La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

jueves, 6 de junio de 2013

El error de Alfredo Olmedo y el acierto de Victoria Donda

Sueños y esperanzas

Finalmente se sancionó la ley de Fecundación Artificial. Hubo una agobiante unanimidad en la Cámara de Diputados: 204 votos a favor, 1 en contra y 9 abstenciones.

Llama la atención que entre los que votaron a favor hayan diputados Pro Vida como la puntana Ivana Bianchi y el sanjuanino Héctor Tomás, y en la misma lista estén también los nombres de diputados Pro Muerte como el porteño Carlos Heller y la santafesina Alicia Ciciliani. Pero lo que más asombra es que el salteño Alfredo Olmedo (quizás el máximo defensor del concepto de Vida en el Parlamento nacional actual) haya aprobado el proyecto de ley, especialmente tras todas las modificaciones que sufrió.

La diputada ucerista bonaerense María Luisa Storani –una miembro del nefasto clan Storani– se mostró satisfecha con la actuación de la Cámara de Diputados, y aseguró, aliviada, que pese a todos los que se opusieron, la Fecundación Artificial terminó convirtiéndose en ley. Pero, ¿quiénes pudieron oponerse a algo como esto? Es decir, ¿quiénes podían verse perjudicados por la sanción de la ley? Ciertamente no las empresas que lucran ampliamente con la medicina (los médicos, las clínicas, las farmacéuticas, etc.), pues lo que la ley hace es financiar generosamente a esa industria. ¿Entonces? Al parecer Storani se refería a las Obras Sociales y Prepagas que no desean pagar por los costosos tratamientos para no verse perjudicados en su negocio –el único voto en contra del proyecto de ley, de hecho, vino de parte del peronista bonaerense Julio Ledesma, quien justificó su decisión sosteniendo que se oponía porque percibía que detrás había una embestida del gobierno en contra de las Obras Sociales de los sindicatos, y eso afectaba sus intereses como uno de los máximos responsables de la obra social del Sindicato de Empleados y Obreros de Comercio y Afines. 

Parece muy noble el oponerse a empresas que quieren juntar dinero y dejar insatisfechos a sus clientes. En esto es, por ejemplo, en donde coinciden Alfredo Olmedo y Victoria Donda: el salteño dijo que con la ley de Fecundación Artificial se le ponía un fin a quienes lucran “con el sueño de ser padres” y la bonaerense afirmó que se hacía lo propio con los que lucran “con la esperanza de quienes no pueden llegar a ser padres”. Pero entre “sueños” y “esperanzas” hay diferencias abismales. Un sueño es algo que, ontológicamente, es menos real que la esperanza. Alguien que tiene la esperanza de ser feliz está mucho más convencido que aquel que sólo tiene el sueño de serlo, pues el primero, de alguna manera, está esperando un resultado, mientras que el segundo sólo  está imaginando algo. Y aquí está la clave para entender por qué hubo tanta coincidencia entre facciones y posturas diferentes en el Congreso de la Nación: la peor lacra que integra la corporación política hizo una lectura perversa y maliciosa de un proyecto que –originariamente– estaba pensado para apuntar en otra dirección.

Derechos ficticios

Gustavo Ferrari, un diputado denarvaísta que se declara a sí mismo católico, tras emitir su voto favorable afirmó con total cinismo que “hoy los diputados estamos legislando en acceso a derechos”. Este hombre pretendía que los argentinos lo aplaudamos rabiosamente por su magnanimidad, pero con eso sólo dejó en claro que los políticos saben perfectamente el exabrupto que están cometiendo: tener hijos no es un derecho, por tanto el Estado no puede avanzar sobre ello. Al aprobar esta ley la persona –en este caso el hijo– deja de ser un sujeto de derecho para pasar a convertirse en un objeto de derecho: así como existe el derecho de tener una vivienda, así también ahora existe el derecho a tener un hijo. Esta cosificación de la vida humana favorece toda clase de perversiones, siendo las más graves de ellas la posibilidad de comprar niños (pues si todos los tratamientos fallan, las personas aún conservan el derecho de tener hijos, por lo que cualquiera puede ir y desembolsar unos cuantos miles de pesos para adquirir un ser humano) y el aborto (ya que al convertir en derecho algo que es un don como el tener hijos, también se puede convertir en derecho el no tener hijos).

Uno de los argumentos que dio Donda para celebrar la Ley de Fecundación Artificial es que gracias a ella ahora hay más igualdad de oportunidades, ya que la falta de recursos “afecta a más del 20 por ciento de la población que no puede acceder a los tratamientos”. O sea que de todas las parejas que no pueden concebir hijos de manera natural, el 20% de ellas no pueden costear el tratamiento (ante esto, el sentido común obliga a preguntar: “¿si una persona no puede pagar un tratamiento para conseguir un embarazo, cómo hará entonces para mantener al ser humano producto de ese embarazo por un lapso de, por lo menos, 18 años?”). Donda logró introducir uno de los más brillantes artilugios del progrecinísmo: lo que yo llamo el “argumento del favor a la minoría que oculta la destrucción de la mayoría”. Y cuando hablo de “destrucción” lo digo literalmente.

Pensemos en drogas. Donda es acérrima defensora del supuesto derecho a producir y tener drogas en pequeñas cantidades, destinadas al consumo personal o a la venta minorista. Ella, por supuesto, piensa en drogas blandas, más concretamente en marihuana, la droga predilecta de la clase media decadente a la que pertenece. Entonces clama por el derecho a drogar y drogarse, básicamente, para no tener que ser detenida por la policía y alojada temporalmente en una celda. Este tipo de propuesta salvaría a muchos drogones como ella de enfrentarse a la Justicia, pero, al mismo tiempo, es una condena de muerte para los jóvenes pobres. Porque una persona con plata puede caer en el vicio de la droga y salir sin muchas dificultades, ya que le sobran recursos y motivos para hacerlo, pero alguien pobre no tiene esa posibilidad, por lo que si se encuentra con un sendero libre para drogarse terminará recorriéndolo hasta que llegue al abismo.

Con la Fecundación Artificial pasa lo mismo: para favorecer a una minoría se efectúa un zafarrancho enorme, que involucra no sólo enormes cifras de dinero que nadie honesto sabe bien a dónde van a parar, sino que también supone la ejecución de atentados en contra de la dignidad humana. Los defensores del aborto (y Donda, ¡oh, casualidad!, es una de ellos) emplean el argumento señalado como su arma más poderosa: hay que legalizar los abortos porque todos los años una cantidad de no sé cuantas mujeres mueren por hacerse abortos clandestinos, entonces, para evitar ese puñado de muertes, tenemos que empezar a pensar que miles de niños inocentes masacrados son cosas y no personas.

