La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

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jueves, 31 de enero de 2013

Bicentenario de la Asamblea del Año XIII

En estos días hemos asistido a un nuevo acto de falseamiento de la historia argentina por parte del kirchnerismo gobernante. Como si el número “200” tuviera un valor mágico o cabalístico que pudiera otorgarle virtud a un acontecimiento histórico, por el solo hecho de alcanzar esa cifra por el mero transcurso del tiempo, motivo más que suficiente para declarar feriada una fecha, aunque su significación histórica sea totalmente contraria a la intención que pretenden endilgarle sus promotores.

La celebración del bicentenario de la inauguración de la Asamblea del Año XIII, el 31 de enero de 1813, constituye uno de los más claros ejemplos de distorsión o tergiversación de la verdad histórica por parte del kirchnerismo “nac&pop”. Son varios los encubrimientos, ocultamientos y falsificaciones del carácter porteño, unitario, centralista, librecambista y pro-británico de la Asamblea del Año XIII y sus efectos, para intentar presentarla como uno de los hitos históricos “progresistas” de nuestra historia, porque declaró la “abolición de la esclavitud”, lo cual es absolutamente falso.

Primera falsificación histórica. Ninguna mención se hizo en esta “celebración” del hecho que la convocatoria a esta Asamblea formaba parte del abandono de las tradiciones políticas españolas y la recurrencia por parte de los políticos porteños a las instituciones promovidas por la Revolución Francesa –Triunviratos, Asambleas, Directorios, etc.-, que en esencia no es sino el proceso político llevado a cabo por la naciente burguesía francesa contra el poder absolutista monárquico, pero que no reconoció derechos políticos al pueblo (sólo eran ciudadanos quienes eran propietarios y tenían un ingreso fijo) y criminalizó las asociaciones gremiales por el solo hecho de su constitución.

Segunda falsificación histórica. Los ideólogos de la celebración de este inicuo Bicentenario nada dijeron del control que Carlos María de Alvear y sus partidarios hicieron de la Asamblea, siguiendo dócilmente las sugerencias y consejos del gabinete inglés, transmitidos por Lord Strangford y sus agentes en el Plata.

Tampoco mencionaron estos “intelectuales” que esta Asamblea estuvo presidida inicialmente por el mencionado Carlos María de Alvear, quien pocos años después propondría –como Director Supremo- la subordinación de las Provincias del Río de la Plata a la Corona Británica, como colonia de ésta última.

Tercera falsificación histórica. El grupo gobernante ha resaltado el pretendido carácter liberador y pionero de los derechos humanos, según las opiniones vertidas por un periodista devenido en “historiador”. Según este personaje, la Asamblea del Año XIII abolió la esclavitud, lo cual es una afirmación falaz o de suprema ignorancia, porque en realidad ese organismo proclamó “la libertad de vientres” para los hijos de los esclavos. Ignora u oculta ese auto-pretendido historiador que la Asamblea no proclamó la abolición de la esclavitud, a causa de las presiones llevadas a cabo por Lord Strangford en nombre de la casa real portuguesa asentada en el Brasil, para que las Provincias del Plata no se convirtieran en norte y refugio de los esclavos.

Cuarta falsificación histórica. Tampoco se hizo ninguna mención a la actitud “democrática” de los miembros porteños de rechazar la incorporación de los diputados artiguistas de la Banda Oriental, porque éstos portaban el mandato de pedir la independencia absoluta y la alianza ofensiva-defensiva de las Provincias Unidas del Río de la Plata, además de la exigencia de asentar la capital fuera del puerto-ciudad de Buenos Aires.

Quinta falsificación histórica. Nada se dijo en esta celebración que las reformas judiciales llevadas a cabo por la Asamblea tenían como finalidad borrar las instituciones tradicionales del régimen indiano para reemplazarlas por los esquemas formales del Derecho importado, sobre todo francés, con el objetivo de defender los intereses y privilegios del grupo porteño pro-británico dominante en Buenos Aires y en la Asamblea.

Tampoco se dijo que la proclamada igualdad de derechos civiles y cívicos de los indios tuvo como consecuencia que éstos se viesen privados del estatuto legal de tutela y amparo que les otorgaban las Leyes de Indias (Libro Sexto), para ser insertados en un nuevo esquema de igualdad política formal, pero en un contexto de profunda desigualdad social y económica.

Sexta falsificación histórica. También hubo un silencio absoluto respecto a las reformas económicas implementadas por la Asamblea, de neta orientación librecambista, influenciadas por los agentes del comercio inglés, permitiendo la libre introducción de productos y la libre exportación de frutos del país, oro y plata.

Séptima falsificación histórica. Los “sabios sueltos” e “intelectuales ignorantes” que dieron contenido épico a la celebración de este bicentenario ocultaron un dato fundamental: que la porteñísima Asamblea del Año XIII creó el cargo de Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata como poder ejecutivo, al mejor estilo de la Revolución Francesa y en lo que constituye el primer antecedente del sistema unitario que Buenos Aires pretendió imponer sobre el resto de las provincias rioplatenses.

Octava falsificación histórica. Nada se dijo del triste papel que cumplieron los Directores Supremos que Buenos Aires fue designando, desde el 31 de enero de 1814 hasta el 1 de febrero de 1820. Salvo Mariano González Balcarce, quien se desempeñó en el cargo por sólo tres meses (16 de abril a 9 de julio de 1816) y Juan Pedro Aguirre (quien ocupó el cargo por solamente 11 días, del 1 al 11 de febrero de 1820), el resto de los Directores Supremos –Gervasio Antonio de Posadas, Carlos María de Alvear, Ignacio Álvarez Thomas, Juan Martín de Pueyrredón y José Rondeau-, se destacaron por gobernar exclusivamente a favor de Buenos Aires, contra el Interior del país, y por buscar permanentemente el apoyo de Inglaterra, para asegurar el “buen” gobierno interno ante la presencia de Artigas y la “independencia” frente a la restauración borbónica de Fernando VII en el trono español.

Novena falsificación histórica. Los ideólogos de este Bicentenario, quienes reivindican, por ejemplo, las figuras de Dorrego y Artigas, ocultaron el hecho histórico del anti-artiguismo desplegado por la autoridad política suprema emanada de la Asamblea. Ignoraron y ocultaron que el primer Director Supremo, Gervasio Antonio de Posadas, declaró a José Gervasio a Artigas “traidor a la Patria” (decreto del 11 de febrero de 1814). Ignoraron el enfrentamiento permanente que tuvo José Casimiro Rondeau con el gran caudillo oriental, durante el sitio de Montevideo, y posteriormente con Martín Miguel de Güemes, comandando el Ejército del Norte y a quien declaró “traidor a la Patria”. Ocultaron también que, como Director Supremo, intentó utilizar el Ejército del Norte para luchar contra los caudillos del Interior.

Ignoraron u ocultaron que, como Director Supremo (desde el 21 de abril de 1815 al 3 de mayo de 1816), Ignacio Álvarez Thomas se enfrentó a José Gervasio Artigas, pretendiendo sabotear y desterrar su lucha federal e independentista, impidiendo la concurrencia de los diputados artiguistas al Congreso de Tucumán.

Ignoraron también que otro Director Supremo, Juan Martín de Pueyrredón decidió poner fin a la vigencia política de Artigas en las Provincias del Interior, razón por la cual renunció en 1817 a la soberanía en la Banda Oriental, para dejarla en manos del Imperio lusitano del Brasil, convirtiéndose desde ese momento en “Provincia Cisplatina”.

Décima falsificación histórica. Nada mencionaron los promotores “progresistas” de esta burda celebración que la principal figura dominante en la Asamblea del Año XIII, Carlos María de Alvear, no tuvo mejor idea al desempeñarse como Director Supremo (desde el 9 de enero al 20 de abril de 1815) que ofrecer las Provincias Unidas como colonia inglesa, porque nuestro país no estaba en condiciones de gobernarse a sí mismo, necesitada entonces de “una mano exterior que lo dirija y contenga en la esfera del orden antes que se precipite en los horrores de la anarquía”, lo cual significaba no volver a la dominación española sino entregarse a la “generosa Nación Británica”, porque solamente ésta “podía poner un remedio eficaz” a los males que nos aquejaban, teniendo en cuenta que “estas provincias obedecerán a su gobierno y recibirán sus leyes con el mayor placer”.

