La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

viernes, 19 de septiembre de 2014

La indiferencia es letal

Un botón rojo para salvar al mundo

Finalmente el gobierno de Salta sucumbió ante las presiones hembristas y declaró la famosa “emergencia de género”. En realidad la medida llegó como respuesta al horrendo asesinato de Abigail Antero: en Yacuiba, Bolivia, se halló el cuerpo sin vida de la joven Antero de 17 años que vivía en Salvador Mazza; el cadáver tenía el rostro desfigurado y los genitales mutilados, además de presentar varios traumatismos en el tórax. La hipótesis inicial señaló a su entorno como sospechoso, y así se concluyó que el Estado no había garantizado la integridad física de la mujer. Más lógico es que se hubiese reaccionando con algún tipo de medida contra Bolivia (Abigail desapareció tras haber avisado en su casa que cruzaría la frontera para comprar ropa), pero en lugar de buscar al enemigo externo se apuntó contra el enemigo interno, porque esa es la moda de hoy en día -si no se hubiese hallado el cadáver en estos momentos se estaría difundiendo casi con absoluta convicción que la mujer fue víctima de una siniestra e invisible "red de trata de personas".

En el pasado mes de junio Martín García Caínzo, Secretario de Derechos Humanos de la Provincia de Salta, le señaló a la prensa que era ridículo declarar una emergencia ante la violencia que sufre la mujer, porque las declaraciones de emergencia son para darles una solución urgente a problemas que surgen circunstancialmente, y la violencia que sufre la mujer es un tema complejo que está instalado de modo estructural en la sociedad argentina. Acto seguido sostuvo que el gobierno salteño tenía un programa de prevención, asistencia y seguimiento para mujeres violentadas que, a largo plazo, arrojaría resultados positivos. Era sólo cuestión de esperar.
  
Empero a principios de septiembre parece que el gobierno cambió de opinión e hizo lo que García Caínzo dijo que no se haría. La declaración de “emergencia de género” se produjo a través de un decreto del Gobernador Juan Manuel Urtubey, que la Cámara de Diputados local refrendó. La mentada disposición ordena crear nuevos juzgados dedicados a lidiar únicamente con casos de violencia doméstica, proyecta construir albergues para las mujeres víctimas de la violencia y para sus hijos, plantea instalar botones antipánico a lo largo y ancho del territorio provincial, y convoca a las ONGs a acercarse al Estado para colaborar en tareas de contención social y transformación cultural. El DNU señala, además, que los juicios por violencia doméstica serán sumarios, se hará todo lo posible para mantener la confidencialidad de cada caso y a la mujer se le garantizará un trato humanizado para que la víctima no se sienta absorbida por una burocracia inescrupulosa que la trata como un expediente y no como una persona.

Uno se pregunta: ¿por qué el Estado quiere hacer tanto por esas mujeres víctimas de los que ellas eligieron como parejas, y, a su vez, hace tan poco por quienes fueron elegidos por victimarios que los asaltaron en las calles o aun es sus propias casas? Los oficialistas y los opositores coincidieron en subrayar la importancia que esta medida tiene para acabar con la “cultura machista”, la cual, al parecer, afecta a nuestro país (¿acaso no hay también una “cultura delincuencial” que debería unir a oficialistas y opositores con mucha más pasión que este asunto menor?).

El Partido Obrero, como no podía ser de otra manera, fue la voz discordante en el universo partidocrático salteño: para ellos la declaración de “emergencia de género” de Urtubey es una iniciativa tardía e improvisada, que sólo busca proponer soluciones superficiales al problema de la violencia contra la mujer, pero que no ataca la cuestión de fondo.

La gallina de los huevos de oro

También por junio, mientras que García Caínzo arrojaba palabras al viento, la Cámara de Senadores de Salta aprobó una ley que fijaba cual sería la orientación de las políticas públicas en materia de violencia social, escolar y familiar. El objetivo era unificar toda la legislación concerniente al área para que no pareciera que, en este país, las leyes se hacen a los tumbos con el objeto de parchar situaciones que se producen porque nadie planificó como evitarlas. 

Empero la iniciativa de los senadores desató la furia de las hembristas, porque consideraron que al unificar la legislación sobe violencia ellas no podrían continuar proponiendo modificaciones que beneficien a su sector (se quejaron, por ejemplo, de que la ley que ellas impulsaban para que un hombre que sufre de una orden de restricción mantenga el vínculo monetario ante quien acosa no se la podría aprobar así sin más). Roberto Gramaglia, un senador oficialista, defendió la ley sosteniendo que todo lo que las hembristas señalan no tiene fundamentos, ya que la ley no es impedimento para lo que ellas plantean.

Las hembristas contraatacaron con un comunicado en el que, luego de dejar en claro su posición, terminan derrapando con imbecilidades del tipo “la desocupación, la falta de viviendas, la desnutrición infantil son actos de violencia”, cuando es más que claro que no es así, pues la desocupación es una cuestión de armonía económica (o sea no es violencia sino desequilibrio), la falta de vivienda es desidia (o sea no es violencia sino abandono), y la desnutrición infantil es carencia (o sea no es violencia sino indiferencia).

¿Pero por qué las hembristas tienen esa necesidad de confundir agresión física y psicológica con situaciones sociales penosas? En realidad no tienen ninguna necesidad, es tan sólo un truco retórico para llevar más agua para su molino. Debido a ello se puede asegurar que la cuestión no resiste más análisis, por lo que es necesario volver a la violencia en contra de la mujer.

Las hembristas de Jujuy pueden dar una clave para entender por qué las hembristas de Salta rechazaron la ley propuesta por los senadores (que al final no fue aprobada por los diputados), y por qué están en desacuerdo con la “emergencia de género” que declaró Urtubey. Una agente de la filial jujeña de la ONG Mumala dijo: “entendemos que es necesario que el Gobierno Provincial adopte medidas urgentes para reducir y prevenir la violencia, pero además para mejorar los servicios destinados a atender a las mujeres en situación de violencia, para lo cual, entre otras medidas es necesario incrementar el presupuesto y potenciar la articulación entre los organismos que tienen esta responsabilidad”. La palabra mágica aquí es “presupuesto”. A las hembristas les interesa el dinero que maneja el Estado. Quieren su tajada. Ellas se consideran expertas en “lo femenino”, por tanto, si el gobierno empieza a tratar a una mujer golpeada como a una reina, las cortesanas de esa mujer serán las hembristas (en sus roles de psicólogas, trabajadoras sociales, abogadas, etc). Y como se está hablando de “emergencia” ello equivale a proveer respuestas inmediatas y espontáneas: la idea es que el gobierno no espere a formar a sus propios especialistas, sino que contrate cuanto antes a quienes ya están formados (los cuales, claro, vendrían a ser las propias hembristas), dándoles además un gran poder y quitándoles restricciones para que, con su acción, pongan fin a la situación extraordinaria que activó la emergencia. Nada resulta más ventajoso para una hembrista que crear pánico social a través de la propaganda primero y presentarse después ante la comunidad como las mayores expertas en erradicar aquello que altera a la convivencia pacífica. Ese es su juego perverso que les permite crecer y multiplicarse en la actualidad.

