonidos son perjudiciales.

"Los vidrios y las puertas retumban. No hay forma de estar tranquilo aquí. Esto es insalubre; siento que mi cabeza va a explotar", describe desde su evidente enojo Eliana Martini, comerciante de Córdoba y Maipú. Como ella, son cada vez más los vecinos que se niegan a vivir a todo volumen. Mucho menos quieren una ciudad que siga haciendo oídos sordos.

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