Más aún, a criterio del pro-británico Alvear, las Provincias del Río de la Plata “desean pertenecer a la Gran Bretaña, recibir sus leyes, obedecer a su Gobierno y vivir bajo su influjo poderoso”.

Gobernar exclusivamente desde Buenos Aires mediante un Poder Ejecutivo único, promover la libre exportación de los recursos mineros del país, enfrentar a los caudillos de los pueblos del Interior, asociarse con el comercio y las finanzas inglesas para “promover” el crecimiento económico, entregar a extranjeros la propiedad de regiones y provincias argentinas, etc., son varias de las numerosas “virtudes” que exhibió la porteñísima, antifederal y anglófila Asamblea del Año XIII. ¿Esto es lo que reivindica el gobierno “nac&pop”? ¿En nombre de lo “nacional y popular” este festival festeja la reiteración del esquema de libre comercialización de los recursos mineros, como lo hizo históricamente el unitarismo porteño? ¿Estas celebraciones “nac&pop” reivindican el proyecto unitario anglófilo de someter a los pueblos y provincias del Interior, tal como sucede actualmente? En última instancia, ¿será el anhelo de un Gobierno Supremo de las Provincias del Río de la Plata lo que se pretende reivindicar, al servicio del sometimiento colonial de la Argentina, a manos del Imperio Británico y del verdadero poder detrás del trono: las altas finanzas internacionales, de matriz angloamericana?

domingo, 6 de enero de 2013

Epifanía de Nuestro Señor Jesucristo


Jesús ha nacido, esto significa que Dios se ha hecho hombre. La Encarnación ha acontecido para que la humanidad pueda salvarse. Sólo hay que aceptar esa verdad, y vivir de acuerdo a ella.

Unos reyes orientales viajan en dirección a Occidente. Siguen una estrella. Pero la estrella se esconde. Entonces entran a Jerusalén. Esperan encontrar a la ciudad alborotada, porque un Rey ha nacido. Pero los sorprende la indiferencia de los judíos. Dios pudo haber elegido ser chino, bantú o nahua, pero eligió ser judío, eligió advenir en el peor de los pueblos para dejar en claro que los últimos serán los primeros. Israel lleva miles de años esperándolo a Él, y aún así, cuando nace, nadie parece querer recibirlo, pese a ser uno de los suyos.

Los reyes, hombres sabios y taumaturgos, piden una entrevista con Herodes –que es aquel que gobierna a los judíos– para que los asista en su búsqueda. Le dicen que la profecía de Isaías se ha cumplido y que están allí para alabar al Gran Caudillo. Herodes se sorprende. Los judíos de Jerusalén no se preocupan por el Mesías, pero él si: si un Rey ha nacido entre los judíos, entonces él perderá la corona. El único judío dispuesto en aquel momento a no ignorar al Dios encarnado tiene como único interés darle muerte a ese Dios (después esto se convertirá en un rasgo característico de los suyos).

Herodes les indica a los reyes el camino a Belén, pero también, cruelmente, ordena asesinar a todos los bebés varones del área de Belén. Allí, en la Matanza de los Santos Inocentes, están los primeros mártires de la cristiandad.

Sin embargo los hombres de Herodes no llegan hasta Jesús. Por ello los reyes orientales pueden conocerlo. En el interior de un establo donde se oculta un matrimonio humilde, ven a un niño lagrimeando y experimentan la Epifanía: descubren en esa frágil creatura al Amor; su llanto es la prueba de que Él ha decidido sufrir para salvarnos a todos. Antes de irse, los reyes le regalan al Niño oro para honrar su realeza, incienso para dignificar su humanidad y mirra para gloriar su divinidad.

Los reyes buscaron a Jesús y lo encontraron. Viajaron miles de kilómetros para dar con Él, mientras que los judíos que lo tenían en frente ni se inmutaron, y cuando lo hicieron sólo intentaron destruirlo.

En estos tiempos que son los nuestros, muchos obran como aquel Judío de Jerusalén, desdeñando por completo el hecho de la Encarnación o, peor aún, esforzándose por asesinar al Rey de Reyes para usurpar su lugar. Seamos nosotros como los reyes que, humildes, buscan a Cristo y se ponen a su servicio.

P. E. C.

martes, 25 de diciembre de 2012

¡Alégrese el cielo y exulte la tierra!


Salmo 88

Cantaré tu verdad eternamente,
y tu misericordia sin cesar:
la fundaste en los cielos firmemente,
y no puede pasar. 

Dijiste: “Yo pacté con mi elegido,
juré a David, mi siervo, esta promesa:
de tu linaje llamaré al Ungido,
y afirmaré por siempre tu realeza".

Los cielos cantarán tus maravillas,
y tu verdad la Iglesia de los santos.
Ante tu majestad todos se humillan
y adoran con espanto.

¿Quién podrá compararse al poderoso
a quien la luz de la verdad rodea?
Tú dominas los mares tempestuosos,
tú alzas y tú deprimes sus mareas.

Tú humillas el poder que levantaste;
tuya es la tierra y tuyos son los cielos;
las lluvias y las nieves y los hielos,
el aquilón y el mar tú los creaste.

El Tabor y el Hermón saltan de gozo
en tu nombre. Tu brazo es poderoso;
tu trono está sentado en la justicia;
anticipan tu rostro, la verdad
y la misericordia que propicia.

Tu pueblo cantará tu santidad,
por la luz de tu rostro dirigido,
en el nombre de Dios regocijado,
por tu santa justicia redimido,
y por tu beneplácito adoptado,
diciendo: ¡Nuestro Dios es nuestro Rey,
el santo de los santos de Israel!

Tú lo profetizaste de este modo:
"Puse mi amparo sobre el siervo fuerte;
hallé a David, y preferilo a todos;
lo ungí con óleo y defendí su suerte.
No lo derrotarán sus enemigos,
porque confundiré sus asechanzas:
mi gracia y mi verdad tendrá consigo,
y en mi nombre alzará siempre su lanza.
Sobre la mar extenderá su mano,
sobre los ríos su soberanía.
Dirá: 'Tú eres mi padre, soberano
Señor, amparo y guía'.

Y lo haré primogénito en mi casa,
rey excelso en la tierra;
mi protección para él no tendrá tasa,
ni en la paz ni en la guerra.
Mi alianza será estable; su linaje
por los siglos; su trono como el cielo.
Y si los hijos de él me abandonasen
correspondiendo mal a mis desvelos,
con vara férrea vengaré el ultraje,
pero no cesará mi providencia,
ni violaré mi alianza.
Lo que juré a David es sin mudanza:
por los siglos será su descendencia;
su trono como el sol en mi presencia,
como la luna, eterna su confianza".

Mas ahora, Señor, te has apartado.
Alejaste a tu ungido;
revocaste tu pacto, y profanado
su santuario por tierra está caído,
destruidos sus vallados.
Sus defensores todos han huido.
Es burla de las gentes comarcanas;
sin fuerza y sin socorro lo dejaste;
ha perdido sus galas soberanas,
y su trono firmísimo estrellaste.
Sus días disminuiste,
y de oprobio y vergüenza lo cubriste.

¿Hasta cuándo, Señor, será el despecho,
y nos abrasará tu fuego ardiente?
¡Acuérdate, mi Dios, de qué estoy hecho!
¿O es que nos has creado inútilmente?
¿Quién podrá sustraerse de la huesa?
¿Dónde están tus antiguas bendiciones,
el pacto con David, y tu promesa?
A tus siervos insultan las naciones,
y llevo  sus insultos en mi seno,
porque son en verdad tus enemigos
los que luchan conmigo
para echar a tu rostro su veneno.
¡Deténlos, oh Señor, con tu castigo!

sábado, 8 de diciembre de 2012

Fiesta de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción


La inmaculada concepción es uno de los principales dogmas Marianos. Sostiene que María, desde el momento de su concepción en el vientre de Santa Ana, fue protegida de la mancha del pecado original. Nuestra Señora, a diferencia de todos los humanos, estuvo libre de todo pecado desde el primer instante de su existencia.

No hay que confundir este dogma con el de la Maternidad Virginal de María, es decir, con el de la concepción de Jesucristo sin intervención de un varón.

Al ser María la madre de Nuestro Salvador, Dios la preservó de todo pecado desde su concepción y durante toda su vida. María jamás pecó. Recordemos que el pecado original con el que todos nacemos viene por herencia de Adán y Eva, y es fuente de todos los demás pecados que cometemos en nuestra vida.  A este dogma también se le conoce como la Purísima y Limpia Concepción.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Día del Gaucho Argentino


Hoy es el Día Nacional del Gaucho.

