La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

jueves, 11 de julio de 2013

Un día de cumbia

Estimado lector,

Después de una larga ausencia, me encuentro ya en Tucumán. Hace quince días, por motivos laborales, tuve que viajar a Buenos Aires para permanecer una semana allá, pero por motivos de salud tuve que quedarme en la Capital nacional por otros siete días más. No miento: la salud que tuve que resguardar fue mi salud mental, ya que, desde hace algunos años, en el noveno día del mes de julio la ciudad de San Miguel de Tucumán y Nueva Tierra de Promisión corre el riesgo de sufrir de un aluvión zoológico, por lo que conviene estar lo más lejos posible de sus calles para no padecer un soponcio.

Como descendiente del sacerdote José Ignacio Thames, se supone que yo debería ser un invitado a los actos oficiales para conmemorar la Declaración de Independencia de nuestra nación. Sin embargo ello no sucede. De todos modos, aún si me invitasen, me abstendría de ir, ya que encuentro ofensivo que a un acto solemnemente heroico lo conviertan en un espectáculo de escandalosa chabacanería.

Este año los diarios me confirman que todos mis prejuicios en torno al 9 de julio eran, en realidad, premoniciones. Sabía yo de antemano que Monseñor Alfredo Zecca, un vomitado por Dios, aún desde su tibieza iba a utilizar el púlpito catedralicio para hablar de la importancia de la división de poderes para que exista la República, de los males que genera la pobreza y de la necesidad del diálogo político para conseguir el consenso social. Zecca, para ajustar su discurso a su audiencia, bien podría haber hablado sobre el Infierno al que están condenados los que eligen el vicio en lugar de la virtud y los que niegan la regencia de Cristo para llevar a cabo la obra del Maligno, pero no se puede esperar demasiado de los clérigos del presente.   

Sin embargo la homilía de Monseñor Zecca fue un detalle insignificante de la fiesta patria de este año. En las calles aledañas a la Iglesia Catedral, la originiada, como yo ya lo había previsto, empujada por unos cuantos avivados copó los espacios para que los ciudadanos que tenían la intención de manifestarse ante las autoridades no pudieran hacerlo. Querían imponer el clima festivo, como si aquel cuyos derechos se ven vulnerados estuviese desautorizado de antemano de peticionar ante los funcionarios públicos en un día feriado. 

Lo que si me sorprendió fue lo que hizo la policía provincial: ésta –pese a que Cristina Kirchner ya había optado por no introducir su ofídico rostro en el templo católico– se negó a objetar la orden de “borrar” por unas horas a los que pretendían acercarse a la Plaza Independencia con el fin de informarle a la ausente Presidente sobre la atroz impunidad que gozan quienes les hicieron daño a sus familias, y terminaron manchando sus uniformes por hacer lo que un tirano les mandó que hagan. 

Así fue que Dardo Caciccio, el padre una beba que el año pasado falleció debido a que el gobierno de Alperovich no quiso habilitarles el avión sanitario de la provincia, denunció que un grupo de oficiales lo interceptaron en una esquina y lo retuvieron en el interior de una patrulla por varias horas. Lo que se dice vulgarmente “un apriete”.

Alberto Lebbos, por su parte, no sólo no pudo pasar el cerco personal que le montó la policía, sino que además recibió un golpe de gas pimienta sobre sus ojos. Para colmo el padre de Paulina, la María Soledad Morales tucumana, fue denunciado por la propia policía de avanzar rodeado de una agrupación de ultraizquierda que iba munida de palos y piedras. Si los policías se referían a los fantoches del Partido Obrero, queda en evidencia que mienten: esa banda de trabajofóbicos está compuesta en Tucumán por gente que si agarra algo parecido a una pala entran en coma, por lo que es obvio que jamás llevarían un pedazo de madera entre sus manos.  

En el Hipódromo se desarrolló el resto de la afrenta en contra de los Padres Fundadores de la patria. Allí los neoimberbes de La Cámpora, La Alperovich y otras pymes similares degustaron carnes asadas, consumieron bebidas espirituosas y fumaron cannabis paraguayo, mientras repartían gorras y remeras a los originarios que los viejos punteros del Partido Justicialista habían acarreado desde los arrabales cercanos y no tan cercanos. Fue una verdadera guerra de obsecuencia que, gracias a la importante suma de dinero público dilapidada, enfrentó abiertamente a Domingo Amaya, Osvaldo Jaldo, los intendentes del interior provincial y los clanes hebreos que pretenden apropiarse para su beneficio personal de la estructura partidaria que más elecciones ha ganado en los últimos tiempos. La gente del matón y empresario bonaerense Luís D’Elía se ubicó con una caterva de negros (y me refiero a auténticos africanos) justo detrás de Sara Alperovich, la dentista devenida piquetera que pretende, supongo, conseguirse fueros en 2015 para no terminar como millones de argentinos esperamos que terminen los de su familia.

El discurso de Cristina Kirchner merece un extenso comentario que me niego rotundamente a realizar por el bien de mi mente. Destacaré, eso si, lo que ya sabía que iba a mencionar: esta vez la señora no dijo que ella siempre fantaseó con ser una “arquitecta egipcia”, o sea no dio a entender que tiene vínculos con la masonería, pero si habló del Nuevo Orden Mundial en el cual Argentina, al parecer, tiene un lugar asegurado como satélite de China. Más allá de eso, Cristina Kirchner, como bien lo anticipé, también elogió la presencia de Susana Trimarco, cuya hija desaparecida, según se deduce de la actitud del gobierno, tiene más valor que la hija asesinada de Alberto Lebbos.   

Para concluir este texto me quedo con el escalofriante recuerdo de la Desquiciada intentando bailar cual cumbia nada más y nada menos que al mismísimo Himno Nacional ante la mirada incómoda de quienes estaban a su lado, que no sabían si prestarse al ridículo o huir hacia alguna madriguera para refugiarse. Una perfecta metáfora de la situación actual.  

FUENTE:
http://gentiltucumano.blogspot.com.ar/

viernes, 5 de julio de 2013

San La Muerte, patrono de Salta

La política en tiempos de Francisco

Causa cierto estupor enterarse del reciente rechazo del Concejo Deliberante de la Ciudad de Salta a la iniciativa de declarar como un “Municipio Pro-Vida” a la capital de La Linda. El estupor, claro, no es motivado por la decisión en si misma, sino por los argumentos utilizados para justificarla. En un momento histórico como este, en que el Papa Francisco impulsa la causa antiabortista y los partidócratas locales intentan congraciarse con el Sumo Pontífice de la cristiandad, ir deliberadamente en contra de las pocas banderas que levanta la actual conducción de la Iglesia Católica pareciera ser un error costoso. Sin embargo muchos de los concejales salteños decidieron incurrir en ese error, básicamente porque aún hoy el daño político que ello ocasiona es bastante leve. Vale decir, si el proyecto “Salta Pro-Vida” no prosperó se debió a que aquello que a estas alturas tendría que ser catastrófico para un político todavía no lo es.

En realidad es lógico que opten por la muerte los más ilustres exponentes del bestiario progrecínico de Salta (Gabriela Cerrano y Arturo Borelli del Partido Obrero, Martín Ávila y Gustavo Castro de Memoria y Movilización Social, Zulma Pedraza del Frente Plural, e incluso el jefe del Movimiento Popular Unido, el prometedor Martín Poma Ovejero, que ya acumula causas por estafas, homicidio y tenencia ilegal de armas); lo que es extraño es que aquellos otros chupópteros que integran el Concejo Deliberante de la capital salteña no estén dispuestos a ir hacia donde sopla el viento, contrariando así la actitud que los puso allí en donde ahora están. Que personajes como César Álvarez o Hugo Sumaria no hayan apoyado un proyecto que contaba con el beneplácito del Vaticano habla de la escasa influencia que el Papa Francisco está ejerciendo en nuestro país. Se vive un periodo en donde el progrecinismo ha alcanzado sus picos y aún no hay muestras de que haya comenzado su retirada. Es probable que la infección del Progreso que sufre la Argentina se reduzca en los próximos tiempos, pero mientras tanto, mientras el Papa continúe malgastando esfuerzos en internas eclesiásticas y promoviendo esterilidades como el diálogo interreligioso en lugar de convocar a la humanidad a vivir una vida sin pecado, los que más padecerán serán los inocentes.