Los dejamos venir por nosotros

Pero las hembristas no se conforman con contener al puñado de mujeres maltratadas, ellas van por todo. Para ello necesitan llegar a toda la población, entonces buscan controlar el sistema educativo. Ese es el botín que les interesa, porque, visto en perspectiva, es una máquina de producir dinero: una mujer golpeada puede ser tratada durante un tiempo, pero luego se repondrá y es probable que, gracias a la experiencia adquirida, no vuelva a ser víctima. Eso significa que el negocio, a las hembristas, se les acaba en cuanto triunfan. En cambio siempre se puede educar (o en este caso sería más bien adoctrinar) a alguien.

¿Cómo se llegó a esto? ¿Cómo se pasó en un lustro de tener una visión positiva de la mujer a verla como una potencial víctima? Obviamente los medios masivos de comunicación colaboraron enormemente en este asunto, pero ellos no son la causa. La causa es la indiferencia.

Cuando en 2010 se sancionó la modificación del Código Civil para permitir las bodas gays en nuestro país, la semilla del mal empezó a crecer. En aquel momento hubo dos grupos: uno a favor de la aberración sodomita, y otro, un tanto más grande, que pretendía salvar al concepto de familia. Y después estaban los indiferentes, que fueron algo así como el 80% de la población. La típica postura del “mientras lo hagan entre cuatro paredes no me molesta” justificó el desinterés de muchos, sin percatarse de que cuando el Estado interviene ya no hay más cuatro paredes. Es decir, las bodas gays son un asunto mínimo comparado con la batalla por la propiedad de la educación: porque hoy permitimos que los invertidos se casen y, más aberrante aún, que adopten hijos, ¿pero que hay de mañana? ¿cómo se le amplían los derechos a alguien para incluirlo en el mundo de la mayoría y se lo continúa percibiendo al mismo tiempo como una minoría diferente? No se puede. En cuestión de minutos se vuelve evidente que el diferente no es sólo diferente, es también un desviado, una falla, un error. Y esto se produce no por un prejuicio, sino porque el peso mismo de los hechos así lo impone. Por tanto aquí entra la educación a jugar el juego: hay que sacarle de la cabeza al ciudadano lo que es obvio para él, hay que lavarle el cerebro para que la verdad no prevalezca. Y esto se debe hacer siempre, porque si se le retira el adoctrinamiento a una generación, ésta crecerá en contacto con lo real, conociendo de primera mano a la verdad que hoy en día se busca ocultar por todos los medios posibles.

La indiferencia inicial ante lo que fue un bombardeo propagandístico y una imposición violenta debe revertirse. Por “dejar que los otros hagan” se está deshaciendo nuestro país. La indiferencia es letal, y su principal víctima son las familias.


Antonella Díaz 

sábado, 6 de septiembre de 2014

Un caso de perverso adoctrinamiento aberrosexualista en Jujuy

Había una vez un reino lejano

En el año 2007 se desarrolló una polémica en el Reino Unido en torno a la presencia de propaganda aberrosexualista en los jardines de infantes. Como parte de un proyecto auspiciado por el propio Departamento de Educación de ese país, un grupo de educadores organizaron talleres especiales en las escuelas para difundir el contenido de los libros King & King y And tango makes three, dos obras que, presentadas como cuentos para niños, abordan el tema de la homosexualidad. Enteradas de esta situación, muchas familias cristianas y musulmanas manifestaron su preocupación de que se adoctrinara con propaganda aberrosexualista a niños de tan escasa edad.

Los defensores de la depravación argumentaban que los libros cuestionados versan sobre familias fundadas por dos personas del mismo sexo, por lo que su propósito era el de adaptar a los niños ante situaciones similares en la vida real, para que, llegado el momento en que apareciese un niño que se presente como hijo de una pareja del mismo sexo, sus compañeros de la escuela no lo discriminen por lo anómala de su situación. Sin embargo los detractores de la iniciativa señalaron que para lograr eso no hace falta vender la idea de que es perfectamente normal que a una persona la atraiga otra del mismo sexo. Incluso indicaron que convencer de algo así a niños del jardín de infantes puede llegar a facilitarle la tarea a los pedófilos, personajes que nunca faltan en el ámbito educativo.  

Tras multiplicarse las quejas en contra del programa propagandístico, las autoridades británicas optaron por cancelarlo. Sin embargo nada hicieron para revertir el daño causado a los cientos de niños que estuvieron expuestos al adoctrinamiento aberrosexualista.  

Gobierno cómplice

Como si la polémica en el Reino Unido no hubiese servido para advertirle al resto del mundo sobre la toxicidad de King & King y And tango makes three, estos libros penetraron en la Argentina con el aval explícito por parte del Inadi. Y desembarcaron en Jujuy, listos para ser difundidos en jardines de infantes provinciales.

Concretamente la pieza elegida para propagandear la aberrosexualidad fue King & King (que es el título inglés de Koning en Koning, un texto neerlandés que fue traducido al español como “Rey y Rey”). Este librillo cuenta la historia de una reina que quiere que su hijo se case y se convierta en rey; para ello convoca a muchas mujeres a su palacio, las cuales fallan en la tarea de enamorar al futuro monarca; finalmente el príncipe se “enamora” del hermano de una mujer que lo visita, y al final opta por casarse con él, siendo ambos varones coronados reyes.

En EEUU King & King generó todo tipo de reacciones entre la gente preocupada por la salud mental de sus hijos: se buscó descartar el libro como material de enseñanza, se dispuso recatalogarlo como literatura no apta para menores de 12 años y hasta se intentó sacarlo de circulación por considerar su contenido inapropiado. ¿Qué ha sucedido en Jujuy? Absolutamente nada. Los talleres de aberrosexualimo auspiciados por el Inadi se completaron con total normalidad, y ya se proyectan realizar otros. Los escenarios utilizados para llevar a cabo la tarea propagandística fueron, en esta ocasión, el jardín de infantes del Colegio Martín Pescador –una institución de enseñanza privada ubicada en el área céntrica de San Salvador de Jujuy– y el jardín de infantes de la Escuela Primaria Nº 461 –una institución de enseñanza pública perteneciente a la barriada obrera de Alto Comedero–, pero se espera que en los próximos meses otros jardines de infantes alberguen a los talleres de depravación sexual.

La princesa republicana

Cualquiera podría decir que llama la atención que ni una voz política se haya manifestado en contra de este tremendo episodio de corrupción de menores. Pero, conociendo lo nefasta que es la casta política jujeña, lo raro hubiese sido que alguien hubiese dicho algo en contra del Inadi y a favor de los niños. De gente que desprecia al pasado heroico, ¿se puede esperar un mínimo de interés por las generaciones futuras?

