La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

martes, 25 de agosto de 2015

La democracia en llamas

Jodiendo a la democracia

En 2012 el país se vio conmocionado por una protesta que llevaron a cabo los miembros de la Gendarmería y de la Prefectura. En realidad no fue el país quien se alteró por el suceso, sino solamente la pestilente casta partidocrática nacional. Con unanimidad, los políticos argentinos repudiaron la actitud de unos uniformados que sólo reclamaban por un salario digno (el salteño Alfredo Olmedo fue una de las honrosas excepciones que terminó por solidarizarse con quienes protestaban).

Lo peor de ese episodio fue la reacción de las huestes juveniles kirchneristas, esos neoimberbes que se la pasan hablando de lo terrible que era la vida bajo el gobierno de una dictadura que no vivieron. Culpa de esos aprendices de chupópteros, las paredes del país se vieron invadidas con la leyenda “Con la democracia no se jode”.

Tres años más tarde, después de haber presenciado el bochornoso desarrolló de las elecciones provinciales de Tucumán, cabe afirmar que quienes joden con la democracia son exactamente los mismos que pedían respetarla.

Los votos oflados

La gigantesca operación para garantizar el triunfo del Frente para la Victoria en Tucumán tuvo tintes dantescos: un descomunal aparato clientelar en marcha, hombres de la prensa golpeados por registrar las maniobras turbias, tiroteos, y urnas destruidas y quemadas. Todo lo contrario a la supuesta “fiesta cívica” que se supone que son las elecciones.

Y, cómo si eso no fuese suficiente, el evento concluyó con la vergonzosa suplantación de urnas –previos cortes sorpresivos de luz– y la grotesca adulteración de los telegramas que informaban sobre los números de cada mesa. Después de que un par de semanas antes una mesa de Famaillá diese ganador a Scioli con el 157% de los votos, se podía esperar cualquier cosa en Tucumán, y eso, de hecho, sucedió.

La indignación

Al día siguiente de producida la enorme estafa, los candidatos presidenciales Mauricio Macri y Sergio Massa condenaron lo que el oficialismo hizo en Tucumán y solicitaron que se respete a la decisión de la ciudadanía.

Por la noche la gente salió a protestar frente a la Casa de Gobierno para exigir algo tan elemental como la transparencia. Esa convocatoria ciudadana espontánea concluyó con un brutal golpe represivo que dejó a numerosas personas heridas y a varias propiedades dañadas. Muchos de los tucumanos que caceroleaban en Plaza Independencia recordaron con gritos y pancartas algo que otros parecen haber olvidado: mientras la provincia se convirtió en zona de guerra y experimentó el pánico durante diciembre de 2013 por culpa de los malones saqueadores, Cristina Kirchner bailaba exultante en Buenos Aires con una cacerola en la mano, parodiando justamente a quienes exigían paz, respeto y orden. ¿Acaso alguien es tan idiota para creer que la mayoría de los tucumanos olvidaron eso y que concurrieron a las mesas de votación para apoyar a quien los condena a la ignominia?

Linchar a la ddhhemocracia

Tucumán, en 1975, se vio invadida por las hordas guerrilleras de ultraizquierda. La Presidente María Estela M. de Perón autorizó la aniquilación de esa plaga que se extendía por los montes tucumanos hacia todo el país. Un año después, los métodos de la guerra contra-insurgente aplicados con éxito en Tucumán fueron exportados a las demás provincias. Debido a ello a muchos tucumanos les gusta decir que su provincia es una suerte de laboratorio donde se ensayan situaciones que luego se vuelven patentes para todos los argentinos. De allí que quepa la pregunta: ¿es acaso lo que pasa ahora en Tucumán sólo un anticipó de lo que pasará en todos lados en unos meses?

Difícil saberlo, pero lo cierto es que sí se puede sostener que esto que Tucumán vive es el esplendor de la ddhhemocracia. Una provincia que supo elegir como a su gobernante al General Antonio Domingo Bussi, hoy en día padece la tiranía del hebreo José Alperovich y sus acólitos. El balazo que el Malevo Ferreyra se pegó en la cabeza es igual al tiro que René Favoloro se pegó en el corazón: el fin de una época, la aceptación del triunfo de los malos. En materia espiritual todo ha sido cuesta abajo en este país desde 2001, por eso se ha impuesto la falacia de que la peor de las democracias es siempre preferible a la mejor de las dictaduras. Hoy en día experimentamos la peor de las democracias, la cual, ciertamente, está muy lejos de ser mejor que una dictadura libre de excesos. El gobierno ha convertido a la Santa Democracia en nuestra diosa madre, y sin embargo no hacen absolutamente nada para garantizar que la elección del pueblo se respete. Medidas tan simples como realizar la elección en etapas y durante varios días para garantizar la presencia de fiscales de todas las fuerzas en todas las mesas, o establecer la boleta única, o abrir las urnas y contar voto por voto no son implementadas, no porque sean imposibles de implementar, sino, simplemente, porque no les interesa implementarlas.

En Tucumán los linchamientos a delincuentes son moneda corriente. ¿Por qué entonces la gente no actúo en contra de los vehículos que llevaban y traían a votantes durante las elecciones? ¿O por qué un grupo de vecinos no incendió el lugar en donde se acopia mercadería que es utilizada para ejercer el clientelismo? El modo de acabar con ddhhemocracia es con el grito, la fuerza y el fuego, no con el voto que cae en un agujero negro avalado por las instituciones. ¡Que bramen mil cacerolas y que ardan mil urnas hasta que los tiranos huyan despavoridos!


Hernán Solifrano (h)