La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

domingo, 23 de agosto de 2015

La Tupac Amaru no para de asesinar

El mes pasado escribí un artículo titulado “Frente para la Violencia” en el que señalé que las más brutales agresiones son parte del escenario político cotidiano de Jujuy. En esa ocasión hablé del asesinato de Orlando Gutiérrez, un comisionado municipal de Pampa Blanca que murió en circunstancias nada claras y del que poco se habló. Ahora la historia se repite y la partidocracia jujeña se anota un nuevo homicidio con el deceso de Jorge Ariel Velázquez, quien, luego de once días de agonía, falleció como consecuencia del balazo por la espalda que recibió en las cercanías de su hogar en la ciudad de San Pedro.  

En el Caso Velázquez hay dos cosas indignantes: el hecho de que el gobierno busca obscurecer los acontecimientos en lugar de intentar aclararlos, y el hecho de que no es la primera vez (y probablemente no sea la última) en que miembros de la Organización Barrial Tupac Amaru se manchan las manos de sangre. 

En efecto, después del cobarde y cruento asesinato, la propia Presidente de la Nación criticó a los líderes de la Unión Cívica Radical por utilizar el crimen para hacer campaña a favor suyo. Y, canchereando, aseguró que el muchacho asesinado estaba formalmente enrolado en la organización que dirige Milagro Sala, por lo que no les correspondería reclamar nada a los de la boina blanca. Los uceristas, molestos por las cretinadas de Cristina Kirchner, le contestaron a la señora recordándole que Velásquez estaba trabajando en la campaña de Gerardo Morales para gobernador provincial al momento de haber sido atacado.

Silvia Farell, la fiscal a cargo de la investigación, se subió a una calesita de recaratulizaciones motivada, según se sospecha, por el deseo de sepultar todo en la impunidad. Y no sería la primera vez que la Tupac Amaru sale sin un rasguño de una situación semejante: desde el asesinato del periodista Juan Carlos Zambrano en 2008 hasta el asesinato del trabajador Luís Condorí en 2012, a los tupaqueros se los acusa de estar apilando cadáveres gracias al silencioso arsenal que poseen, pero las condenas que todos esperan que se dicten nunca llegan, y sólo uno que otro perejil ha sido enviado a prisión (donde, por cierto, lo recibió el Vatayón Militante para acogerlo). Luego la Tupac Amaru saltó a la arena política y, desde entonces, insólitamente afirman que son ellos las víctimas de la violencia.

De todos modos la muerte más penosa en la que estuvo involucrada la Tupac Amaru en estos últimos años fue en la de Edilson Gorena, un niño que murió electrocutado en una de las famosas piscinas gratuitas que tiene la organización liderada por Sala. Esa muerte de un inocente producida por la negligencia era la oportunidad perfecta para linchar a la Tupac Amaru, pero nadie lo hizo, debido a que en aquel momento Sala había establecido un pacto de equilibrio con oficialistas y opositores.

El Caso Velázquez, más allá de la cuestión política, no debe quedar impune. Los kirchneristas son gente que se formaron confundiendo a la política con la guerra, por lo que la vida y la muerte, para ellos, no tienen el mismo significado ni el mismo valor que para quienes anhelamos la paz. Si el Caso Velázquez no es resuelto del modo más justo posible, entonces la guerra habrá derrotado a los argentinos y estas muertes absurdas seguirán repitiéndose, pues la Tupac Amaru continuará asesinando como sabe y le gusta hacerlo.  


Francisco Vergalito