De todos modos en estos últimos días se registró algo así como un choque entre el Inadi y los políticos, sin embargo no es un enfrentamiento entre dos posiciones enemigas, sino una mera discusión de facciones que responden al mismo objetivo. La Senadora Nacional Liliana Fellner, enterada del contenido de Rey y Rey, sostuvo que no estaba de acuerdo en que se emplee ese texto en el ámbito educativo provincial. ¿Acaso Fellner, pensando en el bienestar popular, se puso en contra de que la aberración sexual sea naturalizada? Pues no. Las objeciones de doña Fellner fueron dos: el libro era nocivo porque, por un lado, lo protagonizan no uno sino dos reyes, y la Argentina es “un país sin monarcas”, y, por el otro lado, cuando la reina convoca a las pretendientes al palacio para que conozcan al príncipe eso puede ser interpretado como que “cosifica” a las mujeres, ya que pareciera que las damas son como diversos autos que un hombre debe escoger de una concesionaria. Es decir, a la Senadora Nacional no le escandaliza que a una criatura se le mienta acerca del concepto de familia o se lo confunda en relación al desarrollo de su sexualidad, ¡le escandaliza que el libro no sea republicano y feminista!

Parece que a Liliana Fellner no le gustan los cuentos de hadas, y por ello exige realismo en una historia para niños. De cualquier manera lo que debería de exigir, en todo caso, no es realismo sino verismo: la tarea de un maestro consiste en transmitir la verdad; más allá de si elige un método realista o uno simbólico, su compromiso es el de enseñar hechos y no ideas, transmitir ciencia y no ideología, educar en lugar de adoctrinar.  


Antonella Díaz

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Silvina Sadir: agente del colonialismo cultural

“Utilísima” al gobierno, el Ingsoc al poder

Silvina Sadir es una joven jujeña que intentó llegar al Congreso de la Nación en 2013 y falló estrepitosamente, pese a haber contado con el apoyo del Partido Justicialista y su aparato clientelar. Aun con la derrota a cuestas, Sadir terminó bien acomodada en la función pública jujeña: de la noche a la mañana se convirtió en Secretaría Provincial de Niñez, Adolescencia y Familia.

Desde su puesto, Sadir aprobó la organización de una iniciativa para combatir el maltrato infantil, causa noble si las hay. El problema es que para ello no tuvo mejor idea que aliarse a UNICEF, una ONG novordista de gran fama internacional. El objetivo es claro: Jujuy, una de las provincias más pobres y peor gobernadas de la Argentina, se pone al amparo de un organismo de prestigio mundial como UNICEF, demostrando así que desde el extranjero se mira a este rincón olvidado de la patria. El gobierno supone que, abriéndoles las puertas de par en par a UNICEF, proyecta ante la sociedad local una imagen de ultraprofesionalismo avalado por la mismísima ONU.

A los de UNICEF, con esa perversidad que los caracteriza, se les ocurrió lanzar una campaña a favor del “Buentrato Infantil”. ¿En qué consiste semejante engendro? Básicamente en juntar adhesiones para que la Real Academia Española incorpore en el diccionario el neologismo “buentrato”, pues para esta gente es inconcebible que en el idioma español exista la palabra “maltrato” y no la que ellos proponen. 

Gabriel Lerner, un kirchnerista que ostenta el mismo cargo que Sadir pero en el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, sostuvo que el objetivo de la campaña es provocar un cambio cultural (o sea una transformación de las costumbres), apuntando especialmente a erradicar el castigo físico en el ámbito doméstico.

Más allá de la discusión que puede haber sobre la conveniencia o inconveniencia de aplicarle castigo físico a los niños, lo curioso es que el abordaje a un tema que debe ser debatido seriamente se da de un modo que resulta frívolo y perverso al mismo tiempo, como si una consejera espiritual del extinto “Utilísima” nos dijera cuales palabras usar para tener “un pensamiento más positivo” en tanto que el totalitario Ingsoc –promotor de la neolengua a través de su Ministerio de la Verdad– le escribe a esa mujer el guión que debe estudiar.

Las palabras no son inocentes

Manuela Thourte, agente de UNICEF en la Argentina, señaló que la campaña se puso en marcha en La Rioja, y Jujuy es la segunda provincia que adhiere a la iniciativa. Esto no resulta raro, pues los pobres siempre son usados como cobayos para los experimentos.

Alguien podrá preguntarse: ¿por qué criticar una campaña que parece útil y que, en última instancia, resulta inofensiva? Y lo cierto es que la campaña no es útil (o es útil a un pequeño grupo de personas y perjudicial para el resto) y tampoco es inofensiva.

En la Argentina se impuso el término “bullying” y el término “femicidio”, dos palabras que no están en los diccionarios del idioma español. Y no están porque ya existen palabras para ello: “hostigamiento” y “uxoricidio”. Esas viejas palabras no cuentan con el atractivo marketinero del que si gozan los otros términos. Además son muy generales, ya que el uxoricida es aquel que mata a su cónyuge (sea éste mujer u hombre) y el que sufre el hostigamiento es todo aquel que cae en la mira de un cretino que intenta demostrarle a la víctima y demostrarse a sí mismo que es el más fuerte. “Femicidio”, en cambio, remite a mujeres que son “víctimas inocentes” de los maridos patriarcalistas, machistas y, ¿por qué no?, clericales, racistas y xenófobos. En tanto que “bullying” se usa sobre todo para referirse a esa relación “enfermiza”, producida por la “ignorancia”, que surge entre jóvenes (generalmente entre jóvenes que hostigan a otros jóvenes afeminados). 

“Buentrato” apunta a equipararse con “femicidio” y “bullying”: aquel que le da un golpe correctivo a su hijo en determinada circunstancia para enseñarle a internalizar los límites entonces deberá ser tratado como un delincuente que debe ser “desprogramado”. No “buentratar” a los hijos será un delito que se origina en la pesada herencia machista, patriarcal, clerical, racista y xenófoba con la que se vive. ¡Pero suerte que existe la UNICEF, Silvina Sadir y los demás progresistas para salvarnos de nuestras costumbres!

Revisando lo básico

Alguien debería avisarle a Sadir que el motivo fundamental por el que no existe el término “buentrato” es porque está implícito en muchas expresiones, siendo la más común de ellas “trato normal”.

La cultura cristiana considera que Dios es el creador del universo. Dios, que es infinitamente bueno, no ha creado lo malo. El mal se produce cuando las personas se alejan de Dios, o sea cuando se menosprecian como creaturas hechas a imagen y semejanza de Él: por eso el mal es la ausencia de ser. Al vivir día a día de acuerdo a la ley de Dios se está haciendo el bien (aunque no seamos concientes de ello). En cambio hacer el mal significa violar esa ley, por eso lo negativo debe ser destacado: para ser evitado y estigmatizado. 

Se supone, por tanto, que comportándonos normalmente con nuestros hijos el “buentrato” estará presente. Alimentar, curar, vestir, entretener, educar y castigar a un hijo es lo que constituye la relación NORMAL entre los padres y el fruto de su amor. Si los padres crían a sus hijos alejándose de la normalidad, entonces aparecerá el maltrato, el cual es completamente repudiable.