La máxima aberración

Lo que debería hacer arrepentir a Olmedo por haber aprobado la Ley (o lo que, por lo menos, debería hacerlo empezar a pensar en modos de temperar el desastre) es lo que dijo María Elena Chieno. En efecto, Chieno, una diputada Pro Muerte y kirchnerista de Corrientes, se mostró exultante con la idea de la Fecundación Artificial. Ella señaló que: “creemos que con esta política de inclusión venimos a dar un paso más porque esta ley no se queda en la patología que genera la infertilidad, sino que incluye a todos los que por otras causas no pueden procrear”. Traducido: no sólo las personas que estén enfermas pueden acceder a tratamientos de fertilización artificial, ahora puede hacerlo cualquiera. Y en ese cualquiera está incluido realmente cualquiera: parejas homosexuales, mujeres incapaces de conservar relaciones estables, pedófilos que quieran una víctima para someterla, todos los seres menos aptos para la paternidad que existan ahora podrán engendrar a sus propios hijos, y no tendrán que someterse a exámenes psicológicos, entrevistas con jueces, ni nada que pueda llegar a obstruir el proceso.

¿Cómo podrán un hombre soltero o dos hombres aberrosexuales engendrar a un hijo? Pues a través de la compra de óvulos y del alquiler de vientres, lo que resulta ser una falta objetiva contra las obligaciones del amor materno, de la fidelidad conyugal y de la maternidad responsable. Eso, el alquiler y la venta de órganos, no está permitido aún en la Argentina, pero esta ley le abre el camino. 

La propia Presidente Cristina Fernández de Kirchner escribió en Twitter: “La fertilización asistida es ley desde hoy. Más derechos, más inclusión, mejor país. Como les dije, la Década Ganada”. Y luego puso el link a un video en el que se la veía dando un discurso pidiendo por la sanción de la ley y hablando de la necesidad de reformar el Código Civil. ¿Hace falta agregar algo más para demostrar que la sanción de esta ley es una de las cosas más nefastas que le pasó a la Argentina en los últimos cinco años?



Antonella Díaz 

domingo, 2 de junio de 2013

Prudentes como las serpientes, sencillos como las palomas y valientes como los cóndores

La falsificación partidocrática 

El 25 de Mayo pasado el Municipio de Tilcara organizó un desfile cívico-militar para conmemorar un nuevo aniversario de la Revolución de 1810. En el evento participaron numerosos ciudadanos argentinos, once de los cuales lo hicieron bajo el estandarte de la Asociación de Ex-Combatientes Jujeños del Operativo Independencia. Unos días después este hecho fue alertado en las redes sociales, haciendo que un frente de agrupaciones vindicadoras de la subversión y del terrorismo de la década de 1970 se comunicara con la prensa para manifestar su repudio a la presencia de los héroes del pueblo y la nación argentina en los actos oficiales. 

Lo relatado hasta ahora no tiene nada de extraordinario: que las Madres y Familiares de Detenidos-Desaparecidos de Jujuy (Línea Histórica), la Agrupación HIJOS, la Asociación Jujeña de Ex-Presos Políticos y el Centro de Acción Popular “Olga Márquez de Aredez” no deseen que aquellos que vencieron a los malvivientes de sus familiares e ídolos reciban ahora el aplauso unánime de la sociedad argentina es bastante lógico. Sin embargo lo que si es hasta cierto punto asombroso es la reacción de la corporación partidocrática ante la presencia de un humilde grupo de veteranos de guerra.  

Lo que sucedió fue que el Senador Nacional Gerardo Morales, el Diputado Nacional Mario Fiad y el Legislador Provincial Alberto Bernis, es decir los tres hombres más importantes de la UCR jujeña, se encontraban aquel día en el palco oficial del desfile, generando la sensación de que ellos avalan el accionar de los militares jujeños que fueron parte de la Gesta Gloriosa del Operativo Independencia, pues, como era de esperarse, se dedicaron a aplaudir automáticamente a todas las personas que pasaban en frente suyo. Pero, como no podía ser de otra manera, todo se trató en realidad de una mera confusión. Entonces estos ilustres politiqueros chupópteros no tuvieron mejor idea que emitir un comunicado aclarando que bajo ningún punto de vista ellos tendrían jamás la grandeza de reconocer como justa la guerra contra la subversión, y de paso recordaron que la misma agrupación de veteranos desfiló en muchos otros actos cuyas plateas estuvieron mancilladas con la presencia de los miembros del PJ local. 

Como la UCR y el PJ de Jujuy se vieron, de repente, interpelados acerca de su posición sobre los eventos de la década de 1970 por Adriana Aredez –la hija de Luís Aredez (un desaparecido intendente ucerista de Libertador General San Martín)–, las dos fuerzas decidieron utilizar a la Legislatura Provincial para repudiar a nuestros bravos defensores de la argentinidad y deshonrar a nuestro pasado del cual deberíamos sentirnos orgullosos. Así fue que con un Miguel Ángel Tito (PJ) rasgándose las vestiduras para hacer justicia en contra de la “apología a delitos de lesa humanidad” y con un Pablo Baca (UCR) apelando a la memoria parcializada, la corporación partidocrática jujeña decidió quitarles a los veteranos de la guerra contra la subversión su derecho a participar de nuevos desfiles, que es más o menos lo mismo que expulsarlos de la historia de la que son partícipes y denigrarlos como miembros de la Argentina a la cual pertenecen y con la cual han contribuido enormemente. Sólo Agustín Perassi (FPJ) manifestó un mínimo de decencia y trató de defender –aunque muy tibiamente– a aquellos que merecen los más verdes laureles. 

Un asunto provincial, un problema regional, una cuestión nacional

Esta violencia “democrática” en contra de gente que arriesgó su vida, justamente, para defender la democracia que los entronizó a ellos en el poder no es nueva en el NOA. Salta la ha experimentado varias veces. Por ejemplo una situación similar a esta de Jujuy se dio en el año 2008, cuando un subversivo trasnochado denunció a Juan Manuel Urtubey y a Marcelo Lara Gros por no repudiar la presencia de los “Rodillas Negras” en un desfile cívico-militar realizado por el aniversario de la fundación de San Ramón de la Nueva Orán. Los “Rodillas Negras” fueron los miembros del Regimiento 28 de Infantería de Monte cuya presencia en Tucumán fue decisiva para vencer a la guerrilla apátrida en la lucha cuerpo a cuerpo en medio de la tupida vegetación del sur de la provincia. Por supuesto que para el denunciante, un tal David Leiva, los “Rodillas Negras” eran, por el contrario, una banda de mercenarios genocidas que anduvieron asesinando gente a sangre fría en los montes tucumanos porque, según su punto de vista distorsionado, no tenían nada mejor que hacer. 

Más recientemente, Salta tuvo que sufrir la perversidad de unos falsificadores profesionales de la realidad que impulsaron la destrucción del monumento a los Bravos de Manchalá. Con la excusa de que el cóndor que coronaba la escultura les molestaba, al final terminaron arrasando con toda la obra, como si ese hecho alcanzará para convertir a la mentira en verdad. Afortunadamente en Salta un grupo de valientes ciudadanos decidieron agruparse y defender a los Bravos de Manchalá, pues al hacerlo están defendiendo también a la patria de la amenaza más actual: la de los póngidos y cretinos que actualmente nos gobiernan.  