Un catálogo de estupideces

Repasar las cosas que se dijeron para negar la adopción de una medida tan positiva como el proyecto “Salta Pro-Vida” es una tarea aburrida, pero aún así es digna de ser completada. Sucede que, curiosamente, en la actualidad, en épocas en que la corrección política pareciera ser obligatoria, sigue teniendo sabor a “fundamentalismo” una propuesta para defender el derecho a nacer de un niño. Se puede estar a favor de los perros de la calle, de los árboles, de los inmigrantes, de los ateos, de los drogadictos, de las sectas religiosas, de los aberrosexuales, de los cumbieros, de los jóvenes, de las mujeres o de los gnomos de jardín, pero si se está a favor de protegerle la vida a un niño que carece de medios propios para evitar ser torturado y asesinado alevosamente entonces se habrán transgredido los límites de la corrección política. Extraño, ¿verdad?

La contradicción progrecínica que se genera en la intersección del fomento al respeto por la vida ajena y la promoción del aborto es más que flagrante. Aún así los defensores de esa postura se niegan rotundamente a reconocerla. Por tanto es importante dejarlos en evidencia, para que el peso de sus propias palabras derrumbe la ridícula ambición de su discurso.

Empecemos por los extremistas. Gabriela Cerrano (PO) señaló que defender la vida de una persona que no nació es un acto de agravio en contra de las mujeres. La mujer, según la mitología que ella maneja, debe ser educada para percibir los cruentos homicidios que se producen durante los abortos como un acto de soberanía, en donde el intruso que se le introdujo en su cuerpo sin su consentimiento (el cual, al parecer, no se trataría aquí de un ser humano que engendró gracias a las células que ella misma produjo) debe ser ejecutado violentamente. Sólo de ese modo –y de ninguno otro modo distinto– se podrá preservar la vida de un puñado de mujeres que año a año eligen contratar a un sicario que, por su impericia o vaya uno a saber por cual otra causa, termina liquidando a dos personas por el precio de una.

Martín Ávila (MMS), quizás para no quedar en vergüenza, recatadamente sostuvo que el proyecto a favor de la vida humana colisionaba con otros derechos –negándose de paso a dar el debate de fondo sobre la cuestión de quien es más merecedor de derechos: una criatura indefensa e incapaz de haber tomado malas decisiones propias, o una persona que no sólo ha logrado un embarazo sino que también ha decidido concluirlo abruptamente. Martín Poma Ovejero (MPU), tratando también de quedar como un leguleyo experto, no se privó de decir que una ordenanza municipal no se puede oponer a una ley nacional, obviando el hecho de que no hay ninguna ley nacional que reglamente el tema de las prácticas abortivas y si, en cambio, hay un artículo en el Código Penal de la Nación que condena el desarrollo de dichas prácticas. Y Lucrecia Lambrisca, una romerista tan feminista como María José Lubertino, definió como “cavernícola” a la idea de que un ser humano no fallezca envenenado a manos de un fármaco o triturado por instrumental quirúrgico.  
 
Desde sectores un poco más moderados la opinión fue muy similar. Las pejotistas Frida Fonseca Lardies y Silvina Abilés señalaron que no ser Pro-Vida no equivale necesariamente a ser Pro Muerte: a qué equilvadrá entonces aún estamos esperando saberlo.

Desde afuera del Concejo Deliberante también aparecieron valoraciones contrarias a la iniciativa Pro-Vida que no hicieron más que repetir lo que se vertió en el parlamento: por ejemplo Tania Kiriaco, en nombre del Colegio de Abogados de Salta, repitió los argumentos de Cerrano, y Laura Postiglione, invocando el poder que le conferían una coalición de ONGs hembristas, insistió –como Poma Ovejero– en que las normativas legales se elaboran de acuerdo a ciertas jerarquías, por lo que para que una ley se imponga no importa cuan virtuosa sea su intención sino cuan arriba se encuentra el que la propone.

Los teoconservadores: cruzados para el siglo XXI

Quizás muchos no lo hayan notado, pero hasta aquí me tomé la libertad de hablar sobre el proyecto “Salta Pro-Vida” y no de su autor. Los políticos y los opinólogos se dedicaron a hacer lo contrario. Así fue que, en las últimas semanas, Aroldo Tonini se convirtió en un objeto de ataque permanente por parte de quienes odian lo suficiente a los niños inocentes como para desearles su muerte. Un repudio tan generalizado hacia el concejal Tonini sugiere que este hombre lejos está de ser un mero actor secundario del escenario municipal.

Tonini fue contundente a la hora de hablar. Afirmó, por ejemplo, que la iniciativa de declarar a Salta un “Municipio Pro-Vida” (iniciativa que ya se ha impulsado exitosamente en otros lugares del país como Monteros, Concepción y Aguilares en Tucumán, Añatuya en Santiago del Estero, o Libertador General San Martín y Perico en Jujuy) tiene por propósito plantar la bandera de la resistencia en contra de la avanzada abortista que próximamente llegará al Congreso de la Nación para intentar imponerse como uno de los últimos actos de destrucción del tejido social argentino incitado por el putrefacto kirchnerismo. También subrayó que él no teme elegir abiertamente a la vida humana como el derecho humano más inalienable y fundamental de todos, convirtiéndola así en valor supremo, enalteciéndola para imposibilitar la naturalización del genocidio; y declaró que ninguna mujer debe someterse jamás a un aborto, pues dicho crimen bien puede ser evitado con diversas estrategias como el apoyo médico y psicológico gratuito, y el abono de subsidios ante la preñez –que, de hecho, ya están en vigencia a nivel nacional bajo el nombre de “Asignaciones por Embarazo para la Protección Social”.

Hacia donde apuntó Tonini en particular fue hacia los mercaderes de fármacos, recordando que en muchos centros de salud es más fácil acceder a las abortivas “píldoras del día después” que a una simple aspirineta. El negocio multimillonario de la intoxicación con venenos para mujeres embarazadas hace que no haga falta exhibir una receta médica ni solicitar una historia clínica para tener acceso a una pastilla tan poderosa como para forzar a un cigoto a abandonar la vida que posee.   
Finalmente, para dejar en claro que el aborto legal o clandestino es siempre asesino, Tonini propuso seguir avanzando en la defensa integral de la Vida. Sugirió que, por ejemplo, sería algo muy bueno el mostrarle obligatoriamente una ecografía con la imagen viva de su hijo a una mujer que ha conseguido una orden judicial para proceder con el homicidio de la creatura que ha engendrado en su vientre, buscando con ello convencerla de que no está por deshacerse de un tumor o de un apéndice sino de un ser humano. El concejal planteó que aquellos anómalos casos en los que una mujer queda embarazada a causa de una violación no deben concluir con otro delito como la muerte del niño, sino que se debe ir en contra del violador al mismo tiempo en que se faciliten los mecanismos para que el destino de la creatura sea el mejor posible.   

Tonini no dudó en manifestar que a “la vida humana la sostienen los que tenemos alguna religión, y en particular los que somos católicos”. Por ello quizás a Tonini no lo dejaron solo en el Concejo Deliberante: Ariel Burgos del Frente Salteño, Carlos Zapata de Salta Somos Todos, Martín Pérez Estrada del Partido Propuesta Salteña y Socorro Villamayor de Fe Peronista tuvieron la dignidad suficiente como para darle el apoyo que se merece a la promoción, defensa y conservación de la Vida. Estos concejales, a diferencia de otros que se dicen “cristianos” (y que, probablemente, pronto los veremos sacándose una foto junto al Papa), sólo optaron por ser religiosos, o sea teoconservadores, o sea católicos. Ese fue su argumento: simple, directo, sin engaños. “Porque soy católico entonces no puedo no estar a favor de la Vida”. “Católico” significa, etimológicamente, universal. Lo universal es lo que resulta verdadero en todo lugar y en todo momento. A lo universal no lo altera la circunstancia: no importa el tiempo en donde acontezca, tampoco el lugar, si algo es verdadero entonces es verdadero.  

