Cuando el barrio ADEP de Alto Comedero parece terminarse, en una de esas casas que es
igual a las demás, está encerrada Romina Tejerina. La joven que recuperó
su libertad hace una semana encontró allí su segunda cárcel. No salió,
siquiera, para visitar a su psicóloga. Tiene miedo, dice, de que la
agredan.
Tejerina fue condenada en 2005 a 14 años de prisión por matar a su
bebé que, aunque la Justicia lo descartó, ella asegura que fue producto
de una violación. Le cabía la pena máxima que fija el Código Penal, pero
los jueces consideraron que “se encontraba sola esperando a un niño sin
padre (conocido)” y que “no tenía apoyo familiar”. Cumplió los dos
tercios de la pena, pero ella siente que la condena sigue afuera, que el
hostigamiento social será eterno. Entonces se recluyó en la casa que
comparte con sus hermanas Erica y Mirta.
A fines de este año, Romina se recibiría de Técnica en Turismo,
carrera en el terciario Túpac Amaru que empezó cuando aún estaba en la
Unidad N 3. Pero esta semana Romina no pudo ir ni estudiar. “No puede
concentrarse”, solloza Elvira Baños, su mamá. Ella y su marido,
Florentino, pasaron la semana con su hija. Pero el viernes regresaron a
San Pedro, ese pueblo adonde Romina no piensa volver.
“Estamos muy cansados con todo esto. Y Florentino tiene que volver al
trabajo”. El hombre, jubilado, no dejó su puesto de conserje en un
hotel , todos los días, de 22 a 8. “La Romi necesita sus cosas”, suelta
Elvira y se pierde detrás del mosquitero.
Tampoco volvió a la ONG Juanita Moro, donde trabajó hasta conseguir
la libertad condicional. “Cumplió con los horarios, se adaptó muy bien y
quería seguir trabajando. Ella puede rehacer su vida”, cuenta Cristina
Romano, titular de la organización. Pero la vuelta a la ONG también está
en duda: “Romi no quiere salir ni hablar con nadie”, contesta por
teléfono Erica, su hermana.
“Esta situación era esperable, aunque trabajamos mucho sobre su
libertad. Tenía temor a reintegrarse a la familia, compartir la
habitación con Erica o adaptarse a los horarios. Hasta hace unos días
entraba a la celda a las 21, y a las 22 estaba durmiendo. Ahora es todo
distinto. Esta semana suspendimos el tratamiento, pero ya le dije a la
familia que es necesario retomar”, explica Teresa Fernández, psicóloga
de Tejerina desde hace un década. Los miedos de Romina no son nuevos:
una vez la trasladaron al hospital y alguien le gritó “asesina” y
algunos alumnos del terciario no la integraban. Sin embargo, Romina
pudo. De hecho el domingo algunos compañeros la recibieron fuera del
penal, ni bien salió en libertad. Allí también estaba Mariana Vargas,
abogada de la causa durante los primeros años: “Logramos algo que era
imposible: hace diez años todos la condenaban, hoy muchos apoyan la
liberación y comprenden a Romina”, señala.
En su momento, Romina pensó en abortar. Un médico le ofreció operarla
a cambio de 300 pesos. Era mucho. En este sentido, en Jujuy las cosas
empeoraron. Según el Ministerio de Salud de esta provincia, la tasa de
mortalidad materna pasó de 4,4 cada diez mil mujeres en 2007, a 10 por
diez mil en 2008. “La mitad de las muertes maternas es por abortos
provocados con pastillas, sondas o tallos de perejil.”,
explica Ricardo Cuevas, jefe de Unidad Ginecológica del hospital Pablo
Soria. Sólo ahí atienden casi 1800 casos de aborto al año.
Creo que Rominita bien sabe la respuesta a sus problemas: yo diría que meta la cabeza en el horno pero también es válido que busque una viga en el techo para colgar una soga.
ResponderEliminarromina es una asesina y nada lo cambia ... diga lo q diga la justicia es una asesina y loca...enferma mental psicopata... que no tiene sentimientos.. ni la perra siendo animal... mata a su perro y ella q es un ser humano ?¿?¿... es indignante esa mujer no merece estar en la tierra... dios va hacer justicia ya q en la tierra no se hace... al menos esa criatura estaria en adopcion.. o algo... no en un sementerio... es demaciodo decirte mujer o humano.. porq te queda muy grande esas palabras
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