Se festeja el 6 de Diciembre, dado que en esa fecha del año 1872 apareció publicada en forma rústica la primera edición de El Gaucho Martín Fierro, escrito por José Hernández, primera parte de la obra literaria mas importante de nuestra nacionalidad, conocida como "La Ida", ya que su segunda parte, aparecida en 1879 se tituló "La Vuelta de Martín Fierro".

El Gaucho es, sin dudas, el arquetipo de nuestra nacionalidad, y José Hernández, quien lo puso en la consideración del pueblo de su patria, la que el conquistó a pata de caballo y defendió con su vida. Por eso el 6 de Diciembre se recuerda su gesta y su impronta, para tratar de recobrar un poco de sus valores y de aquello que llevó, allá por el ochocientos, a ser distinto de sus antecesores y diferente a cualquier otro habitante de la tierra. En ese tiempo y espacio en que se consolidó como forjador de nuestra Identidad Nacional. Rescatemos del Gaucho, su predisposición a brindarse al prójimo, su estar siempre dispuesto sin esperar nada a cambio, su vocación por la libertad, su hidalguía, su valentía en las luchas de Independencia.

Recordemos al Gaucho, que recordándolo nos reencontraremos con nuestras raíces y nuestra propia identidad nacional. Feliz Día del Gaucho para Todos.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Nuevo aniversario de la muerte de Cristina Viola: sin justicia aún


El 1 de diciembre de 1974, dejó una huella imborrable de sangre, dolor y muerte en Tucumán. 

El capitán Humberto Viola, sus hijas de 3 y 5 años y su esposa, fueron emboscados a la entrada de la casa de sus padres por un grupo armado del ERP. 

El terrorismo instalado en el país exhibió la cruel, fría y despiadada cara de asesinos sin miramientos a la hora de matar. 

La menor, María Cristina, murió acribillada. María Fernanda, con una herida en la cabeza, fue dada por muerta. Su padre, en un intento por atraer el fuego enemigo, murió a metros del modesto auto familiar. Sólo Maby -embarazada de cinco meses-, escapó de la cobardía donde escasean los calificativos en procura de explicar tamaña atrocidad. 

A lo largo y ancho de nuestra nación, se sucedieron hechos de tal naturaleza que aguardan justicia y castigo a los culpables. Escudados en la manipulación de las leyes que les sirven de guarida, son y serán asesinos. Libres, más viejos, pero asesinos. 

martes, 20 de noviembre de 2012

¡Viva la Soberanía Nacional Argentina!

El 20 de noviembre se recuerda el Aniversario de la "Guerra del Paraná" que diera lustre a nuestra Patria con los distintos hechos que marcaron significativamente nuestro pasado. Por eso el 20 de noviembre, aniversario del combate de Vuelta de Obligado, es para los argentinos el Día de la Soberanía.

Allí el 20 de noviembre de 1845 en las costas del Río Paraná, se batieron con alma y vida las tropas argentinas hasta quedar sin munición, y vencidos por la superioridad de las fuerzas invasoras, con armas de alta tecnología como los nuevos "barcos de guerra a vapor" y los cañones estriados de carga posterior. La Flota Inglesa al mando del Almirante Inglefield y la francesa al mando del almirante Lainé. Después del bombardeo y al desembarco, las cargas de bayoneta se repitieron y los principales jefes argentinos fueron heridos en combate. Los gritos de "Viva la Patria" se repetían y en medio del combate, la banda de Música del Regimiento Nº 1 de Patricios por orden del General Lucio Norberto Mansilla, tocó el Himno Nacional Argentino, coreado a gritos de rabia por los bravos que defendían la posición. Por eso el 20 de noviembre, recordamos en nuestra Patria, el "Aniversario del Día de la Soberanía Nacional ".
 
Consecuencias de la Guerra:

-El Brigadier Juan Manuel de Rosas defiende la Soberanía Nacional ante la ambición desmedida de los Gobiernos de Gran Bretaña, de Francia y del Imperio de Brasil, se opone e impide con las fuerzas que dispone, que las potencias realicen la "libre navegación" de los ríos interiores de la Confederación Argentina. Que las Grandes Naciones no puedan comerciar libremente con las Provincias Mesopotámicas, sin pagar impuestos ni hacer Aduana.

-Hasta Caseros, la Confederación Argentina, no reconoció la Independencia del Uruguay y del Paraguay, la incorporación de las Misiones Orientales al Imperio del Brasil y la anexión del Brasil de grandes extensiones de territorio del Norte de Uruguay (ex -Misiones Jesuíticas gobernadas desde Buenos Aires antes y durante el Virreinato del Río de la Plata – "Los 30 Pueblos Jesuitas" -).

-Finaliza el proyecto "secreto" de independizar la Mesopotamia (gestionado por los interventores de Francia e Inglaterra en el "Tratado de Alcarás"), y firmado entre Urquiza y las Provincias mesopotámicas con acuerdo con los Jefes unitarios exiliados en el Uruguay y Brasil.

-Se termina la intervención de las Fuerzas navales anglo-francesas, y poco después, el 13 de julio de 1846, Sir Samuel Tomás Hood, con plenos poderes de los gobiernos de Inglaterra y Francia, presenta humildemente ante Rosas: "el más honorable retiro posible de la intervención naval conjunta".

A lo que el Restaurador de las Leyes les haría pagar con un buen precio ganado, "en honores y de laureles":

- El fin del Bloqueo Naval de Francia e Inglaterra a los puertos argentinos.
- Devolver la Flota Argentina capturada.
- Devolver la Isla Martín García.

- Saludar la Bandera Argentina con 21 cañonazos, por parte de cada una de las Flotas intervinientes.
- Reconocer la Soberanía Argentina y la NO navegación de los ríos interiores.


Finaliza la posibilidad de Intervenir al Paraguay, y que el Uruguay pase a ser una colonia francesa. Las potencias europeas alejan la posibilidad de la injerencia del Imperio del Brasil.

Es el momento del máximo poder y de la admiración de los pueblos de América y de Europa hacia el Brigadier General don Juan Manuel de Rosas.

"A aquellos argentinos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su Patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempo de la dominación española; una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer."
(Carta de San Martín a Rosas. 10 de Junio de 1839).

En marzo de 1849, Rosas contestó una carta al Libertador en los siguientes términos:

"Nada he tenido más a pecho en este grave y delicado asunto de la intervención, que salvar el honor y dignidad de las repúblicas del Plata, y cuando más fuertes eran los enemigos que se presentaban a combatirlas, mayor ha sido mi decisión y constancia para preservar ilesos aquellos queridos ídolos de todo americano. Usted nos ha dejado el ejemplo de lo que vale esa decisión y no he hecho más que imitarlo. Todos mis esfuerzos siempre serán dirigidos a sellar las diferencias existentes con los poderes interventores de un modo tal que, nuestra honra y la independencia de estos países, como de la América toda, queden enteramente salvos e incólumes." (Juan Manuel de Rosas).

sábado, 10 de noviembre de 2012

El Día de la Tradición Argentina

Noviembre comprende un día consagrado a algo aparentemente abstracto, pero hijo y engendrador de concretos. Es la jornada del 10, dedicada a exaltar la Tradición Argentina. Una fecha que tiene su por qué, desde luego, y que importa mucho, como veremos, y una especial celebración sobre cuya significación y trascendencia entendemos del caso decir algo. Mas, cuando no faltan los que no alcanzan a valorarla como es debido y como interesa a lo esencialmente argentino, y cuando se da -asimismo-, en algunos, una tendencia a acapararla faccionalmente, que puede relativizarla o, al menos, no ayuda a lo que el país más anhela: su consolidación en paz; que no excluya disparidades -desde luego- pero que se afiance en la consideración mutua, en el diálogo sincero, en anteponer lo nacional a todo cálculo sectorial o individual.
 
¿Por qué noviembre y por qué, el 10? Porque a ellos están asociados José Hernández y su obra cumbre, "la Biblia Gaucha", como ha sido calificada: "El Martín Fierro". O si se busca ser más preciso: porque el 10 de noviembre de 1834, nació Don José, y fue en un mes de noviembre -1872- cuando salió a circulación el primer ejemplar de ese libro que le daría fama y que pinta personajes y por el medio donde se produjo la crianza. Como hijo de padres, de razas; y como entidad influenciada por el suelo, el cielo, el clima, el entorno, las posibilidades ambientales.
 