Lo universal siempre ha fascinado a la humanidad. Averroes, un filósofo musulmán, postuló el “monopsiquismo” siguiendo la idea de que todas aquellas personas que razonando llegaban a conclusiones universales abrevaban en realidad de la misma fuente, es decir veían en el interior de la mente de Dios. El problema es que parecían haber dos juegos de verdades universales: el universo tiene comienzos y límites o bien el universo no tiene comienzos ni límites, todo está compuesto de partes más simples o bien lo simple no existe, etc. Allí cobra forma el origen del conflicto entre la Fe y la Razón (pues ciertas conclusiones racionales no coinciden con lo que el Dogma nos enseña), y se plantea la posibilidad de divorciar a una de la otra, obviándose algo que Santo Tomás de Aquino remarcaría después: el orden natural está contenido en el orden sobrenatural, por lo que no debería de haber separación entre una cosa y la otra sino continuidad.

Empero las circunstancias de los siglos no atemperaron el conflicto sino que lo azuzaron, y se llegó así al tiempo actual, en donde se sufre de un agnosticismo que decreta incognoscible al orden sobrenatural, y se padece de un inmanentismo que sugiere que todo lo que excede al orden natural es un invento de la mente.

La novedad que todo lo justifica

Antes de proseguir, me tomaré la libertad de abrir un paréntesis justo aquí para comentar un artículo de Daniel Ávalos, un cagatintas del famoso semanario Cuarto Poder que, al parecer, intenta asumir el rol de sofista.

Ávalos no lo admite abiertamente pero da a entender que su posición es la del iluminista, pues de no ser así no llamaría “oscurantista” a Tonini. Ávalos, además, aparenta tener un problema para asimilar el hecho de que un hombre pueda vivir en el siglo XXI y defienda valores que él califica de “medievales” –pero que en realidad son mucho más antiguos, pues tienen, al menos, 2000 años. De sus escritos se sigue que aquel que quiera vivir correctamente en el presente debe ser un inmoral que esté a favor de los matrimonios entre homosexuales, el consumo libre de drogas, la automutilación y, por supuesto, el asesinato alevoso de niños que no han dejado aún el vientre materno. Es decir el tal Ávalos lo que hace es ligar la idea de Bien a la idea de Tiempo, pasando por tanto a rendirle culto al Progreso. Su ecuación es tan burda y simplista que seduce demagógicamente: “todo lo que viene será mejor que lo que ya pasó”. ¿Qué significa ello? Pues que la tradición es un error y que, para vivir plenamente la propia vida, es necesario hacer exactamente lo contrario a lo que la tradición sostiene.

En la imaginación de Ávalos, los teoconservadores que se oponen a la decadencia moral tienden día a día a desaparecer. Yo coincido con él. Sin embargo yo comprendo que este fenómeno acontece porque el egoísmo, el hedonismo y la banalidad son impuestos (por alguien que lucra a partir de ello) frente a la tradición, mientras que Ávalos sólo lo entiende como parte de un proceso natural que en algún momento debía darse, probablemente porque un Ser Superior (en el cual, dicho sea de paso, no admite creer) así lo dispuso. Queda en evidencia que su discurso progrecínico se declara materialista, pero le atribuye a la materia propiedades que no tiene. Es decir, es contradictorio consigo mismo.  

El uso indiscriminado de expresiones como “arcaico” o “congelado en el tiempo” dejan en evidencia por qué Ávalos califica a Tonini de “profeta del Apocalipsis” tratando de tildarlo de anacrónico: el Apocalipsis, aunque le pese a Ávalos, no tiene nada que ver con el pasado pero si con el futuro, pues el profeta mira al presente para censurarlo. O sea que Ávalos considere que alguien que tiene una visión apocalíptica es cosa del medioevo es porque, sencillamente, se niega a aceptar que el porvenir no sea la utopía construida por el Progreso que él anhela. Al no escuchar al profeta, no está escuchando a Dios, y eso equivale a renunciar a la santidad, que no es más que renunciar a la elección de la vida virtuosa por sobre la viciosa. La pasión de los progrecínicos por la novedad proviene del hecho de que al no ser aptos para la vida virtuosa –dada su debilidad para el compromiso, su falta de honestidad y su incapacidad para el esfuerzo– fantasean con un futuro en donde todo se vuelva mediocre y burdo como ellos, logrando así diluir sus defectos en un mundo ampliamente defectuoso.

Ávalos no se priva de ver en los ateos, los agnósticos y los deístas, es decir en los enemigos pasivos o activos de la religión, a la vanguardia que se impone por sobre la tradición. Y habla también de unos supuestos católicos, católicos que, según sus palabras, están “alejados de esas concepciones religiosas en las que los hombres aparecen como puntos miserables y sujetos a normativas universales e inamovibles”. Católicos que no son universales, o sea católicos a-católicos, que es como decir argentinos no-argentinos o personas impersonales.

El genocidio como política de Estado

La filial salteña del Instituto Laico de Estudios Contemporáneos (ILEC) emitió un comunicado en donde condena el proyecto de Tonini por considerarlo contrario a la sacrosanta doctrina de los Derechos Humanos. Con argumentos débiles atacaron las iniciativas que el proyecto “Salta Pro-Vida” propone para afrontar con humanidad el problema del aborto no punible, de la píldora de la muerte y de la protección especial para mujeres víctimas de la agresión sexual.

Con respecto al aborto no punible, los del ILEC sostienen que el Fallo F.A.L. emitido por la Corte Suprema de Justicia de la Nación en 2012 es incuestionable. Es decir no sólo se niegan a reconocer que los jueces más poderosos del país han cometido un error descomunal con el fallo sobre el aborto no punible, sino que además niegan que exista la posibilidad de que alguien pueda criticarlo.  

El principal problema con el aborto no punible es que muy poco se dice sobre las consecuencias del mismo. Un aborto, con autorización judicial o sin ella, es motivador de gravísimas alteraciones psicológicas. Utilizar esta práctica como medio de control de la natalidad o como instrumento para la planificación familiar es manifestar una falta de tacto extrema.  

Desde el ILEC aseguran que la iniciativa de Tonini, además de pasar por alto la jurisprudencia de la CSJN (cosa que, por cierto, no es relevante a la hora de hacer leyes u ordenanzas), desconoce la letra de la Constitución Nacional e ignora lo estipulado en los Tratados Internacionales. Esto, simplemente, es una vil mentira. El artículo 4.1 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos sostiene que “toda persona [a partir del momento de su concepción] tiene derecho a que se respete su vida”; el artículo 6.1 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos prescribe que “el derecho a la vida es inherente a la persona humana”; el artículo 6.1 de la Convención sobre los Derechos Niños establece que “los Estados Partes reconocen que todo niño [es decir todo ser humano menor de dieciocho años] tiene el derecho intrínseco a la vida”; y, como si fuera poco, el artículo 75, inciso 23, de la Constitución Nacional reconoce la existencia del niño desde el momento de su gestación en el vientre materno.

En relación a la prohibición de píldoras abortivas -la propuesta más enfatizada en el proyecto “Salta Pro-Vida”- los del ILEC aseveran que ello contradice las disposiciones del nefasto Programa Nacional de Salud Sexual y Reproductiva (PNSSR) creado por la Ley 25.673, que, en los incisos “d” y “e” de su artículo 6, contribuye a abrirle las puertas a las compañías farmacéuticas que hacen de la muerte de inocentes un negocio multimillonario (algo tan lucrativo que hasta se da el lujo de coimear a la Organización Mundial de la Salud para conseguir su apoyo expreso).     