Inventarle nombres extraños a lo que no necesita ningún nombre es un error, porque con ello se busca justamente alterar innecesariamente a la realidad.

Circo sin pan

Se podría señalar, que a pesar de los métodos cuestionables escogidos, el gobierno jujeño ha decidido resolver una cuestión muy grave en su provincia como es la emergencia de niñez. Empero aquello que excede a esta campaña de la UNICEF prueba que eso no es verdad.

En Jujuy unos treinta mil menores de edad asisten a comedores infantiles para recibir la alimentación que sus padres no pueden darle. La cifra es gigantesca: treinta mil niños y jóvenes que podrían desaparecer víctimas de la inanición si no fuese porque el Estado de Bienestar es la fina línea que evita el genocidio.

Según un cálculo, se sabe que las autoridades provinciales destinan apenas $4 diarios a esos treinta mil niños para su alimentación. En un país hiperinflacionado como el nuestro, en donde $4 apenas alcanzan para comprar un alfajor o dos chupetines, estos niñitos deben llenar sus estómagos con ese monto (pues, aunque no queramos admitirlo, hay muchos padres de menores carenciados que emplean el dinero que obtienen de los planes sociales para comprar vino o cigarrillos, o para pagarles a los usureros el préstamo que les dieron para adquirir una moto, un plasma o un celular, imposibilitando así que el dinero vaya a parar a la alimentación de sus hijos).

Mientras sucede esto, el gobierno provincial le disputa la hegemonía popular a Milagro Sala y organiza un megafestival demagógico para el Día del Niño, en el que aparece el Sapo Pepe y se termina desembolsando cerca de un millón de pesos para algo que dura apenas unas horas y que los involucrados podrían hacer en nombre de la caridad.

Jujuy, evidentemente, está “malgobernado”.   



Antonella Díaz 

miércoles, 27 de agosto de 2014

El nieto más esperado

Lo real y lo hipotético

La noticia buscaba causar impacto: el nieto de Estela Barnes de Carlotto, es decir el nieto del rostro más visible de Abuelas de Plaza de Mayo, finalmente apareció. Rápidamente la algarabía debía estallar, como si se tratase de un triunfo del pueblo argentino y no de una mera cuestión familiar. Fue una de esas situaciones en las que se buscó imponer el luto obligatorio, sólo que al revés. Como si la alegría tolerase el imperativo: “alégrese, es una orden”.

Yo fui uno de los millones de ciudadanos argentinos a los que la noticia del nieto de Carlotto les importó muy poco. Y no es porque sea insensible a los melodramas. Al contrario: me encantan las telenovelas con sus tragedias y sus finales felices. Pero la ficción de Carlotto es difícil de digerir. A la evidencia me remito:

(1) Estela Barnes de Carlotto, una maestra de escuela primaria, tuvo varios hijos e hijas, dos de las cuales (Laura Carlotto y Susana Carlotto) formaron parte de la organización terrorista Montoneros. Laura Carlotto estaba casada con Oscar Montoya (otro terrorista), en tanto que Susana Carlotto, a su vez, estaba casada con Jorge Falcone, terrorista muy cercano a Mario Firmenich y hermano de la también terrorista María Claudia Falcone. Por tanto se trataba aquí de una familia, yo diría, “de terror”.

(2) A fines de 1977, sin hacerse mención alguna a su estado de embarazada, se denunció la desaparición de Laura Carlotto, ciudadana argentina que vivía en la clandestinidad (esto está registrado en el legajo que la Conadep inició sobre su caso; en otros casos en los que la desaparecida estaba efectivamente embarazada, los legajos dejan constancia de ese hecho).

(3) En agosto de 1978, a Estela B. de Carlotto le entregan el cadáver de su hija Laura, ejecutada por haberse levantado en armas en contra del Estado argentino bajo una bandera extranjera. Según lo ha señalado la propia madre, el cuerpo sin vida de su hija le fue devuelto el mismo día de su fallecimiento (esto se debió a que Estela B. de Carlotto era íntima amiga de Marta Bignone, hermana del General Reynaldo Bignone, que luego sería Presidente de la República entre 1982 y 1983). A Laura la enterraron en el cementerio de La Plata.   

(4) Estela B. de Carlotto asegura que en abril de 1978 se enteró gracias a una carta anónima de que Laura, quien aún estaba en cautiverio, estaría embarazada. De todos modos, fue recién en 1984 cuando Alcira Ríos –una subversiva que estuviese detenida durante los años del Proceso de Reorganización Nacional– le comentó a la señora de Carlotto que ella también había oído que Laura Carlotto pasó los últimos meses de su vida con un niño en el vientre. Clyde Snow, un renombrado antropólogo forense nacido en EEUU, realizó la autopsia sobre la terrorista muerta para evacuar las dudas que habían surgido. Fue en el año 1985. En esa ocasión Snow no se atrevió a rifar el prestigio que había obtenido tras haber estudiado a los cadáveres de John F. Kennedy, Joseph Mengele y el faraón Tutankamón, así que tuvo que concluir que la maternidad de Laura Carlotto no era algo que se pudiese demostrar (la excusa que se usó fue que los restos mortales de la terrorista estaban estropeados, debido a que las raíces de un árbol cercano a la tumba donde la mujer estaba enterrada los habrían afectado). A pesar de ello, la señora Barnes de Carlotto, sacando a relucir su formación de antropóloga forense (?), dijo que tras haber visto los huesos de la pelvis del cadáver de su hija ella estaba segura de que Laura habría sido madre.

Desde 1985, entonces, sobran razones para pensar que Estela Barnes de Carlotto no tiene ningún nieto parido por su hija terrorista Laura Carlotto. Sin embargo esto no ha detenido a esta señora en la búsqueda de ese nieto más hipotético que real. En su cruzada imaginaria, la señora de Carlotto hizo crecer a la ONG Abuelas de Madres de Plaza de Mayo hasta convertirla en lo que se podría denominar una “marca registrada” (no debe perderse de vista que esta señora se sumó a la ONG en 1977, incluso antes de que su hija Laura fuese detenida, tal vez como un gesto de solidaridad con otras madres de terroristas como ella). Nadie ignora que, en casi 40 años de existencia, la cifra que las “Abuelas” han recibido en subsidios supera el millón de dólares, pues el dinero no sólo ha salido de las arcas del tesoro público argentino, sino que también los gobiernos de Italia, Francia y Alemania le giraron fondos en alguna oportunidad.

Los Guidos de Estela: la tercera es la vencida

“Guido Carlotto”, la figurita difícil de los bebés secuestrados, al parecer es un tal Ignacio Hurban, músico y docente que reside en Olavarría. A Hurban lo crió un matrimonio que vive en una zona rural del partido del centro de la provincia de Buenos Aires. En el ADN que le hicieron a este sujeto, se cotejaron muestras de su material genético con las de Oscar Montoya, siendo el índice de coincidencia elevadísimo. Ello, en principio, probaría que Hurban es hijo del terrorista Montoya, lo que no implica que haya sido necesariamente hijo de la terrorista Carlotto. 