Julio y Mario

En el fondo de la “reacción memorialista” de los partidócratas jujeños (la misma que llevó a Morales, Fiad y Bernis a decir que ellos están dispuestos a participar “de cualquier iniciativa conjunta en línea con los ejes transversales de la lucha por los derechos humanos”, que es lo mismo que admitir que, culturalmente, ellos son tan defensores de la corrupción, la impunidad y la tiranía como cualquier pejotista) está la disputa entre Félix Pérez, el Intendente de Tilcara, y la ya mencionada Adriana Aredez. 

Aredez es una profesional de la victimización. Esta señora vive de lo que gana con una ONG que “defiende los derechos humanos”. Entre sus actividades no sólo están las de promover causas contra militares y civiles que tuvieron algo de protagonismo militar, social, económico o político en la década de 1970, también se ocupa de intoxicar a las generaciones más jóvenes con su pedagogía del odio. Sus mejores discípulos –curiosa o no tan curiosamente– son los perfectos activistas vagos y malentretenidos, candidatos naturales al Vatayón Militante, que al por mayor ha generado el régimen kirchnerista. Uno de ellos, un tal “Patitas”, tuvo la brillante idea de juntar a 40 como él y asaltar una comisaría tilcareña para solicitar que la policía libere a dos compinches suyos que estaban demorados por andar ebrios o drogados en la vía pública; la policía reaccionó como debe reaccionar en esos casos, controlando la agresión a través de diversos métodos. Al día siguiente, Pérez felicitó a las Fuerzas del Orden por su accionar, pero “Patitas” y los suyos lloriquearon ante Aredez –que tiene un vínculo con Tilcara debido a que suele trabajar con la delegación que la UBA tiene en la localidad–; ella juró vengarse de Pérez por no repudiar la agresión a sus acólitos y unos días después, aprovechando la presencia de la Asociación de Ex-Combatientes Jujeños del Operativo Independencia el 25 de Mayo, procedió a demonizar a nuestros héroes de la patria. 

En el comunicado que Aredez remitió a la prensa, se señalaba que no se podía avalar el Operativo Independencia, ya que, por ejemplo, el ciudadano jujeño Julio Rolando Álvarez García había sido torturado en el marco de aquella gesta militar. ¿Pero quién fue este tal Álvarez García? Pues un integrante jujeño de la organización terrorista Montoneros. Es decir que el motivo para repudiar a los héroes del Operativo Independencia sería, para Aredez y los de su comparsa, la voluntad de no ofender la memoria de un sujeto que conspiraba para asesinar y secuestrar gente con el propósito último de dar un golpe de Estado y conquistar el poder.    

No obstante yo digo que si van a recordar a Julio Álvarez García, ¿por qué no recordar a Mario Gutiérrez? Gutiérrez, el Soldado Mario Gutiérrez, era un muchacho nacido en La Quiaca que fue enviado a Tucumán en 1975. El 10 de Abril de 1976, mientras cubría el puesto de centinela de su escuadrón, se enfrentó a un súbito ataque de la guerrilla, cayendo abatido con varios tiros en el cuerpo. Hoy en día una calle en su ciudad natal lleva su nombre en señal de homenaje, pero no es de extrañar que la descendencia de quienes lo asesinaron pida también que se rebautice ese espacio de la república con algo que los haga felices a ellos. 

Lo que queda en claro para los jujeños es que son un rebaño peligrosamente acechado por los lobos, lobos que visten pines con siglas como “PJ” y “UCR”. Entonces a los argentinos patriotas de Jujuy les queda, como dijo el Señor, ser “prudentes como las serpientes” –pues así como algunos salteños se han organizado en su provincia para vindicar al monumento a los Bravos de Manchalá, así también es un deber organizarse para no dejar que se atropelle a los héroes del Operativo Independencia ni se ensucie su buen nombre– y “sencillos como las palomas” –no hay que olvidar que la verdad histórica está de un solo lado, y ese lado no es el de los infames revanchistas, por lo que es preciso sacar a la luz a los hechos tal y como acontecieron para que con su sola presencia consigan destruir a los engaños. Yo agregaría además que, hoy en día, para cualquiera que quiera hacer algo para vivir en un país justo es necesario también ser “valientes como los cóndores”, es decir heroicos como aquellos que pusieron en juego su vida en la selva tucumana para vencer a los que ahora han retornado. 


Zaín el-Din Caballero

sábado, 1 de junio de 2013

La ciudad aterrorizada

Atroz inseguridad

Mayo fue un mes consternante para la ciudadanía de San Pedro de Jujuy. Dos hechos delictivos crisparon el clima social de la ciudad.

El primero de ellos, el más trágico, ocurrió cuando un joven fue asesinado en el barrio 14 de Abril por dos ex-convictos llegados de San Salvador de Jujuy para robarle su motocicleta. En efecto, en horas de la tarde del 4 de mayo, Iván Torres (25) se encontraba en la zapatería en la que trabajaba cuando dos delincuentes lo abordaron en el interior del local, lo golpearon y le quitaron las llaves de su rodado. Torres –en compañía de un hermano y su amigo– salió detrás de los malvivientes, logró entorpecer su huida, pero terminó siendo fatalmente baleado por uno de los maleantes.

El episodio desencadenó la reacción de los vecinos sampedreños, quienes organizaron marchas para solicitar el esclarecimiento del hecho y para pedir mejorar el sistema de seguridad del municipio. A causa de la presión social, el Comisario Francisco Soletta, un par de semanas después, se vio obligado a admitir que la policía de San Pedro carece de personal e insumos suficientes como para cubrir toda el área de la ciudad. Además reconoció que el consumo de drogas peligrosas entre los sampedreños es particularmente preocupante y que su fuerza no puede hacer demasiado para controlarlo.

La cautiva que dejó de serlo

Varios días antes de la confesión de Soletta, San Pedro había recibido horrorizada la noticia de una joven de la localidad que había escapado de un prostíbulo situado en el área de El Bananal.

Todo indica que, el 19 de marzo pasado, las hermanas Mariana (19) y Adriana (13) Suárez acompañaron voluntariamente a un vecino que les ofreció trabajo en la zona de Yuto. Ahora bien dadas las particularidades de este caso, no existe certeza sobre nada de lo que ocurrió después. Según el testimonio de Mariana –la joven que escapó del prostíbulo y retornó a su hogar– el vecino habría convencido a las hermanas para ir hacia el norte del Ramal jujeño para incorporarse a la cosecha de tomates; una vez allí habrían sido sujetadas en contra de su voluntad, hambreadas, obligadas a realizar tareas domésticas y sexualmente abusadas durante varias semanas por los peones rurales que trabajaban en la zona.

Probablemente el relato de la joven sea cierto, pero es también probable que no lo sea enteramente. Es decir, dado que todo se reduce a una cuestión testimonial, resulta casi imposible confirmar todas las declaraciones. Lo que intento señalar es que así como la narración del secuestro puede ser cierta, también puede ser cierto que a la joven le hayan informado desde el principio que iba a ser llevada a El Bananal para ejercer la prostitución, arrepintiéndose luego de haber escogido el prestarse para el desarrollo de esa práctica, lo que habría motivado su huida del lugar. Tanto lo del engaño como lo del arrepentimiento son hipótesis igualmente plausibles y no completamente corroborables.