Hay algo que aclarar: nadie sabe exactamente qué es lo que motivó la creación del famoso PNSSR. Algunos sostienen que el PNSSR resuelve problemáticas demográficas, y otros le atribuyen capacidad para combatir la pobreza y para darle a los “excluidos” mayores oportunidades; no faltan quienes ven en el PNSSR una enorme conquista femenina en materia de derechos humanos, civiles e individuales, que colaborará en la definitiva liberación de las mujeres de la “opresión” que sus “derechos reproductivos” sufren debido a la cultural patriarcal; también están los que creen que el Estado tiene la obligación de garantizar la salud de su población, y la procreación irresponsable vendría a ser algo así como una “epidemia” que hay que erradicar a través de medidas como el PNSSR; y por último aparecen los que comprenden a la anticoncepción como un bien que mejora la calidad de vida de las personas, por lo que el PNSSR no vendría más que a reafirmar eso.  

Esta sumatoria de enfoques heterogéneos no llegan a señalar la verdadera causa de nacimiento del PNSSR: la distribución de anticonceptivos para engordar las arcas de los laboratorios que los producen. Para inflarles las cuentas bancarias a unos pocos, todo nuestro país se somete a un abordaje moralmente inaceptable de la Vida. La Ley que reglamenta al PNSSR señala que los métodos adoptados para la planificación familiar deben ser de carácter transitorios, reversibles y no abortivos, sin embargo es la ANMAT la única institución autorizada para determinar esas características, por lo que todo queda envuelto de sospecha.

Finalmente, en torno a la propuesta de concederles privilegios a las mujeres embarazadas, los cráneos del ILEC ven ello como una denigración de la mujer. Se quejan además de que la maternidad sea percibida como el eje principal de la identidad femenina. Desde el ILEC, por lo visto, se niegan a aceptar que al hablar de una mujer embarazada se está hablando, en realidad, no de una sino de dos personas. Supongo que los del ILEC son abortistas por lo que durante los primeros días del embarazo consideran a los niños en gestación como tumores, ¿pero que hay del día 91 en que, según su metafísica, el tumor cobra vida? ¿Una mujer con otra persona adentro no merece privilegios?

En cuanto a la idea de que reducir la identidad femenina a la maternidad es un error no estoy de acuerdo. La maternidad es (como la paternidad) un momento culminante en la vida de cualquier persona. La perpetuación de la especie es un mandato biológico, por lo que la conformación de una familia es, tanto para hombres como para mujeres, un horizonte de sentido. Ciertamente no recibir el don de la descendencia propia es doloroso, pero eso no convierte en algo absurdo a la vida. La célula de la sociedad es la familia y no el individuo, por lo que no valorar a la paternidad y a la maternidad como estados primordiales equivale a postular una sociedad atomizada, en donde el único vínculo legítimo es el del dinero.

El ILEC concluye asegurando que convencer a una mujer violada para que prosiga su embarazo atenta contra la elección individual de los planes de vida. Esto, por supuesto, es lo más insostenible de todo. En primer lugar porque una mujer que sufrió la violencia sexual ya experimentó, desde ese momento, un atentado en contra de la libre elección de su vida –cualquier persona que vea su voluntad sometida ilegalmente tendrá que lidiar para siempre con ello, no pudiendo hacer como que ese hecho nunca existió. Y en segundo lugar porque dar como solución al asesinato es políticamente incorrecto. En un país en donde hay ciudades en las que se prohíbe la venta de juguetes bélicos, refrendar el aborto va deliberadamente a contracorriente con esa idea de defender a los que no se pueden defender.

Alfredo Olmedo, en este sentido, planteó en el Congreso de la Nación un proyecto similar al de Aroldo Tonini, que busca agilizar las cosas para que una mujer que no desea el hijo que lleva en su vientre pueda entregarlo en adopción sin sufrir represalias. Siempre es preferible generar inconvenientes con el derecho a la identidad de alguien recién llegado a la vida en sociedad a no llegar nunca a conocer a esa persona. Siempre es preferible optar por la Vida y no hacer del genocidio una política de Estado.       



Antonella Díaz

domingo, 16 de junio de 2013

La salteñidad asaltada

Saltando al vacío

La Plaza 9 de Julio es uno de los mayores orgullos que tiene la ciudad de Salta. El 16 de Abril de 1582 el colonizador Hernando de Lerma fundó en ese sitio la urbe que, con el tiempo, sería conocida como “La Linda” –por tanto se puede afirmar que la salteñidad emana concéntricamente desde ese punto neurálgico desde hace por lo menos unos 431 años. La plaza adquirió su actual nombre en 1884, el cual se impuso para de alguna manera coronar todo el trabajo de hermoseamiento que en las décadas anteriores se había llevado a cabo, cambiándole su fisonomía de manera radical para pasar de ser una suerte de amplio estacionamiento a devenir un razonado jardín.

Lo que más fascina de ese espacio público no es la prodigiosa flora, las pintorescas fuentes o las estupendas estatuas, sino sus alrededores. En efecto, lo que el observador puede ver en los edificios que rodean a la Plaza 9 de Julio es la poderosa huella de la época colonial, algo que lo hace sentir a uno que está en lugar diferente de la Argentina. La Catedral Basílica de Salta y Santuario del Señor y la Virgen del Milagro y el Cabildo son lo más significativo del paisaje arquitectónico de la zona, junto a la Plazoleta IV Siglos (en donde se encuentra la estatua del Virrey Francisco Álvarez de Toledo).

Llaman la atención los nombres de las calles que rodean a la plaza: Bartolomé Mitre, Batalla de Caseros de 1852, Facundo de Zuviría y Reino de España. Salvo por la última, las otras tres tienen por particularidad remitir a personajes o eventos que poco aprecio demostraron ante la hispanidad que Salta encarna con tanta vivacidad, contrastando así con la identidad salteña más profunda pero conciliándola al mismo tiempo con los claroscuros de la historia nacional.

Lo insólito es que a ese viejo gesto conciliador el propio Gobernador Juan Manuel Urtubey haya solicitado demolerlo, proponiendo el cambio de denominación de al menos tres de esas calles (Mitre, Caseros y España) por no estar vinculadas a la idea que él tiene de lo salteño. ¡España nada tiene que ver con Salta! ¡Eso fue lo que Urtubey dijo!

Por supuesto que este salteño de doble piel que gobierna a la provincia no pronunció ni una palabra ante el inminente rebautizamiento de la Avenida Fortín Tuscal de Velarde, nombre que hace referencia a una agrupación gaucha que lleva más de seis décadas de existencia y que es famosa por el trabajo social que desde hace años desarrollan en los barrios de la zona en la que tienen su sede oficial. A dicha avenida pretenden llamarla, lamentablemente, “Néstor Kirchner”. ¿El finado Hombre de las Bóvedas es más salteño que la Madre Patria? ¿Eso piensa Urtubey?

Tergiversando a la identidad

Pero Urtubey no busca destruir el destino manifiesto de lo salteño avalando renombramientos y sustituciones de monumentos, también intenta hacerlo a través de la promoción de la desidia, el despilfarro y la entrega de lo propio.  

Del deplorable estado actual de la Plaza 9 de Julio prefiero no hablar para que mis ojos no se llenen de lágrimas de pena, así que mencionaré como ejemplo de la desidia la frágil imagen de la Basílica Menor de San Francisco y el preocupante abandono del Parque San Martín. Esos dos lugares deberían movilizar masivamente a los salteños a presionar a sus gobernantes para que los rescaten de su tétrico presente.

Ahora bien, con respecto al despilfarro es obligado citar la última aventura que el Gobernador Juan Manuel Urtubey y el Intendente Miguel Ángel Isa protagonizaron en EEUU. En plena época de blanqueo de capitales, los dos mandatarios más importantes de Salta se subieron a un avión privado y partieron rumbo al norte del continente para entrevistarse con el arquitecto tucumano de fama internacional César Pelli (por qué fueron los dos y no uno sólo es un misterio; habría que averiguar si las escalas del avión no incluyeron algún paraíso fiscal). A Pelli le ofrecieron hacer un mirador en el cerro San Bernardo y un museo en la esquina de Juramento y España.