Ahí, en todo eso, está la "traditio". Lo que se transmite; lo recibido en herencia o por influencia. Lo perdurado; porque a su vez ha de trasladarse a otros. Suma de prácticas, hábitos, costumbre, modismos, usos, gustos, expresiones; pero no acumulación, sino adición más o menos consciente y - sobre todo - admitida como legado y consecuencia. Es decir: valorada no menos que como concreciones, como haber espiritual.
 
Y esa "traditio" que tiene que trasmitirse, define y proyecta. Define, porque distingue al que la ha recibido. Y proyecta, porque lo hace perdurable en su fisonomía y carácter, y le comunica fuerza al que la ha asimilado.
 
Basta observar el mundo que nos rodea para registrar el hecho de que ambientes de la campaña bonaerense de la época, que lo mismo valen para otras comarcas pampeanas y de buena parte del Litoral, y que no parecieron extraños ni en Cuyo, las Sierras o aún, en el Norte mismo del país.

¿Por qué un día especial para exaltar la Tradición?, cabe preguntarse. Vivirla y valorarla, corresponde todos los días. Pero siempre que una persona, un hecho, un ideal, una circunstancia, desea ser reconocida o se aprecia, mueve - también - a que se le consagre una fecha especial para afirmar pública y ostensiblemente esa consideración, en tal ocasión. Y así sabemos de un Día de la Raza, de un Día de la Madre, de un Día del Trabajador Telepostal y uno "de larga tradición", del Cartero.
 
¿Y se justifica que a la Tradición se la haya consagrado un Día? Si el término encierra un contenido y dice de un valor con proyección, sí. ¡Y vaya si en esa palabra cabe significación trascendencia! ¡Tanta, que es frecuente que no resulte medida plenamente!; por lo que juzgamos oportuno ahondar un poco en esto.
 
Un Pueblo es continuidad, vida; cuna, presente y futuro. Y un Pueblo es ser, más que estar; lo que implica origen, formación, idiosincrasia, carácter, personalidad, fisonomía. Todo lo que diga de su existencia individualizable y distintiva y ayude a su afirmación como realidad autónoma. Cuanto reconozca que tuvo un punto de arranque y se fue forjando en sangre y tierra; por lo que fue creado y los Pueblos más evolucionados de la Tierra cuidan y valoran sus particulares Tradiciones. Y lo mismo acontece en las naciones individualistas que en las colectivizadas o las "intermedias". Y sucede igual en las Naciones con milenios de cultura, que muestran orgullosas su pasado de esplendor y procuran enlazarlo con su presente empeño en seguir mereciendo admiración; que en los países de corta existencia, nacidos ha poco, que o buscan en erigir en fuente tradicional aconteceres forzosamente inmediatos, o hallan en otros más lejanos e indirectos, puntos de apoyo para elaborar una tradición que les dé marco y sustancia.
 
Nadie ignora, así, que los ingleses hacen un culto de sus viejos uniformes; de la misma subsistencia de una Monarquía en las formas, pese a que se gobiernan con lo que realmente es una República, etc. Y que en Francia se cuidan los centenarios castillos como a tesoros de valor incalculable, y se conservan viejas festividades, y se sigue velando por la perduración de vestimentas regionales. O que en Italia, cada vez que se aspira dar un paso adelante, la exaltación de la antigua Roma y sus manifestaciones clásica viene a ser el punto de apoyo para intentar dar el salto; se llame Renacimiento, Resurgimiento o como se quiera. O que los Escandinavos se enorgullecen de su ayer y los nombren vikingos. O que en Rusia, donde todo pudo ser cambiado categóricamente, aunque se les diese otro destino… fueron respetados los viejos palacios imperiales y las catedrales ortodoxas, para terminarse aceptando la reaparición del Culto Ortodoxo, justamente, con sus complejas ceremonias embebidas de simbolismo y ritualizadas con elementos y aparatos seculares. O que en los Estados Unidos, donde todo "es nuevo", "moderno"… cowboy y pieles rojas, casonas coloniales y documentos de la hora independista, etc., sean exornados para tratar de dar un espíritu a esa técnica en marcha, demasiado material y desarraigada, que ha evidenciado una deshumanización que se procura superar inyectándole alguna forma de tradición coherente, que dé alma a lo que sólo exhibe cuerpo.
 
Es que la Tradición vincula, cohesiona, afirma, define y, sobre todo, asegura el respaldo espiritual e intelectual que toda empresa reclama para ser sólida, distinguida, considerada, perdurable.
 
Y es que la Tradición provee bases, fundamentos, símbolos, modos y hasta una mística y cultos; sin todo lo cual el hacer de hoy carecería de otro sentido que el de la realización por que sí. De donde ha de concluirse lo que por otra parte es sabido: que los Pueblos que quieran obrar para el mañana, lo trascendente, han de empezar por forjarlo de acuerdo con lo que diga de su ser, que es lo recibido, que es lo apoyado en las Tradiciones que lo peculiarizan.

Se puede comprender lo dicho y puede que haya quienes no lo comprendan. Pero, comprendiéndolo, ha de evitarse - al exaltarse lo tradicional - toda pretensión especulativa con lo que sea o exprese Tradición. Porque en ella ha de verse un elemento cohesionante y no un campo de polémicas del ayer traídas al presente. Y gustar un "gato", recordar un dicho del "Viejo Vizcacha", tomar mate, usar poncho con orgullo, ser "gaucho" en el sentido noble que el gaucho sabía serlo, apreciar un producto de cerámica o una rastra, o tener presente - en hora de decisiones - la conducta de uno de aquellos que forjaron la Patria; han de ser vistos como apoyos para continuar un camino en el que sigamos siendo nosotros mismos, los argentinos, con los menores enconos y resquebrajamientos.
 
La tradición no es de nadie en particular, ni debiera ser elemento especulable. Si hay quienes la sienten más hondo y quizás más a la ligera, sea; eso no lo negativiza. Si se dan los que están convencidos de que ella va del brazo con una corriente dada, y otros que no lo ven así; poco importa. Pero lo que le interesa al país es que lo tradicional sirva para argentinizarnos espiritualmente; como si fuese el agua lustral que purifica para perfeccionar a cuantos reciben su bendición. Y esto interesa especialmente en el presente momento argentino, cuando todos los que anhelan que se forje un país Grande en el más amplio sentido del concepto, han de aprobar coincidencias, y en la ocasión en que todos los que aspiren a esa Grandeza Nacional honda y trascendente, tienen que comprender que en la Tradición no sólo hay recuerdos, de los que alegran y de los otros, sino - sobre todo - esencia, fuerza, dinámica. Está el Alma Patria. Esa Alma, viva y vibrante sin la que la Argentina -aunque creciese materialmente- no sería ella misma. Como nadie es cuando carece de personalidad. Como nadie es cuando sólo puede mostrar un cuerpo. Como nadie es cuando está falto de esencia, de carácter, de espíritu y cultura distintivos, de TRADICIONES.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Conmemoración de los Fieles Difuntos


La comunión de los santos es uno de los dogmas más consoladores de la Religión católica. Por él sabemos que la Iglesia militante, purgante y triunfante forman una sola familia, cuyos miembros están unidos entre sí con los vínculos de la caridad divina. De la misma manera que los santos del cielo nos aman y ruegan por nosotros y por las almas del Purgatorio, así las almas purgantes nos aman e interceden por nosotros y nosotros igualmente debemos amarlas y orar por ellas.
 
Es un triple acorde de amor, de oraciones y de ofrecimientos que se alza hacia el trono de Dios, tanto de esta peregrinación terrestre como de aquel lugar de expiación en el que las almas separadas están abrasadas de amor por unirse a su Bien infinito, como asimismo de los ejércitos aclamantes del Paraíso y este triple acorde, suplicante, hace llover sobre nosotros y sobre las almas Purgantes el rocío de la gracia divina y de los favores celestes. «Salida, viva ya de las angustiasde la muerte –como escribe el P. Monsabré–, el alma lleva consigo todas sus facultades, no atrofiadas o condenadas a la inercia, las cuales conservará hasta la resurrección de esa carne, que deberá revestir al fin de los siglos, y además dichas facultades siguen siendo capaces de obrar, aunque en condiciones profundamente cambiadas. La conciencia del propio yo, los hábitos intelectuales contraídos, los conocimientos adquiridos, los recuerdos impresos en su substancia incorruptible persisten en ella juntamente con la vida».
 
