La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

lunes, 19 de diciembre de 2011

Hacen cumplir una polémica ordenanza

Polémica acción estatal

La Municipalidad está controlando jugueterías, para que no vendan ni exhiban juguetes bélicos. Las tareas buscan contribuir a la formación de una niñez sana, sin estímulos que promuevan violencia.

Las inspecciones realizadas por la Dirección de Producción y Saneamiento Ambiental Municipal (DIPSA) abarcarán 60 negocios de venta de juguetes.

La ordenanza Nº 3492 prohíbe la venta o exposición de juguetes que constituyan réplicas o imitaciones de armas de fuego y punzantes como pistolas y cuchillos. También prohíbe la comercialización de “ballestas con empuñadura tipo pistola, con arco de metal y mira que arrojen dardos de suficiente peso como para causar daño”. En caso de encontrar locales que infrinjan la norma, se les retirará la mercadería y se aplicarán multas.


Los juguetes bélicos no son juguetes rabiosos

Se ha convertido en dogma democrático señalar a los juguetes bélicos como algo nocivo para la educación de los jóvenes y culparlos de las actitudes violentas cada vez más frecuentes en nuestra sociedad.

Pocos juguetes son tan instructivos y recomendables, digan lo que digan todos los presuntos expertos paniaguados del sistema, como los juguetes bélicos. Una insufrible caterva de psicólogos y pedagogos modernos y “progres”, con la inestimable colaboración de los periodistas y los políticos, (las cuatro “Pes” malditas, los cuatro nuevos jinetes del Apocalipsis, Políticos, Periodistas, Psicólogos y Pedagogos) arremetió con fiereza contra el juguete bélico. Muchos incautos padres, la mayoría, han caído en esa trampa y hoy, los niños argentinos ya no juegan a ser soldados. ¡Magnífico! dirán los demócratas babosos de turno. Hemos desterrado los hábitos violentos de la educación de nuestros hijos. Sin embargo, es un hecho, que la sociedad argentina es hoy más violenta que hace treinta años. El maltrato es moneda habitual en nuestros hogares. Se maltrata a las mujeres más que nunca (digan lo que digan), se maltrata a los ancianos y se maltrata a los niños. La violencia doméstica, un fenómeno casi desconocido ha entrado de golpe en nuestra sociedad. La violencia juvenil también está alcanzando cotas desconocidas y alarmantes. Niños que maltratan cruelmente a otros sólo para divertirse, alumnos armados con navajas en los colegios, se amenaza y agrede a los profesores en los institutos, proliferan las bandas juveniles, se expande el consumo de drogas y alcohol que degenera en el gamberrismo generalizado como diversión de fin de semana... Pero eso sí, pacifismo y antimilitarismo a ultranza. Nunca se han denostado más los valores castrenses que ahora, nunca se han ensalzado y divulgado más los principios antimilitaristas y pacifistas que ahora y nunca la violencia gratuita había estado más generalizada en nuestra sociedad. 

Cuando los niños jugaban a ser soldados en una batalla, cuando veían películas bélicas aptas para menores - de las que ya no se hacen, porque ahora hay que mostrar vísceras por los aires y miembros amputados sí o sí - cuando jugaban con sus ejércitos de soldaditos de plástico, los niños entendían la violencia como un fenómeno ajeno a su mundo. Se trataba de una violencia excepcional fruto de una situación – la guerra – también excepcional. Casi sin darse cuenta aprendían que la violencia ejercida a título individual y caprichoso, fuera de un marco concreto, el marco colectivo de un ejército y el de la excepcionalidad de la guerra, era algo malo. Pero además, los juegos bélicos, la historieta bélica, el cine bélico, enseñaban a los niños que incluso esa violencia de la guerra debe tener alguna justificación superior, se debe ejercer colectivamente por una causa en la que se cree y no se debe ejercer para obtener beneficios personales ni por placer o capricho. Los juegos bélicos tradicionales de los niños no reproducían nunca los excesos perversos de la guerra, los niños siempre se situaban en el lado virtuoso del héroe que juega limpio y vence a los malvados. Estos juegos llevaban además implícitos unos valores que, aunque hoy no suelen ser demasiado considerados por la intelectualidad “progre” del sistema, resultan muy útiles para socializar a los jóvenes: disciplina, sacrificio, valor, honor, compromiso, compañerismo... La pérdida y el desprestigio de principios y valores como los mencionados llevan casi de rebote a los contrarios: rebeldía frente a toda forma de autoridad, egoísmo, hedonismo, individualismo... Desgraciadamente, la juventud actual se mueve más en torno a estos antivalores que sin ninguna duda provocan las actitudes violentas que hoy están enquistadas en nuestra sociedad. Y los auténticos valores son, tenidos, no sólo por nocivos, sino por retrógrados. 

Sin embargo, hoy, los niños y adolescentes actuales ven en la televisión un montón de violencia gratuita, no bélica ni militar, que transcurre en épocas actuales, en ciudades como las nuestras, en barrios y viviendas como las del joven espectador y en las que aparecen asesinos sádicos de violencia indescriptible y héroes solitarios e incomprendidos que se enfrentan a ellos por las calles utilizando métodos tan abominables como los de los villanos. Esta violencia se digiere infinitamente peor que la violencia bélica, pues resulta más próxima y real, más “familiar” y cotidiana. Si a ello sumamos las horas que pasan jugando con un ordenador o una consola de vídeo a juegos en los que hay que dar palizas sin mayor justificación a quien se ponga delante del protagonista, entenderemos que el niño empiece a no distinguir lo que está bien de lo que está mal, e inconscientemente llegue a reproducir en su círculo de relaciones las actitudes chulescas que suele ver en la pequeña pantalla y que pueden desembocar en abierta violencia.

La sociedad democrática sigue transitando por el camino de proscribir todos los valores tradicionales y sustituirlos por un peligroso vacío lleno de tópicos intrascendentes y de consignas publicitarias que sólo pretenden convertir a los jóvenes en adultos individualistas y en consumidores compulsivos.


"El juguete por sí mismo no genera violencia en el niño. Todo depende del contexto en el que vive. Si un niño está sometido a un ambiente familiar y escolar tenso, agresivo, represivo y violento, un simple tenedor será para él un arma mortal. El pequeño que está sometido a un maltrato físico y emocional siempre responderá con agresividad. Por eso, no es de extrañar que un pequeño en el momento de ser agredido levante su mano, represente con ella una pistola y diga te mato", dice Alberto Pardo, investigador de la Universidad Pedagógica de Colombia.

"Cuando un niño juega con armas de mentiras éstas no tienen la misma significación que para los adultos. Lo que hacen los niños es introducir a sus fantasías la realidad que a diario ven: la superioridad, el riesgo y el choque de fuerzas. No por eso van a asumir un rol de violencia para toda su vida", concluye este experto.

FUENTE

2 comentarios:

  1. Y los juegos en red? todos súper violentos!! los cibers están llenos de chicos jugando, ni hablar de las netbooks entregadas este año.

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  2. Estas son las típicas ordenanzas truchas e irracionales, inventadas sólo para recaudar y/o coimear (a veces es lo mismo). Si alguien empieza a argumentar en contra se deshacen por sus propias porosidades.
    Esto es, en definitiva, el precio que se paga por dejar que la peor escoria de la sociedad tenga a su cargo lo más importante de la misma: su gobierno.

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