Aberrante desprecio por la vida
Todos los viernes es común encontrarse
a un grupo numeroso de alumnos de diferentes colegios secundarios concentrados
en varias plazas de la ciudad de Salta. Cientos de muchachos y muchachas de
edad escolar se dedican a conversar entre ellos mientras comparten al aire
libre un mate, una gaseosa o un cigarrillo. Los más grandes, los que llevan
remeras o buzos de colores en donde se leen sus nombres o apodos y en donde se
ve el número del año de la promoción a la que pertenecen, tienden a ser los más
entusiasmados en esas reuniones. Para ellos la consigna parece ser que es
obligatorio hacer el mayor ruido posible para hacer notar su presencia. Así, es
común que a los celulares que hacen sonar música a niveles estridentes, se le
sumen bombos, silbatos y petardos de todo tipo.
Normalmente los intercambios
entre el archipiélago de grupos de estudiantes es amistoso, pero no falta
ocasión en que se genera algún tipo de enfrentamiento, a veces sólo verbal, aunque
otras veces también físico.
La sociedad salteña tiende a
tolerar estos encuentros, porque aunque tengan ciertos detalles corregibles, en
esencia no causan daño. Sin embargo hay veces en que los estudiantes tienden a excederse
en sus actitudes relajadas y no vacilan en cometer actos estúpidos. Allí es
cuando aflora el vandalismo, y a veces dicho vandalismo toma como objeto de
agresión a seres vivos.
El viernes pasado, en plaza 9 de
Julio, un perro callejero fue víctima del brutal sadismo de unas jóvenes que
luego fueron identificadas como alumnas del Centro Polivalente de Artes. Aparentemente
–y sólo por diversión– estas chicas se las arreglaron para ponerle un petardo
en la boca a Dardo, un perro sin hogar al que le terminaron destruyendo la
mandíbula. El animal quedó gravemente herido y la gente que deambulaba por la
plaza quedó conmocionada ante el hecho.
La prensa reportó lo acontecido y las
asociaciones proteccionistas salieron a la calle para repudiar la violencia que
un perro inocente había sufrido de manos de dos inadaptadas. Las redes sociales
estallaron de la indignación, pidiendo sanciones de todo tipo para las
protagonistas del maltrato animal. En medio de la vorágine, aparecieron
versiones que indicaban que todo se trataría de un malentendido, puesto que lo
que habría sucedido habría sido que no hubo intención de agredir al perro en
quienes arrojaron los petardos y que éste, voluntariamente, habría tomado del
piso a uno de los objetos pirotécnicos, reventándose en consecuencia el hocico.
Empero el testimonio de muchos afirma que esa versión es falsa, y que el animal
habría sido una desafortunada víctima de la violencia absurda. La justicia ordenó que se hagan unos
peritajes sobre las filmaciones de las cámaras de seguridad de la plaza para
determinar que fue lo que realmente pasó. Mientras tanto Dardo ha sido operado y,
si bien su estado es delicado, tiene muchas posibilidades de sobrevivir.
Los valores y la escuela
Evidentemente quien tiene la
culpa de haber atacado a Dardo son las alumnas del Centro Polivalente de Artes.
Ni la escuela, ni las familias, ni las buenas o malas amistades de esas dos
jóvenes le pusieron un petardo en el hocico a un perro. Fueron ellas. Se puede
sostener que aún no hay pruebas concluyentes de que así sea, ¿pero por qué dos
futuras graduadas de la escuela media estaban usando pirotecnia un viernes al
mediodía en medio de una plaza visitada por cientos de personas de diversas
edades? Aquí es más que claro que hay un problema relativo a la venta de esos
artefactos potencialmente peligrosos a menores de edad.