El nuevo museo, según dicen, tendrá por objeto el albergar, entre otras cosas, a las momias de los niños de Llullaillaco, que actualmente se encuentran en el Museo de Arqueología de Alta Montaña en frente de la Plaza 9 de Julio. En la Salta que construyen Urtubey e Isa no sólo no hay espacio para los españoles que pacificaron la región, sino que además se expulsa del centro de la ciudad (y, por ende, de la fuente de la salteñidad) a la prueba más fehaciente de que los indios americanos pudieron haber gozado de la prosperidad pero eran moralmente unos bárbaros que necesitaban ser protegidos de ellos mismos. Seguramente el indio que se dibuje a partir de los relatos del aparato cultural urtubeycista será un buen salvaje que, como no podía ser de otra manera, denigra nuestro pasado glorioso –todo ello, claro, sin considerar a los indios de hoy como poseedores de igual dignidad que la de sus antepasados míticos.    

Traicionando a la Tradición

Finalmente, como ilustración de la entrega a manos privadas de lo que es de todos los salteños, no podrá faltar una referencia al proyecto que anda dando vueltas entre ciertos políticos de concederle a la Unión de Rugby de Salta (URS) un predio que se encuentra al lado del famoso Monumento a Güemes. Esto es, como mínimo, escandaloso. Y no lo es por la entrega en sí misma –pues pienso que la URS, por todo lo que le ha aportado a Salta, merece tener una sede digna en algún lugar cómodo–, lo es porque falta cada vez menos para que se cumpla el Bicentenario de la Muerte del General Güemes y no se está diciendo nada acerca de la construcción de un imponente mausoleo que honre a este héroe de la Nación.

El gobierno de Salta debe emprender la tarea de homenajear al gran Gaucho. No hacerlo es casi un acto de traición a la patria. A su vez, darle una respuesta a la URS también es importante. Yo humildemente propongo que se mude a la institución deportiva hasta la esquina de Zuviría y España, allí donde hay un supuesto Museo de Arte Contemporáneo (MAC) que no es más que una vidriera de mediocridad y falsificaciones que no merece estar tan cerca del corazón de la salteñidad. Tranquilamente se podría sacar al MAC del edificio en donde se encuentra para emplear al mismo como punto de reunión de la URS y otras organizaciones similares, y mover al mentado “museo” hacia el sur de la Avenida John F. Kennedy, hacia donde se encuentra el Aeropuerto Internacional, para subirlo a un avión y mandarlo tan alto que, cual Ícaro, derrita sus alas y caiga al vacío.  


Zaín el-Din Caballero

jueves, 6 de junio de 2013

El error de Alfredo Olmedo y el acierto de Victoria Donda

Sueños y esperanzas

Finalmente se sancionó la ley de Fecundación Artificial. Hubo una agobiante unanimidad en la Cámara de Diputados: 204 votos a favor, 1 en contra y 9 abstenciones.

Llama la atención que entre los que votaron a favor hayan diputados Pro Vida como la puntana Ivana Bianchi y el sanjuanino Héctor Tomás, y en la misma lista estén también los nombres de diputados Pro Muerte como el porteño Carlos Heller y la santafesina Alicia Ciciliani. Pero lo que más asombra es que el salteño Alfredo Olmedo (quizás el máximo defensor del concepto de Vida en el Parlamento nacional actual) haya aprobado el proyecto de ley, especialmente tras todas las modificaciones que sufrió.

La diputada ucerista bonaerense María Luisa Storani –una miembro del nefasto clan Storani– se mostró satisfecha con la actuación de la Cámara de Diputados, y aseguró, aliviada, que pese a todos los que se opusieron, la Fecundación Artificial terminó convirtiéndose en ley. Pero, ¿quiénes pudieron oponerse a algo como esto? Es decir, ¿quiénes podían verse perjudicados por la sanción de la ley? Ciertamente no las empresas que lucran ampliamente con la medicina (los médicos, las clínicas, las farmacéuticas, etc.), pues lo que la ley hace es financiar generosamente a esa industria. ¿Entonces? Al parecer Storani se refería a las Obras Sociales y Prepagas que no desean pagar por los costosos tratamientos para no verse perjudicados en su negocio –el único voto en contra del proyecto de ley, de hecho, vino de parte del peronista bonaerense Julio Ledesma, quien justificó su decisión sosteniendo que se oponía porque percibía que detrás había una embestida del gobierno en contra de las Obras Sociales de los sindicatos, y eso afectaba sus intereses como uno de los máximos responsables de la obra social del Sindicato de Empleados y Obreros de Comercio y Afines. 

Parece muy noble el oponerse a empresas que quieren juntar dinero y dejar insatisfechos a sus clientes. En esto es, por ejemplo, en donde coinciden Alfredo Olmedo y Victoria Donda: el salteño dijo que con la ley de Fecundación Artificial se le ponía un fin a quienes lucran “con el sueño de ser padres” y la bonaerense afirmó que se hacía lo propio con los que lucran “con la esperanza de quienes no pueden llegar a ser padres”. Pero entre “sueños” y “esperanzas” hay diferencias abismales. Un sueño es algo que, ontológicamente, es menos real que la esperanza. Alguien que tiene la esperanza de ser feliz está mucho más convencido que aquel que sólo tiene el sueño de serlo, pues el primero, de alguna manera, está esperando un resultado, mientras que el segundo sólo  está imaginando algo. Y aquí está la clave para entender por qué hubo tanta coincidencia entre facciones y posturas diferentes en el Congreso de la Nación: la peor lacra que integra la corporación política hizo una lectura perversa y maliciosa de un proyecto que –originariamente– estaba pensado para apuntar en otra dirección.

Derechos ficticios

Gustavo Ferrari, un diputado denarvaísta que se declara a sí mismo católico, tras emitir su voto favorable afirmó con total cinismo que “hoy los diputados estamos legislando en acceso a derechos”. Este hombre pretendía que los argentinos lo aplaudamos rabiosamente por su magnanimidad, pero con eso sólo dejó en claro que los políticos saben perfectamente el exabrupto que están cometiendo: tener hijos no es un derecho, por tanto el Estado no puede avanzar sobre ello. Al aprobar esta ley la persona –en este caso el hijo– deja de ser un sujeto de derecho para pasar a convertirse en un objeto de derecho: así como existe el derecho de tener una vivienda, así también ahora existe el derecho a tener un hijo. Esta cosificación de la vida humana favorece toda clase de perversiones, siendo las más graves de ellas la posibilidad de comprar niños (pues si todos los tratamientos fallan, las personas aún conservan el derecho de tener hijos, por lo que cualquiera puede ir y desembolsar unos cuantos miles de pesos para adquirir un ser humano) y el aborto (ya que al convertir en derecho algo que es un don como el tener hijos, también se puede convertir en derecho el no tener hijos).

Uno de los argumentos que dio Donda para celebrar la Ley de Fecundación Artificial es que gracias a ella ahora hay más igualdad de oportunidades, ya que la falta de recursos “afecta a más del 20 por ciento de la población que no puede acceder a los tratamientos”. O sea que de todas las parejas que no pueden concebir hijos de manera natural, el 20% de ellas no pueden costear el tratamiento (ante esto, el sentido común obliga a preguntar: “¿si una persona no puede pagar un tratamiento para conseguir un embarazo, cómo hará entonces para mantener al ser humano producto de ese embarazo por un lapso de, por lo menos, 18 años?”). Donda logró introducir uno de los más brillantes artilugios del progrecinísmo: lo que yo llamo el “argumento del favor a la minoría que oculta la destrucción de la mayoría”. Y cuando hablo de “destrucción” lo digo literalmente.

