La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

domingo, 12 de julio de 2015

Nos han secuestrado a la patria

Choridependencia

El pasado 9 de julio, una vez más, el oficialismo ofendió a la ciudadanía argentina al organizar un acto partidario cuando tendría que haber organizado un acto cívico. El hecho de haber usurpado la celebración de la Independencia Argentina para suplantarla por el típico ritual pejotista de pancartas y choripanes, sólo deja en evidencia el desprecio que los actuales gobernantes le tienen al país. A ellos -mientras estén atornillados en los puestos de poder- les da exactamente lo mismo que exista o no una entidad nacional llamada “Argentina”; mientras el Estado no se extinga, les es indistinto que el país se llame como se llame.

Mucha gente se quejó de la ausencia del tradicional desfile cívico-militar en el que los estudiantes compartían escenario con los soldados, y el cual solía ser coronado con la presencia de las delegaciones gauchas de todo el país, nuestra caballería nacional y popular. Al gobierno tucumano de hoy le importa tan poco la insigne efeméride que hasta dispuso que las vacaciones escolares empiecen el 3 de julio, cosa que los jóvenes no puedan sentir el fervor patrio. Es que en las escuelas ya no les enseñan a los chicos a marchar, sino solamente a garchar.

La visita de la Presidente a la Casa Histórica fue fugaz y vacua: caminó velozmente por los pasillos ignorando todos los paneles y demás novedades que le fueron agregadas al museo, y luego cantó el himno nacional con una mano en el corazón y una suerte de meneo corporal (próximo al baile) impropio para entonar nuestra canción patria. Posteriormente se sacó una foto con actores vestidos en traje de época, y, sin demorarse, se subió a la camioneta que la había llevado hasta allí.

Más tarde, ya en el Hipódromo de San Miguel de Tucumán, la Presidente no se privó de demostrar que desconoce la historia argentina y aprovechó además la oportunidad para desautorizar al Gobernador José Alperovich, quien, acorralado por las circunstancias, manifestó en su discurso ante la concurrencia que él sólo atina a hibernar en el Senado de la Nación a la espera de que todos se olviden de que fue uno de los kirchneristas más fieles (Cristina Kirchner le reprochó que dijera que su labor ya estaba cumplida cuando, según su opinión, un político no puede nunca jubilarse voluntariamente).

Entre el olvido y la falsificación

En su intervención en el Hipódromo, la Presidentela misma que guardó un silencio absoluto ante el último conflicto fronterizo con los bolivianos y que autorizó la instalación de una base militar china en la Patagonia– se atrevió a presentarse como una defensora de la soberanía nacional. Y aprovechó todo lo que pudo para advertir que aparecería el demonio en caso de que el Frente para la Victoria perdiese las próximas elecciones. Claro que el demonio para los kirchneristas se llama “neoliberalismo”, la misma doctrina que el hoy referente del kirchnerismo Carlos Menem importase al país en la década de 1990.

El relato kirchnerista se articula en torno a lo que anteriormente referí: para ellos la Argentina, entre 1816 y 2003, fue un país inexistente; sólo Néstor Kirchner ha sido el único que interpretó correctamente el proyecto político de los Padres Fundadores.

A esa desnaturalización de la narrativa histórica los kirchneristas pretenden institucionalizarla. Por ese motivo a Ricardo Forster, el actual Secretario de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional, se la ha ocurrido organizar el Foro Nacional y Latinoamericano por una Nueva Independencia. Este evento –que se realiza periódicamente en diversas provincias del país– llegó a Tucumán en los días previos al 9 de julio.

Al momento de inaugurar las jornadas de debate, Forster sugirió que Argentina vive su Segunda Independencia. Según él, el kirchnerismo refundó las bases sociales, económicas, políticas e institucionales del país, para gracias a ello sacudirse el yugo del colonialismo financiero (cabe recordar que el 9 de julio de 1947 el General Juan Domingo Perón había también declarado la Segunda Independencia de la Argentina en la mismísima ciudad de San Miguel de Tucumán, acontecimiento que aparentemente el tal Forster ignora o, peor aún, minimiza). Y, como no podía ser de otra manera, el Foro sólo abordó cuestiones relativas al siglo XXI. Así fue como hubo mesas de debate sobre las mujeres y los indios (extrañamente faltó la mesa sobre los aberrosexuales), y luego un montón de gente de dudosa trayectoria académica y despreciable acción política se la pasó cantándole loas a los tiranuelos de la izquierda populista que gobiernan hoy en día en Hispanoamérica. Créase o no, lo que hizo Forster es lo que, cada vez más habitualmente, se hace en las escuelas argentinas: reemplazar a la liturgia patriótica de los actos populares por una serie de discursillos sobre cómo vivir dignamente adoptando el bolivarianismo, el socialismo del siglo XXI o como sea que se llame esa marea roja que actualmente ahoga el futuro de la región.