De cualquier manera resulta ahora muy difícil saber qué paso en realidad, pues la familia de Mariana Suárez está siendo asesorada por ciertas ONGs que, por lo visto, les aconsejan victimizarse, construyendo así un relato en donde todo empieza a verse afectado por un halo de inverosimilitud, pero en el que queda en claro la pobreza que lacera sus vidas y el aparente desinterés de las autoridades por ofrecerles seguridad a las personas más vulnerables.

El hembrismo como obstáculo

Lo curioso es el modo en que se mediatizó el caso de las hermanas Suárez. Mariana Suárez reapareció, pero lamentablemente no lo ha hecho aún su hermana menor. Se barajan varias hipótesis sobre su paradero, siendo la más fuerte la que indica una posible salida de la niña hacia Bolivia (hay que recordar que tanto el dueño de la finca en donde funcionaba el prostíbulo, como la mayoría de los detenidos acusados de proxenetismo y el grueso de los clientes que visitaban el lugar son de nacionalidad boliviana). Esto alimenta la paranoia que manipulan los grupúsculos sinárquicos hembristas de San Pedro.

Penosamente la pequeña Adriana se encuentra en las garras de la incertidumbre. Más allá del peligro de la explotación sexual o laboral que denuncian las hembristas, esa niña corre el riesgo de devenir narcomula o, peor aún, fuente de órganos listos para ser traficados. Basta un comprador dispuesto a desembolsar una alta cifra para que Adriana abandone para siempre los prostíbulos. La campaña hembrista para recuperar a Adriana debería apuntar en esa dirección, porque si bien el robo de órganos es poco frecuente, éste es un delito que existe.

Y esto es quizás lo que más requiere de discusión. Porque las sinarquías hembristas, por una cuestión ideológica, convierten estos casos en batallas dentro de las guerras contra los ejércitos de machistas recalcitrantes –los cuales, desde hace siglos según su opinión, estarían llevando a cabo una campaña en contra de las mujeres con el objetivo de humillarlas, maltratarlas y esclavizarlas para mantener vigente el orden mundial falocéntrico. Ante invenciones de este tipo, la realidad, como era de esperarse, se diluye, y la Justicia se obstaculiza.

A lo que voy es que la perniciosa influencia contemporánea de las hembristas hace que todo caso en donde haya desaparecido una mujer se convierta en un episodio en el que están involucrados proxenetas. Vale decir lo que las hembristas hacen es “sexualizar” las desapariciones (del mismo modo en que en este país, durante el segundo lustro de la década de 1970, a las desapariciones se las politizaba).

Al sexualizar la desaparición el género masculino es presentado como un género despreciable al que le urge ser castrado. Al desexualizarlo, en cambio, sale a la luz la verdadera inseguridad que acecha a la gente decente de nuestro país. Quiero decir, el ver las cosas desde una perspectiva realista facilita la comprensión de lo que verdaderamente nos está sucediendo, lo que simplifica el diseño de estrategias para protegernos de aquello que nos amenaza.

Para un enfoque realista sobre la desaparición de Adriana Suárez sirve, por ejemplo, pensar en los delincuentes que la retienen como seres humanos y no como bestias machistas que sólo gastan su tiempo en pensar las diversas maneras de torturar a mujeres inocentes (que es la versión que de estos personajes dan las hembristas). Así se podrá ver que resulta menos conflictivo para un delincuente liberar a la joven buscada y alejarse de donde está, que llevársela consigo y arrastrar el problema a su nuevo aguantadero. Si la niña está en un prostíbulo del norte de Salta, no es tan complicado para la policía encontrarla, ya que ésta probablemente sepa de todos y cada uno de esos lugares y pueda acercarse a comprobar si la niña está o no allí. Por ello la hipótesis sobre la huida a Bolivia es la más fuerte (la otra hipótesis igual de fuerte es que ya haya reaparecido pero, por alguna causa obscura, la noticia no haya llegado a las autoridades). Y si la niña está allá en Bolivia y no aquí en Argentina, el riesgo de devenir víctima del tráfico de órganos es altísimo. Y las víctimas de ese delito no son exclusivamente las mujeres. Por ello es tan importante relanzar la campaña para dar con el paradero de Adriana Suárez, restituyendo a la niña a su hogar y ganándole de paso la batalla cultural a las delirantes, mezquinas y malintencionadas hembristas.

Secuestros inexplicables

Lo que remató el pánico en San Pedro fueron los insólitos casos de secuestros de niños denunciados en la última quincena. Esto si requiere de un análisis verdaderamente profundo y de una interpretación realmente adecuada.

Hay denuncias sobre varios episodios extraños. El primero de ellos lo habría padecido un menor de 11 años, de sexo masculino, que fue presuntamente secuestrado en las inmediaciones de la Escuela Nº 217 “Aeronáutica Argentina” por dos hombres –que se desplazaban en un vehículo ya supuestamente identificado–, y que fue liberado al poco tiempo en la zona de San Lucas. El segundo secuestro denunciado involucra a otro menor, también de sexo masculino, que, en las inmediaciones del Club Sociedad Tiro y Gimnasia, fue abordado de manera similar a la descrita anteriormente y fue liberado en las cercanías del Club Atlético San Pedro. Ambos casos están siendo investigados por la Fiscalía Nº 10 de San Pedro.

La Fiscalía, a su vez, ha decidido no proseguir con la investigación de otras denuncias recibidas. Una de ellas tiene como protagonista a un niño, de 11 años y de sexo masculino, que mantuvo un peculiar diálogo con un remisero que pretendía persuadirlo para que suba a su auto diciéndole que sus padres lo habían enviado a buscarlo, cosa que el niño descreyó y lo motivó a telefonear a sus progenitores para desechar la versión del desconocido. Probablemente esto no sea más que una confusión por parte del trabajador que desembocó en un momento de nerviosismo para el niño y sus padres. 

Pero la denuncia que llama la atención poderosamente es aquella que habla sobre una niña que, dirigiéndose a la Escuela Nº 201 “Salvador Canuto Martínez”, fue interceptada por una camioneta negra de la que se bajó un hombre –cuyo rostro estaba cubierto por un pasamontañas– que la introdujo al vehículo y se la llevó consigo a toda prisa. Esta denuncia cuenta con un número considerable de testigos, pero la Fiscalía la descartó después de que se presentó en el establecimiento educativo y realizó un escrutinio de resultado negativo con todos los padres del alumnado para identificar a la menor desaparecida.

La pregunta es: “¿quién está detrás de estos raros sucesos?” Por ahora no se puede más que especular, pero aún así es factible hacerlo dentro de un marco de posibilidades verosímiles. Será necesario entonces preguntar: “¿quién se beneficia con los secuestros o simulacros de secuestros de menores en San Pedro?” Descartando a una red de trata o tráfico de personas –debido a que no es convincente el hecho de que procedan delinquiendo a plena luz del día en lugares públicos y luego se arrepientan extrañamente–, hay que explorar otras opciones.

Se puede pensar, en primer lugar, que los secuestradores serían algún tipo de vándalos que han llevado lo suyo a niveles exagerados. Mientras otros andan pintando paredes o rompiendo el alambrado público, estos vándalos montarían escenas de secuestro para alterar a la sociedad sampedreña por razones vinculadas a sus desvaríos psicológicos.  