No obstante hay quienes señalan
que prohibir la venta de petardos a la gente irresponsable no garantiza que la
agresión gratuita en contra de un animal inocente no se vaya a producir (esas
personas deberían ser las mismas que sostienen que si se ejecuta el proyecto de
castración física a violadores que promueve el diputado Alfredo Olmedo las
violaciones no cesarán, pero no en todos los casos es así). Desde este flanco
afloran conjeturas tales como que si la educación secundaria fuera impartida en
general como se la imparte en los colegios católicos o en los liceos militares,
jamás se llegaría a vivenciar episodios como el de Dardo. Es decir que al
pedido de una mejor legislación para separar el mundo adulto del joven, muchos le
adosan el reclamo por la construcción de una escuela que fije límites morales
muy rígidos, de manera tal que no se facilite la creación de situaciones que
puedan desbordarse con consecuencias nefastas.
Este último punto de vista parece
querible y deseable, pero su efectivización no es tan sencilla como parece. No
basta una medida circunstancial para enmendar unos errores, urge una medida
estructural para reconstruir todo un sistema trágicamente devastado.
La “cultura del último año del
secundario” es realmente un síntoma del estado deplorable de la educación del
país. Y lo es porque los rituales que allí se desarrollan no marcan el comienzo
de la adultez sino el fin de la infancia. Quienes finalizan la escuela media
perciben al último año de su presencia en ese nivel educativo como la última
oportunidad para hacer chiquilinadas, en lugar de ser la primera para dar el
paso hacia la adopción de las responsabilidades de la siguiente etapa. Mientras en otros países alrededor del mundo los
jóvenes que están por terminar el secundario dedican la mayor parte de su
tiempo a prepararse para poder rendir exitosamente los exámenes que los
habilitan para acceder a la educación superior, en Argentina, al casi no
existir esos exámenes, la situación es completamente diferente. Basta con tomar
un estudiante aspirante a ingresar en la Facultad de Medicina (espacio académico donde no
sólo existen los exámenes de suficiencia, sino que además existen cupos de
ingresantes) y compararlo con un aspirante al ingreso a otra facultad para
comprobar las miradas contrapuestas de esos jóvenes acerca de sus futuros.
Para reconstruir la escuela,
entonces, hace falta un trabajo tan vertical como integral. Sin ello Argentina
está condenada a seguir favoreciendo las agresiones gratuitas contra los
inocentes Dardos que descansan en las plazas.
Julieta Frías
A las hdp esas las tienen que hacer pagar con muchas horas de trabajo en una perrera.
ResponderEliminar"José Ordóñez, jefe de la Sección de la Policía de la Provincia, confirmó que las cámaras permiten ver en las filmaciones cómo es el perro el que se abalanza sobre el elemento pirotécnico que termina destruyéndole la mandíbula, y que no fue un ataque por parte de 2 alumnas."
ResponderEliminarhttp://www.informatesalta.com.ar/noticia.asp?q=36090
Al final parece que no hubo sadismo. De todos modos eso de estar tirando cohetes y andar rompiendo la armonía sólo porque están terminando el secundario sigue siendo un buen punto de debate.
Todo el mundo vio a las chicas llamando a los perros para tirarles las bombas de estruendo cuando se les acercaban. Solo querian molestar. Ana Martinez y Macarena Gonzalez se llaman esas dos turras, JUSTICIA.
Eliminarsi, ahora todos son buenos y caritativos, chupenla, voy a salir a darles petardos a los doscientos perros que andan por el centro a ver si los piadosos ciudadanos de salta los adoptan a todos, vayanse a recagar, hipocritas
ResponderEliminarJosé González
Hay muchos más de 200 perros en el centro de Salta.