Pensemos en drogas. Donda es acérrima defensora del supuesto derecho a producir y tener drogas en pequeñas cantidades, destinadas al consumo personal o a la venta minorista. Ella, por supuesto, piensa en drogas blandas, más concretamente en marihuana, la droga predilecta de la clase media decadente a la que pertenece. Entonces clama por el derecho a drogar y drogarse, básicamente, para no tener que ser detenida por la policía y alojada temporalmente en una celda. Este tipo de propuesta salvaría a muchos drogones como ella de enfrentarse a la Justicia, pero, al mismo tiempo, es una condena de muerte para los jóvenes pobres. Porque una persona con plata puede caer en el vicio de la droga y salir sin muchas dificultades, ya que le sobran recursos y motivos para hacerlo, pero alguien pobre no tiene esa posibilidad, por lo que si se encuentra con un sendero libre para drogarse terminará recorriéndolo hasta que llegue al abismo.

Con la Fecundación Artificial pasa lo mismo: para favorecer a una minoría se efectúa un zafarrancho enorme, que involucra no sólo enormes cifras de dinero que nadie honesto sabe bien a dónde van a parar, sino que también supone la ejecución de atentados en contra de la dignidad humana. Los defensores del aborto (y Donda, ¡oh, casualidad!, es una de ellos) emplean el argumento señalado como su arma más poderosa: hay que legalizar los abortos porque todos los años una cantidad de no sé cuantas mujeres mueren por hacerse abortos clandestinos, entonces, para evitar ese puñado de muertes, tenemos que empezar a pensar que miles de niños inocentes masacrados son cosas y no personas.

La máxima aberración

Lo que debería hacer arrepentir a Olmedo por haber aprobado la Ley (o lo que, por lo menos, debería hacerlo empezar a pensar en modos de temperar el desastre) es lo que dijo María Elena Chieno. En efecto, Chieno, una diputada Pro Muerte y kirchnerista de Corrientes, se mostró exultante con la idea de la Fecundación Artificial. Ella señaló que: “creemos que con esta política de inclusión venimos a dar un paso más porque esta ley no se queda en la patología que genera la infertilidad, sino que incluye a todos los que por otras causas no pueden procrear”. Traducido: no sólo las personas que estén enfermas pueden acceder a tratamientos de fertilización artificial, ahora puede hacerlo cualquiera. Y en ese cualquiera está incluido realmente cualquiera: parejas homosexuales, mujeres incapaces de conservar relaciones estables, pedófilos que quieran una víctima para someterla, todos los seres menos aptos para la paternidad que existan ahora podrán engendrar a sus propios hijos, y no tendrán que someterse a exámenes psicológicos, entrevistas con jueces, ni nada que pueda llegar a obstruir el proceso.

¿Cómo podrán un hombre soltero o dos hombres aberrosexuales engendrar a un hijo? Pues a través de la compra de óvulos y del alquiler de vientres, lo que resulta ser una falta objetiva contra las obligaciones del amor materno, de la fidelidad conyugal y de la maternidad responsable. Eso, el alquiler y la venta de órganos, no está permitido aún en la Argentina, pero esta ley le abre el camino. 

La propia Presidente Cristina Fernández de Kirchner escribió en Twitter: “La fertilización asistida es ley desde hoy. Más derechos, más inclusión, mejor país. Como les dije, la Década Ganada”. Y luego puso el link a un video en el que se la veía dando un discurso pidiendo por la sanción de la ley y hablando de la necesidad de reformar el Código Civil. ¿Hace falta agregar algo más para demostrar que la sanción de esta ley es una de las cosas más nefastas que le pasó a la Argentina en los últimos cinco años?



Antonella Díaz 

domingo, 2 de junio de 2013

Prudentes como las serpientes, sencillos como las palomas y valientes como los cóndores

La falsificación partidocrática 

El 25 de Mayo pasado el Municipio de Tilcara organizó un desfile cívico-militar para conmemorar un nuevo aniversario de la Revolución de 1810. En el evento participaron numerosos ciudadanos argentinos, once de los cuales lo hicieron bajo el estandarte de la Asociación de Ex-Combatientes Jujeños del Operativo Independencia. Unos días después este hecho fue alertado en las redes sociales, haciendo que un frente de agrupaciones vindicadoras de la subversión y del terrorismo de la década de 1970 se comunicara con la prensa para manifestar su repudio a la presencia de los héroes del pueblo y la nación argentina en los actos oficiales. 

Lo relatado hasta ahora no tiene nada de extraordinario: que las Madres y Familiares de Detenidos-Desaparecidos de Jujuy (Línea Histórica), la Agrupación HIJOS, la Asociación Jujeña de Ex-Presos Políticos y el Centro de Acción Popular “Olga Márquez de Aredez” no deseen que aquellos que vencieron a los malvivientes de sus familiares e ídolos reciban ahora el aplauso unánime de la sociedad argentina es bastante lógico. Sin embargo lo que si es hasta cierto punto asombroso es la reacción de la corporación partidocrática ante la presencia de un humilde grupo de veteranos de guerra.  

Lo que sucedió fue que el Senador Nacional Gerardo Morales, el Diputado Nacional Mario Fiad y el Legislador Provincial Alberto Bernis, es decir los tres hombres más importantes de la UCR jujeña, se encontraban aquel día en el palco oficial del desfile, generando la sensación de que ellos avalan el accionar de los militares jujeños que fueron parte de la Gesta Gloriosa del Operativo Independencia, pues, como era de esperarse, se dedicaron a aplaudir automáticamente a todas las personas que pasaban en frente suyo. Pero, como no podía ser de otra manera, todo se trató en realidad de una mera confusión. Entonces estos ilustres politiqueros chupópteros no tuvieron mejor idea que emitir un comunicado aclarando que bajo ningún punto de vista ellos tendrían jamás la grandeza de reconocer como justa la guerra contra la subversión, y de paso recordaron que la misma agrupación de veteranos desfiló en muchos otros actos cuyas plateas estuvieron mancilladas con la presencia de los miembros del PJ local. 

Como la UCR y el PJ de Jujuy se vieron, de repente, interpelados acerca de su posición sobre los eventos de la década de 1970 por Adriana Aredez –la hija de Luís Aredez (un desaparecido intendente ucerista de Libertador General San Martín)–, las dos fuerzas decidieron utilizar a la Legislatura Provincial para repudiar a nuestros bravos defensores de la argentinidad y deshonrar a nuestro pasado del cual deberíamos sentirnos orgullosos. Así fue que con un Miguel Ángel Tito (PJ) rasgándose las vestiduras para hacer justicia en contra de la “apología a delitos de lesa humanidad” y con un Pablo Baca (UCR) apelando a la memoria parcializada, la corporación partidocrática jujeña decidió quitarles a los veteranos de la guerra contra la subversión su derecho a participar de nuevos desfiles, que es más o menos lo mismo que expulsarlos de la historia de la que son partícipes y denigrarlos como miembros de la Argentina a la cual pertenecen y con la cual han contribuido enormemente. Sólo Agustín Perassi (FPJ) manifestó un mínimo de decencia y trató de defender –aunque muy tibiamente– a aquellos que merecen los más verdes laureles. 

Un asunto provincial, un problema regional, una cuestión nacional

Esta violencia “democrática” en contra de gente que arriesgó su vida, justamente, para defender la democracia que los entronizó a ellos en el poder no es nueva en el NOA. Salta la ha experimentado varias veces. Por ejemplo una situación similar a esta de Jujuy se dio en el año 2008, cuando un subversivo trasnochado denunció a Juan Manuel Urtubey y a Marcelo Lara Gros por no repudiar la presencia de los “Rodillas Negras” en un desfile cívico-militar realizado por el aniversario de la fundación de San Ramón de la Nueva Orán. Los “Rodillas Negras” fueron los miembros del Regimiento 28 de Infantería de Monte cuya presencia en Tucumán fue decisiva para vencer a la guerrilla apátrida en la lucha cuerpo a cuerpo en medio de la tupida vegetación del sur de la provincia. Por supuesto que para el denunciante, un tal David Leiva, los “Rodillas Negras” eran, por el contrario, una banda de mercenarios genocidas que anduvieron asesinando gente a sangre fría en los montes tucumanos porque, según su punto de vista distorsionado, no tenían nada mejor que hacer. 