Otra posibilidad es que haya algún tipo de trama política detrás. Considerando que este año es un año de elecciones, los secuestros estarían apareciendo en el escenario municipal o bien para manchar la gestión del oficialismo en materia de seguridad o bien para inventar un mal que luego –gracias a las acciones positivas de los que controlan el poder– quedaría completamente erradicado.

Una tercera opción sería la de las hembristas. En efecto, estas organizaciones bien podrían estar sembrando el pánico para conseguir mayor eco para sus causas. La idea poco creíble de que hay dando vueltas vehículos que transportan a personas dispuestas a hacer secuestros súbitos y azarosos es la piedra basal del discurso social hembrista de la actualidad. Es por ello que esta hipótesis, más que las otras, debe ser revisada a fondo y en primer lugar.  



Ángela Micaela Palomo

jueves, 16 de mayo de 2013

Salta y Gomorra

El funcionaria

El gobierno salteño sorprendió este mes al incorporar al Ministerio de Gobierno a un transexual conocido como “Mary Robles”, quien desde el año pasado posee un DNI que lo sindica como mujer (pese a que la naturaleza dice lo contrario). Robles no ostenta el mérito de ser el primer aberrosexual que obtiene un cargo de funcionario del Estado de Salta, pero ciertamente si tiene el mérito de ser el más grotesco de ellos. Más allá de ello hay otras cosas que llaman la atención.

Para empezar hay que señalar que el Decreto 1275/13 –el cual otorga el cargo (con categoría 5) a Robles– es un claro atropello de la Ley Provincial 6.583, la cual sostiene que para que un nombramiento sea efectivo requiere de la aprobación de diversos organismos estatales y no sólo de la firma del Gobernador y del Secretario General de Gobernación como pasó en este caso.

En segundo lugar está el asunto de su trabajo: en declaraciones a la prensa, Robles admitió que no sabía exactamente en donde iba a trabajar, lo que nos permite inferir que no tiene muy en claro para qué se le dio el cargo.

Pero lo que causa mayor preocupación en este tema es el hecho de que Robles parece muy comprometido con el abordaje de la problemática de la prostitución, pero desde la clara intención de promover esa actividad en lugar de trabajar para erradicarla. El nuevo funcionario ha sostenido que su deseo es que los hombres travestidos puedan acceder a más oportunidades educativas y laborales, mas, al unísono, está pidiendo una revisión del Código de Contravenciones para quitarle a la policía las facultades que les sirven para obstaculizar el desarrollo del comercio sexual en el territorio provincial. O sea que Robles llega para aparentar inclusión y para cabildear a favor de la decadencia moral, tiene la tarea de caretear para satisfacer a los dedehachehachistas (y a los demás murgueros de esa calaña) al mismo tiempo que debe oficiar de vocera de los proxenetas y dealers locales.

Un caballo de Troya elegebetista

El aberrosexual Robles en el plantel de funcionarios de Urtubey es sólo una pequeña pieza de un plan mucho más ambicioso de las sinarquías elegebetistas que pretenden controlar a Salta. Los signos de la perversión y de los perversos comienzan a multiplicarse cada vez más velozmente en la que alguna vez fuese la orgullosa tierra del General Güemes.

Si se revisan los archivos de la actividad parlamentaria provincial se observará que también este mes, y por fechas que coincidían con la designación de Robles al ministerio público, la Cámara de Diputados de Salta aprobó un proyecto sobre la lucha contra el “bullying” en las escuelas. Esta iniciativa fue promovida por el diputado provincial Lucas Godoy, quien textualmente dijo en declaraciones a una radio: “obviamente en el proyecto no utilizamos esa palabra [se refiere a “bullying”] porque es de origen inglés y no corresponde”. Esto, que parece una cuestión irrelevante, en realidad es trascendental, pues explica claramente de qué se trata todo esto.

El “bullying” es sólo un vestido nuevo para una realidad muy vieja. La violencia en las escuelas, la agresividad entre los niños y entre las niñas, es algo que siempre ha existido, pero últimamente ha adquirido niveles alarmantes. Año tras año se ve aumentar el número de jóvenes indisciplinados que generan rutinas de agresión contra aquellos pares a los que perciben como vulnerables e indefensos. Es que se está en presencia de un círculo vicioso que se acrecienta en lugar de decrecer, lo que hace que una generación estropeada engendre a otra que se desarrolla en peores condiciones, la cual, a su vez, terminará produciendo a una nueva generación de náufragos y anómicos cada vez más insalvables.

Pues bien, lo interesante aquí es la moda de darle un nombre foráneo (“bullying”) a algo que ya tenía un nombre vernáculo (“hostigamiento”) pero con el defecto de tener una presentación mucho más pobre. Pareciera ser que los principios básicos de la mercadotecnia son los que operan en este asunto: algo que era archiconocido por todos pasa a recibir un empaque novedoso sólo para recordarle a la gente que está allí, listo para ser consumido. Es lo que sucedió con, por ejemplo, el uxoricidio, que en sólo unos años fue rebautizado con el displicente anglicismo de “femicidio” y logró colarse en el habla popular y en el rediseño de legislaciones.

“Femicidio” o “bullying” no son términos que sólo denotan algo, también lo connotan. Es decir esas palabras no sólo nombran a una acción, sino que también la valoran y, en consecuencia, la jerarquizan. Un uxoricida era antaño un hombre que había matado a su mujer en algún penoso episodio generado por los aconteceres de su vida privada, ahora ese mismo hombre resulta ser un “femicida”, es decir una bestia que odia todo lo que no sea fálico y que se cree dueño de todo aquello que posea una vulva. Del mismo modo un hostigador era en el pasado un cretino que empleaba su tiempo para molestar a quienes eran más débiles que él, mientras que ahora ese personaje se llama “bully” y tiene la particularidad de –“por ignorancia”– haber convertido a “lo diverso” en su blanco de agresiones, atacando especialmente a los que tienen inclinaciones aberrosexuales. Porque no nos engañemos: el concepto de “bullying” desembarcó en nuestro país desde las usinas de subversión anglosajonas para ayudar a que los jóvenes argentinos distorsionen sus miradas sobre la aberración sexual al punto tal de perder la capacidad de distinguir lo verdadero de lo falso.

Y si lo que digo suena exagerado, basta con recordar algo reciente para cambiar de opinión: el año pasado nada más y nada menos que la propia Embajada de EEUU financió la presentación en la provincia de Salta de un grupo musical llamado “Betty”, compuesto por tres lesbianas hembristas que, tras haber expuesto su abominable “arte”, fueron invitadas a dar charlas sobre el mentado “bullying” en diversas escuelas de esta parte del mundo. Las de Betty vinieron a vender música y terminaron adoctrinando en su culto a nuestros jóvenes.

La guerra contra el “bullying” parece algo noble e incuestionable, pues en los últimos tiempos todos hemos visto –gracias a la magia de los celulares– una infinidad de videos de niños y adolescentes tratándose con una violencia espeluznante. Pero lo que la Embajada Norteamericana y los políticos mamporreros como Godoy proponen poco tiene que ver con la eliminación de un mal contemporáneo, pues, por el contrario, lo que ellos pretenden es aumentar el conflicto con el fin de atomizar a nuestra sociedad, para que allí en donde debiese de haber un ciudadano crítico con valores sólidos solamente haya un bobo consumidor con ganas de arruinarse la vida y complicársela a los demás.  