Nombres “latinoamericanos” como los de José Pablo Feinmann, Juan Pablo Lichjtmajer, Luís Bruchstein, Hugo Yasky y Javier Grosman (sumados, claro, a los de Ricardo Forster y José Alperovich) ilustraron el tono “nacional” con el que el gobierno habla sobre su combate a los monopolios, su desarrollo de las economías regionales, y su promoción de la cultura argentina. También aparecieron otros nombres ilustres como los de Hebe de Bonafini, Milagro Sala, Víctor Hugo Morales, Horacio González, Enrique Dussel, Daniel Huircapán y un montón de extranjeros (entre los cuales estaban el español Juan Carlos Monedero y el ecuatoriano Galo Mora) que, llegados el turno de entrarle al parloteo, dejaron en claro que la emancipación que ellos proponen consiste en la renuncia a todo cultivo de la vida virtuosa y en el rechazo casi total de los valores que llenaron de gloria a la cultura occidental. “Olvidar los aciertos del pasado para falsificar la realidad del presente”, ese bien podría haber sido el lema de este curioso evento.

Como dato al margen cabe destacar que muchos tucumanos se indignaron con el gobierno por la payasada de Forster, a la que interpretaron como la segunda ofensa que este año realiza el kirchnerismo contra el rol de Tucumán en la declaración de la Independencia Argentina (el otro episodio que generó malestar entre los tucumanos fue el intento de transformar al Congreso de Oriente de 1815 –o “Congreso de los Pueblos Libres” según la terminología progresista– en el evento que proclamó el grito emancipador de la tutela española un año antes de que éste se oficializara en tierras tucumanas).

Desde el púlpito

El 9 de julio kirchnerista, curiosamente, aún conserva algo del viejo guión celebratorio: el Tedeum en la Catedral. Así como eliminaron los desfiles populares y las banderas argentinas, tranquilamente podrían haber eliminado el paso por la iglesia, o reemplazarlo con una visita a una sinagoga, a un templo masónico o a la Fundación María de los Ángeles. Sin embargo no lo han hecho aún, y ello le dio la oportunidad a Monseñor Alfredo Zecca para hacer algo que hasta entonces jamás había hecho: recordarles a los gobernantes argentinos que la siembra de hostilidad y la ovación de la muerte de inocentes es el mejor camino para la disolución de la patria. Zecca también podría haber fustigado la corrupción y la demagogia, pero tampoco se le puede exigir tanto a un hombre que hasta hace poco no se atrevía a mencionar lo obvio ante la presencia de los responsables de tanta decadencia (en ese sentido Zecca es muy distinto al Cardenal Luís Villalba, el antiguo y recordado Arzobispo de Tucumán que fuese sustituido por el actual).

Quien le contestó a Zecca fue el infame Aníbal Fernández. Fernández trató de desautorizar al Arzobispo con dos argumentos: sus palabras no suenan lo suficientemente “francisquistas” y –según este teólogo de tupido bigote– un alto funcionario eclesial no tiene derecho a hablar en nombre de toda la Iglesia. Si bien hoy en día existe una disputa hermenéutica acerca de qué es lo que el Papa Francisco está haciendo con la cristiandad, lo cierto es que cualquier católico entiende que la Iglesia tiene su propio magisterio y que un laico como Fernández es libre de opinar sobre lo que un Arzobispo dice pero no está autorizado para discutirle sin preparación ni fundamentos.

Creo que Zecca, con su homilía que irritó a los progresistas del país, abrió la puerta del rescate de la patria. O en realidad las puertas ya están abiertas, lo que a los argentinos nos corresponde hacer es transitar los senderos que nos conducen hacia allí. Somos nosotros el pueblo quienes, ante un gobierno al que la Argentina le es indiferente, tenemos la obligación de ponernos nuestras ropas gauchas, llenar de feligreses hasta a la más recóndita parroquia y honrar la historia de los grandes hombres que desde 2003 los de arriba quieren hacer desaparecer. Somos nosotros, en definitiva, los que tenemos que recuperar la Independencia.



Zaín el-Din Caballero

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