Las almas de nuestros muertos, ya estén en el cielo como bienaventuradas, ya expíen en el fuego del Purgatorio, viven unidas a nosotros, piensan en nosotros, nos aman, ruegan por nosotros.
 
Entre nosotros y nuestros difuntos hay una unión admirable, invisible, pero real; un intercambio de pensamientos, afectos, oraciones. Se dan todos los elementos de una amistad verdadera y eterna. ¡Qué consolador es este pensamiento! Nosotros no hemos perdido nuestros seres queridos, que han muerto con el beso del Señor. Están allá arriba y nos miran, piensan en nosotros, nos esperan. Otro tanto debemos hacer nosotros; pensar en ellos, amarlos, rogar por ellos.
 
El fundamento de la devoción a los fieles difuntos es este dogma consolador de la comunión de los santos. La Iglesia universal, ya sea que camine todavía en esta peregrinación terrestre, ya sea que arda entre las llamas purificadoras del Purgatorio, ya triunfe en los gozos eternos del Cielo, forma el Cuerpo Místico en el cual circula, vivificadora, la vida divina de Jesús.
 
Esta vida no se extingue con la muerte, sino solamente con el pecado mortal, que la seca en nosotros, haciéndonos sarmientos secos, separados de la vid, que es Cristo. Por eso las almas de nuestros difuntos, muertos en la gracia del Señor, son miembros vivos, unidos al Cuerpo Místico de Jesús. Ahora bien, así como en el cuerpo humano cada miembro no vive una vida separada, sino unida y ordenada al bien de todo el cuerpo, igualmente en el Cuerpo Místico de Jesús todos los miembros, ya pertenezcan a los viadores de este exilio terrestre, a las almas purgantes o a los bienaventurados poseedores, deben ayudarse mutuamente, de modo que cooperen al bien común en Cristo Nuestro Señor.
 
Todo esto, ciertamente, lo hacen los bienaventurados en el cielo y nuestros fieles difuntos en el Purgatorio, pero el sentido común quiere también que lo hagamos nosotros, manteniéndonos unidos por el amor, el ofrecimiento y la plegaria, con nuestros difuntos.
 
Recordemos, sin embargo, que esto se nos hace imposible si caemos en pecado mortal y extinguimos en nosotros la vida divina, esa vida sobrenatural que circula en el Cuerpo Místico de Cristo.
 
¡Pobres de nosotros! En este caso, nos convertiremos en sarmientos separados y muertos, en miembros corrompidos. Ya no seremos hermanos de los bienaventurados poseedores, ni de las almas purgantes que, sin embargo, son santas, sino que seremos leños secos, destinados a alimentar las llamas eternas del infierno.

Hacer sufragios por los difuntos es ante todo un deber de naturaleza. Ellos son nuestros hermanos. ¿Podemos ver acaso a uno que gime entre los dolores más atroces y no experimentar un sentimiento de misericordia y piedad hacia él? Y si tenemos el modo de ayudarlo, ¿no debemos hacerlo? Pues bien, las almas purgantes se encuentran en esta dolorosa condición; arden en amor de Dios sin poder unirse a El; y nosotros tenemos el modo de poderlos socorrer con nuestras oraciones y buenas obras. Además, es un deber de religión. Esas almas han sido redimidas, al igual que nosotros, con la preciosa sangre de Jesús, y el Señor nos dice que la misma medida que usemos con los otros, se empleará algún día con nosotros mismos. Algún día también nosotros nos encontraremos en el Purgatorio y tendremos necesidad de sufragios. Si ahora los hacemos por los difuntos, algún día habrá quien lo haga por nosotros. Bienaventurados los misericordiosos, porque conseguirán misericordia, nos dice Jesús.
 
Cuando nos presentemos delante de su tribunal para dar cuenta de toda nuestra vida, El tendrá por hecho a sí mismo lo que hayamos hecho por los pobres hambrientos, los desnudos, los peregrinos. Y solamente si hemos sido misericordiosos con ellos nos acogerá en el reino de los cielos. Por el contrario, nos alejará de si,malditos por siempre, si no lo hemos sido.
 
Ahora bien, las almas del Purgatorio son más desgraciadas que los pobres, los hambrientos, los sedientos, los desnudos y los peregrinos de este mundo. Están hambrientas y sedientas de Dios, están llenas de llagas y de manchas por los pecados cometidos y languidecen lejos de la casa paterna que anhelan alcanzar con todo el ardor de su espíritu angustiado.
 
Es, por último, un deber de justicia. Algunas de aquellas almas son nuestros abuelos, nuestros padres, nuestros hermanos o hermanas, nuestros amigos, nuestros bienhechores. Quizá se encuentran en aquel lago de dolor porque nos han amado demasiado, porque han querido acumular dinero para nosotros o porque han cedido a nuestros malos ejemplos. En estos casos, nos debe mover no sólo un motivo de caridad, sino una razón de justicia que nos obliga a ofrecer por ellos nuestros sufragios.
 
Son muchas las maneras con las que podemos ofrecer sufragios por nuestros difuntos:
 
a) con la oración; éste es un medio fácil, posible a todos. Rezando por nuestros muertos nos sentimos unidos a ellos; nuestro corazón experimenta alivio y nuestra alma está más segura de recibir de ellos la correspondencia eficaz, porque las oraciones que ellos hacen por nosotros serán más agradables a Dios misericordioso;
 
b) con la santa Misa, ofrecida en sufragio por ellos. Ofreciendo el sacrificio eucarístico, ya no somos nosotros solos los que rezamos, sino que Jesús mismo se une a nosotros y se ofrece a si mismocomo víctima de expiación para la purificación perfecta de las almas purgantes.Por esto la santa Misa tiene un valor infinito y bastaría una sola para vaciar el Purgatorio. Pero la aplicación de este valor infinito es limitada siempre, conforme a los arcanos designios de Dios. Sin embargo, es cierto que ningún otro medio es más eficaz en orden a sufragar a los fieles difuntos;
 
c) con las obras buenas ofrecidas a este fin. Toda acción virtuosa, además del mérito, tiene un poder expiatorio por las deudas contraídas con Dios Entre estas buenas obras que podemos ofrecer por las almas del Purgatorio notemos de modo particular la sagrada Comunión, las penitencias voluntarias, los inevitables dolores de la vida presente sufridos con resignación, los actosde paciencia, de sumisión a la voluntad de Dios, de misericordia; los actos de caridad espiritual y corporal; las indulgencias, ya plenarias, ya parciales, y en particular, la limosna. ¡Cuántos modos tenemos a nuestra disposición para aliviar a aquellas almas santas de sus penas y hacerlas cuanto antes nuestras intercesoras bienaventuradas en la gloria del Paraíso!
 
Esos actos nos ayudan a nosotros al mismo tiempo que a ellas; a nosotros, que con la Sagrada Comunión nos unimos siempre más estrechamente a Dios; con las limosnas nos despegamos de las riquezas y purificamos nuestro corazón de los afectos a las cosas terrenas; con las penitencias y mortificaciones domamos nuestros apetitos desordenados y nuestras pasiones. Y al mismo tiempo ayudan también a esas almas por quienes ofrecemos su valor satisfactorio para que puedan purificarse cuanto antes de sus manchas y gozar de la alegría inefable de la visión beatifica de Dios.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Fiesta de Todos los Santos

"¡Padre! Deseo que los que Tú me has dado estén conmigo allí donde yo estoy para que contemplen mi gloria; la gloria que Tú me has dado," así se expresaba Nuestro Señor en su Sermón de despedida, la inefable plegaria que Jesucristo dirigió al Padre en la última Cena, cuando ya iba a coronar su misión salvadora en la tierra, con su Sacrificio redentor.

Jesucristo pide que sus discípulos y todos aquellos que crean en Él sean también asociados a su gloria. Quiere que estemos donde Él está. ¿Dónde? En la gloria de Dios Padre.

Allí está el término final de nuestra predestinación, la consumación de nuestra adopción, el complemento supremo de nuestra perfección, la plenitud de nuestra vida.

El Santo Bautismo es la señal de nuestra vocación sobrenatural el sacramento de nuestra iniciación cristiana; nos hacemos justos mediante la gracia de Cristo. Esa justificación se puede ir perfeccionando sin cesar, según el grado de nuestra unión con Cristo, hasta que halle la culminación en la gloria.

