La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

jueves, 23 de julio de 2015

Frente para la Violencia

La violencia es parte constitutiva de la política argentina. Y cuando digo “violencia” no me refiero solamente a las constantes agresiones verbales entre partidócratas, sino también a las agresiones físicas: cuando fallan los contubernios, las prácticas gangsteriles se multiplican. Jujuy, por ejemplo, es una provincia modelo en relación a ese fenómeno.

Allí, en lo que va del año, se registraron varios episodios vergonzosos: en febrero varias sedes de la UCR fueron empapeladas con imágenes en las que Gerardo Morales aparecía junto a Alberto Nisman anunciándole al candidato jujeño un destino similar si no renunciaba a sus aspiraciones políticas; poco después, a principios de marzo, el auto del Diputado Provincial ultrakirchnerista Germán Noro fue dañado con una piedra; y la semana pasada la casa de Oscar Jayat, un Concejal de Libertador San Martín, fue atacada con una bomba de gas tóxico.

Ciertamente en todos los casos revolotea la idea de los autoatentados realizados para ganar publicidad gratuita, ¿pero qué pasa si no fue así?

En junio dos hombres atacaron con saña a Orlando Gutiérrez, un vocal de la comisión municipal de Pampa Blanca, provocándole la muerte. Luego de ello ingresaron al domicilio de su víctima y se llevaron dinero en efectivo y otros bienes que había en el lugar. El gobierno provincial rápidamente desestimó el asunto anunciando que todo se había debido a un penoso acto de robo. Los familiares de Gutiérrez descreen de esa hipótesis y señalan que el hombre fue víctima de la violencia política.

El Caso Gutiérrez tuvo una escasísima repercusión a nivel nacional. La prensa hizo más escándalo por las fotos de Juan Mazzone semidesnudo que por este crimen aberrante. Creo que cada vez que muere un político el tema debe ser investigado hasta las últimas consecuencias, debido a que, aún si se tratase de un hombre perteneciente a un municipio pequeño y perdido en medio de los valles jujeños, el caso puede ser la punta de un ovillo, pues, en definitiva, los homicidios gratuitos son acontecimientos raros.

Creo yo que el motivo por el que la violencia está tan arraigada en la cultura política de Jujuy es porque ella es una sincera manifestación de la pésima calidad de los hombres y las mujeres que se desempeñan como políticos. Para comprobarlo basta con echar un vistazo a la lista de candidatos a diputados nacionales del Frente para la Victoria local: en primer término está Guillermo Snopek, alias “Quico”, un hombre proveniente de una dinastía de políticos, cuya última trapisonda consiste en intentar colocar a su esposa como jueza antes de que se produzca el recambio político en la provincia; en segundo término aparece Carolina Moisés, alias “Botellita”, una morocha sampedreña, hija de un viejo caudillo, que, aún con sus ínfulas de embajadora, no puede dejar de provocar vergüenza al no poder dejar de jugar a los autitos chocadores en las rutas y calles de la provincia; y el tercer lugar de la lista es para Cristian Arnau, alias “Nabo”, hijito de uno de esos bárbaros que politizan las universidades nacionales, referente vernáculo de La Cámpora y promotor desde el PAMI del genocidio de nuestros ancianos. Mientras esta lacra, mientras esta clase de seres infames sean la norma y no la excepción de la política, a Jujuy no le queda más que sentirse condenada.


Francisco Vergalito