Sea como sea, lo destacable es que Hurban es ya el tercer hombre al que le atribuyen ser el famoso y legendario “Guido Carlotto”. Antes que él gozaron de ese dudoso honor otros dos ciudadanos argentinos: Roberto Julián Gutiérrez y Carlos Ignacio Mancuso.

A Roberto Julián Gutiérrez lo fueron a buscar por orden de la Juez María Romilda Servini de Cubría. Alguien les habría avisado a las Abuelas de Plaza de Mayo sobre la existencia de este hombre, y éstas habrían hecho la denuncia para investigar el caso. Gutiérrez, en efecto, había sido adoptado por sus padres en la década de 1970. El problema fue que, hasta el momento en que se lo notificó la Justicia, Gutiérrez lo ignoraba. El muchacho se sometió a las pruebas de ADN y al final se determinó que no era nieto de Carlotto, ni estaba vinculado a ninguno de los que figuran en el catálogo de datos del banco genético de la Argentina.

A Gutiérrez lo afectó psicológicamente todo el proceso, puesto que lo interpretó como una violación de su privacidad. Durante el tiempo en que vivió sometido a la incertidumbre por culpa de Abuelas de Plaza de Mayo, se interiorizó sobre el funcionamiento de la ONG y sobre la relación de ésta y el Poder Judicial. Posteriormente Gutiérrez ha declarado que dicha relación es irregular y sospechosa.

El caso de Carlos Ignacio Mancuso no es muy distinto al de Gutiérrez: nuevamente una denuncia anónima ante Abuelas de Plaza de Mayo que la ONG convirtió en denuncia formal, sólo para que un Juez (en este caso el polémico Norberto Oyarbide) hiciera avanzar la causa. El resultado del ADN, en esta oportunidad, fue más que contundente: Mancuso no era hijo de ningún desaparecido, pues era hijo de los mismos padres que lo criaron tras haberlo engendrado.

Epidemia de nietos

Ignacio “Guido Carlotto” Hurban fue presentado al público como el “nieto 114”. Abuelas de Plaza de Mayo sostiene temerariamente que entre 1976 y 1983 hubo un “plan sistemático” para apropiarse de los hijos de los terroristas desaparecidos, negándoles de ese modo su identidad, lo que sería algo así como un crimen de lesa humanidad.

El número de esos niños supuestamente sustraídos de sus legítimos progenitores ascendería a 500, una cifra tan ficticia como la de 30.000 desaparecidos: a lo largo de la historia sólo se han registrado 230 denuncias de robo de niños por causas políticas en los años en los que duró el Proceso de Reorganización Nacional. De esas 230 denuncias, sólo 194 fueron procesadas y, debido a anulaciones y situaciones similares, al final sólo unas 34 quedaron en pie. ¿Entonces cómo es que las Abuelas de Plaza de Mayo contabilizan 114 nietos?

Pues con “matemáticas creativas”. En diciembre de 1999 Abuelas de Plaza de Mayo editó el libro Niños desaparecidos y jóvenes localizados en la Argentina desde 1976 a 1999. El contador de nietos iba, en ese entonces, recién por el número 66. Sin embargo si se analiza esa información salta a la vista que el modo de contar nietos de la ONG anula por completo la idea del plan sistemático de apropiación de niños.

Nicolás Márquez hizo el trabajo crítico en torno al texto: “En efecto, de esos 66 casos contabilizados por las ‘Abuelas’ (y según consta en el libro de su propia autoría), 29 son niños devueltos a sus familiares o entregados a la Justicia de Menores (no hay ‘robo’ alguno ni ‘recuperación’); 6 son casos de niños apropiados ilegalmente por otros integrantes de las bandas terroristas o vecinos (en este caso hay ‘robo’ pero cometido por los terroristas o terceros); 11 son niños desamparados que estuvieron incomunicados como producto de situaciones anormales por causas totalmente ajenas a la guerra civil (tampoco existe ‘robo’); 6 corresponden a cuerpos N.N. identificados de mujeres embarazadas al morir en tiroteos en donde obviamente tampoco hay ‘robo’ ni ‘recuperación’ (y parece ser que afortunadamente y contrariando su ideología, en este ítems las ‘Abuelas’ se muestran ad hoc a favor de considerar a la persona desde el momento de su concepción-); 2 corresponden al caso de niños accidentalmente muertos en un mismo tiroteo o enfrentamiento de sus padres y otros guerrilleros con las fuerzas legales (tampoco hay ‘robo’ ni ‘recuperación’ y los lamentables accidentes son producto de la irresponsabilidad delictual de sus padres al exponer a los niños en medio de los enfrentamientos) y ofrecen 12 casos más, que son los únicos episodios puntuales de niños comprobadamente apropiados de modo ilegal (de los cuales en solo dos de ellos hubo participación de algún miembro de las FFAA).”

Márquez sólo señala los casos de seis niños que murieron en sus vientres maternos. La página web de Abuelas de Plaza de Mayo indica que, según lo que sabe al día de hoy, en realidad fueron once. Se entiende, entonces, que el número de “restituidos” haya crecido más allá de que a las contadoras de la ONG no les haga falta mostrar un cuerpo para comprobar que esa persona existió o no.

La heredera

Estela Barnes de Carlotto es una anciana. Recientemente declaró que ella no quería morir sin abrazar a su nieto Guido. La frase suena conmovedora, pero no impacta. La madre de las terroristas (una de ellas reconvertida hoy en funcionaria del Estado argentino) está llegando al final de su travesía, y la muerte puede presentársele en cualquier momento –de hecho creo que si la idea es levantar cortinas de humo para tapar alguna crisis nacional provocada por el incompetente gobierno kirchnerista, lo mejor sería “pasar a retiro permanente” a doña Estela, a doña Hebe o a alguna de esas señoras tan distinguidas, ya que eso si generaría un profundo impacto en la opinión pública de nuestro país y se hablaría del tema por semanas.

Es cuestión de tiempo para que las madres de los terroristas abatidos en las guerras contra la subversión vayan a arreglar cuentas con el Creador. Seguramente habrá una cruenta y obscena disputa por los cadáveres y los testamentos de estas mujeres, pues a nadie le gusta perder a la gallina de los huevos de oro.

De cualquier manera hay que considerar que por más que las perras mueran, la rabia seguirá existiendo. Tanto Abuelas de Plaza de Mayo como Madres de Plaza de Mayo hicieron escuela: demostraron que, en la Argentina, jugar el rol de víctima eterna es un asunto tremendamente lucrativo para alguien dispuesto a encarnar ese papel. Y aquí entra Susana Trimarco.