La gloria es esa herencia divina que nos corresponde en cuanto hijos de Dios, herencia que Cristo nos ganó con sus méritos, que Él mismo posee y quiere compartir con nosotros.

Llegamos a participar de la misma herencia de Cristo: la vida, la gloria y la bienaventuranza eternas con la posesión de Dios. La culminación de la vida divina en nosotros no se realiza en este mundo; sino, como lo dice Nuestro Señor, junto al Padre.
 
Fijemos, pues hoy, Fiesta de Todos los Santos, la mirada en esa herencia eterna que Nuestro Señor pidió al Padre para nosotros; debemos pensar en ella a menudo, pues ella constituye la suprema finalidad de toda la obra de Cristo.

En la tierra siempre podemos perder la vida divina, que Jesucristo nos confiere por medio de la gracia; sólo la muerte en el Señor fija y asegura en nosotros esa vida de manera inmutable.

La Iglesia enseña esta verdad llamando día de nacimiento al día en que los Santos entran en posesión eterna de esa vida.

La vida de Cristo en nosotros en la tierra no es más que una aurora, no llega a su mediodía, pero mediodía sin ocaso, sino cuando florece en frutos de vida eterna. Por lo tanto, no tendríamos más que una idea muy incompleta de la vida de Cristo en nuestra alma, si no considerásemos el término a que por su misma naturaleza debe conducirnos esa vida.

La bienaventuranza eterna consiste en la visión de Dios cara a cara, en el amor inmutable y en la alegría perfecta.

San Pablo dice que en esta vida perduran tres virtudes: fe, esperanza y caridad; mas la caridad, añade, es la más excelente de todas. ¿Por qué razón? Porque al llegar al Cielo la fe en Dios se cambia en visión de Dios; la esperanza se desvanece con la posesión de Dios; pero el amor permanece y nos une a Dios para siempre.

He ahí en qué consiste la glorificación que nos espera, la bienaventuranza de que gozaremos: veremos a Dios, amaremos a Dios, gozaremos de Dios…

Esos actos constituyen la vida eterna, la participación asegurada y completa de la vida misma de Dios; de ahí nace la bienaventuranza del alma, bienaventuranza de que participará también el cuerpo después de la resurrección.

En el Cielo veremos a Dios. Ver a Dios como Él se ve es el primer elemento de esa participación de la naturaleza divina que constituye la vida bienaventurada; es el primer acto vital en la gloria.

En la tierra, dice San Pablo, no conocemos a Dios más que por la fe, de manera oscura; pero entonces veremos a Dios cara a cara.

No podemos ahora conocer lo que es en sí misma esa visión; pero el alma será fortalecida con la luz de la gloria, que no es otra cosa que la gracia misma floreciendo en el Cielo. Veremos a Dios con todas sus perfecciones; o mejor dicho, veremos que todas sus perfecciones se reducen a una perfección infinita, que es la Divinidad; contemplaremos la vida íntima de Dios; entraremos, como dice San Juan, en sociedad con la santa y adorable Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo; contemplaremos la plenitud del Ser, la plenitud de toda verdad, de toda santidad, de toda hermosura, de toda bondad.

Contemplaremos, por siempre jamás, la Humanidad del Verbo; veremos a Cristo Jesús, en quien el Padre puso sus complacencias; veremos al que quiso ser nuestro hermano mayor, contemplaremos los rasgos, para siempre gloriosos, de Aquél que nos libró de la muerte por medio de su cruenta Pasión y nos alcanzó el poder vivir esa vida inmortal.

Veremos a la Virgen María, a los Coros de los Ángeles, a toda esa muchedumbre de escogidos, incontable, que rodea el trono de Dios.

Esa visión de Dios, sin velos, sin tinieblas, sin eclipses, es nuestra futura herencia, es la consumación de la adopción divina. Aquí, en la tierra, nuestra semejanza con Dios no está acabada, mas en el Cielo se mostrará con toda su perfección. En la tierra tenemos que trabajar a la luz oscura de la fe para hacernos semejantes a Dios, y para destruir el hombre viejo, procurando se desarrolle el hombre nuevo criado a imagen de Jesucristo. Debemos renovarnos, perfeccionarnos constantemente, para acercarnos más al divino modelo. En el Cielo se consumará esta transformación que nos hará semejantes a Dios y veremos que verdaderamente somos hijos de Dios.
 
En el Evangelio se lee que el mismo Cristo compara el reino de los Cielos con un banquete que Dios ha preparado para honrar a su Hijo. ¿Qué quiere decir esto, sino que Dios mismo ha de ser nuestro gozo?

Dios dice al alma que le busca: "Yo mismo seré tu recompensa, y muy cumplida". Como si dijera: "quiero que mi vida sea tu vida, que mi felicidad sea tu felicidad. En la tierra te he dado a mi Hijo, siendo mortal en cuanto hombre, se entregó para merecerte la gracia que te transformase y conservase como hijo mío: se dio a ti en la Eucaristía bajo los velos de la fe, y ahora Yo mismo, en la gloria, me doy a ti para hacerte participante de mi vida, para ser tu bienaventuranza sin fin."

Aquí la gracia, allí la gloria; pero el mismo Dios es quien nos las da; y la gloria no es más que el desarrollo pleno de la gracia; es la adopción divina, velada e imperfecta en la tierra, sin velos y cumplida en el Cielo.

El grado de nuestra bienaventuranza queda determinado ya aquí en la tierra, según la medida de nuestra gracia. Gozaremos de Dios en la medida y grado a que la gracia haya llegado en nosotros en el instante mismo en que salgamos de este mundo.

Tengamos siempre presente esta verdad: el grado de nuestra eterna bienaventuranza es y quedará fijado para siempre, de acuerdo con el grado de caridad a que hayamos llegado con la gracia de Cristo cuando Dios nos saque de esta vida.

Cada momento de ella es infinitamente precioso, pues basta para adelantar un grado en el amor de Dios, para elevarnos más en la dicha de la vida eterna.

No digamos que un grado más o menos de gloria importa poco. ¿Tan menguado es nuestro amor a Cristo, que tengamos en poco ser miembros de su Cuerpo Místico, más o menos resplandecientes en la celestial Jerusalén?

Cuanto más santos seamos, ¡más glorificaremos a Dios durante toda la eternidad!, ¡mayor parte tomaremos en el cántico de acción de gracias con que los elegidos alaban a Cristo Redentor!…

Dejémonos penetrar íntimamente por la acción divina a fin de que la gracia de Dios obre tan libremente en nosotros, que nos haga llegar a la plenitud de la edad de Cristo.

Perseveremos firmes en la fe de Nuestro Señor Jesucristo; mantengamos una esperanza invencible en sus méritos; vivamos en su amor; no cesemos, mientras estemos aquí en la tierra, de aumentar nuestra capacidad de contemplación y de amor a Dios, nuestra capacidad para disfrutar de Él en la eterna bienaventuranza, para vivir de su propia vida.

Día llegará en que la fe dejará lugar a la visión, en que a la esperanza seguirá la dichosa realidad, en que nuestro amor hacia Dios se resolverá en un abrazo eterno con Él.

Nos parece a veces que esa felicidad está muy lejos; no es cierto; cada día, cada hora, cada minuto, nos acerca más a ella.

Busquemos las cosas que son de arriba, de donde Cristo está sentado a la diestra de Dios Padre; pongamos nuestro corazón en las cosas del Cielo, no en las de la tierra, pues nuestra vida, nuestra verdadera vida, la de la gracia está escondida con Cristo, en Dios.

Y cuando aparezca Cristo, triunfante en el día postrero, entonces apareceremos también nosotros con Él en su gloria, de la que participaremos como miembros que suyos.

No desmayemos por ningún dolor ni padecimiento; porque las aflicciones, tan breves y tan ligeras de la vida presente, nos reportan una medida colmada de gloria eterna.

No nos seduzcan las vanas alegrías, porque las cosas que se ven son transitorias, mas las que no se ven son eternas; el tiempo es corto y el mundo pasa. Lo que no pasa es la palabra de Cristo; esas palabras son para nosotros manantial de vida divina.

Entonces, Nuestro Padre de los Cielos descubrirá en nosotros los rasgos de su Hijo muy amado; y a causa de Jesucristo pondrá en nosotros sus complacencias y nos colmará de dones.


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viernes, 12 de octubre de 2012

El Día de la Raza: ¡arriba nuestra bandera!