Los predadores al acecho

En estas últimas semanas la comunidad de Metán se enteró de la presencia de un depravado que oficiaba de entrenador de un equipo de fútbol con el objetivo de poder seducir a niños de entre 10 y 12 años para abusar sexualmente de ellos. Obviamente fue enorme la indignación de la gente. Sin embargo ese aberrosexual sólo hacía lo que muchos aberrosexuales normalmente hacen: abusar de los inocentes.

Así como la mayoría de los hombres travestidos ejercen felices y orgullosos la prostitución, así también la mayoría de los homosexuales (entre los que se encuentran, claro, un buen número de esos travestidos) ultrajan infantes, niños, púberes y adolescentes sin sentir la menor culpa por ello. Algunos lo hacen ocasionalmente, pero hay otros que se dedican a ello a tiempo completo.

Es que la homosexualidad masculina es altamente traumática. El acto de iniciación implica la antinaturaleza, ya que el recto fue diseñado para la expulsión de objetos y no para su introducción (por ello no posee una lubricación natural). Entonces el hombre homosexual se ve sometido al dolor, en un acto que supuestamente debería de darle placer. Esa oscilación entre dolor y placer en el homosexual se mantiene durante el resto de su vida, y es por ello que este tipo de hombre cae en la enfermedad. Enfermos como están, entonces, son capaces de volverse tóxicos y peligrosos.

Actualmente la tendencia cultural y educativa es pretender obviar esto. En Metán, el niño que denunció al pederasta se sintió lastimado e incomodado. Me temo que en un futuro no muy lejano, gracias a la avanzada aberrosexualista, un niño que sufra lo mismo no se anime a alzar su voz, confundido en lo más elemental después de haber padecido el más perverso adoctrinamiento.  


Antonella Díaz

miércoles, 15 de mayo de 2013

La verdad sobre el caso Nuria Nieva Ocampo

Nuria la Espuria

Nuria Nieva Ocampo es una madre veinteañera que en el mes de enero desapareció de su hogar de San Salvador de Jujuy, y reapareció unas horas después en Libertador General San Martín pretextando haber sido secuestrada. El relato de su supuesto secuestro estaba tan lleno de contradicciones e inverosimilitudes que bastaba un poco de indagación para concluir como hace unos días concluyó la Fiscalía que investigaba el caso: el evento denunciado nunca pasó, al menos no como la autora pretendía hacernos creer que pasó. Por tanto, en la actualidad, la opinión mayoritaria sobre Nuria Nieva Ocampo es que ella no es más que una vil embustera. Un poco de revisión sobre el asunto determina que la mayoría, esta vez, ha dado en el clavo.

El móvil

¿Por qué una mujer mentiría sobre algo como esto? Difícil saberlo con exactitud, pero todo indica que lo de Nieva Ocampo habría sido un montaje para llamarle la atención a alguien, probablemente a su pareja. Es decir, al poco tiempo de reaparecida –y tras la gran repercusión que tuvo el caso– se supo que ella mantenía una relación muy frágil con su novio, lo que, en las semanas previas a la fugaz desaparición, habría motivado el desarrollo de un macabro historial de envío de mensajes de texto anunciándole su deseo de suicidarse. Es muy probable, por tanto, que la historia del secuestro la haya inventado Nieva Ocampo con la intención de sensibilizar a su insensibilizada pareja, esperando luego obtener el diálogo que de otra manera le era negado. Muchas veces, cuando la mente está enceguecida por los calores de la pasión, las personas hacen estupideces.

Lo polémico empezó cuando la ficción de Nieva Ocampo comenzó a circular por las redes sociales y llegó hasta los medios digitales jujeños –siempre ávidos éstos de hacerse eco de lo que se está hablando en las calles–: algo que estaba pensado para impactar en unas pocas y selectas personas, terminó después convirtiéndose en un asunto de preocupación pública.

Paranoia e histeria

En estos días está muy instalada la idea de que es muy probable que hayan vehículos no identificados merodeando en las calles argentinas con el propósito de servir de instrumento para el rapto y la desaparición de mujeres desprevenidas. En la década de 1970 una leyenda urbana similar circulaba, pero se decía en aquel entonces que quienes tenían grandes chances de desaparecer eran aquellos que estaban vinculados a agrupaciones subversivas. La diferencia entre una y otra ficción, es que antaño se pensaba en el desaparecido como un culpable que recibía una suerte de castigo propinado por las Fuerzas del Orden debido al estilo de vida que llevaba, mientras que ahora se piensa en la desaparecida como una víctima inocente que padece la desgracia de haberse cruzado con un poder perverso que lucra con la denigración humana.

No estoy diciendo que hace unas décadas atrás no hayan habido operativos para detener gente de manera subrepticia, pero si estoy diciendo que los mismos no se realizaban azarosamente: los subversivos “secuestrados” caían tras ser exhaustivamente investigados, pues los protectores de la patria no apuntaban en contra de inocentes. Las mujeres que dicen ser secuestradas ahora –al menos unas cuantas de entre ellas– sostienen que vivieron el infortunio de haberse convertido en objetivo de los delincuentes sin haber hecho ningún mérito para ello, similar a como sucedía en el siglo XIX con los malones indios que visitaban las localidades más vulnerables de la campiña pampeana y se llevaban consigo a la madre, a la hermana o a la hija de alguien como botín.

Es tan potente y redituable el mito de las pobrecitas cautivas contemporáneas que se ha vuelto común que pululen las ONGs hembristas que defienden a capa y espada a aquellas mujeres de las que se duda de la veracidad de sus relatos sobre desaparición y/o esclavitud. En este aspecto se suelen desatar verdaderas olas de histeria femenina, que se manifiestan a través de indignados y furibundos comunicados de prensa.

La desestimación de la denuncia del caso de Nuria Nieva Ocampo produjo su correspondiente escuadrón de defensoras, que no dudo de poner en duda el trabajo de la Fiscalía y tejer subsiguientemente una serie de teorías conspirativas para demostrar que la verdad está de su lado.

La mala fe de Mariana Vargas o la falta de argumentos válidos

Fueron varias las agrupaciones izquierdistas y dedehachehachistas que salieron a defender a Nuria Nieva Ocampo, pero fueron las fanáticas hembristas las que más intensamente lo hicieron. Éstas denunciaron que funcionarios del Estado provincial estarían interesados en ocultar la existencia de redes de trata de personas en Jujuy (especulando con el hecho de que, probablemente, alguien del Poder oficial estaría vinculado a las organizaciones delictivas).

La abogada Mariana Vargas –que es la cara más visible del extremismo hembrista en la provincia– realizó una conferencia de prensa para criticar a la Fiscalía que investigó el caso, enfatizando dos asuntos: la metodología aplicada para sacar conclusiones y la hipermediatización del proceso.