En efecto, la madre de María de los Ángeles Verón es no sólo la continuadora de Hebe P. de Bonafini y de Estela B. de Carlotto, sino también su versión optimizada. Al reclamar por la aparición de “Marita” puede bonafinear sin encontrar obstáculos. Y si a eso se le agrega el milagro del nieto restituido (pues ya circula la idea de que María de los Ángeles Verón habría tenido un hijo que vive en Córdoba), doña Trimarco puede absorber el puesto que en algún momento dejará vacante la señora de Carlotto. El negocio no puede ser más redondo. Hijas secuestradas por las sombras y nietos ignorados sorpresivos, ¿acaso puede haber alguien a quien no le guste ese tipo de melodrama?  


FUENTE:

lunes, 25 de agosto de 2014

Acerca del clima de violencia en Tucumán

La vocación de paz y la legítima defensa

Agosto fue particularmente violento en Tucumán. Dos casos policiales resonaron bastante: en uno, un hombre baleó a un asaltante que pretendía despojar de su cartera a su esposa; en el otro, un comerciante le disparó a un ladrón que ingresó en su propiedad a robar en medio de la noche. Rápidamente se impuso la figura de la legítima defensa para ambos casos, aunque fue más fácil probarla en el primero que en el segundo de ellos.

Junto con estos episodios, la Justicia tucumana informó que durante el mes se registró más de una decena de denuncias de delincuentes que acusaban a sus captores de haberlos maltratado. Lo destacable aquí es que esos supuestos maltratadores no eran policías, sino ciudadanos comunes. Así el fantasma de los linchamientos (algo que hace unos pocos meses atrás fue tema de discusión nacional) revivió en Tucumán.

Todo esto generó inquietud en las autoridades provinciales. Paul Hofer, el Secretario de Seguridad de la provincia, pidió que ante un delito flagrante la gente “por favor no intervenga, sino que acuda a la Policía y que llame al 911 para denunciar cualquier tipo de amenaza o sospecha que tengan”.

¿Pero que esperar de una población que perdió la confianza en el cuerpo de policía? El recuerdo de la huelga policial y de los saqueos de 2013 todavía está muy vivo entre los tucumanos: la gente se alteró tanto en aquella oportunidad, que entre diciembre y enero pasado la venta de armas legales a particulares se disparó hasta alcanzar cifras extraordinarias en la provincia. Y si a eso se le suma que hay un Legislador Provincial que recorre la capital entregando alarmas para que los vecinos de un barrio asistan a otros vecinos cuando estos se vean amenazados por algún peligro, entonces es sorprendente que la gente no haya liquidado a un número aún mayor de delincuentes. Si hoy escasean los cadáveres de maleantes abatidos es porque el pueblo tucumano manifiesta un gran deseo de vivir pacíficamente, pese a que los gobernantes provinciales y municipales poco hagan para satisfacer esta demanda.

La declaración de guerra

Pero no es sólo el ciudadano tucumano honesto quien se ha radicalizado en relación a la defensa de su vida y de sus bienes, también la policía local siguió ese camino. Lo ilustra el tiroteo en el paraje El Jardín: una banda de asaltantes que operaba en Tucumán y Santiago del Estero fue emboscada en su escondite, por lo que, al parecer, los maleantes habrían abierto fuego y la policía habría contestado las balas hasta conseguir ejecutar a los pistoleros.

Sebastián Herrera Prieto, un criminólogo y docente universitario, señaló que el operativo “fue una clara demostración de la incapacidad e inoperancia de nuestras llamadas ‘fuerzas de seguridad’ para conjurar hechos delictivos”. Según este teórico, la violenta manera de resolver el asunto y la homologación de dicho procedimiento hecha posteriormente por el Secretario Hofer es contraria a la doctrina de los Derechos Humanos.

Al difundirse la noticia, Hofer, temiendo que alguien pudiera criticar la acción policial, se congratuló por lo que hicieron los uniformados, pues, según él, éstos “desmembraron una banda muy peligrosa, integrada por gente absolutamente despiadada, sin ningún tipo de freno ante la vida”; y para rematar agregó que el hampa debe interpretar los hechos como “un mensaje: que la Policía va a hacer todo lo que sea necesario, dentro del marco del Estado de Derecho, para no permitir que los delincuentes ganen la calle”.

A Herrera Prieto las declaraciones de Hofer le sonaron como competencia: el funcionario, al tildar a los delincuentes muertos de ser gente “absolutamente despiadada”, es como que transformó al tiroteo en la condena de un juez que previamente había ponderado la evidencia y dictado sentencia en base a ella.

Hofer desestimó la acusación invocando la legítima defensa que le recomendó no ejercer a los ciudadanos de la provincia: “La Policía hizo el trabajo conforme lo establece la ley. Respondió a un nivel de agresión brutal donde estos delincuentes dispararon con armas de grueso calibre con punta de teflón, lo cual significa que pone en peligro la vida de los peatones y del personal policial”. Y fue más allá hasta declararle la guerra al crimen organizado, pues desde su perspectiva los derechos humanos de las víctimas deben ser protegidos a toda costa, incluso atropellando los derechos humanos de los victimarios. 

El verdadero enemigo

Hofer usa un lenguaje bélico. Se considera comandante en jefe de un ejército y su enemigo, al parecer, es el crimen organizado. Su plan es simple: quiere destruir a estos personajes. ¿Pero qué entiende Hofer por “crimen organizado”?

A primera vista, pareciera ser que la idea de “crimen organizado” de Hofer se circunscribe a esas bandas de asaltantes y secuestradores formadas por delincuentes de carrera y policías corruptos. Sin embargo el concepto de “crimen organizado” excede esa realidad: normalmente por “crimen organizado” se entiende a una asociación ilícita de delincuentes que tienen los elementos suficientes como para no ser perseguidos o castigados por su actividad criminal. A raíz de ello el combate contra el crimen organizado es altamente complejo, puesto que los maleantes cuentan con complicidades de las autoridades, pantallas legales y todo tipo de artilugios para delinquir sin encontrar demasiados obstáculos.

Por el contexto, creo que Hofer le declaró la guerra a las organizaciones criminales y no al crimen organizado, es decir el Secretario de Seguridad de Tucumán pretende ser impiadoso contra todos aquellos que operan desde las sombras sin procurar fabricarse estructuras que le den seguridad cotidiana. Esto parece una medida saludable, pero el crimen que más daño causa en Tucumán es el organizado, el cual, hoy en día, se nuclea en torno al narcotráfico y al comercio clandestino de armas. En efecto, los narcos alimentan por igual a ricos y pobres, generando desorden en todos los ámbitos y contribuyendo (junto al mercado negro de armas) al incremento de la violencia social. La acción gubernamental en contra de esta realidad no parece gozar del empuje que Hofer prometió aplicar en contra de las organizaciones criminales.

Al mal del narcotráfico y de la venta ilegal de armas hay que sumarle en Tucumán a la atroz impunidad. La Comisión de Familiares de Víctimas de la Inseguridad (CFVI) destacó que el mayor problema en la provincia no es la inseguridad, sino la falta de justicia que sufren las víctimas de la misma. El Poder Judicial es percibido por los ciudadanos tucumanos como una caja negra: de la enorme cantidad de denuncias que se reciben a diario, sólo una ínfima parte progresa, mientras que el resto va a parar a los archivos; las víctimas que cuentan con tiempo y demás recursos para presionar a los funcionarios judiciales son las que consiguen mejores resultados, transmitiéndole al resto de los ciudadanos la idea de que sin dinero no hay justicia. 