Más recientemente, Salta tuvo que sufrir la perversidad de unos falsificadores profesionales de la realidad que impulsaron la destrucción del monumento a los Bravos de Manchalá. Con la excusa de que el cóndor que coronaba la escultura les molestaba, al final terminaron arrasando con toda la obra, como si ese hecho alcanzará para convertir a la mentira en verdad. Afortunadamente en Salta un grupo de valientes ciudadanos decidieron agruparse y defender a los Bravos de Manchalá, pues al hacerlo están defendiendo también a la patria de la amenaza más actual: la de los póngidos y cretinos que actualmente nos gobiernan.  

Julio y Mario

En el fondo de la “reacción memorialista” de los partidócratas jujeños (la misma que llevó a Morales, Fiad y Bernis a decir que ellos están dispuestos a participar “de cualquier iniciativa conjunta en línea con los ejes transversales de la lucha por los derechos humanos”, que es lo mismo que admitir que, culturalmente, ellos son tan defensores de la corrupción, la impunidad y la tiranía como cualquier pejotista) está la disputa entre Félix Pérez, el Intendente de Tilcara, y la ya mencionada Adriana Aredez. 

Aredez es una profesional de la victimización. Esta señora vive de lo que gana con una ONG que “defiende los derechos humanos”. Entre sus actividades no sólo están las de promover causas contra militares y civiles que tuvieron algo de protagonismo militar, social, económico o político en la década de 1970, también se ocupa de intoxicar a las generaciones más jóvenes con su pedagogía del odio. Sus mejores discípulos –curiosa o no tan curiosamente– son los perfectos activistas vagos y malentretenidos, candidatos naturales al Vatayón Militante, que al por mayor ha generado el régimen kirchnerista. Uno de ellos, un tal “Patitas”, tuvo la brillante idea de juntar a 40 como él y asaltar una comisaría tilcareña para solicitar que la policía libere a dos compinches suyos que estaban demorados por andar ebrios o drogados en la vía pública; la policía reaccionó como debe reaccionar en esos casos, controlando la agresión a través de diversos métodos. Al día siguiente, Pérez felicitó a las Fuerzas del Orden por su accionar, pero “Patitas” y los suyos lloriquearon ante Aredez –que tiene un vínculo con Tilcara debido a que suele trabajar con la delegación que la UBA tiene en la localidad–; ella juró vengarse de Pérez por no repudiar la agresión a sus acólitos y unos días después, aprovechando la presencia de la Asociación de Ex-Combatientes Jujeños del Operativo Independencia el 25 de Mayo, procedió a demonizar a nuestros héroes de la patria. 

En el comunicado que Aredez remitió a la prensa, se señalaba que no se podía avalar el Operativo Independencia, ya que, por ejemplo, el ciudadano jujeño Julio Rolando Álvarez García había sido torturado en el marco de aquella gesta militar. ¿Pero quién fue este tal Álvarez García? Pues un integrante jujeño de la organización terrorista Montoneros. Es decir que el motivo para repudiar a los héroes del Operativo Independencia sería, para Aredez y los de su comparsa, la voluntad de no ofender la memoria de un sujeto que conspiraba para asesinar y secuestrar gente con el propósito último de dar un golpe de Estado y conquistar el poder.    

No obstante yo digo que si van a recordar a Julio Álvarez García, ¿por qué no recordar a Mario Gutiérrez? Gutiérrez, el Soldado Mario Gutiérrez, era un muchacho nacido en La Quiaca que fue enviado a Tucumán en 1975. El 10 de Abril de 1976, mientras cubría el puesto de centinela de su escuadrón, se enfrentó a un súbito ataque de la guerrilla, cayendo abatido con varios tiros en el cuerpo. Hoy en día una calle en su ciudad natal lleva su nombre en señal de homenaje, pero no es de extrañar que la descendencia de quienes lo asesinaron pida también que se rebautice ese espacio de la república con algo que los haga felices a ellos. 

Lo que queda en claro para los jujeños es que son un rebaño peligrosamente acechado por los lobos, lobos que visten pines con siglas como “PJ” y “UCR”. Entonces a los argentinos patriotas de Jujuy les queda, como dijo el Señor, ser “prudentes como las serpientes” –pues así como algunos salteños se han organizado en su provincia para vindicar al monumento a los Bravos de Manchalá, así también es un deber organizarse para no dejar que se atropelle a los héroes del Operativo Independencia ni se ensucie su buen nombre– y “sencillos como las palomas” –no hay que olvidar que la verdad histórica está de un solo lado, y ese lado no es el de los infames revanchistas, por lo que es preciso sacar a la luz a los hechos tal y como acontecieron para que con su sola presencia consigan destruir a los engaños. Yo agregaría además que, hoy en día, para cualquiera que quiera hacer algo para vivir en un país justo es necesario también ser “valientes como los cóndores”, es decir heroicos como aquellos que pusieron en juego su vida en la selva tucumana para vencer a los que ahora han retornado. 


Zaín el-Din Caballero

sábado, 1 de junio de 2013

La ciudad aterrorizada

Atroz inseguridad

Mayo fue un mes consternante para la ciudadanía de San Pedro de Jujuy. Dos hechos delictivos crisparon el clima social de la ciudad.

El primero de ellos, el más trágico, ocurrió cuando un joven fue asesinado en el barrio 14 de Abril por dos ex-convictos llegados de San Salvador de Jujuy para robarle su motocicleta. En efecto, en horas de la tarde del 4 de mayo, Iván Torres (25) se encontraba en la zapatería en la que trabajaba cuando dos delincuentes lo abordaron en el interior del local, lo golpearon y le quitaron las llaves de su rodado. Torres –en compañía de un hermano y su amigo– salió detrás de los malvivientes, logró entorpecer su huida, pero terminó siendo fatalmente baleado por uno de los maleantes.

El episodio desencadenó la reacción de los vecinos sampedreños, quienes organizaron marchas para solicitar el esclarecimiento del hecho y para pedir mejorar el sistema de seguridad del municipio. A causa de la presión social, el Comisario Francisco Soletta, un par de semanas después, se vio obligado a admitir que la policía de San Pedro carece de personal e insumos suficientes como para cubrir toda el área de la ciudad. Además reconoció que el consumo de drogas peligrosas entre los sampedreños es particularmente preocupante y que su fuerza no puede hacer demasiado para controlarlo.

La cautiva que dejó de serlo

Varios días antes de la confesión de Soletta, San Pedro había recibido horrorizada la noticia de una joven de la localidad que había escapado de un prostíbulo situado en el área de El Bananal.

Todo indica que, el 19 de marzo pasado, las hermanas Mariana (19) y Adriana (13) Suárez acompañaron voluntariamente a un vecino que les ofreció trabajo en la zona de Yuto. Ahora bien dadas las particularidades de este caso, no existe certeza sobre nada de lo que ocurrió después. Según el testimonio de Mariana –la joven que escapó del prostíbulo y retornó a su hogar– el vecino habría convencido a las hermanas para ir hacia el norte del Ramal jujeño para incorporarse a la cosecha de tomates; una vez allí habrían sido sujetadas en contra de su voluntad, hambreadas, obligadas a realizar tareas domésticas y sexualmente abusadas durante varias semanas por los peones rurales que trabajaban en la zona.

Probablemente el relato de la joven sea cierto, pero es también probable que no lo sea enteramente. Es decir, dado que todo se reduce a una cuestión testimonial, resulta casi imposible confirmar todas las declaraciones. Lo que intento señalar es que así como la narración del secuestro puede ser cierta, también puede ser cierto que a la joven le hayan informado desde el principio que iba a ser llevada a El Bananal para ejercer la prostitución, arrepintiéndose luego de haber escogido el prestarse para el desarrollo de esa práctica, lo que habría motivado su huida del lugar. Tanto lo del engaño como lo del arrepentimiento son hipótesis igualmente plausibles y no completamente corroborables.