Sobre lo primero la letrada cuestionó que las acciones de la Fiscalía tuvieran por objeto el poner a prueba la veracidad de las declaraciones de Nieva Ocampo en lugar de averiguar si la narración de la denunciante tenía algún tipo de correlato real. Al parecer a Vargas le cuesta aceptar que el refutacionismo es un modo completamente válido para proceder en un escenario como el planteado por Nieva Ocampo.

Ahora bien con respecto a lo otro, vale decir con respecto al papel de los medios masivos de comunicación en el desarrollo de la investigación judicial, Mariana Vargas aseguró que no se respetaron los procedimientos regulares que instan a proteger la intimidad de la víctima. Quizás aquí parezca más coherente la postura de Vargas, ¿pero cómo mantener silencio sobre algo que conmocionó a la sociedad? Quiero decir, cuando se supo que Nieva Ocampo podría estar secuestrada, su imagen inundó las pantallas de las computadoras en sólo unas pocas horas. Y cuando se supo que estaba a salvo y que, aparentemente, habría sobrevivido a una espeluznante aventura, la gente solicitó mayor información sobre el tema, confiada en que podían colaborar para detener a los maleantes o aterrorizada con la posibilidad de convertirse en víctimas de los mismos personajes. El silencio no era una opción en un caso como este; exigirlo es obrar de mala fe.

¿En el lugar equivocado y en el momento equivocado?

Se suele decir que cuando alguien sufre una desgracia sin haber incurrido en un comportamiento irresponsable se estaba “en el lugar equivocado y en el momento equivocado”. Esta sentencia, sin embargo, no se aplica a Nieva Ocampo, pues se sabe ahora que su denuncia no es más que una maraña de mentiras.

De todos modos este episodio de Nieva Ocampo sirve para traer a la luz el tema de las denuncias sobre secuestros y el ejercicio de la prostitución. Las hembristas de la ONG a la que pertenece Vargas, promoviendo su teoría de que habría una conspiración gubernamental para negar la existencia de la trata de personas organizada en Jujuy, invocaron un caso reciente en el que dos jovencitas desaparecieron de sus hogares en San José del Bordo y una de ellas reapareció más de un mes después en San Pedro denunciando haber estado en una finca cercana a Yuto, en donde era obligada a trabajar en tareas domésticas y sufría del abuso sexual por parte de unos bolivianos que también trabajaban allí. Lo que las hembristas no señalan es que el secuestro no fue una maniobra para incorporar a las jóvenes en una red de prostitución, sino que todo se trató, al parecer, de un engaño o de una confusión. Y agrego lo de “al parecer” porque este caso en particular tiene algunos detalles que sería mejor no pasar por alto (uno de ellos, por ejemplo, es el hecho de que las jóvenes bordenses no fueron secuestradas violentamente, sino que sólo fueron retenidas en contra de su voluntad en la finca, después de que un vecino cercano las llevase allí tras ofrecerle una oportunidad de empleo en el campo; seguramente las jóvenes no sospecharon que un grupo de hombres las violentarían aprovechándose de su debilidad física).

A lo que voy con esto es que cada denuncia de una mujer debe ser tomada en su singularidad, puesto que la misma demuestra que la ola de una violencia sistematizada en contra de las mujeres no es más que una fantasiosa película de terror con un guión muy burdo: hoy en día algunas mujeres fantasean con vampiros y otras con proxenetas. Es decir una cosa es aceptar que a una mujer le ofrecen ser prostituta y luego se arrepiente de ello al darse cuenta de que esa experiencia no es nada fácil de llevar, y otra cosa es tener que afirmar que hay un aparato mafioso que toma a amorosas amas de casa o a brillantes estudiantes universitarias y las transforma en muñecas inflables que respiran.

Se podrían hacer numerosas preguntas sobre el episodio narrado por Nieva Ocampo: ¿cómo la eligieron a ella? ¿por qué Nieva Ocampo y no otras mujeres más frágiles, más agraciadas, más abandonadas? ¿en qué pensaban los secuestrados al intentar llevarse a una mujer de clase media con una familia protectora detrás en lugar de elegir a alguien más vulnerable? ¿por qué los secuestradores la querían para prostituirla a cambio de dinero y no para encerrarla durante años para entretenimiento personal como nos enteramos hace poco que pasó en EEUU? ¿por qué no la violaron?

Los interrogantes se multiplican, pero las respuestas poco importan. Lo que importa es que Nieva Ocampo no puede seguir manteniendo su mentira. Las hembristas maldecirán, patalearán y dirán que el perverso patriarcalismo aún impera en nuestro siglo XXI o alguna sandez semejante, pero al final del día habrán perdido la batalla que impulsan, porque podrán manipular los discursos pero no los hechos.   


Ángela Micaela Palomo

lunes, 22 de abril de 2013

Masacres impunes

El diario La Gaceta informó que el pasado 10 de abril se realizó un aborto a una niña de 11 años en el Instituto de Ginecología “Nuestra Señora de las Mercedes”, conocido popularmente como “La Maternidad” de San Miguel de Tucumán. Al parecer, esta niña había sido violada por su padre y estaba atravesando el quinto mes de su embarazo.

Semejante manifestación de brutalidad tuvo lugar debido a que los sicarios que trabajan como profesionales de la salud se ampararon en el infame fallo FAL, el cual habría servido anteriormente para dar muerte, al menos en dos oportunidades, a otros niños en el mismo hospital. Sin embargo hay una discusión en torno al alcance real de ese fallo: Tucumán debería haber elaborado un protocolo para el abordaje de posibles casos de aborto a víctimas de violación para evitar así situaciones confusas; pero tal protocolo no existe y –según declaraciones de algunos políticos– no habrá de existir, al menos no por ahora. Por tanto no se sabe bien que sucederá con los sicarios.

Este episodio sólo deja en evidencia la facilidad con la que se puede asesinar a niños indefensos en Tucumán y salir impune de ello. Y si piensan que exagero, hay que recordar que unos días después del asesinato en la Maternidad, los jueces Juana Juárez, María del Pilar Prieto y Emilio Páez de la Torre condenaron a siete años de prisión a Mirtha C., una desalmada mujer que dio a luz a su hija en el monte y la dejó abandonada allí para que las bestias la devoren.

Lo indignante de ese caso no es la condena ridículamente pequeña por un crimen tan aberrante, sino que lo que hace decepcionarse de la justicia a la ciudadanía es que a esta asesina se le concedió prisión domiciliaria bajo la excusa de que la necesitaba para criar a la hija que tiene ahora (y a la cual decidió dejar con vida, quizás para conseguir beneficios carcelarios). Por tanto el pueblo de Tucumán le pagará unas cómodas vacaciones a alguien que optó por darle una muerte espantosa a una criatura inocente e indefensa, del mismo modo que mes a mes le paga una buena suma de dinero a un grupo de médicos que se dedican a acabar con la vida en lugar de salvarla.