Entonces, con un gobierno pasivo ante el ascenso de la cultura del narcotráfico, y con una Justicia que no funciona, no es de extrañar que el pacto de protección entre ciudadanos y policías se haya roto, y que la gente no tema enfrentarse mano a mano ante los delincuentes, pues existe la sensación de que si ellos no aplican un castigo nadie más lo hará.

La pena de muerte para aquellos delincuentes peligrosos que propone Hofer parece ser una buena idea, pero hay que considerar dos cosas: (1) Este tipo de castigo debe ser aplicado por la Justicia, pues es fácil para un policía corrupto ejecutar a alguien, endilgarle crímenes que él cometió, y volver al ruedo en sus actividades delictivas. (2) Así como las bandas criminales o los narcotraficantes pueden llegar a merecer la muerte a manos del Estado, también los corruptos que arruinan el funcionamiento de las instituciones deben correr con igual suerte, pues así como las organizaciones criminales son nefastas para el ciudadano trabajador, también lo son aquellos que hacen funcionar al crimen organizado.


Pablo Ulises Soria

domingo, 24 de agosto de 2014

Las palabras y los cosos

La mordaza

Últimamente en Salta el lobby gay o cabildeo elegebetista ha estado operando violentamente y con la cooperación de la casta politiquera local para imponer su agenda. Primero fue ex-Rodrigo “Victoria” Liendro el que propuso conseguir la igualdad de los sexos a través de la intervención estatal en el ámbito económico, y después fue “Gabriela” Dagum quien adquirió un simbólico poder de policía al ser incorporado al cuerpo de inspectores de tránsito de la Municipalidad capitalina.

Muchos salteños reaccionaron ante estos episodios indicando que no es lo mismo pedir ser respetados como minoría a querer imponer sus puntos de vista como verdades dogmáticas al resto de la sociedad. Esa gente amante de la verdad fue acusada de fomentar la “transfobia”, por lo que se sugirió que sean amordazados para que no sigan “contaminando” a las mentes vírgenes.

Asco a lo aberrante

El término “transfobia” es confuso, pues antaño –hace apenas cinco años atrás– era clara la diferencia entre un transexual (alguien que se mutila o altera los órganos reproductivos para fingir ser miembro del sexo opuesto) y un travestido (un hombre o mujer homosexual que se viste con ropas propias del otro sexo e intenta efectuar gestos que no son los de su sexo). Hoy en día se pretende deliberadamente borrar la diferenciación entre un hombre mutilado y uno vestido de mujer, poniendo en igualdad de condiciones a travestidos y transexuales bajo la etiqueta genérica de “trans”, como si todo fuese lo mismo.

En muy poco tiempo los argentinos nos vimos bombardeados por un arsenal de conceptos tan novedosos como tramposos. Antes se hablaba de hombres y mujeres que buscaban a sus opuestos o que iban detrás de sus iguales, en la actualidad, en cambio, ese segundo grupo se ha diversificado hasta el infinito.

Lo que sucede, en realidad, es que se busca eliminar la idea de lo parafílico, esto es se quiere abolir la idea de que es una perversión sexual aquello que hace que el pene vaya hacia cualquier otro lugar en vez del lugar al que tiene por ir por naturaleza: la vagina. El plan es destruir la diferencia entre lo recto y lo desviado, entre lo ordenado y lo invertido, entre lo normal y lo aberrante, pues lo que se anhela es que el vicioso se equipare al virtuoso igualando hacia abajo (o sea prohibiendo la virtud para que el vicio reine).

Por este motivo en lugar de estar siguiéndoles el juego a quienes buscan ponerle un nombre nuevo al homosexual y a los demás pervertidos, lo mejor es comprender todas esas orientaciones como lo que son: una aberración. De esa manera la “fobia” recupera su significado: la “aberrofobia” es el rechazo a todo lo aberrante, lo cual es bastante natural y sano, ¿o hay alguien que quiera defender lo aberrante?

Y de hecho si: hoy en día hay muchos que quieren defender lo aberrante. Estos personajes son los “gays”, las “lesbianas”, los “bisexuales”, los “trans” y los “intersexuales”: el “Colectivo LGBTI” o el elegebetismo, una ideología política como lo es el marxismo, el liberalismo, el fascismo o el sionismo. Mientras que los marxistas hacen de los pobres el Sujeto de la Historia, los liberales le dan ese rol al rico y los fascistas a la clase media. El sionismo, por su parte, se nutre de ricos, pobres y clasemedieros, siempre y cuando estos satisfagan una condición: ser étnicamente judíos. Pues bien, los elegebetistas son como los sionistas en este sentido: no importa ser rico o pobre para jurarle lealtad a la bandera del arco iris, lo que importa es ser homosexual o, al menos, tener una sexualidad desviada. Y así como los sionistas descalifican a sus críticos con el mote de “antisemita”, los elegebetistas hacen lo mismo sólo que aplicando una mayor creatividad: “tránsfobo”, “homófobo”, “lesbófobo”, etc.   

Ahora bien “fobia” proviene del griego “phobos” que quiere decir miedo, por lo que las fobias son, por definición, miedos irracionales. Pero la “aberrofobia” no es ni un miedo ni una irracionalidad. Es una emoción, claro, pero que resulta ser completamente natural, normal y saludable. Los parafílicos o aberrados (entre los que se encuentran los homosexuales) son enfermos. Es difícil saber si la enfermedad que padecen es psicológica o biológica, ya que globalmente los más interesados en averiguarlo son esos países africanos o asiáticos que cuentan con escasos presupuestos para investigar científicamente el origen de este mal. En el resto del mundo el lobby gay ya triunfó, por lo que no sólo no se puede criticar a la aberrosexualidad sino que además se debe pagar algún tipo de precio por hacerlo.

Entonces el escenario parece sencillo de comprender: si queremos acabar con esta enfermedad se debe, por un lado, empezar a compadecerse de los aberrados (no basta con eso de no entrometerse mientras la privacidad se imponga, puesto que lo privado hoy casi no existe en un mundo de cámaras de vigilancia, Internet y chips inteligentes), y evitar que la ideología elegebetista triunfe y eleve sus tergiversaciones a la categoría de dogmas.

Anticipada la conclusión de este ensayo, en lo que queda del texto me dedicaré a clarificar los conceptos de “travesti” y de “transexual” para ayudar a los lectores a evitar caer en trampas lingüísticas en el futuro.