520 años de evangelización

Hoy se cumple el 520 aniversario del descubrimiento de América por Cristóbal Colón. Todos recordamos ese enigmático día de 1492 en el que un pueblo y alrededor de 120 hombres pálidos cruzaron sus miradas por primera vez. Aquella madrugada en la que el marinero Rodrigo de Triana gritó "¡Tierra!" sin saber que tal grito sorprendería después a la Humanidad y cambiaría el destino de todo un continente hasta entonces desconocido.

Mucho antes de que este día llegase en Europa se estaban presenciando grandes acontecimientos apenas al inicio de la Edad Moderna, en donde algunos de sus ilustres habitantes se caracterizaban siempre por su gran curiosidad científica.

El gran debate sobre la redondez de la Tierra estaba en pleno furor entre geógrafos, navegantes y científicos de la época. Se hablaba también sobre el desarrollo de estas ideas para impulsar y establecer nuevas rutas hacia Oriente. Fueron pioneros los portugueses y españoles, quienes se entregaron a este proyecto. Enrique de Avis y Lancaster “El Navegante” (hijo del rey portugués Juan I) fundó en Sagres un observatorio junto con navegantes y científicos. Entre todos prepararon expediciones que permitieron descubrir las costas orientales de África, entre otros Cabio Verde, la isla de Madeira, el río Senegal y el río Congo. En 1471 Bartolomé Díaz cruzó lo que el bautizó como el cabo de las Tormentas, que después se llamó el cabo de Buena Esperanza. Tras este importante hecho Vasco de Gama logró llegar a la ciudad india de Calicut en el año 1498 abriéndose tras mucho esfuerzo la ruta africana a las Indias Orientales.

Pero en ese intervalo de tiempo apareció Cristóbal Colón, un hombre del que no se sabe demasiado ya que sus orígenes aún están en debate. Se dice que es originario de la ciudad italiana de Génova, proveniente de una familia humilde. Pero destacaba por su gran apasionamiento y experiencia en la navegación marítima y por su notable intelecto interesado en las ciencias. La curiosidad y el espíritu aventurero de Cristóbal Colón no tuvieron límites. Era partidario de la hipótesis sobre la redondez de la Tierra y en base en esto le presentó al Rey Juan II de Portugal su proyecto de atravesar el océano por el oeste para abrir una nueva ruta hacia la India. El monarca rechazó este proyecto argumentando que presentaba datos muy vagos y enormes exigencias económicas. Tras esta negativa, Colón ofreció su proyecto a Italia y Francia sin conseguir su respaldo.

Mientras en España había concluido la Reconquista expulsando a los musulmanes de su último reino en la península ibérica, permitiendo a sus gentes disfrutar de la victoria además de haber establecido contacto previamente con otras culturas de diverso desarrollo intelectual durante aquel tiempo. Cristóbal Colón se instaló en España y por medio de Fray Juan Pérez obtuvo el apoyo de la reina española Isabel I “La Católica”. Tanta fe tenía en su proyecto que se comenta que la reina tuvo que empeñar sus joyas debido a que el tesoro español estaba muy mermado tras el final de la Reconquista.

Finalmente el viaje partió el ocho de septiembre 1492 desde las islas Canarias con La Pinta, La Niña y Santa María. Las tres embarcaciones penetraron en el mar tenebroso llevando consigo víveres para un año, una tripulación de 120 hombres, un Almirante y muchas expectativas combinadas con el miedo a lo desconocido. Mientras más avanzaban más se apoderaba el miedo y el desespero de los hombres, que se sentían prisioneros en la inmensidad del océano. La tripulación hacía fuertes y peligrosas protestas negándose a seguir penetrando a aguas desconocidas, mientras que Colón era descrito como un hombre sereno en alta mar y naturalmente siguió adelante con su empresa.

El siete de octubre de 1492 aquellos pioneros vieron un atisbo de esperanza reflejado en una banda de pájaros que les sobrepasaba, decidiendo seguir la ruta de su vuelo. Conforme fueron avanzando visualizaron una luz a lo lejos y siguieron navegando entre las aguas. Finalmente el silencio se vio interrumpido en aquella madrugada del doce de octubre de 1492 cuando el Almirante y sus marineros escucharon el tan anhelado grito anunciando un nuevo descubrimiento. Allí estaba un pueblo vulnerable a las maravillas del Viejo Mundo miraba asombrado como se acercaban los enormes mástiles, preguntándose si serían monstruos marinos que se acercaban. Luego se dieron cuenta que aquellos extraños artefactos traían consigo personas como ellos pero tan pálidos como la muerte con sembradas de algodón en el rostro (sus barbas). Parecían proceder del cielo, descendieron a la tierra y algunos creyeron que se trataba de sus antepasados.

La primera palabra que escucharon los españoles pronunciar de aquellos amerindios fue “carib”. Colón siempre se preguntó sobre el significado de esta palabra (hechicero) durante el transcurso de su primer viaje. Algunos habitantes del poblado pensaron que quizás a los hombres pálidos les gustaría algún papagayo y se los ofrecieron. Cristóbal Colón puso sobre la cabeza de uno de los caribeños un bonete y aquel regalo de extraña textura resulto algo glorioso. Los amerindios también ofrendaron algodón a los pálidos. Mientras Colón sacó su pliego y pronunció unas palabras mágicas e ininteligibles para los caribeños. Éste desenvainó su brillante espada, que golpeaba repetidamente contra el suelo y contra un árbol. Por su parte el escribano plasmaba signos extraños en un papel y los amerindios sólo escuchaban estupefactos: “Dadme fe y testimonio señor Escribano, como yo Don Cristóbal Colón, Almirante de la mar Océana, por mandado y en nombre del rey y la reina de Castilla, nuestros señores…”. Los isleños, con su prodigiosa memoria repetían cada una de estas palabras. En adelante, Colón y los amerindios hicieron uso del lenguaje corporal a base de gestos. El Almirante observaba cada cosa a su alrededor y por un instante miró a una persona que llevaba colgando de su nariz un pedazo de oro. Los caribeños accedieron a regalarle oro y en respuesta a estos regalos, Colón puso sortijas y collares a  varios amerindios. Después invito a uno de ellos a observar su espada y comprobaron que además de sus brillantes destellos también era increíblemente resiste, cortando al tocarla por su filo. Finalmente los españoles retrocedieron hasta desaparecer sobre el horizonte del mar.

Al final de su viaje, Cristóbal Colon describe su nostalgia al tener que partir de aquellas tierras maravillosas que había descubierto junto a sus hombres por no poder conocerlo todo. Día 21 de octubre de 1492: “Aquí son unas grandes lagunas, y sobre ellas a la rueda es el arbolado a maravilla y aquí y en toda la isla son todos verdes y las yerbas como el Abril en Andalucía; y el cantar de los pajaritos que parece que el hombre nunca se quería partir de aquí, y las manadas de los papagayos que oscurecen el Sol, y las aves y pajaritos de tantas maneras y tan diversas de las nuestras que es una maravilla; y después hay árboles de mil maneras, y todos de su manera fruto y todos huelen que es maravilla, que yo estoy el más penado del mundo de no conocerlos.” Colón narra que en su viaje vio papagayos, culebras y lagartos aunque nunca animales domésticos.

De aquel trascendental acontecimiento de indudable repercusión que impactó a la Humanidad, nos parece increíble aún imaginar que hoy en día seguimos siendo producto de tan increíble hazaña. Existen muchos elementos a destacar como el descubrimiento de nuevos parajes, de nuevos alimentos, de piedras y metales preciosos o de plantas industriales como el algodón. Otros como la transformación de los conceptos astronómicos al demostrar que la Tierra era redonda o el aporte español de impulsar la agricultura y la ganadería en América. Éstos trajeron consigo plantas como el trigo, la cebada, la caña de azúcar o el naranjo y animales como el perro, el caballo o el asno. Se intensificó la navegación, la investigación científica y la economía gracias a estos descubrimientos que supusieron una nueva fuente de recursos para la subsistencia de la Humanidad.

Tampoco debemos olvidarnos de la implantación de la estructura social española a través de los diferentes virreinatos que se establecieron en América, desembocando en un enorme legado cultural. De esta manera se originó otras formas de cultura y sincretismo del que ahora somos herederos, pagando y disfrutando tanto de lo bueno como de lo malo de todos aquellos acontecimientos que se produjeron después. Por todo ello esta fecha no debe ser celebrada solamente por España sino por todos los hispanoamericanos, los cuales tenemos el deber de sentirnos orgullosos de ser herederos de un extenso legado histórico en el que se ha armonizado una destacable variedad de culturas. Cada uno de nosotros somos parte del dolor del conquistado y de la ambición del conquistador. De una madre que fecunda la tierra, abriendo sus alas para cuidar de los hijos del hombre blanco que conquistó su corazón y revolucionó todos sus conceptos. Nunca sabremos cuánto dolor o regocijo llevamos en nuestros genes americanos. Pero somos conscientes de que formamos parte de un ancestral legado entre dos continentes que en el pasado fueron uno sólo, como así lo fueron nuestros antepasados.