 Antonella Díaz

viernes, 5 de abril de 2013

La religión desaconsejada

Bancas calientes y cerebros fríos

Dante Bernacki es un sacerdote católico muy conocido en la ciudad de Salta. En las últimas semanas el Padre Bernacki se convirtió en objeto de linchamiento verbal por parte de un buen número de miembros del Concejo Deliberante de la Ciudad de Salta. Todo se desencadenó a partir de un pedido de opinión que una radio local le hizo al cura sobre el proyecto de la concejal Socorro Villamayor que proponía prohibir el uso de pirotecnia durante el desarrollo de manifestaciones religiosas. Bernacki –quizás para evitar entrar en una polémica de una índole distinta– sostuvo que el Concejo Deliberante debería de ocuparse de otro tipo de cuestiones para dejar de ser una fábrica de futilidad, por lo que pidió que no intervengan en el arbitraje de costumbres y que si, por el contrario, trabajen más en la creación de soluciones para aquellos que carecen de lo que les permitiría mejorar su calidad de vida. También deslizó que si hay un lugar propenso para el ejercicio de la corrupción ese es el Concejo Deliberante, y citó -confundiendo quizás el rol del cuerpo legislativo municipal con el del ejecutivo- el caso de aquellos edificios que exceden el alto permitido y por obra y gracia de Don Dinero permanecen intactos después. 

La reacción de los concejales fue, como mínimo, bochornosa. Socorro Villamayor, Frida Lardies y Zulma Pedraza se sintieron ofendidas por las palabras del sacerdote, y Martín Ávila –como siempre al borde de la estulticia– temió que la crítica de Bernacki fuese un intento de golpe de Estado y llamó a consolidar las instituciones democráticas. La trotskista Gabriela Cerrano no cerró el ano y afirmó que la Argentina sufre el acoso del clero católico que quiere apoderarse del gobierno. Pero las reacciones más imbéciles (más imbéciles aún que la de Ávila y Cerrano) fueron las de César Álvarez y Tomás “Turi” Rodríguez, dos curtidos dirigentes del oficialismo local. Álvarez y Rodríguez acusaron a Bernacki de querer saltar a la arena política, pero no para jugar con ellos sino en contra de ellos (Rodríguez hasta no se privó de tildar al cura de “neoliberal” y “opositor”). 

Esa actitud corporativa de una piara de calientabancas dejó en el limbo la discusión de fondo: los insoportables petardos que afloran una y otra vez durante las procesiones en honor a la Virgen de Urkupiña. Es claro que al Padre Bernacki –un hombre cercano a la pentecostalista Renovación Carismática– le preguntaron por un tema en su investidura de religioso y terminó contestando como un mero ciudadano más, desviando con ello el núcleo de la discusión. La respuesta de los concejales, para ser digna, debió de haber girado en torno al tema que se discutía, pero su actitud fue tan propia de gente que padece enanismo mental que terminaron estrellándose en el ridículo. 

El Señor que cobra

Javier Wayar, un concejal de La Merced, consiguió que la fiesta del Señor de Sumalao pase a ser organizada por capitales privados. Al parecer el proyecto nació ante la necesidad de corregir las ineficientes finanzas del municipio gobernado por el pejotista Juan Ángel Pérez. 

La celebración católica convoca anualmente a más de cincuenta mil personas que se acercan a venerar la legendaria pintura que una terca pero inspirada mula dejó en la provincia. El municipio de La Merced tiene la responsabilidad de llevar a cabo el evento, facilitando el acceso a los peregrinos y brindándoles servicios básicos de asistencia y seguridad para poder honrar a Dios sin sufrir por ello. Empero Pérez sostiene que su oficina no está en condiciones de afrontar los elevados gastos (con dinero que sale de los bolsillos de los contribuyentes de La Merced), por lo que la idea de privatizar la fiesta no parece tan descabellada como parece.  

Esperemos que la medida tomada sirva para que los vueltos que desaparecían en las postrimerías de la fiesta sean a partir de ahora una historia del pasado y que los nuevos organizadores aprovechen para quitarle a la celebración todo lo relativo al denigrante "turismo religioso" y enfaticen el carácter sacro del evento. Si así no sucede, entonces Wayar y los demás concejales habrán metido al Templo a los mismos mercaderes que Cristo expulsó a latigazos. 

Una voz en el desierto

Afortunadamente no todos los concejales de Salta son ineptos u oportunistas a la hora de legislar en cuestiones que conciernen a la religión. Aroldo Tonini es un claro ejemplo de político cristiano o, mejor dicho, de cristiano político. Pero, al parecer, ser miembro de una mayoría en la Argentina es algo imperdonable para aquellos que no son parte de la misma pero que quieren parasitearla desde adentro y dominarla desde afuera. A raíz de ello, este concejal sufre la demonización de su figura.

En los últimos tiempos Tonini fue atacado por su estupenda propuesta de declarar a Salta una ciudad “Pro Vida”. Se infiere por ello que en Salta hay numerosos cultores de la muerte, es decir que Salta está infestada de genocidas que no sólo tienen voz sino que también tienen voto. 

A Tonini lo acompañó un puñado de valientes concejales (Martín Pérez Estrada, Carlos Zapata, Ariel Burgos y Raúl Medina) y el resto lo rechazó. Silvina Abilés, una concejal oficialista, sostuvo que el no aprobar el proyecto de declarar a Salta “Pro Vida” no hacía de los legisladores unos políticos “Pro Muerte”. ¿Entonces que son? Si alguien me puede contestar ello sin caer en la tontería estaría muy agradecido. 

“Turi” Rodríguez, en una de sus habituales demostraciones de imbecilidad, afirmó que lo de declarar a Salta “Pro Vida” es un disfraz misógino cuyo único objetivo es impedirle a las mujeres salteñas el derecho a la planificación familiar. Semejante estupidez se cae por su propio peso, pero siempre es útil aclarar la situación por si alguno no tiene la rapidez mental como para comprenderla: Tonini, al pedir que se prohíba y se repudie todo tipo de práctica abortiva en el municipio de Salta, está pidiendo que la vida engendrada sea respetada y que las mujeres puedan planificar cómo desean que sean sus familias sin recurrir al brutal homicidio para ello, por lo que también este concejal habla regularmente sobre la importancia de las adopciones.  

De todos modos quizás el argumento más ridículo en contra de la iniciativa de Tonini fue escrito por una pluma progrecínica y publicado en El Intransigente. Allí, por supuesto, se usa como agravio el parecer un medieval (¡pobre Le Goff!) y luego se acude al artículo 19 de la Constitución Nacional ¡para defender el aborto! Parece increíble que el kirchnerismo haya calado tan hondo en la cultura nacional que ahora muchos “iluminados” hasta se dan el lujo de ir en contra del sentido común más elemental y aún así ser publicados en la prensa: el aborto no puede ser una elección personal cuyo juzgamiento está reservado sólo a Dios por el simple hecho de que, para abortar, una mujer recurre a alguien más (a un médico, a un farmacéutico, a un manochanta, etc.) y ejecuta a un niño o a una niña que no tiene forma alguna de defenderse, por lo que jamás en un episodio de aborto hay únicamente una persona sola.    

La acción de Tonini tiene el mérito de ser religiosa. Pero hoy en día ser religioso, es decir estar ligado al Bien, a la Verdad, a la Belleza, pareciera ser que es una suerte de impedimento para legislar. Los denostadores de Tonini quieren un mundo de Maldad, Falsedad y Fealdad, una existencia vacía, y una Patria decadente. 



Francisco Vergalito