ResponderEliminarEl ataque al perro callejero no es lo que la gente sanciona. La gente sanciona que dos taradas casi matan a un ser inocente e indefenso porque se les ocurrió que podían. A mi mañana se me ocurre que le voy a hacer una zancadilla a todas las ancianas que vea en la calle porque si, porque puedo hacerlo. Obviamente todo el mundo me va a odiar, me va a tratar como el peor cretino, y van a querer lincharme. Estas dos descerebradas no eligieron ancianas sino perros, pero la intención de hacer daño es la misma. Por eso se merecen sanciones ejemplares, un tiempo de encierro si es posible.
vos sos la voz de la gente ahora? pasan cosas peores todos los dias por pura maldad, y a nadie se le ocurre hacer una marcha ni escrachar a nadie, son todos hipocritas a los que no les interesa nadie, y doscientos era por tirar un numero nomas
ResponderEliminarCualquiera que no sea un miserable ombliguista y que quiera el bien común, al hablar lo hace en nombre del pueblo (porque una persona así ES pueblo, tiene la maravillosa capacidad de entender lo que la mayoría piensa porque ES esa mayoría).
EliminarLa gente repudia todo el tiempo a la violencia. La diferencia es que cuando la violencia se ejerce contra una persona la justicia actúa -pues las personas, a diferencia de las cosas, gozamos de derechos-, y si no lo hace se reclama ante la impunidad (en Salta siempre se hacen marchas reclamando justicia por los casos no resueltos; alguien del pueblo lo sabe, un ombliguista lo ignora por completo). Aquí, en cambio, todo pintaba para la impunidad absoluta, porque las dos idiotas del Polivalente pensaron "¿a quien le importa un perro de la calle? Total no es persona, no tiene derechos." Y, por suerte, a miles de salteños les importa ese perrucho y todos los otros perros de la ciudad, porque no son tan cretinos para entenderlos como cosas sino como sujetos de derecho (al menos del derecho a la vida, puesto que, efectivamente, son seres vivos).
No sabes nada ni de pueblo ni de gente ni de nada, te recomiendo que salgas a caminar un poco, a ver si conoces las calles y entendes algo alguna vez. Leyendo las cosas que escribis vos y todos los que hacen este blog estoy seguro que no les interesa el bien común, sólo el de una determinada clase de personas. La gente repudia cierta violencia, cuando amenaza su seguridad o su idea de mundo, por esto hay mucha otra violencia que pasa desapercibida para esos miles de salteños, que para mi son en su gran mayoria hipocritas, el resto son ignorantes, vos te sentiras orgulloso de representar la voz de esta gente.
EliminarLa gente repudia la violencia porque está mal, porque a nadie le gusta que lo agredan y a nadie le gusta ver que agredan a otro, especialmente si ese otro es INOCENTE, si no hizo nada. Así piensa el pueblo.
EliminarEl otro día caminaba por una plaza y había una de esas sucias que hacen malabares en los semáforos. Cerca de la mina había un cochecito, con un nene adentro y un nene de 3 o 4 años parado al lado. La cosa es que el cochecito se cae, y la sucia empieza a putear a su hijo y a pegarle con todas las ganas por haber dejado que se accidente su hermano. Al ver eso intervine y le dije "pará loca, si querés pegarle a alguien pegame a mi que soy de tu tamaño", y la drogoncha me puteó de arriba a abajo.
Esa violencia no amenaza mi seguridad, pero si amenaza mi idea de mundo: yo quiero vivir en un mundo donde las mujeres drogadictas que son madres tienen trabajos dignos, crían a sus hijos con amor y los cuidan ellas para que no se accidenten.
PONEME O TIRAME UN PETARDO A MI Y YO ME LA BANCO... PERO HACERLE ESO A UN ANIMALITO TAN INOCENTE ..MI REACCION AL VER QUE EL ANIMAL INTENTABA AGARRAR EL PETARDO HUBIERA SIDO CORRERLO , ESPANTARLO , NO DEJAR QUE EXPLOTARA EN EL ..ESO ME PARECE QUE LA SOCIEDAD NO PERDONA: LA FALTA TOTAL DE AMOR HACIA UN ANIMALITO QUE DEPENDE DE NOSOTROS PARA SEGUIR SU VIDA .....
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