Efectivos de Gendarmería Nacional y de la Policía de Salta capturaron
ayer, en diferentes localidades del norte de la provincia, a dos
hermanos chaqueños oriundos de Roque Sáenz Peña, quienes viajaban hacia
Buenos Aires con un cargamento de 223,655 kilogramos de cocaína de
máxima pureza adquiridos en la frontera.
Los acontecimientos, de ribetes cinematográficos, comenzaron a
desarrollarse a la 1.40 en la ruta 34, en Senda Hachada, a unos 15
kilómetros al norte de Embarcación, cuando efectivos de Gendarmería
interceptaron un Volkswagen Suran gris que se desplazaba de norte a sur.
Sus dos ocupantes, imposibilitados de eludir el control, frenaron y se
lanzaron a toda carrera hacia el monte, seguidos por los uniformados.
Paralelamente, personal que se quedó sobre la cinta asfáltica revisó el
vehículo y se encontró con las razones de tan alocado escape: en el
baúl, en bolsas de plástico rojas, transportaban 229 “ladrillos” de
cocaína prensada.
Tres horas más tarde, en la comisaría de Pichanal, 20 kilómetros más al
norte, se presentó un sujeto con aspecto desaliñado, con rasguños en el
cuerpo y aparentemente desesperado. Dijo ser Alejandro Ramírez, de 27
años, oriundo de Roque Sáenz Peña y contratista de la Municipalidad de
dicha localidad chaqueña. “Quiero denunciar que hemos sufrido un asalto a
manos de tres sujetos armados con escopetas recortadas”, espetó, y
agregó que cuando pasaban frente al camino de acceso a Colonia Santa
Rosa fueron interceptados por un Renault Symbol azul que se cruzó frente
a su auto, un VW Suran gris, y fueron obligados a detenerse. “Se
bajaron dos sujetos, me gritaron ‘¡afuera!’, se subieron y huyeron a
toda velocidad rumbo al sur, por la ruta 34”.
Los policías quedaron perplejos, pero aún no habían escuchado la segunda parte de su relato. “No se dieron cuenta de que mi hermano, Víctor Ramírez, de 31 años, que es el dueño del vehículo, iba durmiendo en el asiento de atrás”.
Ante tales dichos, la Policía montó un gigantesco operativo candado en toda el área, pero sin resultados.
Sin embargo, los pesquisas, encabezados por el jefe de la Brigada de Investigaciones de Orán, Obdulio Tejerina, comenzaron a dudar del relato de Alejandro Ramírez, porque cuando pidieron informes a la Municipalidad de Sáenz Peña sobre él, que decía ser contratista de la misma, nadie lo conocía. De la misma manera, les había dicho que por los nervios había olvidado su propio número de celular, que supuestamente había quedado en el auto. Ante el relato, personal de Criminalística fue hasta el lugar de la hipotética intercepción de la unidad por parte de los pistoleros y se comprobó que no había huellas de frenada, lo que avalaba la teoría de estar frente a una gran fábula, aunque no podían entender los porqués de la mentira.
Sin embargo, a eso de las 21, en una interconsulta con Gendarmería Nacional, desde el puesto de control de Senda Hachada, se les informó sobre el megasecuestro de cocaína, la captura de Víctor Ramírez y la fuga de su acompañante.
En ese momento cayeron en cuenta de que Alejandro Ramírez había planificado todo, con la esperanza de que su hermano hubiese logrado escapar, al igual que él. Pretendía que con su coartada del asalto, al revisar el VW Suran, que estaba a nombre de su hermano, la responsabilidad de narcotráfico cayera sobre los supuestos ladrones, que no existieron jamás.
Ambos quedaron ahora a disposición del juez federal Raúl Juan
Reynoso, aunque Alejandro, previamente, deberá responder ante el juez de
Instrucción 1 de Orán, Oscar Blanco, en una causa por falsa denuncia.
Cabe destacar que si bien ambos hermanos son oriundos de Roque Sáenz Peña, tienen domicilio en Buenos Aires, carecen de oficio conocido y son personas, especialmente el mayor, de un pasar bastante acomodado, según pudieron averiguar los investigadores salteños durante la larga jornada en la que estuvieron persiguiendo a fantasmas pergeñados por la mente afiebrada de un sujeto que creyó haber urdido una trama perfecta.

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