Travestis

El travestido no es más que un homosexual grotesco, que llega hasta esa situación a causa de su situación social. Es decir, en una familia pobre hay un joven que es homosexual; pues bien, este muchacho no puede manifestar su enfermedad con la misma libertad que lo hace alguien de clase media o alta, ya que la moral del espacio social en el que habita es más comunitarista (o menos individualista) que la de otros espacios en los que se concentran los más acaudalados de la sociedad, debido a que, hoy en día, la profundidad de la vida privada está determinada por la cantidad de dinero con la que se cuenta para distanciarse del resto de las personas. Entonces, para proseguir con su desviación, el homosexual pobre se ve obligado a vestirse de mujer y adquirir hábitos y gestos femeninos, ya que esa “metamorfosis” hace más tolerable su homosexualidad ante sus pares. Y como estos travestidos suelen ser económicamente exitosos en el ámbito de la prostitución o de la estética femenina, pronto se convierten en pilares familiares, contribuyendo a la manutención de sus padres, abuelos, hermanos o sobrinos.

De allí que –como bien lo ilustra el travestido Roberto Carlos Trinidad, alias “Florencia de la V”– estos hombres quieran ser reconocidos como plenas mujeres, ya que lo que les importa es ser aprobados en su rol de jefe de familia, siendo fieles al modelo tradicional de la institución familiar que interiorizaron en sus infancias. No es que estos hombres se sientan realmente mujeres, el tema es que estos hombres quieren ser considerados mujeres para convencerse de que han logrado realizarse en la vida, después de haberse impuesto ante un escenario hostil que en un principio los rechazó pero que a la larga terminó aceptándolos.

Transexuales

Ante el travestido, entonces, no se puede manifestar “transfobia”, dado que, como mucho, alguien que los discrimine debería ser tratado de “homófobo”. Hoy por hoy en la Argentina el número de travestidos es más alto que el de transexuales, más que nada porque homosexuales pobres son muchos y gente con el deseo de mutilarse son más bien pocos, pero no sería de extrañar que los travestidos quieran transexualizarse, dado que, al fin y al cabo, el elegebetismo en la Argentina no para de avanzar con la complicidad de los medios masivos de comunicación y con la de los que controlan los poderes legítimos del Estado. En los próximos años podría darse una epidemia de penes cortados y allí si el término “transfobia” será más utilizado que ahora.   

La “transfobia” es, puntualmente, el sentimiento natural de repulsión ante los hombres que se han cercenado el pene o ante las mujeres que han hecho lo mismo pero con sus senos para –junto a otras cosas– “cambiar de sexo”. El sexo de cada uno está determinado por los propios cromosomas, así que el llamado “cambio de sexo” en realidad no produce ningún cambio real de sexo. Sólo sirve para transformar a un hombre mutilado en el simulacro de una mujer, y a una mujer mutilada en el simulacro de un hombre.

Los “cambios de sexo”, por ende, se revelan como fútiles, ya que no existen procedimientos quirúrgicos para alterar los cromosomas. Uno sólo puede masacrar el propio cuerpo y llenarlo de drogas para parecer alguien del sexo opuesto. Y cuando muchos transexuales finalmente comprenden el horror de haberse sometido a ello, terminan por matarse ellos mismos (sería bueno que se difunda la tasa anual de suicidios de aberrosexuales en nuestro país para empezar a discutir seriamente sobre el tema).

La repulsión hacia un transexual, normalmente, no está basada ni en la “ignorancia” ni en la “maldad” como sostienen los progresistas, sino en la mera y simple simpatía. Cuando una persona sana encuentra a otra adolorida, experimenta el horror pues llega a sentir el dolor de los otros (ello es literalmente la simpatía: sufrir con otros). Yo amo mi cuerpo, y la idea de ver mis órganos mutilados me llena de horror. Y cuando alguien ve a alguien que se causa a si mismo daño, es natural sentir enojo junto al horror, ya que se trata de una situación que no debería de ocurrir. El que se lastima a si mismo, también lastima a los demás. Por eso los tatuajes a muchos nos generan sentimientos de pena y repugnancia: son marcas absurdas e innecesarias, propias de alguien que se odia a si mismo.

La gente que no siente simpatía con aquellos que se han mutilado a si mismo están, muy probablemente, enfermos. Carecen de la elemental simpatía ante el dolor ajeno, incluso no sería raro enterarse de que sienten placer al ver a alguien sufrir.

Lo primero que una persona sana piensa ante alguien que se autolesiona es que ese alguien “está loco”. Eso quizás parezca que es un juicio apresurado y malicioso de esas personas, pero al preguntarle a un transexual la evaluación se confirma: ellos dicen ser hombres atrapados en el cuerpo de una mujer o viceversa. Así que el auténtico asunto aquí no es si los transexuales sufren o no de una enfermedad mental –la cual, por cierto, ellos admiten sufrir– sino cuál es el mejor tratamiento que se les puede dar para acabar con su sufrimiento. La mutilación, evidentemente, no es una cura para la enfermedad mental, sino otro síntoma de ésta.

Si un hombre piensa que es Jesús, no se lo crucifica. Si un hombre piensa que es Napoleón Bonaparte, no se lo corona emperador. Si un hombre piensa que es una mujer, ¿por qué hay que seguirle la corriente? ¿No debería dársela algún tipo de ayuda para que retorne al mundo real, como se ayuda normalmente a las anoréxicas a dejar de hambrearse voluntariamente y sin un justo motivo? ¿Y desde cuando es consistente con el Juramento Hipocrático para un doctor mutilar un cuerpo sano y convertirlo en una parodia del sexo opuesto?

Ante los transexuales siento repugnancia pero también compasión. Pero los que me causan indignación son aquellos que los fomentan y explotan. ¿Entonces que habría que hacer?

Primero y principal habría que decir “no”. Toda sociedad decente debe asistir a su población para ayudarla a preservar su salud física y mental. Cuando alguien es un caso psiquiátrico, esa persona no puede tomar decisiones responsables por si misa. Así que una sociedad decente ejercita la tutoría sobre el mentalmente enfermo. Y el interés principal del enfermo es el curarse del mal que lo afecta, no profundizar su estado. La compasión y la responsabilidad nos obliga, entonces, a decir “no”.

En segundo lugar la mutilación de cuerpos sanos es contraria a la profesión médica. Por tanto aquel galeno que genera operaciones de “cambio de sexo” debería ser sancionado primero, y expulsado del mundo de la medicina después. La mutilación genital debería estar prohibida en todas sus formas.

Y en tercer lugar debemos mantener un sentido de la perspectiva. Yo no odio a los transexuales. Los transexuales no son malignos ni amenazantes. Son gente enferma que debe ser curada, no odiada ni dañada. Los aberrosexuales, por su parte, son esa gente enferma engañada por otros para que se enorgullezcan de su condición sexual en lugar de sentir el natural dolor y la entendible vergüenza que provoca llevar una vida en la que se cultivan sus prácticas sexuales aberrantes 

Los agentes del mal son aquellos que explotan a estos desafortunados para obtener una ganancia: los cirujanos que alteran cuerpos por dinero y los progresistas que utilizan a los aberrosexuales como armas de la diversidad y la ilustración –demostrando así que sus enemigos no son la injusticia o la desigualdad, sino la naturaleza, la salud y la sanidad. Ninguna sociedad debería consentir ser gobernada por estos monstruos.  


Antonella Díaz