La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

domingo, 27 de diciembre de 2015

La revolución del agua y del jabón

El intelectual comunista Atilio Boron escribió hace unos días: “estuve hace pocas semanas en San Salvador de Jujuy. Hace unos pocos años caminar por la plaza céntrica de esa ciudad era hacerlo seguido por un nutrido grupo de niños descalzos pidiendo algunas monedas. Ahora, durante una semana, no hubo ni uno solo que reeditara aquella vieja y deprimente costumbre. Es que, a pesar de las críticas que le fueran dirigidas –clientelística, tal vez dispendiosa, seguramente ineficiente, etcétera– la política social del kirchnerismo surtió efecto. Y este no es un dato menor sino una cuestión central. Allí está la base del ‘voto duro’ cristinista, de ese 36 % que acompañó a Scioli en la primera vuelta. Pero allí también parece haber estado su límite. Y sólo con eso no se puede ganar una elección presidencial.”

La observación es tan imbécil que dudo que un sujeto como Boron no la exprese con malicia. Más allá de que es cierto que el “voto duro” cristinista proviene de la gente atada a un plan social o a otras dádivas que otorga el Estado, lo que es ridículo de sostener es que la mendicidad fue erradicada de Jujuy. Suponer eso significaría que el jujeño pobre es ahora autosuficiente, y nada más alejado de la realidad.

Si por estos días uno visita la Plaza Belgrano, punto central de la ciudad de San Salvador de Jujuy, se topará con un escenario terrorífico: primero sentirá un olor nauseabundo, mezcla del ácido aroma a orina y el fétido perfume de la materia fecal, sumado al tufo que genera el calor solar sobre los cuerpos humanos y la basura en descomposición; luego el ruido de las cumbias y las bachatas sonando desde diversos equipos de audio generará sobre los oídos una sensación de aturdimiento; y finalmente los ojos se llenarán de indignación al ver que un espacio público urbano se convirtió en un camping lleno de carpas, donde hombres con camisetas de fútbol y gorras, mujeres con calzas, remeras de la Tupac Amaru y rodetes, y niños y niñas semidesnudos tumorean día y noche. Algo así como un cuadro de El Bosco. 

La artífice de esa postal que le mete la lengua a Boron en donde no pega el sol, es la infame Milagro Sala. Enemiga acérrima del nuevo gobernador Gerardo Morales, Sala no tiene más opción que maniobrar con la fuerza que le queda para salvar su pellejo. Es decir, la excusa oficial para estacionar a ese zoológico humano en la Plaza Belgrano (y en la Avenida 9 de Julio de la Ciudad de Buenos Aires) es para evitar que las cooperativas que dependen de la Tupac Amaru sean cerradas. Sin embargo, en un país como el nuestro, es más que obvio que a esa pantalla para lavar dinero que son los cooperativas las va a terminar absorbiendo el Estado para no dejar en la indigencia a decenas de miles de compatriotas. El problema para Sala, por tanto, no es el destino de su gente, es su propio destino.

La estrategia kirchnerista para resistir al macrismo parece ser alentar el caos. De todos modos eso es algo que podrán hacer, calculo yo, por no más de seis meses. Luego, si el país no estalla como ellos quieren, no tendrán más opción que acomodarse en donde puedan hacerlo. Lo que apunto puede o no pasar, pero es lo que los kirchneristas observan. Sala, enemistada a nivel personal con Morales, no tiene donde refugiarse, a diferencia de los pejotistas (que ya empezaron a pactar con quien hiciese falta).

La tragedia de los gendarmes en Salta fue sólo una advertencia. Sala quiso demostrar que lo suyo puede llegar a niveles insospechados en un país donde la pendejada se la pasó jugando a la Revolución con el porro de marihuana en una mano y el sueldo de funcionario en la otra. En el entorno de la Ñusta Ilegítima están pensando seriamente en incrementar la violencia. Ella misma se propuso ante Carlos Zannini como catalizadora del caos tan temido. No tiene problemas en usar a uno de sus changos como carne de cañón. Sería el mártir para la causa antimacrista.

La otra opción que barajan los tupaqueros es aliarse con Evo Morales. Desde hace bastante que el Rey de la Coca quiere penetrar en territorio argentino, y ahora estaría dispuesto a financiar al ejército de Sala a cambio de lealtad.

Mientras la Tupac Amaru analiza su futuro, el ciudadano jujeño y el turista que visita la provincia sufre las consecuencias del clientelismo “revolucionario”. Algunos han propuesto que se desaloje a la gente de la plaza con Baygon o algún otro tipo de arma química. Otros han sugerido que se lleve camiones, se suba a la gente del acampe y se la abandone en una ruta de Paraguay o Brasil. Sin embargo creo que lo que Jujuy necesita es agua y jabón, un agua y un jabón moral que limpie la suciedad de la partidocracia. El jujeño ofendido por la tribu que copó la plaza, y la gente que tuvo que instalarse bajo el sol para proteger a la lideresa, deben unirse contra los partidócratas, contra los Sala y los Noro, pero también contra los Morales, los Haquim, los Fellner y los Jenefes que tan abultadas cuentas bancarias tienen y exigirles que a la política la hagan con las manos limpias.


Francisco Vergalito