De cualquier manera resulta ahora muy difícil saber qué paso en realidad, pues la familia de Mariana Suárez está siendo asesorada por ciertas ONGs que, por lo visto, les aconsejan victimizarse, construyendo así un relato en donde todo empieza a verse afectado por un halo de inverosimilitud, pero en el que queda en claro la pobreza que lacera sus vidas y el aparente desinterés de las autoridades por ofrecerles seguridad a las personas más vulnerables.

El hembrismo como obstáculo

Lo curioso es el modo en que se mediatizó el caso de las hermanas Suárez. Mariana Suárez reapareció, pero lamentablemente no lo ha hecho aún su hermana menor. Se barajan varias hipótesis sobre su paradero, siendo la más fuerte la que indica una posible salida de la niña hacia Bolivia (hay que recordar que tanto el dueño de la finca en donde funcionaba el prostíbulo, como la mayoría de los detenidos acusados de proxenetismo y el grueso de los clientes que visitaban el lugar son de nacionalidad boliviana). Esto alimenta la paranoia que manipulan los grupúsculos sinárquicos hembristas de San Pedro.

Penosamente la pequeña Adriana se encuentra en las garras de la incertidumbre. Más allá del peligro de la explotación sexual o laboral que denuncian las hembristas, esa niña corre el riesgo de devenir narcomula o, peor aún, fuente de órganos listos para ser traficados. Basta un comprador dispuesto a desembolsar una alta cifra para que Adriana abandone para siempre los prostíbulos. La campaña hembrista para recuperar a Adriana debería apuntar en esa dirección, porque si bien el robo de órganos es poco frecuente, éste es un delito que existe.

Y esto es quizás lo que más requiere de discusión. Porque las sinarquías hembristas, por una cuestión ideológica, convierten estos casos en batallas dentro de las guerras contra los ejércitos de machistas recalcitrantes –los cuales, desde hace siglos según su opinión, estarían llevando a cabo una campaña en contra de las mujeres con el objetivo de humillarlas, maltratarlas y esclavizarlas para mantener vigente el orden mundial falocéntrico. Ante invenciones de este tipo, la realidad, como era de esperarse, se diluye, y la Justicia se obstaculiza.

A lo que voy es que la perniciosa influencia contemporánea de las hembristas hace que todo caso en donde haya desaparecido una mujer se convierta en un episodio en el que están involucrados proxenetas. Vale decir lo que las hembristas hacen es “sexualizar” las desapariciones (del mismo modo en que en este país, durante el segundo lustro de la década de 1970, a las desapariciones se las politizaba).

Al sexualizar la desaparición el género masculino es presentado como un género despreciable al que le urge ser castrado. Al desexualizarlo, en cambio, sale a la luz la verdadera inseguridad que acecha a la gente decente de nuestro país. Quiero decir, el ver las cosas desde una perspectiva realista facilita la comprensión de lo que verdaderamente nos está sucediendo, lo que simplifica el diseño de estrategias para protegernos de aquello que nos amenaza.

Para un enfoque realista sobre la desaparición de Adriana Suárez sirve, por ejemplo, pensar en los delincuentes que la retienen como seres humanos y no como bestias machistas que sólo gastan su tiempo en pensar las diversas maneras de torturar a mujeres inocentes (que es la versión que de estos personajes dan las hembristas). Así se podrá ver que resulta menos conflictivo para un delincuente liberar a la joven buscada y alejarse de donde está, que llevársela consigo y arrastrar el problema a su nuevo aguantadero. Si la niña está en un prostíbulo del norte de Salta, no es tan complicado para la policía encontrarla, ya que ésta probablemente sepa de todos y cada uno de esos lugares y pueda acercarse a comprobar si la niña está o no allí. Por ello la hipótesis sobre la huida a Bolivia es la más fuerte (la otra hipótesis igual de fuerte es que ya haya reaparecido pero, por alguna causa obscura, la noticia no haya llegado a las autoridades). Y si la niña está allá en Bolivia y no aquí en Argentina, el riesgo de devenir víctima del tráfico de órganos es altísimo. Y las víctimas de ese delito no son exclusivamente las mujeres. Por ello es tan importante relanzar la campaña para dar con el paradero de Adriana Suárez, restituyendo a la niña a su hogar y ganándole de paso la batalla cultural a las delirantes, mezquinas y malintencionadas hembristas.

Secuestros inexplicables

Lo que remató el pánico en San Pedro fueron los insólitos casos de secuestros de niños denunciados en la última quincena. Esto si requiere de un análisis verdaderamente profundo y de una interpretación realmente adecuada.

Hay denuncias sobre varios episodios extraños. El primero de ellos lo habría padecido un menor de 11 años, de sexo masculino, que fue presuntamente secuestrado en las inmediaciones de la Escuela Nº 217 “Aeronáutica Argentina” por dos hombres –que se desplazaban en un vehículo ya supuestamente identificado–, y que fue liberado al poco tiempo en la zona de San Lucas. El segundo secuestro denunciado involucra a otro menor, también de sexo masculino, que, en las inmediaciones del Club Sociedad Tiro y Gimnasia, fue abordado de manera similar a la descrita anteriormente y fue liberado en las cercanías del Club Atlético San Pedro. Ambos casos están siendo investigados por la Fiscalía Nº 10 de San Pedro.

La Fiscalía, a su vez, ha decidido no proseguir con la investigación de otras denuncias recibidas. Una de ellas tiene como protagonista a un niño, de 11 años y de sexo masculino, que mantuvo un peculiar diálogo con un remisero que pretendía persuadirlo para que suba a su auto diciéndole que sus padres lo habían enviado a buscarlo, cosa que el niño descreyó y lo motivó a telefonear a sus progenitores para desechar la versión del desconocido. Probablemente esto no sea más que una confusión por parte del trabajador que desembocó en un momento de nerviosismo para el niño y sus padres. 

Pero la denuncia que llama la atención poderosamente es aquella que habla sobre una niña que, dirigiéndose a la Escuela Nº 201 “Salvador Canuto Martínez”, fue interceptada por una camioneta negra de la que se bajó un hombre –cuyo rostro estaba cubierto por un pasamontañas– que la introdujo al vehículo y se la llevó consigo a toda prisa. Esta denuncia cuenta con un número considerable de testigos, pero la Fiscalía la descartó después de que se presentó en el establecimiento educativo y realizó un escrutinio de resultado negativo con todos los padres del alumnado para identificar a la menor desaparecida.

La pregunta es: “¿quién está detrás de estos raros sucesos?” Por ahora no se puede más que especular, pero aún así es factible hacerlo dentro de un marco de posibilidades verosímiles. Será necesario entonces preguntar: “¿quién se beneficia con los secuestros o simulacros de secuestros de menores en San Pedro?” Descartando a una red de trata o tráfico de personas –debido a que no es convincente el hecho de que procedan delinquiendo a plena luz del día en lugares públicos y luego se arrepientan extrañamente–, hay que explorar otras opciones.

Se puede pensar, en primer lugar, que los secuestradores serían algún tipo de vándalos que han llevado lo suyo a niveles exagerados. Mientras otros andan pintando paredes o rompiendo el alambrado público, estos vándalos montarían escenas de secuestro para alterar a la sociedad sampedreña por razones vinculadas a sus desvaríos psicológicos.  

Otra posibilidad es que haya algún tipo de trama política detrás. Considerando que este año es un año de elecciones, los secuestros estarían apareciendo en el escenario municipal o bien para manchar la gestión del oficialismo en materia de seguridad o bien para inventar un mal que luego –gracias a las acciones positivas de los que controlan el poder– quedaría completamente erradicado.

Una tercera opción sería la de las hembristas. En efecto, estas organizaciones bien podrían estar sembrando el pánico para conseguir mayor eco para sus causas. La idea poco creíble de que hay dando vueltas vehículos que transportan a personas dispuestas a hacer secuestros súbitos y azarosos es la piedra basal del discurso social hembrista de la actualidad. Es por ello que esta hipótesis, más que las otras, debe ser revisada a fondo y en primer lugar.  



Ángela Micaela Palomo