Los típicos cultores del odio nunca descansan

A propósito del 12 de octubre Día de la Diversidad Cultural, el COAJ instó a los establecimientos educativos a revalorizar la diversidad cultural y a promover la interculturalidad y el diálogo entre los pueblos como garantía de la convivencia social y la gobernabilidad democrática. El COAJ señaló la importancia del rol que cumple el sistema educativo en la sensibilización, concientización, conocimiento y formación de conductas y en ese sentido señaló la necesidad de educar en la diversidad para establecer relaciones más armónicas y paritarias, que generen condiciones para el diálogo intercultural y la valoración recíproca de las culturas que conviven en el territorio provincial.

La coordinadora General de la entidad, Natalia Sarapura, instó también a las unidades educativas a izar -junto con el Pabellón Nacional- la Wiphalla, símbolo de los pueblos indígenas de la región, como un acto de reconocimiento de los pueblos preexistentes que hoy enriquecen la trama cultural provincial y una valorización del aporte a la sociedad global.

Consideró Sarapura que la jornada constituye una oportunidad para reflexionar en torno a la importancia de la pluriculturalidad como un valor que enriquece a la sociedad global. Destacó los aportes múltiples de los pueblos indígenas, sus conocimientos, su mirada particular del desarrollo y los valores de su cosmovisión, como el respeto a la naturaleza, el sentido de pertenencia al territorio, la reciprocidad y la complementariedad, entre otros. Todos valores que pueden contribuir a la profundización del sistema democrático y de la gobernabilidad.

Recordó la dirigente la resignificación que tuvo el 12 de octubre, un artificio promovido por los procesos de colonización que pervivieron con la constitución de los Estados Nación. Al respecto Sarapura resaltó la decisión adoptada en el 2010 por el Estado Argentino para modificar el carácter colonial que tuvo la jornada. Desde entonces, el 12 de octubre ha sido instituido como Día de la Diversidad Cultural Americana. Esa decisión política “fue el resultado de la resistencia y de las luchas que han protagonizado los pueblos indígenas del Cono Sur”, dijo Sarapura y agregó que “significó un avance hacia la armonización del derecho nacional con el derecho internacional de los pueblos indígenas. De esta manera, el 12 de octubre se ha convertido en una oportunidad  para promover la reflexión histórica y el diálogo intercultural”.

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Una bandera digna de todos nosotros

La Bandera de la Hispanidad, o Bandera de la Raza Hispánica, es una enseña representativa de todos los países hispanos. Fue creada por Ángel Camblor, capitán del Ejército Nacional (Uruguay), con motivo de un concurso continental organizado por Juana de Ibarbourou en 1932 con el objeto de dotar de una bandera a la Hispanidad. El lema que acompaña a la bandera desde su creación es Justicia, Unión, Paz y Fraternidad, valores que Camblor señaló como representativos de los hispanos.

En dicha bandera, el blanco simboliza la paz, el Inti (denominado “sol de mayo” en algunos países, que representa el dios Sol según la mitología incaica) simboliza el despertar del continente americano y las tres cruces simbolizan las dos carabelas y la nao con que Cristóbal Colón descubrió el Nuevo Mundo (la Niña (carabela), la Pinta y la Santa María).

El color púrpura de las tres cruces alude al color característico del león de la Corona de Castilla, lugar de nacimiento del idioma común, según explica su diseñador en el libro “La bandera de la raza símbolo de las Américas en el cielo de Buenos Aires” (editorial unión hispanamericana, Montevideo 1935). La Bandera de la Raza Hispánica fue izada por primera vez el jueves 12 de octubre de 1932, en la Plaza de la Independencia de Montevideo, y fue oficialmente adoptada por todos los estados de Hispanoamérica como bandera representativa en el marco de la VII Conferencia Panamericana reunida en diciembre de 1933. Se ve la bandera también en las Islas Filipinas.

Ojalá que los docentes recuerden esta magna fecha y le rinda el tributo que se merece, así los estudiantes adquirirán mas conciencia de la unidad hispanoamericana, y en especial de quiénes forman esa unidad hispanoamericana.

¿Por qué esta última afirmación? El uso temprano de la palabra raza la vincula con linaje, limpieza de sangre, casta, pero también, hacia el siglo XVI, se aplica en sentido biológico o de especie, en forma peyorativa. De cualquier modo, denota clasificación, grupos que se distinguen unos de otros por sus caracteres que, además, son heredados. Alrededor de 1840 se empezó a utilizar para referirse a los grupos humanos, apelando a caracteres tanto biológicos como culturales que los identifican y unen a sus miembros entre sí, lo cual también servía como punto de referencia para comparar el grado de progreso o las posibilidades de desarrollo de unas razas con respecto a las otras. En el Virreynato de la Nueva España (México y Centroamérica) por ejemplo, el empleo de la noción de raza fue muy frecuente para ponderar las cualidades de los blancos en relación con lo que se percibía como las limitaciones y vicios de los indios. El geógrafo Antonio García Cubas, por ejemplo –y no es la excepción–, la empleó en diversas publicaciones para clasificar a la población en raza blanca, raza mixta o mezclada y raza india, a la vez que señalaba en cada una sus costumbres y formas de vida. 

El concepto de raza también subyacía en la napoleónica delimitación entre la América sajona y la América latina, marcando la diferencia entre una y otra a partir de costumbres, formas de vida, prácticas culturales y religiosas en general. Pero, a pesar de su uso generalizado en diversos ámbitos durante el siglo XIX, el término raza, como motivo de celebración, sólo se introdujo sistemáticamente en nuestro continente –también en España– hasta los primeros años del siglo XX.

A lo largo y ancho de la región latinoamericana, hacia 1915, Perú, Argentina, Paraguay, El Salvador, Guatemala, México y Chile coincidieron en las celebraciones, con distintos matices y sentidos. La Revista Española publicó los discursos de esas fiestas hispanoamericanas que tendían a fomentar la unión, se decía, de los pueblos enlazados en la historia.

Detrás de ello, estaban los años de la Primera Guerra Mundial que implicaron para América Latina el aislamiento, desde todos los puntos de vista, con respecto a la Europa involucrada en el conflicto; también la necesidad de cerrar filas frente a la amenaza que el panamericanismo imperialista de los Estados Unidos constituía para la región. Así, al calor de los discursos hispanoamericanistas, se fortalece la conciencia de la Raza, con mayúsculas, con el antiguo y recurrente sueño de hacer de los hispanoamericanos una verdadera comunidad de lengua, de cultura, de religión, de economía. La conciencia de raza es directa hacia los descendientes blancos de españoles, e indirecta (sino excluyente) hacia indios, mestizos y negros.

El pensador argentino José Ingenieros, el uruguayo José Enrique Rodó, el mexicano José Vasconcelos, la poetisa chilena Gabriela Mistral, todos apelan a la fuerza de la raza. Todos, por diversas vertientes, convocan su unión. La América hispana comienza a cobrar conciencia de sí misma, de sus posibilidades. La utopía de la comunidad de los latinoamericanos, trazada desde el siglo XIX, se resignificaba. España se integra a estas celebraciones que ofrecen la oportunidad para estrechar lazos de diversos tipos –culturales, pero también económicos–, por iniciativa de la Casa de América (Barcelona, 1917).

Fijar el ritual de conmemorar el 12 de octubre como Día de la Raza no ha sido inocente; se trata de un evento que atañe directamente al problema de las identidades colectivas, latinoamericanas. Las sucesivas transformaciones y recreaciones de sentido que han concretado una noción de raza en diferentes momentos están estrechamente relacionadas con nuestra propia percepción como latinoamericanos, como americanos. Habrían de pasar muchos años para que el mestizaje, aprehendido como raza, dejara de ser un concepto colonialista, para clasificar al otro y establecer calidades, para que se refiriera a las zonas de contacto donde lo social, lo cultural, lo histórico y lo religioso derivan en “unos otros” diversos.